Como ya en su día dimos el enlace de las revistas clásicas del surrealismo en la Argentina (
VER), añadimos ahora (y de nuevo gracias a la sagacidad y amabilidad de Xesús González Gómez) el de
Signo ascendente, seguido del que nos lleva a una nota de Silvia Guiard y del pasaje de
Caleidoscopio surrealista en que se ubicaba y caracterizaba sucintamente esta aventura del surrealismo en aquellas tierras.
https://americalee.cedinci.org/s/americalee/item/8968
https://archivosenuso.org/acerca_de_revs_surr

En 1976, Argentina se sume en el horror de una
dictadura militar. Aquí sería preciso reproducir en su integridad la relación
de Silvia Guiard* “Buenos Aires: el surrealismo en la lucha contra la
dictadura”, escrita en 2005 para la edición castellana de La estrella de la
mañana de Michael Löwy, y también disponible en el n. 2 de A Phala.
Sin ninguna conexión con los grupos anteriores del surrealismo en el país ni
con el surrealismo internacional, en los años 70 se va forjando un nuevo grupo,
primero al calor de un resurgir por el surrealismo en el movimiento estudiantil
y en revistas como El Hemofílico (cuyo director, Juan Carlos Otaño,
sería encarcelado al reproducir en portada una de las pinturas de Clovis
Trouille) y luego como respuesta al espeluznante orden militar, contra el cual
el grupo surrealista intervendrá, en las medidas de sus posibilidades, de
manera constante. En 1977 se gesta el grupo Poddema (designación tomada de un
libro de Michaux), que en 1979 publica el primer número de la revista homónima
y en 1980 el segundo, ya con el cuarteto clave de la época: Julio del Mar,
Silvia Grénier (o sea, Guiard), Alejandro Mael y Alberto Valdivia. Hay en ella,
aparte los escritos de los componentes del grupo, textos, entre otros, de
Jacobo Fijman (muy interesante personalidad, al igual que Miguel Ángel Bustos,
cuya poesía ha sido recogida en Visión de los hijos del mal), Pierre Mabille, Aloysius
Bertrand y Metzergenstein, seudónimo de Otaño. Con el mismo fin de Poddema,
o sea, “para que la aspiración humana a la libertad se mantenga, como pedía
Breton, en la posibilidad de recrearse sin cesar”, aparece en octubre de 1980
el primer número de Signo Ascendente, en el que, con portada de Dorothea
Tanning, encontramos textos de André Breton y de Benjamin Péret (entre ellos,
“Signo ascendente” y “La sopa deshidratada”) y homenajes a Robert Owen y a
Charles Cros; en la dirección y redacción, Julio del Mar, Silvia Grénier y
Alberto Valdivia. Fructífero es el encuentro con Josefina Quesada, pintora que
trabajó con Batlle Planas y en cuya casa se reúnen los surrealistas,
permitiéndoles contactar con el grupo de París y luego con el de Praga, y así
acceder a publicaciones centrales de la década anterior, como en particular los
números de Surréalisme y La civilisation surréaliste. En 1981, un
boletín especial, con escritos de los miembros del grupo más Juan Perelman,
llegado de Bolivia, incluye un texto de Michael Löwy y un dibujo de Martin
Stejskal. La apoteosis del grupo, que, con libros de sus integrantes,
intervenciones políticas y declaraciones, llegará hasta los años 90, es sin
duda el n. 2-3 de Signo Ascendente (“El surrealismo en mayo de 1982”),
verdaderamente extraordinario. Los miembros del grupo son Josefina Quesada,
Julio del Mar, Silvia Grénier, Juan Perelman, Alejandro Mael y Alberto Arias.
En la presentación se habla de “hacer nuestra la tradición surrealista,
contribuir en todo y por todo a la prosecución de la aventura surrealista, he
aquí los dos ejes esenciales sobre los cuales se fundan nuestros objetivos”.
Hay poemas, relatos y ensayos, aparte los miembros del grupo, de Michel
Zimbacca, Aurélien Dauguet, Michael Löwy, Vincent Bounoure y Vratislav
Effenberger, e ilustraciones de Julio del Mar, Silvia Grénier, Alejandro Mael,
Cecilia Heredia, Felicitas Artigas, Eva Svankmajerová, Jean Terrosian, Karol
Baron, Marianne van Hirtum y Jean-Louis Bédouin. Silvia Grénier presenta unos
poemas de Benjamin Péret. Una encuesta sobre el automatismo, de extremo
interés, incluye una respuesta de Marianne van Hirtum y va seguida de la
traducción de “El mensaje automático” de André Breton. Hay varios textos
automáticos colectivos, varias prosas a dúo y dos juegos: el de lo uno en lo
otro, que debe tenerse en cuenta a la hora de estudiar este juego central en el
surrealismo, y el de interpretación táctil basado en el que había organizado
Jan Svankmajer en 1977 (Surréalisme, n. 2). Un homenaje de Josefina
Quesada al pintor mediúmnico Casimiro Domingo, admirado por Batlle Planas. Y
una sección central dedicada a los “escándalos”, en particular el de una
exposición del surrealismo en el Museo de Bellas Artes patrocinada por la
Philip Morris y el de la participación de Enrique Molina y Olga Orozco en los
jurados de los execrables concursos culturales de la Coca-Cola. En una nota, el
grupo reivindica las obras de Jacobo Fijman, Batlle Planas, Roberto Arlt y
Alejandra Pizarnik (“e, incluso, pese a todo, la de Enrique Molina”); mezquina
y sectaria en cambio es una nota de Mael ajustándole cuentas a Pellegrini
porque consideró a Batlle Planas en su Panorama “neorromántico” y no
surrealista y en cambio colgó obras de no surrealistas en la exposición
“Surrealismo en la Argentina” (donde, por cierto, y ello se silencia, había…
ocho obras de Batlle Planas), la arrogancia llegando al extremo de preguntarse
que “quién era Pellegrini” para no considerar a Batlle Planas surrealista.
Tras este número, el grupo contacta con Juan
Andralis, Sylvia Valdés y Carmen Bruna*, que se integran en Signo Ascendente,
como hacen los jóvenes Ricardo Robotnik y Gloria Villa. En los muy activos años
85-88 participan –ya no encontramos al aguerrido Mael– Arias, Bruna, del Mar,
Grénier, Robotnik, Villa, Sonia Rodríguez y Carlos Marcaida (los dos últimos de
presencia efímera). “El grupo –escribe Silvia Guiard– difunde su producción
sensible en recitales, muestras y presentaciones con músicos amigos, al tiempo
que continúa expresándose en volantes y declaraciones y, a veces, en algunos
periódicos como Nueva Presencia o La Razón que, en el 86, tendrá
el inusual gesto de dejar en manos del grupo un suplemento recordando el
aniversario de la muerte de Breton”. Entre el 83 y el 88, Signo Ascendente
publica Morgana o el espejismo y Lilith de Carmen Bruna, Salomé
o la búsqueda del cuerpo y Los banquetes errantes de Silvia Grénier,
Una temporada en Tenerife de Ricardo Robotnik, Himnosis de
Alberto Arias y Crisol de sábanas de Daniel Fernández, más, en 1986, la
preciosa “cajita visual” Severa vigilancia, con creaciones de Villa, del
Mar, Robotnik y Sergio Lima. Este último nombre señala el enlace Buenos Aires-São
Paulo, a donde han viajado en 1985 Silvia Grénier, Julio del Mar, Gloria Villa
y Ricardo Robotnik, invitados por Lima, a una mesa redonda sobre el surrealismo
en América Latina. Es este el momento en que se escribe el “Manifiesto de los
surrealistas argentinos” contra la presencia de Jean Schuster y José Pierre
(publicado posteriormente por Mário Cesariny como n. 11 de sus Noa-Noa
Surrealist Editions). En la inauguración, Grénier, del Mar y Lima cuestionaron
al dúo francés, que eludió la polémica, abandonando la sala inmediatamente Lima
y Geyser Péret. En el manifiesto se alude a los que “se apartaron
voluntariamente del movimiento, teniendo la pretensión de cerrarlo detrás de
ellos, como quien cierra una lápida fúnebre”; se señala que para los surrealistas
argentinos “el surrealismo no tiene nada que ver con las exposiciones
magistrales, con las crónicas meramente históricas o académicas, en fin con las
palabras vacías de pasión que estos personajes nos trajeron aquí”; y se afirma
que, al contrario, “el proyecto surrealista se encuentra lejos todavía de haber
sido alcanzado y conserva para nosotros toda la vitalidad, todo el furor y la
pasión que tenía en su comienzo”. La “pareja infernal”, como los ha llamado
Alain Joubert, es descrita como una “caricatura” que pretende “lucrar el resto
de su vida con la obra del surrealismo ocultando lo que evidentemente ya no les
pertenece: la rebelión surrealista”, sin dejar pasar la visión despectiva y
galocéntrica de José Pierre con respecto al surrealismo en Latinoamérica. Al
año siguiente, es Octavio Paz quien recibe una “Breve carta abierta”, que
repudia sus posiciones reaccionarias proyankis, y también se publica el boletín
Amor=Unión libre, contra la política eclesiástica de olvidar los
crímenes militares, y se lee una declaración de denuncia del “genocidio
iniciado en América con la llegada del primer encomendero de indios: Cristóbal
Colón”, señalando no solo la responsabilidad de la iglesia, sino –dedo en la
llaga que se pone pocas veces– la de la idea de progreso defendida por los
liberales como Sarmiento, ideólogos de la “conquista del desierto” con su
“darwinismo social”. Todas estas intervenciones –y solo puedo aquí resumir–
llevaron a un reagrupamiento a partir del cual el grupo lo formaban Óscar Pablo
Baldomá, Luis Conde, Carmen Bruna, Julio del Mar y Silvia Grénier, quienes
elaboran juegos colectivos y se relacionan con los grupos de París, Praga,
Estocolmo, Chicago y Madrid. Como “Grupo surrealista de Buenos Aires” firman en
1991 el primer Boletín Surrealista Internacional, respondiendo a la
encuesta sobre los objetivos presentes del surrealismo, y proponen a los demás
grupos una acción conjunta repudiando los festejos del V Centenario del
“descubrimiento” de América, que cristaliza en el segundo Boletín.
Dificultades de todo tipo llevan en seguida a la suspensión de la actividad
colectiva, siguiendo Silvia Grénier una obra que se manifiesta a través de las
revistas del movimiento en otros países.