miércoles, 17 de octubre de 2012

Guy Girard: “Compendio de historia universal visto en sueño”


Casi no nos da aliento Guy Girard para reseñar sus breves autoediciones. Aquí tenemos una muy especial, Abrégé d’histoire universelle vu en rêve, que lleva como frontispicio este collage de Pierre-André Sauvageot.
Se trata de una serie de sueños escogidos entre muchos de los que este poeta surrealista ha ido anotando desde 1983 hasta 2012, con la singularidad de incluir cada uno de ellos la irrupción de alguna  celebridad, desde las más infames hasta las más fascinantes. O si no, véase la lista: Mao-Tsé-Tung, Julio César, el capitán Haddock capitaneando una banda de piratas, Isidore Ducasse, Hitler capturado por él pero convertido en tres hondillas llenas de un líquido translúcido sobre el que flotan unas lentillas de contacto, el espectro de Luis XIV, Asterix y Obelix ya ancianos, Jomeini en bicicleta, Napoleón III, Juana de Arco aliada a los apaches de Gerónimo, el Diablo (realmente un impostor), Marx, Apollinaire, Cristo en madera al que hay que sacrificar como a una gallina, Luis XVI sonriente rumbo a la guillotina, Jean-Jacques Rousseau, Trotski y esposa, James Cook con sus marinos, André Breton, la cabeza de Robespierre reducida a lo jívaro y encontrada en medio del Sahara, Napoleón y Josefina huyendo de un espía del Estado Mayor, Nietzsche encontrado cerca del Madrid revolucionario cuando el soñador se dirigía con unos anarquistas a fusilar una estatua de Cristo y con quien sostiene unas “confusas consideraciones estéticas sobre las latas de sardinas”, el grupo Deep Purple dedicado en su vejez a la música de las esferas en los montes suizos, Tarzan (héroe de su recentísimo Tarzan est un autre) ayudándolo a escapar de una base militar secreta cuando lo persiguen unos milicianos fascistas, Tristan Tzara con quien visita el Louvre tras una discusión con Picabia y por último Salvador Dalí que lo invita a una exposición de obras rousselianas suyas en Seúl.
Ducasse se le apareció el 25 de noviembre de 1983, o sea exactamente 113 años y un día después de que abandonara el mundo; pero la figura central de su sueño no es él, sino su hermano gemelo, cuya afición absorbente son las carreras de caballos. Destacable es también la fecha del sueño rousseauniano: 4 de julio de 1992, ya que en un 4 de julio nacieron tres surrealistas muy grandes: Benjamin Péret, Robert Desnos y Ted Joans, quien siempre señalaba la coincidencia (le faltó anotar, a él que era un entusiasta del blues y del jazz, que en ese día nació también el boxeador y bluesman Champion Jack Dupree); Rousseau lee ante una muchedumbre dieciochescamente atildada su “Discurso sobre la desigualdad”, armando una gran algarabía, como de ellas gustaban sus tres colegas surrealistas.
Leo este cuaderno pocos días después de tener yo mismo un sueño con otra “celebridad”, y es el único que recuerdo ahora mismo de estas características. La celebridad es el músico Duke Ellington, quien me parece el mayor genio musical del siglo XX, aunque su figura no me sea del todo simpática, y de quien tengo, lo que ya es decir, casi todos sus discos. Tras una serie de avatares de carácter erótico por un París que no es París (sus orillas están llenas de arena y se llega a ellas en suave declive), avatares que sería prolijo detallar, me encuentro con él en un enorme restaurante popular de bancos de madera, situado en Montmartre. Estamos junto a una gran cristalera y hay otro tipo con él, quizás un estudioso de su obra. Él habla un perfecto castellano, pero cuando pronuncia los nombres de músicos de jazz me cuesta entenderlo, tanto que le pido me los repita. Uno de ellos es Julien Dash, el saxofonista de la orquesta de Erskine Hawkins, que un día me sorprendió soplando los blues para Jimmy Rushing, conocido por su figura obesa como “Mr. Five by Five”. Hablamos de músicos y de críticos, y yo le cito a tres, uno de ellos Dan Morgenstern. El Duque me dice que hay que hablar siempre sin rodeos, que es como hace Dan Morgenstern y los buenos críticos, y lo que no hacen los críticos universitarios. Me dice que esa mañana Ángel Benítez de Lugo (¡un amigo mío de La Laguna!) le dijo sin rodeos que había matado una cabra para comérsela, y que le gustó que lo dijera sin rodeos. Esto lo lleva a decirme que le agradaría comer hoy en un restaurante portugués. El detonante de este sueño fue haber leído ese día que Joan Miró se había aburrido en un concierto de Ellington...
Por su brevedad y por la personalidad que interviene, traduzco aquí el sueño del 24 de julio de 1994, protagonizado por André Breton:
“Repasando viejo papeles en una pieza oscura, me encuentro con un formulario de estado civil, en papel ahumado, establecido a fines del siglo pasado a nombre de André Breton. Leo que medía 1 metro 48 y pesaba 35 kilos. Yo sabía que era de pequeña estatura, pero no tanto, y también me asombra su peso tan ligero. Solo que tales medidas lo emparientan muy bien con el pueblo de los duendes, lo que me asegura la fuerza y la vigencia del surrealismo”.
Pero esta plaquette onírica de Guy Girard merece traducirse en su integridad.


Cahiers Benjamin Péret, n. 1

Luís M. Gaspar: portada y solapa de la ed. port. de La brebis galante

Ya ha aparecido el muy esperado número inicial de los Cahiers Benjamin Péret, que viene a celebrar los 50 años de actividad de la Association des Amis de Benjamin Péret. Dirigido por Gérard Roché, este volumen, de 132 páginas y muy bien diseñado, satisface sin duda a cualquier amante de la obra y la figura de Benjamin Péret. Los Cahiers suceden al precioso boletín Trois cerises et une sardine, que tuvo 28 números impresos, y decimos impresos porque la página de la Association ofreció hace muy poco un nuevo número, digital pues.
En posición de apertura se sitúa un dossier sobre el poemario El gran juego, libro muy importante para los lectores de habla hispana, ya que se publicó, con el espléndido prólogo de Robert Benayoun, en 1980, precedido solo, en 1976, por la edición de Mueran los cabrones y los campos del honor.
En la recepción que el libro tuvo en 1928, nos topamos con la respuesta hostil de la crítica racionalista y formalista, representada por Gabriel Bounoure y Jean Paulhan. El artículo del primero recibió una severa amonestación por parte de Joë Bousquet, figura que es en seguida enfocada, como ocurre con Pieyre de Mandiarges, visto como “admirador y defensor de Péret”. Pero Pieyre de Mandiargues, demasiado “hombre de letras” también, no deja de decepcionarnos cuando nos dice que “Péret no era inteligente” y que sus “invectivas” son “la parte más débil de su obra”, y no digamos cuando lo caracteriza como “una suerte de niño”. Su texto en la Nouvelle Revue Française lleva por título, precisamente, “Simple como un niño” –¡simples esos perversos polimorfos, que incuban ya a tantos monstruos! (de paso, no dejaré de hablar del eterno regodeo, habitualmente narcisista, de los poetas con su “infancia”, que además, en esta civilización hedionda, ha sido por lo general atroz). Tampoco concordamos con que Le grand jeu sea “sin duda” su mejor libro de poemas, ya que la poesía peretiana es bastante uniforme, y para nada De derrière les fagots, Dormir, dormir dans les pierres, Je sublime o Air mexicain le van a la zaga. Por último, Pieyre de Mandiargues compara a Péret con los barrocos, y hasta le hace pensar a menudo... en Quevedo. ¡Menos mal que no nombró a Góngora! Pero, en fin, dislate mayor fue el de Octavio Paz acercando los poemas objeto de Breton a los emblemas del barroco. Por fortuna, el surrealismo está en las antípodas del barroco, y las coincidencias que se puedan encontrar con esta estética contrarreformista y llena de normas son todas cogidas por los pelos.
Esto no excluye, por supuesto, que Pieyre de Mandiargues haya sido, en efecto, “admirador y defensor” del poeta surrealista por excelencia. Por otro lado, no llegaremos al extremo de afirmar que Péret sea “el menos conocido de los poetas surrealistas”, porque hay muchos que ni su obra tienen recogida, pero sí puede decirse que sigue siendo una espina clavada en toda esa poesía que se cultiva mayoritariamente y que actúa como si nada hubiera pasado. Siempre he pensado que la poesía de Benjamin Péret, entre todas las del siglo XX, es la única que fue más allá de los límites a que había llegado Rimbaud con sus Iluminaciones. Siendo a la vez una poesía de incomparable fruición.
Un segundo dossier trata de los “compañeros de armas” del poeta en la revolución española. Ya conocíamos la entrevista a Mary Low, así como el prólogo de Edouard Jaguer a La saison des flûtes. Mary Low, en su artículo de 1991 sobre Juan Breá, utiliza la expresión “revolución traicionada”, que es precisamente el título de un libro que es obligatorio lo conozca todo interesado en los avatares trágicos de la revolución de España: La revolución traicionada, de Miguel Amorós (Virus editorial, 2003). Un trabajo de Josep Miguel García se dedica a la amistad entre Péret y Viola, pero es una lástima no se cite el libro clave que publicó Emmanuel Guigon en el Museo de Teruel (Manuel Viola, Escritos surrealistas, 1996).
La sección de correspondencia continuará con las de Jean-Louis Bédouin y Eugenio Granell, dedicándose este número a la de Pierre Mabille, cuyas cartas ya habían aparecido en el n. 31 de Pleine Marge (2000). Así pues, la novedad está en las cartas de Péret, quien en 1942 se encuentra en busca de las narraciones negras haitianas, brasileñas y cubanas. Aunque hay correspondencias fascinantes, algo nos desagrada siempre en el género epistolográfico. Salvo los patéticos vanidosos (y cuántos hay) que las escriben ya pensando en su publicación (póstuma o no), las cartas son escritos privados, de una persona a otra, muy circunstanciales, y cuando luego se hacen públicas, con el escritor ya muerto, nos metemos bastante en una historia que no estaba dirigida a nosotros. Y juicios hechos a la ligera o claramente injustos adquieren una proporción que es mayor de la cuenta. Por ejemplo, en estas cartas a Mabille, Benjamin Péret sale muy mal parado del ataque que hace a Wolfgan Paalen y a su revista Dyn. Llevado del rencor sectáreo porque Paalen le ha dicho “farewell” al surrealismo, despotrica de él y de una revista que hoy apreciamos como extraordinaria (y cuya dimensión amerindia tenía que haberlo exaltado). No solo esto sino que patina por completo al valorar, en contrapartida, positivamente, al abominable Juan Larrea, un enemigo del surrealismo, sobre el que acumuló imbecilidades tras imbecilidades, mientras que Paalen volvería pocos años después al corazón del surrealismo y hasta participaría en París con Péret en los juegos del grupo. Pero ¡ay! no queda ahí la cosa, ya que Péret, a un surrealista enorme como César Moro, quien además no era un recién llegado al surrealismo (comenzó en él, en París... en 1925), se atreve a caracterizarlo con estas repulsivas palabras: “est un charmant garçon péruvien un peu pédéraste et poète qui n’a pas inventé la foudre”, añadiendo que Paalen “le ha dado la vuelta como a una torta”, lo que, conociendo como conocemos la vigorosa personalidad de César Moro, no hay quien se lo trague. Dos años después de estas palabras, César Moro traduciría “Los mitos” de Péret, y cuatro después publicaría unas preciosas traducciones de sus poemas, que aparecerían en España en 1974 (César Moro, Versiones del surrealismo), por lo que fueron para mí y para otros muchos el primer encuentro con la adorable poesía de Péret, aún vigente la dictadura del 36.
La sección de estudios cuenta con un escueto trabajo de Claude Courtot sobre Péret y el romanticismo alemán (el tema no da para mucho), otro de Leonor de Abreu sobre el artículo en torno a la “capoeira” brasileña que Péret publicó en el n. 2 de Le Surréalisme, même y un tercero de Virginie Pouzet-Duzer sobre Péret y Remedios. En este último, la autora dice de paso: “Péret, a quien nunca Breton excluyó del surrealismo...”, perpetuando una imagen que ya va siendo hora de que se la guarden en la gaveta.
Sobre Péret y el romanticismo alemán, en algún lugar leí que estimaba mucho Los elixires del diablo, la gran novela de Hoffmann, y además pueden recordarse sus respuestas al juego del “Ouvrez-vous?”, donde aparecen invitados Novalis, Carolina y Bettina. Al primero dice que le abrirá “encantado de conocerle”; a la segunda, “muy emocionado de su visita”; y no le abrirá a la tercera, porque es una “bas-bleu”, palabra que se traduce al español con acepciones poco halagüeñas: “literata”, “pedante”, “marisabidilla”, no resultándole simpática sin duda su devoción por Goethe, a quien tampoco le abre por estar aquel putrefacto genio “demasiado habituado a la adulación” –sí, en cambio, recibirá a Nietzsche, “muy intrigado por la visita”.
Como se ha publicado recientemente L’invention du monde, la película de Zimbacca, Bédouin y Péret, la sección de documentos nos facilita una breve pero jugosa entrevista hecha a los dos primeros, más Jean Schuster, en la revista Arts, año de 1952. Esta entrevista la hace nada menos que Ado Kyrou, e interesa incluso más por las preguntas y comentarios de este que por las respuestas de sus amigos.
Tras un extenso poema, que desearíamos haber visto también en castellano, del argentino Alejandro Puga, titulado “Jardines y escándalo” y dedicado “a la memoria de Benjamin Péret”, de quien ha sido siempre un apasionado, entramos en la sección de actualidades, con textos sobre los desaparecidos Michel Boujut, amigo de Péret y Breton, Jorge Camacho, cuya nota hace Gérard Durozoi, y Don Lacoss, traduciéndose el texto que le dedicaron sus amigos surrealistas de Chicago. En esta última nota subrayemos la noticia de que Lacoss trabajaba en un volumen sobre Georges Henein y el surrealismo egipcio, que sus amigos piensan concluir y que esperamos ver publicado en las series creadas por Franklin Rosemont “The Surrealist Revolution” (donde ya ha aparecido un capital Surrealism in Greece).
En cuanto a las reseñas, por último, destaquemos la que Dominique Rabourdin hace de una obra a la que ya aludimos despectivamente en “Surrealismo internacional”: André Breton ou la hantise de l’absolu, de Jean Paul Török. Alertamos entonces sobre el bello vapuleo que Dominique Rabourdin hacía de este nuevo engendro contra André Breton, porque acababa de aparecer en la página www.arcane-17.com. Ahora lo tenemos disponible en este magnífico número inicial de los Cahiers Benjamin Péret, a los que deseamos larga vida.


Ed. portuguesa de Mort aux vaches et au champ d'honneur


miércoles, 10 de octubre de 2012

Zuca Sardan

Siempre es una satisfacción dar a conocer nuevas viñetas de Zuca Sardan, pero en este caso aportamos además un delicioso collage, el último “remix” de Giorgio De Chirico y un auténtico “fatty-made”. ¡Qué bellos hados rigen este “blog”!




Decalcomanías de Gregg Simpson

No conocíamos las bellas decalcomanías de este artista surrealista canadiense, que sin duda formarían parte de unos actualizados “Sueños de tinta”. La que va en color se titula “Dawn” y las otras “Messenger” y “Plateau”. Fueron realizadas a principios de los años 70.


Un collage de Alex Januário

En jornada de imágenes plásticas, he aquí el estupendo collage “Fiebre” obra de Alex Januário, una de las más dinámicas figuras del surrealismo brasileño actual.

Breves


Acaba de publicarse el n. 7 de l’impromptu, el dinámico boletín “trágico y pulsátil” del umbo. Como de costumbre, ofrece en unas pocas páginas un ramillete de poemas, imágenes y reflexiones, a la vez que da cuenta de novedades aparecidas en pequeñas ediciones. En el sumario, poemas y prosas de Jean-François Rousseau, Ildefonso Rodríguez, Anne-Marie Beeckman, Jean-Yves Bériou, Roberto San Geroteo, Louis-François Delisse y Bertrand Schmidt. Hay también una semblanza de Jean-Pierre Le Goff, desaparecido en febrero, por Joël Gayraud, de quien, por cierto, leemos estos días las gratificantes estampas ambulantes de Passage public, con un magnífico “Vive le catch!”, visto este –en su umor y desmesura– como la única excepción a “la definitiva imbecilidad de la competición deportiva”, en unos tiempos en que reina por las noches del mundo “la paz de los televisores, más fatal que la de los cementerios”.
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Novedad muy importante es el n. 2 de Le loup-garou, que comentaremos desde que llegue a nuestras manos. Puede obtenerse a través de las distribuciones lulu.
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La colección de dvds Phares (http://www.sevendoc.com/) anuncia para el próximo mes un número del máximo interés, ya que está dedicado a Alice Rahon. El anterior es el de André Masson, pero este nos atrae más, ya que Alice Rahon, figura maravillosa del surrealismo, es mucho menos conocida que el viejo Masson. Ya reseñaremos este documental, que nos permitirá volver a esta artista de la que vemos aquí “Caja de música”, de 1944. Para esta obra se valió de arena, material por cierto que usado, pioneramente, por el propio Masson, como luego por Max Ernst, Jean Degottex, Georges Malkine, Joseph Cornell, Juan Ismael o Georges Papazoff.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Dušan Marek


Una lamentable ausencia en Caleidoscopio surrealista es la de Dušan Marek, artista checo que se establecería en Australia. El capítulo de este país debe incluir una entrada a su figura, extremamente singular y siempre fiel al surrealismo.
En el artículo que hace unas semanas dedicábamos al surrealismo en Australia, ya nombrábamos a Dušan Marek, e incluso reproducíamos sus obra “Ecuador” y “Perpetuum mobile”. Marek nació en 1926 en la Bohemia del Norte. Su hermano mayor, escultor, le descubre el surrealismo y tanto entusiasmo produce en él que se proclama surrealista cuando tan solo cuenta 13 años. El poetismo-surrealismo le deja una huella que será decisiva por el resto de su vida, transcurrida muy lejos de su país. En efecto, en 1948 huye con su hermano de la dictadura comunista instalada en Checoslovaquia, pasando cinco meses en un campo de refugiados de Alemania, donde pinta en sendas tablas de su cama “El viaje” y “El nacimiento del amor”, que aquí podemos ver. Muy curioso es que sus siguientes pinturas tengan iguales circunstancias insólitas: las hace en la mesa de juego del barco que lo transporta a Australia, y son “Gibraltar” (donde el barco se detuvo varias semanas”) y las citadas “Perpetuum mobile” y “Ecuador” (hecha al cruzar el ecuador).
Tras pasar unos días en un campo de emigrantes, se instala en Adelaida y expone sus obras junto a pinturas indias, pero dos de las suyas son consideradas obscenas (una de ellas “Ecuador”) y la retrógrada sociedad del lugar lo identifica, al definirse como surrealista, con el comunismo. Son ironías del destino, que lo hacen marcharse en 1951 a Tasmania y en seguida a Sidney, donde reside entre el 51 y el 54.
Poco característica de su obra, pero a la vez excepcional, es esta pintura titulada “Ego”, de 1951-52:


Un período interesantísimo de la vida de Dušan Marek es el que va de 1951 a 1959, ya que reside con su mujer en el territorio papú de Nueva Guinea, la isla más vasta de toda Oceanía y poseedora de un fabuloso arte escultórico, bien conocido de Vincent Bounoure. Se trata de un período de riqueza sobre todo vital para Dušan Marek, ya que pocas obras hizo, y además, a causa de la humedad, se le estragaron las que, de las décadas anteriores, llevaba consigo. No lo preocupó esto, ya que, como verdadero surrealista fascinado por el azar, poseía un gusto por el “deterioro” producido por este, negándose siempre a “restaurar” sus obras, cuya naturaleza transitoria le placía. Dušan Marek trabajaba además con materiales bizarros: ladrillos, láminas de aluminio y hasta un cajón en la casa de unos amigos, donde les hizo una pintura a hurtadillas.

En Nueva Guinea, Marek pintó “Rabaul”, fotografió a los nativos (aquí tenemos un bello ejemplo de sus retratos), adquirió obras de ellos y prosiguió su obra fílmica. En efecto, ya en 1952 había realizado dos cortometrajes animados con marionetas (“Luz de oscuridad” y “El verano del pescador”), que para algo venía del gran país de la animación y las marionetas. Con ellas hace “El mago”, pero también se orienta al documental: “Copra y cacao” y “Fiesta de montaña en Nueva Bretaña”.
Desde el punto de vista de su pintura, estos años sí fueron decisivos para los posteriores, en Adelaida, Sidney, Tasmania, Canberra. Su pintura ya está marcada por la fastuosa naturaleza australiana, y en particular por el espectáculo marino (¡y que todavía haya quien oponga el surrealismo a la naturaleza!). Prosigue su obra fílmica: “Ocho canciones infantiles”, “Adán y Eva” (que adquirió celebridad), “La trompeta mágica”, “Molinos de viento”, “Telaraña en un paracaídas” y, por último, “Y la palabra se hizo carne”. Son cortos de animación las cuatro primeras, y largometrajes las dos últimas. A propósito de “Telarañas en un paracaídas”, dirá:
“Today uniformity, convention, hypocrisy, hatred and other habit-forming pressures provide the dominant recipe for life. Man is becoming deprived of the vital experience of beauty and of the natural processes of love. Reason, imagination, the importance of living and even his true identity becomes unknown to him. This film unfolds the problem facing every person on earth, the problem within himself, the fight between the conscious and the sub-conscious mind. It is a document of the human mind. Through this quiet and savage conflict we experience the subconsciousness as it gains new strength that enables man to enjoy life fully, to experience life and nature without prejudice”.


En los años 70 realiza cajas y obras polidimensionales como esta de 1975, de la que solo vemos un lado, y que se titula “Drama cuatridimensional sin palabras”. En 1979, viaja a América y Europa, pero sin visitar Checoslovaquia, ante el temor de que las autoridades lo detengan por haber abandonado el país treinta años antes. Dušan Marek muere en 1993, un día antes de que se inaugurara la exposición “Revolution by night”, que significaba un hito en el reconocimiento del arte surrealista en Australia, y que era anunciada en un póster donde aparecía su cuadro “Perpetuum mobile”. En el volumen originado por dicha exposición –con el ensayo de Christopher Chapman que comentábamos el otro día– se reproducían algunas de sus obras, entre ellas “En la playa”, de 1949:


Sobre Dušan Marek tenemos el libro de Bernice Murphy Dušan Marek (Nacquarie Galleries, Sidney, 1979), con la reproducción (sobre todo en blanco y negro) de unas 30 obras suyas, que esta ensayista va comentando una a una, y, sobre todo, el rico estudio de Stephen Mould “Dušan Marek: a landlocked czech surrealist in the antipodes”, en el n. 3 de Papers of surrealism, asequible en la red. Stephen Mould ha localizado arduamente unas 500 obras del artista, señalando también las grandes dificultades de rescatar su obra fílmica. Por lo que respecta a su pintura, ve en ella, con todo acierto, una “fusión entre el estilo desarrollado en Praga y la riqueza visual y variedad del paisaje australiano, informada y refinada por sus propias preocupaciones filosóficas y metafísicas” –preocupaciones, por cierto, que asumen el máximo interés.