lunes, 28 de enero de 2013

El surrealismo en el País de Gales


Publicado por Dark Windows Press, la editorial de Patricide, apareció en 2012 un librito, con muchas ilustraciones, y catorce a todo color sobre el surrealismo en el País de Gales. La introducción está a cargo de Adrian Dannatt, quien traza el panorama del surrealismo en aquella zona geográfica y elige, para una exposición, cinco artistas que desarrollan actualmente su obra.
Adrian Dannatt se apoya para su caracterización surrealista en Sarane Alexandrian, (quien no era muy riguroso en la cuestión), y en particular en su distinción entre una concepción “abierta” y otra “cerrada” del surrealismo, en realidad concepciones extremas que dejan mucho que desear tanto la una como la otra. Orientado a la primera, Dannatt da pues cabida tanto al surrealismo como a sus influencias. La adscripción es obvia por lo que respecta a John Welson y a Neil Coombs, pero dudosa (ya que nos quedamos por conocer cuál es su actitud hacia el surrealismo) en los casos de Millree Hughes y el picassiano Orlando Mostyn Owe, quedando en medio Ken Cornwell, quien, nacido en 1955, vivió en Australia de 1990 a 2002 y es autor de interesantes cajas, como esta:

Ken Cornwell, Laberinto de ovejas, 2012

En el apartado retrospectivo (lo que algunos despistados llaman “surrealismo histórico”), Adrian Dannatt va alineando los nombres del maravilloso Dylan Thomas, Merlyn Evans, Ceri Richards (que ilustró al primero), Lucian Freud (pupilo de Cedric Morris, artista galés a su vez inspirado por el surrealismo), Sari Dienes (y sus collages), George Melly, Angus McBean (y sus fotografías), John Piper, Edward Burra, Bill Copley, Barry Flanagan y Bedwyr Williams, algunos de ellos no nacidos en el País de Gales, pero que residieron significativamente allí, como es el caso de ese personaje de fábula que fue George Melly.
Volviendo al quinteto de elección, su figura más conocida es John Welson, un artista extraordinario, cuyas pinturas de abstracción lírica se inspiran en los paisajes de su Gales natal (y que en 2009 expuso en Powys una serie de fotos de su país). Ya hemos hablado de él a propósito de su admirable colaboración con Jean-Claude Charbonel, en “El ojo celta”, pero es un placer poder reproducir aquí una de las cuatro imágenes del catálogo, en la que irrumpe por fin la vastedad marina:

John Welson, Caban Coch, 2012

Los fantásticos “fantasmas” de Neil Coombs ilustran aquí su actividad, y a ellos no solo hemos aludido en dos ocasiones, sino que pensamos dedicarle especial atención la próxima semana. He aquí el dedicado a Sigmund Freud, quien residió en  Hampstead tras huir del terror nazi:

Neil Coombs, El fantasma freudiano, 2012

Breves

J.-C.Charbonel, Reloj armorigen para los tiempos de los sueños, 2010
El pasado sábado se inauguró en la biblioteca de Plouagat una exposición de Jean-Claude Charbonel, que se clausurará el 15 de febrero. Es una buena oportunidad para sumergirnos en una civilización de mitos poéticos, sin punto de comparación alguno con los del putrefacto mundo llamado Occidente.
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Una magnífica página dedicada a Sarane Alexandrian (y también otra a Madaleine Novarina) ha elaborado su sobrino-nieto, Virgile Novarina:
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Ha aparecido, en Classiques Garnier, un monumental (1049 pp.) Dictionnaire André Breton, dirigido por Henri Béhar, autor ya de André Breton: le grand indésirable (reed. 2005).
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Recomendamos de nuevo el libro de Fabienne Bradu André Breton en México (216 pp., Fondo de Cultura Económica, 2012), trabajo serio y competente, que además reproduce todos los textos relativos a la cuestión. No lo comentamos porque poco podemos añadir a la ya citada y excelente reseña de Carlos M. Luis en Agulha, como no sea el malestar que nos produce hoy la ciega admiración de Breton hacia el verdugo de los anarquistas ucranianos –y represor, en el interior del propio partido bolchevique, de todas las fuerzas que posteriormente podían haberlo defendido–, ya en aquellos años, como muy bien advirtió Simone Weil, un ideólogo decadente, por mucho que su nombre fuera una espina clavada en la garganta del führer soviético y que no dejara de ser un aliado en la lucha contra la escalada fascista –pero de ahí al amilanamiento de que dio muestras Breton va un largo camino. También señalemos la reproducción de la conocida carta de Frida Kahlo a uno de sus amigos, para unir sus palabras a las que él otro día vimos dirigía a Alice Rahon: si allí los surrealistas eran tratados de “locos intelectuales podridos”, aquí son “ese montón de hijos de perra lunáticos y trastornados”.
Fabienne Bradu es una excelente escritora mejicana, y entre sus libros cuenta con un Artaud, todavía (2008). Es verdaderamente una alegría que al fin se hable en México con seriedad del surrealismo y sus avatares, por tratarse de una de sus tierras de elección y por haberse dicho desde el principio (como este mismo libro muestra) un verdadero hatajo de imbecilidades.
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Aunque ya pasó, no queremos dejar sin registrar la exposición que a lo largo del pasado año tuvo lugar en París, Halle Saint Pierre, “Banditi dell’arte”, dedicada a la creación marginal italiana, y que incluía obras procedentes de las colecciones históricas psiquiátricas y carcelarias. Un gran espacio se dedicaba también al arte popular contemporáneo, ajeno al sistema oficial de las bellas artes, y otro a construcciones y entornos fantásticos, presentados en fotografías y grabaciones filmadas. Más información puede encontrarse en la página del lugar expositor:

Lassalle: “Adrien Dax, a quien hemos conocido de 1959 a 1979, fecha de su muerte, fue el surrealista de Tolouse, gran amigo de André Breton y Benjamin Péret. Ingeniero de Genio Rural, tenía un dominio extraordinario del dibujo, y una muy viva inteligencia. Durante su cautiverio en un stalag de Alemania, leía y releía incansablemente las Enéadas de Plotino. Su cultura era inmensa. Solo ahora se comienza a medir la importancia que ha tenido en el Surrealismo”.

miércoles, 23 de enero de 2013

Las aventuras de Guy Ducornet en los States


Aunque Guy Ducornet es bien conocido de los lectores de “Surrealismo internacional”, aquí tenemos la presentación que de él hace la contraportada de su esperado libro Annandale Blues, y que reproducimos, sobre todo, por llevar una breve reseña a  cargo de Paul Garon, primer experto surrealista, por cierto, en la materia de los blues.
Frente a la idea corriente, no son los blues una música triste, sino una música de afirmación vital, contra los peores vientos y las peores mareas. Una música de resistencia a la opacidad del mundo, y no hay nada más surrealista, porque además sus frutos han sido de infinita belleza, desde que se configuró allá por los años 10 hasta nuestro tiempo, con los discos hoy, por ejemplo, de un Jimmy Dawkins, de un Byther Smith, de un Lil’Ed.
Pero acerquémonos más a estos blues de Annandale. Son unos blues en verdad apasionantes, y llenos de vida. A lo largo de 32 capítulos (más un epílogo), Guy Ducornet nos describe los años inmediatamente anteriores a su viaje a los Estados Unidos y su estancia –año de 1959– en el Bard College de Annandale, con una enloquecida visita en solitario autoestop al deep south del país.
Casi todos los capítulos llevan título de temas musicales, de nombres tan señeros como Duke Ellington, Fats Waller, Jimmy Rushing, Fats Domino, Billie Holiday, Charlie Parker y John Coltrane. Y es que Guy Ducornet es un fan del jazz, incluso tocando él mismo la batería y el saxo alto. En la nota 4 del capítulo 6 aborda las relaciones entre el jazz y el surrealismo, que, como ya he dicho en estas mismas páginas, aún están por abordar de modo profundo y exhaustivo.
En los primeros capítulos, Ducornet se nos retrata al completo, con su gusto por el arte moderno, pero también por dibujar y pintar él mismo (o sea, por la práctica propia, como le ocurría con la música), su interés por la poesía de inconformismo y desafío (Baudelaire, Rimbaud, Jarry, Apollinaire, Prévert), el impacto de Le rivage des Syrtes y de un collage de Max Bucaille que reencontraría y compraría 40 años después, sus “graves deficiencias en matemáticas y deportes colectivos”, su rechazo visceral del fascismo tanto como del estalinismo.
En 1958 celebra en París su primera exposición, no sin un sentimiento de desazón al ver convertidos sus sueños en meros objetos enmarcados formando parte de un enorme mercado. El largo y ancho país del dólar lo atrae, ante todo por el jazz y por el cine, ya que solo allí descubrirá el arte de Gorky y de Cornell, o la cultura popular de Little Nemo, Krazy Kat, Tex Avery y tantos otros.
G.Ducornet,Oblique Shocks,1992,collage
A partir del capítulo 10 ya tenemos a Guy Ducornet en Annandale. El leit-motiv del libro es la cuestión racial, por la que ya se preocupaba en Francia, y que, en toda su complejidad, abordará in situ y a través de la lucidez de su profesor y tutor, Ralph Ellison, de quien nos traza un retrato admirable y admirado.
Como es sabido, Ellison es autor de una de las grandes novelas norteamericanas del siglo XX: El hombre invisible (donde aparece como personaje el genial pianista y vocalista de blues Peetie Wheatstraw, “Gran Sheriff del Infierno” y “Yerno del Diablo”, a quien dedicó un libro definitivo Paul Garon hace ya años) y de un prestigioso volumen de ensayos: Shadow and Act, que incluye páginas memorables sobre la música negra, entre ellas bellos ensayos consagrados a su paisano Charlie Christian, a Jimmy Rushing (de quien era un gran amigo, como de Duke Ellington) y a Charlie Parker. Como el propio Ellison había sido trompetista y componía música, ya eran muchos los puntos de contacto con su joven alumno, que aprenderá mucho de él, estableciéndose una relación que no había podido imaginar, puesto que le hablaba “más como un novelista y un artista creativo que como un profesor”.
En un pasquín de la izquierda obtusa, llamado New Masses, Ducornet leerá con perplejidad comentarios de El hombre invisible acusándolo de tiotomismo. Lo mismo habían dicho de Louis Armstrong, pero el propio Ellison rebatirá los argumentos contra el titán de la trompeta, que nunca dejó de ser un muchacho de Harlem, ni de dirigirse, como lo había hecho toda la vida, a la gente de su raza. Al respecto, hace años anoté yo esta bella declaración suya: “Las personas de los lugares por donde anduve cuando era joven, no tenían, en verdad, muchos estudios. Su educación dejaba mucho que desear, pero eran sinceras. Viví en ese medio y anduve entre esa gente sin que nada malo me ocurriera. Me enseñaron todo cuanto sé, y por eso tengo tanto orgullo de pertenecerles en cuerpo y alma”.
Conocedor de la figura y la obra de Ellison, y habiendo mantenido con él infinidad de conversaciones y de debates, Guy Ducornet, a su regreso a Francia, le dedicará su tesis doctoral, titulándola, muy significativamente, “Ralph Ellison y el concepto de la identidad americana”.

G.Ducornet,Claro de tierra,2004,acrílico/madera
Pero Ducornet quiere sumergirse en el Sur del país, para ver la profundidad del horror racista norteamericano, lo cual va a relatarnos a partir del capítulo 24. Entre quienes lo llevan a dedo, topa, al mando de un ruidoso cacharro, con un auténtico indio seminola de largos cabellos y tatuajes en manos y brazos, como salido del tipi de un western. “Yo tampoco soy americano –le dice al verlo sorprendido–. Soy un seminola de Everglades”. Si el mundo afroamericano ha generado una fabulosa cultura musical, yo creo que no hay absolutamente nada en el mundo que se compare a la sabiduría de las culturas amerindias, en especial del Ártico a las tierras de los tarahumaras y los zapotecas. La presencia amerindia en Annandale Blues es reducida, pero aflora también en una sorpresa: ¡Ralph Ellison, como Breton o Camacho, era coleccionista de muñecas katchina! Cuando Ducornet, a su retorno de su excursión sureña, lo visita en su casa, allí se las encuentra: “inmóviles, siempre jóvenes y vigilantes a su manera serena e infantil, como si sus espíritus estuvieran tranquilamente ocultos en su rincón para inspirar al novelista”. Ducornet le refiere a Ellison el interés de los surrealistas hacia todos los aspectos de las “artes salvajes” y de lo maravilloso, lo que parece agradarle al escritor.
El curso acaba, y Ducornet asiste a las clases de un joven poeta: Donald Finkel, que le habla de Eliot, Pound y Céline, hacia quienes pocas simpatías puede albergar el joven estudiante, y en cambio ni nombra a Lamantia, Ferlinguetti o Charles Olson. Antes, sin duda, el gran Ellison, que estudiaba en su curso a Mark Twain, a William Faulkner, a Hermann Melville.
Este es, sin duda, un libro con swing, o sea un libro con significación, ya que, como es sabido, si no hay swing, nada significa nada. Y el volante lo ha llevado, de cabo a rabo, Guy Ducornet con verdadero arte, como el de nuestro amigo seminola miccosukee que lo trasladó por un trecho de la geografía sureña norteamericana.

miércoles, 16 de enero de 2013

Una cocina explosiva


Este debe ser el último gran libro surrealista del año 2012.
Se trata del número quinto de Patricide, editado por Neil Coombs en el País de Gales, y nos brinda “un festín de comidas, bebidas, poesías, postres, imágenes y prosas surrealistas del mundo entero”. Algunas de las imágenes vienen a todo color, lo que es importante, porque, como dice el pueblo, “también comemos con los ojos”.
La introducción consta de una nota del editor y de un ensayo de Philip Kane ya publicado en el n. 1 de la revista surrealista británica Arcturus, en 2005. Neil Coombs nos recuerda que la alimentación es un arma que debe usarse como protección, advirtiéndonos que, si bien la mayoría de las recetas contenidas en el libro son aptas para su uso culinario, algunas otras son tóxicas (por lo que vienen indicadas con el emblema de la calavera y los huesos cruzados). Philip Kane reflexiona sobre el surrealismo y su “retorno”, en verdad supuesto, ya que el surrealismo no ha dejado de estar nunca en el candelero, pero sus palabras distinguen agudamente entre el surrealismo y sus adulteraciones.
Como antecedentes de The Surrealist Cookbook se me ocurren Meat Art and Surrealist Objects, la admirable colección onírica de Eric Bragg publicada en 2006, y el delicioso Libro de recetas de Ladislav Novak, de 1997, en el que nos encontrábamos con las ostras a lo Toyen, los entremeses a lo Smejkal, los huevos a lo Arp, el cóctel a lo Edouard Jaguer, las alcachofas a lo André Breton o la especialidad a lo Raoul Hausmann. En cuanto a festines, dos recordamos de modo automático, y ambos canibalescos: el de “La nochebuena de Fígaro”, en Crimen de Agustín Espinosa (1934), y el de la exposición Eros, cuyo “maître” fue Meret Oppenheim (1959); curiosamente, el primero era un cadáver masculino, preparado por el propio asesino para que lo devorara su amante (la cabeza va a ser sustituida por la de un cerdo, y sobre la mesa hay pasteles de coco, un castillo de hojaldre, una fuente de “chantilly”...), mientras que el segundo era un bello maniquí femenino (cubierto de apetitosos manjares, que al irse cogiendo dejarían sus desnudeces visibles).

Predominan en The Surrealist Cookbook las recetas y los textos breves, pero los hay también largos, como “Amor al curry” de Stephen Kirin, y “Cocina contemporánea surrealista galesa” de Adrian Dannatt.
Muchos nombres que van desfilando por The Surrealist Cookbook son bien conocidos. Así, John Welson es quien abre el fuego, o el apetito, refiriéndose a Conroy Maddox pero también con una imagen suya, como las hay de Michael Vandelaar, Bill Howe, Peter Overton (de quien es la ilustración de la izquierda), Richard Misiano-Genovese, Rik Lina o Miguel de Carvalho. De Lina es la instantánea de una cena surrealista celebrada en 2008 y el desayuno a base de Los cantos de Maldoror, y de Miguel de Carvalho seis platos típicos de la rica gastronomía portuguesa. Sorprendentes son las imágenes de Lise Holm y John Richardson, así como los dos collages del Inner Island Surrealist Group, por Ron Sakolsky, Sheila Nopper, Pan Bulla y Scot Bullick.
Entre los nombres más ilustres aparecen David Gascoyne, el Dalí surrealista, Luis Buñuel (ineludible a la hora de hablar de los cócteles), Remedios Varo (con su inmortal receta para producir sueños eróticos, clásico entre los clásicos de la materia) y Man Ray (con una antológica “Rayografía servida con suicidio” elaborada por Alexandra Levin, quien se inspiró en la relación Man Ray/Lee Miller, y que la sirve con un chocolate “suicidio”). Es una pena se haya colado en la lista esa rancia Frida Kahlo, quien, por cierto, en el reciente dvd dedicado a Alice Rahon, le define los surrealistas a su amiga como “esos locos intelectuales podridos”.
No olvida la sección de bebidas –que podría dar un volumen independiente– a la reina de todas: la Absenta, con la receta de los surrealistas checos, del mismo modo que el surrealismo egipcio aporta un magnífico té tuareg. Cierra el libro, con varios textos espléndidos, el grupo Surrealist Action Turkey.
Un libro, en fin, que, si bien aparecido en el tránsito de un año para otro de la abominable cronología cristiana (nuestra cronología siempre será otra), tiene validez para todos los momentos del ciclo anual, y del que esperamos ver nuevas ediciones ampliadas.
The Surrealist Cookbook es distribuido por Dark Windows Press (www.darkwindows.co.uk), que a la vez se encarga de otra joya: The Phantoms of Surrealism, la colección de soberbios fotomontajes del propio Neil Coombs (en cambio, por desgracia, el colectivo Alpine Phanthoms ya está agotado).

Ediciones surrealistas: Alex Januário, Miguel de Carvalho

Las pequeñas y bellas ediciones siguen surgiendo en el ámbito del surrealismo. Así, este fin de año, las Edições Loplop han editado de Alex Januário Caixa gris, en 20 ejemplares numerados, mientras que Miguel de Carvalho, en Debout sur l’Oeuf, ofrece 25 ejemplares numerados y rubricados de Relatos de certas madrugadas. Caixa gris se abre con esta cita de André Breton: “los verbos sensoriales se conjugan diversamente de los otros verbos”, pero podría encabezar también, óptimamente, los “relatos” de Miguel de Carvalho, por no decir que todo libro de imágenes surrealistas.


Caixa gris se compone de cinco collages, con la habitual imaginación poética que rige las creaciones de Alex Januário. En el que aquí vemos hay elementos comunes a los restantes: la figura femenina –con destaque para sus ojos–, la fauna inconfesable, los espacios naturales inquietantes –montes y ríos, pero también selvas y desfiladeros–, los fragmentos de ilustraciones de libros médicos...La figura femenina falta del último de la serie, pero no debe hacerlo de los sueños de su protagonista, bien observado por unos ángeles blakianos, presentes por lo demás en otro de los collages.


Relatos de certas madrugadas fue compuesta en el Cabo Mondego, “para celebrar el nuevo ciclo solar del calendario maya”. Consta de una prosa lírico-reflexiva escrita ante los dulces campos del Mondego –que yo conocí muy bien–  y de tres fotografías del propio Miguel de Carvalho, entre ellas esta maravilla:


Damos cuenta de la publicación casi simultánea del cuaderno Hotel Oslo, con cuatro poemas y tres ilustraciones, que son lo que nos interesa, ya que dos son de Miguel de Carvalho y una de Rik Lina. Vemos aquí dos de ellas, tan solo señalando que la del primero lleva por título The last drop.

Nelson de Paula

Reseñamos ahora con mayor amplitud el bello Projeto para uma revolução fundamentalista de Nelson de Paula, quien formó parte del grupo surrealista brasileño y a quien se deben publicaciones muy valiosas, en particular Collage: um testemunho fenomenológico (1979), O plasma (1982) y A hóstia de Isis. Um kyrie vaudeville (1984). El primero es una indagación ensayística, lúcida y profunda, sobre el fenómeno del collage. O plasma, de 1982, contiene más de un centenar de poemas. Y A hóstia de Isis, presentado como “um kyrie vaudeville”, se compone de 31 collages que van de 1977 a 1984 y que conforman una colección “producida con sangre, gota a gota”. Otros títulos de Nelson de Paula son La imagen, soporte de la realidad (1977), Aulas de mágica. Introducción a la energía de los lucros (1993), No te contentes con poco (1995), La misión imposible (1997), Ruido del tiempo (2010).
Como artista plástico, Nelson de Paula ha participado en cinco exposiciones significativas del surrealismo: “La imagen de la revelación”, muestra surrealista de São Paulo, en 1996; “Convocatoria de los cómplices: 80 años del Primer Manifiesto Surrealista”, en 2004; “Sonámbula. Inconscientes para una geografía onírica”, en la Fundación Granell, 2007; “O reverso do olhar”, en Coimbra, 2008, y “El umbral secreto”, en Santiago de Chile, 2009.
Este Projecto consta de 16 poemas con sus correspondientes imágenes, está dedicado a Miguel de Carvalho y su “maravilloso concepto de «un mundo gobernado por poetas»” se nos apetece que sería aún más maravilloso un mundo gobernado por nadie, ni siquiera por los poetas, o, mejor que por los poetas, por la poesía, “esa joya fosforescente en el abismo”, como decía André Breton– y comienza con una “Declaración de los derechos del espíritu” para cerrarse con “La revolución de los bichos”. La galería de poemas es una invitación al sueño de una revolución radical y “sin prisioneros”, cuyo sentido expresa bien el titulado “Dulce exilio”: “En verdad / garantizo / que todos nosotros / fuimos definitivamente / exiliados / a un rincón del paraíso, / donde la estupidez / no logra penetrar, / ni con todo el esfuerzo / que las legiones de los mediocres / consiguen hacer. // Parece / egoísmo / y lo es, / pero tiene también / un lado / de liviana venganza / de la conciencia / profanada / tan cruelmente / todos esos milenios / por las reglas / del discurso”.
La revolución fundamentalista pide, en vez de “más valía”, “más sabiduría”, y “solamente / serán permitidas / fábricas / de sueños, / ya que / ningún otro producto / tendrá / cualquier / utilidad”. He aquí, en verdad, la “revolución” que nos interesa.

Breves

La colección de dvds “Phares” (www.studioswinwin.com) prosigue su labor incesante. Recordemos que cada dvd va acompañado de un libreto de unas 80 páginas.
Ya han salido los números de Yves Tanguy, Yves Elléouët, Marcel Duchamp, Jacqueline Lamba, André Breton, Alan Glass, Leonora Carrington, Max Ernst y Robert Desnos, Wifredo Lam, Jacques Hérold, André Masson y Alice Rahon. Los próximos estarán dedicados a Victor Brauner, Claude Cahun, Remedios Varo, Dorothea Tanning y –el que más ansiadamente esperamos– Toyen.
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Merl Fluin (Slag) ha elaborado un sesudo trabajo sobre el mito surrealista de lo primitivo, que puede leerse en el pdf adjunto.
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Un buen trabajo sobre la galería Gradiva ha hecho Renée Mabin. Puede consultarse en:
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Mañana jueves, en L’Inlassable Galerie de París (13 bis rue de Nevers, metro Odeón), se inaugura la exposición “L’Or aux 13 îles”, donde Jean-Christophe Belotti, fundador de la revista, reúne una selección de las obras reproducidas en los tres primeros números de su preciosa revista (esperamos reseñar próximamente el tercero). Y desde el lunes hasta el sábado próximos, Virgile Novarina, el sobrino-nieto poeta de Sarane Alexandrian, presentará, en el escaparate de la galería, de 9 de la mañana a 6 de la tarde, “En somme”, serie de actuaciones oníricas en que es experto máximo, como ya sabemos por el n. 2 de L’Or aux 13 îles y por el especial sobre el sueño de Supérieur Inconnu.
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En São Paulo se ha editado la traducción del estudio de Michael Löwy A teoria da revolução do jovem Marx. Este trabajo, de 1970, fue originalmente dirigido por Lucien Goldmann, y enfocaba, polemizando con la perspectiva de Althusser y sus discípulos, el desarrollo de dicha teoría, situándolo en el contexto de las luchas sociales de los años 40 decimonónicos. La edición francesa, ahora revisada y con un apéndice, es de 1997.
Michael Löwy defiende un marxismo abierto a otras corrientes de pensamiento social que puedan enriquecerlo, por lo que estamos muy lejos del marxismo dogmático o epigonal. En este aspecto, es crucial la influencia que sobre sus planteamientos ha ejercido el conocimiento y estudio del romanticismo revolucionario, lo que el propio Löwy, autor, con Robert Sayre, del capital libro sobre el romanticismo Revuelta y melancolía, expone en estos dos párrafos que actualizan el prefacio de 1997:
“Si mi lectura del joven Marx mudó en el transcurso de los más de 40 años que me separan de la primera edición de este libro, es ante todo por el descubrimiento, en tanto sociólogo de la cultura, de la importancia de la crítica romántica de la civilización burguesa, a la vez como dimensión –frecuentemente descuidada– del pensamiento del propio Marx y como poderosa fuente de renovación de la imaginación socialista.
Por romanticismo no entiendo simplemente una corriente literaria del siglo XIX, sino un vasto movimiento cultural de protesta contra la sociedad industrial/capitalista moderna, en nombre de valores precapitalistas. Se trata de un movimiento que comienza a mediados del siglo XVIII –Jean-Jacques Rousseau es una de las figuras emblemáticas de ese origen– y continúa activo hasta hoy, en revuelta contra el desencanto del mundo, la cuantificación de todos los valores, la mecanización de la vida y la destrucción de la comunidad”.
Lo cual nos sitúa en el propio surrealismo.
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Marcus Salgado, componente del grupo deCollage, ha publicado una edición de catorce relatos de Jean Lorrain, seguida de ocho textos sobre él, entre ellos la carta de 1914 en que André Breton le pone por las nubes a Théodore Fraenkel El señor de Phocas, novela de la que se ha dicho que fue como sus Flores del mal –de hecho, este poeta decadentista, pariente de Huysmans y Schwob, tenía a Baudelaire por su escritor favorito.
Recordemos que Marcus Salgado había publicado en 2007 A vida vertiginosa dos signos (Editora Antiqua), abordaje de las relaciones genealógicas entre decadentismo y surrealismo en cuanto herederos del romanticismo negro, con collages de Alex Januário, Rodrigo Mota, Konrad Zeller y Renato Souza.
El título de este volumen es A vingança do mascarado tomado del cuento que lo abre, pero que además designa ya uno de sus motivos centrales: la máscara. Marcus Salgado precede la selección de un excelente ensayo: “Mercurio en traje de gala para baile de máscaras”, y analiza su estancia brasileña y su proyección en los escritores del Brasil, apartado muy poco conocido de la figura de este escritor eterómano, maestro de lo bizarro y lo extremo.
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En el Instituto Cervantes se celebra una muestra de Jorge Camacho, encargándose de ella Juan Manuel Bonet, actual director del centro.

miércoles, 9 de enero de 2013

Aromas fourieristas del Brasil: Löwy, Januário, Zuca


En medio de la infamia de los totalitarismos y de la mediocridad también infame de la realidad aceptada, ayer y hoy, el surrealismo, ese capítulo en llamaradas líricas de la historia de la rebeldía, se ha atrevido a hablar del esplendor de la Poesía, de la magia del Amor, de la pasión de la Libertad. De los poderes alquímicos de la Imaginación. Y continúa y continuará haciéndolo.
Afrontamos con renovados bríos el año 2013, y lo iniciamos en “Surrealismo internacional” con imágenes de tres amigos brasileños.
Michael Löwy es uno de los grandes ensayistas del surrealismo, con libros de referencia sobre el surrealismo y el marxismo, sobre el romanticismo revolucionario, sobre Kafka como “soñador insumiso” y sobre Breton en Haití, aparte numerosos escritos más breves, y siempre incisivos, entre los que nos anuncia uno sobre Mariátegui y el surrealismo. Su faceta más lúdica es la que tenemos aquí, por un lado como descubridor de los revuelos del Ángel de la Matemática y por otro con El sueño del caballo amarillo.


Alex Januário, que desarrolla su ferviente actividad en el grupo deCollage, es un surrealista absoluto. Conocemos sus collages, de los que aquí tenemos otra vigorosa muestra, y ha iniciado recientemente una serie de dibujos automáticos, uno de los cuales adjuntamos. Actualmente deambula por el verano bonaerense y anuncia una nueva publicación, titulada Caixa gris.


En fin, no puede faltar una de las presencias más firmes y entrañables de estas páginas: Zuca Sardan, quien preside esta nota inaugural y recientemente ha publicado, en Gráffica Gralha, tirada de 22 ejemplares, los “lampejos” y “grafunhas” de Vermutes da Parca. Uno de sus dibujos se refiere precisamente a la Parca: “Parca viúva fiel / gosta de Pendurado / que dança na forca / o Bolero de Ravel”. El Ahorcado es además una de las figuras, por supuesto, de los arcanos que Zuca ha estado remozando estos últimos meses. En estas imágenes, tenemos dos de ellos, que acompañamos de las imágenes clásicas, y una página collagista de los Vermús de la Parca.

Guy Girard


He aquí una nueva autoedición de Guy Girard. Oda a una tetera apocalíptica refiere un diálogo del poeta con su tetera, y fue escrito para acompañar la exposición surrealista internacional de Pensilvania Toward the World of the Fifth Sun (2012), con vistas a “denunciar ciertas mistificaciones del masoquismo apocalíptico new age que preveía el fin del mundo para el mes de diciembre, y a honrar, con los antiguos mitos mayas que celebran la llegada del quinto sol, el pensamiento indio a la escucha del cual han estado los surrealistas tantas veces, maravillados” –y nada sorprenden, en tal contexto, las referencias a Charles Fourier. 
La imagen que reproducimos es el frontispicio de Pierre-André Sauvageot, y la Ode viene también traducida al inglés, por Ré Désabres. 
“¿Cuánto tiempo se seguirá hablando / del fin del mundo en vez de acabar / con este mundo?”

Galerie 1900-2000


Se celebra esta interesante exposición en la Galerie 1900-2000, una de las pocas galerías del mundo que merecen visitarse siempre.

Centenarios

Un vistazo a los nombres de Caleidoscopio surrealista para buscar los centenarios de 2013, nos valió para detectar otro fallo: Remedios Varo no nació en 1913, sino en 1908. Lo que no sabemos casi nunca es si este tipo de errores viene de una fuente ya viciada, o si se trata de un gazapo nuestro.
Este año es el centenario de algunos nombres que nos gustará evocar: Meret Oppenheim, Adolphe Acker, Adrien Dax, Slavko Kopac, Gherasim Luca, Carl-Henning Pedersen, Aimé Césaire, Ramses Younane, Endre Rozsda. También, de Roger Caillois, Patrick Waldberg, Esteban Francés, Wols, Braulio Arenas y Manuel Moreno Jimeno, que ya se nos apetecen menos.
Hoy adelantamos el homenaje que esperamos hacerle a Adrien Dax, con este estupendo relato onírico publicado en el n. 2 de Le Surréalisme, même (1957), dentro del grupo de cuatro sueños titulado “En el Gran Bazar del Hotel de los Sueños”. 

Crisis de la exterioridad

Se ha publicado hace algunos meses la versión española del volumen que, en 2008, apareció en Berkeley con el título de The Exteriority Crisis: from the city limits and beyond (Oyster Moon Press). 
Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras reúne una serie de ensayos articulados, como leemos en la solapa del libro, sobre dos ejes fundamentales: “un ejercicio de desbroce y análisis de lo que hemos denominado crisis de la exterioridad, y una experimentación de la potencialidad de la exterioridad para el reencantamiento del mundo”. Editan Enclave de Libros y el grupo surrealista de Madrid, a cuyos componentes pertenece la mayoría de los textos incluidos. Cinco de esos textos ya son conocidos por su aparición en Salamandra
Este conjunto de estudios demuestra, en efecto, que, “a pesar del asedio al que se ve sometida la exterioridad por la tecnologización paroxística de la sociedad industrial, reside en ella una de las mayores promesas de renovación sensible del hombre, y también una de sus más importantes reservas poéticas”. Algunas reflexiones teóricas, y sobre todo las experiencias en diferentes lugares de la exterioridad, muy vitales, y bien ilustradas fotográficamente, dan al volumen un carácter compacto. En especial destacamos los trabajos de Mattias Forshage, Bruno Jacobs, Guy Girard, Eric Bragg, Manuel Crespo, Noé Ortega, Lurdes Martínez y Eugenio Castro. De Eric Bragg hay que señalar que, en el n. 19-20 de Salamandra, se publicó un ensayo magnífico, titulado “La experiencia de la exterioridad en el mar de Salton”, que muy bien pudiera haber ido aquí. 
“La cuestión es, desde luego, preferir la parte maldita antes de que todo ello quede encerrado al servicio de la utilidad económica o ideológica. El valor en sí mismo. Y al mismo tiempo, las cualidades pintorescas de esos no lugares son, a menudo, sorprendentes. Pero dentro del marco de nuestro proyecto dedicado a los lugares sin valor, intentamos ir más lejos, y a través de un estudio más sistemático conseguir revelar los focos de resistencia donde uno menos los espera”. (Mattias Forshage)