miércoles, 7 de enero de 2026

Arp y Rimbaud

En 1929, Hans Arp pintaba así su ejemplar de la correspondencia inédita de Rimbaud, que acababan de publicar las ediciones de los Cahiers Libres; esta imagen ya la he incluido en el correspondiente capítulo de "Rimbaud y el surrealismo":


Conozco siete libros cuya cubierta pintó Arp para su uso personal, uno de ellos la Antología del humor negro de Breton, en 1940:

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Surrealismo y tarot (2)

Martin Stejskal, La torre, 1996


En 1972 se publicaba en España un librito que fue la perfecta introducción de mi época juvenil a los secretos de los arcanos mayores: El Tarot o la máquina de imaginar, de Alberto Cousté. Para quien ya se movía en la máquina de imaginar del surrealismo, nada más bienvenido. El reciente catálogo de Fulgur Press aborda muchos capítulos de la "historia de amor" entre el surrealismo y el tarot, pero deja otros en la sombra o tan solo los roza. Aquí detallo algunas de las adiciones que se le podrían hacer, a veces yendo a los alrededores del movimiento surrealista, pero siempre con una compatibilidad con el surrealismo tal y como se ha configurado.

Para empezar tenemos a Jules Perahim, quien se inspiró duraderamente en el libro de Papus sobre el tarot y ya en 1932 pintaba Equilibrio perfecto, con la figura del Ahorcado. Pero lo más destacado en Perahim es su imaginario sobre las correspondencias entre los veintidós arcanos mayores y las veintidós letras del alfabeto hebreo, que si ya puede expresarse en ese cuadro (analogía entre la figura del Ahorcado y la letra lamed), culminará con el alfabeto de 1974, publicado en las ediciones parisinas de Mony Calatchy (pueden verse todas las imágenes en este enlace).

Jules Perahim, El ahorcado, 1932


Figura fascinante, que sin ser surrealista no puede sino atraer al surrealismo, es la de Xul Solar, quien en 1954 diseñó las cartas del tarot "modificado" con correspondencias astrológicas:



El tarot de Xul Solar, como otros a que nos referimos en estas dos notas, parece confirmar el veredicto de Eliphas Lévi: "El Tarot es una obra monumental y singular, sencilla y fuerte como la arquitectura de las pirámides, en consecuencia durable como ellas; libro que resume todas las ciencias y cuyas combinaciones infinitas pueden resolver todos los problemas; libro que habla haciendo pensar; acaso la obra maestra del pensamiento humano y con certeza una de las cosas más bellas legadas por la Antigüedad". Para Juan-Eduardo Cirlot, experto máximo en sueños, en simbolismos y en surrealismo, la observación de las combinaciones y de los significados que se desprenden de los arcanos mayores, ya de por sí tan "similares a los sueños", da lugar a "un simbolismo especializado tan vasto como el de los sueños".

Como ya señalamos en la reseña del libro de Fulgur Press, Connaissance des degrés de Marcel Lecomte merece por sí solo un estudio riguroso, con sus veintidós admirables poemas en correspondencia con los arcanos mayores. Aunque escrito en 1965, solo se publicaría en 1986.

Cuatro años después, o sea en 1990, la revista Kula daba un gran empujón al surrealismo español colectivo posterior a 1936, con su primer número, auspiciado por las cartas taróticas:


Tampoco pertenece al surrealismo Niki de Saint Phalle, quien por otra parte es tratada con alguna detención en el catálogo de Fulgur Press, pero es difícil que el surrealismo sea indiferente a su gaudiano Jardín del Tarot en Toscana, trabajado desde 1978 hasta su apertura en 1998, e incluso después, porque cuando muere en 2002 aún deja indicaciones para su plena culminación.


Plenamente surrealista es el muy bello libro de Kirin Arcanos mayores, publicado en 1999 con una introducción del poeta Alejandro Puga, para quien las veintidós cartas son como "un inmenso paisaje donde color, perspectiva, figura humana, animal, planta o recorte en forma de lágrima que contiene un ofrecimiento o una caricia, se fusionan siguiendo el antojo del Genio y los arrebatos de la Armonía". Puga selecciona un texto para cada arcano: de Novalis, del Tao, de Chazal, de Crevel, de Ducasse, de Apollinaire, de Duprey, de Artaud, de Breton, de Lichtenberg, etc. A la carta de la Torre la acompaña, por supuesto, el primer cuarteto de "El desconocido" de Nerval.



Un año antes, "El loco" de Kirin ilustraba la portada de una antología de Raúl Henao, uno de los grandes poetas de América y del surrealismo, por si hace falta que lo vuelva a repetir:


El número 3 de L'Or aux 13 Îles (2014), contiene un juego de Jean-Pierre Le Goff, inventado en 2002 y descrito en las páginas siguientes a la que reproduzco por un participante privilegiado, Joël Gayraud:


Elena Almau pinta en 2012 su tarot particular, que merece también especial atención. Jean-Pierre Paraggio dio a conocer el arcano 7 ("El carro") en el número 6 de L'Impromptu, pero nos quedamos con las muchas ganas de conocer la colección completa:


En el mismo año, una publicación del London Surrealist Group, The Overflowing Milkmaid with Curved Feet, incluía el juego de la libertad del Loco, presentado por Jane Sparkes; en consonancia son suyos los cuatro collages del tarot que aparecen unas cuantas páginas más adelante:







Entre otros conocedores en profundidad del tarot, no quiero dejar sin nombrar a Jean-Pierre Lassalle, y entre otros entusiastas practicantes a Philip Lamantia. Y para concluir, qué mejor muestra de esta vitalidad del tarot en el surrealismo que la serie expuesta en 2021 por Guy Girard con el título de "Le tarot de Cocagne", de la cual vemos aquí su versión de "El Mago" (habría, por supuesto, que conocerla íntegramente, resultando penoso que no encaje en los pobres criterios de encorsetamiento cronológico del catálogo que reseñamos hace un par días):

lunes, 29 de diciembre de 2025

Surrealismo y tarot

Jorge Camacho, El loco, 1971

La editorial independiente inglesa Fulgur Press, que ya había publicado los tarots de Ithell Colquhoun y Leonora Carrington, da a la luz ahora, en volumen lujoso y muy esmerado, un conjunto de estudios sobre el surrealismo y el tarot (surrealism-and-the-tarot-a-love-story). Se trata de la última gran publicación sobre el surrealismo correspondiente al año 2025.

La editora es Tessel M. Bauduin, quien presenta de modo competente el conjunto, pasando revista a los grandes lectores del tarot que tuvo el surrealismo, como Gala, Valentine Penrose, André Masson o Leonora Carrington, sin olvidar al amigo Derain, y señalando la importancia que para los primeros surrealistas tuvo el compendio de 1929 Le Musée des sorciers, mages et alchimistes. Harían cartas del tarot o se basarían en las clásicas Ithell Colquhoun, Leonora, Rikki, Remedios Varo, Matta, Brauner. La temática se ensancha si hablamos de los arcanos menores y los naipes en general, y sobre todo de la cartomancia, de Madame Sacco, del juego de Marsella. Un capítulo atractivo de esta introducción es el dedicado a los surrealistas en Nueva York, con Arcane 17, Le miroir du merveilleux y la poco conocida vitrina que Breton, Masson y Seligmann hicieron para la presentación de La part du diable  de Denis de Rougemont.

Tessel M. Bauduin es una buena investigadora, y a ella se deben dos finos trabajos posteriores: por una parte, el de las cartas del tarot que hizo Matta en 1944 para ilustrar Arcane 17 ("Los amantes", "El carro", "La luna" y "La estrella"), contando también con "El ahorcado", pintura de 1942, y deteniéndose en la foto que hizo Maya Deren de la vitrina del libro de Breton montada por este y Duchamp, así como en el póster de Matta, y por otra parte el de la escalera tarótica de la exposición de 1947, vista como "trayectoria poética de iniciación", comentando de modo excelente uno a uno los veintiún libros que Breton hizo corresponder con las cartas del tarot.

Paulina Caro Trancoso indaga una rareza muy interesante: el azaroso sistema adivinatorio "El día es un atentado", que inventaron Leonora, Matta y Charles Duits (con dibujos del segundo), publicado en el número 2-3 de VVV y que venía a ser una reformulación del modelo del tarot. Jennifer Jäger, por su parte, se acerca a Kay Sage en su relación con el tarot, si bien ya la había abordado Guillaume Théolière en un artículo del catálogo del museo Cantini sobre el sueño; son tanto las pocas cartas sobrevivientes con el motivo de la Sacerdotisa  (Casandra) como la serie de dibujos con bonitos motivos amerindios hechos a partir de unas máscaras que tenía Breton, dibujos que pasarían precisamente a posesión de este.

Michael Richardson no necesita presentación para los conocedores del surrealismo, por lo que no puede ser sino espléndido su trabajo sobre la estrella en Arcane 17. De Brauner se ocupa Daniel Zamani, por El surrealista, inspirado en "El prestidigitador", y Los amantes, inspirado en "el Mago" y "La Sacerdotisa", ambos de 1947 y ambos inolvidables para quienes los conozcan.

El cansino discurso feminista de corte burgués universitario rige unas páginas (útiles) sobre Leonora Carrington, Remedios Varo, Alice Rahon y Marie Wilson, pero lo sucede un ensayo muy profundo e inteligente sobre Jorge Camacho, titulado "Morfologías de la muerte: revivificación del tarot, la alquimia y la heráldica en el arte de Jorge Camacho", obra de Will Atkin, que pasa a formar parte de la bibliografía más selecta sobre el extraordinario artista cubano.

Anne Foucault tiene el mérito de salirse de los caminos más trillados y dedicar un artículo al tema en los surrealistas de la postguerra, en concreto Rodanski, Lecomte, Alechinsky y Baskine. Pero de Lecomte, si bien comenta Les sens des tarots, que Alechinsky ilustró en 1948, y su colaboración en Néon, no profundiza en el crucial Connaissance des degrés, compuesto de veintidós poemas en correspondencia con los veintidós arcanos mayores, escrito por Lecomte en 1965 y solo publicado en 1986; y de Baskine, que es quien mejor conectó el tarot  a la alquimia, podría haber apuntado el dato de que Breton quiso que le hiciera unas cartas del tarot para una edición de lujo de Arcane 17 que no llegó a cristalizar. Por otra parte, considera que el "movimiento surrealista" acabó "oficialmente" en 1969, dislate que se sigue repitiendo como si nada.

Claudia Mesch hace un excelente estudio del tarot en L'Art magique, y muy extenso es el de Robert Shehu-Ansell sobre Ithell Colquhoun. El de Susan L. Albert y Tere Arq sobre "El sol" de Leonora Carrington señala la originalidad en ella de combinar la alquimia y el tarot con la iconografía mesoamericana, y el de Felicite Gee utiliza un poema de Roy Edwards ("For Valentine Regarding the Tarot") como pretexto para tratar el tema en Valentine Penrose.

A partir de ahí, el libro cae en picado, con trabajos sobre Penny Slinger ("artista post-surrealista"), el Dalí senil, Alejandro Jodorowski (un renegado del surrealismo que reconoció él mismo, en 2005, que cuando filmó el bodrio de La montaña mágica no tenía ni idea de lo que significaba el tarot) y los tristes "ecos" del surrealismo en los tarots contemporáneos. Todo esto podía haber sido sustituido por material de verdadero interés y verdaderamente surrealista, pero a ello dedicaremos otra nota otro día. Por desgracia los estudios del surrealismo, que hace tiempo parecen haberse distanciado de la memez y simplonería que antaño eran habituales, siguen apegados  por pereza al corpus establecido, ignorando lo que en el surrealismo ha ocurrido desde el año de marras de 1969, o sea un período que incluso supera ya al anterior.

En suma, y reduciéndonos a lo mejor, un lujo editorial, bellamente ilustrado y diseñado, con un puñado de excelentes trabajos en torno a un motivo fascinante de la historia del surrealismo, que viene a llenar con brillantez un vacío que existía. 

Claude Tarnaud, Arcano 15, 1951

viernes, 26 de diciembre de 2025

Gisèle Prassinos, "El fuego maníaco"

pierre d. la, en sus ediciones a...z, ha publicado uno de los cuentos de Gisèle Prassinos, traducido excelentemente por Julio Pollino Tamayo, que lo ha extraído de su recopilación Trouver sans chercher

El fuego maníaco va precedido del clásico artículo de André Breton en la Antología del humor negro y lo ilustran dibujos de la propia Gisèle Prasinos. La edición es de 25 ejemplares numerados, y debemos a la amabilidad de pierre d. la poder reproducir en nuestro espacio esta pieza tan fina y tan finamente editada.







martes, 23 de diciembre de 2025

"El noveno corazón"


Película checa de 1979, con intervención de los Svankmajer en los títulos y las marionetas del inicio. Tiene sus debilidades, sobre todo en la primera media hora, pero también una parte magnífica, de corte fantástica, por lo que merece una visión completa. El director, Juraj Herz, había filmado en 1972 una obra casi maestra: Morgiana.

Deváté srdce

sábado, 20 de diciembre de 2025

Ithell Colquhoun, por Rik Lina

Rik Lina,
Tree of Life. Hommage to Ithell Colquhoun, 2025

Esta imagen que nos hace llegar Rik Lina hubiera sido ideal para acompañar nuestra reciente reseña de la edición francesa de La oca de Hermógenes.

Pero además, con respecto a los capítulos que hemos consagrado a los grandes ancestros del surrealismo, aportamos ahora tres "documentos" más de Rik Lina. El primero, un Ubú digital, también de este mismo año que finiquita:


El segundo, de 2008, una adición a "La imagen" de Lautréamont, para unir a las tres que ya hemos reproducido:


Por fin, esta intervención, sobria pero genial, sobre la edición neerlandesa de Los 120 días de Sodoma, cuando la leía en el año de 1969:

martes, 16 de diciembre de 2025

Claude Cahun, en los coloquios de Cerisy

Claude Cahun, Combate de piedras, 1931

Los coloquios de Cerisy se dedicaron recientemente a Claude Cahun y la publicación, con el título de Claude Cahun. L'unique en son genre, acaba de aparecer, en Jean-Michel Place. Como señalamos hace poco, la proliferación de trabajos sobre ella hacía poco atractivo este volumen, pero resulta inesquivable al haber dirigido el coloquio François Leperlier, Georges Sebbag y Françoise Py. 

Encabeza el volumen una introducción de Françoise Py, "Claude Cahun, inclasificable y ejemplar", que es la típica introducción idónea para quien no se quiera leer el libro, ya que nos va resumiendo el contenido de cada uno de los artículos. Gran interés ofrece, en cambio, el trabajo de Leperlier "La recepción de Claude Cahun y la querella de las interpretaciones", poniendo el dedo en la llaga sobre la recuperación de una figura revolucionaria y sobre la inflación de estudios sobre ella y la utilización de su obra por "móviles ideológicos socioculturales o financieros" que la han enjaulado "en la turbia cuestión del género". Afirma Leperlier que la propia Claude Cahun habría repudiado esa "iconolatría", que además sucede, por cierto, en la época más servil y cobarde de la historia de la humanidad. Como es sabido, a Leperlier se deben los mejores trabajos sobre Claude Cahun, que son un ejemplo de agudeza, lucidez y respeto por una obra vigorosa y ciertamente revolucionaria.

La primera sección lleva por título "Distinciones" y la abre Monique Sebbag, quien acerca inesperadamente la obra de Cahun a las de Colette y Simone Weil. Su conclusión, subrayando la dimensión nietzscheana, coincide con la de Leperlier: la "singularidad" y la "libertad" de Claude Cahun son extrañas por completo  a "las proclividades deconstructoras de nuestra época"

Tirza True Latimer se centra en las actividades del Teatro Esotérico, en los años 20. Eva Gianoncelli aborda "el trastorno de la la imagen de la mujer". Atsuko Nagaï ahonda en su relación con la literatura inglesa, de Swinburne a Wilde. Y Hervé Sanson estudia su conexión con el Mercure de France, Rachilde y Gourmont.

La segunda sección, "Creaciones", comienza con un buen trabajo de Masao Suzuki sobre la "teatralidad enigmática" de los autorretratos. Cristina Surrentino se ocupa de la obra fotográfica y de sus fotos como instrumento de investigación y de experimentación. Elza Adamowicz, de los fotomontajes de Aveux non avenus. Silvia Mazzucchelli, de su interés por los objetos. Junko Nagano, de las máscaras y las marionetas, con documentación sobre el impacto del teatro No en el teatro vanguardista. François Armengaud, en fin, de su pasión por los gatos ("El camino de los gatos" es el título de una serie de ocho poemas con fotos y de la construcción de planchas murales de las que hizo fotos).

La tercera sección es "Transgresiones" y comienza con dos excelentes trabajos, "Claude Cahun, del personaje a la persona", por Leperlier, y "El malestar ontológico de Claude Cahun", por Monique Sebbag, quien resalta la "gravedad y la "profundidad" de su figura. Michel Carassou trata de la homosexualidad y aprovecha para llamar "homófobo" a André Breton: del mismo modo que, como veíamos hace poco, al Breton no ser melómano lo convierten en "sordo a la música", al no ser homofílico lo convierten en "homófobo". Ève Gianoncelli trata un tema que no podía dejarse de lado: la revolución según Claude Cahun. 

El plato fuerte del libro es quizás el ensayo de Georges Sebbag "La diferencia Claude Cahun". Tras centrarse en la relación con tres de sus mentores: Grandville (tratado ya en otras ocasiones por él, y del que Claude Cahun sería deudora en el transformismo y la filosofía de disfraz), Stirner (y su afirmación de lo único) y el nietzcheano Jules de Gaultier (con sus nociones de bovarismo y de ficción universal), que unidos ofrecen un "diorama que Claude Cahun y los surrealistas han visionado y del que han podido sacar partido", concluye considerándola "inclasificable" en su "singularidad plural, o sea, "la única en su género". No debe olvidarse, con todo, que de Claude Cahun es esta contundente declaración: "Soy y he sido siempre surrealista".