domingo, 28 de febrero de 2021

“Soapbox”, 179-181

Otros tres estupendos números de Soapbox, incluyendo una encuesta a partir de collages de Pierre Rojanski:

Pierre Rojanski, collage en Le plumier de la nuit, 2011

Mário Cesariny: “Uma última pergunta”

La Fundación Cupertino de Miranda ha tenido la gran idea de reunir las entrevistas a Mário Cesariny, y publicarlas en su colección Documenta. Son en total veintiséis y van de 1962 a 2006, aunque comiencen en 1952 con una entrevista del propio Cesariny al pintor de Lisboa por excelencia, Carlos Botelho. La organización e introducción es de Laura Mateus Fonseca, a quien hay que agradecer tan útil trabajo. El prefacio (firmado en “el año de la peste de 2020”, o sea que aquí hay otro que también se debe haber tragado el embolado de la “pandemia”) es de Bernardo Pinto de Almeida, quien ya ha escrito páginas magníficas sobre Cruzeiro Seixas, y está bastante bien, aunque no escape al típico masoquismo cultural portugués (del que no estaba exento ni el propio Cesariny): si en efecto hay aquí entrevistadores mentecatos, ello no se debe a que Portugal sea un “país inculto”, ya que sin ir más lejos Breton se dejó entrevistar por las no menos mentecatas Madeleine Chapsal y Claudine Chonez (son solo dos ejemplos), por no hablar del pez gordo español José María Valverde. El Portugal popular tradicional, que era algo fastuoso, y el Portugal de los grandes artistas, literatos y pensadores es un país tan culto como cualquier otro de los países mayores de Occidente, donde siempre han coexistido la grandeza y la miseria.
Las entrevistas son suculentas y se leen a todo tren. Cesariny nunca es fatuo ni pedante, siempre es simpático, ocurrente y divertido y por lo general es de una lucidez implacable, a la que no duelen prendas. La vivacidad general impide que las reiteraciones y obsesiones resulten molestas, y solo al final hay algunas concesiones, cuando empieza a hablar de la familia y nos enteramos de que veía los noticiarios de la televisión (parece que el propio Breton cayó en ese horror) y particularmente cuando refiere la visita en su casa del presidente de la república (a la sazón Jorge Sampaio, un plúmbeo personaje que hasta poseía ciertos rasgos faciales mongoloides) para condecorarlo con la Gran Cruz (¡!) de la Orden de la Libertad (oxímoron tan grosero como el de los “enfermos asintomáticos”). La última vez que estuve en su casa, Cesariny me regaló António António, Corpo visível y Uma combinação perfeita (¡eso sí que es un regalo!) y me despidió con un gran abrazo diciéndome que mis huesos estaban fuertes para entrar en el siglo XXI: espero que el abrazo que nos dimos le haya parecido más agradable que el que le propinó aquel bobo de Sampaio, quien además no debería estar poco zangado por tener a aquellas horas de la tarde tal compromiso en su agenda, cuando de seguro que prefería estar echándose las copas con los amigotes –tudo isto existe, tudo isto é triste, tudo isto é fado, por decirlo con una canción de Amália Rodrigues, a quien descubro que Cesariny, como yo, estimaba incluso más que a Fernando Pessoa.
La materia de estas entrevistas es bien analizada por Pinto de Almeida. Yo conocía muy pocas. La más extensa es quizás la que le hizo César Antonio Molina, y que Cesariny me envió fotocopiada con una serie de correcciones, algunas de las cuales eran consecuencia de que, a pesar de su extensión, se habían recortado muchas cosas. Molina (a no ser que haya sido algún pajullo experto en manipulaciones de los que tanto pululan por los pudrideros periodísticos) eligió, dando muestras de gran cultura española, el título “Del surrealismo no queda nada...”, pero la entrevista decía cosas muy diferentes y además se enriquecía con un admirable texto de Granell (“La salud del surrealismo”) y otro de André Coyné que no le iba a la zaga.
¡Grande, inesquecível Mário Cesariny, siempre vivo y en forma!

Mário Cesariny, Memorización de México IV, 1977
 
*
 
“El trabajo sin precedente del surrealismo fue dar un sentido agente a aquello que parecía inconexo: el poeta, desde que existe; el tiempo, que en cualquier milésima de segundo es todos los tiempos; el espacio que es fuera y simultáneamente dentro. Contra este trabajo nunca faltarán ni pueden faltar los historiadores de ataúd y clavo.” (1979)
“En mi óptica, no hay una sola de las premisas del surrealismo que no guarde sus virtualidades.” (1982)
“Podrá decirse que la gracia y la novedad primitivas del surrealismo desaparecieron hace décadas. Es verdad. ¿Pero qué decir de la gracia y de la novedad del post-ismos, en lucha permanente y mortal para salir de todos los ismos? ¿Cree que lo van a conseguir? ¡No! El surrealismo continúa siendo el último enunciado verdadero de los problemas centrales de nuestro tiempo, para quien quiera vivir como un hombre, y no como un cerdo harto y satisfecho.” (1990)
“Breton nos hizo apenas el favor de intentar dar sentido a lo que parecía disperso a través de los tiempos y lugares. Se dirá que es poco, pero ese «apenas» cubrió ya casi todo nuestro siglo y no parece dispuesto a desistir de entrar en el siglo que viene.” (1991)
“El surrealismo es siempre de hoy, nunca de ayer. Nada es tan mistificador como hablar de la actualidad o de la inactualidad del surrealismo. El surrealismo es de hoy, pero inactual, tan inactual como lo puede ser un indio. La actualidad es pequeñita y siempre de ayer. ¿Vio, hace poco, el libro de René Guenon que Antonio Barahona me dio para que yo percibiera cómo se puede ultrapasar a Breton por encima? La única cosa que vi es que Breton es inultrapasable.” (2002)
“La revolución surrealista es aún algo de que los instalados ni quieren oír hablar.” (2002)
“El propio André Breton decía que el surrealismo era una manera de ligar lo que, a través de los tiempos, andaba desligado, de los insurrectos, de los románticos. Él va hasta Hermes Trismegisto, en la mitología griega, para ligarlo todo en una corriente subterránea. Creo que hay una relación con el ocultismo, la magia negra, el sol negro.” (2002)
 
*
 
Cesariny intervino sobre este billete postal del Golfo de Lanzarote, que me regaló con ocasión de alguna de sus cartas. Es pues rigurosamente inédito.

Al día

Esta publicación sumamente importante de David Nadeau la reseñaré desde que me llegue y la lea:
 
*
 
Las Ediciones Analogon publican este libro de escritos de Jan Richter, de quien ya conocíamos excelentes textos incluidos en Other air:

*
 
Primavera sombría, estremecedora obra de Unica Zürn, ya estaba disponible en Siruela (2005), pero ahora Pepitas de calabaza la edita con un prólogo de Lurdes Martínez:
Aprovecho para señalar que a la vez se ha traducido al inglés El hombre jazmín:
 
*
 
Se anuncia este libro sobre Virginia Tentindó y una exposición correspondiente (según las “condiciones sanitarias”, que es lo que se sigue creyendo, en vez de decir las “condiciones políticas”):



*
 
La revista A dedica parte de su número 9 al surrealismo en el Japón, con trabajos apetecibles sobre Takiguchi, El-Kyu y Vera Linhartova:
 
*
 
Retrospectiva de Dorothea Tanning:
 
*
 
Y enorme subasta Man Ray:

*
 
Decir que la humanidad de las sociedades occidentales es la más degradada que ha existido no es nada meritorio, porque es evidente (bastaba hasta hace poco con acudir a un estadio o a un mitin político), ni es nada original: ya René Guenon lo mostró, y antes de él los Swift y los Bierce, pero ello nunca se ha puesto tan evidencia como en la actual dictadura sanitaria mundial. De ello dan muestra todas estas galerías de imágenes que alcanzan hoy el número 17, aunque en ellas no hay solo subnormalidad sino también humor y revuelta:
Pero si la peor gente ha dominado siempre el mundo (exceptuadas algunas sociedades primitivas y rurales), no es menos cierto que jamás han logrado doblegar el espíritu de insumisión y de libertad. Y tampoco lo van a conseguir ahora por mucho que dispongan de unos gigantescos medios para ello.


miércoles, 24 de febrero de 2021

Nueva colaboración Guy Girard / Christian Martinache


En 2017 tuvimos oportunidad de reseñar Les coulisses de plomb, poemas de Guy Girard con polaroides de Christian Martinache dispersos por el libro. Editaba Le Grand Tamanoir y prologaba Jean-Pierre Lassalle. Ahora, de nuevo en Le Grand Tamanoir y con un prefacio de Sergio Lima, 54 collages de Christian Martinache reciben poemas de cuatro versos de Guy Girard.
De Guy Girard hemos hablado repetidamente aquí, dada la frecuencia de sus comunicaciones, siempre estrictamente surrealista. Menos conocido para nosotros es Christian Martinache, un amante y amigo del surrealismo que a la vez cultiva la pintura y el collage, ambos regidos siempre por el automatismo. Al final de este cuaderno, titulado Les Sans-culottides ou quelques rêves d’Anna Freud, hay una buena semblanza suya por Michel Jacubowski, quien caracteriza estas dos facetas suyas, acercándolo en la de collagista a Karel Teige y Philippe Lemaire y señalando la presencia constante de la poesía y de lo imprevisto.
Le Grand Tamanoir no puede sino sentirse satisfecho con estas dos publicaciones de Girard y Martinache, que vienen precedidas por textos luminosos de dos figuras excepcionales del movimiento surrealista como son Jean-Pierre Lassalle y Sergio Lima.

Una antología excepcional de Maurice Heine

Atención: estamos ante una publicación mayor, en que por primera vez se estudia a fondo la figura admirable de Maurice Heine, antologándose sus escritos e incluyéndose una pieza maestra que era desconocida.
El estudio de Georges-Henri Morin es (como era de esperar) soberbio, y viene a llenar un vacío que se hacía sentir. No ha caído Maurice Heine en las habituales manos muertas académicas, que no hacen sino momificar, sino en las de alguien que podía comprenderlo como pocos. Una biblioteca selecta del surrealismo tiene que recoger este libro a la altura volcánica del gran descubridor de Sade.
Nos gusta el formato apaisado que han elegido las Éditions du Sandre y que, con la ilustración infernal de Anne Van der Lidden, le da un sabor de vieja cultura popular.
Un monde mouvant et sans limites, tras el estudio denso y magistral de Morin, lo mejor y más completo que se ha escrito sobre Heine, una introducción superlativa a su figura y a su obra, incluye los poemas de La mort posthume (1917) y Pénombre (1919), seis de los diez ensayos que publicó entre 1933 y 1939 en Minotaure y el extraordinario Tableau de l’amour macabre. Este es el plato fuerte, un ensayo en la misma línea de los textos de Minotaure, pero más extenso que cualquiera de ellos, que Heine iba a publicar en 1938 en los cuadernos Acéphale de Bataille. La figura estelar es nuestro inolvidable amigo el Sargento Bertrand, pero se habla también de Sade, de Lautréamont, de los vampiros y de los licántropos. Heine hubiera gustado saber de José Cadalso y sus Noches lúgubres (Alejandra Pizarnik decía que tenía que leer ese libro, tan solo por su título y el del apellido del autor), que refieren el intento de desenterrar el “cadáver adorado” de la amada muerta. Y también, por supuesto, le hubiera gustado asistir al retorno del Sargento Bertrand en 1964, ejecutado por Jean Benoît en presencia de los surrealistas.
Maurice Heine fue siempre muy estimado y apoyado por los surrealistas. Firmó con ellos varios tracts y coincidió en sus posiciones políticas. Formó parte del comité de redacción de Minotaure cuando la revista se orientó hacia el surrealismo, junto a André Breton, Pierre Mabille, Paul Éluard y Marcel Duchamp. En Minotaure sus fascinantes ensayos fueron presentados de la mejor manera posible, como les correspondía, y por lo general acompañados de grabados, que mucho estimaba. Puestos a pedir el oro y el moro, bien nos hubiera gustado que todos ellos se hubieran incluido en este volumen.
Hay al final una nota autobiográfica de este hombre del que no sabríamos ni su rostro, de no ser por los dos retratos que le hizo Man Ray allá por 1930.


“Aquel hombre, de seguro profundamente dieciochesco, tan perdido entre nosotros; aquella cultura como por última vez enciclopédica, aquella ausencia de todo prejuicio y también aquel corazón desenfrenado, siempre dispuesto a arrebatar el espíritu hasta el límite de las reivindicaciones humanas. Y, por otro lado, su suprema discreción y el cuidado de lo intachable, de lo impecable en materia de documentación, de juicio, de expresión, y aquel don, que maravilla aún nueve años después de su muerte, para recrear en el ámbito cerrado de su voz lo ultrasociable a partir de la pura insociabilidad. ¿De qué estaba hecha esa relación? ¿De dónde viene que, por él, el torrente da Sade, desembarazado de sus monumentales impurezas, bruscamente se aflorase en cascada de luz? ¿Qué vuelo tardío era aquel, transmutatorio por encima de ella, que se revelaba capaz de recoger una panacea de la más resbaladiza urna de nepentas?” (André Breton)

Jean Benoît como Sargento Bertrand,
1964

Poemas dramáticos y pictopoemas de Mário Cesariny

Al mismo tiempo han aparecido dos publicaciones muy notables de Mário Cesariny. De Uma última pergunta, colección de entrevistas, me ocuparé otro día. La otra es un nuevo tomo de sus obras en Assírio & Alvim, que recoge sus poemas dramáticos y sus pictopoemas.
Ha estado a cargo de la edición y hace el prefacio Perfecto E. Cuadrado, que fue quizás quien mejor conoció a Cesariny en sus últimos años y que ya le ha dedicado páginas consistentes, de referencia.
Casi todos los textos son conocidos, pero hay alguna excepción, como un inacabado proyecto de teatro radiofónico. En Primavera autónoma das estradas habían aparecido el divertido “Consultório do Dr. Pena e do Dr. Pluma” y el breve, pero fulgurante, “Projecto de rebelião”. Las piezas más celebradas son Um auto para Jerusalém y Titánia. El “auto” (guiño al teatro popular de Gil Vicente) lo publicó en 1946 sin pasar la censura y pronto se lo retiraron; se hizo una representación en 2002, que mucho le desagradó. Titânia (una de sus obras favoritas) apareció en 1977 junto a A cidade queimada. Ese libro me lo compré yo en Lisboa durante la navidad de 1979, y tanto me gustó que le propuse a Cesariny traducirlo, pero no parecía satisfecho con “A cidade queimada”, que yo consideraba (y considero) una obra espléndida. Años después me propuso que yo tradujera no sé ya cuál poema suyo, para dedicármelo, y entonces fui yo el que no dio seguimiento a la propuesta. Todo eso anda por ahí en nuestra anárquica correspondencia.
En cuanto a los pictopoemas, es un acierto pleno haber reunido todas las imágenes que responden a tal designación y que andaban dispersas por varias publicaciones.
Este es otro mojón importante en la bibliografía del incandescente poeta lusitano.
 

jueves, 18 de febrero de 2021

Eugenio Castro: “Madrid rediviva”

Se trata de otro libro de envergadura como los más recientes que ha publicado Eugenio Castro, figura central del surrealismo en España. Siendo una “carta de amor”, también es un lúcido alegato contra “las formas de humillación de la ciudad”. Tres nombres familiares a quienes siguen la revista Salamandra (cuyo nuevo número, por cierto, es de aparición inminente) lo dicen mucho mejor de como yo lo podría decir:
“Este libro se inscribe en una línea genealógica a la que debemos la renovación más radical en la concepción y la práctica del hecho poético. Madrid rediviva, pues, aspira a prolongar la intención y el estilo de indagaciones que —como las de Gerard de Nerval en Aurelia o André Breton en Nadja— tuvieron como resultado la superación del caduco convencionalismo de los géneros, y la apertura de ese espacio de experiencia en donde la poesía conquista su dimensión más exigente y promisoria”. (Ángel Zapata)
“Un ejercicio de ahondamiento en la psicología de la ciudad con una riqueza de detalles y con una finura de matizaciones extraordinarias… se adentra en profundidades desconocidas (históricas, lingüísticas, oníricas, psíquicas, sentimentales, literarias...); las experiencias, unidas y secuenciadas, me parece que arrojan una hermosísima luz sobre la naturaleza de la ciudad”. (Jesús García Rodríguez)
“Es un libro surrealista de raíz, esto es, abierto, libérrimo, que se va agrandando a medida que avanza la lectura, abre puertas impensadas, vive de una vida propia, ennoblecido por el trasfondo de la Ley Analógica más profunda que contribuye a crear un espacio de experiencia aumentada (y compartida) de la realidad, una invitación a la aventura incluso en el espacio a menudo hostil de una ciudad como Madrid”. (Eloy Santos)
madrid rediviva