miércoles, 7 de diciembre de 2016

El castillo vitrificado de Jean-Pierre Paraggio

Jean-Pierre Paraggio, collage, 2016

Otro de los nombres que enaltecen la exposición de collages portuguesa es el de Jean-Pierre Paraggio, quien desde hace ya muchos años lleva una labor enorme de divulgación y defensa del surrealismo y de sus más atractivos entornos, y a la vez despliega una obra fascinante en el terreno del collage, visto como “una teoría de lo maravilloso”.
El septenario de su declaración sobre el collage es admirable, como lo es este collage reproducido en el catálogo, y que no necesita de su firma para revelar las manos poéticas que lo han inventado, tan inefable como real. Los collages de Jean-Pierre Paraggio revelan “todo un mundo de formas imaginadas donde se entrelazan miméticamente los tres reinos, animal, vegetal y mineral, y que nos miran desde hace más tiempo que el que nosotros las llevamos mirando” (Joël Gayraud).


Mandrágora, 1948

Pese a lo mucho que intentamos abarcar en este espacio de informaciones surrealistas, muchas veces nos llegan las noticias con retraso, o hay publicaciones que no obtenemos por su dificultad o por no parecernos de especial relevancia. En el caso que hoy nos ocupa, un pequeño cuaderno que no llega a las 50 páginas y que nos pasó desapercibido (solo nos hicimos eco en su día de la exposición a la que acompañaba), resulta poseer una importancia excepcional. Ofrecido generosamente por uno de los componentes del grupo Derrame, aporta material de la máxima relevancia sobre la legendaria exposición surrealista de Santiago de Chile en 1948, que fue la octava exposición internacional del movimiento surrealista.
Esta publicación apareció a mitad del año 2013 y arroja plena luz sobre la muy brumosa exposición de la Galería Dédalo, introduciéndose en algunos de los recovecos más secretos del surrealismo chileno. Se perdonan incluso algunos disparates del envolvente aparato crítico (Los vasos comunicantes como libro de poemas escrito por Breton y Éluard), así como las repeticiones a lo papagayo de las inenarrables sandeces feministas sobre el surrealismo y de las abyecciones del canon antibretoniano.
La lista de las obras presentes en la exposición es la primera vez que yo la veo, y hay muchas fotos, así como la reproducción de un revelador artículo de prensa, aunque este haya sido tomado del sitio Breton. En el montaje de la exposición hasta se anticipa la exposición E.r.o.s. que tendría lugar en París diez años después. Se cita también ampliamente una carta capital de Jorge Cáceres a Breton, donde entre otras cosas le da cuenta de las actividades de Matta, entonces en plena euforia estalinista (nunca es que fueran a mejorar mucho sus simpatías autoritarias) y llamando al partido comunista “el más revolucionario de los partidos”.
Las piezas más interesantes de la exposición de 2013 proceden del fondo de Braulio Arenas, hoy casi todo en el Museo Nacional de Bellas Artes. Y parte de ellas habían sido expuestas en el 48. Hay piezas de Arenas, Cáceres, Arp, Brauner, Leonora, Domínguez, Gorky, Hérold, Lam, Magritte, Novarina, Tanguy, Toyen... De Hérold, un gran amigo de los chilenos, está El huevo de los filósofos, exhibido en 1948, y el dibujo que ilustró la portada de El pensamiento transmitido de Arenas. Pero quizás lo más sorprendente sean los dos dibujos de Breton expuestos en Santiago, ya que no están incluidos en la recopilación de Je vois, j’imagine; el primero de ellos, titulado Llegada del hada en el temblor de tierra, al parecer hecho con la mano izquierda, recuerda los que en Je vois, j’imagine aparecen en las páginas 86 y 87, dedicados en 1937 a Jacqueline (y conectados a su vez a los de las páginas 177 y 181).
El catálogo lleva a cabo una reivindicación de una secreta figura chilena: Haroldo Donoso, quien no perteneció al grupo pero estuvo a cierta cercanía del surrealismo. El hecho más sobresaliente –muy sobresaliente– es que Haroldo Donoso expuso en 1950 en Madrid (galería Clan) y 1951 en París (librería Paul Morihien) una serie de pinturas, dibujos y collages ilustrando nada menos que L’union libre. Añadamos que en la propia exposición de 1948 uno de los maniquíes llevaba inscritos en su cuerpo versos de este poema. Y que en 1965 incluiría Ludwig Zeller estas bellas piezas de Donoso dentro de una retrospectiva que le organizó.
No me extiendo en mis comentarios, ni acompaño esta nota de otras ilustraciones que la cubierta, ya que, y aquí viene lo mejor, el catálogo está íntegramente reproducido como pdf en la página del Museo chileno, y además a todo color y muy enriquecido con respecto a la publicación:

sábado, 3 de diciembre de 2016

El castillo vitrificado de David Coulter

David Coulter, Beso francés, 1996

El espléndido catálogo À luz dos castelos vitrificados reproduce una obra de cada uno de los participantes en esta exposición de Figueira da Foz dedicada al collage surrealista, pero sobre todo posee el interés de llevar incorporada, junto a una semblanza, la declaración de cada uno de los convocados sobre su práctica collagista (si es que la mejor respuesta no es la de Guy Ducornet, quien al no decir nada parece decir que todo está dicho con sus composiciones tan fuertes y singulares).
Vamos a dar una muestra de algunas de las intervenciones que nos han parecido más interesantes, empezando por la de David Coulter, que lleva a cabo en el collage una actividad de puro encantamiento y que deslumbra por su tratamiento de las imágenes de la cultura popular, con un humor de alta corriente al que él mismo se refiere en su jugoso escrito.


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A la vez, aprovechamos para dar este enlace documental sobre la exposición:

Breton, Cesariny, centenarios

Gallimard ha publicado las cartas de André Breton a Jacques Doucet, al cuidado, con plenas garantías, de Étienne-Alain Hubert.

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Las nuevas jornadas Mário Cesariny, en Famalicão, contaron con diferentes actos, entre los cuales la proyección de películas sobre él y sobre Cruzeiro Seixas y el lanzamiento de dos nuevas publicaciones: Mário Cesariny entre nós e as palavras (cuaderno 15 del Centro de Estudos do Surrealismo) y Mário Cesariny e o “virgem negra” ou a morte do autor e o nascimento do actor, ambos presentados por Perfecto E. Cuadrado.

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Centenarios en 2017: Leonora Carrington, René Alleau, Gösta Kriland, David Hare, Chris J. Van Geel, Anker Spang-Larsen, Marcelle Loubchansky, Jean Palou. Recordemos que en 1917 calificó Apollinaire Les mamelles de Tiresias “drama surrealista”, dando origen a esta palabra, al mismo tiempo que se encontraban Breton, Aragon y Soupault.

Zuca Sardan, en el “Almanaque Insolación”


Si los años 70 en España tuvieron como aliciente la descomposición del régimen franquista y su jubilosa liquidación, la década siguiente, con el nuevo orden auspiciado principalmente por la izquierda socialista, supusieron una triste resaca y el avance imparable de la sociedad mercantil, ahora reforzada por las carradas de dinero europeo.
En las Islas Canarias, la ebullición de los años anteriores dio paso a una vil y apagada tristeza. Como una rara excepción, surgió entonces en la isla de Tenerife el movimiento Insolación, con muchas publicaciones e intervenciones de carácter casi secreto, pero fuertemente subversivo, donde dominaba el genio del humor y de la mistificación. Aunque Insolación no pertenece al surrealismo, tenía algunos referentes inequívocos, como Jarry, Roussel o Duchamp, y no es difícil espigar los guiños al surrealismo. Ahora se ha recuperado gran parte de su material, que andaba desperdigado y hasta se daba por desaparecido.
Como invitado especial a esta rareza bibliográfica encontramos al gran Zuca Sardan, considerado por los editores “el escritor y artista más insolado del mundo”. La presencia del maestro Zuca justifica por sí sola esta noticia que damos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La obra de referencia sobre el automatismo canadiense

Imagen de Jean-Paul Mousseau,  Égrégores, 1947

En 2014 fue traducido al francés este libro que ofrece la mejor documentación y un análisis excepcional del movimiento automatista canadiense. Edita a todo lujo, con innumerables ilustraciones, Kétoupa Édition, Montreal.
Ray Ellenwood ha hecho un trabajo impecable, extraordinario, que además actualiza la edición inglesa de 1993 en bibliografía y eventos retrospectivos, hasta el mismo año 2014.
No puede cuestionarse la importancia del movimiento automatista, ni la calidad de su legado, con obras verdaderamente magníficas, pero sí que cuesta valorar positivamente su aportación al surrealismo y su interés para el surrealismo, hoy.
Ray Ellenwood aporta minuciosamente todos los datos de la trama automatismo-surrealismo, y los analiza con muy fina inteligencia y con admirable honestidad. Lo primero que llama la atención es la quisquillosería de los automatistas con respecto al movimiento que les dio alas. Es en efecto desmoralizadora la prolija lista de declaraciones hostiles hacia el surrealismo, en muchos casos tras haberlo defendido, y contrastando además con el interés de André Breton hacia ellos, manifestado en París a Riopelle. Si Riopelle escapa a ese listado, no así el propio Borduas (de quien arranca todo, tras su lectura deslumbrada de “El castillo estrellado”, hacia 1940), Pierre Gauvreau, Claude Gauvreau, Marcel Barbeau, Gilles Hénault, Marcelle Ferron, Fernand Leduc, Jean-Paul Mousseau... Una lista demasiado larga, con Hénault a la vez atacando a los automatistas desde la barricada estalinista (para Borduas, que vio unidos a cristianos y comunistas contra el arte nuevo, los comunistas fueron “más opresores que liberadores”). A la lista también parece escapar Thérèse Renaud, autora del maravilloso poemario Les sables du rêve.
Pese a su rápido interés por desmarcarse del surrealismo, los automatistas fueron considerados “surrealistas” por sus muchos detractores, lanzando ya el equívoco Borduas cuando titulo sus primeros lienzos “surrealistas”. Entre las críticas que formulaban al movimiento de Breton, la que dominaba era la del propio sentido del automatismo, con matizaciones que a veces rayaban en el ridículo o primaban por su dogmatismo en la negación a veces endiosada de otro arte que el que ellos hacían. En 1976 escribirá Marcel Barbeau: “El automatismo es muy simplemente una apertura al inconsciente, nada más. No se lo puede definir sino así. No se lo puede encerrar en cuadros precisos”. ¿Y entonces?
Pierre Gauvreau,
Máquina de estirar el tiempo,2006
Que el surrealismo es un modo de vida y una respuesta al mundo parecen haberlo más o menos entendido todos, pero los que dan en el clavo son dos componentes muy especiales del grupo de Pellan, o sea Mimi Parent y Jean Benoît, quienes, por decirlo en palabras de Ellenwood, “consideraban simplemente a los automatistas, como demasiado intelectuales para su gusto y demasiado preocupados por los «problemas» de la pintura”.
Quemando, como es habitual en artistas, sus “etapas”, pocos escaparon además, en su edad “madura”, a las obras aberrantes, que la línea dura del surrealismo rechaza y también en general la más o menos blanda. Así los vemos, según los casos, entregados a las obras públicas y decorando calles para las olimpiadas, o haciéndole unas vitrinas de tres pisos a un palacio de justicia, o embadurnando espectacularmente un Volkswagen en vez de dinamitarlo, o levantando gigantescas construcciones de acero en medio de la urbe, o ejecutando murales de “integración” a la arquitectura y anuncios comerciales, o poniendo sus trabajos al servicio del ministerio de negocios culturales, o, como es el caso del propio Riopelle, fabricando una monumental escultura-fuente para el parque olímpico de Montreal, etc.
Por interesante que sea, y lo es, hay también en el movimiento automatista mucha danza, mucha música, mucho teatro, terrenos como es sabido conflictivos para el surrealismo. Y faltan muchas cosas y preocupaciones que sí había en París, en Praga, en Lisboa o en Bucarest, por ejemplo.
En suma, un capítulo sin duda capital de la historia del arte del siglo XX, pero un capítulo secundario en la historia del surrealismo, que en tierras canadienses tendría –aparte los “parisinos” Mimi Parent y Jean Benoît o el “mejicano” Alan Glass– encarnaciones más genuinas, con Roland Giguère, Léon Bellefleur, el Paul-Marie Lapointe de La vierge incendié, el grupo de la Costa Oeste, Gilles Petitclerc, Ladislav Guderna, Ludwig Zeller, Susana Wald, Beatriz Hausner, William A. Davidson, David Nadeau, el Inner Island Surrealist Group, el grupo Les Boules, etc. Una duradera descendencia que reduce a su justa medida la crítica que en los años 40 hicieron los automatistas del surrealismo como movimiento “decadente”. Hoy el automatismo pasó y el surrealismo prosigue.
Restan muchas obras y publicaciones y Refus global, el incendiario manifiesto de Borduas, siempre actual y tan exaltado recientemente por un Will Alexander.
Y restará también esta obra magnífica de Ray Ellenwood, que da memoria a una aventura que posee su valor en sí, llena de riesgos y propuestas, en tiempos que fueron difíciles, dado el oscurantismo bien hondo y clerical del Canadá de los años en que ellos emergieron, y que ellos contribuyeron valerosamente a liquidar.

Marcel Barbeau, Nadja, 1946

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Jean-Paul Riopelle, Homenaje a Roberto el Diablo, 1953,
Fundación Gandur, Ginebra 

No conocía este cuadro de Riopelle que reproduce Ray Ellenwood en su obra. Me trajo el recuerdo de la versión española del libro de caballerías de Roberto el Diablo, con sus capítulos de deliciosos títulos: “Cómo Roberto el Diablo fue engendrado y cómo concibiendo su madre le ofreció al Enemigo”; “Cómo fue bautizado y le llamaron Roberto, y los grandes signos que aparecieron en su nacimiento”; “Cómo Roberto mató a su maestro que tenía cargo de le enseñar”; “Cómo Roberto el Diablo se partió de la ciudad de Roán y se fue por el ducado de Normandía, robando y matando, y forzando sueñas y doncellas”; “Cómo el duque envió gente para prender a Roberto su hijo, a los cuales Roberto sacó los ojos”; “Cómo Roberto el Diablo mató siete ermitaños que halló en el monte”. Convertida en pieza de teatro, Roberto el Diablo se representaba aún en los años 50 en Sendim, Trás-os-Montes, Portugal.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Ana Orozco & Jean-Raphaël Prieto

Jean-Pierre Paraggio, frontispicio
de La belle affaire

En las ediciones Passage du Sud-ouest, Collection de l’umbo, acaba de aparecer un nuevo cuaderno poético, que en este caso reúne las voces de Ana Orozco y Jean-Raphaël Prieto, ambos participantes en las actividades del grupo surrealista de París desde hace ya algunos años, y por tanto nombres frecuentemente citados aquí.
Destaquemos el carácter novedoso, incluso insólito, de este poema que lleva por título La belle affaire, ya que se trata de un diálogo poético en que la voz femenina y la masculina se alternan quíntuplemente, en tiradas de gran aliento.
Se enriquece esta plaquette con uno de los maravillosos collages del infatigable animador de las “micro-publicaciones” del umbo, Jean-Pierre Paraggio.