lunes, 30 de diciembre de 2013

Variedades

Ahora que los objetos surrealistas de la era “clásica” se exponen en París,  aprovechamos para presentar este documento con los objetos de sueño que Bruno Jacobs, Petra Mandal, Kim Fagerstam y Robert Lindroth expusieron en 2005 en la galería Candyland de Estocolmo, bajo el título “The true for five sens”.
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Una interesante entrevista a Alain Graubard puede leerse en esta dirección:
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Se anuncia para junio de 2014 la exposición “La chasse à l’objet du désir”, organizada por la Liaison surréaliste à Montréal. Las palabras al respecto de este colectivo evidencian una postura opuesta al orden cultural dominante y sus capciosos canales, postura que debiera caracterizar a los grupos surrealistas:
“Las facultades sensibles y mentales que pueden transformar nuestro contexto íntimo, social y político surgen en el bosque íntimo del deseo. Que ello ocurra en el murmullo nocturno, el sueño, la creación de una imagen, la formulación de un sonido, en la aventura amorosa o la irrupción del azar que provoca los encuentros, en la desobediencia y los gritos de luchas y de emancipación social, el deseo nos atraviesa como nos asedia. La evocación de su poder encantador devuelve a la realidad lo que vale en ella de ser vivido. Sobre esta línea proponemos esta exposición colectiva. Se trata para nosotros, en tanto que agrupación de creación poética, de asumir el carácter colectivo de nuestra trayectoria instaurando nosotros mismos un espacio autónomo de exposición en vez de seguir ciegamente la uniformización invasora. Los peritos de la alienación se aplican en distraer el mundo hacia su catástrofe, y la mutilación sistemática de la vida –denominada alegremente «civilización»– parece barrer todas las instancias verdaderas del júbilo humano. Rechazando este deterioro del espacio público, no sabríamos comunicar la especificidad de nuestro proyecto a través de los medios jerárquicos y racionales de los organismos institucionales. Sin por ello sucumbir a las quimeras de un radicalismo ascético, nuestra marcha se esfuerza por desertar de los corredores del orden cultural establecido”.
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Entre las noticias del blog que mantiene el Surrealist London Action Group, y tras la referida a la exposición “Levitandum” de Kathleen Fox y Patrick Hourihan, resaltemos, en el pasado semestre, la exposición de collages por Wedgwood Steventon, la colectiva de título “Mysteries of the Red Planet” y la de John Welson “13 Flowers”, en el Radnorshire Museum.
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Los aforismos completos de Pierre Peuchmaurd han sido reunidos en el libro Fatigues, incluyendo algunos inéditos. Edita L’Oie de Cravan.
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El n. 3 de L’Échaudée, revista de “crítica social, poesía y utopía”, ya circula. En la parte inicial hay una entrevista a Daniel Blanchard, ex miembro de Socialisme ou Barbarie, con motivo de la publicación de su libro Crise des mots. Blanchard habla de poesía y revolución, de los situacionistas, del mayo francés, de la poesía y el surrealismo... –cuestión esta última sobre la que no tiene nada que decir, ya que él reduce la poesía a la cosa escrita, mientras que para el surrealismo es una manera no solo de decir sino de ver, de pensar, de vivir... Como siempre en estos pensadores monotemáticos, sus reflexiones van dando bandazos del interés al sopor. La práctica política de los situacionistas en el mayo francés dice que fue “una pura y simple impostura”, pero nada más. A colación sí me gustaría traer esta declaración de Marcel Mariën, 24 años posterior a aquellos eventos: “En 1968, cuando la estrella de Moscú, un momento rehabilitada por los horrores de la guerra mundial, comenzó a palidecer, toda la generación nueva, ebria de marxismo, rechazó el modelo soviético para saludar la parusía china, nueva encarnación de la esperanza. Hasta el día en que, una vez más, llegó el desencanto. El entusiasmo desmesurado no había sido más que un fuego de paja y todos los rebeldes se reencontraron, una vez sentadas las cabezas, provistos de una bella situación, la misma que habían abucheado.” Las cursivas no son mías.
Del surrealismo registramos nuevas colaboraciones de Guy Cabanel y Alain Joubert. Cabanel selecciona dos jornadas más de su Journal intime (1943-1953), que suceden a las cuatro del número anterior. Este es un diario onírico, de título irónico, por lo que nada tiene que ver, por supuesto, con esos diarios de los que ha dicho Joël Gayraud: “El siglo XX ha inventado la aberración literaria del diario íntimo destinado a ser leído y publicado en vida del autor. Ese falso diario íntimo, que yo llamaría diario éxtimo, me parece el género más sospechoso que existe”. Y antes que él, Louis Scutenaire: “Los autores de diarios íntimos confiesan sin pudor sus defectos físicos, morales o psicológicos. Ello se debe a que consideran que sus lectores no pueden ser sino desfallecientes como ellos; los hombres sanos no se interesan por las confesiones de los otros”. Diarios de esos siguen saliendo (y hasta en varios tomos), muchas veces ni dándose cuenta quien los escribe de esos “defectos”, que incluso son ostentados con vanidad.
De Alain Joubert hay dos textos, como siempre del máximo interés. El más largo versa sobre la individualista revolucionaria Gabrielle Wittkop; como Joubert piensa que puede ser mal interpretado al hablar del feminismo –y eso que su texto es totalmente nítido–, puntualiza las cosas en una nota inicial. ¡A lo que hemos llegado! ¡Que el biempensantismo izquierdista –tan execrable como el que antaño reinaba– obligue a temer, o tan siquiera a preocuparnos, por las interpretaciones que algunos cretinos y cretinas hagan de nuestras palabras!
Destaquemos por fin los sueños de Alfredo Fernandes y la evocación del icariano Étienne Cabet.
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Los escritos sobre arte de Georges Limbour se han publicado en un volumen de 1328 páginas: Georges Limbour, spectateur des arts. Écrits sur la peinture. Van de 1924 a 1969, por lo que solo la primera parte coincide con el surrealismo.
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Un catálogo que recomendamos evitar es el titulado Surrealismo. Vasos comunicantes, del Museo Nacional de Arte / Ediciones El Viso. Se trata del típico catálogo historicista, en capa y cara dura, donde se acumulan los despropósitos sobre el surrealismo. Se supone que se centra en México, pero absolutamente nadie se ocupa de los artistas mejicanos poco o nada conocidos de los que hay ilustraciones a lo largo del volumen (siendo esas ilustraciones, quizás, el único interés del libro). Antes al contrario, se abre con tres trabajos donde, por enésima vez, se pasa revista superficial al surrealismo parisino en su estipulada historia del 24 al 69. Ya la presentadora de la función dice que 1969 es el “año de disolución”, mientras que Didier Ottinger va del 19 al 69, repitiendo lo mismo de siempre, como hace del 29 al 33 Serge Fauchereau, quien ya se merece algún premio por la constancia de su inquina hacia André Breton. Las repeticiones bostezantes se dan también en el típico “panorama” de Juan Manuel Bonet, picoteando urgentemente aquí y allá, y sazonando el conjunto con alguna que otra “confidencia” (como la de Elisa Breton cuando en París “se me quejó”, dice, de que Breton no quisiera aprender la lengua española ni conocer su literatura), o en el artículo de Fabienne Bradu sobre Péret, Breton y Artaud en México, materia que ya ha abordado en sus libros con más detalle, aquí ofreciendo pues una versión a lo reader’s digest. Todo esto es inocuo, pero no falta lo inicuo: un ex agregado cultural y fundador de una agencia de desarrollo que habla del “papa del surrealismo” y acaba situando el surrealismo en México a la altura del surrealismo en París, una indigesta tapa de lacán con grelos y un vomitivo artículo de un admirador de Xavière Gauthier, doctor, médico y psicoanalista, que abre su trabajo con la ultraacadémicamente arcaica batalla del “superrealismo” y el “sobrerrealismo”. No faltan de vez en cuando los motivos favoritos del antisurrealismo, como la interpretación descontextualizada del “acto surrealista más simple”, o el pase de revista a las mujeres que había en los primeros grupos surrealistas, tan alejados de la paridad. Patético.

Erratas, lapsus, errores

Vasto es el universo de las erratas y los gazapos, verdadera pesadilla de quienes hacen libros. Existe en español hasta una monografía, de José Esteban, dedicada a la cuestión; la leí hace un par de décadas y no la tengo a mano, pero recuerdo la historia de un escritor que garantizaba rotundamente, en un breve colofón, la inexistencia de una sola errata en todo su libro, deslizándosele una... en el propio colofón.
Al revisar Caleidoscopio surrealista para su segunda edición, me han aparecido erratas y despistes de todo tipo, más de la cuenta, y que son el único disgusto de un libro en el que no tengo otra cosa que lamentar, como no sea, muy raramente, algún que otro juicio que hoy puede parecerme injusto o alguna que otra ausencia. Entre las erratas no incluidas en el capítulo de correcciones que puede consultarse en un apartado de “Surrealismo internacional”, hay tres que me han sorprendido, y que no pertenecen a las categorías habituales (errores de fechas, de números de revistas, de algún título, de alguna traducción, de nombres próximos como Alain Joubert /Alain Jouffroy o Jorge Cáceres/Jorge Camacho).
Una de ellas convierte “Tempestad en la cámara oscura”, el clásico texto de Radovan Ivsic sobre un fenómeno fotográfico de azar objetivo acontecido con su retrato “analógico” de Mimi Parent, en... “Tempestad en la arena”.
Otra pone en la portada de la publicación colectiva Violette Nozières, que yo siempre he sabido perfectamente que lleva una foto de Man Ray con una N hecha de varas de azúcar rotas sobre un ramo de violetas, la muy conocida pintura de Magritte La violación, que es un año posterior, y que donde apareció fue en la portada de la edición belga del Qu’est-ce que le surréalisme? de André Breton. Y es que muchas veces, al revisar un texto se está pendiente de las erratas expresivas y formales más habituales, y no se repara en las de contenido, por grandes que sean.
Pero la que me ha dejado más perplejo es la que aparece al principio de la entrada de Wilhelm Freddie, quien, como es bien sabido, nació y vivió en Copenhague. Pues bien: ahí se dice que prácticamente se crió en el Instituto de Patología General (donde trabajaba su padre) de la universidad de... Grenoble. Cómo demonios fue a parar ahí el nombre de Grenoble, creo que es algo que nunca podré saber.
Hace unos días, manejando los textos de Pierre Peuchmaurd, me lo encontré quejándose airadamente de que Édouard Jaguer (otro experto en gazapos, lo que me sirve de algún consuelo) había cometido el pecado mortal de poner mal la fecha de nacimiento de Valentine Penrose. Pues bien: al par de minutos me encontré a Pierre Peuchmaurd citando mal el título de un ensayo de Paul Nougé que afirmaba haber sido decisivo para él.
Alejandro Puga, ese gran poeta argentino, leyó antes de su publicación la nota que le dediqué, y a él mismo se le escapó que su libro La inspiración del universo aparecía como La respiración del universo, errata que en este caso, eso sí, no deja de tener su encanto poético. Otro caso cercano es el de Laurens Vancrevel quien, al consultarle el capítulo holandés, no reparó de entrada en que aparecía repetidamente mal el nombre de Emile Van Moerkerken, como Van Moerkeren. Por supuesto que con estos dos ejemplos no quiero disculparme, sino señalar la universalidad del fenómeno aún en quienes más confianza podemos tener para algo muy concreto. ¡Ni son estos  despistes de Jaguer, Peuchmaurd, Puga o Vancrevel lebranchos como el de Grenoble!
Tiene esta plaga también algo de divertido, pero con todo prefiere uno continuar de modo implacable la caza a las erratas, errores y gazapos que son el tormento de quien trabaja en obras vastas y en laberintos como el surrealismo. Desde esta ciudad de Oklahoma (isla de Tenerife), seguiremos hasta 20114 esa cacería inplacable a su majestad la errrata.
Por lo demás, lo importante será siempre la sustancia del contenido, y Caleidoscopio surrealista habrá conseguido, y seguirá consiguiendo, creo, su principal objetivo: contribuir a demostrar con contundencia que el surrealismo, aventura enorme del espíritu, revuelta contra un mundo inadmisible e injustificable (hoy como ayer), modo de vivir y de ver y sentir la vida regido por la poesía, no nació en 1924 (o 19, o 16) y feneció en 1969 (o incluso antes, para otros enterradores), sino que nunca se ha interrumpido desde aquellas fechas hasta el presente. El almanaque ya impreso de Brumes Blondes, como recientemente Other Air y el número 2 de A Phala, o como el segundo número de Hydrolith que se anuncia para 2014, o como infinidad de publicaciones y eventos personales y colectivos, lo expresan del modo más fehaciente –sin errata posible.

jueves, 26 de diciembre de 2013


Actualidad de Guy Ducornet


El excelente sitio de Guy Ducornet en la red acaba de incorporar sus collages  más recientes, lo que es de noticiar porque Ducornet es sin duda uno de los que ha traído al collage surrealista un aire absolutamente novedoso, y ello desde hace algunas décadas. Las series de las que hay ejemplos en su página (también con pinturas, cajas y esculturas) son “Visions”, “Tour de Babel”, “Glaciation”, “Eclosion”, “Exchange”, “Cibles & Primalphabets”, “Fuite”, “Tableau noire”, “Niagara”, “Gradiva & Stereogrames”, “Jardins & Night & Day”, “Clair de terre”, “Histoires sans paroles” y “Coquilles & Hemisphères”, componiendo en conjunto toda una fiesta de imágenes de extrema originalidad, y saturadas de sentido y de maravillamiento.
http://www.guyducornet.com/en/

Sobre el objeto surrealista

Malas referencias me han llegado del Diccionario del objeto surrealista, por lo que hemos de contentarnos con este ensayo hecho al alimón por Emmanuel Guigon y Georges Sebbag, quienes han aunado fuerzas para un resultado evidentemente muy competente, y que además asume formas lúdicas en la exposición, sobre todo en el muy fino capítulo primero. Como es de rigor en estos estudiosos del surrealismo, la época enfocada no va más allá de la era Breton, pero sin centrarse solo en el grupo de París, ya que hay apuntes sobre los grupos de Bélgica, Rumanía o Praga, muy ricos en la materia.
El lector español tiene el privilegio del soberbio catálogo de Guigon El objeto surrealista (Ivam, 1997), y muchos de los breves textos que componen este Sur l’objet surréaliste (Les Presses du Réel, colección Dedalus) le resultarán conocidos. Las intervenciones de Sebbag, planteando siempre cuestiones, son también detectables a quien esté al tanto de sus habituales preocupaciones.
K. Fijalkowski, "Una promesa", 2001
El objeto surrealista surge como respuesta a la invasión de objetos industriales que se produce en los países occidentales a comienzos del siglo XX, un fenómeno que, como es tristemente sabido, no ha hecho sino agravarse hasta extremos aberrantes. Marcel Duchamp, con sus “ready-mades”, da una respuesta, pero la surrealista podríamos decir que surge con El enigma de Isidore Ducasse, de Man Ray, año de 1920. Este “folletín” del enigma del objeto surrealista, objeto que se sitúa “entre desmistificación de la obra de arte y reinvención de lo real”, es un paseo a que Guigon y Sebbag nos invitan desde aquella fecha, con hitos como Meret Oppenhein, Salvador Dalí, Maurice Henry, Hans Bellmer, Albert Giacometti, Marcel Broodthaers o Konrad Klapheck (aunque la lista es enorme), capítulos sobre los maniquíes, las bolas de nieve (y el tema del ojo), los objetos dislocados (y el cuerpo desmembrado), los poemas-objeto de André Breton, los objetos oníricos, los objetos en las exposiciones, etc., y pequeños apartados magníficos, en particular el dedicado a los siete objetos robados de Aniceto o el panorama de Aragon y el que nos exalta con el recuerdo del “dandy de las trincheras”, o sea Jacques Vaché, transfigurando de modo pasmoso la realidad más espantosa. La única pena es que no vayan acompañados los textos de más imágenes, por mucho que la mayoría de las referidas sean bien conocidas.
El objeto surrealista continuó, por supuesto, su travesía después de 1969. En el Bulletin de liaison surréaliste ya encontramos el juego de los objetos paralelos, y sobre todo la intervención checa en torno a Jan Svankmajer y su verdadera apoteosis de los objetos, que nunca se detendrá hasta el momento presente, como muestra el catálogo Other air. A la vuelta de la esquina, podríamos nombrar los objetos de sueño de Patrick Hourihan o las jornadas celebradas por el grupo surrealista Salamandra con el título de “La noche de los objetos vivientes”.

Michel Zimbacca, "La pipa-taza", 2007

Más surrealismo portugués

Mário Cesariny,"Los cazadores", sobre foto de 1848

El surrealismo portugués se desdobla desde hace unos años entre la actualidad en torno a la Cabo Mondego Section y las recuperaciones y estudios de la época Cesariny.
Con motivo de los  VII Encontros Mário Cesariny se ha editado una preciosidad de pequeño álbum, Le temps des pionniers, que reproduce las páginas intervenidas, ordenadas y numeradas por Cesariny en 1996, a partir de la obra Le temps des pionniers. A travers les collections de la  Société Française de Photographie, que se había publicado nueve años antes. Cesariny interviene sobre 22 fotos, tan pronto dando rienda suelta a su lirismo (Homenaje a Gauguin) como a su espíritu burlesco (Gustavo Doré con mi bufanda), pero siempre sin duda refocilándose con esta suma de dibujos, inversiones, pinturas y collages que aplica a las viejas fotos.
Al mismo tiempo ha salido el cuaderno n. 12 del Centro de Estudos do Surrealismo. Se trata de un buen estudio sobre los “territorios de convergencia intelectual” de António Maria Lisboa y Mário Cesariny, realizado por Michele C. Rocha, quien muestra no solo estima hacia estas dos grandes figuras, sino un conocimiento sólido y profundo de la obra de ambos. Nadie mejor que ella, en la página inicial de su trabajo, puede dar idea al lector del contenido de este muy rico trabajo:
“Partiendo de las obras esenciales de António Maria Lisboa, se clarifican conceptos y problemáticas subyacentes a su pensamiento, en concreto la articulación de la noción de poeta con la de mago en la tradición alquímica y esotérica, aspirando al conocimiento absoluto, así como al reencuentro y unión con Sagir, la Mujer-Madre, entendida como dimensión unificadora, potenciadora de expansión y polarización en la totalidad del mundo visible.
Tomando como referencia el pensamiento de António Maria Lisboa –en particular conceptos como «cuerpo enriquecido»–, se identifican en la obra plástica de Mário Cesariny territorios de convergencia, centrados en la problemática del cuerpo reconstituido, reveladores de una transmigración de lo poético a lo plástico.
En sintonía con la poética de António Maria Lisboa, el estudio de las «meninas poesía» de Mário Cesariny muestra en estas representaciones la afirmación de la identidad poética del artista, asumida como expresión y realización integral del individuo que reúne en sí la multiplicidad, catalizadora de la expansión en la totalidad.
Por último, se aborda la presencia de la temática marina en la obra plástica de Mário Cesariny, tomando como objeto del estudio la serie Líneas de agua, en una perspectiva que considera más de una vez la visualidad del autor como confluencia entre lo plástico y lo literario. El estudio evidencia en estas representaciones una identificación con lo femenino y lo materno, asumidos como espacios de integración y unificación, testimonios de un sentimiento primitivo de unidad e integración corporal”.

Derivas del surrealismo

Esta publicación de más de 500 páginas y 26 trabajos, titulada El surrealismo y sus derivas: visiones, declives y retornos (Abada editores, Madrid, 2013) y coordinada por Eduardo Becerra, viene enriquecida por un disco que contiene la reproducción, con estudios correspondientes, de las revistas Mandrágora, Leitmotiv, A partir de cero, Que, Ciclo, Postismo, La Cerbatana gaceta de arte (su número surrealista) y el Boletín Internacional del surrealismo firmado en Tenerife. Como ya indiqué hace unas semanas, se encuentran también disponibles en la red.
El propio título ya señala la pluralidad de orientaciones, encajadas en una serie de secciones que son “Cuestiones generales”, “El surrealismo en sus revistas”, “Literatura” y “Artes visuales”. Pero lo que al fin y al cabo interesa es la valía y el interés de los trabajos, inevitablemente desigual. El coordinador merece ser felicitado porque, a pesar de tratarse de un “proyecto de investigación” de esos con que hoy se atavía la institución universitaria, ha dado entrada a nombres no universitarios, e incluso a dos componentes del surrealismo, José Manuel Rojo y Eugenio Castro, del grupo madrileño Salamandra. El primero trata extensamente las relaciones entre surrealismo y política y el segundo traza un panorama del surrealismo “en su presente”, muy útil dada la inconciencia de ese presente que tienen quienes estudian el surrealismo, o simplemente se interesan por él. Ese panorama es incluso más rico que el ofrecido, en parte porque se atiende solo, o sobre todo, a las “afinidades electivas” del grupo madrileño y en parte porque faltan referencias posteriores a la fecha de escritura. Los grupos de Chicago, París, Praga, Estocolmo, Leeds, Londres y Madrid son los enfocados, más breves referencias a la actividad de Brumes Blondes y a los grupos de Ioanina, Atenas y Estambul. Hay que añadir a todo ello la intensa actividad en los Estados Unidos al margen del grupo de Chicago –contemplada en la impactante obra Invisible heads, 2011–, la no menos intensa que ha lanzado en los últimos años Miguel de Carvalho en Portugal –con exposiciones de excepcional aglutinación, la formación de la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism y la tan rica como lujosa revista-objeto Debout sur l’Œuf–, el grupo deCollage en Brasil –donde como siempre continúa el grupo de Sergio Lima, quien acaba de editar el n. 2 de A Phala–, la eclosión del grupo Derrame en Chile, los números monográficos de Patricide que coordina Neil Coombs en el Reino Unido... Un volumen de envergadura, Hydrolith, apareció hace un par de años, además con la colaboración de los propios surrealistas madrileños. Ese volumen es ahora mismo la principal muestra del surrealismo “en el presente”, pero no menos capital es el catálogo Other Air de los checos y eslovacos, también de hace un par de años. En fin, quien siga “Surrealismo internacional” tiene conocimiento detallado de todo esto.
A lo largo del libro no hay rastro de lo del “papa del surrealismo” ni de la “misoginia” surrealista, y en general no se ha dado cancha a los insultos y calumnias de rigor. Eso sí, aquí y allá encontramos tópicos de costra dura: “ortodoxia”, “estética”, “escuela”, surrealismo “oficial”, surrealismo “francés”, surrealismo como momento de las vanguardias, Nadja “novela”, etc., y no falta quien evidencie haberse quedado en 1969, quien llame surrealismo a lo que no lo es y se ocupe de la explotación literaria del surrealismo (esto podría dar pie a unos dos mil proyectos de investigación), quien se apoye aún como autoridades en Guillermo de Torre o en Maurice Nadeau o quien dé muestras de ese chovinismo hispanoamericano que es tan despreciable como cualquier otro.
En la primera sección, hay un buen trabajo de Rita Eder relacionando a Benjamin Péret con Paul Westheim, crítico alemán estudioso del arte prehispánico, que llega a México al mismo tiempo que Péret: dos miradas diferentes sobre la misma materia. En la sección de revistas, se estudian tres argentinas: Que (todos le ponen acento, cuando Pellegrini dejó claro que era el relativo desnudo de tilde), Ciclo y Letra y Línea. En Chile tenemos Mandrágora y Leitmotiv. En dos de los tres trabajos, sendos profesores aprovechan para ocuparse de Mandrágora y la guerra civil española –que da siempre tan buenos dividendos–, haciendo así carambola con dos proyectos de investigación a la vez. Ninguno aprecia el movimiento Mandrágora, por lo que merece destacarse que, al menos en una nota de su trabajo, Eduardo Becerra, que tampoco lo aprecia mucho, se haya preocupado algo por explicar la cercanía de los chilenos al grupo de París, que todos ellos llaman “ortodoxia”. El enfoque del grupo Mandrágora es muy externo, y nadie da cuenta de que, por mucho que se le quiera discutir su originalidad, dio, aparte la figura fascinante de Jorge Cáceres, uno de los poetas verdaderamente inmensos de América en todo el siglo XX: Enrique Gómez-Correa.
En España, la historia se desgaja en una parte de surrealismo y otra de postismo. Poco hay que decir del segundo, que solo cuenta con influjos del surrealismo y bastantes incomprensiones del mismo, a diferencia de lo que ocurrió, sobre todo gracias a Cirlot, con Dau al Set. Uno de los grandes aciertos del volumen es sin duda la relevancia dada a Canarias, y que incluso va a permitir bajar el volumen en casa con esa matraquilla del desconocimiento del surrealismo insular fuera de las islas. Maisa Navarro es una autoridad en gaceta de arte, Isidro Hernández en Óscar Domínguez (aquí se detiene en sus calcomanías), Morris es el editor del Boletín Internacional del Surrealismo (aquí estudiado, reproducido y anotado) y Nilo Palenzuela hace una síntesis magistral de la cuestión, que debiera manejar todo el que se ocupe de la cuestión (“El surrealismo en las Islas Canarias”). Domínguez recibe también la atención de Federico Castro (“Óscar Domínguez: surrealismo y paisaje nativo en Gaceta de Arte”). Un aplauso por esta sección canaria.
Para acabar con las revistas, en otro apartado damos con un trabajo excelente de Eva Valcárcel, dedicado a La Poesía Sorprendida, con el maestro Granell soberbiamente rechazando lo de “escuela surrealista”. Este es, creo, un estudio de referencia.
El resto tiene algo de cajón de sastre, con temas algo manidos (Cernuda, la poesía de Buñuel, los andaluces del 27). Un texto sobre arquitectura encaja al abominable Le Corbusier y los pelmazos constructivistas rusos, que nada tienen que ver con el surrealismo –son incluso el antisurrealismo. Sobre el primero, Ávida Dollars, quien, del mismo modo que no hizo sino cuadros horribles tras alejarse del surrealismo, siguió lanzando de vez en cuando genialidades, dijo: “Vomito contra la infame arquitectura de Le Corbusier. ¡Qué pesadez de plomo la de ese protestante masoquista que ha despersonalizado la construcción!”; y: “La muerte de Le Corbusier me ha producido una inmensa alegría. El piadoso Le Corbusier trabajaba con el cemento armado. Los hombres van a llegar muy pronto a la luna e imaginen que, según ese payaso, lo harán llevando bolsas de cemento armado.” Frederick Kiesler sí que hacía “arquitectura mágica”, o después René-Guy Doumayrou.
Por fin, como muestra del “surrealismo y el cine”, hay un buen ensayo de Isabel Castells sobre la última película de Jan Svankmajer, Sobrevivir a la vida. Para rotura de cabeza de liquidacionistas y otros que, a veces, como decíamos, por desconocimiento, cierran el surrealismo en épocas pretéritas, Svankmajer, surrealista “absoluto”, se ha convertido en una figura trascendente del cine contemporáneo.
En suma, un volumen de interés, ya muy alejado de tantos espantos como se le han infligido al surrealismo desde los años 70. El disco que lo acompaña incluye trabajos de Armando Minguzzi sobre las revistas argentinas, Eduardo Becerra sobre las chilenas, Belén Castro Morales sobre las canarias y Raquel Arias y José Teruel sobre las postistas.

Retrato de Jorge Cáceres por Enrique Gómez-Correa, h. 1940

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Miguel de Carvalho en el Congreso de Lisboa, o los puntos sobre las íes

Como anunciamos, se celebró el mes pasado un congreso sobre surrealismo portugués en varios centros de Lisboa. Evidentemente, el surrealismo no tiene nada que ver con ningún congreso académico o artístico, y jamás el surrealismo ha organizado un “congreso”. Ni siquiera el congreso “Surrealismo Siglo21”, celebrado en Tenerife con la participación nada menos que de Édouard Jaguer, Sarane Alexandrian, Jorge Camacho y Sergio Lima, ha significado absolutamente nada para el surrealismo.
El congreso sobre el surrealismo portugués fue lo que era de esperar: mucha vanidad profesoral, muchos nuevos méritos curriculares, muchos dislates, mucha “normalización” de la revuelta surrealista y algunas aportaciones de valor, en particular las de Pires dos Reyes –que atacó a la Academia–, António Cândido Franco, la poetisa Raquel Guerra, Joana de Oliveira, João Duarte y Perfecto E. Cuadrado. Nuno Moura, que es un verdadero poeta, hizo una lectura de poemas interrumpida y silenciada a la mitad por el galerista, ya que tenía que cerrar y llevarse al hotel al anciano Cruzeiro Seixas. Esto, en una denominada Casa de la Libertad Mário Cesariny.


Había una mesa redonda inicialmente denominada “Herencias del surrealismo”, a la que estaba invitado Miguel de Carvalho, pero rechazó su participación dado que tal título, como señaló en su intervención, implica muerte, término, herederos, pago de impuestos de sucesión al Ministerio de Hacienda, etc., y quien gana dinero con el surrealismo son los editores que publican por primera vez la obra de los surrealistas muertos y los galeristas que se apropian de las obras para el comercio. Como el título fue cambiado por el de “Persistencias del surrealismo”, Miguel de Carvalho garantizó su presencia, que desde luego no resultó pacífica.
Comenzó presentando y encuadrando la actividad surrealista en Portugal en el Movimiento Internacional, desde el inicio de la participación portuguesa fuera de Portugal, en la revista brasileña A Phala. Señaló que el surrealismo no tiene nada que ver con exposiciones en galerías comerciales, edificadoras de casas de la libertad y congresos. Mostró revistas y libros que comprueban la actividad de los portugueses desde São Paulo en 1967 hasta la actualidad: A Phala, Arsenal, Brumes Blondes, Debout sur l’Œuf, catálogos de Chicago en 1976, de Lisboa con Phases en 1984, de Coimbra en 2008, de Santiago de Chile en 2009 y 2010, de los Estados Unidos en 2012, etc. Denunció los abusos de lenguaje en el Congreso, y argumentó su desacuerdo con expresiones como “estética surrealista”, “surrealismo portugués, español, francés...”, “surrealismo constructivista, onírico, zen, abstracto, solar...” (todo esto último en alusión a una desdichada intervención de la mujer de Eurico Gonçalves, quien, hablando de su marido, hasta caracterizó su surrealismo como “solar”, en una inesperada y seguramente inconsciente reedición del Magritte de sus descarríos estalinistas), y aludió a la necesidad de volver al lenguaje antiguo del movimiento, sin recurrir a engavetar al surrealismo en gavetas innecesarias de que tanto gusta la academia portuguesa. Dejó claramente sentado que no se puede ser surrealista y militante político y religioso a la vez (“no se puede ser surrealista e ir a la iglesia”, “no se puede ser surrealista y general”), presentando el admirable libro Surréalisme et athéisme de Guy Ducornet, con su actualización de “À la niche les glappiseurs de Dieu”. Habló de la existencia de actividad actual centrada en Debout sur l’Œuf, con manifiestos, publicaciones de poesía, una revista, investigaciones y una actividad esencialmente colectiva, y del paso por la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism de figuras del surrealismo internacional, con la realización conjunta de actividades. Por último, anunció que en 2014 iban a salir el n. 2 de Hydrolith, el n, 3 de A Phala, el almanaque de Brumes Blondes y la edición actualizada de Caleidoscopio surrealista.
A esta intervención de Miguel de Carvalho se sumó la distribución que hizo de 200 reproducciones de un manifiesto sobre la situación de la poesía actual en Portugal, titulado “Campeonato Nacional de Poesía”.
Al final de la sesión hubo algunos interesados en saber más sobre algo que desconocían, pero también es digno de mención un espectador que, habiendo digerido una engorrosa “chanfana”, se quedó dormido en la platea.
Como muestra del surrealismo que vive siempre, a las publicaciones presentadas por Miguel de Carvalho podían haberse sumado, en tiempos muy cercanos, el catálogo checo y eslovaco Other Air, la revista checa Styxus, la madrileña Salamandra, la inglesa Phosphor, la chilena Derrame, los números monográficos de Patricide y un largo etcétera si anotáramos las publicaciones individuales. Pero eso queda para algún congreso que hagan quienes cierran el surrealismo en los años 30, en los años 40, en 1966, en 1969, etc.
Felicitamos a Miguel de Carvalho por su postura valerosa y firme, que apoyamos calurosamente.

Noticiero

Un enlace sobre los argelinos Baya y Henri Krea merece ser señalado:
http://www.lematindz.net/news/13031-baya-et-henri-cachin-krea-deux-algeriens-chez-andre-breton-html
Por este enlace, nos enteramos que Henri Krea le dedicó en 1957 a Breton La leçon des ténèbres con estas palabras: “A nuestro querido André Breton, cuya presencia reconfortante nos garantiza que este mundo no es una miseria, que el hombre es perceptible”, y en 1960 La révolution et la poèsie: “A André Breton, con la inquebrantable amistad de este pueblo en nombre del cual yo le hablo sabiendo que no hay nadie que odie más a los enemigos de la libertad”.
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A la espera de recibir el catálogo Cornell, advirtamos que en la página correspondiente pueden verse sus películas:
http://www.mba-lyon.fr/mba/sections/fr/expositions-musee/cornell-surrealistes/expo-cornell-lyon
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También esperamos reseñar las dos nuevas publicaciones de Sonámbula: Les chemins qui zigzaguent, de Guy Cabanel, y Maillot d’hécatombes pour Jeanne d’Arcula précédé de Vestibule de l’éternité, de Guy Girard y Laura Corsiglia.
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Junto al nuevo número, tercero, de L’Échaudée, aparece en Ab Irato una publicación sobre el más joven de nuestros héroes: Little Nemo. El autor es Balthazar Kaplan, y el título Little Nemo. Le rêveur absolu.
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Poisson Soluble saca su publicación número 10, dedicada a Erwin Blumenfield, “el hombre que fotografió bellas mujeres y otras delicias”.
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En la editorial española Enclave se acaba de publicar Casa de fieras, trabajo de Julio Monteverde y Julián Lacalle. Casa de fieras “es un juego o experimento, fruto del trabajo paciente de la amistad. Su único propósito ha sido internarse en el mundo de los objetos con la certeza de que, entre sus pliegues, las maravillas aguardan para saltar en tromba sobre la vida”. Se inaugura así una colección homónima, “en la cual deseamos ofrecer pistas y destellos luminosos, rendijas por las que la melancolía del presente se vuelva oportunidad de transformación”.
https://www.facebook.com/pages/Enclave-de-Libros/355325131234239?ref=hl
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Otra nueva publicación del surrealismo que esperamos comentar tan pronto obre en nuestro poder, es un nuevo libro de Merl Fluin, componente del Surrealist London Action Group, autor de The Reality Binge Trick (2010, poesías, prosas y textos automáticos), y fundador del Bureau of Surrealist Ethnology, donde ha donde ha estudiado el mito surrealista de lo primitivo y publicado el notable ensayo “Antropomancia” (2013).
Y como siempre, recomendamos la página del Surrealist London Action Group, una de las más vivas del surrealismo actual:
http://robberbridegroom.blogspot.com/

Una “biografía” de Fantomas

Fabio de Sanctis, "Fantomas contra Bancomat", 1990

Todo lo concerniente a este viejo amigo del surrealismo ofrece interés para nosotros. Loïc Artiaga y Matthieu Letourneux acaban de publicar el libro de cerca de 200 páginas Fantômas! Biographie d’un criminel imaginaire que edita Les Prairies Ordinaires.
La saga fantomática es estudiada desde sus orígenes hasta sus últimas derivaciones, pero sin duda el mayor interés lo siguen ofreciendo los 32 volúmenes de la serie original de Marcel Allain y Pierre Souvestre, que los autores contextualizan muy bien, desde sus orígenes en la literatura gótica hasta el gran guiñol o las acciones de la anarquista banda de Bonnot, viendo así la saga como un “texto polifónico”, síntesis de los imaginarios y las escrituras populares.
Por lo que respecta al surrealismo (Desnos, Tanguy, Moerman y Magritte, sin duda, pero también Victor Brauner, Jindrich Styrsky, Ángel Planells, Jimmy Gladiator, Fabio de Sanctis, Guy Girard, Ghérasim Luca, Aube Elléouët o Conroy Maddox, que le dedicó tres piezas), hay que señalar que la lectura que hacen de Fantômas los surrealistas en absoluto se basa “en criterios estéticos”, error que procede de considerar al surrealismo una vanguardia. Es el carácter subversivo, ante todo, de esta literatura que, en efecto, “funda su placer sobre el exceso”, lo que resulta decisivo.
Actualmente, vuelven a editarse los libros de Fantômas en Robert Laffont, dirigido el proyecto precisamente por Loïc Artiaga y Matthieu Letourneux. Hace tres años, además, salió un libro de mucho interés (¡aunque ignorando a Styrsky!): Fantômas. Un mythe moderne au croisement des arts. En cuanto a enlaces en la red, tenemos:
El primero es la página completa Fantômas, donde se indican las traducciones y adaptaciones. El segundo es una exposición virtual realizada por Loïc Artiaga y Farid Boumédiène. El tercero es The Fantômas website, de Elliot Smith y Robin Waltz.
Durante los años de mi diáspora portuguesa, debí leerme dos, tres y hasta cuatro veces cada uno de los tomos de Fantômas, que desde 1952 se habían editado en lengua portuguesa con una gran tirada, ya que aparecían un poco por todos lados, en analogía con la ubicuidad del personaje. He aquí cuatro de las portadas de aquellos librillos:

jueves, 12 de diciembre de 2013

Cajas, collages : Dubois, Cornell


Una nueva exposición de Lou Dubois se celebra actualmente, y hasta el 18 de enero, en la galería parisina Les Yeux Fertiles, compuesta de cajas, montajes, collages y trofeos. Título: “Temps de pose”.
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Pronto esperamos reseñar el catálogo Cornell de su exposición en Lyon, vigente hasta el 10 de febrero. El título, “Joseph Cornell et les surréalistes à New York”, lo contextualiza claramente en el surrealismo, pero en el mismo folleto de la exposición ya nos encontramos con las viejas músicas: Cornell estaba “al margen de los movimientos”, Cornell se sitúa “al margen del surrealismo y su trayectoria singular no se puede reducir a un solo movimiento”... La segunda observación es aún más tonta, ya que asocia Cornell a Leonor Fini, con la que nada esencial tiene que ver y que ni de lejos ha despertado en el surrealismo el interés sentido por Cornell.
El “plan” de la exposición se despliega en estos diez puntos: “Los surrealistas en Nueva York”, “Objetos”, “Collages”, “La constelación surrealista”, “Joseph Cornell y el cine. La revelación de Rose Hobart”, “La imagen en movimiento”, “Cornell/Duchamp”, “Joseph Cornell y el cine. Los films-collages”, Joseph Cornell y los neorrománticos” y “Después del surrealismo” (o sea, después del retorno de los surrealistas de Europa a Europa).

Guy Ducornet, que a la vuelta de Estados Unidos y Brasil ha visitado esta exposición, me escribe:
“Fantástica exposición, prueba de que el surrealismo también puede ser tranquilo, refinado, delicado, e incluso secretamente sensual (no a la manera de la fabulosa mujer flamenca pintada por Joardens y exhibida ahora mismo en París). Sí, un surrealismo muy alejado de los burócratas y pavos reales como X... y similares imbéciles.”
Aquí vemos a la “fabulosa mujer flamenca”, en el cuadro setecentista Candaule haciendo espiar a su mujer por Gigès, del Museo Nacional de Estocolmo.

Segundo número de los “Cahiers Benjamin Péret”

Como hace poco señalamos, los estudios sobre Benjamin Péret concitan por parte del surrealismo una atención constante. Es muy llamativo que una figura de su misma envergadura, o sea Antonin Artaud, haya podido caer en las manos académicas, con sus innumerables “métodos”, de un modo que no se ha dado con Péret. Este segundo número confirma lo dicho, aunque es de lamentar que la Association des Amis de Benjamin Péret, nacida como una asociación del movimiento surrealista, haya quedado convertida, esencialmente y a diferencia de la evolución que, gracias al espíritu internacionalista de Édouard Jaguer y Richard Walter, ha tenido Infosurr, en un reducto del liquidacionismo surrealista, lo que, a mi juicio, al ser Benjamin Péret una referencia inamovible de dicho movimiento, supone un obstáculo a su crecimiento. En la nota introductoria, se considera que el surrealismo es un “movimiento artístico de larga duración (1924-1969)”, cuando ni es un “movimiento artístico” ni su duración es tan poco larga como, en pacífica consonancia con el estamento académico y con el estamento periodístico, ahí se pretende.
Pero esto es lo que hay, y ya es mucho: una bella publicación, muy bien maquetada e ilustrada, con textos en general de gran o notable interés. El primer dossier se dedica al Méjico de Péret, y es presentado por Gérard Durozoi. Gérard Roche se ocupa de los mitos y el arte mejicanos en la obra de Péret, Richard Spiteri de las fuentes y la estructura de Air mexicain (el más bello poema inspirado por aquel país, y al que ya Jean-Marc Debenedetti consagró un magnífico trabajo en el Benjamin Péret editado por Jean-Michel Goutier en 1982) y Guy Prévan de Péret y Octavio Paz, con destaque para su encontronazo de 1948, cuando un lamentable Octavio Paz, ya entonces diplomático y aún estalinista, reacciona chauvinistamente a unos juicios despectivos de Péret hacia la querida patria que él representaba. Estos tres trabajos son excelentes, completando el dossier un artículo de Lourdes Andrade sobre Péret, publicado en 1994, y una presentación de la misma por Claude Courtot, el presentador y prologuista oficial de la armada liquidacionista desde que esta iniciara su malhumorada cruzada hace 44 años.
El segundo dossier incluye documentación sobre el nacimiento de la Asociación, y por tanto sobre el “affaire” con el innoble Georges Hugnet. La Asociación nació para defender la memoria de Péret y para profundizar en su conocimiento, y su balance no puede cuestionarse que es extraordinario. Con todo, la defensa de la memoria de Benjamin Péret no es ya lo que fue en los orígenes: por cada ataque a Benjamin Péret debe haber algo así como 500 a André Breton, y creo que me quedo corto, si imagino los cientos de trabajos (artículos, tesis, memorias, libros) sobre el surrealismo que vomitan al año las instituciones universitarias. En cuanto al conocimiento de la obra de Péret, bien debiera quedar entre quienes amamos tanto su figura como su obra. Cuando hace poco unas feministas del Canadá se preguntaban “¿quién conoce hoy a Unica Zürn, Joyce Mansour, Claude Cahun, Leonora Carrington o Alice Rahon?”, y comenté esa pregunta retórica, me faltó decir que ojalá fueran muchos menos quienes las conocen, y hubieran quedado solo para quienes de verdad las aman y las saben apreciar, y por tanto a salvo de los tontos y los canallas. Pero sobre esto volveré al final de esta reseña.
En este segundo dossier hay una estupenda evocación que hace Michael Löwy de su encuentro con Benjamin Péret, nada menos que en 1958, con el relato de la entrada en un café donde estaba un cura: “¡Mierda! –exclamó Péret– ¡Un cura en mi café! ¡Esto es el colmo! ¡Estos parásitos infestan toda la ciudad!” Sigue un dossier sobre Jean-Louis Bédouin, superfluo cuando se tiene el libro de “Les Archipels du Surréalisme” Libre espace et autres poèmes (Syllepse, 1998). Claude Courtot, como siempre arrimando el ascua a su sardina, en la presentación a las cartas Péret-Bédouin, dice que Péret y Breton, en los años 50, “no alimentaban ilusiones excesivas sobre la vitalidad del movimiento surrealista”, pero sin duda que nunca ha citado este pasaje de la entrevista que André Breton dio a Le Monde en 1962: “El surrealismo continúa viviendo como espíritu y como movimiento a través de los grupos que se renuevan”. Breton y Péret es obvio que alimentaban más ilusiones que las de los surrealistas fatigados de 1969, tipo Schuster, Pierre o el propio Courtot. Bédouin, de quien se ensalza su “fidelidad” al surrealismo, acabó convertido, nueve años después, en un desertor tardío (y en 1993, junto a Gérard Legrand, avisará a los vigilantes del siniestro centro Pompidou para que echen a la calle a los amigos de Benjamin Péret que se habían reunido para contrahomenajear a Péret de un modo informal y muy peretiano, como se refiere en “Le déshonneur des poteaux”, Insoumission poétique. Tracts, affiches et déclarations du groupe de Paris du mouvement surréaliste. 1970-2010).
Las cartas entre Bédouin y Péret, con ser interesantes, pecan de demasiado cortas las del segundo y demasiado largas las del primero. Las fechas van de 1951 a 1956, con referencias al Quilombo de los Palmares, Le Surréalisme, même y la guerra de Argelia. En 1951, comenta Bédouin que Toyen no podrá viajar a la Bretaña porque no tiene dinero. ¡La más grande artista del siglo XX, y no tenía ni para darse un salto a un lugar tan cercano de París!

Rik Lina, "Study for Péret", 1997

Tres trabajos componen la sección de estudios. El de Gaëlle Quemener sobre “El imaginario escolar en los cuentos de Benjamin Péret” ofrece mucho más de lo que uno se espera. Al comentar las relaciones entre Péret y Breton, Claude Courtot, siempre refiriéndonos todo lo que se emociona, insiste en “el surrealismo que fue”. Jean-Michel Goutier, en fin, habla de Cárdenas y sus amigos surrealistas.
En los documentos, Bruno Duval trata de Péret visto por Audiberti, Mikaël Lugan celebra a Jean-Pierre Lassalle (de quien se reproduce un testimonio sobre el surrealismo ya publicado en Histoires Littéraires) y Patrice Allain presenta dos textos, uno de Maurice Lemaître y otro del mismo más Isidore Issou: si el primero, de 1952, es un ataque rastrero a Péret, el segundo, con ser un homenaje, los retrata a ambos como unos arribistas y conformistas.
En la sección “Potlach” hay un muy bello poema de Guy Prévan, uno de los grandes conocedores y estudiosos de Péret. De temática mejicana, “Un chili con carne aux haricots sauteurs” viene que de perillas a un número en que se han enfocado las estancias mejicanas de Péret.

Cerramos con las “Actualidades”, recordando Gérard Roche y Dominique Rabourdin a Max Schoendorff y a Alain Gheerbrant respectivamente, como en su momento lo hice yo en este sitio. Jerôme Duwa reseña brevemente Jetées d’exil de Jacques Lacomblez y Michel Jacubowski llama la atención sobre la extraordinaria calidad de los dos números de la revista L’Or aux 13 îles, también ya reseñados aquí por nosotros.
Pero lo mejor de esta parte final es sin duda el demoledor análisis que hace Gérard Durozoi (lúcido como siempre) de un esperpento perpetrado por una tal Elena Poniatowska contra Leonora Carrington, esperpento que hasta hace buena la “biografía novelada” de Nadja publicada hace unos años. “Cronología incierta, errores groseros, una desconfianza, si no hostilidad, permanente con respecto al surrealismo”, perlas como esta: “Los surrealistas tratan a las mujeres como no importa qué esposa. Las llaman sus musas pero ellas acaban por limpiar los lavabos y hacer la cama”... Pero hay mucho más en lo que dice Durozoi ser una pequeña muestra de dislates y sandeces: “Un cadavre” lo hizo solo Aragon y en seguida apareció Péret en una manifestación disfrazado de soldado alemán; Pierre Janet le descubrió a André Breton el “amor loco”, que, le dice este a Leonora, es “un estudio de la histeria en las mujeres. Él descubrió el erotismo y la estética que yo he transmutado en surrealismo”; Breton cierra el Bureau de Recherches Surréalistes a causa de la carta a los directores de los manicomios de Artaud (que además no fue quien la escribió); Cocteau formó parte del grupo surrealista; las sesiones de hipnotismo se interrumpen en... 1937 (no prestándose a ellas Max Ernst y Leonora porque se consideraban “demasiado cerebrales”); Arp escapó al cuartel presentándose desnudo a la inspección; Péret colaboró asiduamente en Dyn... Tal cúmulo de burradas produce más bien hilaridad, y no cabe duda que Gérard Durozoi algo se ha divertido al leer esta novelilla barata. Y es aquí donde volvemos a la reflexión anterior, cuando lamentábamos que los surrealistas sean más conocidos de la cuenta. Ojalá la pobre Leonora hubiera quedado al abrigo de estas operaciones literarias de baja estofa, de estos grotescos triunfos de la mediocridad satisfecha que dan la pauta de estos tiempos de miseria generalizada.
Una vez más, remitimos a la página de la Association:
http://www.benjamin-peret.org


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Marcel Mariën, marino surrealista

Este fabuloso libro que Xavier Canonne, el mejor conocedor del surrealismo belga, ha dedicado a Marcel Mariën, es una verdadera fiesta de imágenes poéticas y subversivas por uno de los grandes inventores del surrealismo. Son 400 páginas llenas de ilustraciones, muchas de ellas desconocidas o poco conocidas, y con un ensayo espléndido que no deja sin estudiar cada una de las muchas vertientes de ese hombre polifacético que fue Mariën –poeta, ensayista, polemista, aforista, narrador, fotógrafo, cineasta, cronista del surrealismo belga, creador infatigable de objetos y collages... Y siempre surrealista, ya que, así como, afortunadamente, acabó descolgándose del estalinismo, afirmó su surrealismo y el surrealismo hasta su muerte en 1993, no dejando de manifestar en el 69 su burla del entierro del surrealismo por algunos de sus exponentes franceses, y a partir de entonces su total indiferencia hacia ellos.
Espíritu imaginativo y subversivo inagotable e insaciable, inventor de infinidad de procedimientos regidos por el azar, Marcel Mariën es ineludible a la hora de contar con lo esencial del surrealismo. Como francotirador del surrealismo ha habido pocos como él, y siempre desde una posición de altivez tanto como de desprecio de toda carrera literaria o artística. En lo segundo, su desinterés por la historia del arte llegaba al extremo de darle lo mismo la copia que el original de cualquier obra consagrada (aunque he de decir que yo le gano en la aversión a visitar los museos). He aquí uno que jamás buscó ningún “reconocimiento”, ni deseaba “homenajes” de nadie, convencido como estaba de que, en último término, nada de lo que cualquiera pueda hacer, por extraordinario que sea, tiene el mínimo valor. Pero no llegando a ese “último término”, Marcel Mariën es sin duda de los que merecen ser celebrados, y de los que ha dejado una obra absolutamente vivificante.
Xavier Canonne señala la importancia en él del gag, y el carácter permanente de su uso del collage, con una enorme cantidad de procedimientos y variantes, que anticipan en algún caso a un Jiri Kolar. Por mi parte, he quedado sorprendido con algunos collages que prefiguran los diálogos arcimboldianos de Svankmajer (El diálogo de los estetas, La miseria en rosa, La vida cotidiana y hasta uno con “personajes arcimboldianos”, todos ellos de fines de los 60). Siempre preocupado por la relación imagen-palabra, los collages con palabras fueron una de sus grandes especialidades, y entre ellos deslumbran aquellos que las inscriben en el cuerpo de la mujer (los cuerpos femeninos caligrafiados también aparecen en fotos), cuerpo que nunca cesó de maravillarlo y exaltarlo. En la página 203 del libro, Xavier Canonne brinda a las “historiadoras universitarias del surrealismo” fomentadoras del “proceso de un surrealismo «machista» que, paradójicamente, viene confortablemente a alimentarlas”, algunos versos de Mariën sobre los que pueden biencebarse, por no hablar de centenas de sus fotos y collages. Yo incluso propondría a las Zanetas, Chadwickes, Colviles, Suleiman y demás profesoras y profesores especializadas y especializados en los estudios de sexo la organización de un congreso internacional sobre Marcel Mariën, que serviría para hinchar un poco sus currículos de duras y duros trabajadoras y trabajadores.

Marcel Mariën. "El Renacimiento", 1984
Una de las obras maestras en este terreno es El burdel imaginario, collage de 1974 con reproducciones de obras de arte en que Marïen insertó globos con frases extraídas de libros pornográficos. Este collage de grandes dimensiones provocó un escándalo en 1996, al ser retirado de la exposición belga en que se mostraba, lo que conllevó a una recogida de firmas (incluida la mía) para el tract “El burdel imaginable”. Lamentablemente, la reproducción, en la página 132, no permite leer las palabras, cuando bastaba con haberlo reproducirlo a dos páginas.
Si existiera la misma sensibilidad hacia las blasfemias, Mariën podría ser objeto de otro congreso. Son incontables las imágenes anticristianas que hizo, y su película L’imitation du cinéma se sitúa en este aspecto muy cerca de algunas secuencias de La edad de oro. A esta película, recientemente editada en dvd, se dedica un capítulo del libro, como otros a sus fotografías, a las relaciones con su maestro Magritte o a su revista en tres series Les Lèvres Nues.
"El derecho de respuesta", 1954
La gran serie de Les Lèvres Nues fue, a mi juicio, la segunda. La primera fue justamente criticada por Magritte, dado el excesivo lado político que tenía. Ello tampoco agradó a André Souris, que añadía la molesta omnipresencia de Paul Nougé. En la segunda serie hay mucha más frescura, Mariën ya no da la tabarra con el stalinismo, desaparece el coqueteo letrista/situacionista y su presencia es más chispeante que nunca, pero prosiguen los largos discursos de Nougé, que hubieran sido más adecuados para un libro recopilatorio y que da la impresión sirven de relleno. En cuanto a los situacionistas, aparte la inclusión del sensacional texto de Dedbord contra la lepra automovilística, veinte años después Mariën mostrará el hartazgo en que acabó:
“El recuerdo del surrealismo –al cual debían sin embargo muchas cosas (empezando por la Deriva, nacida bajo los pasos del Campesino de París)– les molestaba hasta parodiarlo. Yo no quería comprometerme más en una empresa que encontraba continuamente en ella misma la justificación de sus rupturas fútiles, de una revolución de palacio permanente, sin país y sin pueblo. Los letristas, convertidos en situacionistas, a pesar de su feroz repudio del lenguaje poético y artístico, no se aplicaban a escapar al escrito bajo las formas más denostadas: el manifiesto, el libro, el comentario de cine, ni a la pintura, que ejercían en buena regla dos o tres embadurnadores en el umbral de la celebridad”.

Xavier Canonne también analiza finamente los trastornadores objetos de Marcel Mariën, sus magistrales aforismos que yo traduje en una ocasión y que no pueden faltar en una buena antología del género, la obra narrativa marcada por un humor corrosivo y donde no faltan sus amigos surrealistas, la muy surrealista significación de los títulos de sus innumerables imágenes. Del máximo interés son las páginas dedicadas al ejemplar de Nadja que, con intervenciones suyas en muchas páginas (incluidas todas las ilustradas), envió a André Breton en 1938. La mayoría (si no todas) son reproducidas aquí, y mucho agradaron a Breton, impresionado, por cierto, con el rostro de Éluard quemado con un cigarrillo, ya que Éluard se había enemistado con él muy poco antes. Breton le escribe a Mariën que el suyo “es con mucho el más sensible y el más sorprendente comentario que este libro ha suscitado”. Y no solo esto, ya que Xavier Canonne no duda en considerarlo “una de las claves para la comprensión de la obra de Marcel Mariën tanto como de su pensamiento”. Que este libro interpretado lo haya hecho Mariën a los 18 años sirve para demostrar algo que Xavier Canonne afirma ya de entrada: la cronología no tiene nada que hacer con Marcel Mariën, cuya obra posee una absoluta unidad a los largo de la friolera de seis décadas. Lo que me hace pensar en un Benjamin Péret.
A lo que no se le pueden poner paños calientes es al estalinismo de Marcel Mariën, aunque tenga el beneplácito de haberse quitado finalmente la venda de los ojos, cuando su viaje a China. Es irritante verlo en 1957 intentar decir que Stalin no era tan malo como se estaba diciendo, que al menos actuaba, “piedra de toque del comunismo auténtico”, y que hizo “lo que era humanamente posible hacer en el peor de los mundos posibles”. Cuando descubre el horror maoísta (1963), con los monstruosos simulacros que inventariará en Le radeau de la mémoire, le escribe a Jane Graverol: “Todo lo que me había permanecido oscuro hasta ahora, se me ha hecho claro: los procesos de Moscú, cómo Stalin ha accedido al poder, etc. Este es el sistema más perfecto que la historia ha conocido. Se trata esencialmente de una religión, y la más intolerante que ha existido”. Mariën denuncia en sus artículos periodísticos la mentira maoísta, lo que le vale ser acusado de renegado y de agente de la Cia y recibir cartas hostiles, anónimas y no. Pero además ello produjo la indignación de los recalcitrantes estalinistas Nougé, Scutenaire y Bourgoignie. El segundo llegó a escribirle a la China: “Algunas palabras para decirte lo feliz que estamos porque hayas llegado al fin a tu casa. Mira bien a la gente de la calle y luego a ti en tu espejo, escucha los latidos de tu corazón y la palabra china”. ¡Valiente imbécil! Y Bourgoignie: “Espero mucho de la China y creo que es la única capaz de salvar al mundo, sea cual sea el camino que haya de recorrer para llegar al rango de gran pujanza industrial”. En cuanto a Nougé, Mariën da una explicación de su estalinismo no solo por el efecto Stalingrado sino por haber sido siempre “un hombre pobre, trabajando duro y sin protección social”. Y yo pregunto: ¿y entonces Benjamin Péret?
Mis reservas hacia Marcel Mariën han estribado en tres puntos: su viejo estalinismo (aunque redimido, pues, a la postre), sus quisquillosidades hacia Breton (a quien a la vez nunca dejó de admirar, y a quien sabía que lo debía todo) y una cierta frialdad. Sobre esto último, resulta muy bello el testimonio de Xavier Canonne, que lo conoció bien, al descubrir en él una “extrema emotividad”, sino que enmascarada por una cierta forma de cinismo.
Marcel Mariën es uno de los grandes del surrealismo, y este el mejor libro que se le podía haber consagrado.


Flávio de Carvalho y el surrealismo

Las publicaciones anteriores de Marcus Salgado hacían recibir con expectación este trabajo sobre Flávio de Carvalho, y debe decirse que responde tanto a lo esperado como para confirmar que el territorio surrealista ya cuenta en él con un ensayista de primer orden. A arqueologia do resíduo: os ossos do mundo sob o olhar selvagem (Antiqua, São Paulo, en la misma colección en que han aparecido diversas publicaciones de las Edições Loplop) es un ensayo denso e intenso sobre una figura muy sui generis, reivindicada justamente por los surrealistas brasileños y en particular por Sergio Lima, en cuyo proyecto de A Phala (revista y exposición) participó Flávio de Carvalho ya hace cerca de medio siglo.
No hace Marcus Salgado un trabajo puramente histórico, ya que se implica en una visión crítica radical de la sociedad moderna, con su imperio de la mercancía industrial, sus devastaciones de todo tipo o su “amusement business” –el retrato que hace de las ramificaciones del turismo actual dice todo lo espeluznante de este fenómeno monstruoso, en que participa prácticamente toda esa humanidad que vive alegremente de los excedentes de la depredación y degradación industrial y del hambre y la miseria del resto de sus semejantes.
Flávio de Carvalho fue en 2010 objeto de un catálogo del Museu de Arte Moderna de São Paulo, cuyos textos dejaban que desear, pero cuya iconografía era magnífica. En el libro de Marcus Salgado, la iconografía, muy cuidada, es alusiva a los temas que se van tratando, empezando por la antropofagia y lo “salvaje”. La visión personal de la antropofagia que tiene Flávio de Carvalho está marcada, como apunta Marcus Salgado, por una “aproximación directa al surrealismo”, y esto es lo que en verdad lo distingue de sus contemporáneos. Fue un lector infatigable de la poesía surrealista y se interesó por la temática sexual y el psicoanálisis y por el arte de los niños, de los locos y de los pueblos primitivos, con los que colindaba y a cuyas tierras viajó. Entusiasta de Yves Tanguy, él mismo reconoció la importancia del automatismo tanto en sus dibujos como en la película que proyectó sobre los indios xirianás. De los dibujos dijo que sus líneas “son semipoéticas, colocadas en el papel o en el lienzo de manera surrealista, usando un proceso de libre asociación de ideas, que en el momento surgen y son expuestas, sin preocupación y sin lógica”, y a la pregunta de si usaba excitantes para escribir responde que no los necesita, ya que se recoge en su “mundo interior y, en ese momento, el mundo que me rodea no existe” –“mi mejor producción es hecha en una especie de estado de trance”.
Flávio de Carvalho era un agitador nato y, como dice Marcus Salgado, “un pensador sin amarras”. Gracias a su espíritu anarquizante, supo rechazar el estalinismo que en los años 30 y 40 dominaba la intelectualidad izquierdista brasileña. Una de sus más saludables líneas de acción es el antieuropeísmo, que lo hubiera hecho votar al Capitán Cap en el París unas décadas anterior. Visita a Europa para estudiarla como un antropólogo, descubriendo y describiendo todas sus aberraciones, por supuesto que exportadas al Brasil y al resto de las colonias de estos países que jamás podrán ser redimidos, pero que saben siempre limpiarse la cara en prodigios de cosmética (baste pensar en las bellas connotaciones del adjetivo “europeo”, a pesar de que tal vez sea el más indecente que existe). Escribe Marcus Salgado: “Flávio, que siempre predicó el abandono de Dios, sabía que era igualmente necesario el abandono de Europa, entendida como emblema (o incluso exacerbación monstruosa) del pensamiento racionalista, artificial y conceptual, en oposición a la mirada en estado salvaje y al llamamiento de lo maravilloso natural que definen la visión no euro-céntrica”. Nada, como se verá, más común con el surrealismo.
Sus obras literarias, que Marcus Salgado va explorando en su libro, son esencialmente A cidade do homem nu, Experiência nº 2, Os ossos do mundo, O bailado do deus morto y A origen animal de deus. El “hombre desnudo”, escribe Marcus Salgado, sería “el hombre sin dios, sin propiedad, sin tabúes, dispuesto a ejercer la libertad en los dominios del pensar y del sentir”. Experiência nº 2 es un libro extraordinario, del que hizo esta sinopsis Fábio Cypriano: “Hace 70 años, un domingo de sol en la pacata S. Paulo, que tenía entonces menos de un millón de habitantes, el joven arquitecto Flávio de Carvalho pasaba frente a la catedral de la ciudad cuando vislumbró una multitud en la procesión del Corpus Christi. Se le ocurrió entonces «la idea de hacer una experiencia, desenmascarando el alma de los creyentes por medio de un reactivo cualquiera que permitiera estudiar la reacción en las fisonomías, en el andar, en el mirar, en fin, el pulso en el ambiente». El arquitecto volvió a su casa, se colocó una gorra en la cabeza y volvió a la procesión. El simple gesto de llevar puesta la gorra fue motivo para que la multitud se encrespara, no llegando a linchar al provocador tan sólo por la intervención policial. Carvalho publicó el relato de su día de terror en el libro Experiência n. 2. La investigación psicológica es el hilo conductor de toda la obra de Flávio de Carvalho, y ello lo aproximó al surrealismo. La obra se divide en dos partes. La primera, una narrativa contundente, describe minuciosamente todas las sensaciones de Carvalho y la reacción popular. La descripción de cómo el miedo se apoderó de él evoca los textos kafkianos. Ya la segunda parte es una investigación y análisis de la religiosidad popular. Llena de citas de Freud y Nietzsche, puede ser considerada una «investigación del alma»”. Os ossos do mundo se compone de relatos de viajes, e incluye las memorables páginas de “El tabú de la vegetariana” (“Los vegetarianos son personas terribles y feroces, que se valen del vegetarianismo para encubrir la negrura del alma, como ocurre con los puritanos y los creyentes de ambos sexos: se sienten sucios y automáticamente ven la necesidad de purificación del mundo”), transponibles a los actuales furiosos del animalismo; esta obra la reeditaría en 2006 el grupo deCollage. O bailado do deus morto es una pieza teatral en que satiriza el cristianismo.. A origem animal de deus es su último libro, que acerca Marcus Salgado a las preocupaciones de Artaud.
Por desgracia, Flávio de Carvalho era arquitecto, y hay también en él mucho progreso, mucha ciudad, mucha ciencia, mucha eficacia, mucha higiene, mucha industria, mucha máquina, mucho confort y, en fin, muchas tonterías, incluidas, por ejemplo, la defensa de la comida estandarizada (“internacional”) o de la velocidad y las visiones desde el avión. Como arquitecto, yo que lo tenía, mal informado, por “visionario”, lo que siento, tras haber conocido el catálogo de 2010, es pavor hacia sus proyectos de ayuntamiento de São Paulo o su “faro de Colón”, aparte el haber celebrado la arquitectura moderna por su “virilidad”. Sabor muy amargo tiene este vaticinio de 1940: “Una bella promesa despunta en el horizonte internacional: el mundo entero será la casa del hombre”. Pero Flávio de Carvalho albergaba sus contradicciones, que son bastante bien iluminadas por Marcus Salgado. Así, en esta misma materia, también habló de una arquitectura telúrica y que tuviera un valor “poético”.
A arqueologia do resíduo incluye al final una serie de interesantes anexos. El primero se compone de las entrevistas de Flávio de Carvalho nada menos que a André Breton, Man Ray, Tristan Tzara, Roger Caillois y Herbert Read. La más interesante es la de Man Ray, y la menos la de Caillois, una monserga cientificista. La de Breton fue hecha en la Place Blanche en 1934, publicándola cuatro años después Cultura, revista de la comunidad negra de São Paulo, por lo que se trata de la primera entrevista a Breton aparecida en Suramérica. Flávio de Carvalho se hospedaba en París en la casa de Benjamin Péret y Elsie Houston.
El segundo anexo es un ensayo de Sergio Lima sobre Flávio de Carvalho y el surrealismo, y el tercero una entrevista, muy jugosa al propio artista, realizada a fines de los años 30.
Faltaría hablar de la coherencia interna de este libro de Marcus Salgado, y del hilo temático designado por su título. Pero espero haber azuzado su lectura, en el doble atractivo de ser un gran ensayo en sí mismo y de abordar magníficamente a una figura de órdago, reivindicada por el surrealismo.