domingo, 28 de marzo de 2021
sábado, 27 de marzo de 2021
El surrealismo y la logia masónica Thébah
Casi a la vez
que el espléndido libro sobre los sueños híbridos, me llega una obra de
importancia similar, pero concerniente al rico apartado del surrealismo y el
esoterismo. Se titula L’Arche utopique, ya que “arche” es la traducción
de la palabra Thébah, que designa a una logia masónica existente en Francia
desde 1901, a la que han pertenecido surrealistas y figuras próximas al
surrealismo, principalmente a fines de los años 50 y principios de los 60.
David Nadeau, quien ya había presentado sus credenciales como conocedor y
explorador muy inteligente de esta dimensión trascendental del surrealismo, es
a quien debemos este volumen que se une al de Patrick Lepetit, Le
Surréalisme. Parcours souterrain, aparecido en 2012 y donde ya se dedicaba
un capítulo a la cuestión específica del surrealismo y la masonería.
Sin duda la
logia masónica Thébah es algo muy diferente de la masonería en que primero
pensamos, y a la que han pertenecido y pertenecen personajes perniciosos del
poder político y económico. En sentido contrario, baste señalar que de la logia
Thébah formó parte René Guénon, uno de los pensadores más exigentes de la pasada
centuria.
David Nadeau
ha urdido un libro muy útil y de calidad excepcional. Lo ha estructurado en
tres partes: la primera está dedicada a los retratos de los surrealistas
asociados a la logia (algunos de los cuales se reunían por la época señalada en
el cabaret Le Port du Salut, que regentaba un masón); la segunda estudia los
grandes temas tratados por todos ellos; y la tercera es una antología de
textos, muy completa y repleta de piedras preciosas.
La galería de
retratos comienza con Henri Hunwald, alquimista y médico homeópata muy estimado
por André Breton, autor de un libro sobre Paracelso y fundador con René Alleau
del importante Circle Hermes. Alleau es la figura siguiente, y recuérdese que a
él dedicamos aquí un homenaje con motivo de su muerte, reproduciendo muchos de
sus escritos. Siguen Bernard Roger, Guy-René Doumayrou, Élie-Charles Flamand,
Jean Palou, Roger Van Hecke, Jean-Pierre Lassalle y Eugène Canseliet. De Jean
Palou nos hemos ocupado aquí en dos ocasiones: con motivo de la publicación de
su correspondencia con Breton y con motivo precisamente del estudio que le
dedicó el propio David Nadeau en la revista Ritual, Secrecy, and Civil
Society (reseña que aproveché para presentar algunos de sus textos en
revistas surrealistas, entre ellos el maravilloso “Presencia en Rávena”). La
semblanza que se hace de Roger Van Hecke es la que tiene para mí aportaciones
más novedosas; en Caleidoscopio surrealista apunté que era alguien a
quien se debía tener en cuenta, pero carecía yo entonces de información
suficiente para dedicarle una entrada, que sin duda merece. Lassalle es una
figura que ha crecido con el tiempo, un verdadero maestro, poeta suntuoso y
pensador lúcido y generoso; David Nadeau muestra conocerlo muy bien, lo mismo
que a ese poeta inmenso que era Flamand. En cuanto a Canseliet, aunque no
perteneció a la logia Thébah, estuvo asociado a Alleau y a Flamand (y a Jorge
Camacho) y es a través de él cómo ejerce su gran influjo Fulcanelli.
La sección de
“Arcanos” se divide en estos capítulos temáticos: “Lo maravilloso”, “Utopía y
subversión”, “Las ciudades herméticas de Bernard Roger y Guy-René Doumayrou”,
“La caballería”, “El Santo Imperio” (como opuesto al siniestro Papado) y “Sobre
misteriosos herreros”, donde David Nadeau retoma su magnífico trabajo de Surrealists
and outsiders en torno a la tradición iniciática representada por los
dioses herreros de la antigüedad prehelénica y los lazos entre los cabiros, los
pelasgos y los dioscuros. Concluye Nadeau que “la francmasonería, para ciertos
surrealistas, sean o no iniciados, ha sido y continúa siendo uno de los
vectores de la búsqueda de lo maravilloso y de la exploración de lo invisible”.
Entre esos surrealistas francmasones se añaden los nombres de Henri Siegle,
Roland Sig, Endre Rozsda, Fernand Dumont, Ithell Colquhoun, Marie-Dominique
Massoni y Patrick Lepetit. Al margen de esto, ya que David Nadeau prodiga sus
referencias a la alquimia, me ha extrañado una ausencia: Maurice Baskine, figura
suprema del esoterismo surrealista.
La antología
se abre con un ensayo de Hunwald sobre los orígenes cósmicos del pentagrama. De
Alleau se recogen sus tres textos en Médium, la respuesta a la encuesta
del mundo al revés en La Brèche y el ensayo en La civilisation
surréaliste. De Bernard Roger sus intervenciones en L’Âge du Cinéma,
Le Libertaire, la exposición Eros y L’Archibras. De Doumaryou las
de Le Libertaire, Eros y Surréalisme. De Flamand poemas y
artículos y textos clásicos en Médium, Le Surréalisme, Même y –más
recientemente– Supérieur Inconnu, a donde lo convocó Sarane Alexandrian,
siempre tan interesado en esta vertiente del surrealismo. Los textos de Palou,
como los de Alleau, ya fueron aquí todos antologados, y muy interesante es la selección
que se hace de Lassalle, quien sigue siendo un gran autor secreto.
Este es un
libro de lectura apasionante y, como Rêves hybrides, un tónico
maravilloso para los tiempos que corren. Las ilustraciones son numerosas y
están muy bien elegidas, empezando por las de portada y contraportada: un
tríptico hermético de Guy-René Doumaryou abierto y cerrado, que hace pensar en
el Phantasophe-Roc de Baskine. El conjunto merecería, eso sí, una edición de
más calidad, y si digo que lo ideal hubiera sido su aparición en las ediciones
de Sonámbula, creo que lo dejo dicho todo.
*
David Nadeau da
el enlace de este ensayo de Marie-Dominique Massoni, que yo no conocía y que
trata sucinta pero óptimamente la cuestión del surrealismo y el hermetismo:
martes, 23 de marzo de 2021
Sueños híbridos de Sonámbula
Desde sus
orígenes, el surrealismo apostó por los poderes exaltantes del sueño, y hoy
mismo no solo existen dos boletines oníricos que expresan la continuidad
ininterrumpida de esa preocupación, sino que siguen apareciendo publicaciones
muy notables, como la que hoy nos ocupa.
Las ediciones
Sonámbula, cuyo primor en el cuidado de sus libros no es ninguna novedad, pero
sí un placer renovado, data en diciembre de 2020 esta obra que pasa a ocupar un
lugar ineludible en toda biblioteca onírica surrealista que se precie. Rêves
hybrides es el título de este trabajo conjunto de Antoine-Vincent L’Amor y
Sabatini La Siesta, “para una actividad onírica colectiva”. La originalidad del
planteamiento es esa precisamente: salir del caparazón individual y dotar a la
noción de egregor de una “dimensión onírica”. Los dos soñadores (¡de nombres ya
de por sí oníricos!) explican en la introducción el método, practicado durante
varios años, en que yuxtaponen sus sueños según una serie de afinidades, con
diferentes formas de hibridación, muchas veces potenciándose los sueños entre
sí, al revelar los lazos fortuitos y secretos que contienen. Sorprende el
carácter unitario que descubrimos en este encuentro de mundos oníricos
diferentes. Cada texto lleva un título y el collage de dos fotos que ilustran
algún motivo de cada uno de los dos sueños.
No hay imagen
más adecuada que la de El sueño de Puvis de Chavannes para actuar de
portada: un grupo de campesinos (esa raza ya desaparecida de Occidente, que
odiaba al Estado y nunca ocultó su rostro) sumidos en el sueño, una noche de
luna llena, junto al mar. Acorde con ella, el prólogo de Guy Cabanel subraya el
carácter poético de la investigación de L’Amor y La Siesta y la asocia a la
propuesta de Ducasse y a la práctica de los cadáveres exquisitos, pero los
propios autores completan este juicio enraizándose en la actitud hacia los
sueños de los pueblos primordiales, esos de los que hoy está el mundo más
alejado que nunca, tanto que no deja de chirriar un poco la pretensión de ir
hacia un “comunismo onírico”, cuando la época hasta busca por todos los medios
acabar con el propio contacto humano, o como mínimo (objetivo ya logrado) amordazarlo.
Al final se
suman unos “walkie-talkies”, frases escuchadas en el sueño que se unen del
mismo modo que los sueños, dando resultados chispeantes.
info@sonambula.org
Leeds, Will Alexander
Publicación
del grupo de Leeds:
Will
Alexander:
*
Otra galería de imágenes sobre/contra la dictadura sanitaria y la actual putrefacción de la conciencia, en el vano intento de recordar que la libertad no es un derecho, sino un deber.
domingo, 14 de marzo de 2021
Annie Le Brun
En una semana parca en
noticias, me limito a apuntar este libro de Annie Le Brun, que ya reseñaré aquí:
*
Y para
celebrar el primer aniversario de fascismo sanitario y nueva subnormalidad, otra galería de
imágenes:
jueves, 4 de marzo de 2021
Rescate de Humphrey Jennings escritor
Esta muy
importante publicación de la poesía y la prosa de Humphrey Jennings, a cargo de
Michel Remy y Neil Coombs, lo que le da plenas garantías, rescata sus textos
dispersos en revistas de la época y una serie de inéditos:
*
Este cuadro de Humphrey Jennings perteneció muchos años a André Breton:
![]() |
| La fábrica de perfumes, 1934 |
“Littérature”, n. 18, marzo de 1921
Este número de
Littérature destaca por la inclusión, en sus primeras páginas, del juego
“Liquidation”, en que los amigos dadaístas y futuros surrealistas calificaban a
un mogollón de nombres del -25 al +20. El sistema escolar, pese a ser,
obviamente, “bastante ridículo”, permitía presentar “lo más simplemente
posible” su punto de vista, con la intención más de “descalificar” que de
“calificar”. Se iniciaba aquí la afición lúdica del surrealismo. Yo mismo, hace
ya no sé cuántos años, puse mis valoraciones a un lado de la lista, con tantos
-25 como Tzara, pero también con muchos positivos altos: Cravan, Ducasse y
Nerval, 19; Rigaut, Sade y Vaché, 18; Péret, 17; Chirico, Duchamp, Rimbaud y
Roussel, 15; Max Ernst y Swift, 15; Arp, Bonnot, Breton, Jarry, Man Ray, Henri
Rousseau, Strindberg y Van Gogh, 10... Hoy podría remozarse este juego tan
sencillo.
Los nombres
mejor valorados por los participantes (excluidos los de ellos mismos) fueron
Chaplin, Rimbaud, Ducasse, Jarry y Apollinaire.
Hay en este
número dos grandes textos: la “Novela de un joven pobre” de Rigaut y las “Ideas
de un pintor”, donde Breton habla de “reencontrar los poderes perdidos”. El
pintor es André Derain, con quien Breton tuvo estrecha relación, estudiada muy
bien por Isabelle Monod-Fontaine en el formidable catálogo de 1991 André
Breton. La beauté convulsive y por Étienne-Alain Hubert en Circonstances
de la poésie. Reverdy, Apollinaire, surréalisme (2011). El artículo de
Breton se incluiría en Los pasos perdidos.
*
En las
primeras semanas de marzo tuvo lugar la rebelión de Kronstadt, aplastada por el
Ejército Rojo. La feroz represión basta para considerar a los bolcheviques y su
cheka como unos repugnantes criminales (Trotsky, a pesar de haber estado ausente, asumiría diecisiete años después la “responsabilidad”, tildando a sus detractores de “idealistas” y “pacifistas”).
1921 fue un
año de obras muy importantes que podemos considerar ya surrealistas. Se
publicaron Aniceto o el panorama de Aragon, El pasajero del
trasatlántico de Péret y Las necesidades de la vida y las consecuencias
de los sueños de Éluard. Man Ray hizo sus primeros rayogramas y el objeto Cadeau;
Marcel Duchamp su objeto Why not sneeze?; Max Ernst las pinturas Oedipus
Rex y El elefante Celebes.
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