domingo, 23 de enero de 2022

Jaguer, Malet, Ubac

En su imprescindible Les mystères de la chambre noire, Édouard Jaguer selecciona varias fotografías de Raoul Ubac, entre ellas La nebulosa, obra sublime de 1939 que vemos aquí con su comentario:



Le hubiera gustado a Édouard Jaguer saber que este brûlage inspiró un extenso poema a Léo Malet cuando lo descubrió, seis años después:


De Léo Malet, a su vez, seleccionaba Éduard Jaguer para su antología dos fotos, la segunda, en efecto, anticipando las pesquisas muy posteriores de Robert Benayoun con el espejo:



Esta foto, creo que no muy conocida, nos recuerda a Léo Malet, erotómano inveterado, en 1984:

martes, 18 de enero de 2022

Un homenaje a Peter Wood


Peter Wood fue uno de los más amados surrealistas en las últimas décadas del siglo pasado. El librito Pour Peter. Le dit de ses amis así lo demuestra, ya que es impresionante el elenco de contribuciones que en él encontramos.

Como recuerdo, hemos decidido ofrecer a sus miembros y lectores este breve homenaje que le dedicaron los cuadernos del unbo, y que lleva en cabecera la referencia bibliográfica al citado libro colectivo y a la antología publicados en 1999 (año de su muerte) y 2000. Un bello texto de Marie-Dominique Massoni corona este folleto.

Tenemos aquí también los homenajes de Tony Earnshaw y Ted Joans en Pour Pete:





domingo, 16 de enero de 2022

Mário Cesariny y el "Movimiento surrealista mundial"

Vuelve a editarse el libro más "internacionalista" de Mário Cesariny, una auténtica bomba que hizo explotar en noviembre de 1977. Yo lo compré en Lisboa dos años después y fue uno de los libros que me han abierto caminos, entre otras cosas porque mi convencimiento era que el surrealismo había desaparecido como "movimiento", tras la muerte de André Breton.

De la existencia un tanto insular del surrealismo portugués, encerrado en los barrotes invisibles del salazarismo, salió Cesariny tras el contacto que estableció con Sergio Lima, otro espíritu abierto al universo, y que pudo relacionarse con los surrealistas en torno a André Breton de una manera que, por diversas circunstancias, no había sido posible un par de décadas antes para el mago de Lisboa.

Una década después, Cesariny hubiera sin duda llevado a cabo una obra mucho más rica. Por ejemplo, al incluir a Agustín Espinosa se limita a antologar capítulos de Lancelot, 28º-7º y Media hora jugando a los dados, porque aún no ha tenido acceso a Crimen, y de Pedro García Cabrera tampoco conoce Dársena con despertadores. Pero en una obra de esta envergadura, carece de todo sentido señalar ninguna deficiencia como significativa.

El prefacio fue para mí verdaderamente un escrito convulsionador, ya que por primera vez encontraba yo perfectamente expresada la comunión Breton-Artaud que había estado en la raíz de mi adscripción al surrealismo, saltando por encima de la pedante maldad telqueliana de aquellos años y hasta de la visión de algunos surrealistas (por ejemplo, años después me sorprendería el desinterés total de Eugenio Granell hacia Artaud). Al hilo de estas palabras recuerdo en Tenerife a Mário Cesariny revolverse como un león cuando cierto poeta insular (y no de los más tontos) se permitió públicamente desvalorizar a Artaud. Esas cosas NO las dejaba pasar Mário Cesariny.

Otro impacto parecido me produjo la importancia que concedía al gran dadaísmo, no limitándolo, como suele hacerse, a mero antecedente o momento pasajero del surrealismo. Luego seguían los "dosieres", por países: España, Inglaterra, Checoeslovaquia, México, Rumanía, Holanda, Brasil, Estados Unidos, etc. Capítulos temáticos: el surrealismo y la pintura, el surrealismo y la libertad, el surrealismo y el corazón salvaje. Un dosier antiestalinista: Aragon, Cuba, la URSS. Un capítulo para el mayo francés y otro para el movimiento Phases de su amigo y aliado Édouard Jaguer ("un gran tipo", me escribió una vez, a raíz de que se aliara momentáneamente con Jean Schuster y José Pierre, para diferenciármelo drásticamente de estos dos).

Otro de los capítulos formidables es el que se le ocurrió titular, en su estilo inimitable, "Estructuralismo, Lingüística, Pseudo-Metagramática y otros actuales ensayos de aplastamiento de la poesía". En plena tiranía de la arrogante pedantería estructuralista, Cesariny elegía un texto demoledor de Roger Galizot y el bello ensayo de Aldo Pellegrini "Se llama poesía a todo lo que cierra la puerta a los imbéciles".

La nueva edición (que, al tratarse para mí de una obra de culto, no puede sustituir al volumen original), muy bien cuidada y con algunas ilustraciones nuevas, se engalana con un excelente preámbulo de Laurens Vancrevel, amigo de Cesariny durante muchos años, y un posfacio de Perfecto E. Cuadrado, admirador y sacrificado devoto del Maestro, con cuya memoria ha seguido conviviendo siempre. 

Esta antología, como por ejemplo la del humor negro de André Breton, no es un simple libro, es un verdadero terremoto del espíritu.

textos de afirmaçao e de combate do movimento surrealista mundial

viernes, 14 de enero de 2022

Toyen por Jaguer, Breton, Elisa

Toyen, Coulée dans le lointain, 1962

Este cuadro, también reproducido en el número 6 de La Brèche (1964), es uno de los veinte que Toyen, la más grande artista del surrealismo, expuso en 1962 en la galería parisina de Raymond Cordier.

El diminuto catálogo llevaba un bello texto de Édouard Jaguer y hoy lo reproducimos aquí. Que yo sepa, ese texto solo se ha publicado luego en Styrsky. Toyen. Heisler, a su vez catálogo (maquetado por Pierre Faucheux) de una exposición de este trío dorado checo en el Museo Nacional de Arte Moderno de París, veinte años después.

También fue expuesta en 1962 la pintura con que se cierra esta nota. Pero antes completemos con este retrato analógico de Toyen en 22 cuestiones, las cuales se formularon alternativamente sus íntimos amigos Elisa y André Breton. Radovan Ivsic es quien tenía el manuscrito, que comunicó a Étienne-Alain Hubert cuando estaba este elaborando el último tomo de las obras completas bretonianas. El Parque de los Remedios a que se refiere Breton fue visitado por él en compañía de Trotsky en 1938.


Toyen, Lave de l'attente, 1962

miércoles, 12 de enero de 2022

La inspiración vivificante de Claude Tarnaud


Este bonito homenaje a Claude Tarnaud se lo hizo Victor Brauner en 1948, cuando Tarnaud tenía 25 años pero ya había participado muy activamente en la exposición internacional de 1947 y era uno de los animadores de Néon. Jindrich Heisler, al darle cuenta a Frederick Keisler de su descubrimiento de Tarnaud, se lo calificaba, en 1947, como un "poeta lírico de sensibilidad excepcional y de una expresión perfecta".

Hoy, Tarnaud continúa siendo un escritor secreto, aunque ya alguien lo haya metido (y bastante bien, por cierto) en la wikimierda. Siempre pienso en él cuando oigo las chorradas sobre el "reconocimiento" que no han obtenido figuras a su lado ínfimas, por no hablar de la demagogia genérica.

Como Claude Tarnaud ha sido siempre uno de mis escritores de bandera, uno de mis surrealistas irreprochables, le dedico hoy este homenaje especial, con la reproducción de dos de sus poemas publicados en cuaderno, ambos en esa fecha de 1947. El primero se vende en la red a 332 euros (¡!).

En 2000 y 2003, Sébastien Petibone, quien llevaba la librería surrealista L'Or du Temps, a la que yo compré tantos libros y en la que llegué a estar (¡aquel memorable encuentro con Lou Dubois, en que, al oírme darle a Petibone mi dirección en Canarias me preguntó si yo conocía en Tenerife a mpc, un amigo de Sarane Alexandrian!), editó en su muy bella colección L'Écart Absolu tres obras extraordinarias de Tarnaud: DeL'Aventure de la Marie-Jeanne ou le journal indien La forme réfléchie, un verdadero arsenal de surrealismo en su mejor, con ilustraciones de Jorge Camacho y Jacques Lacomblez; el tercero de esos tres libros lo venden en la red a 291 euros, y el primero parece inencontrable.

Y aquí están esos dos preciosos poemas, con ilustraciones de Lacomblez y de Zimmerman:




domingo, 9 de enero de 2022

2 bis, rue Férou

Pocas semanas antes de que se demoliera el estudio que Man Ray había tenido en París durante un cuarto de siglo, François Lévy-Kuentz realizó un documental de 22 minutos en que la sublime Juliet nos introducía en aquel espacio insólito y entrañable.

Las ediciones Dilecta publicaron una caja con un libro de pequeñas dimensiones y un libreto en que se incluía el disco con el documental. El libro, en inglés y francés, contiene dos exquisitas conferencias de Man Ray, y el libreto muchas fotografías del estudio por Carlos Muñoz Yagüe.

La grabación se llevó a efecto en 1988, y la caja se editó en 2008. Veo que puede conseguirse aún en Dilecta, y que el cortometraje está disponible en la red, aunque no gratuito.

En una de las fotos, vemos la Remington en que Man Ray escribió su maravillosa autobiografía, una de las mejores memorias de los viejos tiempos dadaístas y surrealistas que existen. Otra foto muy destacada es la de su dormitorio, presidido por la célebre pintura A la hora del observatorio, los enamorados; en el libreto, va acompañada de estas palabras de Juliet: "Los sueños eran muy importantes para él. Soñaba todo el tiempo", añadiendo en otro momento que al despertar se ponía a dibujar los sueños de la noche para luego empezar a pintar. Esta pintura tuvo un origen curioso: un día Kiki le dejó en el cuello la marca de sus labios y él se puso a soñar con labios sueltos, flotando en el aire; ese sueño siguió con él mucho tiempo, hasta que diez años después lo traspuso a ese cuadro monumental, en el que trabajó de 1932 a 1934, colgándolo sobre la cama "como una ventana abierta sobre el espacio". Las dos cúpulas que aparecen al fondo eran un recuerdo de sus paseos cotidianos por los jardines de Luxemburgo, y "los labios, sin duda a causa de su escala, evocaban dos cuerpos estrechamente enlazados". Al igual que muchos de sus cuadros, lo hizo en los ratos libres, y Man Ray simpatizaría sabiendo que para mí este hombre que pintaba "para ser amado" y al que muchos no pasan de considerar un fotógrafo y autor de objetos, es ante todo un pintor, un maravilloso pintor.

La Rue Férou es conocida por el enigmático cuadro que le hizo Man Ray en 1952, o sea a los pocos meses de comenzar a vivir en el estudio. Esta calle iba de los jardines de Luxemburgo a la plaza de Saint-Sulpice, cuya iglesia inmensa, llena de leyendas y con unas raras torres asimétricas, le impresionaba. 

Foto de Carlos Muñoz Yagüe

Yves Vadé y el surrealismo

Tenía a Yves Vadé por uno de mis ensayistas favoritos, desde que leí L'Enchantement littéraire. Écriture et magie de Chateaubriand à Rimbaud, lectura a la que siguió la de un artículo sobre Breton y el mundo celta en la revista Pleine Marge y, más recientemente, la de otro sobre Yves Élléouët. Es autor además de un libro sobre el poema en prosa y sus "territorios" y de otro sobre etnología y literatura.

Ha sido ahora Patrick Lepetit quien, en su admirable obra La tête d'Ogmius, me ha alertado sobre otro de sus libros, Pour un tombeau de Merlin. Du barde celtique à la poésie moderne, ya que contiene material sobre André Breton y el surrealismo.

La obra confirma las expectativas. Publicada en Corti en 2008, consta de 300 páginas muy densas en que se aborda la figura del mago Merlín desde los ángulos más enriquecedores. Tras indagar el nacimiento de este gran personaje y oponerlo al mito de Orfeo, como el riesgo de la aventura poética se opone a la seguridad de la tradición clásica, se va descubriendo su presencia oculta en la tradición moderna hasta llegar al surrealismo. Rimbaud, Nerval o Lautréamont son nombres en que se detiene Vadé, pero también cita a surrealistas como Maurice Blanchard, Benjamin Péret o Jean Ferry. El capítulo "De lo fantástico medieval a lo maravilloso surrealista" determina las diferencias y coincidencias entre la materia de Bretaña y lo maravilloso surrealista como antípoda de lo fantástico moderno. Una sección de este capítulo se titula "Nitroglicerina", señalando el curioso dato de que esta se inventara en 1868, año de aparición de Los cantos de Maldoror, que anticipa la alianza surrealista de la revuelta y lo maravilloso, aunque Yves Vadé también muestra en su libro, y de modo convincente, lo que separa al surrealismo de la obra de Lautréamont.

"André Breton y la sombra de Merlín" es todo un estudio de Breton y la cultura celta, en que se apoya Patrick Lepetit. Apuntaré que Yves Vadé muestra además un conocimiento profundo de la obra poética del fundador del surrealismo. Cierra el libro un capítulo sobre Henri Michaux, en que Yves Vadé deja bien claro que no le interesa el juego de las "fuentes", sino la actitud del escritor, en el caso de Michaux como poeta desinteresado de la cultura celta pero a la vez completamente no ya ajeno sino hasta hostil a la tradición órfica.