domingo, 10 de julio de 2016

Lecturas

Dos nuevas publicaciones del Grupo Surrealista Madrileño, por Bruno Jacobs (ed.) y Emilio Santiago Muiño, en La Torre Magnética:

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En Brasil acaba de traducirse, con el título O sentimento da catástrofe. Entre o real e o imaginário (Iluminuras), la conferencia que publicó en 1991 Annie Le Brun Perspective dépravée (La Lettre Volée).
Ensandwichada por dos textos sin mucha relevancia, siempre es un acierto divulgar los escritos de esta audaz pensadora que aquí, partiendo del impacto producido por el terremoto lisboeta de 1755, reflexiona sobre el sentimiento de la catástrofe. Voltaire escribió sobre esto, y Annie Le Brun lo comenta, del mismo modo que avanza con Sade, el motivo de las ruinas, la euforia de imágenes desastrosas que se apodera del imaginario europeo; pero nada dice de la respuesta de Rousseau a Voltaire, cargada de genialidades. Nada más predecible, en cambio, que ver a Annie Le Brun proyectar su ensayo en el presente, con su “imperialismo absoluto de la técnica”, su “proceso de deshumanización en curso”, su “concepción ortopédica de la vida” (y cuando profirió la conferencia, en 1989, aún no se había extendido esta plaga de los teléfonos que la gente va cargando, auténtica expresión literal de esa ortopedia), su “total exaltación del narcisismo” que va a la par del “aplastamiento de la individualidad”, etc.

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Magnífica presentación en español de unas páginas claves de Xavier Forneret:

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Agulha dedica su último número de la serie “Vozes poéticas” a Eunice Odio, figura cercana al surrealismo:
http://arcagulharevistadecultura.blogspot.com.br/…/s39-voze…

miércoles, 6 de julio de 2016

André Breton, de 1713 a 1966


Coincidiendo con el cincuentenario de André Breton, signado por la eclosión plena de su epistolario, magnético donde los haya, Georges Sebbag lanza una biografía que se desmarca por completo tanto de la habitualmente lineal como del fraude que suelen ser las noveladas: “Un imperativo se dibuja en materia de biografía, el de conocer la relación que entabla con el tiempo el individuo de quien se rememoran su vida y milagros. En el caso de André Breton, es cierto que los cuadros temporales resultan trastocados, sean ellos psicológicos, sociales o históricos. El surrealista juega con el tiempo. Su vida y sus escritos desbordan los límites de su existencia. Azar objetivo, tiempo sin hilo, recuerdo del futuro: estos conceptos que él inventa y comparte con sus amigos desafían la cronología y la filosofía de la historia”.
En ese estilo inconfundible que le pertenece y que no es imitable, Georges Sebbag, conocedor de la vida y la obra de André Breton como de la palma de su propia mano, vierte en 26 capítulos, más una suerte de conclusión en que retorna al comienzo, toda esa sabiduría mostrada en sus muchos trabajos anteriores, nutriendo su centelleante discurso de los más inesperados y agudos hallazgos, asociaciones y conexiones. Es esta una travesía en la que, en efecto, nada tiene que hacer la linealidad, con constantes mutaciones y zigzagueos que evocan, por ejemplo, los “saltos de la memoria” con que presentaba sus recuerdos el romántico español Antonio Ros de Olano.
Para su prospección biográfica, Sebbag se ha valido en particular de la correspondencia entre Aragon y Breton, de las cartas de Breton a Simone Kahn y de las de Nadja a Breton, estas últimas celosamente guardadas por el fundador del surrealismo (a diferencia de otras que extrañamente no han aparecido, como en particular las de la propia Simone, Suzanne Muzard, Jacqueline Lamba o Nelly Kaplan), como si se trataran para él de un talismán. Obsérvese que esto implica un mayor ahondamiento en las décadas de los años 20 y 30, y es cierto que hay una muy inferior presencia de los últimos quince o veinte años de la vida de Breton. Sebbag se vale asimismo de las indagaciones efectuadas en importantes libros anteriores, en particular L’amour-folie, la saga Breton-Vaché y esa obra capital que es Le point sublime. Hubiera sido deseable que este nuevo libro viniera tan bien ilustrado como Le point sublime, pero tanto lujo no es siempre posible. Hay, eso sí, una foto sumamente curiosa, de hacia 1930, en que se ve a Cartier-Bresson disparando al blanco en una barraca de feria, junto a dos elegantes mujeres y un tal Éric de Jessé, futuro monje de la Trapa, con quien Sebbag se pondría en contacto a propósito del envoltorio de unas chocolatinas de la Grande-Trappe utilizadas por Breton para una de sus cartas a Vaché, descubriendo que Éric de Jessé, archivero del monasterio de la Grande-Trappe, era un gran conocedor del surrealismo y viejo amigo de Cartier-Bresson y Pieyre de Mandiargues antes de que, en 1940, tomara los hábitos.

Cartier-Bresson y Éric de Jessé, bien acompañados

Entre los mejores momentos que nos depara este libro, señalemos los que tratan de los vericuetos amorosos bretonianos (siempre muy apasionados), del humor, de los juegos, de Nadja, de VVV (una lectura muy rica de una revista algo esquiva, que no ha solido estudiarse como las primeras parisinas), de Isidore Ducasse... Este último es enfocado en su rápido camino de “filósofo incomprensibilista” (que es como se autodefinió a los 18 años, en descubrimiento que hizo Jean-Pierre Lassalle en 1994) al filósofo que lo comprende todo (“Nada es incomprensible”) de las Poesías. Merece por último subrayarse la importancia que Sebbag concede a un autor que ha acabado consagrándose como uno de los verdaderamente grandes entre las últimas generaciones que acompañaron a Breton: Stanislas Rodanski, tan asociado a este como a Vaché, y de quien ya ha podido manejar Sebbag textos recientemente exhumados, como la maravillosa novela en clave Substance 13.


Simone Kahn y el Grupo Surrealista Galego

Ya que acabamos de nombrarla, señalemos que en el blog del Grupo Surrealista Galego, merece resaltarse, aunque salió ya hace tiempo, el magnífico homenaje a Simone Kahn. Consta de tres capítulos y es obra de Xesús González Gómez, quien lleva una labor incansable en este medio surgido en enero de 2011, y constantemente alimentado. Mucho material hay también sobre otras figuras relevantes del primer surrealismo, como en particular Theodore Fraenkel y Robert Desnos, mereciendo citarse asimismo el dossier de Maurice Heine y la excepcional antología de La Main à Plume.
http://gruposurrealistagalego.blogaliza.org/
NOTA: Estos enlaces ya desaparecieron.

“Soapbox”, 56-57-58

Otro nuevo trío de estos imprescindibles boletines acaba de aparecer. De su conjunto de novedades, destaquemos la antología de poesía tradicional de los indios de América del Norte, las dos monografías de Bruno Montpied sobre figuras populares de genio y dos cuadernos aliando texto e imagen: Le livre des évidences, por Alain Roussel y Georges-Henri Morin, en las bellas Éditions des Deux Corps, y Les rendez-vous métaphysiques, por Guy Cabanel y Olivier Tomasini.

Jean-Claude Charbonel y los bosques latentes


En el año 1976, Jean-Claude Charbonel fue uno de los nombres presentes en el extraordinario catálogo “Marvelous Freedom. Vigilance of Desire”, exposición mundial del surrealismo celebrada en Chicago. Penelope Rosemont se encargó del “Dominio de Robin Hood”, custodiado, como vemos, por el Buzo de los Bosques Latentes. 

Óbito de un hombre de gran cultura

A la provecta edad de 82 años, murió Yves Bonnefoy, quien, tras unos años en el surrealismo, lo repudiaría luego acumulando incontables idioteces sobre André Breton. Hombre de formación matemática y vasta cultura, fue modelo de poeta-profesor, no solo para muchos poetas-profesores franceses, sino hasta para pequeños poetas-profesores provincianos de otros países occidentales. El Colegio de Francia, donde tuvo el honor de relevar al pensador de cabeza de oveja, se encuentra de luto.
Pierre Peuchmaurd: “Bonnefoy es inútil, profundamente. Porque no hay en él amor ni angustia verdaderas. Porque no hay en él miedo ni dicha. Cuando se enseña la poesía en el Collège de France, se vive sin miedo en un mundo sin dicha: el silencio sería bienvenido”. 

sábado, 2 de julio de 2016

Jean-Claude Charbonel (1938-2016)

J.-C. Charbonel y J. Lacomblez, sobre el puente de Kerigan,
Le Bodéo-Merléac (Côtes d'Armor), mayo de 2009.
El pasado jueves, a las 4 de la madrugada, mientras dormía, murió uno de los grandes poetas-artistas del surrealismo. Como sencillo homenaje, transcribo la semblanza que le dedico en Caleidoscopio surrealista, y reproduzco algunos textos sobre él, algunas de sus tan mágicas imágenes (que tengo la certeza hubieran fascinado a André Breton) y algunas hojillas de sus exposiciones, distinguidas siempre por su carácter prácticamente secreto.
Jean-Claude Charbonel conectó conmigo a raíz de la desaparición de un amigo común: Édouard Jaguer, para que le enviara el texto que le había dedicado en La Página. Siguió un contacto escueto pero muy cordial, del que pongo también aquí su graciosa felicitación para el año 2013. Perdemos un gran surrealista, un fabulador único y una bella persona.

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Artista extraordinario, autor de pinturas, esculturas y collages, valiéndose del “frottage” y de la calcomanía. En 1964 fundó con Pascal Colard el grupo Rupture, que preconizaba la creación de una nueva Federación Internacional del Arte Revolucionario Independiente, y al año siguiente tomó la dirección de la revista homónima. Enlazó con André Breton y Édouard Jaguer, participando desde 1975 en Phases (Jaguer, en 1980, le dedicaría un gran texto, “País de conocimiento”, hablando de su “automatismo a varias velocidades”). En 1976, su Buzo de los bosques latentes ilustra el “Dominio de Robin Hood” en el catálogo de la exposición surrealista mundial de Chicago. Ya en los años 90, Charbonel colabora con el grupo Chapeau.
En 2006, Ludovic Tac realizó la fascinante película Les voyageurs du temps des rêves armorigènes, estrenada en la exposición de Charbonel “Arqueología del tiempo de los sueños armorígenes”; el propio artista aparece en esta película, colaborando en el guion y con la realización de totems, pinturas e instalaciones. “Jean-Claude Charbonel –afirma Ludovic Tac al hablar de este pueblo imaginario de los armorígenes, engendrado por el artista bretón en Côtes d’Armor–, vigilante nocturno para mejor escuchar el canto del rocío, mide las orillas imaginarias de una civilización más estable, más maravillada, más encantadora que la impuesta por nuestro tiempo”. En 2011, sus imágenes armorígenes se asocian a las de John Welson en la exposición “Surrealismo: la mirada céltica”.
“La práctica del automatismo conduce a pintar como se sueña. Cada obra que de ahí resulta es un fragmento del paisaje interior.”
“Lo maravilloso es un castillo cuyas llaves están en el interior”.