sábado, 26 de noviembre de 2016

Alfonso Peña

Alfonso Peña/Amirah Gazel, Psiche 403

Agulha dedica uno de “Viajes del surrealismo” a Alfonso Peña, quien además, recientemente, publicó su libro de relatos Labios pintados de azul, sobre el que damos un enlace.
“En mi vida la poesía siempre está presente por medio de trazos gestuales, de escritura automática, de sueños convertidos en collages. La poesía emerge como una revelación con sonido de tambor. Posee tentáculos cromáticos, formas equidistantes, organismos vivientes. Ella –que debe ser escrita por todos– me conduce a viajes sensoriales, a vivir en el pétalo rojo de una flor, en el estribo de una motoneta. Esplendor de pirámide maya, de faisán, de jade primigenio”.

Dubuffet, Desnos, imposturas

Acaba de publicarse el almanaque del art brut de Jean Dubuffet, que sigue a la reedición de dos obras de referencia sobre la materia, las de Lucienne Peiry y Michel Thévoz.

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Nueva edición de Desnos, a cargo de su principal estudiosa, la siempre fiable Marie-Claire Dumas:

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Damos este enlace en que puede leerse el magnífico rapapolvo de Dominique Rabourdin a Eddie Breuil tras que este, en un suplemento dedicado a Breton, dijera que “para muchos” –es curioso cómo algunos se escudan en este tipo de fórmulas– Breton fue un “torturador” (“un tortionnaire”). Como la mayoría de los lectores de Surrint tiene la buena brújula de no estar al tanto del mundillo académico, informamos de que Eddie Breuil es el coordinador del noticiero de corte universitario que semanalmente publica la Association pour l’Étude du Surréalisme, y que aludimos a él una vez a propósito de sus rápidas felicitaciones a Étienne Corvin por su expectoraciones contra Sade.
El patrón de la casa, Henri Béhar, por su parte, afirma que para “los historiadores” el surrealismo no acabó en 1969, o sea cuando lo decretó el gang Schuster, sino en 1966, cuando murió Breton. Duro les será a tan bucólicos espíritus asimilar la enciclopedia del surrealismo que sale dentro de unos meses en Gran Bretaña, aunque previamente ya han hecho caso omiso de los trabajos de Édouard Jaguer o Arturo Schwarz, por poner dos ejemplos de prestigio y así no tener que ponerme a mí, que no lo tengo. ¿Pero fuera de ellos mismos, quién hace caso de estos carrozas profesorales? El texto de Rabourdin es ejemplar.

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¿Pero qué decir de los chirridos que se escuchan por España? Me cuentan que en el suplemento cultural del periódico oficial de la derecha hispana, ABC (donde desde hace dos o tres décadas colabora una infinidad de intelectuales “progresistas”), los tópicos calumniosos sobre Breton han reaparecido como si nada con motivo del cincuentenario de su muerte. No otra cosa, con todo, podía esperarse de ese putrefacto país.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Mares del surrealismo

Janice Hathaway, Metamorfosis, 2016 

Peculiar Mormyrid ofrece de modo generoso no solo el libre acceso a su versión en pdf, sino la posibilidad de ir viendo las imágenes de la revista en sucesión. El resultado, en el número cuarto, es especialmente impactante, con un aluvión de collages, pinturas y dibujos organizados en la sección “Medusozoa”, que nos sumergen casi todas en las profundidades marinas, tal ocurre con este descubrimiento transmutatorio de Janice Hathaway.

domingo, 20 de noviembre de 2016

“Hombre libre, tú siempre has de amar el mar” –“Peculiar Mormyrid”, n. 4

Max Bucaille, La puerta bajo el mar, 1939,
colección David y Marcell Fleiss

El surrealismo, ese pulpo de mirada de rayos, se manifiesta de manera felizmente desorganizada, pero continua, sin que nunca estén algunos de sus muchos rejos en acción. En estos dos últimos años, han aparecido en la cresta de la ola –donde la única presencia fija es la del grupo checo y eslovaco– los mormíridos, que traen aire fresco en
sus propuestas y actuaciones, a la vez que han sabido aglutinar en sus revistas, y de modo creciente, a muchas fuerzas dispersas del movimiento surrealista.
Tras dos primeros números ya excelentes, pero con algo de tanteo, el tercer número de Peculiar Mormyrid tuvo el logro del homenaje a Breton, sin duda el mejor que se le ha rendido en su cincuentenario, junto al blog abierto en Argentina por Carlos Barbarito. Ese número de plenitud logra ser superado por este, que es una verdadera maravilla, en 210 páginas certeramente organizadas, repletas de textos e imágenes de valor sostenido. Los mormíridos responsables son Jason Abdelhadi, Casi Cline, Steven Cline, Angel Therese Dionne y Patrik Sampler.
El tema elegido es el del surrealismo y el mar, con una encuesta al principio y luego cuatro partes, dedicadas a los cefalópodos, las babosas marinas, los crustáceos y las madréporas. La encuesta se titula “El surrealismo y el mar y el comunismo marino” (cuánto agradeceríamos que espíritus claramente libertarios sustituyeran esta palabra de obvias connotaciones por la de “comunitarismo”, que de paso nos llevará siempre, sin ningún equívoco, no solo a muchas sociedades “primitivas” sino incluso a algunas ejemplares sociedades rurales del propio Occidente que sobrevivieron en el sur de Europa hasta hace pocas décadas), con respuestas entre las que destacaría las de Renzo Margonari, Guy Girard y el grupo de Estocolmo, algunas, según la cuestión, de carácter delirante. Guy Girard alude al “gnóstico humor negro” de Lovecraft, encadenando una serie de referencias a este autor que han venido surgiendo muy últimamente en los medios surrealistas. Otras respuestas son de T. D. Typaldos, Mary Jacobs, John Thomas Allen, Dale Houstman, Jesús García Rodríguez y Craig S. Wilson, resultando un conjunto muy sustancioso.
“Cephalopoda” cuenta con tentáculos de Jason Abdelhadi (en un agudo texto que vale como preámbulo general), Penelope Rosemont (haciendo retornar a Godzilla, en un texto que demuestra que toda su bella energía sigue incólume), Josie Malinowska (“Octopocalypse”), Dale Houstman (poemas), Mattias Forshage (textos automáticos), Patrik Sampler (pasajes de The ocean container, novela cuya publicación se anuncia para 2017), Andrew Mendez (un sueño con collages), Casi Cline (“Crystalline octopus”), Maurizio Brancaleoni (el poema “A leviathan, in the end”, con su dibujo “El mar”), Pierre-André Sauvageot (con su fantástica serie de collages “Paris. Grandes mareas de equinoxio”, comentadas ya aquí) y Pieter J. Schermer (un poema).
“Nudibranchia” incluye textos de Emma Lundenmark, Arthur David Spota (“Un sueño de Mirabella”), Dominick Coppi, Paul McRandle, David Nadeau (“El mar hermético”, ensayo, con un poema), Steven Cline (“Ocean murmur”), Ody Saban (en francés, con dos de sus pinturas), R. W. Spryszak (“El comedor de ostras”), Gale Ahrens y Laura Lake. Señalemos que de Steven Cline puede verse también el precioso cortometraje “La inundación onírica” (http://peculiarmormyrid.com/ocean-murmur/).
Max Bucaille, collage
En “Crustacea” los textos son de Ken Kennedy, T. D. Typaldos, Emma Lundenmark, Beth Garon, Neko Linda. Stephen Kirin (no podían faltar las sirenas, aquí en un texto y un objeto), Merl Fluin, Allan Vilu, Stelli Kerk, Pieter J. Schermer, Kate Tattersfield, Maria Brothers, Fresh Dirt (que remite a un audio que o no está incorporado o yo no logro oír), Beatriz Hausner (“La música del mar”, poema sobre un collage de Ludwig Zeller, incrustando frases del canto segundo de Maldoror), Rik Lina y Joël Gayraud. Rik Lina escribe en un texto tan breve como fascinante sobre la fabulosa fragata portuguesa, de las que yo vi regado una vez el arenal inmenso de la Costa de Caparica, al sur de Lisboa, en pleno invierno, bañándome en acto temerario, por no decir suicida, sin que nada me ocurriera; esta fragata portuguesa es vista por Rik Lina, y también en uno de sus cuadros, como una “ciudad a la deriva” volcada al futuro. Excepcional también es el ensayo de Joël Gayraud, “Surrealismo o barbarie”, que me recordó aquel pasaje de Crimen, todavía se estaba en 1934:
“¿Qué sueña el mar estos amaneceres de agosto para que sea su canto tan tierno, tan sutil su espuma, tan sonriente su azul, tan melodioso su oleaje? Siguen las alcantarillas desembocando en sus aguas. Neptuno le ha olvidado ya. Las antiguas sirenas habitan ahora estrellas distantes. Pero el mar sueña aún no sé qué deliciosos sueños, pues es tierno su canto y sutil su espuma y sonriente su azul y melodioso su oleaje”.
Joël Gayraud cierra su artículo con esta reflexión que no podía faltar en un número surrealista sobre el mar: “¿Será preciso esperar a la última extinción para que alguien responda –demasiado tarde– a la cuestión decisiva y ya centenaria: «¿Surrealismo o barbarie»?”
“Madrepora” es una sección en que predominan los juegos y experiencias colectivos. La abre el grupo de Leeds con un juego de creación de collages y siguen las respuestas del de Estocolmo a algunas de las cuestiones de la encuesta, en la misma vena –este grupo, por cierto, cumplió hace poco sus 30 años de existencia. De Jason Abdelhadi hay un juego con Amber Craig y la retoma a partir de Michael Löwy de la “Filozoofía marina”. Se dan a conocer los Surrealist London Under Takers, con un vídeo cuya espantosa música me hizo quitarle el sonido a los quince segundos. Los mormídeos formulan luego unas cuestiones sobre el mar e inventan una serie de proverbios y supersticiones oceánicos. Para cerrar con nuestro humor negro, el juego del entierro en el mar consiste en redactar una serie de obituarios que empiezan con el de la Corriente del Golfo.
Las ilustraciones son de Steven Cline, Casi Cline, Tim White, Rik Lina, Rikki Ducornet, Sheila Higgins, Alex Januário, Deborah Stevenson, Jesse Treece, Bruno Barnabé, Karl Howeth, Megan Leach (que ha hecho también la cubierta), Bill Wolak, Janice Hathaway, Stephen Kirin, Guy Girard, Michael Richardson, Renzo Margonari, Christian Girard, Joffrey Floyd Doyon, Heidi Bird, John Welson, Laura Lake, John Richardson, Steve Morrison, Fresh Dirt, Maria Brothers y el Inner Island Group. Un gran elenco, con predominio del collage.
Esta es una publicación excepcional, demostrando nuevamente la vigencia y pujanza del surrealismo. Ha sido para mí el regalo más espléndido para festejar los cinco años de este blog consagrado sin aliento al surrealismo (empezamos el 23 de noviembre de 2011, como un simple apoyo al Caleidoscopio surrealista, adquiriendo luego valor en sí, y esperando continuarlo mientras andemos por la isla).

Max Bucaille, Un gran ojo flotó,
colección David y Marcell Fleiss

Baj, Gabriel, &c.

Tras la exposición “La invasión de los ultracuerpos”, el gran Enrico Baj vuelve a ser actualidad:

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Cartel de la exposición en curso de Jan Gabriel:


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Dos retrospectivas en Mataró enfocan las tendencias surrealistas en la España pre:

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Surrealist key concepts es un libro organizado por Fijalkowsky y Richardson, con buenos artículos en una galería de firmas que, aparte los editores, incluye a Georges Sebbag, Guy Girard, Michael Löwy y Bertrand Schmitt.

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Ya es de mucho cuidado el catálogo de ediciones a cargo de Alastair Brotchie, con su serie “Atlas anti-classics”:

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Página importante es la de Fresh Dirt, con Janice Hathaway, Ladonna Smith, Davey Williams, Johnny P. Williams, Neko Linda Williams y mucha música:
http://www.fresh-dirt.us/

Fresh Dirt (Janice Hathaway, Davey Williams, Johnny Williams),
En el circo

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Los collages sonoros de Eric Bragg


Lovecraft continúa siendo un valor firme para el surrealismo, y si hace unas semanas hablábamos del flamante juego de sus acrósticos, ahora el título de este nuevo disco de collages sonoros de Eric Bragg nos lleva de inmediato a tan turbulento mundo, en particular a los sanguinarios gatos de Ulthar, cuya historia relató el maestro en 1920, y a la apasionada defensa felina que hizo seis años después, no dejando de paso perro sin cabeza –lo que, por mi parte, mucho me place, en unas páginas que tienen que indignar a la mayoría de los modernos urbanitas, tan deportistas como perrunos.
Tras Chelator, Eric Bragg nos brinda una obra maestra que debe escucharse a todo volumen. Son 18 los collages sonoros, en que se vale de “programas de televisión, juegos de vídeo, música popular, etc.”, para obtener un coctel enloquecido, de un humor hilarante lleno de sarcasmo y tintas negras. Si adaptáramos la feliz noción de “romanticismo frenético” al surrealismo, Eric Bragg ocuparía un capítulo autónomo, no solo por estos collages, sino por otras obras suyas como Meat art and surrealist objects (“colección de travesuras oníricas”) o The midnight blade of sonic honey (extenso relato, uno de cuyos protagonistas es precisamente el Felino Negro).
Realizados entre los años 2010 y 2013, los collages de Voyage to Ulthar van dedicados a Samuel Ribitch, con quien colaboraba estrechamente Eric Bragg; Ribitch estuvo en el proyecto de Hydrolith e ilustró, sin ir más lejos, con sus inconfundibles dibujos, The midnight blade of sonic honey. Pero también hay en la carátula del disco una cita que a la vez es una dedicatoria y una proclamación: “No se vende la tierra por la que se anda”, palabras proferidas por Caballo Loco, en 1875. (Azar de los que nos gustan: el día en que accedí a Voyage to Ulthar estaba yo comenzando a repasar una biografía de este gran chamán guerrero que nunca dejó le hicieran una fotografía.)
Si recuerdo mis eufóricos años de descubrimiento del rock a fines de los 60, estos collages se me emparientan con un entonces muy polémico título de los Rolling Stones en Their satanic majesties resquest, publicado en 1967: la jam psicodélica “Sing this all together (See what happens)”. Mis favoritos de Voyage to Ulthar son el soberbio “Sexy beam”, con su imborrable quíntuple “No!”, que he empezado a utilizar profusamente, “Poem” y sus repeticiones hechizantes, el terrorífico “The secret elevator”, el cinefílico The evil monster y el que da título al conjunto y se abre apropiadamente con truenos y maullidos. “Mirach speaks” va dirigido a Will Alexander, lo que no extraña, siendo Mirach una de las estrellas de Andrómeda y Will Alexander un poeta cósmico.
Este delirante viaje a Ulthar puede servir también para volver a las páginas citadas de Lovecraft, fácilmente asequibles en la red. Damos los enlaces, así como la comunicación con este extraordinario collagista de imágenes, objetos y sonidos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

“Dreamdew”, n. 7

Ya tenemos el nuevo número de Dreamdew, “comunicación onírica”, donde prosigue el ensayo de Roman Telerovský. Entre los soñadores aparece Renée Gauthier, quien fue simultáneamente elegida por los Cahiers Benjamin Péret.

Maurice Henry, El sueño del visitante, 1936