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| Ithell Colquhoun, vista por Man Ray |
La edición es excelente, y la encabeza un eficaz prólogo del traductor, Michel Remy, titulado "Ithell Colquhoun, surrealismo hermetismo y alquimia". Sigue la obra, que es un relato alquímico en primera persona ubicado en una isla y con ribetes de novela gótica; estructurado en doce capítulos, estos se corresponden con las doce etapas del proceso alquímico (calcinación, solución, separación, conjunción, putrefacción, congelación, cibación, sublimación, fermentación, exaltación, multiplicación y proyección) descritas en las doce claves de la filosofía de Basilio Valentín. La lectura es apasionante, aunque algo estorbada por esas notas de carácter escolar que, a pie de página en vez de ir al final, han estragado tantas ediciones de clásicos desde hace tres o cuatro décadas, particularmente en España (las de aquí son muy útiles, eso sí, excepto cuando se nos informa de quién es Rilke, el Bosco o William Morris, o de que la "Oda a una urna griega" es un poema de un tal Keats).
Eileen Agar estuvo en 1936 en Tenerife, pero poco se sabe de su estancia (que alegremente sitúan los biógrafos y analistas de su obra dentro de sus viajes por el Mediterráneo...). Si fue antes del estallido de la guerra, extraña que no conectara con el equipo de Gaceta de Arte, que un año antes había recibido a los surrealistas parisinos. Muchas obras de plantas que hace por entonces se inspiran en la naturaleza canaria, e incluso hizo un Doorways.Teneriffe, un Prickly Pear. Teneriffe y un Ground Floor Façade. Teneriffe, todos ellos expuestos en 1980. Pero lo que más me ha sorprendido es, en el capítulo "Congelación", lo que me parece una admirable transposición fantástica del Jardín Botánico del valle de La Orotava, celebrado en L'amour fou. Ya pertenece quizás al terreno de la paranoia crítica que primero en "Conjunción" y luego, sobre todo, en "Proyección", yo haya de inmediato pensado en el capítulo "Ángelus" de Crimen, de Agustín Espinosa, muestra peculiar de esa visión daliniana paranoica-crítica con que precisamente Ithell Colquhoun se incorporó al surrealismo. En "Conjunción" es un pájaro que, visto a distancia, tiene la forma de un cisne pero que podría ser un albatros y que luego se queda fijo como un cernícalo, y en "Proyección" es un supuesto faisán que luego no es un faisán y que llama la atención por su colorido fantástico, exactamente como el pájaro blanco de "Ángelus", que finalmente no es un pájaro sino dos y no es blanco sino de varios colores. Añadiré que entre las plantas pintadas en este año se encuentran las primeras muestras de visión doble daliniana realizadas por la artista, y que como las expuso en Londres en noviembre de 1936, es posible que durante su estancia en Tenerife, siempre que haya sido anterior al fatídico 18 de julio (fecha en que Crimen pasó a convertirse en el libro canario maldito por excelencia), adquiriera la obra de Espinosa y le llamara la atención aquel capítulo.
Goose of Hermogenes incluye cinco dibujos de la artista que, infortunadamente, no vienen en la edición que comento, siendo sustituidos por doce piezas de John Welson realizadas en 2022, admirables y con su intensidad característica, pero que no dejan de extrañar los que hizo la escritora (uno de los cuales vemos al final de esta reseña). Cerrando esta edición de Le Grand Tamanoir, hay una semblanza perfecta de Welson por Michel Remy, junto a las del propio Remy y Patrick Lepetit, quien ha escrito un ensayo brillante, documentado y enjundioso sobre Ithell Colquhoun y su obra, situado después del relato. Michel Remy, como sabemos, es el conocedor más serio del surrealismo británico, y Lepetit ha desarrollado desde 2008 una labor impresionante estudiando la vertiente esotérica del surrealismo.
Ithell Colquhoun ha sido siempre citada a propósito del surrealismo en Inglaterra durante los años 30, con la excepción de la desigual historia de Marcel Jean. Se insiste en el conflicto con Mesens, quien a decir verdad se olía algo raro en su misticismo y miraba a distancia: así, aparte su gusto por los angelitos abstractos, en los años 50 la veremos pintando crucifixiones también abstractas y proyectando un mural para una capilla, y en 1971 diseñando un monumento para conmemorar el jubileo de la infame reina Isabel II (imagino lo que pensaría Mesens hoy de un surrealista prominente que visita la sede de una de las más siniestras e imbéciles mafias del fascismo mundial para presentar sus respetos a su santo capo, saludándolo efusivamente y llorando públicamente su defunción muy poco después). Situándonos más cerca, ya en 1982 Michel Remy le dedica una entrada en el Dictionnaire Général du Surréalisme, y de ella va a tratar siempre en sus numerosos trabajos esenciales sobre el surrealismo británico. Cuando yo elaboro el Caleidoscopio surrealista o sea hacia 2010, encuentro material suficiente para dedicarle el espacio amplio que le corresponde, porque entonces se acababa de publicar Ithell Colquhoun. Magician Born of Nature, de Richard Shillitoe, que, pese a decir algunas chorradas sobre el surrealismo y no escapar a los tópicos feministas, indaga profundamente en toda la obra de Ithell Colquhoun y ofrece todo un catálogo de sus obras artísticas; es más, en 2007 se había publicado, de Eric Ratcliffe, Ithell Colquhoun. Pioneer, Surrealist, Artist, Occultist, Writer and Poet. Después del Caleidoscopio, en 2019, será la vez de Marcus Williams dedicarle un rico artículo en la enciclopedia británica internacional del surrealismo, emanada también del movimiento surrealista. Si a ello añadimos las reediciones de algunas de sus obras, la de sus "escritos mágicos" en 2007 y la lujosa publicación en 2016 de Sephirot y en 2022 de Taro, cuesta entender lo de que Ithell Colquhoun ha estado "olvidada" y hasta nada menos que silenciada "su propia existencia" (¡!) en la historia general del movimiento surrealista. Eso último es un disparate, y hay en todo caso que hilar más fino, limitando ese juicio a la vieja historia de Marcel Jean o a la de Durozoi, quien sólo la cita de pasada.
Dos exposiciones este año en Saint-Yves y Londres coronan todo este proceso de una figura sin duda inesquivable en el legado del surrealismo y que ha conciliado hermetismo y surrealismo frente a los palurdos que siguen insistiendo en su incompatibilidad, olvidando para empezar al propio André Breton, sin el cual el surrealismo no es absolutamente nada de nada.
http://ithellcolquhoun.co.uk/index.htm
https://legrandtamanoir.net/loie-dhermogene-dithell-colquhoun/


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