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martes, 4 de noviembre de 2025

Guy Cabanel (1926-2025)

Guy Cabanel ha partido definitivamente hacia la ciudad de Hnem, al timón de su bajel El Admirable.

guy cabanel (ab irato)

guy cabanel (christophe dauphin)

Dibujo de Mimi Parent para Maliduse

Guy Cabanel Uno de los grandes poetas del surrealismo, formó parte del grupo desde 1959 hasta su ruptura, continuando en la aventura surrealista hasta el presente. En 1958 publicó el insólito poema-río À l’animal noir (reed. 1992), extraordinario libro-objeto consistente en dos tubos de hierro con rollos de papel, constando la edición de quince ejemplares, con dibujos de Robert Lagarde, dedicados a Breton (quien había saludado la “absoluta autenticidad” de su poesía), Toyen, Péret, Mandiargues y otros, y recibiendo un comentario de Adrien Dax en el primer número de Bief, junto al cual hay el fragmento de una carta del propio poeta relacionando surrealismo y budismo zen, que provocó un artículo imbécil de Étiemble, al que Cabanel respondió en el n. 8 de la revista. En 1947, había hecho un viaje al Mont-Louis (Pirineos atlánticos) en busca de “objetos de arte naturales”; de ese viaje, así como de la lectura de L’amour fou, nació un texto, “La materia de la noche”, que sirvió de introducción a “L’animal noir”, cuya redacción se prolongó diez años. Sería reeditado en 1992, con un texto (“Túnel”), donde detalla el proceso casi alquímico de “extrema descomposición” a que sometía el lenguaje. (En 1997, Cabanel declararía que un encuentro se lo había revelado todo: el de L’amour fou.)

Cabanel colaboró en Le Surréalisme, même, Bief (respondiendo a una de las encuestas de la revista), La Brèche, el catálogo de la exposición “Éros”, L’Archibras, el Bulletin de Liaison Surréaliste y Surréalisme, no siendo pues de los que acataron las órdenes fúnebres de Schuster y acólitos (Alain Joubert alude a su “lucidez” y a su “honestidad” en los conflictos del 69, demostrando tanto una como otra). En 1961 publicó Maliduse, con ilustraciones de Mimi Parent, Adrien Dax y Robert Lagarde (reed. 2009); en 1967, Guy Cabanel exalte ses animaux noirs, en edición de autor, con ilustraciones de Lagarde; en 1969, en Losfeld, Odeurs d’amour, con ilustraciones de Lagarde, Benoît, Camacho, Mimi Parent, Toyen, Silbermann y Adrien Dax; y en 1970, en Fata Morgana, Les fêtes sévères (reed. 2009, con dibujos de Lagarde). Ya en el n. 3 de L’Archibras había colaborado con Mimi Parent (“Tours”), embistiendo al final contra los mitos grecorromanos; L’Écart Absolu publicaría en 2000 el cuaderno L’essence poétique seguido de Non-guide pour les Tours y de Tours.

En 1971 responde escuetamente a las cinco preguntas formuladas por la revista Gradiva en torno al surrealismo: “El surrealismo no tiene papel ni aspectos privilegiados”; “Es la evolución de la sociedad contemporánea la que depende del surrealismo; este depende de los individuos”; el papel y la situación del surrealismo en la práctica social y de la vida es “la libertad”; “El surrealismo se burla de la filosofía, del arte y de la literatura”; “Hemos discutido demasiado. Lo que es urgente es celebrar la fiesta”. En 1993 responde a otra encuesta, esta vez la organizada por Cesariny y Vancrevel sobre André Breton, de la que entresaco estas líneas: “Yo debo a André Breton y al surrealismo –y creo no ser el primero en decirlo– ante todo la seriedad. Aprendí a dejar de lado lo fútil, a adentrarme en lo esencial, lo que no significa que lo fútil no pueda ser, a veces, lo esencial. André Breton fue el gran Iniciador y sobre todo el Rey Arturo de nuestro tiempo, héroe de una apasionada búsqueda de la verdad. Alrededor de la mesa redonda, el criterio de semejanza de los caballeros no fue nunca el método sino la pureza de las intenciones. Los caballeros podían sucederse, asumir los más diversos semblantes, el rey Arturo garantizaba la permanencia del espíritu. No hay en ello ninguna comparación exagerada. Nadie osó pretender un puesto alrededor de la mesa sin alimentar la ambición desmesurada de aportar su contribución a la búsqueda. Los que eligieron esta aventura deben a André Breton el haber suscitado el deseo de emprenderla” (Salamandra, n. 6, 1993). En 2003, respondió a otra encuesta, realizada por la revista S.u.rr…, sobre el sueño, el lenguaje y la imagen (“Écoutons voir”).

En 1974, Cabanel publicó Les boucles du temps y en 1983 Illusions d’illusions, ambos con nuevos dibujos de Robert Lagarde; en 1992, Au fil du temps y Six quinquets; en 1995, Silhouettes de hasard y Croisant le verbe, este con ilustraciones de Jorge Camacho y aquel sobre los dibujos de Gilles Dunant; en 1996, Instants de l’immobile errance; em 1997, Quinquets, ilustrado por Jean Terrossian; en 1999, Les esquilles “Mais lesquelles?”, poemas haciendo eco a unos dibujos de Georges-Henri Morin; en 2000, el ya citado L’essence poétique y Femmes admirables; en 2004, Trois souffles de verve flottant y Fées & flammes; en 2006, con Jacques Lacomblez, Douze constellations de Jacques Lacomblez pour André Breton où gravitent les étoiles renversées de Guy Cabanel; en 2007, Le verbe flottant, ilustrado por Jacques Zimmermann; en 2009, Dans la roue du paon, ilustrado por Lacomblez, Hommage à l’Amiral Leblanc y Soleils d’ombre (24 poemas para 24 fotos de ombligos de Jorge Camacho); en 2011, L’ivresse des tombes, con 8 fotos de Barthélémy Schwartz; en 2012, Chants d’autres mémoires, a partir de dibujos de Lucques Trigaut, Le revenant, con ilustraciones de Michèle Grosjean, y Les cités légendaires, con 18 dibujos de Jacques Desbiens; en 2013, Les chemins qui zigzaguent; en 2014, con Jean Terrossian, Journal intime. Las prosas míticas de Les cités légendaires evocan uno de los libros más sorprendentes de Guy Cabanel: el citado Hommage à l’Amiral Leblanc, con un prólogo-“inducción” de Alain Joubert e ilustraciones propuestas por Eve Mairot, Barthélémy Schwartz y el propio Joubert. Este extraordinario personaje, fino y elegante, con su escudo, le surgió al poeta en dos sueños que tuvo a fines de los años 60, y ya nunca lo ha abandonado, con su bajel El Admirable, sus historias de otrora, sus ocurrencias peregrinas (que hacen pensar en el Capitán Cap), sus glorias y aventuras, sus ritos, sus amores y sus “pensamientos y proclamas”, incluidos al final de la obra. Entre esos pensamientos, profiere este en una taberna: “¿No soy yo mismo un sueño? ¡Oh, muchachas y marineros, quien responda a esta cuestión será más que almirante!”. Verdadero poeta del mar, el almirante Leblanc tiene como cuartel general la ciudad de Hnem, conquistada por él, y de la que se nos ofrece al final del libro un plano al que no le falta el escudo del almirante, con el lema anagramático “le blanc admire”.

Hombre de fidelidades, Guy Cabanel aún en 2014 interviene en el almanaque de Brumes Blondes, como ya colaboraba en su revista en 1968.

(Caleidoscopio surrealista)

En este espacio hemos dedicado constante atención a Guy Cabanel. Doy seguidamente una lista de las reseñas a sus últimas obras, solo las tres primeras nombradas en Caleidoscopio surrealista, ya que Cabanel continuó hasta hace solo cuatro años asombrándonos con su escritura, que era la más vivaz y jovial del surrealismo último.

lunes, 11 de febrero de 2013

Guy Cabanel, poeta legendario


Lo he dicho un par de veces, y lo repito ahora, aunque no sea yo ni mucho menos el único en pensarlo: Guy Cabanel es uno de los grandes poetas de todo el surrealismo.
Al menos por lo que yo llevo anotado, Les cités légendaires viene a ser su cuaderno poético número 27, en 54 años de poesía iniciados con À l’animal noir (1958), que fue reeditado en 1992 precisamente por haberse convertido en un título completamente legendario.
Uno se asombra, o, mejor dicho, uno lamenta ver por ahí a tanto falso poeta que ya tiene reunidos en grueso volumen todos sus escritos tristes, en tanto aquellos que verdaderamente cuentan, como Guy Cabanel, viven en pequeñas ediciones, algunas hasta ilocalizables.
Esas publicaciones de Guy Cabanel, casi todas breves, han llevado en general ilustraciones de amigos surrealistas, o de amigos del surrealismo: Robert Lagarde, Mimi Parent, Adrien Dax, Jean Benoît, Jorge Camacho, Toyen, Jean-Claude Silbermann, Jean Terrossian, Jacques Lacomblez, Jacques Zimmermann, Barthélémy Schwartz, Lucques Trigaut... Una lista impresionante, que suma ahora el nombre de Jacques Desbiens, a quien conocíamos por su fino prólogo a Joyero de los días, de Bernar Sancha. Los 18 dibujos de Les cités légéndaires se corresponden muy bien, en su carácter fantasmal y fantástico, con los retratos poéticos que Guy Cabanel hace de sus ciudades legendarias –a saber, Idalès, Arkhangelsk, Focshani, Nuremberg, Sanaa, Münster, Albacete, Tver, Nara, Gand, Ljubljana, Jaipur, Breslau, Uppsala, Gloucester, Samara, Nidaros, Skoplje, Jehol, Samarkand, Besançon y Providence. Nombres, en su mayoría, de resonancias míticas, no siendo casual que la lista acabe con la urbe del maestro novecentista de la literatura fantástica, su “viejo amigo” al que reconoce, sobre un esquife en medio de la bahía de Narragansett, “por su rostro en forma de hoja de cuchillo”. Tampoco falta, en este viaje superexótico, el mundo oriental del que ha sido el poeta un gran amante y conocedor, con “la encantadora Lo Fou” reinando sobre la ciudad de Jehol.
Las prosas míticas de Les cités légendaires nos evocan uno de los libros más sorprendentes de Guy Cabanel: el fabuloso Hommage à l’Amiral Leblanc, publicado en 2009 por las ediciones Ab irato, con un maestro prólogo-“inducción” de Alain Joubert e ilustraciones propuestas por Eve Mairot, Barthélémy Schwartz y el propio Joubert. Este extraordinario personaje, fino y elegante, con su escudo “Leblancadmire” le surgió al poeta en dos sueños que tuvo a fines de los años 60, y ya nunca lo ha abandonado, con su bajel El Admirable, sus historias de otrora, sus ocurrencias peregrinas que hacen pensar en el Capitán Cap (y señalar por mi parte que hay en algunas páginas del homenaje al almirante Leblanc un cierto sabor a Alphonse Allais es lo más grande que yo puedo decir de un narrador contemporáneo), sus glorias y aventuras, sus ritos, sus amores y sus “pensamientos y proclamas”, incluidos al final de la obra. Entre esos pensamientos, veamos el que profiere en una taberna: “¿No soy yo mismo un sueño? ¡Oh, muchachas y marineros, quien responda a esta cuestión será más que almirante!”.
Verdadero poeta del mar, el almirante Leblanc tiene como cuartel general la ciudad de Hnem, conquistada por él, y de la que se nos ofrece al final del librito de Ab irato un plano al que no le falta el escudo del almirante, con el lema anagramático “le blanc admire”:

domingo, 11 de abril de 2021

Las nuevas ciudades legendarias de Guy Cabanel


Es una alegría inesperada la aparición de una segunda parte del maravilloso libro de Guy Cabanel Les cités légendaires, que publicó Sonámbula en 2012.

Poco puedo añadir a la nota que en su día le dediqué a aquella parte primera, ya que este tomo de ahora forma unidad perfecta con el anterior: editado de nuevo por los cuidados modélicos, primorosos de Sonámbula, lo acompañan de nuevo dibujos de Jacques Desbiens (casi todos ocupando dos páginas y pertenecientes a la serie El laberinto olvidado), que riman perfectamente, en sus grandiosos paisajes oníricos, con la suntuosa imaginación prosística de Cabanel, tan saturada de sentido mítico y por supuesto poético.

Nos toca viajar ahora a estas 27 villas legendarias: Lo-Yang, Maikop, Gaziantep, Inverness, Tumbuctú, Tumisoara, Praga, Yarkanda, Florencia, Yarmouth, Rouchtchouk, Swakopmund, Jitomir, Qaraquorum, Lhasa, Mosul, Usti-Nad-Labem, Liepaja, Trebisonda, Srinagar, Pontianak, Machu Picchu, Dudinka, Dodoma, Hilversum, Faro y Ponapé.

Otro libro dorado de Guy Cabanel, quien para mí es el poeta del surrealismo que más merece aquella distinción de Saint-Pol-Roux: le magnifique.

Sin duda, este es el mejor viaje que se puede hacer actualmente, y por lo que a mí respecta solo lo puede igualar uno de esos viajes imaginarios que de vez en cuando yo me hago a mi Portugal legendario y laberíntico, de trenes fantasmales, paisajes desolados y seres de ultratumba, en busca perpetua de ciertos ojos de mujer que a veces me ha parecido que podrían aparecer también en algunas vueltas de los trayectos que Guy Cabanel describe frecuentemente en primera persona.

“Pero cuando las mañanas son claras, la ciudad sumergida flota como un sueño de sirena sobre la llanura azul”.

les cités légendaires 1

info@sonambula.org

Jacques Desbiens, Gruta, 2018

martes, 17 de marzo de 2015

Carmen Bruna, en Sonámbula

Sonámbula (www.sonambula.org) ha publicado ya doce bellos libros del surrealismo, a saber: Esfera inacabada de Fernando Palenzuela (también, independientemente, en edición francesa), Los ultramuebles de la pasión de Susana Wald, Femme en songe suivi de Quand l’animal des profondeurs surgit la tête éclate de Ludwig Zeller, Dans l’écrin des jours noirs de Bernar Sancha, La grandeur de la lune brûlée del grupo Les Boules, La chasse à l’objet du désir de la Liaison surréaliste à Montréal, Insoumission poétique: Tracts, affiches et déclarations du Groupe de Paris du mouvement surréaliste y Maillot d’hécatombes pour Jeanne D’Arcula précédé de Vestibule de l’éternité de Guy Girard, Les chemins qui zigzaguent y Les cités légendaires de Guy Cabanel y Poèmes de l’amour rose de Raúl Henao. Un catálogo ya soberbio, con mucha poesía auténticamente esplendorosa y documentos tan importantes como el de las intervenciones del grupo parisino y el catálogo de la exposición de Montreal.
Se suma ahora, en un volumen de un centenar de páginas, una selección de los poemas de Carmen Bruna, una de las grandes voces femeninas del surrealismo argentino, cuya nombre viene unido nada menos que a los de Olga Orozco, María Meleck, Alejandra Pizarnik y Silvia Guiard –sin olvidar, aunque en el terreno artístico, a Virginia Tentindó. Silvia Guiard es quien ha hecho el precioso prólogo-presentación, recordando los años del grupo surrealista Signo Ascendente, al que Carmen Bruna estuvo asociada y cuyo sello le publicó Morgana o el espejismo (1983) y Lilith (1987). La antología va de 1980 a 2003, e incluye también, por tanto, poemas de La diosa de las trece serpientes (1986), La luna negra de Lilith (1992) y Melusina o la búsqueda del amor extraviado (1993). Todos estos títulos hablan de la dimensión mítica de su poesía, que es también una poesía arrebatada y trágica, de furor y revuelta, donde las imágenes convulsivas se agitan en verdaderas mareas de fiebre.
Lilith, 1987, dibujo de Tony Pusey
La edición se enriquece con diez monotipos de Guy Girard, adecuadamente febriles y de los que vemos en la portada un detalle del titulado La muy encarnada. Girard y el editor Enrique Lechuga son quienes se han encargado de la traducción, que es una pena no venga acompañada de los originales en castellano.
Entre los poemas incluidos los hay dedicados a Sergio Lima (“Sergio Lima y el erotismo estrellado de sus collages”), Silvia Guiard (“Silvia pájaro de oro”) y Kirin (“A Kirin”), aparte el titulado “La lucidez de Nadja”.
Carmen Bruna nació en 1924 y murió el pasado año. Por suerte, Raúl Henao le hizo poco tiempo antes de su desaparición una iluminadora entrevista, que puede leerse en su imprescindible libro La doble estrella. El surrealismo en Iberoamérica. Notas y entrevistas poéticas (2008). Allí decía Carmen Bruna: “El mundo de Lautréamont y de Rimbaud son mis mundos bárbaros, alucinantes. Mi poesía es la poesía de los poetas malditos”.

martes, 18 de febrero de 2014

“Infosurr”, 104

El número 104 de Infosurr viene acompañado de un índice de los primeros cien números. Como este corresponde al trimestre octubre-diciembre de 2012, hay ya coincidencias con novedades tratadas aquí, pero también aparecen cosas anteriores o de las que yo no he tenido noticia. Entre las primeras tenemos: Crisis de la exterioridad, edición del Grupo Surrealista de Madrid; Femme en songe de Ludwig Zeller y Les cités légendaires de Guy Cabanel, ambos editados por Sonámbula; Frágiles tránsitos bajo las espirales, de Enrique de Santiago; Caixa gris, de Álex Januário; Secrets in red and green, de Richard Misiano-Genovese y Sergio Lima; Les hommages excessives, de Mário Cesariny; el número de Derrame dedicado a Cruzeiro Seixas; L’impossible est un jeu, de Alexandrian; Surrealism in Wales; The phantoms of surrealism, de Neil Coombs; Presque rien, de Jacques Lacomblez y Laure Missir; la exposición “El tiempo de las sirenas” de Suzel Ania; Lost words de Penelope Rosemont.
De lo que me interesa y se me ha escapado o es anterior a noviembre de 2011, se da noticia de Les Hautes-Salles de Hervé Delabarre y de la muerte, a los 90 años, de Lothar Klünner, a quien dedica una página entera Heribert Becker. Este poeta berlinés se interesó por el surrealismo (entre otras muchas cosas) en un país y unos tiempos en que ello era muy raro. Más sucinta es la nota sobre el canadiense Paul-Marie Lapointe, el autor de Le vierge incendié, fallecido en 2011. De otra figura del surrealismo canadiense, Claude Gauvreau, se comenta la Lettre à André Breton, le 7 juin 1961, publicada en 2011.
En la vertiente polémica, Richard Walter, más brevemente que Gérard Durozoi en los Cahiers Benjamin Péret, advierte sobre el nuevo adefesio de Elena Poniatowska, quien ahora se ha entretenido con la desdichada Leonora: “biografía para evitar, incluso para huir de ella. Un futuro «biopic» adaptable por el cine hollywoodense”.
De los cuadernos Leiris y Bataille se da el índice del contenido, donde hay de todo como en botica, y yo diría que predominan los remedios malos. No hace falta insistir: ¡qué lejos nos quedan esos cuadernos del de Benjamin Péret!

Cabanel en Sonámbula

En Sonámbula ya han aparecido cuadernos de Fernando Palenzuela, Susana Wald, Bernar Sancha, Les Boules, Raúl Henao, Ludwig Zeller, Guy Girard y Guy Cabanel. Muy bellos y cuidadosamente editados, aunque a la vez sencillos, estos cuadernos de solo 150 ejemplares se lanzan desde Coral Gables y Montreal, merced a la alianza –verdadera fortuna para nosotros– de Fernando Palenzuela y Enrique Lechuga.
Si hace unas semanas dábamos noticia de la aparición de Maillot d’hécatombes pour Jeanne d’Arcula précédé de Vestibule de l’éternité, ahora lo hacemos de un segundo poemario de Guy Cabanel, tras el maravilloso Les cités légendaires.
Les chemins que zigzaguent es una experiencia poética única: ocho conjuntos de líricas cuartetas, cada uno de aquellos compuesto de diez cuartetas y cada una de estas acompañada de un dibujo con tres filas de puntos, desde los cuales una flecha va trasladándose. Son los caminos que zigzaguean, pero que siempre vuelven al centro, cuyo acceso le es siempre facilitado a un poeta inmenso como Guy Cabanel.

jueves, 13 de febrero de 2020

Sonámbula: Delabarre, Lacomblez

Casi al mismo tiempo que Elutriation de Jean-Paul Martino, las ediciones surrealistas de Sonámbula han lanzado dos preciosos cuadernos poéticos, de sendos nombres señeros del surrealismo.
De Jacques Lacomblez, coincidiendo con la aparición de la monografía de Le Grand Tamanoir, aparece una segunda parte de Bois flottés, su carné de poemas y reflexiones. El primero se publicó en 2016 y correspondía a los años 2008-2015 (Ludovic Tac lo reseñó brillantemente en el número 129 de Infosurr), mientras que este cubre los años 2015-2017. De nuevo acompañan las palabras dibujos del propio Lacomblez.
La edición, de 150 ejemplares numerados, concluye con un intercambio epistolar de 1966 entre Lacomblez y Claude Tarnaud.


En segundo lugar, tenemos Du string de Hervé Delabarre, refrescante poema de un surrealista cuyos primeros libros aparecieron en 1960 y que ha llegado incólume al tiempo presente (es más, Du string enlaza con una de sus dos publicaciones de aquel año, Les dits du Sire de Baradel, aparecidas en las ediciones Peralta del gran Jehan Mayoux). La edición es de 70 ejemplares numeradas y el dibujo de la cubierta es de Bernar Sancha. Una nota final explica las “circunstancias” del poema (el texto de contraportada, que reproduzco seguidamente, es el comienzo de dicha nota). Y un comentario de Alain Joubert puede consultarse en el enlace que damos.


Sonámbula, en su incesante labor de extrema calidad, anuncia de Beatriz Hausner La vida de las plantas y de Guy Cabanel una continuación de su admirable Les cités légendaires.
delabarre joubert

domingo, 18 de abril de 2021

Guy Cabanel: “Comunicar”

Para festejar la aparición de la segunda parte de Les cités légendaires, traigo aquí esta página de Guy Cabanel con que, tras la presentación colectiva, se iniciaba en septiembre de 1970 la andadura del Bulletin de Liaison Surréaliste. Hacía solo un año que un grupo de surrealistas cansados había decretado nada menos que el final de la aventura surrealista. Guy Cabanel, por supuesto, se situó donde había que situarse. Es importante señalar, ya que el dato no se aporta, que el dibujo es de Mimi Parent, quien también sabía dónde y cómo continuaba el surrealismo.