jueves, 30 de junio de 2016

Graubard/Simpson, André/Simone

Remitimos hoy a dos enlaces del máximo interés.
El primero es una nueva colaboración entre Allan Graubard y Gregg Simpson, tras la de The Garden of Hesperides. Son en total quince collages del segundo con textos del primero, que continúan la gloriosa tradición surrealista de los trabajos al alimón, iniciada por Les champs magnétiques y en este particular caso Les malheurs des immortels révéles par Paul Éluard et Max Ernst (obra realizada por correspondencia, pero en la que, si Ernst hizo los collages, ambos colaboraban en la escritura, modificando o ampliando cada uno lo que le había enviado el otro).
El segundo enlace nos retrotrae precisamente a esos orígenes del surrealismo. Se trata del primer volumen de las cartas de André Breton a su primera mujer, Simone Kahn, editadas por Jean-Michel Goutier, quien ya había publicado las dirigidas a su hija Aube. No hay cartas de Simone a André, ya que en la Rue Fontaine no aparecieron. En este año en que se levanta el veto testamentario de Breton (veto del que Marcel Mariën, de inmediato, y para mí con acierto, se burló, publicando las que él tenía), las cartas de Breton comienzan a aparecer ya profusamente, y en la propia Jean-Michel Place se anuncia un ritmo de dos volúmenes anuales, avanzando cronológicamente. El documento electrónico incluye el prólogo excelente de Goutier y muchas de las cartas.

domingo, 26 de junio de 2016

Los escritos de Jacques-B. Brunius

Jacques-B. Brunius,
Retrato de un amigo desconocido, 1958
Este libro que comentamos hoy permite por primera vez tener un conocimiento cabal de una de las figuras de proa del movimiento surrealista. Es un tesoro de lucidez, ética y revuelta que reúne sus textos más significativos a lo largo de cerca de 500 páginas, rematadas por una serie de testimonios, entre los cuales destacan los de Fredy Buache (quien lo evoca al morir, en 1967), Maurice Henry (dentro de una carta a John Lyle), Ado Kyrou (nadie como él podía situar a Brunius en el contexto cinematográfico) y Jean Renoir (para quien era un gran actor de cine, que “nació surrealista”).
El título, Dans l’ombre où les regards se nouent, es el de uno de sus más célebres ensayos sobre el cine, publicado en el n. 11 de Minotaure. La cubierta, que lleva, ocupando portada y contraportada, un precioso collage suyo, anuncia en el interior “escritos sobre el cine, el arte y la política”, entre 1926 y 1963, pero hay mucho más: poemas, cartas, ensayos sobre literatura, crítica teatral, etc. Y es que, como señala Grégory Cingal en su espléndida introducción (“Vida del califa Brunius”), caben en su “extraña carrera semi-oculta y dispersa” infinidad de facetas: “inventor del domingo, cineasta del lunes, crítico del martes, poeta del miércoles, ensayista del jueves, traductor del viernes y actor del sábado, surrealista de todos los días”, y además dibujante, inventor de collages, guionista, cronista radiofónico, conferenciante, productor cinematográfico... Dibujos y collages sí que se reproducen pocos, siendo de esperar la aparición algún día de un volumen dedicado a esta faceta suya.
Como crítico de cine, Brunius recibió el influjo de Robert Desnos y se adelantó a los grandes críticos del surrealismo que luego irrumpirían, en particular Ado Kyrou, Gérard Legrand y Robert Benayoun. Aparte ensayos magistrales como “El sueño y el cine” y “El cine y el amor”, se recogen reseñas de películas como Metrópolis, el Napoleón de Abel Gance, El gabinete del Doctor Caligari, Un perro andaluz, La ópera de cuatro centavos, L’Atalante, The Ox-bow incident, La exótica, A vida o muerte, Larga es la noche, Mr. Verdoux, La golfa, El año pasado en Marienbad y Le jour se lève. Extraordinarios son los que dedica a Caligari, L’Atalante y Marienbad, filme que explica de modo a mi juicio certero por el sueño recurrente. Brunius, como es bien sabido, fue también actor, interviniendo en 22 películas, a veces con papeles de órdago como el del malvado Fouché de Los gavilanes del estrecho de Raoul Walsh (1953). En tanto director, apareció en 2009 un dvd con algunas de sus películas, incluyendo el genial Violons d’Ingres y, como bonus, Le palais idéal de Ado Kyrou (ya que, recuérdese, fue Brunius quien “descubrió” la prodigiosa creación del cartero Cheval) y un diaporama de fotos de sus películas y sus dibujos. Damos a continuación la ficha del dvd y algunas de sus reseñas:

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Jacques-B. Brunius, Matador cavernícola (hembra), 1943

La única inclusión discutible en todo el conjunto es la de unas cuantas cartas a su hija, especialmente patética una en que, aún niña, le profetiza que verá un mundo maravilloso a principios del siglo XXI, entre otras cosas –y cuesta citar tal memez– porque “habrá entonces invenciones extraordinarias, ya que los hombres serán cada vez más inteligentes”. Ofrecen en cambio un interés excepcional las dirigidas a André Breton, cuyo puñado va de 1932 (sobre el affaire Aragon) a 1946. Hay ocho del período 1942-1944, incluyendo la del 3 de diciembre de 1943 un retrato invalorable del surrealismo británico y de sus antecedentes (sobre los que encontramos en el volumen un ensayo dedicado al Jabberwocky de Carroll, escritor con cuyas lecturas Brunius aprendió el inglés, y el prefacio a la traducción francesa del Vathek de Beckford). La última de estas cartas le desenmascara a Breton el personaje de Pierre Brossolette, que aparecía tratado con buenas tintas en Arcane 17 (Oeuvres complètes, tomo 3, p. 89), aconsejándole incluso que rectifique si hace una nueva edición.
Textos de interés especial para el surrealismo son los dedicados a Violète Nozière, a las primeras novelas de Julien Gracq, a las Nouvelles impressions d’Afrique (Brunius, por cierto, fabricó la máquina para leer a Roussel, presentada en la Exposición Internacional del Surrealismo de1938 y de la que no ha quedado ni el rastro fotográfico), sobre Antonin Artaud (una bella evocación en 1963) y sobre su compañero de tantos años de brega surrealista, E.L.T. Mesens (un ensayo sobre sus collages, para la exposición de 1963, que no es solo lo mejor que se ha escrito sobre él, sino una reflexión de envergadura sobre el collage y el surrealismo). Grandes estudios son los titulados “Sin dios ni diablo”, “Idolatría y confusión” (en colaboración con Mesens), “La parte del diablo” y “El sueño. El inconsciente. Lo maravilloso”. Tampoco falta, por supuesto, el legendario artículo de 1936 dedicado al cartero Cheval y su Palais Idéal. Y, por lo que respecta a sus colaboraciones con París, la respuesta a la encuesta sobre las representaciones eróticas publicada en La Brèche y dos textos muy importantes del catálogo Le surréalisme en 1947: la declaración del grupo surrealista inglés redactada por él y Mesens y el magnífico artículo “Certezas sobre la libertad” –por alguien que sabía perfectamente lo que esta era.

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Jacques-B. Brunius, Collage en nueve episodios, 1942

Estas son las respuestas que Brunius dio a la encuesta de Le Savoir Vivre, realizada por René Magritte en 1946, y también insertas en este soberbio volumen. Las cosas que más detesta: “Los paraguas, el cristianismo, los ladridos de los perros, el remordimiento, el tipo agente doble, las camisas de seda, el olor a cura, el tono pederasta, conducir un automóvil, no hacer nada”. Las que más le gustan: “A las cinco de la tarde, el orgasmo de la mujer que amo. Después de la cena, la agonía de un cura. Los números 133 y 375. El día de la eclosión de los cólquicos. El relleno de las rodillas, el hueco de la cintura, el color rojo. Las grandes ciudades por la noche. Una foca solitaria en el mar de las costas de Cornouailles. No hacer nada”. Lo que más desea: “Una revolución que le diera la felicidad al hombre. Ver sobre las ruinas de todas las iglesias podrirse los despojos de todos los curas, chinches, militares, aragones, caseros, perros guardianes, degaullistas, carmelitas y similares, etc. –ya se ve lo que quiero decir. Hacer largos viajes por mar, no tener identidad, vivir encima de una montaña en un castillo que no dé sino al cielo. Durar aunque sea pasando a la posteridad. No hacer nada”. Lo que más teme: “La estupidez nacionalista, particularmente la francesa. La estupidez religiosa, particularmente la católica. La estupidez masoquista, particularmente la religiosa. La estupidez de los tecnólogos, especialistas, humanistas y otros burócratas de la religión del progreso. La estupidez. La utilización del psicoanálisis para «adaptar» al hombre. Las revoluciones fallidas. No ver llegar durante mi vida aquello que deseo. No hacer nada”.
(En esta página editorial, aparece el número de páginas del libro como 244, cuando son realmente 544.)

jueves, 23 de junio de 2016

Una pieza surrealista en siete escenas

Desde sus orígenes, el surrealismo se mostró interesado en el medio teatral, pero por supuesto para subvertirlo. Que de entonces a hoy poco o nada ha cambiado en ese medio (como no sea, tal lo definió Radovan Ivsic, su conversión en “aburrimiento subvencionado”) lo muestra la introducción de Guy Girard, quien hace un retrato desolador del actual teatro parisino, que es lo mismo que decir de cualquier parte del mundo, ya que, en efecto, en cualquier parte del mundo civilizado, “ante un público tetanizado por su propia devoción hacia los beneficios de la cultura, un tropel de energúmenos más o menos convencidos, más o menos inaudibles, nos lanza a la cara su espectáculo, ¡y qué espectáculo! No se trata sin duda de magia, ni de alucinación colectiva, ni tampoco de una inaudita deriva en el laberinto de los sentidos y de las esencias –y muy rápidamente lamentamos habernos sentado allí en vez de andar vagabundeando por las calles”.
Los fundamentos de la mecánica celeste (título tomado de un libro de divulgación científica encontrado precisamente al azar callejero), nueva publicación del Grupo Surrealista de París, responde al juego colectivo de escribir una pieza teatral sin ninguna preocupación por la intriga general ni por la psicología de los personajes. En las reuniones semanales, se ideó sacar al azar unos papelillos plegados sobre los cuales se habían inscrito los nombres de una serie de personajes de prestigio surrealista, o sea “escogidos entre los héroes de nuestra mitología común”, encarnando cada uno de los presentes a uno de esos personajes y escribiendo unas líneas, de las que solo se mostraba al vecino la última, para así encadenarse el juego. En total fueron siete escenas de un acto cada una, y en ellas iban desapareciendo los personajes hasta solo restar en la última uno, que no fue otro que Rrose Sélavy, quien acaba desplomándose completamente borracho. Posteriormente se decidió de modo aleatorio cuáles serían los espacios, los decorados y los vestidos. En cuanto a los primeros, pasamos de una cripta del Museo Pasteur (que acaba convertida en la carcasa de una langosta gigante) a una fábrica abandonada en la que llueven bocadillos.
Billy el Niño, por Emmanuel Boussuge
Aparte Rrose Sélavy, los personajes fueron nada menos que Juliette, Ravachol, Nicolas Flamel, Adèle Blanc-Sec, Billy el Niño, Madame Chantelouve, el Doctor Faustroll, la Castafiore, siempre sonriente ante su espejo, y Marilyn Monroe. De ellos, tenía yo olvidado al anarquista bombista y guillotinado Ravachol y a la amante de Durtal, el personaje de Allá lejos de Huysmans, Madame Chantelouve –en cambio, por permitirme un apunte personal, Juliette es protagonista de mi relato La conjura de Ulises, Flamel (quien deplora en la escena quinta la caída del mundo en “la anestesia generalizada”) aparece de modo recurrente en mis fabulaciones, Adèle Blanc-Sec forma parte de mi banda de Fantômas, y en Cité Toyen el Doctor Faustroll tiene una calle y hay un Mercader de Arena trasunto del Mercader de Sal.
Participaron en la pieza Michel Zimbacca, Joël Gayraud, Guy Girard, Virginia Tentindó, Pierre Petiot, Ana Orozco, Jean-Raphaël Prieto, Élise Aru, Pierre-André Sauvageot, Alfredo Fernandes, Claude-Lucien Cauët, Émilie Frémond, Sylvain Tanquerel, Emmanuel Boussuge, Anny Bonnin, Carlos de los Ríos, Michael Löwy, Nicole Saffer, Hervé Delabarre y Francis Lecomte.
Virginia Tentindó hizo la cubierta, y los siete actores fueron retratados individualmente por Guy Girard, Sylvain Tanquerel, Anny Bonnin, Élise Aru, Michel Zimbacca, Claude-Lucien Cauët, Jean-Raphaël Prieto, Alfredo Fernandes, Emmanuel Boussuge y Ana Orozco.
Concluyo con una cita de Jacques Brunius, espigada hace unos días:
“Es sabido cuántas reprobaciones le han valido al surrealismo costumbres escandalosas como la de escribir un poema entre varios o no firmar un dibujo compuesto del tipo «cadáver exquisito». La noción misma de un «grupo» les bastaba para poner el grito en el cielo a todos los grajos de la pintura y de la versificación.”
contactos:

Al día

“A la luz de los castillos vitrificados”, título tomado del poema “Fata Morgana” de André Breton, designará la exposición que, entre el 18 de septiembre y el 31 de diciembre, dedicada al fundador del surrealismo en el cincuentenario de su muerte, tendrá lugar en el Museu Municipal Santos Rocha de Figueira da Foz, la ciudad marítima más cercana de Coimbra. Organizan Miguel de Carvalho y Rik Lina y –también de ahí el título– se compondrá solo de collages.
El verso completo de Breton es: “A la luz de los castillos vitrificados del monte Knock-Farril en el condado de Ross”, alusión a unos fuertes situados en Escocia cuyos muros eran de un enigmático vidrio negro, y de los que Breton tuvo noticia por un reportaje aparecido en 1845 en Le Magasin Pittoresque.


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Javier Gálvez reúne en Ardemar Ediciones, con el título de Abiertamente hermética, cuatro de sus poemas ya publicados: “Praga” (La Bella Cristalera, 2009), “Sur real ismo!” (Ardemar, 2014), “Himeneo sucumbido” (Ardemar, 2004) y “Talud” (Sine Qua Non, 2015).
“A veces quisiera reírme. Con un trozo de mente en los pies. Como si fuera la última semilla. Pareciera que aquel que ríe está fuera del alcance de todo peligro, de toda preocupación, de toda angustia. La risa tiene el poder de desbaratarlo todo sin romper nada”.

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Los boletines Soapbox pueden seguirse por la página del umbo. En el n. 53, destaquemos el soberbio “retrato ascendente” de Élie-Charles Flamand hecho en 1982 por Jean-Pierre Paraggio (quien, por cierto, expone sus “Picos y sombras” en la Galerie Plurielle de Sète entre el 23 y el 29 de julio):
http://lesminutesdelumbo.com/?page_id=17

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Página alemana con mucha información sobre el surrealismo en su dimensión internacional, obra del artista Peter Schneider-Rabel:

domingo, 19 de junio de 2016

Poesía surrealista en Cuba

Pese a haberse publicado en Valencia de España hace dos años, solo ahora tuve noticia de este muy importante librito dedicado a la poesía surrealista cubana. En un trabajo aparecido en el número 7 de Derrame, Vicente Jiménez anunciaba el título Las claves prometidas –proyección de surrealismo en la poesía cubana contemporánea, que se ha convertido finalmente en esta Memoria del surrealismo en Cuba, editada por Aduana Vieja.
Vicente Jiménez nació en Cuba en 1936 y reside en los Estados Unidos desde 1962. En la introducción, liquidando bellamente el discurso académico, escribe: “El autor se autoproclama surrealista en su visión del mundo y especialmente del arte, por lo que, como investigador y crítico, nunca pretenderá ser objetivo ni imparcial. Para él no hay poesía mayor que la poesía surrealista en cualquier idioma”.
A ello se añade, en la consecución de un libro invalorable, el hecho de que Vicente Jiménez formó parte de la aventura surrealista cubana, por lo que ha conocido a muchos de los nombres de que se ocupa, dando de ellos una información apasionada y de primera mano.
Gina Pellón, Método mecánico en forma de mariposa,
1976, col. privada, Noruega
Su obra se limita a la poesía, pero en la introducción enumera una serie amplia de artistas cubanos surrealistas o de huella surrealista, que van de su exponente capital, o sea Jorge Camacho, a nombres circunstanciales, pasando por figuras de notable relieve surrealista como Gina Pellón, Joaquín Ferrer, Roberto García York, Agustín Cárdenas o Jesse Fernández, lo que da sin duda para otro bello libro.
Al haberlos conocido en los años 50, Vicente Jiménez sitúa óptimamente a cada uno de los escritores tratados en su turbulento contexto cubano. Estos nombres son, en sus respectivos capítulos, Juan Breá y Mary Low, Nivaria Tejera y Fayad Jamís, José Antonio Baragaño, Fernando Palenzuela, José Antonio Arcocha, Carlos M. Luis, Jorge Valdés Ramos y Walt Jiménez. Que el sentido crítico de Vicente Jiménez es acerado y rigurosamente surrealista, lo muestran, por poner un ejemplo, las palabras con que cierra su artículo sobre Fayad Jamís: “A pesar de su gran poesía, por la que le he incluido en este estudio, no es posible llamar surrealista a quien escribiera tan incisivamente por la libertad y no obstante por tantos años se postrara al servicio de la tiranía”.
El volumen contiene al final el texto de Baragaño “¿Por qué la poesía?”, escrito en 1960, y una fascinante entrevista de Floriano Martins a Fernando Palenzuela, que aunque publicada en Agulha en 2006, es todo un acierto incluir aquí. Este soberbio poeta profundiza aquí en una serie de cuestiones decisivas, desde los recuerdos de muchacho y el encuentro con Arcocha y Baragaño hasta su visión de la poesía, pasando por las observaciones sobre Lezama y sus acólitos, la crítica a los muchos que se aprovechan del surrealismo para luego denostarlo o ningunearlo (de estos he conocido yo a unos cuantos) o las circunstancias en que Octavio Paz no se atrevía a colaborar con los escritores no castristas por no ser ello en la altura “políticamente correcto”, como diríamos hoy. En la entrevista, Fernando Palenzuela dice: “El surrealismo es para mí, en última instancia, una forma de sentir la vida, de ver la realidad, un estado de ánimo por encima de cualquier expresión literaria o artística”.
El trabajo de Vicente Jiménez es de extrema importancia, ya que supone una visión certera, y prácticamente definitiva, de lo que ha sido el surrealismo en Cuba. Ojalá alguien con sus mismos criterios afronte la vertiente plástica, que en el surrealismo nunca puede disociarse de cualquier otra, y de la que él mismo ofrece los mojones principales e ineludibles. Se dan en sus páginas también pistas bibliográficas muy útiles, como sobre todo las que en la página Banda Hispánica de la red antologizan a Arcocha, Baragaño o el propio Palenzuela.
Este libro, en fin, es un ejemplo de lo que siempre ha debido hacerse en los estudios geográficos del surrealismo, y de lo que raramente se ha hecho.

Ajustando las fechas

Josef Kremlacek, Memento mori,
técnica mixta sobre papel
A pesar de que intentamos seguir en este espacio la actualidad del surrealismo, a veces se nos escapan cosas. Un reciente correo de Steven Harris aporta de modo muy amable interesantes informaciones sobre las fechas que enmarcan la vida de las figuras del surrealismo tratadas en Caleidoscopio surrealista.
En los años de existencia de este blog se han producido las siguientes desapariciones no registradas en su momento: en 2013, las de Zdenek Cibulka (grupo Stir Up), Iijima Koichi (surrealista japonés) y Francisco Pérez Perdomo (grupo El Techo de la Ballena); en 2014, las de Fernand Leduc (automatista canadiense) y Gina Pellón (artista cubana que hoy mismo nombramos al tratar del libro de Vicente Jiménez); y en 2015, la de Josef Kremlacek (grupo Stir Up). Por último, hace tan solo un mes  ha muerto Carl Fredrik Reuterswärd, que marcó presencia en Edda, Boa y Phases.
A veces los datos se arrastran erróneamente de libro a libro, o son los que constan en la whiskypedia, que es una fuente tan poco de fiar como cualquier otra. En el caso de algunas mujeres, sorprende cómo les ha gustado jugar con la indefinición, por lo general dando varias fechas de nacimiento, o adelantándola; así, hay varias fechas para Maria Martins, y de Nelly Kaplan ni su biógrafo llega a decir nunca en su libro cuándo exactamente nació. Por mi parte, he seguido siempre el criterio de no valerme sino de los datos disponibles, sin ocurrírseme nunca preguntarle a nadie cuándo lo hicieron mortal.
Esta es la lista de nombres de los que se puede decir con seguridad o a veces casi seguridad que sus datos son los correctos, sufriendo alguna alteración con respecto a los ofrecidos en Caleidoscopio surrealista, y también incluyéndose en ella la noticia de algunas desapariciones de las que no tenía noticia, como las René-Guy Doumayrou, Ted Kingan, Pierre Gauvreau o Ursula Bluhm:
p. 51 Georges Ribemont-Dessaignes (1884-1974)
p. 71 Georges Sadoul (1904-1967)
p. 76 Hendrik Cramer (1884-1944)
p. 108 Dora Maar (1907-1997)
p. 164 Henri Siegle (1907-1995)
p. 180 René-Guy Doumayrou (1925-2011)
p. 253 André Bernard (1937)
p. 269 André Souris (1899-1970)
p. 308 Otta Mizera (1919-1952)
p. 372 Alan Burns (1929-2013)
p. 409 Dave Bobroske (1949-2013)
p. 477 Ursula Bluhm (1921-1999)
p. 478 Edgar Ende (1901-1965)
p. 491 Jerzy Kujawski (1921-1998)
p. 501 Pierre Gauvreau (1922-2011)
p. 505 Ted Kingan (1927-2009)
p. 568 Roberto Aizenberg (1928-1996)
p. 641 Pierre Yoyotte (¿?-1940)
p. 645 Magloire-Saint-Aude (1912-1971)
p. 675 Yoshiko Hirashawa (1939)
Mención especial merece este último nombre, ya que aparece como Mirashawa, a diferencia de la primera edición, en que aparecía bien. Tras devanarme los sesos en el intento de saber qué podía haber pasado, la única explicación parece estar en el trabajo del maquetador, quien al cambiar el tipo de letra de cada entrada debió convertir este nombre mal, sin que yo luego lo advirtiera. Espero que no haya ningún otro caso en que la nueva edición no mejore sino empeore la anterior...
Steven Harris, que ha realizado un espléndido trabajo sobre el surrealismo en Canadá para la enciclopedia británica anunciada, señala con respecto a la fecha de 1983 de la cronología (pág. 749) que Scarabeus empezó en 1979 y acabó en 1998, y que Melmoth tuvo 7 números entre 1981 y 1986, lo que obliga a corregir estas informaciones no solo en la cronología sino en el capítulo canadiense, página 498. Señal de lo dificultoso que es todo esto: el propio Gregg Simpson, en su documento sobre la historia del surrealismo en Vancouver, fuente principal de informaciones sobre la materia, y aquella en que yo me basé, dice que  el n. 1 de Melmoth salió en 1983, un año después de que se creara el grupo homónimo... Sin duda, Gregg Simpson se fió de su memoria, o confundió las fechas que tenía sobre la mesa.
Tratamos de que los datos sean lo más certeros posibles, pero a veces erramos y hasta surgen gazapos con los que era imposible contar, como el de Hirashawa/Mirashawa. Por ello, sería de mi agrado, ya que no habrá una tercera edición de este libro, intentar de aquí a un tiempo subir un pdf revisado y actualizado, aunque quizás sea imposible dado que el editor “desapareció” el quark de la maquetación. Afortunadamente, sí será posible al menos para la cronología, que pondremos en órbita independiente para fin de año.

Josef Kremlacek, técnica mixta sobre papel

jueves, 16 de junio de 2016

“Surrealismo: el oro del tiempo”, tomo 2

Cubierta: Renzo Margonari,
Lettera d'intenzione, 2013

Acaba de aparecer, impreso y distribuido por lulu.com, el segundo tomo de Surrealismo: el oro del tiempo. Se trata simplemente de los textos aparecidos en este blog con posterioridad a los recogidos en el tomo 1, y por tanto solo ofrece algún interés para quien conserve el gusto arqueológico por los libros.
Por desgracia, problemas con la vista me han impedido elaborar el índice onomástico que sí llevaban tanto el tomo 1 como Caleidoscopio surrealista.
El contenido, que posee nuevamente un hilo temático, es el siguiente:
Lo que será/Ce qui sera/What will be. The Annual, n. 1 . Peculiar Mormyrid, nn. 1-2-3. Analogon, 2014. A Phala, n. 3. Phosphor, n. 4: la ciudad onírica. London Surrealist Group. Los amigos de Alicia. Patricide y el cine. Salamandra, n. 21-22. Hydrolith, n. 2. La chasse à l’objet du désir. El surrealismo y el mito templario. La Belle Inutile: Lithaire/Collage redux. L’Or aux 13 Îles, n. 3. L’Impromptu/l’umbo/Soapbox. El festín de imágenes de Jean-Pierre Paraggio. André Bernard, poeta insumiso y contumaz. Juegos del Grupo Surrealista de París. Guy Girard. Pierre-André Sauvageot. París surrealista. Alice Massénat. Jean-Pierre Lassalle: tintas y alcoholes. Dan Stanciu/Sasha Vlad. ¡Cadáveres exquisitos en tres dimensiones! Fotos de Peter Overton. Merl Fluin. Raman Rao. Jhim Pattison. Byron Baker. Dianas surrealistas. Bogartte, Toyen Street. Samuel Martin –Ribitch. Sotère Torregian y la Edad de Oro. “Sobreimposiciones” de Misiano-Genovese. David Nadeau y el surrealismo musical. Beatriz Hausner o la llama surrealista en Toronto. Amirah Gazel. Fernando Palenzuela: escribir lo verdadero. Morada 12 de Raúl Henao. El surrealismo en Chile. Señales del Cabo Mondego. Salinas. Molinos, olas... y más salinas. Cádiz: Bruno Jacobs. Javier Gálvez. Grupo surrealista de Madrid. Ángel Zapata y la “materia oscura”. Julio Monteverde. Los collages mediúmnicos de Nelson de Paula. Los nanquines de Rodrigo Mota. Renato Souza y el juego de las metamorfosis. Nuevos viajes del doctor Sardan. Política y urnas. Noticias de Icecrawler. Her de Vries. Rik Lina y las texturas de la imaginación. Paul Bogaers. Infosurr, 2012-2014. Faro peretiano. Arturo Schwarz: Surrealismo como movimiento y como “filosofía de la vida”. Derivas del surrealismo. Surrealismo en Latinoamérica. Reanudación de “Surréaliste”. “El surrealismo y el sueño”. Objetos matemáticos. Surrealismo, arte, ciencia. Georges Sebbag y las proyecciones filosóficas del surrealismo. El trapecio volador. Da Costa: la más explosiva enciclopedia de todos los tiempos. E.L.T. Mesens. Marcel Mariën, marino surrealista. Jules Perahim. Centenario de André Frédérique. Memorias surrealistas de Radovan Ivsic. Nicole Espagnol. Fred Deux. Joan Ponç, en Tenerife. Reedición de Lo imprevisto, de López Torres. Nivaria Tejera. Auge de Aldo Pellegrini. Carmen Bruna, en Sonámbula. Jean-Paul Martino. David Martí y el Señor Ducasse, alias Lautréamont. Philip Lamantia. Joseph Cornell y el surrealismo. Sheila Legge. Flávio de Carvalho y el surrealismo. Paul Duchein. Entre pluma y pincel: Chaissac/Dubuffet. Bretaña surrealista. Meret Oppenheim y el surrealismo. António Cândido Franco y el surrealismo en Portugal. A Ideia y el surrealismo en Portugal. Mário Cesariny. Inéditos de Mário Henrique Leiria. “Operación Papagayo”. Una entrevista a Cruzeiro Seixas. António Dacosta. Miguel de Carvalho en el Congreso de Lisboa. Fotografía surrealista checoeslovaca. Metamorfosis animadas. Jan Krizek y “Le poignard subtil”. Grupo surrealista de Bucarest, años 40. Missoula, Montana, años 70. El sentido mágico de Malcolm de Chazal. Sade, Breton, Sade. Los surrealistas y Víctor Hugo. Michael Löwy y Walter Benjamin. Centenarios 2014/2015. Una “biografía” de Fantomas. Los blues. Thessa Herold, galerista. Flauta de luz. Crónica [cincuentra páginas de notas diversas].

viernes, 10 de junio de 2016

Brunius, Sebbag/Breton, “La vertèbre et le rossignol”, Picabia

Tras una serie de infamias parasitarias, al fin se publica un libro arreglado a la categoría surrealista del gran Jacques-B. Brunius. Y es que, en esta ocasión, él tiene la principal palabra, ya que se trata de una antología de sus propios escritos:



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Por otra parte, Georges Sebbag celebra el cincuentenario de André Breton con un libro sin duda jugoso:


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Ha aparecido el número 4 de La vertèbre et le rossignol, que anima en tierras canadienses David Nadeau. Aunque lo comentaremos próximamente, damos ya los enlaces con que puede obtenerse.
El tema elegido es el de “La prueba peligrosa”, la cubierta es de Verónica Cabanillas Samaniego y colaboran Ody Saban, Patrick Lepetit, Rik Lina, Merl Fluin, Paul Cowdell, Guy Ducornet, Allan Graubard, Richard Misiano-Genovese, Janice Hathaway, J. Karl Bogartte, Alex Januario, John Welson, Craig S. Wilson, David Nadeau, Bruno Montpied, Rodrigo Verdugo Pizarro, Michael Vandelaar, Zazie, Amirah Gazel, Tim White, Alejandro Puga,, Raman Rao, Valery Oisteanu, Paul Mc Randle, Byron Baker, Andrew Mendez, David Coulter, Suzanne et Sylvain, Suzanne Labrie, Device Scribbles - Afterburn, Verónica Cabanillas Samaniego, Peter Dubé, Stephen Kirin, Singwan Chong Li, Tunç Gencer, Steven Cline, Casi Cline, Jean-Pierre Paraggio, Jon Graham, Pascale Dubé, Marie-Claire, Carl Lampron, Chanterel Gagnon, Coroner Paradis, Gilles Latour, Sien-Sébastien, Allex Bel, Siri Tobahc, Gabriel Lalonde, Gleason Théberge y Tania Lorandi.
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En Zurich, retrospectiva de Picabia, que en noviembre viajará al Museo de Arte Moderno de Nueva York:

domingo, 5 de junio de 2016

Memoria viva de Jan Schlechter Duvall

Jan Schlechter Duvall, Dreams od freedom, 1968

Brumes Blondes y Uitgeverij West han publicado, con motivo de la exposición de Jan Schlechter Duvall de que dimos cuenta hace unas semanas, un valioso catálogo repleto de imágenes a todo color, aportación que atesorará todo apreciador de este artista verdaderamente ejemplar, nacido en la isla indonesia de Belitung en 1922 y fallecido en 2009. Schlechter Duvall estuvo asociado al grupo surrealista de Chicago, a Brumes Blondes y a Phases.
La monografía, aunque solo en neerlandés, incluye una detallada cronología biográfica, una presentación de Laurens Vancrevel, ensayos de Helena Spanjaard y Michiel van Kempen y, del propio artista, una serie de poemas, fragmentos y textos teóricos, uno de ellos sobre el automatismo, cuyo descubrimiento fue para él decisivo.
Este catálogo es fundamental para quien quiera tener una visión de conjunto de la obra plástica de Schlechter Duvall, y debe unirse al fabuloso volumen de Rêve à Deux The adventures of Desirée (2009), su “encuentro” con los dibujos de Unica Zürn, que contaba, en la más asequible lengua inglesa, con el estudio definitivo de Laurens Vancrevel sobre su obra, con unas páginas del editor, Richard Waara, en que celebraba el “poder lírico de espontaneidad” que caracteriza a sus imágenes, y con un poema final de Jhim Pattison, que reproduzco aquí.


viernes, 3 de junio de 2016

“Infosurr”, 120

Infosurr celebró su 20 aniversario con un número –el 120– especialmente rico en informaciones y reseñas. En efecto, fue hace veinte años cuando Richard Walter tuvo la feliz idea de crear un boletín de actualidades sobre el surrealismo y sus alrededores, secundada de inmediato por Édouard Jaguer, quien contribuyó de modo decisivo a darle su orientación internacionalista.
En este número hay algunas amplias reseñas, entre las que destacan la de Guy Girard sobre la antología de Hervé Delabarre Prolégomènes pour un ailleur (en Les Hommes sans Épaules) y la de Claude Courtot sobre los veintidós textos (2004-2015) que componen L’étroit chemin du large de Jean-Claude Silbermann. A Hervé Delabarre ha dedicado recientemente la revista À l’Index su número 26, con entrevista incluida; el contenido puede verse en este enlace:
La figura rescatada de este número es Robert Crégut, con una larga semblanza por Bruno Duval, en que se da cuenta de todos sus bandazos.
En el capítulo de libros, Richard Walter anota el de Nadine Lefebure (La Main à Plume) Partances, editado en 1953 y 61 años después, en Caractères. Sin comentarios se da cuenta de los Dessins hypnotiques de Robert Desnos, en Jean-Michel Place, donde ha aparecido también hace muy poco, al cuidado igualmente de Carole Aurouet, Desnos et le cinéma, volumen que se une en la misma colección a los dedicados a Brunius, Aragon y Michaux. Tampoco hay comentarios a las Memorias del surrealismo en Cuba, de Vicente Jiménez, ensayo del que hablaremos aquí próximamente.
En las exposiciones, Michel Remy informa de la celebrada en el Reino Unido por Kathleen Fox, Sally Meakins y Jo Welsh, “Once upon a time in Hastings”, y Laurens Vancrevel de la de Kurt Seligmann en San Francisco el año pasado, con un catálogo que incluye un texto de Martica Sawin. Véase sobre la primera este completísimo enlace:
Merece también destacarse, ya que no lo hicimos aquí en su día, la de Nicolás Lekuona en Guillermo de Osma, cuyo catálogo –que pasa a ser el más comprensivo de esta figura– puede verse en pdf:

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La revista Empreintes, que deja habitual espacio al surrealismo, contiene en su n. 27 un dosier sobre Virginia Tentindó y un inédito de Guy Cabanel.

jueves, 2 de junio de 2016

Élie-Charles Flamand (1928-2016)


Murió el 25 de mayo Élie-Charles Flamand, uno de los grandes poetas del surrealismo, adscrito al grupo de París durante unos años, y amigo siempre de André Breton, con quien lo vemos en esta foto veraniega de 1958, en Saint-Cirq-Lapopie.
Autor de cerca de treinta poemarios, recientemente aparecía una gran antología suya, en La Lucarne Ovale: Braise de l’unité, también obtenible como pdf. Pero no hay mejor homenaje que leer (o releer) el admirable libro Les méandres du sens (Éditions Dervy, 2004), donde este maravilloso poeta se desvela y habla largamente de su aventura en el surrealismo.