viernes, 7 de febrero de 2020

Noticias de Jean-Claude Silbermann


En la galería Michel Descours de Lyon expone Jean-Claude Silbermann sesenta “dibujos heroicos” bajo el título de “Una vía límpida”. Del 5 al 22 de este mes de febrero de 2002.
La exposición se desdobla en Villeurbanne y coincide con la aparición de Comme deux gottes d’or, poemas de Christian Bernard con imágenes de Silbermann.
La inspiración permanente de Silbermann es uno de los milagros de nuestro tiempo. Y tanto en el lenguaje plástico como en la escritura, donde acaban las legendarias ediciones de Sam Berlinn de publicar una nueva comunicación de extremo interés que es una muy lúcida “apología del inconsciente”, indagando en problemáticas para nosotros centrales: Dans l’ingénuité du désir (non suivi de Il ya des jours mais il n’y a qu’une seule nuit.


jueves, 6 de febrero de 2020

Surrealistas en Gales y otras novedades

Acaba de publicarse esta hoja de los surrealistas en el País de Gales:



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En Chile, se abrió de nuevo la exposición del Centro Matta:


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Importante muestra de Marcel Duchamp:

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La aparición de “The Room” invita a consultar esta importante página:
zonas subversivas surrealismo árabe

lunes, 3 de febrero de 2020

Ottawa surrealista, en fuerza


El Grupo Surrealista de Ottawa da en esta espléndida publicación, llena de energía imaginativa y subversiva, sin concesiones, toda la medida de la riqueza de sus indagaciones, a mi juicio más preferibles en su conjunto a esas enormes pero muy desiguales amalgamas que desde hace tiempo permite la facilidad comunicativa de la red. Generosamente se nos facilita el pdf, pero también damos el enlace de obtención del libro: 


"Dreamdew", número especial

Y especial en efecto es el interés de este número de Dreamdew:

sábado, 1 de febrero de 2020

Las prosas de Lamantia

En 2014 reseñamos la recopilación de poesías de Philip Lamantia como un libro capital, y hoy hay que decir que este tomo con sus escritos lo complementa de manera imprescindible. De nuevo el trabajo de edición de Garrett Caples es perfecto, como lo es la introducción, añadiéndose al final unas notas a cada uno de los textos por Steven Fama, útiles y exactas.
Preserving fire incluye los escritos más notables de Lamantia, con abundancia de inéditos. Lo que más nos interesa son sus períodos en el surrealismo: 1943-1946 y 1967 en adelante. En el 73, dirá que la etapa intermedia fue como “una reacción contra el impacto del surrealismo”, y que la llave la había recuperado en 1967.
La primera etapa se abre con una carta inédita a Charles Henri Ford, que Caples considera “el primer manifiesto surrealista en los Estados Unidos”. Tiene Lamantia ¡15 años! Ya célebre es su carta a Breton, publicada en el número 2 de VVV , donde hay otras intervenciones suyas, como la dirigida contra los jóvenes poetas seniles, una plaga de los tiempos modernos, y quizás en especial de los actuales. En 1945 colabora en Freedom Through Anarchism, revista anarquista británica, y presenta su primera declaración de objetor de conciencia, a la que sigue otra en 1949, declaraciones llenas de candor y a la vez de energía en que se caracteriza como un enemigo del Estado.
En el período siguiente destacan la Carta desde San Francisco, una magnífica introducción a John Hoffman y otra de las mismas calidades sobre Guy Harloff, donde comienza citando a Meyrink, Lovecraft, el Cosmopolita y Edgar Allan Poe, lo que revela la semilla del surrealismo y la constante atracción por el esoterismo. Son años de errancias viajeras y de inmersión en la cultura psicodélica y en el movimiento beatnik, pero en los que además se acerca a las grandes culturas nativas, participando en una ceremonia del peyote en 1954. Hay aquí buenos textos inéditos.
Las “Notas para una poética de lo Maravilloso”, también publicadas por primera vez, anuncian su regreso al surrealismo, que ya es pleno en el “Testamento de la voz interior”. En los textos de los años 70, Lamantia afirma el surrealismo como manera de vivir y la poesía como instrumento de conocimiento y de libertad, lo contrario de “la monstruosidad de Ezra Pound y sus despreciables émulos”. Con Pound será especialmente implacable, rechazando la visión corriente, que se separa el personaje de la obra.
En estos años de surrealismo absoluto, Lamantia conecta con el grupo de Chicago, publicando ya en el número 2 de Arsenal. Considera Garret Caples que Lamantia, con su categoría inmensa de poeta y su mayor libertad de un anarquismo incendiado por la vida, fue el contrapeso al enfoque doctrinal de Franklin Rosemont. De 1974 es uno de sus escritos maestros, “El crimen de la poesía”, para la sección surrealista de la City Lights Anthology de Ferlinghetti. Pero aún superior es “Poetic matters”, ensayo soberbio que aparece en el número siguiente de Arsenal y que incluye el triunfo de las Sirenas sobre las Musas que tanto hubiera gustado a ese espíritu soberanamente anticlásico que fue André Breton (y ya en el juego de Marsella las Reinas habían dejado su trono a las Sirenas).
Se suceden en estos años pequeñas pero intensas notas sobre Alice Farley, Gerome Kamrowski, Marie Wilson y Clark Ashton Smith, la de este último inédita e incorporándolo al surrealismo bajo la bandera del humor negro. De 1979 es el fantástico ensayo “Radio voices”, de soberbio final, que es una pena no lleve las ilustraciones con que apareció en Surrealism and its popular accomplices, y de 1981 “El futuro del surrealismo, redactado con Nancy Joyce Peters, y del que hemos de aportar la nota erudita de que fue traducido cinco años después en el n. 3-4 de la revista surrealista Ojo de Aguijón, que llevaba en París el chileno Miguel Flores-Eloz:


El último escrito memorable de Lamantia es la Carta de Egipto, inédita, donde se plasma su discipulazgo de Schwaller de Lubicz a lo largo de más de un cuarto de siglo. ¿Y después? Lamantia no solo, tras una nueva fase depresiva, vuelve de nuevo al misticismo católico, sino que hasta diserta sobre la conciliación de catolicismo y surrealismo... Una despedida y cierre disparatada, sin duda, pero muchos otros que han tenido más “coherencia” ni remotamente han dejado un legado tan apasionado y apasionante como el suyo. En lo esencial y a pesar de todo, Lamantia es un capítulo esencial del anarquismo surrealista y de la más ardiente y viva poesía del surrealismo.
preserving fire

Epistolario Breton-Éluard

En su biografía de Quevedo, escribe Ramón Gómez de la Serna: “Voy a destacar de su epistolario inédito hasta hace muy poco, unos trozos de cartas insaculados de ese fárrago que se da mala sombra entre sí y que mezcla cartas interesantes a otras que no lo son mas que para el biógrafo, a quien le es muy caro cualquier papel”.
Esa es la sensación que se tiene prácticamente en todos los volúmenes de epistolarios, y este de Breton y Éluard no es una excepción.
Presenta y edita, en Gallimard, Étienne-Alain Hubert, lo que es extrema garantía. Las cartas van de 1919 a 1938, aunque las relaciones entre los dos protagonistas comienzan a ser conflictivas desde 1935. Como es predecible, las cartas de Breton son mucho más interesantes.
En los años 20, hay cartas interesantes sobre las sesiones de los sueños (1922), sobre el banquete de Saint-Pol-Roux (1925, con Breton comparando la actitud pusilánime del poeta con la que hubieran tenido Víctor Hugo o Baudelaire), sobre la lectura ciega y santificante que hicieron del tendencioso Lenin de Trotsky, sobre el affaire de los ballets rusos (1926), sobre el descubrimiento de Novalis (1929)...
Del 2 de agosto de 1930 es una carta magnífica de Breton a Éluard y Char sobre la visita de una “extraña desconocida”, y ya en 1931, junto a los comentarios al choque con Aragon, aparece la primera revelación: una encuesta sobre los “sentimientos humanitarios” que no fue concluida y de la que se nos dan las respuestas de Crevel y Dalí. La otra “revelación” es la de la intención que hubo en enero de 1934 de titular una revista del grupo Surréalisme International; iba a ser editada por Corti y el título dibujado por Man Ray.
La problemática del compromiso político aflora ya con carácter obsesivo en 1932, y toque patético fondo con el proyecto, al año siguiente, de “preparar un manual de materialismo dialéctico” y relacionarse con los estudiantes y con los “círculos marxistas”. En una carta de este último año, Breton nos deja un curioso retrato de Camille Bryan, mientras que en otra de 1935 señala la llegada de Bellmer. Por fin, de los años 36-37 hemos de destacar como sobresaliente todo lo referente a la preparación de la Antología del humor negro.
Las notas de Étienne-Alain Hubert son espléndidas, y si la del enigmático Dédé Sunbeam, por ejemplo, me pareció novedosa, se le ha escapado el buen conocimiento que hoy tenemos de Sheila Legge, sobre la que hay una prosa automática en la antología del surrealismo británico de Michel Remy y hasta un librito de Silvano Levy, datos que hubiera encontrado, sin ir más lejos, a la derecha de este blog.

“A Ideia”, 87-89

De nuevo la revista de cultura libertaria A Ideia dedica un gran espacio al surrealismo, lo que se anuncia desde la cubierta: un cadáver exquisito pictórico de Mário Cesariny y Rik Lina.
Una extensa encuesta sobre el centenario de la escritura automática incluye muchas respuestas de figuras del movimiento surrealista, como Allan Graubard, Beatriz Hausner, Eugenio Castro, Guy Girard, Joël Gayraud (especialmente sugestiva), Laurens Vancrevel, Michael Löwy, Sergio Lima, Miguel de Carvalho, Natan Schäfer, Ron Sakolsky y Rik Lina. De las restantes hay desde las interesantes, como las de Almerinda Pereira y Manuel da Silva Ramos, a las ridículas o simplemente irrelevantes, como las de Helder Macedo o Isabel Meyrelles. Magnífico, magistral es el texto final (todo un ensayo sobre el automatismo) del propio director de la revista, António Cândido Franco.
En el resto del número hay algunos bloques dedicados al surrealismo. Así, se traducen tres manifiestos muy importantes del grupo parisino en los años 1947-1951: “Rupture inaugural” (que fue decisivo para el joven Mário Cesariny), “À la niche les glapisseurs de dieu” y “Haute frequènce”. Y luego encontramos una serie de cartas de Cesariny al Grupo Surrealista de Madrid, no muy interesantes, quizás porque empieza a haber una cierta saturación de cartas de Mário Cesariny y de Cesariny en general.
Al presentarse los increíbles juegos verbales del decimonónico poeta ciego António Feliciano de Castilho, se dice que “hoy estamos en condiciones de revalorizar estos ejercicios en el cuadro del surrealismo”, olvidándose que esto ya lo hizo Natália Correia en su libro O surrealismo na poesia portuguesa (obra única y maravillosa, que sí que espera por una “revalorización”, a pesar de que se haya reeditado en 2002).
Por último, es obligado destacar, en la sección “Lecturas y notas”, el trabajo de Elvio Fernandes Gonçalves Junior sobre “la concreción del deseo” en la poesía de Sergio Lima, y, en la “Revista bibliográfica”, la reseña que hace António Cândido Franco de Ce qui n’a pas de prix de Annie Le Brun.