EL
RETORNO DEL MÁSCARA NEGRA
¿Cuántas piezas
magníficas del surrealismo no han llegado nunca a conocerse o han sido
descubiertas mucho tiempo después, por los más dispares motivos? El caso que
nos ocupa, las Aventuras do Máscara Negra de Sergio Lima, es de los más
expresivos. Sergio Lima, llamado a convertirse en uno de los exponentes máximos
del movimiento surrealista en las décadas siguientes, la compuso cuando solo
tenía diecisiete años, exactamente entre agosto y diciembre de 1957. Hacía
honor pues a la potencia revolucionaria rimbaldiano-ducassiana que ha sido
siempre la fuerza renovadora del surrealismo, después de haberse echado a rodar
como bola de fuego en los años 20.
El año 1957, si echamos
un vistazo a sus efemérides, fue un año de sorprendente fecundidad. Breton y
Legrand publican L’art magique y aparecen dos números de Le
Surréalisme, même. En poesía, nada menos que Le gigot, sa vie et son
oeuvre de Benjamin Péret, Pena capital de Mário Cesariny, Poésie
surnoise de André Frédérique, La tortuga ecuestre de César Moro, Construcción
de la destrucción de Aldo Pellegrini y El AGC de la Mandrágora de
Enrique Gómez Correa. En el lenguaje
ensayístico –aparte L’art magique–, el Maltraité de peinture de
Jacques Hérold, La petite anatomie de l’inconscient physique de Hans
Bellmer y Amour-érotisme et cinéma de Ado Kyrou. Y,
aunque no se viera entonces como tal, la presentación que Maurice Baskine, el
surrealista alquimista operativo, hizo de su Fantasophe-roc, venía a ser
la mejor expresión del “arte mágico”, una suerte de presentación a su manera de
la obra de Breton y Legrand.
En cuanto a los dos
números –segundo y tercero– de la revista que dirigía Breton, abundaba en
contenidos esotéricos, poéticos y subversivos, con colaboraciones muy notables,
entre otros, de Joyce Mansour, Julien Gracq, Élie-Charles Flamand, Jean Palou,
Adrien Dax, Robert Lebel, E.L.T. Mesens, Leonora Carrington, Toyen, Wolfgang
Paalen, Marie Wilson, Remedios Varo, Yves Élléouët...
Es en este contexto de
magia, poesía y revuelta donde se inserta esta obra de Sergio Lima, uno de los
más perturbadores roman-collages del surrealismo. Lamentablemente, As
aventuras do Máscara Negra no llegaron a publicarse. Pero a mí me
impactaron las tres imágenes que descubrí en su libro Collage, una de
las obras capitales sobre la expresión collagista, con la que mantienen las Aventuras
una relación esencial, como con A alta licensiosidade, esa
apabullante catarata de imágenes de lo maravilloso que hacía pensar en la
fertilidad inagotable de la naturaleza amazónica.
Como no hay nada casual,
en los dos números de Le Surréalisme, même encontramos el ensayo de
Péret sobre la “capoeira” y, precisamente dedicado a él, un formidable ensayo
de Leopoldo Chariarse donde relata sus vivencias con los indígenas del Amazonas
en 1947, incluyendo un retrato sobre la antropofagia y los jívaros de un
demoledor anticlericalismo que no falta en algunos collages del Máscara Negra,
como ese en que aparece Cristo hecho un verdadero cristo (además, el estudio
clásico de Mayoux sobre Péret, en el n. 3, va acompañado de la inmortal foto
insultando a un cura). Toda la fuerza subversiva del surrealismo, fuerza que de
modo muy raro aparece, o simplemente no aparece, en el resto de los movimientos
culturales, se expone en las Aventuras do Máscara Negra explícitamente,
y ya el primero de los collages nos muestra a un policía (que es todos los policías)
quemado vivo en llamaradas que festeja un grupo de indios, que son
concretamente kamaiurás del Alto Xingú en sus fiesta del kuarupe, dato que sé
porque aparecen en la portada del catálogo de una fascinante exposición
dedicada a los indios del Amazonas por el Museo de Etnología de Lisboa, que yo
vi en 1986. Este es uno de los “primeiros assassinatos” del Máscara Negra: “a polícia
é queimada viva; os índios em jubilo percibem que estão com a peste vermelha na
sola dos pés”. Como se verá, a cada collage corresponde una leyenda, pero a
medida que avanzamos podemos confirmar que, tal dice el autor en nota final,
las leyendas son “ilustrações” de las imágenes, no son una “explicación” de la
imagen, no son una reducción sino una amplificación, un disparo, y van de
simples títulos (algunos evocando los de Magritte, o los de Toyen, como “O
preságio da violência”) a verdaderas prosas poéticas, siendo ora líricas ora
narrativas, del mismo modo que el delirante relato lleno de rupturas se ve
invadido de continuo por el lenguaje metafórico. Esas prosas, por ejemplo, son
la nota común en el capítulo “A gata negra”, donde la Mujer-Gata (heroína que
se suma a la Decapitada, la Vampira y las desnudas y sonrientes mujeres del
País Silencioso) hace pensar a la vez en Molinier (otro nombre que puede ser
traído a colación aquí, para sumarlo, entre los que no aparecen en las
efemérides, a los de Artaud y los surrealistas rumanos) y en Irma Vep, quien
hacía sin lugar a dudas buena pareja con el mayor Máscara Negra de todos los
tiempos, o sea Fantomas –y en esta narración con crimen que es “A gata negra”,
al final el héroe de la novela-collage aparece encapuchado como Fantomas. En el
capítulo anterior, “O cesto de vime”, el título del collage final, “A volta da
decapitada”, parece sacado de la saga de Fantômas. Del mismo modo, en el
siguiente, “A vampira”, personaje que es la novia del Máscara Negra, ella misma
con una máscara de murciélago y tan maléfica que chupa la sangre de toda la
ciudad, parece brotar de una película de terror de la Universal. ¿No estamos
viendo/leyendo la obra de quien, en consonancia con el surrealismo de aquellos
años, y remitimos no solo al libro de Kyrou, sino a los artículos de Benayoun
en los dos números de Le Surréalisme, même, se manifestaba como uno de
los grandes cinéfilos del surrealismo, que llegó hasta el desarrollo de una
labor muy rica en el medio brasileño? Incluso el capítulo “O estouro dos
búfalos de neve” se compone de cinco divertidos collages que homenajean el
género cinematográfico por excelencia (con el slapstick), o sea el western,
convertido el Máscara Negra, maestro de metamorfosis, en un pistolero y un
indio de las praderas, y el western en un género erótico, o no fuera Eros quien
rige toda la obra de Sergio Lima. Señálese también que muchas de las leyendas
nos dan la sensación de que estamos ante el guion de una película surrealista.
Que la fuerza
revolucionaria del surrealismo no era nada sin el humor, y que ese humor
debía tener el color de la nigredo, lo estableció André Breton en una de
sus obras capitales. Uno de los capítulos de Collage lleva el título “A
imagem como nigredo”, y el héroe de nuestro roman-collage, dedicado “à
mulher noturna”, cuyo altar más sagrado, en el sentido en que Octavio Paz hablaba
de un “sagrado extrarreligioso”, es su “bôca negra”, lleva puesta, en las
antípodas de las ridículas mascarillas sanitarias del actual mundo distópico,
una máscara negra. Sergio Lima es un poeta de la noche romántica, y su
nigredo es, por supuesto, una nigredo erótico-convulsiva, inscrita en el
surrealismo más arrebatado, el más extremo, el que más se correspondería con el
romanticismo frenético. ¿Y qué declaración más frenética que esta de que “se os
polos fossem constituídos de gêlo negro e fervente, eu já teria elegido o local
de meu suicídio”? Pero esa noche no existiría sin la presencia ofuscante de la
mujer, del prodigio de su cuerpo cósmico, del exceso de su cuerpo que
rompe todas las normas “clásicas” que han regido y continúan rigiendo la
cultura dominante de Occidente. Uno de los collages de las Aventuras
publicados en Collage es el tercero del libro; recuerdo la impresión que
me produjo ese miembro inferior femenino (¡que se haya osado llamarlos
“inferiores”!) irrumpiendo, pero como si la constituyera, de una cascada decalcomaníaca
(y en la parte superior un paisaje que me recordaba algunos cuadros de entonces
de Mário Cesariny, uno de los aliados claves de Sergio Lima, tanto como lo era
mío). Ese collage a la vez anuncia uno de los capítulos posteriores, “Os olhos
brancos das mulheres do país silencioso”, por cuya serie en color desfilan
mujeres situadas en espacios de la naturaleza –el fabuloso “país silencioso”–,
lo que no deja de ser otra afirmación de romanticismo de la mejor ley, mientras
que la “cuenta nueva”, por evocar aquel poemario de Gutiérrez Albelo titulado Romanticismo
y cuenta nueva, la esgrimen los collages del tercer capítulo de la segunda
parte, con su ostentoso fetichismo de la lencería femenina, el que lo abre, titulado
“O leito da leitura”, siendo otro de los que aparecieron en 1984 en Collage,
al lado de “A cascada”.
Las Aventuras do
Máscara Negra, novela-collage con toda la fibra y la mecánica endiablada
del automatismo, en que el collage es lo mismo que la poesía y las imágenes son
la “casa del deseo”, es una de las obras que hacen la gloria del surrealismo en
su esplendor de movimiento de aventura, de desafío, de provocación, siempre
proyectado hacia el infinito de la verdadera vida.
7/8
de agosto de 2021