viernes, 26 de diciembre de 2014

Dax, Rodanski... Koons

 
Dibujo de Adrien Dax

Dos recomendaciones muy vivas, ya apuntadas aquí, pero que ahora podemos refrendar.
La primera es la exposición de Adrien Dax en las galerías parisinas vecinas Covergences e Intuiti, prolongada ahora hasta el 10 de enero y que además se ha enriquecido con una veintena de obras más. El catálogo ha llegado a mis manos y es modesto pero estupendo, con muchas reproducciones y un texto inteligente, comprensivo, iluminador, de Raphaël Neuville, a quien ya debíamos un artículo sobre este maestro del automatismo en el n. XXXIII de Mélusine: “Adrien Dax: automatismo gráfico y surrealismo después de 1945”. El de ahora se centra en sus invenciones y se titula “Manera de pintar. Materia de sueño”. Para quienes no tengan o les cueste conseguir el catálogo (titulado Adrien Dax surréaliste), es visible como pdf en esta dirección:
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La otra recomendación es el polard surrealista de Stanislas Rodanski Substance 13. Libro fantástico, que pasó a manos de Julien Graq y luego de Jacques Hérold, editándolo el año pasado François-René Simon. Yo lo he podido conseguir hace unas pocas semanas en segunda mano, y su lectura me absorbió como hace tiempo no me ocurría con un libro de imaginación narrativa. François-René Simon, decisivo en el retorno apoteósico de Rodanski, lo califica de “novela onírica”, con presencia de las grandes figuras del surrealismo, de Vaché a Tarnaud. Son unas 150 páginas trepidantes, más unos textos complementarios relativos a la obra, entre los que se incluye una carta a Breton.
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Del tal Koons, “une star à Beaubourg”, como lo llama Le Connaissance des Arts en portada de su último número, el director de la redacción de dicha revista dice en el título de su editorial que “controla los medias”, que “es un artista interesante en las proposiciones artísticas, a medio camino entre los ready-made de Marcel Duchamp, los múltiples de Andy Warhol y los objetos sobredimensionales de Claes Oldenburg”, y que “su biografía es apasionante, ya que, casado con una vedette porno, ha pasado del oficio de corredor en obras de arte a artista empresario administrando un equipo de un centenar de asistentes”. Entre los engendros que reproduce la revista y los que habrá en el museo, ninguno supera o puede superar a la porcelana de 1988 Michael Jackson and Bubbles, todo un símbolo de la época. Otro, titulado Ballon dog (orange), fue vendido en cerca de 40 millones de euros (el fulano es “el artista vivo más caro del mundo”). Pero dejo la palabra –magistral, sin desperdicio, de una lucidez aplastante– a uno de mis mejores corresponsales en París y resto del mundo:
“Te envío algunas informaciones sobre este Jeff Koons, niño bonito de los riquísimos coleccionistas franceses (Pinault, Arnaud y otros grandes capitalistas «capitanes de industrias» del lujo) que han encomendado a Frank Ghery una enorme monstruosidad inútil para el Bois de Boulogne, que no es más que una copia de Bilbao y de lo que ha impuesto en otros lados...
Copias de copias de copias...
Sobre la Place Vendôme, es Paul McCarthy quien ha instalado (con gastos del ayuntamiento de París) un enorme árbol de navidad que es de hecho un «anal plug» superdimensionado (como se encuentran en los pornoshops y que un humorista ha llamado un «enculador») y que puedes ver en la foto, portado por un Papá Noel de chocolate reproducido en millares de ejemplares... He aquí a donde ha llegado el arte «contemporáneo» público y subvencionado por los burócratas que no saben decir no y los artistas que continúan las ocurrencias de... Marcel Duchamp... ¡sin ser lo menos del mundo subversivos! (¿Dónde está la subversión cuando un golpe de cutter sobre un lienzo de Fontana se vende a más de un millón de euros???)”
Dada la extensión de la carta, excluyo en detalle un planteamiento del máximo interés sobre la “responsabilidad” de Marcel Duchamp en todo esto, no tanto por su lamentable herencia (eso ya lo señaló Marcel Mariën) como por haber sido “el coleccionista atento, maniaco incluso, del menor pequeño vestigio de su paso por la Tierra, su auto-archivista obsequioso y ávido de reconocimiento póstumo tras las maneras de dandy indiferente y pasotista”. Demostración de ello: la manera como su obra está protegida, catalogada y expuesta en el Museo de Filadelfia, donde se hizo museificar “con su acuerdo y su cooperación activa”. “Pese a su humor desesperado, Duchamp ha perdido el control de su propia subversión que ha sido recuperada, con su acuerdo (¿su complicidad?) por un sistema capitalista amoral y sin escrúpulos que reduce todo lo que toca a mercancía”. Un cierto Duchamp, con todo, era, “un gran romántico”, como Breton. Pero con la diferencia de que Breton “ha permanecido siéndolo toda su vida sin ningún compromiso y que Duchamp ha acabado por caer (por razones que le son propias y que yo no tengo que juzgar) en la trampa que él mismo le había tendido a la sociedad que pretendía despreciar”.
Reanudemos la traducción de tan admirable carta:
“Es evidente que desde los años 50-60 todas estas «grandes» exposiciones son organizadas por funcionarios pagados que se mofan del público al que se dirigen. Están en la moda de lo «moderno» (o de lo «contemporáneo» a todo precio –y el «público» mira eso pasivamente (¡como siempre y siempre!) preguntándose qué debe pensar).
«Está en el museo, por tanto es bueno...» «Está expuesto en Versalles, por tanto es admirable...» «¿Quién soy yo, ciudadano medio, para tener una opinión sobre todo esto?» Etc... etc...
La cuestión se planteaba ya cuando los emperadores, los reyes y los papas imponían a los pueblos arrodillados, que reventaban de hambre (¡y a los propios artistas!) capillas sixtinas, catedrales, palacios imperiales, circos y todo el resto del lujo explotador, del poder violento, de la fe sanguinaria... Jeff Koons en 2014 no es más que la reproducción contemporánea de la complicidad de un artista fascinado por su ombligo e interesado en ese mismo viejo sistema de admiración forzada, obligatoria, sufrida, totalitaria... (Siento lo mismo cuando me paseo por las ruinas romanas en el sur tunecino o en pleno desierto argelino, en el norte de Escocia, y veo reproducidos de modo idéntico los muros de ladrillos, las junturas de mármol, las fórmulas latinas impuestas uniforme y brutalmente a los galos, a los cabileños, a los arveños, a los bátavos y a todos los pueblos «ignorantes» y vencidos –y luego a los pueblos «paganos» con los crucifijos sangrientos instalados en todas las encrucijadas, en todas las aldeas, sobre todos los campanarios de todos los lugares llamados «San(ta) cualquier cosa» en toda Europa, por no hablar de la América latina. Idénticos procedimientos autoritarios, verticales, impuestos por la espada, el cañón, la fuerza, el dinero-rey...
¿Y el surrealismo en todo esto?...
La cuestión de su posición se plantea siempre –y en verdad, no es a través de las ínfimas querellas pueblerinas, distribuidas e intercambiadas por Internet, como se puede avanzar...”
Todos nosotros sabemos que ahora mismo, en París, la exposición de Adrien Dax (quien a lo largo de su vida expuso solo una vez, cuando ya tenía 63 años, y en una galería surrealista: La Marée de Bruselas, que llevaban Tom Gutt y su mujer), no es que sea superior a la de Koons, sino que la aplasta. Otro que no expuso hasta viejo (¡tenía ya 74 años!) fue el anarcosurrealista Clovis Trouille. No vendió casi nada, pero ello en realidad fue para él una satisfacción: “El fracaso comercial es para mí, espiritualmente, un éxito, y la venta, un triste signo de conformismo burgués, al haber considerado siempre mi pintura como anarquizante, anticuada y anticomercial”. Ya en 1959, o sea cuatro años después de que Max Ernst, Joan Miró y Hans Arp fueran consagrados en Venecia, escribía: “Nunca he trabajado con vistas a obtener un gran premio en una bienal de Venecia cualquiera, sino más bien para merecer diez años de prisión, que es lo que me parece interesante”.
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Posdata
En la reseña que hice del número cinéfilo de Patricide, olvidé llamar la atención sobre el precioso texto de Rhosyn Tynged “The screen”, que se inspira en la inolvidable película de Chris Marker La jetée y al que acompañan muy apropiadamente una serie de fotografías de Neil Coombs pertenecientes a la serie “Cinema. Disease of the eye”.