Y van tres avisos consecutivos de Juan Jesús González Gómez, esta vez sobre un trabajo que se ocupa de la espinosa cuestión del surrealismo en China.
el surrealismo y china: terreno desconocido
Ya en Caleidoscopio surrealista señalábamos que solo un chino había participado en el movimiento surrealista: Raymond Tchang, y que las cosas se complicaron cuando el sistema de Mao se encargó interminablemente de aquel desdichado país, por no hablar de su famosa "revolución cultural", que tanto encandiló a mucha izquierda occidental.
Este trabajo que nos señala JJGG se centra en Shangai y, tras hacer un buen balance de China en el imaginario del primer surrealismo, aporta algunos nombres, empezando por el de Lang Jingshan, fotógrafo famoso influido por el surrealismo y buen conocedor de la obra que hacía Man Ray, con quien se encontraría en París. Luego se centra en dos grupos: la Sociedad Tempestad, que entre 1932 y 1935 montó en Shangai cuatro exposiciones que incluían "obras de inspiración surrealista", y la Sociedad China de Artistas Independientes, que expuso en 1935. De los artistas del primer grupo el más surrealista fue Pang Xunquin, y del segundo Zhao Shou, buen difusor de quien se dice que tradujo el segundo manifiesto, aunque esperemos que no sea similar a la que tantos años se repitió que había hecho Fernando Vela en la Revista de Occidente, y que no pasaba de una vulgar reseña. A estos dos grupos les destruyeron casi todas sus obras, primero con la guerra japonesa y luego con la "revolución cultural", que solo aceptaba el realismo socialista.
El surrealismo en Shangai no parece haber ido más allá de lo que llama Laurent Walden, autor de este trabajo, la "estética surrealista". En la nota 22, al comentar que "los surrealistas europeos "se entusiasmaron ingenuamente por el nuevo régimen maoísta", generaliza erradamente, y cuando pone como ejemplo el trabajo de Marcel Mariën en Shangai durante los años 63-65, no añade que salió tan escaldado de todos los horrores allí vistos y hasta sufridos (relatados en detalle) que la violencia de sus juicios indignó a sus íntimos Scutenaire y Nougé, tristes estalinistas hasta la muerte, aunque nunca se fueron a vivir a sus amadas dictaduras.
Y un apunte final: no es cierto que André Breton no haya estado en China, a donde le habían predicho que iría, y quien lo dude que consiga como pueda, si aún no la tiene, esta pequeña maravilla de Guy Girard: Breton en China.
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| Salvador Dalí, Alexandra David-Neel y André Breton ante un convento de lamas automático, fotografía de Raymond Tchang |















