sábado, 24 de junio de 2017

Ludovic Tac: “L’Ombre à l’horizon”


Sonámbula prosigue su andadura como editorial clave del surrealismo en estos últimos años. Ahora es la vez de Ludovic Tac, con su poema L’Ombre à l’horizon, que acompañan unos veintiséis dibujos relampagueantes de Fabrice Sauge.
Como se ha optado por una coedición con Loplop, la publicación es bilingüe, habiéndose encargado de la traducción al portugués Marcus Rogério Salgado.
Arropan el poema de Ludovic Tac un prefacio de Guy Cabanel –donde evoca sus años de L’Amiral noir y un postfacio del propio traductor. En conjunto, un libro de alta poesía primorosamente editado.
“En L’Ombre à l’horizon, todo está dicho, y no podría ser dicho de otra manera, en ese lenguaje al que soy particularmente sensible, por ilustrar perfectamente la especificidad del verbo poético, a la vez incontrolado y despojado de los lugares comunes de la vida corriente, más allá de la antinomia libertad-rigor, como una fiesta severa.” (Guy Cabanel).
“La poesía de Ludovic Tac es la expresión de la potencia de la imagen considerada y expandida en sus consecuencias máximas. Se suceden los estados de materia al toque de una sustancia mágica que ampara todas sus confidencias: el poema es un objeto para soñar.” (Marcus Rogério Salgado)

Dibujo de Fabrice Sauge

miércoles, 21 de junio de 2017

Steve Morrison

Steve Morrison, Zisurru 11, harina, arcilla roja de Georgia,
alquitrán, poliuretano sobre lienzo

Aunque hemos nombrado en sus lugares correspondientes los cortometrajes de Steve Morrison aparecidos en Peculiar Mormyrid, la visión reciente de otro más (el espléndido Air) nos lleva a singularizarlo en esta entrada. Damos los enlaces de esas cuatro películas, más el de Vimeo, donde hay otras, y el de la página artística de este mormírido de Atlanta, que es un auténtico “bottom fedder”.

Jane Graverol

Jane Graverol, 1969

Está en curso una retrospectiva de Jane Graverol, pintora magnífica del surrealismo belga. Por desgracia, el enfoque del catálogo es del género asmático mental genérico, sin que falten los tópicos más idiotas y hasta esas necias y escolares interpretaciones de cuadros que tanto detestaba un Magritte. Jane Graverol no podía escapar al agravio generalizado, cuando ni Toyen lo ha hecho.
Sobre Jane Graverol han escrito, en pequeños catálogos, nada menos que Marcel Lecomte, René Magritte, Paul Nougé, Marcel Mariën, Paul Colinet, Irène Hamoir, Louis Scutenaire, Geert Van Bruaene, Lo Duca, Pieyre de Mandiargues, Xavier Canonne y André Blavier. Qué necesario es reunir en un volumen todos esos preciosos textos recónditos, hechos casi todos por poetas, para contrarrestar y hasta anular la nociva verborrea racional-progresista de la caterva universitaria.

miércoles, 14 de junio de 2017

“Peculiar Mormyrid” y el mito de la revuelta

David Coulter Sueños inquietos de una araña comedora de pájaros

El quinto número de Peculiar Mormyrid (disponible, como los anteriores, tanto en línea como en papel) confirma que esta publicación se ha convertido en la más aglutinante de fuerzas del surrealismo, un poco en la línea de Hydrolith.
Este nuevo número tiene como tema “El mito de la revuelta”, dividido en tres “dominios”: “Dominio de la máscara”, “Dominio de la invocación” y “Dominio de la manifestación del gran no”. La abundancia de participaciones solo me permite aquí apuntar aquello que más me ha gustado, en un documento de primera fila que además puede cada cual consultar inmediata y gratuitamente. Los trabajos ya conocidos no abundan tanto como en Hydrolith, pero los hay (José Manuel Rojo, Javier Gálvez, Guy Girard, Jesús García Rodríguez y algún otro). La sección autónoma de imágenes es magnífica una vez más, con dibujos, pinturas, fotos y collages de Luiz Morgadinho, Casi Cline, Vicente Gutiérrez Escudero (dos potentes collages), Tim White, Joseph Jablonski, Annalynn Hammond, David Coulter, John Richardson (también con un collage en alimón con John Welson y Mark Sanders), Megan Leach, Janice Hathaway, Michael Löwy, Karl Howeth, Gregg Simpson, Craig Wilson, Dan Stanciu (la soberbia imagen que encabeza la nota dedicada el pasado sábado a Peculiar Mormyrid y otra que reproducimos hoy), el colectivo Capa, Miguel de Carvalho, Lucy Zae Porter, Steve Morrison, Alex Januário, Bruno Jacobs, Rik Lina y Andria Matta May Schaal.
Los juegos –para no olvidar que no hay revuelta verdadera sin ellos ni sin poesía, algo que muy pocos revolucionarios profesionales han entendido nunca– están tan presentes como en los números anteriores y en el propio blog de “Peculiar Mormyrid”, destacando los del grupo Chimera de Ottawa: “La máscara de los generales”, “Bon voyage”, “El grito del sereno” y “Prescripciones”. El de collages “Máscaras de la ciudad” es obra del grupo de Leeds, el de la máscara es del grupo House of Mysticum, y como corolario está el propio juego del mito de la revuelta, con quince participantes.
Los textos van acompañados en ocasiones de imágenes, como en el caso de Steve Cline (quien aporta también una serie de collages especialmente subversivos), Craig Wilson, Laura Corsiglia, Casi Cline. Poemas hay de Tim White, Daphnée Azoulay, Allan Vilu, Joël Gayraud, Joseph Jablonski, Maurizio Brancaleoni. Y relatos, ensayos, comunicaciones, prosas poéticas, de Dale Houstman (uno de sus textos disertando sobre apocalipsis y utopía), Lee Levinson, David Nadeau, Ian Kappos.
Algunas aportaciones destacan por su carácter novedoso o por su singularidad, empezando por el primer texto, un precioso diario mágico de encuentros de Jason Abdelhadi. “La máscara del valle secreto” es un poema de Gregg Wilson que lleva una pintura suya y de Heather Nixon. Michael Löwy lanza sus incendiarias “profecías” para el año 2018, poniendo al día, o al año, una de las últimas publicaciones del Grupo Surrealista de París. Dominick Coppi hace una sorprendente “exploración surrealista de belleza e intoxicación en una época de parafrenia”. Arthur Spota dispone una enseña en diversos lugares de la ciudad, con resultados subversivos. Dale Houstman encuentra y manipula un texto con efectos similares. Michael Vandelaar evoca del modo más original a la admirable figura de John Muir. RW Spryszak relata los efectos de una invasión de pájaros de cristal. Y Ron Sakolsky, la revuelta del jefe amerindio Claylik.
La sección fílmica, que hubiéramos deseado más amplia, se limita a sendos cortometrajes de House of Mysticum y Steve Morrison, solo de animación el primero y con dos bellas actrices el segundo.
En un apartado final, de título “Mitogénesis”, hay un texto de Ody Saban y Thomas Mordant donde se incurre en la lamentable costumbre de hablar por los demás, cuando se dice de Vincent Bounoure que es “nuestro «Gran Ancestro» de todas y de todos”. De ellos dos, y de algunas y algunos más, podrá serlo, pero de mí desde luego que no –si yo reconociera algún “Gran Ancestro” en el surrealismo, ese sería únicamente André Breton, quien por cierto es quien afirmó que “la rebelión tiene su justificación en sí misma”.
Cierra el número, dentro del mismo apartado, un importante manifiesto colectivo: “El ventrílocuo no tiene voz”. Aunque no se trate de un texto redondo (algo muy difícil de lograr en este tipo de escritos), estamos ante una declaración que se venía haciendo necesaria. Creo que su publicación en este medio es la más adecuada, dada la posición de verdadera punta de lanza que “Peculiar Mormyrid” ha adquirido en el movimiento surrealista actual.

Dan Stanciu, El descubrimiento

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Y acabo con la selección de citas sobre la revuelta que incluí en su día en mi libro Cabina de barlovento:
La revuelta es la ley viva del genio. Saint-Pol-Roux
Somos especialistas de la revuelta. André Breton
No hay nada más grande que la revuelta. Georges Henein
Somos el espíritu de revuelta que rechaza, que eternamente rechazará las condiciones que le son impuestas. Paul Nougé
La revuelta poética personifica la libertad humana en su expresión más completa. No castra ni sublima al hombre, sino que lo pone en pie con sus deseos en libertad. Camille Bryen
La revuelta contra el mundo actual significa la negativa a participar voluntariamente en la actividad de ese mundo que está en poder de granujas y de imbéciles. Significa igualmente la voluntad de actuar contra ese mundo y la búsqueda de los medios para cambiarlo. René Magritte
La revuelta es un diamante cuyo brillo se basta a sí mismo. Maurice Blanchard
Mormyrid 5 lulu


Rik Lina, El anarquista, 2017

“Analogon”, n. 81


Acaba de salir el n. 81 de Analogon, dedicado a la magia, los sueños y el chamanismo. Lo abre un ensayo de Bertrand Schmitt sobre Breton y las artes mágicas, tema que es objeto de una inminente exposición en Lille.
analogon 81

sábado, 10 de junio de 2017

Un nuevo mormírido, Lebel, Banálisis, Rojanski, Breton...

Dan Stanciu, El cuádruple no

A la vez que acaba de aparecer el n. 5 de Peculiar Mormyrid, dedicado al “mito de la revuelta”, remitimos también al blog de este colectivo, que da noticia de un nuevo libro de collages de John Richardson e incluye como entregas recientes el juego con el descubrimiento de un nuevo mormírido y el juego con la traducción de un poema escrito en una lengua que no sepamos leer (ejemplificado con un poema de Josef Janda), seguidos de dos magníficas entregas por Jason Abdelhadi.

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El número 127 de Infosurr (septiembre-octubre de 2016), aparte un homenaje a Jean-Claude Charbonel, tiene como noticias que aquí no hemos dado la reedición del Sur Marcel Duchamp de Robert Lebel (Mamco de Ginebra) y la de los Éléments de banalyse, en los que figuraba Alain-Pierre Pillet y que destacan por pertenecer a los lamentables años 80 –al menos los 70 fueron una resaca de los 60.

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Collage de Pierre Rojanski

Hasta el 16 de julio tiene lugar una exposición del magnífico collagista Pierre Rojanski:

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Exposición bretoniana en Lille, a partir del 24 de junio:

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Hasta septiembre tiene lugar esta retrospectiva de Raoul Ubac:
Y esta de Stanley William Hayter se inaugura el 17 de junio:

miércoles, 7 de junio de 2017

Les Coleman, en su iglú africano

La colección Le Grand Tamanoir ha publicado una edición bilingüe (inglés y francés) de “pensamientos y contrapensamientos” de Les Coleman, una de las figuras más vivaces del surrealismo británico.
La selección ha sido hecha por Michel Remy, quien hace la introducción, titulada “Les Coleman, el centrifugador de palabras”. Si Michel Remy lo llama también “Magritte de las palabras”, hay que decir que Les Coleman se sitúa también en compañías tan ilustres como las de Macedonio Fernández, Ramón Gómez de la Serna o Alphonse Allais.
Los libros de que se ha hecho una selección son Unthunk (2002), C’est mon dada (2007) y Afterthunks (2011). Por mi parte, he procedido a la traducción de una selección de esta selección, que es un verdadero tónico para el espíritu.
iglú


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Dibujo de Les Coleman

La exactitud de sus errores era ejemplar.
No hay que tomar nunca un sí por respuesta definitiva.
Nadie en el club de nudistas sospechaba que era una monja.
El crematorio fue reducido a cenizas.
¿Qué le ocurre a las ruedas del tren cuando los raíles se juntan en en el horizonte?
¡Cómo no han cambiado los tiempos!
El espantapájaros que amaba los pájaros.
¿Podría hacernos la visita ayer?
El trabajo de un punto de interrogación nunca se acaba.
Avivar los fuegos del infierno arrojando ejemplares de la Biblia.
Un rompecabezas que hubiera perdido todas sus piezas.
Perdóneme pero ¿no es usted alguien con quien nunca me he encontrado?
Las maletas viven en el miedo de acabar en objetos perdidos.
Un ratón de la talla de un elefante estaba aterrorizado por un elefante de la talla de un ratón.
Regla número una: ignorar todas las reglas siguientes.
El comportamiento del domador de leones se ha vuelto salvaje.
La única diferencia entre las palabras es que se escriben de manera diferente.
El destino del tiovivo permanece desconocido.
Una pelota de pong-ping.
Los bombillos se suicidan.
El fuego tiene sed de agua.
Aunque era ateo, se creía que era Dios.
Un temblor de tierra ha hecho caer el castillo de cartas.
El barco en la botella ha naufragado.
Ha desaparecido un mago.
Un río es una cascada horizontal.
Por favor, de una patada en la puerta antes de entrar.
Los caníbales beben siempre vino tinto en las comidas.
Si no hubiera pájaros, ¿el hombre habría querido volar?
Cuando abrió, el libro, una mosca salió volando.
¿Podrías encontrar el error que hay en esta frase?
Tranquilamente tendido en el suelo, perdió de pronto el equilibrio y se encontró de pie.
Las chimeneas son simétricas, pero el humo es asimétrico.
Las huellas de nuestros pasos nos siguen.
Dibujo de Les Coleman
Era demasiada coincidencia para ser una coincidencia.
El blanco ha fallado la flecha.
El loro del pirata tenía un parche sobre el ojo y una pata de madera.
Los hombres de las cavernas reprendían a sus hijos por pintar en las paredes.
Un olor indetectable invadió la sala.
Es la segunda vez que su paracaídas no se abre.
El índice de la página 262 indicaba que su nombre aparecía en la página 262.
La maleta estaba triste por volver a casa.
Los recién casados se ahogaron en un océano de confetis
Llegar a buen puerto sin nunca haber dejado tierra firme.
Por favor, ténganme mal informado.
Las tardes de los jueves, la piscina estaba reservada a los tiburones.
Un bosque de árboles abatidos.
Colmo de la impaciencia: dejar un lugar antes de llegar a él.
¿Por qué los pájaros no desafinan nunca?
Sindicato Nacional de los Espantapájaros.
El mapa de un territorio inexplorado.
En la oficina de objetos perdidos, había numerosos boomerangs que nadie había reclamado.
Inconformismo: una dependencia del conformismo.
Se ha difundido el rumor de que no se había dicho nada.
Jekyll aceptó ver a los psicoanalistas pero Hyde se negó.
Subir el volumen del silencio.
Musa de poeta que no llega a publicar se empareja con poeta más joven.
Como el apuntador había dejado su guion en casa, los actores tuvieron que ayudarlo.
Es una suerte que la extinción de los dinosauros haya tenido lugar antes de que Noé construyera su arca.
En la reunión de sonámbulos, nadie ha reconocido a nadie.
Un arco iris nocturno.
Nunca había encontrado un veneno que le conviniera.
Medio día y medianoche están condenados a nunca encontrarse.
Prohibido caminar sobre el mar.
Al fin del túnel, la noche.

Dibujo de Les Coleman

Roger van de Wouwer, el incorruptible

Roger van de Wouwer, La luz indirecta, 1963

Con esta publicación pasamos a tener la monografía de referencia sobre Roger van de Wouwer. Ello se debe no solo a la riqueza iconográfica, sino también a haber estado a cargo de Jean Wallenborn, que es otro de los grandes nombres del surrealismo belga y que lleva a cabo un estudio fino, lúcido y muy denso.
Van de Wouwer firmó muchas declaraciones surrealistas, cuando el grupo ya estaba animado sobre todo por Tom Gutt, o sea en los años 60 y 70. Sus encuentros capitales, que lo llevaron al surrealismo, fueron con Leo Dohmen y Gilbert Senecaut, de cuyas trayectorias eminentemente subversivas hace Wallenborn la correspondiente semblanza, si bien nada hubiera sido posible sin Breton y Magritte (motivos más bien de ironía por parte del artista) y deban sumarse los nombres de Nougé y Duchamp.
Van de Wouwer, a quien le gustaba hablar de anti-arte, no se consideró nunca un artista, y hasta una de sus saludables características era la irrisión de la vanidad artística, de ese pernicioso narcisismo que muchos artistas comparten con tantos poetas, sorprendiéndose al final de su vida de que Jacques Wergifosse se interesara por conocerlo y por sus obras de hacía veinte años. Lo suyo era la indagación en el significado del hecho de pintar, y en el efecto que producían sus cuadros sobre el espectador. Su obra es muy variada y casi imposible de clasificar, ya que carece de estilo duradero, cambiando de técnica según fuera su interés de sorprender, de intrigar o de provocar, aunque siempre con las armas del humor y la imaginación. Jean Wallenborn concluye su estudio con estas palabras: “Como la poesía que para nada necesita del alejandrino, los lienzos de Roger se aprecian con el rasero de la fuerza de sus imágenes, sin que sea preciso buscarles ni belleza formal ni racionalidad. Es así como adquieren un sabor que no se altera con el tiempo”.

Roger van de Wouwer, La inmaculada concepción, 1983

En el mundillo de los movimientos artísticos, Wallenborn se burló reiteradamente tanto del arte abstracto como del op, que reinaban en los años 60. Pero se lo recuerda sobre todo por el escándalo que en 1963 provocaron sus cuadros Galatea, La incorruptible y La elevación (este último con el papa Juan XXIII bebiendo coca-cola). Estos cuadros, y en particular el primero, donde aparece un torso femenino de piedra con un tampón menstruado, creo que levantarían hoy nuevas ampollas. A la sazón, Tom Gutt hubo de elaborar el manifiesto “Le vent se lève”, que contó con 50 firmas; pero ni René Magritte ni Édouard Jaguer ni Jacques Lacomblez ni los surrealistas de París (de cuya carta, siguiendo la técnica habitual, en seguida se hizo responsable único a André Breton) simpatizaron con la idea de Galatea.
Jean Wallenborn pasa revista a toda la obra de Van de Wouwer, incluidas sus series, una de ellas de dibujos físico-alquímicos, y sus ilustraciones, entre estas la de su propia novela inédita sobre los amores de la reina de Inglaterra con un elefante a partir de los dibujos de una antología de Mark Twain. Por lo que se refiere a sus cuadros, Wallenborn da las claves de algunos de los enigmas pintados por este artista que se negaba a explicar nada de lo que hacía.
En uno de los capítulos del estudio, tras señalarse que los dos grandes críticos de Van de Wouwer fueron –lo que es indiscutible, y una fortuna para él– Louis Scutenaire y Tom Gutt, se reproduce una lista de ineptitudes, chorradas y estupideces espigadas en el parasitario discurso de los periodistas y los expertos en arte.
Señalemos por último que en 2006 realizó Claude François la película À bout portant, sobre Roger van de Wouwer, y que este libro se apoya principalmente en las informaciones poco antes recogidas, sobre todo a lo largo de una serie de entrevistas del director y de Jean Wallenborn con el propio artista, que moriría en octubre de 2005 a los 72 años. La bibliografía del surrealismo en Bélgica se ve ahora enriquecida con una pieza fundamental.

Roger van de Wouwer, A quemarropa, 1969

sábado, 3 de junio de 2017

Los fotocollages de Janice Hathaway

Janice Hathaway, Eternal Improvisation, 20014

La exposición que en mayo celebró Janice Hathaway en la Fundación Eugenio Granell dejó un magnífico catálogo, muy rico de contenido y lleno de fotos documentales y reproducciones espléndidas de muchas de sus obras.
En el texto más extenso, Ruurdje Laarhoven hace un detallado recuento de su trayectoria vital y artística, que interesa sobre todo por su etapa juvenil en Alabama, tiempos de afirmación y revuelta, primero en el grupo dadaísta-patafísico Raudelunas y luego en el propiamente surrealista Glass Veal, con Davey Williams, LaDonna Smith y otros amigos abiertos a todo tipo de expresiones, y en particular a la sonora y a la plástica. Posteriormente, Janice Hathaway se sumaría a las actividades del Grupo Surrealista de Chicago.
Orientada desde siempre al grabado y al collage, Janice Hathaway llega por fin al collage digital, en  cuyo terreno innova la imagen con gran fuerza poética, como comenta Laurens Vancrevel en el ensayo más importante de este catálogo, que se abre con una reflexión sobre la digitalización de la imagen. Se ha traducido también el artículo de Franklin Rosemont publicado en Surrealist subversions (la antología del surrealismo del grupo de Chicago elaborada en 2002 por Ron Sakolsky) y hay textos de LaDonna Smith y Davey Williams, aquella comentando tres de los collages de la artista. Sus amigos Merl Fluin y Paul Cowdell, por su parte, crean un juego surrealista con sus collages.
De Janice Hathaway, ya como preámbulo a los 52 collages que componen el meollo visual del catálogo (una galería de imágenes de una belleza inusitada), hay dos textos interesantísimos, sobre el sentido de sus fotocollages y sobre el procedimiento de que se vale para ellos, descrito gráficamente paso a paso. El primero de esos textos comienza con esta declaración:
“En mis collages utilizo imágenes fotográficas originales de (por ejemplo) plantas, cielos y fachadas de edificios, que proceso e imprimo digitalmente. Corto múltiples imágenes y las coloreo a mano para añadir más riqueza y textura. Estas imágenes son luego armadas para crear collages, incluyendo, en varios casos, estructuras esculturales tridimensionales. Fuertemente influenciada por la coincidencia, el humor, el sentimiento y el deseo, mis collages son contribuciones a la constante revolución surrealista. Quiero que fomenten la reflexión sobre la relación entre naturaleza y cultura, el trabajo manual y la tecnología, lo Maravilloso y lo cotidiano”.
En el segundo texto, titulado “Mi proceso digital”, las primeras palabras también remiten al surrealismo:
“No planeo mi trabajo por adelantado, más bien, basada en el estilo de la metodología surrealista, lo hago partiendo de la libre expresión y de asociaciones conceptuales que emergen de mi inconsciente”.
Con este catálogo, felizmente, se da otro paso más para el conocimiento de las mujeres surrealistas que prosiguen hoy su aventura personal y colectiva y que son de continuo escamoteadas por el historicismo universitario, el museístico y el periodístico.

Janice Hathaway, Inland Theory, 1983

martes, 30 de mayo de 2017

Surrealismo en la Isla de Wight

La Isla de Wight es sobre todo famosa por sus tres festivales de música celebrados en los años 1968, 1969 y 1970, que puede decirse fueron los de apogeo de la revolución musical juvenil blanca. El año inaugural, la banda estelar fue la de Jefferson Airplane, que dos años antes había publicado su álbum Surrealistic pillow, precisamente cuando surgía con la mayor fuerza incendiaria el grupo surrealista de Chicago.
Ahora, entre el 17 y el 23 de junio, Merl Fluin y Paul Cowdell, en la línea de actividades que tuvo Slag (Surrealist London Action Group), presentan en la Isla de Wight los resultados del juego internacional “The Archaeology of Hope”, con participantes británicos y de Canadá, Francia, Argentina, Australia, Finlandia, Alemania, Turquía, Holanda, Suecia, Estados Unidos y Nueva Borneo. El 21 de junio a las 19:30 será el momento álgido de esta semana surrealista solsticial.

Jornadas oníricas del Grupo Surrealista de Madrid

Patrick Hourihan, El sonámbulo
Prosiguen, en el Ateneo Cooperativo Nosaltres, las jornadas del Laboratorio Onírico organizado por el Grupo Surrealista de Madrid. La de este sábado se dedica al “urbanismo onírico”, y las de los siguientes a los “sueños paralelos” y a las “interferencias oníricas en la vida cotidiana”.
La finalidad de este laboratorio es, mediante un ciclo de cinco talleres, investigar dentro del mundo de los sueños de manera colectiva y fomentar la sensibilidad hacia este aspecto de la realidad generalmente postergado –aunque no por el surrealismo.  
En la primera sesión se constituyó una asamblea de soñadores que relataron sus sueños más frecuentes o cercanos en el tiempo; dicha asamblea – abierta a todo el mundo– será la base para la realización de posteriores actividades oníricas.  Existe la posibilidad de participar en la distancia:

“Soapbox” 79 y 80

Los dos últimos números de Soapbox se abren con la actualidad de un texto de Pierre Peuchmaurd y un homenaje a Élie-Charles Flamand.

El automatismo surrealista y las “mariposas del alma”

Santiago Ramón y Cajal, dibujo neuronal,
Universidad de Zaragoza
Se publicó hace año y medio, en las Prensas de la Universidad de Zaragoza, el sorprendente catálogo Fisiología de los sueños. Cajal, Tanguy, Lorca, Dalí..., cuyo título de por sí habrá producido el desconcierto de muchos –entre quienes me cuento.
En la introducción, Jaime Brihuega, experto en la vanguardia artística española, señala el impacto de los sinuosos dibujos neuronales de Santiago Ramón y Cajal –¡hizo más de doce mil!– sobre los pintores de la época y en particular sobre Lorca y Dalí. Ramón y Cajal, célebre premio Nobel que vivió entre 1852 y 1934, de joven quiso ser artista, vocación contrariada por su padre, que era un típico cretino burgués. Consagrado a la histología, dibujó (y luego fotografió), infatigablemente, la microscopía del sistema nervioso. En sus Recuerdos escribirá: “El jardín de la neurología brinda al investigador espectáculos cautivadores y emociones artísticas incomparables. En él hallaron, al fin, mis instintos estéticos plena satisfacción. ¡Como el entomólogo a caza de mariposas de vistosos matices, mi atención perseguía, en el vergel de la substancia gris, células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental!” Si lo que aparecían en el microscópico mundo neuronal eran, más que jardines, verdaderos bosques donde se combinaban infinidad de formas coloridas, y si esa infinita variedad hace pensar en la creatividad inagotable de la imaginación humana, la base de este catálogo, y de su correspondiente exposición, es otra analogía: la de la concordancia visual entre ese léxico cerebral y el del automatismo plástico en sus albores. Aunque Jaime Brihuega apunta que “el surrealismo había hecho ya suyo el imaginario de la histología del sistema nervioso”, lo que se descubre aquí es el impacto directo en Dalí y Lorca, quienes a su vez van a influir en casi todos los pintores de la época, como Planells, Viola, Lekuona, Cristòfol, Lamolla, Caballero, Domínguez, Moreno Villa, Togores o Miguel Prieto, influencia que traspasará la época hasta llegar a un Granell (quien, como dice Brihuega, “lleva a la plenitud del color algunos paisajes que Cajal vio en el interior microscópico de seres en algún momento vivientes”) y a las figuras de Dau al Set y cercanías, como Ponç, Tharrats o Saura. Del mismo modo, los primeros dibujos automáticos de Masson y Tanguy, que deslumbrarán, vía La Révolution Surréaliste, a Dalí y Lorca sumando su lección a la de los dibujos de Cajal, continúan en muchas imágenes de Max Ernst, Miró, Paul Klee, Brauner o Calder hasta llegar a un Wols, quien aparece bastante destacado en el catálogo. Que el retrato del cerebro, tan en boga en la época de Cajal, ha sido una fuente artística de primera magnitud, parece algo irrefutable.

Ángel Planells, El sueño de la voluntad herida, 1929

Dos excelentes trabajos son el de Javier de Felipe “Cajal y sus dibujos: cuando la ciencia era arte” y sobre todo el de Ignacio Gómez de Liaño “Cajal frente a Dalí: neurología y surrealismo”. Al señalar este que la “materia prima” de la ciencia y el arte es la misma, o sea la imaginación, añade: “Aunque el sentimiento o emoción que pueda experimentar el científico al elaborar su teoría es irrelevante respecto al valor científico de la misma, en el caso del arte el conocimiento no es en absoluto indiferente y eso por dos razones: porque, desde un punto de vista artístico, solo se puede disfrutar de lo que ha sido de alguna manera conocido, y porque el arte y la poesía son, también, formas de conocimiento, y los sentimientos que suscitan están íntimamente ligados al conocimiento”. Pero la gran revelación en este trabajo de Gómez de Liaño la trae su indagación en los ignotos cuentos de Cajal, incluidos en su libro de 1921 Charlas de café. Los cuentos de este genial lector de Julio Verne están llenos de hallazgos portentosos, no solo por la presencia de esas criaturas del cerebro sino porque en ellos hasta aparece la mantis religiosa y se anticipa la más grande creación de Dalí: sus relojes blandos. Gómez de Liaño intenta explicar el silencio de Dalí hacia Cajal, quien por cierto hasta fue responsable del laboratorio de la Residencia de Estudiantes. Entre las hipótesis que da, la más convincente es la del senil reaccionarismo artístico del científico, que condenaba todas las vanguardias en lo que parece ser lo único que empaña su figura. En cuanto a Dalí, se inspiró siempre en la ciencia, aunque también enunciara tardíamente esta verdad que para mí sigue siendo incontestable, al menos por lo que se refiere al estercolero de las sociedades “avanzadas”: “El progreso de las ciencias ha sido enorme, pero desde un punto de vista espiritual vivimos el período más bajo de la civilización”.
Este excepcional catálogo no regatea imágenes, y la exposición sin duda fue extraordinaria. Anotemos por último la importancia que se concede a los dibujos de Dormir, dormir dans les pierres..., uno de los libros más bellos que existen de colaboración entre poeta y artista, y que fue el que Péret dedicó a Agustín Espinosa cuando visitó Tenerife en 1935, aunque era de 1929; señala Jaime Brihuega que es en estos dibujos de Tanguy donde se manifiestan en todo su esplendor las analogías con el imaginario histológico, “pues aparecen axones, neuritas, mechones pilosos, relleno de superficie con punteados o con comas, metáforas celulares e incluso segmentos verticales rematados con un punto negro que recuerdan a algunos elementos que luego serán frecuentes en Lorca e, incluso, los alfileres taxidérmicos de Dalí”, ello aparte de que en esos dibujos aparezcan también “manos cortadas, un dedo y formas emuladoras de pliegues vaginales que harán furor en Dalí y en Lorca”.

sábado, 27 de mayo de 2017

“Surréalismus”: Lou Dubois, exposiciones

Lou Dubois, Las bellas enmascaradas o desenmascaradas, 2008

Acaba de aparecer el nº 3 de Surréalismus, una revista en que abundan las ilustraciones, algunas de ellas poco conocidas.
Aunque dedicada a la historia del arte surrealista y en particular a sus exposiciones, esta revista incluye temas más generales y algún aspecto actual, y así, en este número, tenemos un dosier de fichas biográficas sobre el surrealismo rumano (al que han antecedido los del surrealismo en Bélgica y en Inglaterra) y una entrevista con el collagista y escritor Lou Dubois.
La entrevista con Lou Dubois nos trae nuevas noticias de un artista (y también escritor) firmemente anclado en el surrealismo, y que expone regularmente sus collages en la galería Les Yerux Fertiles, donde volverá a estar a fin de año. Lou Dubois comienza declarando en la entrevista que, más que artista plástico, se considera un “cazador de imágenes, o mejor dicho un pescador de imágenes, porque evoca el agua, ligada para mí a la memoria líquida, al retorno a las fuentes, a la fluidez del tiempo que se puede remontar”. Entre los artistas a que se siente más ligado nombra a Max Ernst, Joseph Cornell, Marcel Marién y Joan Brossa. Y sobre su actividad en concreto: “Mi verdadero taller es mi cráneo. Concibo muchas cajas o collages en la cama, cuando voy en bicicleta o cuando camino, y más raramente sentado ante la mesa de trabajo”, confesando ser “un chamarilero inveterado”.

Lou Dubois, Perlas raras, 2008

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El capítulo de Surréalismus dedicado a las exposiciones surrealistas es bastante rico, y nos ha permitido hacer una pequeña excursión por sus noticias más interesantes, la mayoría no referida en este blog.
La exposición parisina de grafitis de Brassaï originó un catálogo muy bien ilustrado:
Reseña de la exposición berlinesa de Friedrich Kiesler, que se celebra actualmente:
De Nueva York y Madrid, la retrospectiva de Marcel Broodthaers viaja a Alemania:
Retrospectiva de Pol Bury en Bélgica:
Concluye mañana la exposición italiana de Meret Oppenheim, que originó un catálogo italiano/inglés de Skira:

Rita Kernn-Larsen, En busca de la luna, 1936-1937

En Venecia, hasta el 26 de junio, importante muestra de las pinturas surrealistas de Rita Kernn-Larsen, con su catálogo:
Exposición Arp en Otterlo, con catálogo en neerlandés e inglés:

Adiciones y correcciones

Acabamos de añadir a la entrada del pdf de Caleidoscopio surrealista (2ª edición) una lista de adiciones y correcciones.
Agradecemos sus aportaciones a Rik Lina, Beatriz Hausner, Enrique de Santiago, Michael Löwy y especialmente Steve Venright.

lunes, 22 de mayo de 2017

Pnina Granirer, Ampurdán, Rozsda, Nantes

Pnina Granirer, León en la calle, 2009

El día 25 de este mes, Pnina Granirer presenta su libro de memorias:

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Ángel Planells,El sueño viaja, 1936

Hasta el 26 de mayo, hay una exposición sobre los surrealistas del Ampurdán, en el Museo del Tabaco de Cataluña:

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El 2 de junio se inaugura la primera retrospectiva francesa de Endre Rozsda:

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Y hasta el 28 de mayo tiene lugar en Nantes esta sobre Vaché y sus amigos:

domingo, 21 de mayo de 2017

“Mélusine” y André Breton

El nº XXXVII de Mélusine lleva por título “L’or du temps – André Breton 50 ans après”. Los 50 años aluden al coloquio de Cerisy sobre el surrealismo que admirablemente orquestó Ferdinand Alquié en 1966 y en el que participaron nada menos que doce componentes del grupo surrealista parisino, siete de los cuales ofrecieron ponencias. Tal acontecimiento es irrepetible, y aunque el propósito de ahora es bueno, el resultado ya no puede ser otra cosa que una amalgama de estudios académicos muy dispares en torno al fundador del surrealismo. Prácticamente, eso sí, no hay trazas de la aversión a Breton que era habitual en los primeros tiempos de Mélusine y que lo sigue siendo en los trabajos universitarios en general. Lo que es de agradecer.
La sucesión de textos, estructurada en siete apartados, ofrece algunos buenos momentos, que van resarciéndonos de los artículos absurdos (como el de Breton y... Philippe Sollers), de los que tratan materia muy trillada sin levantar por lo general vuelo (Breton y el psicoanálisis, Breton y la ciencia, Breton y Vaché, Breton y la música, Breton y Aragon) y de un par de ellos que no deben tener interés sino para que el profesor de turno sume una entrada más a su currículum (las parodias de André Breton, la iconografía de la cabeza de André Breton...).
En la primera sección, tras la presentación bibliográfica muy completa que hacen Henri Béhar y François Py, Georges Sebbag –quien estuvo hace 50 años en Cerisy, interviniendo en los debates– adapta las ideas centrales de su reciente biografía André Breton. 1713-1966. Des siècles boules de neige y Hans T. Siepe escribe agudamente sobre Breton y la espera.
En la segunda sección, Alexandre Castant hace el mejor balance hasta el presente de las relaciones de André Pieyre de Mandiargues con Breton y de su posición ante el surrealismo. Trabajo de referencia, al que sigue uno de Bruno Duval en que lo más interesante es el enfoque en su caso de la figura de André Hardellet.
En la tercera sección, dedicada a “André Breton crítico de arte, artista y coleccionista”, sobresalen el estudio que hace Misao Harada de Watteau en Breton, el de Jean Arrouye sobre el motivo central de la mano en Nadja, con detención especial en El enigma de la fatalidad de Chirico, y el de Elza Adamowicz sobre los collages bretonianos. Estos tres trabajos se leen con verdadera fruición, a diferencia de los que componen la parte siguiente, sobre Breton, el psicoanálisis y la ciencia, estudios, eso sí, serios, pero que tienen un carácter demasiado general y, como señalé anteriormente, sonando a déjà lu.
De los apartados restantes destacaré tres trabajos sugestivos: el de Masao Suzuki sobre Breton lector de Flournoy, el de las funciones del mito en Breton por Wolfgang Asholt y el de Cédric Pérolini sobre el surrealismo en la prensa libertaria. Este último avanza más allá de la fecha de 1969, pero al final lo que demuestra es que aún le falta mucho camino por andar al estamento universitario en lo que se refiere a controlar la continuidad del surrealismo (o sea el surrealismo en su totalidad), ya que no hay referencia alguna ni a la figura clave de André Bernard ni a las dos publicaciones, muy ricas de contenido, sobre “Surrealismo y anarquismo”, aparecidas en los años 1992 y 1994 en el Atelier de Création Libertaire (“J’en suis encore à me le demander” y Le pied de grue).
En suma, un volumen con abundantes trabajos de calidad sobre André Breton.

martes, 16 de mayo de 2017

Ted Joans, el indómito

Ted Joans, collage

La colección neoyorquina Lost & Found, especializada en la documentación poética norteamericana, ha dedicado uno de sus números (en dos cuadernos) a Ted Joans. Se trata de un acontecimiento excepcional, no solo por tratarse de quien se trata, sino por incluir textos extraordinarios, casi todos inéditos, acompañados de felices ilustraciones. Con el apoyo de Laura Corsiglia –la compañera del poeta–, puede afirmarse que Wendy Tronrud y Ammiel Alcalay han llevado a buen puerto un trabajo impecable, y que muestra una sensibilidad hacia el surrealismo, sin ningún dislate ni desliz, muy rara en los medios académicos. Este centenar de páginas hay que incorporarlo con todos los honores a la más selecta lista de publicaciones surrealistas de carácter retrospectivo correspondiente al año 2016, en cuyo fin de primavera apareció.
La introducción de Wendy Tronrud es excelente, señalando cómo ese gran viajero que era Ted Joans llevaba el surrealismo donde quiera que iba y cómo para él “la importancia del surrealismo, como una práctica liberadora y descolonizadora, como un acto de revuelta, era permanente y nunca podía acabar”. En la bibliografía, aparte la obra ya clásica de Robin D.G. Kelley y Franklin Rosemont (Black, brown and beige: Surrealist writings from Africa and the Diaspora, 2009), destacan las fichas de Michel Fabre (Harlem to Paris: Black americans writers in France, 1993), Katherine Lindberg (un ensayo en el vol. 20, nº 1-2 de Discourse) y Gerald Nicosia (el muy buen prólogo a Teducation), a las que yo voy a sumar al final de esta reseña dos páginas de homenaje en la red. Sigue una breve biografía por Ammiel Alcalay, y un texto de 2016 de Diane di Prima, evocando a Ted Joans en París cuarenta años antes, con la reproducción de una carta suya al poeta, en la que se incluyen un poema y una foto de los dos juntos.
Entramos en plena acción con unos textos sobre Ornette Coleman y Cecil Taylor, pero el jazz está presente continuamente. Sin duda el plato fuerte del primer cuaderno es “Negative cowboy”, increíble guion cinematográfico que comienza en el imperio Malí en 1714 y llega hasta los años dorados del western. Esta pieza maestra, firmada en París en 1965, debe inmediatamente sumarse a la lista (bastante amplia ya) de los grandes guiones fílmicos realizados por los surrealistas.
Hay también en este primer cuaderno una carta a los estudiantes y trabajadores en el mayo parisino del 68, que acaba con la afirmación conminatoria de que “La revolución debe ser hecha por todos, no por uno”, así como una carta de Stokely Carmichael y Miriam Makeba recibida desde Guinea a su dirección de aquel momento, que no era otra que la casa de Laurens Vancrevel en Amsterdam, a donde viajó Ted Joans en pos del surrealismo de Brumes Blondes.
El tomo 2, desde el punto de vista estrictamente surrealista, es aún más interesante. Se abre con las páginas sobre los viajes a Tombuctú, entre 1962 y 1978, refiriéndonos Ted Joans que invitó allí a su gran amigo André Breton, porque allí se podía curar del asma y porque le gustaban los sitios tranquilos como Saint-Cirq Lapopie: “Breton, un gran poeta y un gran viajero, nunca visitó Tombuctú, pero en espíritu sí lo hizo, justo como Arthur Rimbaud y Langston Hughes lo han hecho y lo siguen haciendo”.                                                                               
Victor Brauner, Kabyline en movimiento, 1934
Pero la auténtica maravilla llega en la página 21, un texto colosal titulado “Black tongue lash on surreality” que ilustra una foto con Joans, Philip Lamantia y Nancy Joyce Peters –¡qué trío de Incomparables! En las primeras cuatro líneas, Ted Joans apunta la coincidencia de su nacimiento con la aparición de Nadja y cita unas palabras del primer manifiesto que todos sabemos de memoria y que Ted Joans no necesitaba tatuarse: “Únicamente la palabra libertad tiene la capacidad de exaltarme”. Cuenta cómo se le reveló el surrealismo (al igual que tantos otros) a través de la pintura, en concreto de Kabyline en movimiento, de Victor Brauner, descubierta en un ejemplar de Life que le dio su tía, quien trabajaba en una casa de blancos adinerados y se traía las revistas que sus patrones desechaban; esta pintura de 1934, por cierto, aparece reproducida en la página 69 del Dictionnaire abrégé du surréalisme.
No tardó Ted Joans en percatarse de que el surrealismo era algo más que un movimiento pictórico, por visionarias que fueran sus imágenes plásticas, y pasó a verlo ante todo como una “ciencia de la imaginación, no teórica sino concreta; no pasiva sino dinámica”. Comienza a traducir él solo, con la ayuda de un diccionario francés-inglés, lo que encontraba de surrealismo, “como un minero en una mina de oro profunda”; el resultado con los poemas era aún más surrealista, lo que divirtió mucho a Breton cuando se lo contó, preguntándole si había conservado aquellas traslaciones, para él leerlas.

Ted Joans, París, 1992

Pero en aquellos años aún casi infantiles, Ted Joans descubre lo Maravilloso, al mismo tiempo, en las letras de los blues, cuyo “espíritu poético” tan bien ha captado Paul Garon en The blues and the poetic spirit, que el propio Ted Joans recomienda. El surrealismo llega poco después en primera mano con el acceso a View, VVV y la colección de Minotaure, pero también con el conocimiento del virulento panfleto anticolonialista y antirracista “Murderous humanitarianism”, firmado en 1932 por Breton y sus amigos, entre ellos los martiniqueses Jules Monnerot y Pierre Yoyotte. Ted Joans aprovecha para afirmar que Isidore Ducasse fue “el primer surrealista negro”, y se detiene en Magloire Sainte-Aude, Étienne Léro, Légitime Défense, René Ménil y Aimé Césaire. Las caracterizaciones del surrealismo se suceden con palabras claras y contundentes: “El surrealismo se zambulle profundamente en la vida y no en la zona gris de las abstracciones. Es acción, y al mismo tiempo reflexión sobre la significación y el objetivo de esa acción”; “El surrealismo es ante todo un movimiento de revuelta. No es el resultado de un capricho intelectual, sino del trágico conflicto entre los poderes del espíritu y las condiciones de vida”; “El surrealismo, como el jazz, no es el retorno a una edad pasada y a ideas datadas. Es el descubrimiento, en el más alto punto del estadio evolutivo moderno, de una concepción del mundo que se corresponde en un nuevo nivel con las concepciones mágico-animistas”.
Sabrosísima es la anécdota que Ted Joans nos relata sobre su encuentro en 1968 con aquel supercretino de Sartre. Ante un público donde abundaban los surrealistas y los africanos, lee algunos de sus explosivos “poemas-granada”, acercándosele al final el triste existencialista-estalinista, que le pregunta si colabora en alguna revista francesa. Al mostrarle Ted Joans un número de L’Archibras, Sartre hace un aspaviento y se marcha escandalizado. “Ese fue mi primer y último encuentro con el más renombrado intelectual antisurrealista”, remata Ted Joans. Como es bien sabido, Sartre estaba a la cabeza de quienes defendían el “tercer mundo” (abyecta expresión economicista y eurocéntrica que yo no he utilizado jamás) al modo de una sociedad protectora de animales.

André Breton y Ted Joans en el apartamento de la Rue Fontaine,
1966: una de mis fotos favoritas de todos los tiempos

Ted Joans podía presumir de ser el primer afroamericano en formar parte del movimiento surrealista. Él y Breton se encantaron mutuamente, y su fidelidad al fundador del surrealismo sería perenne, dedicándole poemas llenos de fuerza y emoción, pero no voy a repetir aquí los datos que enumero en Calidoscopio surrealista. Concluyendo “Black tongue lash on surreality”, Ted Joans cita como sus poetas favoritos a Philip Lamantia, Bob Kaufman, Jayne Cortez y Nancy Joyce Peters, a la vez que afirma amar poetas que nada tienen de surrealistas, posición de apertura que en realidad nadie puede reprocharle a un espíritu tan libre y seguro como era él, aunque no es menos cierto que entre esos poetas nunca aparecerían un Eliot o un Cocteau; del mismo modo, podía incluir en una lista de grandes jazzmen a Bennie Goodman, una sorpresa para algunos puristas olvidados de que integró grandes músicos negros en sus grupos y de que se le debe a fin de cuentas la luz de primer plano que arrojó sobre el sublime Charlie Christian, cuando este solo tenía 23 años.
Entre los textos restantes, mencionaré solo tres. Así, la evocación del fotógrafo Weegee, que fotografió su velada surrealista de título bretoniano, “Lo maravilloso contra el misterio”, a la que asistió el mismísimo Charlie Parker, gran amigo de Ted Joans. En segundo lugar el paseo parisino de 1992 (¡fecha ya harto desastrosa!), que comienza en el Café Cyrano y prosigue por el Café de la Place Blanche, la casa de Breton en la Rue Fontaine, el Museo Gustave Moreau, las estaciones de metro de Guimard, el pedestal de Charles Fourier, una serie de lugares nervalianos y por fin la Torre de Saint-Jacques, de la que nos refiere una curiosa “superstición” surrealista asociada a ella. El último texto que menciono es una carta dirigida a él por Will Alexander en su lenguaje inconfundible.
¡Fantástico Ted Joans! Indómitos como él (no hay muchos, pero en el surrealismo sí) nos ayudan a no desesperar totalmente del ser humano.

John Digby, Bill Wolak, Joyce Mansour y Ted Joans,
con Arthur Rimbaud

***

Para enriquecer esta reseña, decidí elaborar un pequeño dossier surrealista de Ted Joans, que incluye:
1. La entrada que le dedico en Caleidoscopio surrealista.
2. Su presentación en La Brèche, 1963, con la carta a Breton y la X del Alfabeto surrealista.
3. El poema de 1967 “La estatua de André Breton”, reproducido en diferentes publicaciones.
4. “Black flower”, en el n. 3 de L’Archibras, 1968.
5. El poema “Promenade du Venus”, incluido en Afrodisia, 1970.
6. La página del Bulletin de Liaison Surréaliste, n. 5, 1972, con un texto de Laurens Vancrevel.
7. Dos poemas en el n. 5 de TransformaCtion, 1973, dedicados a Étienne Léro y Jean Benoît.
8. El poema “Why I shall sell Paris”, en Teducation, 1976, que hubiera quedado peor de haberle borrado los subrayados y signos de entusiasmo que me provocó su lectura, tantos son ellos.
9. El poema de 1975 en el n. 1 de Surréalisme.
10. La carta a Joyce Mansour incluida en el hermoso libro de Marie-Laure Missir Joyce Mansour. Une étrange demoiselle.
11. El extenso poema en el n. 4 de Arsenal, 1989.
12. El poema “La casa de André Breton” en Opus International 123-124, número dedicado a Breton y el surrealismo en 1991.
13. El poema de Double trouble, 1991, escrito con motivo de la exposición Breton en la “refinería Beaubourg”.
14. El poema de 2003 publicado en la colección de Les Loups sont Fâchés.

domingo, 14 de mayo de 2017

Valery Oisteanu: “Lighter than air”

Valery Oisteanu, Mona Lisa

Sobre el nuevo libro de collages de Valery Oisteanu, titulado Lighter than air, damos este enlace, en que hay buena información. A renglón seguido, de entre las lecturas poéticas que pueden encontrarse en youtube, elegimos la titulada “Meditación”.

Julio Monteverde: “El pasillo de espejos”


Julio Monteverde participó en las actividades del Grupo Surrealista de Madrid entre los años 2000 y 2012, pero sigue manteniendo buenas relaciones con el mismo. Su primer poemario, La luz de los días, apareció en La Torre Magnética en 2002, y a él siguió La llama bajo los escombros en 2009. También ensayista, se le debe De la materia del sueño, reseñado en este mismo espacio.
El pasillo de espejos lo edita Ártese quien Pueda en su colección de poesía. La presentación hace unos días motivó una interesante entrevista por Esther Peñas en Solidaridad Digital, 28 de abril de 2017, que aquí transcribimos: