lunes, 15 de junio de 2026

"La Révolution Surréaliste", 6


Hace hoy cien años que aparecía el número 7 de La Révolution Surréaliste, pero por despiste habíamos olvidado celebrar el número 6, publicado tres meses antes y el primero sin la bonita cubierta de color naranja.

Se abre el número 6 con un poema de Éluard que incluiría Aldo Pellegrini en su prestigiosa antología; este año publica Éluard Capital del dolor. En la página contraria, se anuncia una revista del grupo (con el de Clarté) que no vería la luz: La Guerre Civile, pero en contrapartida sí tendría alguna posteridad la Galérie Surréaliste, que se inaugura el 26 de marzo con una exposición de cuadros de Man Ray y objetos de las islas, cuyo catálogo es la segunda de las Éditions Surréalistes (la tercera sería la bola de nieve de Picasso). Esta exposición la consideró "indecente" la prensa por la colocación en la vitrina de una escultura oceánica que es la que, fotografiada por Man Ray, aparece en la cubierta del catálogo; pertenecía a Breton, como la mayoría de las obras expuestas.

Una sorprendente colaboración es la de las fatrasies de Bataille; no lleva firma y fueron pedidas por el grupo a través de Michel Leiris. Sigue una defensa de Lautrémont por Paul Éluard, contra la revista Le Disque Vert, que dirigía el vanguardista Paul Dermée. 

Los "Textos surrealistas" son cuatro claves poemas de Breton que incluiría luego en Le revolver à cheveux blancs y que aquí no llevan sus títulos: "Camp volant", "Non-lieu", "Sur la route qui monte et descend" y "Les attitudes spectrales"; el segundo de ellos sería antologado por Pellegrini y concluye con el bello verso "Jamais la liberté que pour la liberté".

De Soupault, al borde de su justa defenestración, hay un relato, pero más interés ofrecen la "Entrada de los súcubos" de Aragon (quien este año publica El campesino de París, el gran libro surrealista de 1926) y la entrega final de "Esos animales de la familia" de Péret. Los papeles secantes fotografiados en el consejo de ministros sirven para mostrar "el cretinismo de nuestros dirigentes", "esas almas imbéciles" tan similares a las de hoy en cualquier país, y en la misma dirección, la foto sin comentarios del Prix Femina recuerda que la madre de los imbéciles está siempre preñada y no hace distinciones de sexo. Siguen una "confesión" de Desnos, maravillosa como todos sus escritos de esta época, y la tercera parte del Glosario de Leiris. Una de las palabras definidas, "Ruina" ("l'air y bruit, l'ennui s'y amenuise") fue ilustrada por Masson, quien también haría la portada del libro, solo editado en 1939:



La sección de Poemas los tiene de Viot y Baron, pero palidecen al lado de la sensacional "Mort héroique du lieutenant Condamine de la Tour", que Péret envió al concurso de poesía de la Academia Francesa. Hay aún, en este riquísimo número, un relato de Unik inspirado en el cine cómico y "crónicas" llenas de espíritu subversivo por Crevel (quien acababa de publicar Mi cuerpo y yo), Crastre, Éluard y Masson. Breton, en fin, continúa con "El surrealismo y la pintura", dedicado a la palinodia chiriquiana, con la ilustración de su Orestes y Electra tachada vigorosamente, al modo de lo que haría en los años 30 en Tenerife Gaceta de Arte con los ejemplos de arte retrógrado.

No obstante, los surrealistas siguen ilustrando la revista con reproducciones de Chirico. Hay otras de Masson (una de ellas, Las constelaciones), Man Ray, un Picasso lamentable, Max Ernst (quien exponía en París este mes, llevando su catálogo poemas de Éluard, Péret y Desnos, y publicaba este año Historia natural) y, por primera vez, Arp. Una máscara oceánica ilustrando los poemas de Breton, a la vez que remitía a la exposición en la galería surrealista, proclamaba el valor mágico que el arte tenía para los surrealistas frente al estético o el decorativo.