lunes, 26 de octubre de 2015

Ángel Zapata y la “materia oscura”

Materia oscura es el tercer libro que publica Ángel Zapata en las muy cuidadas y a la vez sobrias ediciones de Páginas de Espuma, todos ellos con una sorprendente ilustración de cubierta por el pintor Roberto Carrillo.
En 2001, aparecía el primero de esos libros (aunque en otra editorial, ya que Páginas de Espuma lo que hizo fue reeditarlo en 2011): Las buenas intenciones y otros cuentos. Los cuentos eran más o menos breves, y venían encabezados por epígrafes de Lewis Carroll (“–Pero yo soy real –dijo Alicia echándose a llorar. –No te vas a volver más real por llorar –observó Tweedledee–. No hay por qué llorar”, Alicia a través del espejo) y Joseph Conrad (“Siempre le he temido a mi corazón”, La línea de sombra), que pudieran valer para toda la obra narrativo-poética de Ángel Zapata y no solo para ese libro de debut que él ve inscrito en la tradición del cuento contemporáneo español, pero con el que no rompen los siguientes, siendo ya aquí detectable una gracia y un humor que me han hecho pensar en tres autores españoles que van en la misma línea de la narración saturada de imaginación, libertad de lenguaje y bellos desatinos, a saber Antonio Ros de Olano (el único antecedente español del surrealismo que admite un cotejo, en este terreno, con los muchos más conocidos nombres alemanes, ingleses o franceses), Eugenio Granell (con sus divertidos cuentos que en nada ceden al esplendor de sus pinturas) y José María Hinojosa (con La flor de Californía, una de las primeras y raras obras poéticas que supieron, desde el surrealismo, librarse de la asfixiante retórica neogongorina y juanramoniana). Estos cuentos están siempre impregnados de poesía, ya que el propio Ángel Zapata alude en una de sus dedicatorias a su “pasión de la poesía” –y también a su “fervor decadente y casi narcótico por los tebeos” (valiéndose de esa simpática palabra que en España antecede a la de cómic), lo que ahora lo acerca a los saludables hontanares populares y lo aleja del corte elitista de la pedantería profesoral.
Su segundo libro, La vida ausente, supone un incremento en la audacia imaginativa y, aparte su título rimbaldiano, muestra su adentramiento en los parajes surrealistas desde el inicial epígrafe bretoniano: “Es preciso que el hombre se pase, con armas y equipajes, al bando del hombre”. El texto que da título al libro posee carácter autobiográfico y lo encabezan unos versos sobre la tan surrealista espera, de Aldo Pellegrini, un nombre muy grande de la constelación surrealista (“Cuando las miradas se consumen / cuando se recogen las cosas familiares en su vacío y en su sombra / en ese límite de la tierra donde las horas no pasan / la espera / como un gran viento helado te despoja”). El autorrelato nombra a Lautréamont, Rimbaud, Breton, Artaud, Chirico, Schwitters, Tanguy, y refiere el descubrimiento, en los años mozos, del surrealismo: “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo, lo habían escrito medio siglo antes los poetas del surrealismo que yo iba a buscar todos los sábados –a rastrear, más bien, en vetustas ediciones argentinas–, por las casetas de Moyano; y en aquella poesía fulgurante, atravesada por lo aleatorio, por la utopía y por la ensoñación, yo encontraba la llama y el latido interior de mi vida, me descubría surrealista, o descubría en el surrealismo, igual da, una lengua anterior a la lengua materna, una realidad contigua a aquella realidad desoladora que era después de todo la de mi cuarto, una locura propia que oponer a esa otra locura prestada, sorda y habitual de la familia; una región donde habitar”. Esta región inmensa, ya que el surrealismo abre infinidad de puertas, empezando por las de las culturas “salvajes”, es la de una utopía que existe: “Con independencia de lo que ocurra, de lo que no ocurra –había escrito Breton– lo que es magnífico es la espera; y yo me había apropiado de estas palabras como de una promesa, y estaba decidido, sin saberlo, a esperar. Breton había elaborado, sí, una mística laica de la espera, una espera que no se deja sobornar por esa forma de narcosis que es la esperanza, pero que instaura, al mismo tiempo, la inquietud y el anhelo de una grieta, de una distancia incancelable, con respecto a lo dado. Porque lo dado solo existe para quien ya ha dejado de esperar. Quien pronuncia esa frase fatídica, «las cosas son así», comete un crimen de lesa humanidad, se alía a los poderes de la muerte. La verdadera vida no está ausente, como decía aquella traducción silvestre del verso de Rimbaud que yo leía por entonces. La verdadera vida es ausente. La vida es utopía o no es –es deseo o no es vida–; pues la vida es estar deshaciendo lo dado, ausentándolo con la soberanía de la espera”. No sorprende que con declaraciones como estas Ángel Zapata una tras este libro sus fuerzas a las del Grupo Surrealista de Madrid, en cuya revista Salamandra va a colaborar, así como en proyectos como el de La crisis de la exterioridad. Pero es que también encontramos en La vida ausente un relato, titulado “La maquinaria de los teleféricos”, dedicado “a la memoria surrealista y libertaria de Benjamin Péret”, a quien del mismo modo podía haber dedicado “El diapasón de las llanuras tártaras”. “La maquinaria de los teleféricos”, con su buscador de níscalos, es el cuento que me recordó La flor de Californía, como “Lo bueno siempre es poco” algunos relatos de Granell.
Materia oscura toma su título de un término astrofísico, que designa una materia indetectable por los instrumentos científicos y que solo puede deducirse por sus efectos gravitatorios. Su composición –reza la nota de la contraportada– “nos resulta desconocida, pero no así su propiedad más notable, que es la de aglutinar la materia visible. De un modo análogo, el lenguaje está habitado por un elemento que le es extraño –la pulsión inconsciente–, y que le proporciona una cohesión tensa, dinámica, donde el sentido y el sinsentido, lejos de excluirse, se mezclan para producir el efecto de la significación. En la tradición del surrealismo, este libro propone un modo de escritura que se concibe como inscripción de lo pulsional. Una escritura fragmentaria, exploratoria, múltiple, en la que los géneros y la narratividad misma se disuelven. Y que atestigua así la conmoción de una época donde la posibilidad del significado está siendo anulada por la destrucción de toda forma de normatividad y límite a manos del capitalismo, y la vuelta a la ley del más fuerte como expresión (abyecta) del vínculo social” (creo que más que de “vuelta” debería hablarse, en todo caso, de “recrudecimiento”). En efecto, predominan aquí los textos breves, diez de ellos ya presentados en los dos últimos números de Salamandra como “poemas”. En los polos extremos, están “Cosmogonía”, que abre el libro y hace honor a su nombre, y aforismos como los de “Atención a la nieve” (“Lo que expresa algún tipo de equilibrio está siempre drenado”; “Quieren a la tormenta arrodillada, esa es su álgebra, esa es su forma innoble de no querer”). Pero también hay relatos en la línea de “La maquinaria de los teleféricos”, por donde circulan como personajes una muela gigante (a la que vemos en la pintura de Roberto Carrillo, contemplada por los ciudadanos de la Expectativa de Richard Oelze), un grupo de tijeras, seis piedras pómez o una botella de sifón. No cabe duda de que la calidad visionaria en estas tres recopilaciones de Ángel Zapata ha ido aumentando y aquilatándose, con hallazgos memorables, como esa historia del amigo de una cascada que lo seguía a todas partes o la imagen de las tres cabezas de camello que nacen de las paredes de un cuarto. Este camino de subversión y poesía es sin duda el suyo, ahora presidiéndolo todo un adecuado epígrafe de otra figura bien familiar para el surrealismo, Alejandra Pizarnik: “Alguna vez, tal vez, encontremos refugio en la realidad verdadera. Entretanto, ¿puedo decir hasta qué punto estoy en contra?”
“No confiemos en nada, nunca, en nada, salvo en lo lacio y en lo malherido”.


Susana Wald, Joyce Mansour, Musidora…

Agulha dedica un recopilativo dossier a la maravillosa Susana Wald, que se suma al que hace un par de meses salió sobre Ludwig Zeller. Excepcional tanto un conjunto como el otro.
Además, tenemos un nuevo número de esta revista digital dirigida por el infatigable Floriano Martins, riquísimo por lo que respecta al surrealismo: ensayos sobre Dolphi Trost y Gómez-Correa, sobre Roberto Piva y el surrealismo (obra de Claudio Willer), unas reflexiones del propio Floriano sobre el surrealismo en la América lusohispánica y un abordaje de los aspectos surrealistas en la obra de Rosário Fusco y en la de Jorge de Lima. Imposible pedir más, porque encima viene acompañado todo por los dibujos de Zuca Sardan.

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Joyce Mansour con una máscara de conchas
(foto Marion-Valentin)

Un homenaje a Joyce Mansour tiene lugar en la galería Sophie Scheidecker (14bis Rue des Minimes, junto a la Place des Vosges), hasta el 15 de diciembre.
“Joyce Mansour et autour” incluye, entre otros, obras de Alechinsky, Arp, Baj, Balthus, Bellmer, Benoît, Brauner, Camacho, Ernst, Lam, Lebel, Magritte, Matta, Michaux, Molinier, Mimi Parent, Man Ray, Toyen y la propia Joyce Mansour.

André Breton y Joyce Mansour, 1959

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Patrick Mordelet es el autor de una interesante acuarela en que conjunta a Breton con la sublime Musidora:

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Y Alenka Sottler es una magnífica pintora e ilustradora de libros eslovana cuyas intensas imágenes acompañan un volumen de Malcolm de Chazal.


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Dawn Ades, Michael Richardson y  Krzystof Fijalkowski, a la vez que avanzan con el monumental proyecto de The international encyclopedia of surrealism, acaban de publicar The surrealist reader. An anthology of ideas, recopilación de los textos más significativos del surrealismo desde los años 20 hasta los 90.
El anuncio de la publicación dice que se trata de revisar “radicalmente” la idea corriente de “qué y cuándo el surrealismo fue”, fue que parece ahora extenderse al siglo XX, cuando ese es un límite tan absurdo como el de 1969 o como cualquier otro. El más apresurado e irregular visitante de este mismo blog lo sabe o puede comprobar perfectamente.

miércoles, 21 de octubre de 2015

El faro peretiano

Dcha: Günther Gerzso, Retrato de Benjamin Péret, 1944

Je ne mange pas de ce pain-là. Benjamin Péret poète c’est à dire révolutionnaire es el nuevo título de la colección de discos surrealistas Phares. La dirección es de Rémy Ricordeau, quien en 94 minutos traza lo esencial de la biografía y la personalidad de una figura clave del surrealismo. De nuevo hay versiones con subtítulos en español y en inglés y un libreto ilustrado a todo color contiene un centenar de páginas. La traducción castellana pone siempre Bretón, en la mejor línea de la tan rica ignorancia supina hispánica cuando se aborda el surrealismo.
Intervienen algunos sobrevivientes de la última armada bretoniana, en concreto Alain Joubert, Michel Zimbacca, Georges Goldfayn y Jean-Claude Silbermann. Joubert es quien mejor contribuye a trazar la semblanza de Péret, y Silbermann –entrevistado con una de sus magníficas enseñas detrás– el único con algunos juicios desafortunados: él mismo es consciente de que no está diciendo nada pacífico cuando compara la poesía de Péret a la música de Miles Davis (que considera la más “violenta” del jazz, pero que solo lo es, en todo caso, de cierto tipo de jazz) y también repite el insidioso cliché del “fracaso” del automatismo, según él a causa de su carácter “experimental”. Georges Goldfayn observa cómo la poesía de Péret, con su “cabalgata de imágenes mentales”, responde a un dictado “visual” y no “sonoro”. Zimbacca evoca la colaboración en L’invention du monde, cuyo título propuso Péret. El lado más estudioso lo ofrece Guy Prévan, autor del espléndido librito Benjamin Péret, révolutionnaire permament; tan solo podría reprochársele que en la alusión a Néon parezca desvalorizarlo, al describirlo como mera “tentativa de revista que no dura sino unos pocos números”, sin decir nada más de una publicación central en la historia del surrealismo, y surgida en un momento clave y particularmente difícil y hostil.
Retrospectivamente aparecen Soupault, Duhamel, Gerzso y Nadeau; el último mejor que no hubiera abierto la boca, y poco entiende a Péret quien considera una mera “fantasía” el haber querido ponerle a su hijo Geyser el nombre de Desertor (también quiso llamarlo Satán).
Alex Januário, collage, 2015
El desfile geriátrico (faltó aquí Claude Courtot) es una de las características de este tipo de documentales, no solo de los de la colección Phares. Pero en el caso de Péret, se echa en falta especialmente que no aparezca nadie de las generaciones posteriores, nadie de quienes han seguido y siguen deslumbrándose con su poesía y con su figura, tomándolo como ejemplo y como inspiración. Este collage de Alex Januário es una muestra de lo último, como de Ángel Zapata el relato “La maquinaria de los teleféricos”, que yo leía hace un par de días y que va dedicado “a la memoria surrealista y libertaria de Benjamin Péret”.
Entre las imágenes en vivo, las mejores son las que muestran a Péret con Tanguy y Paalen, divirtiéndose en la terraza de un bar. Señalemos que, si al reseñar el disco de Toyen, lamenté que no se hiciera hincapié en su amistad con Péret, aquí sí se hace, quedando clara la especial complicidad fraterna con ella y con Tanguy, aparte, por supuesto con Breton. Faltó aludir a sus amigos más jóvenes, como el grupo de cinéfilos y, en particular, Jean-Louis Bédouin. También se pasa algo livianamente por sus estancias brasileñas, y no se dice nada del viaje con Breton a Tenerife; esto último carece de importancia, ya que está registrado en el libreto, donde incluso se reproduce una de las fotos con Agustín Espinosa.
Por suerte, Benjamin Péret ahuyenta todo tipo de acompañamiento con música babosa, que es otra de las maldiciones de este tipo de documentales, pero ello es también mérito de Rémy Ricordeau, quien ni siquiera le dio oportunidades, por ejemplo, al tal Miles Davis, y que ha hecho a fin de cuentas un trabajo excelente, en otro número que merece ser recomendado.

lunes, 19 de octubre de 2015

“Le Monde Libertaire”, 1966



"André Breton ha muerto. Aragon está vivo. Es una doble desgracia para el pensamiento honrado".
Esta es una imagen siempre actual para los que preconizan los olvidos y las conciliaciones.

martes, 13 de octubre de 2015

Crónica

Un maravilloso catálogo de las esculturas reveladas de Enrique Carlón, con las estupendas fotos de Mara Herrero, y acompañado de un texto del propio Carlón, va a aparecer en el Museo Barjola, pero al parecer solo en pdf. Esperemos que haya una manera de hacerlo asequible a nuestros lectores e interesados en general, porque vale verdaderamente la pena, resultando sorprendente tanto el sentido poético de los objetos como la contextualización en que han sido captados por las fotografías, sumamente poética también. Una joya.
De infoenpunto (edición digital), tomo esta certera nota:
“La exposición «Objetos revelados» conjuga en el Museo Barjola una colección de hierros de Enrique Carlón abrazados por las fotografías de Mara Herrero, que los retrata devolviéndolos a «sus lugares de origen»; es decir, «en un espacio cargado de emoción, no fantástico ni misterioso, sino maravillosamente real». Los primeros son elementos encontrados, según su autor; elementos «ya hechos» y elegidos por su carga poética y pasional y «luego reconstruidos». Los segundos, la escenificación, también cargada de poesía, de la relación entre esos objetos, ya convertidos en esculturas, y el mapa del que proceden.   
Son en todo caso «objetos surrealistas», aseguran ambos creadores, que sitúan su trabajo en la tradición de otro representante de ese movimiento, el pintor y poeta portugués Mario Cesariny, a cuyas palabras recurren, precisamente, para explicar que lo que ellos hacen es «un proyecto político de vida poética». Fotografías y esculturas, que suman más de medio centenar de piezas en una suma de ensoñaciones, cuando se cumple el 50 aniversario de la muerte de André Breton, autor del texto fundacional del surrealismo, recordado en la obra de estos dos artistas asturianos, el escultor Enrique Carlón, que vive y trabaja en Rali, a la vera de Villaviciosa, y Mara Herrero, que vierte desde hace tiempo sus inquietudes sobre el papel fotográfico”.



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Dark Window Press ha editado una antología en inglés de Josef Janda, nombre clave del surrealismo checo, con el título de Free style. La poesía de Janda es una de las que deberían incorporarse a una actualizada antología del humor negro.
“Los niños gordos no arden bien”.

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¡Y van 16! Esta nueva autoedición casera de Guy Girard en Saint-Ouen es, en efecto la dieciseisava que nos brinda. Ahora se trata de un extenso poema amoroso titulado Le piano grand ouvert du gibier y como de costumbre lleva un bello frontispicio de Pierre-André Sauvageot, que aquí vemos.

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Infrenable es también la actividad editorial de Javier Gálvez. Sus Ediciones del Buey lanzan ahora Paralajes (Oporto en perspectiva), en que aúna fuerzas nuevamente con Eugenio Castro. Se trata de cuatro fotografías de la antaño muy bella, incluso fascinante ciudad del norte portugués, hoy ya imposible de visitar a causa de la peste turística, del triunfo aplastante de lo sucedáneo y de la combinación de sus aires mefíticos con los del brutal tráfico rodado, que hasta dio ya cabo de los elegantes tranvías que la surcaban. Pero en estas cuatro imágenes no se ve gente, a excepción de un caminante en una señal clavada en la playa.

Ciudad desembocada

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Rik Lina profirió un breve pero jugoso discurso en Famalicão, con motivo de su muestra antológica “Texturas de lo imaginario”, en que no dejó de hablar de “este misterioso y obstinado movimiento artístico que comenzó en el inicio del siglo pasado, pero que después de la muerte de André Breton fue propagado en una enorme revitalización con la explosión de la imaginación en los años 60”.

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Gavin Parkinson, autor del muy serio estudio Surrealism, art and modern science (2008), reseñado en estas páginas, acaba de publicar Futures of Surrealism. Myth, Science Fiction and Fantastic Art in France, 1936-1969, con 288 páginas y un centenar de ilustraciones.

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Infosurr, en un verdadero tour-de-force de Richard Walter, ha sacado ya su número 116, correspondiente a noviembre-diciembre de 2014. Como siempre, con interesantes reseñas, noticias e informaciones.

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Una amplia exposición de Wifredo Lam se celebra en París, para luego pasar a Madrid y Londres. En el catálogo, por primera vez completo, el poema “A la salud de la serpiente” de René Char, que fue ilustrado por Lam. Como de costumbre, no presto especial atención a estas macroexposiciones de figuras consagradas. Ya no existen un Édouard Jaguer, un Sarane Alexandrian, un José Pierre, que se bastaban para darle interés a los catálogos, y estos ya no tienen sino textos de críticos e historiadores del arte que no ofrecen las garantías que justificarían su costosa compra.

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Parece que esta vez va ya en serio la publicación de los ensayos completos de Aldo Pellegrini, que llegó hace no pocos años a darse como hecha en las solapas de los libros de Editorial Argonauta. La conquista de lo maravilloso (ensayos reunidos) lleva prólogo de Luis Felipe Noé y aparecerá próximamente en las mismas ediciones.
El año pasado, Argonauta reeeditó las Obras completas de Lautréamont/Ducasse, que en 1962 llevaron un prólogo admirable de Pellegrini, todo un clásico en la bibliografía del Conde. Repasando sus fondos, encontramos muchas publicaciones del surrealismo y cercanías. Así, en la colección Insurrexit, obras de Artaud, Breton, Péret y el propio Pellegrini, y en la Biblioteca de Poesía, la poesía completa de Miguel Ángel Bustos (Visión de los hijos del mal), poemarios de Francisco Madariaga (Criollo del universo y País garza real), la antología personal de Julio Llinás (De las aves que vuelan), Inocencia feroz de Celia Gourinski y la poesía completa de Pellegrini (La valija de fuego).

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La Fleur de Lune, boletín de los amigos de Maurice Fourré, acaba de publicar su n. 34.

miércoles, 7 de octubre de 2015

¡Cadáveres exquisitos en tres dimensiones!


No se habían hecho nunca, que sepamos. La idea procedió de Sasha Vlad, quien desde hace tiempo deseaba realizarlos. El año pasado, envió tres objetos envueltos en papel a sus amigos del grupo surrealista de Praga, dejando un espacio libre para que se pegara el siguiente, y así sucesivamente.
Para desvelar el resultado, Ivan Horacek tuvo otra idea: la de hacer una “autopsia” de los exquisitos en el departamento de zoología de la universidad de Praga donde trabaja. Tuvo lugar el evento el 3 de septiembre, y Horacek fue asistido por otro miembro clásico del grupo checo y eslovaco, Premysl Martinec. A ambos los vemos en la primera de las dos fotos siguientes, mientras que en la segunda tenemos una panorámica del público y en primer plano los instrumentos de la autopsia y uno de los cadáveres exquisitos. Estos fueron luego expuestos en una muestra de obras de Horacek.
En estos tres cadáveres exquisitos, que ya están bebiendo vino de la cosecha 2015, han participado, aparte Sasha Vlad, Horacek y Martinec, los siguientes surrealistas checos: Jan Gabriel, Lucie Hrusková, Michal Juza, Jan Kohout, Leonidas Kryvosej, Roman Kubik, Katerina Pinosová, Martin Stejskal, Jan Svankmajer y Vaclav Svankmajer.
Esta ha sido también una manera –la mejor– de festejar los 80 años de la lectura que André Breton hizo en Praga de “La crisis del objeto”.

lunes, 5 de octubre de 2015

Víctor Chab, 2015


Víctor Chab, una de las glorias vivas del surrealismo argentino, inaugura este jueves, en Buenos Aires, una exposición de obras recientes.
Hace no mucho llamábamos la atención hacia unos magníficos dibujos suyos, también de factura reciente, y reproducíamos dos, a los que ahora sumamos otra jubilosa pareja más: