domingo, 23 de enero de 2022
Jaguer, Malet, Ubac
martes, 18 de enero de 2022
Un homenaje a Peter Wood
Como recuerdo, hemos decidido ofrecer a sus miembros y lectores este breve homenaje que le dedicaron los cuadernos del unbo, y que lleva en cabecera la referencia bibliográfica al citado libro colectivo y a la antología publicados en 1999 (año de su muerte) y 2000. Un bello texto de Marie-Dominique Massoni corona este folleto.
Tenemos aquí también los homenajes de Tony Earnshaw y Ted Joans en Pour Pete:
domingo, 16 de enero de 2022
Mário Cesariny y el "Movimiento surrealista mundial"
Vuelve a editarse el libro más "internacionalista" de Mário Cesariny, una auténtica bomba que hizo explotar en noviembre de 1977. Yo lo compré en Lisboa dos años después y fue uno de los libros que me han abierto caminos, entre otras cosas porque mi convencimiento era que el surrealismo había desaparecido como "movimiento", tras la muerte de André Breton.
De la existencia un tanto insular del surrealismo portugués, encerrado en los barrotes invisibles del salazarismo, salió Cesariny tras el contacto que estableció con Sergio Lima, otro espíritu abierto al universo, y que pudo relacionarse con los surrealistas en torno a André Breton de una manera que, por diversas circunstancias, no había sido posible un par de décadas antes para el mago de Lisboa.
Una década después, Cesariny hubiera sin duda llevado a cabo una obra mucho más rica. Por ejemplo, al incluir a Agustín Espinosa se limita a antologar capítulos de Lancelot, 28º-7º y Media hora jugando a los dados, porque aún no ha tenido acceso a Crimen, y de Pedro García Cabrera tampoco conoce Dársena con despertadores. Pero en una obra de esta envergadura, carece de todo sentido señalar ninguna deficiencia como significativa.
El prefacio fue para mí verdaderamente un escrito convulsionador, ya que por primera vez encontraba yo perfectamente expresada la comunión Breton-Artaud que había estado en la raíz de mi adscripción al surrealismo, saltando por encima de la pedante maldad telqueliana de aquellos años y hasta de la visión de algunos surrealistas (por ejemplo, años después me sorprendería el desinterés total de Eugenio Granell hacia Artaud). Al hilo de estas palabras recuerdo en Tenerife a Mário Cesariny revolverse como un león cuando cierto poeta insular (y no de los más tontos) se permitió públicamente desvalorizar a Artaud. Esas cosas NO las dejaba pasar Mário Cesariny.
Otro impacto parecido me produjo la importancia que concedía al gran dadaísmo, no limitándolo, como suele hacerse, a mero antecedente o momento pasajero del surrealismo. Luego seguían los "dosieres", por países: España, Inglaterra, Checoeslovaquia, México, Rumanía, Holanda, Brasil, Estados Unidos, etc. Capítulos temáticos: el surrealismo y la pintura, el surrealismo y la libertad, el surrealismo y el corazón salvaje. Un dosier antiestalinista: Aragon, Cuba, la URSS. Un capítulo para el mayo francés y otro para el movimiento Phases de su amigo y aliado Édouard Jaguer ("un gran tipo", me escribió una vez, a raíz de que se aliara momentáneamente con Jean Schuster y José Pierre, para diferenciármelo drásticamente de estos dos).
Otro de los capítulos formidables es el que se le ocurrió titular, en su estilo inimitable, "Estructuralismo, Lingüística, Pseudo-Metagramática y otros actuales ensayos de aplastamiento de la poesía". En plena tiranía de la arrogante pedantería estructuralista, Cesariny elegía un texto demoledor de Roger Galizot y el bello ensayo de Aldo Pellegrini "Se llama poesía a todo lo que cierra la puerta a los imbéciles".
La nueva edición (que, al tratarse para mí de una obra de culto, no puede sustituir al volumen original), muy bien cuidada y con algunas ilustraciones nuevas, se engalana con un excelente preámbulo de Laurens Vancrevel, amigo de Cesariny durante muchos años, y un posfacio de Perfecto E. Cuadrado, admirador y sacrificado devoto del Maestro, con cuya memoria ha seguido conviviendo siempre.
Esta antología, como por ejemplo la del humor negro de André Breton, no es un simple libro, es un verdadero terremoto del espíritu.
textos de afirmaçao e de combate do movimento surrealista mundial
viernes, 14 de enero de 2022
Toyen por Jaguer, Breton, Elisa
| Toyen, Coulée dans le lointain, 1962 |
| Toyen, Lave de l'attente, 1962 |
miércoles, 12 de enero de 2022
La inspiración vivificante de Claude Tarnaud
domingo, 9 de enero de 2022
2 bis, rue Férou
Pocas semanas antes de que se demoliera el estudio que Man Ray había tenido en París durante un cuarto de siglo, François Lévy-Kuentz realizó un documental de 22 minutos en que la sublime Juliet nos introducía en aquel espacio insólito y entrañable.
Las ediciones Dilecta publicaron una caja con un libro de pequeñas dimensiones y un libreto en que se incluía el disco con el documental. El libro, en inglés y francés, contiene dos exquisitas conferencias de Man Ray, y el libreto muchas fotografías del estudio por Carlos Muñoz Yagüe.
La grabación se llevó a efecto en 1988, y la caja se editó en 2008. Veo que puede conseguirse aún en Dilecta, y que el cortometraje está disponible en la red, aunque no gratuito.
En una de las fotos, vemos la Remington en que Man Ray escribió su maravillosa autobiografía, una de las mejores memorias de los viejos tiempos dadaístas y surrealistas que existen. Otra foto muy destacada es la de su dormitorio, presidido por la célebre pintura A la hora del observatorio, los enamorados; en el libreto, va acompañada de estas palabras de Juliet: "Los sueños eran muy importantes para él. Soñaba todo el tiempo", añadiendo en otro momento que al despertar se ponía a dibujar los sueños de la noche para luego empezar a pintar. Esta pintura tuvo un origen curioso: un día Kiki le dejó en el cuello la marca de sus labios y él se puso a soñar con labios sueltos, flotando en el aire; ese sueño siguió con él mucho tiempo, hasta que diez años después lo traspuso a ese cuadro monumental, en el que trabajó de 1932 a 1934, colgándolo sobre la cama "como una ventana abierta sobre el espacio". Las dos cúpulas que aparecen al fondo eran un recuerdo de sus paseos cotidianos por los jardines de Luxemburgo, y "los labios, sin duda a causa de su escala, evocaban dos cuerpos estrechamente enlazados". Al igual que muchos de sus cuadros, lo hizo en los ratos libres, y Man Ray simpatizaría sabiendo que para mí este hombre que pintaba "para ser amado" y al que muchos no pasan de considerar un fotógrafo y autor de objetos, es ante todo un pintor, un maravilloso pintor.
La Rue Férou es conocida por el enigmático cuadro que le hizo Man Ray en 1952, o sea a los pocos meses de comenzar a vivir en el estudio. Esta calle iba de los jardines de Luxemburgo a la plaza de Saint-Sulpice, cuya iglesia inmensa, llena de leyendas y con unas raras torres asimétricas, le impresionaba.
| Foto de Carlos Muñoz Yagüe |