martes, 28 de julio de 2026

Cartas de Óscar Domínguez a Marcelle Ferry

Muy bella es esta edición de las cartas del drago canario a Marcelle Ferry. Todo el material es reproducido en excelente diseño y primoroso trabajo de las Editorial Renacimiento, y la edición, la introducción y las notas corren a cargo de Isidro Hernández, que ya se ha convertido en el mejor conocedor de la obra de Domínguez, con su incansable labor en TEA (Tenerife Espacio Artístico).

Las cartas se dejan leer placenteramente, y el tono es a la vez apasionado y desenfadado, convulso y humorístico, a lo largo de una relación que se limita a los años 1936 y 1937, más una carta de recuerdo sentimental de 1938 y el telegrama de despedida y cierre que envió a sus más amados, y entre ellos ella, la víspera de su autoliquidación ("Bonne année. 1958"; recuerdo contarme a Eugenio Granell la impresión que le produjo enterarse de la noticia: "Yo me quedé helado") .

Las cartas tienen al aliciente de contar en ocasiones con dibujos suyos y con referencias a algunas de sus obras coetáneas, y buena parte de ellas son enviadas en papel de cafés y bares parisinos. La más interesante es la enviada desde Tenerife el 18 de mayo de 1936, dando cuenta de su participación en las ocupaciones revolucionarias del obispado y el seminario de la oscurantista ciudad de La Laguna, de lo cual hay huella en la prensa, aunque no lo haya de ninguna quema de iglesias ("y fetiches"), debiendo tratarse de meras escaramuzas. Estas son las cuatro primeras páginas, que continúan con cuatro más, incluyendo estampas del Teide y del enorme drago de Icod de los Vinos:


Pero aún este volumen contiene una riqueza añadida: la reproducción, acompañada de una traducción, de L'Île d'un jour de Marcelle Ferry, única de las Éditions Surréalistes a lo largo del año 1938. Es el ejemplar dedicado a Domínguez, aunque sin el frontispicio de Yves Tanguy, que copio aquí:
 

De Marcelle Ferry es conocido el bellísimo retrato que le hizo Victor Brauner en 1934 y el poema objeto no menos precioso de André Breton (a quien perteneció la pintura de Brauner, que en seguida vemos); aunque no tuvo mayor continuidad en el movimiento surrealista, aún en 1947 firmaría "Ruptura inaugural", excepcional e incendiario manifiesto que sin ir más lejos determinó la "adhesión plena" de Mário Cesariny al surrealismo.

"À Marcelle Ferry  Lila d'Isis"

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Añadamos que estas cartas se corresponden con una pequeña exposición en TEA, y que en el presente año ha comenzado a publicarse el Catálogo razonado de la obra gráfica y los libros ilustrados de Óscar Domínguez.

Y otra referencia bibliográfica, en este caso imaginaria: a la noche de escribir esta nota, sueño con un libro de Victor Brauner titulado Coin y editado en bolsillo por Gallimard. En la portada, un retrato fotográfico del artista y la reproducción de una obra suya de corte abstracto lírico, en blanco y negro, que me recuerda la "nieve" que al principio del invento televisivo aparecía en la pantalla cuando la programación no había comenzado. El contenido era sobre su vida de aquellos años con los surrealistas, y me sorprendo de aún no conocerlo. Lástima que el sueño completo, sobre el surrealismo, se me borrara.