sábado, 8 de diciembre de 2018

Dorothea Tanning, artista y poeta


Dorothea Tanning es objeto reciente de especial atención, merced a la exposición que actualmente se le dedica en un museo del Reino de España famoso por sus ascensores transparentes (exposición que a partir de febrero emigra a Londres), así como a la traducción hispana de sus poemas.
El catálogo ofrece muchas ilustraciones (incluida toda la serie de los Siete peligros espectrales), lo que constituye su principal interés, ya que no abundan los libros sobre esta artista. El otro motivo atractivo es la pequeña selección de relatos y poemas, que comienza con la primera versión del cuento “Abismo” y el que, con el título de “Cita a ciegas”, apareció en 1943 en VVV.
Las primeras páginas llevan presentaciones lamentables del ministro deportivo-cultural de turno y del director del museo. No las arranqué de cuajo porque el catálogo era prestado (por principio, ya no compro catálogos de museo). Luego, hay una serie de estudios de poco alcance, aunque al menos no abundan en ellos las chorradas antisurrealistas ni las simplonerías feministas. En seguida se piensa en lo que podían haber hecho un Édouard Jaguer, un José Pierre o un Arturo Schwarz. El alcance ya es nulo en el último de esos ensayos, donde, ya que, al considerarse que “el surrealismo revolucionario que defendían Breton y los suyos ha pasado a la historia”, se opta por estudiar la explotación que de él hacen los execrables artistas actuales, para relacionarla irrisoriamente con el “legado” de la artista. Cuánto mejor hubiera sido reproducir algunas de las buenas páginas que a Dorothea Tanning han dedicado Alain Jouffroy, Robert Lebel, Pieyre de Mandiargues, Gérard Durozoi o Jean-Christhope Bailly.


Irreprochable en cambio es el tomito que Vaso Roto ha hecho de los poemas de Dorothea Tanning, en edición bilingüe, con traducciones de la escritora Marta López Luaces. Aquí, nada de prefacios manipuladores o tontos, nada de discursos que palidecen al lado de los poemas, nada de vaciedades retóricas sobre la poesía. Solo, en edición impecable, que da gusto manejar, el encuentro con la poesía, no característicamente surrealista, pero sí muy peculiar, de Dorothea Tanning.


*

Ilustro esta noticia con los tres dibujos de Dorothea Tanning que acompañan la carta inédita de Sade a su abyecta esposa, aparecida en el Almanach surréaliste du demi-siècle.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Revistas

Es una obviedad afirmar que no puede conocerse bien el surrealismo sin acceder a sus revistas, que jalonan el movimiento desde sus orígenes hasta el presente.
Una exposición de revistas de vanguardia tiene lugar actualmente en la Fundação Cupertino de Miranda, Famalicão, en la que se lleva el surrealismo la parte del león. Se trata de una amplia muestra de la colección que ha ido elaborando Miguel Mesquita Guimarães, con 48 títulos y más de 200 documentos que comienzan en 1917 y llegan a la década de los 70, sin aventurarse más allá de esa fecha.
Un buen catálogo, titulado Colecionar inquietação, ofrece abundancia de reproducciones acompañadas de pequeñas descripciones, acertadas, de cada revista. Perfecto E. Cuadrado se encarga de la presentación, sigue un breve texto del coleccionista y por último hay un ensayo de Georges Sebbag en que este ha elegido como ejemplos destacados la pionera Littérature, La Révolution Surréaliste (justamente considerada “la revista surrealista por excelencia”) y L’Archibras, en que él mismo participó.
Entre las revistas surrealistas o en que colaboraron plenamente los surrealistas se encuentran, aparte las citadas, Le Surréalisme au service de la Révolution, Minotaure, Documents 34, Clé, La Main à Plume, View, VVV, Phases, Medium, La Brèche, Rixes, La Révolution la Nuit, Bief, Neon, L’Invention Collective, Le Ciel Bleu, Salamander, Helhesten, London Bulletin y Arsenal.
Otras, como Bizarre, son más eclécticas, y algunas más son ajenas o incluso, como la de Ivan Goll o la estalinista Le Surréalisme Révolutionnaire, contrarias al surrealismo. Se entiende perfectamente, ya que se trata de una colección que no se presenta como exclusivamente surrealista. La única que ni pincha ni corta es Cahiers Dada Surréalisme, publicación puramente académica (y, como tal, profusa en ataques a André Breton).
Este puede ser un paso importante hacia el establecimiento de un catálogo de revistas del surrealismo. Como es de esperar, no faltan las publicaciones portuguesas, en las que resultó siempre decisivo que las aceptara como surrealistas Mário Cesariny. Ello ya descarta de por sí todas las de José Augusto França, pero de nuevo estamos ante la opción personal del coleccionista.
A propósito de Cesariny, se sigue trabajando en la recopilación de todas aquellas hojillas bastante convulsivas que él publicaba desde los años 70. La mayoría de los noa-noas los he reproducido yo mismo en este blog y en uno de los tomos de Surrealismo: el oro del tiempo. Sigo en cambio sin conocer algunas de las del Bureau Surrealista, que aparecieron en torno a 1980. Pero he aquí reproducidas nada menos que seis, interesantísimas, en el más reciente catálogo de Miguel de Carvalho (y atención también a un magnífico pasquín anticlerical de Mário Henriqe Leiria):

Grupo Surrealista de Chicago


sábado, 1 de diciembre de 2018

Patrick Lepetit: “Beauté du funambule”


Patrick Lepetit acaba de publicar Beauté du funambule, que prosigue una trayectoria poética comenzada con Les tragédiennes (1978) y continuada con Triptyque des solitudes (1989), Rouge solaire (1997), Rituel d’une fascination (2007) y Déclaration d’incandescence (2015).
Edita Rafael de Surtis y en la portada ilustra Rik Lina con el muy apropiado The rope dancer (2015).
“Peindre le bruit du tonnerre / et la beauté noire de l’éclair, / caressante et froide”.

Zdena Tominová, Ghérasim Luca

Analogon acaba de publicar El camino del mar, libro de poemas de Zdena Tominová. Aunque más conocida por su disidencia política, Zdena Tominová se acercó en los años 60 al grupo en torno a Effenberger, y a esos años pertenecen estos poemas.

*

Noticia de Ghérasim Luca:

miércoles, 28 de noviembre de 2018

West Coast Surrealist Group

Ofrecemos hoy un magnífico documento sobre el grupo surrealista de la Costa Oeste canadiense. Lo ha elaborado Vladimir Kolosov en colaboración con la figura permanente del grupo, Gregg Simpson, e incluye muchas ilustraciones y el enlace con el cortometraje de fines de los 60 Life with Dada.


41, rue de Seine

Monique Sebbag y George Sebbag han hecho un estudio concienzudo, muy bien urdido y detallado, lleno de curiosidades y apuntes ignotos, de la aventura de una de las galerías parisinas claves del siglo XX. Galerie Mouradian. 41, rue de Seine. De Max Ernst à Merlier describe las vicisitudes de este “hogar artístico de vocación internacional”, que ha acabado convirtiéndose en “una bella figura de la historia de la pintura y de la leyenda de París”.
La Galería Mouradian fue el fruto de la asociación de Aram Mouradian, inglés de orígenes turcos, y el neerlandés Leonard Van Leer, dos interesantes personalidades enfocadas en profundidad a lo largo de este lujoso libro –en capa dura– de casi 300 páginas y con muchísimas ilustraciones impecablemente distribuidas en conexión con el texto.
De las cuatro historias principales que se entrelazan, o sea la biografía de Mouradian, su encuentro con Max Ernst, la trayectoria de aquel espacio artístico y el papel de las galerías a lo largo de todo ese período, la más interesante para el surrealismo es la segunda, ya que, en efecto, fue este lugar el que dio a conocer al joven artista, organizando en marzo de 1926 su primera exposición significativa, a la que seguirían otras. Al año siguiente, en octubre de 1927, Max Ernst expone en la efímera Galerie Surréaliste, y debe subrayarse la estrecha relación entre esta y la de Mouradian a lo largo del período 26-29.
Leonard y Rita Van Leer, ante la Galería 41, mayo de 1928
También en 1927, expondría allí Picabia, como en 1928 un primerizo Roland Penrose, y es allí donde se celebra en 1929 la exposición de Delbrouck y Delfize que llevó un soberbio texto de Breton, al que pertenece como conclusión la fórmula “No hay solución fuera del amor” y la petición de que se considere un cretino “a quien se niegue todavía, por ejemplo, a ver un caballo galopando sobre un tomate”, tan provocadora que en seguida recibió respuestas hostiles y burleteras. (Dicho al margen, es en este texto donde Breton ataca las correspondencias baudelerianas en nombre de la supresión del “como” que ha hecho el surrealismo y de los “valores oníricos” que con el surrealismo “se han impuesto definitivamente a los otros”; un Roland de Renéville criticará mucho después este rechazo, incluso considerando que el propio Breton lo había superado en su Arcane XVII).
Pero los ataques a la galería no procedieron solo del rechazo a la pintura chocante de Max Ernst o al surrealismo, ya que sufrió las iras nacionalistas muy de la época, que veían con galerías como la de Mouradian “el arte francés en peligro”.
La galería cierra en 1940 (Mouradian es detenido e internado como extranjero durante la Ocupación) y reabre en 1946, exponiendo nuevamente Max Ernst en el 56 y Dorothea Tanning en el 59 y el 62. Muchas otras exposiciones, ajenas al surrealismo, tienen lugar, y este estudio las va puntualmente comentando. En la conclusión, se habla también de la galería como punto privilegiado de encuentros inesperados, descollando el de Max Ernst y Raymond Roussel, quien, en la exposición de 1926, sin nunca revelársele, dialoga con él y le hace muchas preguntas, para acabar adquiriendo El ruiseñor chino; solo tras su marcha descubre Max Ernst con quién estaba hablando.
En fin, un libro para los que aún aman los libros bellos, que ofrece una lectura placentera e ilumina figuras dotadas de nobleza (nada que ver con tantos galeristas puramente mercachifles) y que cruza sus historias con la del surrealismo.