Una de las cartas de analogía publicadas en el número 5 de Le Surréalisme, même (1959) es la de Henri Rousseau:
En 1961, el primer número de La Brèche contiene un largo ensayo de André Breton, interrogándose sobre Rousseau como escultor, que puede leerse también y mejor en Le surréalisme et la peinture. A este ensayo pertenece la siguiente declaración, en letras mayúsculas: "D'INTÉRÊT DÉRISOIRE AU POINT DE VUE RÉALISTE, CES OEUVRES SONT BEL ET BIEN DE RESSORT SURRÉALISTE AVANT LA LETTRE (au même titre que les premiers Chirico)".
Al año siguiente, 1962, Fuego libre, espléndido libro de Enrique Molina, contiene un poema que nos remite a uno de los más bellos y conmovedores cuadros del aduanero:
En 1963, Vratislav Effenberger dedica una monografía a Rousseau, como hará Renzo Margonari en 1978. A otra gran figura del surrealismo checoeslovaco, Karol Baron, se debe este Homenaje a Rousseau, de 1985, perteneciente a su ciclo "Día, semana, mes, año":
Por último, de los años 80 es una de las características cajas de Allan Glass, La flauta de Rousseau:
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Para José Pierre, Niño en las rocas era una de las obras más "oníricas" que había conocido:
El mismo José Pierre señala cómo la obra de Rousseau (y lo parafraseo) concluye con un himno triunfal al sueño femenino, identificado con la mujer misteriosa y radiante, y André Breton escribía, de esa maravillosa obra, El sueño: "En este gran lienzo, toda la poesía y con ella todas las gestaciones misteriosas de nuestro tiempo están incluidas; ninguna otra me hace sentir, en la frescura inagotable de su descubrimiento, el sentimiento de lo sagrado":




