lunes, 30 de julio de 2012

Una elefantiasis inmunda

Jean Benoît, Antigüedad del siglo XX, 1965
El execrable fenómeno deportivo, que hace poco fustigábamos aquí mismo, se continúa este verano con otra de esas grotescas “Olimpiadas” de raíz greco-racional. El grupo surrealista londinense Slag le ha dedicado tres buenos latigazos, cuya consulta recomendamos: London 2012
Como leíamos hace poco en la excelente revista española de pensamiento crítico Cul de Sac: “El deporte ha dejado de ser un espejo en el que se refleja la sociedad contemporánea para convertirse en uno de sus principales ejes vertebradores: la teoría general de este mundo, el espíritu de un mundo sin espíritu”.
De paso, hemos traducido el soberbio texto –“Llamas a la medida”– que Radovan Ivsic escribió para el catálogo de la exposición surrealista “L’écart absolu”, en 1969:
“«Creo firmemente que el deporte es el más seguro medio de producir una generación de cretinos dañinos», escribía Léon Bloy sin sospechar que esas palabras proféticas podrían muy pronto ser aplicadas a numerosas generaciones de todos los continentes. Bajo la máscara del juego, del cual es la caricatura, si no la negación, o bien del apoliticismo y de esa forma falaz del internacionalismo de la que ya Charles Maurras decía: «este internacionalismo no matará las patrias, sino que las fortificará», el deporte progresa desde hace un siglo como una elefantiasis inmunda. Para él, los dirigentes de todos los países no regatean nada nunca, no solamente porque lo consideran como el complemento del servicio militar, sino porque, como «medio de embrutecimiento» denunciado de nuevo por Benjamin Péret, se lleva seguramente la palma. El célebre entrenador americano Knute Rockne ya lo decía: «Después de la iglesia, el fútbol es lo mejor que tenemos». Más explícito aún, el barón Pierre de Coubertin, promotor de los Juegos Olímpicos modernos, precisa: «La primera característica esencial de las olimpiadas antiguas como de las actuales es la de ser una religión. Cincelando su cuerpo a través del ejercicio como lo hace un escultor con una estatua, el atleta antiguo «honraba a los dioses». Haciendo lo mismo, el atleta moderno exalta su patria, su raza, su bandera». Esta cita es tanto más significativa cuanto pertenece a la presentación de la escandalosa olimpiada de 1936, inaugurada en Berlín por Hitler, a quien este barón deportivo, propagador del “arte de crear el pura sangre humano”, saludó como “uno de los más grandes espíritus constructores de nuestro tiempo”, que ha “servido magníficamente, sin desfigurarlo, el ideal olímpico”.
Los ensordecedores espectáculos del ring y del estadio están hechos a semejanza de la organización de la vida moderna, basada en la rivalidad y la competencia. El campeón es en general un profesional, un trabajador modelo que, a fuerza de abstinencia, de paciencia y de sudor*, obtiene su lugar al sol polvoriento de las grandes pruebas. Se hará de él un hombre-sandwich a la escala de la gran prensa y de la televisión o, mejor aún, una vedette nacional, a condición de que su vida familiar sea ejemplar. En cuanto al adepto activo y al informe hincha, la pretendida cultura física es una presa sabiamente construida contra los desbordamientos de la vitalidad liberadora del individuo que intentara escapar a la tenaza del exangüe progreso técnico o a los daños de la enseñanza esclerotizada. De origen escolar, el deporte es una dura escuela donde, bajo la férula del entrenador-domador, se aprende «la pasión de la docilidad». El estadio es la gran puerta que lleva al mundo de los robots.
Colocada en el corazón de esta exposición, la máquina de lavar todos los periódicos**, de L’Aurore a L’Humanité y del New York Tribune al Cotidiano del Pueblo de Pekín, tendrá que blanquear, entre otras, una profusión de omnipresentes páginas deportivas. Lástima algunas raras y a veces magníficas fotos de bólidos en llamas hundiéndose en las tribunas abarrotadas antes de explotar: ese flash solemne es la única iluminación aceptable de esos lugares siniestros”.
    
*Añadamos, para actualizar: “y de drogas”. Y si quisiéramos actualizar del todo, habría que empezar señalando la progresión brutal de esta elefantiasis, ya apuntada arriba. Al menos Radovan Ivsic no se tropezaba en su tiempo, por las calles de París, con los cretinos auricularizados que corren por las aceras, uno de los más desesperanzadores fenómenos en auge actual.
**Se refiere al “Consumidor”, monstruoso artefacto antropomorfo de la exposición, que tenía a la altura del vientre una lavadora a la que se echaban los periódicos.
 

miércoles, 25 de julio de 2012

Collages de Aube Elléouët


Si hace un mes lamentábamos no encontrarnos en París tan solo por no poder ver las nuevas imágenes de Ody Saban, ahora nos generan similares lamentaciones los collages que Aube Elléouët expone en la Galerie 1900-2000. En uno y otro caso, se trata de una fiesta de maravillamiento, respuesta de dos artistas admirables al miserabilismo que reina en lo que llamaba el bluesman Louisiana Red, hace pocos años, “este mundo espantoso”.
En Les peintres surréalistes, escribía Sarane Alexandrian, ya al fin de su vida: “André Breton se habría encantado al constatar que su hija se aventuraba tan lejos sobre las trazas de Max Ernst, con logros incontestables”, mientras que Petr Král, cuando sus collages solo comenzaban a conocerse, ya hablaba de su “frescura”, del “extrañamiento de las sensaciones en tanto fuente de lo maravilloso” y de la originalidad tanto de la visión desarrollada como de la sintaxis de sus imágenes, “basadas en la fusión de elementos heterogéneos más que en su choque provocador”. Los pequeños, preciosos catálogos de las anteriores exposiciones de Aube Elléouët en la misma galería, incluyen, aparte las reproducciones, breves y bellos textos de Philippe Audoin, Jose Pierre, Jean-Michel Goutier. Aún no sabemos si esta de ahora llevará una publicación correspondiente, pero de ser así ya alertaremos a los lectores.
Hoy nos contentamos con estas dos imágenes espléndidas. La primera nos presenta nada menos que “La casa de Magritte”, y es de 1998. En este caso quien se habría “encantado” habría sido el viejo cómplice de Breton, y en verdad que no nos cuesta imaginárnoslo en esa hermosa casa fortificada, entre estrellas y olas, haciendo nuevas pinturas de shock. Enamorado del silencio –ese bien más preciado que el oro en el dicho “mundo espantoso”–, Magritte no se hubiera sentido estorbado por la “música de las esferas” ni por el barullo del mar al lamer o chascar las rocas de lo que sin duda debe ser una pequeña isla.
Señalemos que en otro collage del mismo año, “Los emigrantes”, aparecían zambulléndose en la noche cuatro de las sirenas que Magritte inventó en “La invención colectiva”, una de ellas formando también parte de la rica “Biografía de un chamarilero” (2005).
Este otro collage se titula “La apuesta de Malkine”. De 2004, se trata de un homenaje lúdico al “vagabundo del surrealismo”, a una de sus figuras más secretas y ejemplares, tanto en su obra como en su pintoresca vida. En este caso, Aube dispone sus figuras sobre uno de esos fondos negros tan de su gusto.

Surrealismo en Australia

J. Gleeson, Actitud del relámpago hacia una Dama-Montaña

El catálogo Surrealism. Revolution by night fue publicado en 1993 por la National Gallery de Australia, Camberra. Catálogo monumental, consta de 332 páginas, pero la sustancia se concentra en la parte final, donde hay un muy completo dossier de casi cien páginas sobre el surrealismo en Australia, obra de Christopher Chapman.
Dos cosas esenciales hay que señalar sobre el surrealismo en aquel territorio durante la etapa que acota este estudio, o sea 1923-1949. La primera es que la proyección surrealista en Australia se reduce prácticamente al lenguaje plástico. La segunda es que solo hay una figura que se identificó plenamente con el surrealismo, y que continuó la aventura surrealista por el resto de su vida: James Gleeson. Con él hay al final del libro una entrevista larga, hecha por el propio Chapman, que podía haber sido más iluminadora.
En la secuencia cronológica se enumeran cosas tan ridículas como una traducción, en 1931, del Superrealismo de Azorín, por lo que el primer apunte verdaderamente significativo sobre el surrealismo en Australia lo da en 1936 T.H. Cochran, al enviar desde Londres una reseña con imágenes de la detonante exposición surrealista que allí tiene lugar. La conexión Australia-Inglaterra es otro de los rasgos del surrealismo australiano a lo largo de estas dos décadas. Los artistas James Cant y Geoffrey Graham se encontraban también en Londres. Cant expone cinco objetos y un fotomontaje en 1937 en la exposición de objetos surrealistas de la London Gallery, luego reproducidos en el n. 14 del London Bulletin. El 1 de mayo del año siguiente, ambos se encuentran entre los cuatro enmascarados –los otros dos eran Roland Penrose y Julian Trevelyan– que, en Hyde Park, se manifiestan, a los acordes de la Internacional y de canciones republicanas españolas, contra la política no intervencionista de Chamberlain, al que representaron haciendo el saludo nazi, con una máscara realizada por el escultor surrealista F.E. McWilliam.


Lo que desconocíamos es que James Cant, posiblemente junto a Graham, experimentó en Londres con la mezcalina, presentándose como voluntario a una solicitación médica aparecida en la prensa y realizando dibujos y pinturas bajo su influjo, entre estas “Los mercaderes de la muerte”, que reproduce el catálogo. Cant describió la experiencia como “maravillosa” y “muy visual”. Recordemos que fue en 1936 cuando Antonin Artaud comenzó Los tarahumara.
Ninguno de los dos tuvo continuidad en el surrealismo, a pesar de los dibujos y pinturas que en este período hicieron y que son inexplicables sin el surrealismo. Cant tuvo una visión solo artística del surrealismo, si hacemos caso a estas palabras de 1940: “El surrealista mira el surrealismo como un nuevo campo donde ejercer su arte”. Renegaría luego del mismo, abrazando el realismo socialista. Pero algunos de sus cuadros aún impresionan, como “Ciudad desierta”, “El puente”, “Retorno del aviador” o el citado “Mercaderes de la muerte”, no careciendo de interés tampoco su atracción por los objetos, que a veces dibuja. De Graham retenemos sus dibujos y las delgadas figuras de sus pinturas. Ambos participarían en 1938 en una exposición que tuvo lugar en Gloucester, bajo el título de “Realism and surrealism”, junto a notables del surrealismo, pero también Léger y hasta... Cocteau.
Este año da a conocer Max Dupain sus “retratos surrealistas”, pero ya el año anterior fotografiaba una frívola “fiesta surrealista” celebrada en Sidney. Más interés tienen sus rayografías y, sobre todo, algunas fotos eróticas, aunque todo muy en la línea de Man Ray.

Albert Tucker, La ciudad inútil, 1940

Entre 1937 y 1940, se suceden las obras de Albert Tucker, Eric Thake, Herbert McClintock, Peter Purves Smith, Sidney Nolan y James Gleeson. Algunas llevan la marca tenebrosa de la época, como por ejemplo las de Tucker (“Filósofo”, “La ciudad inútil”, “Muerte de un aviador”, “El poseído”, “Imagen de un diablo moderno 24”) o las de McClintock (“Retrato aproximativo en un salón”, el muy chiriquiano “Extraño interludio”), en contraste con la frialdad arquitectónica de las de Thake. Smith incluso titula surrealistas algunos de sus lienzos (“Paisaje surrrealista”, “Composición surrealista: orilla marina con figuras”). Nolan interesa sobre todo por sus collages, magníficos, datados en torno a 1939, y algunos anticipando las cubomanías de Luca; dedicaría una serie de collages a Rimbaud, pero también se entretendría con unos decorados para Orfeo. Llaman la atención también los dibujos automáticos de McClintock.

En cuanto a Gleeson, sus credenciales ya las muestra con los dibujos-poemas del 38 y el 39, uno de los cuales vemos aquí (en los años 70 hará collages-poemas). Resaltemos también sus frottages y dos obras que expresan, como las de Tucker o McClintock, la atmósfera sombría de aquellos años especialmente mortíferos: “El sembrador” y “Ciudadela”. La vena lírica, en cambio, reina en el muy bello cuadro “Actitud del relámpago hacia una Dama-Montaña”, que encabeza esta reseña.
Gleeson es quien marca la diferencia, ya que posee una vertiente teórica que no deja lugar a dudas acerca de su adscripción al surrealismo. Capitales son sus artículos del 40 y el 41: “¿Qué es el surrealismo?” y “La necesidad del surrealismo”.Una cita del segundo encabeza este dossier de Christopher Chapman: “«No te suicides, porque el surrealismo ha nacido», puede ser la frase gritada en la noche a una civilización desesperada”. Para algunos, esa frase ha seguido poseyendo sentido.

Gleeson conoce a Breton en 1948, pero ni el francés de uno ni el inglés de otro contribuyen a que sea fructífero el encuentro. Más lo fue el encuentro con Roland Penrose y con Mesens, a quien recordará como “una persona fascinante”. Este año, expone junto a Robert Klippel (luego un muy celebrado escultor) en la London Gallery. Ambos realizan esta pieza dedicada a Madame Sophie Sosostris, personaje de The waste land de Eliot, una obra que fascinaba a Klippel, como por aquel entonces Gleeson se entusiasmaba con Joyce, y con Finnegans wake en particular.
Muchos (demasiados) son los nombres aún no citados que aparecen en el estudio de Chapman (y más aún en las exposiciones que se han dedicado al surrealismo en Australia): Douglas Roberts, Klaus Friederberger, Bernard Boles, Russel Drysdale, Bernard Smith, Frank Hinder, Jeffrey Smart, Jacqueline Hick, Ivor Francis, Hein Heckroth, Dusan Marek, Joy Hester, Carl Plate, Oswald Hall, Adrian Feint, Roy de Maistre.
En esta amplia lista, por lo que conocemos, sobresalen los nombres de Oswald Hall, Klaus Friederberger y Dusan Marek El primero es autor de un caótico collage de 1945 titulado “Cinco mundos”. Friederberger es un refugiado del nazismo, que llega a Australia en 1940. “Campo de concentración” y “Ruinas y figuras”, ambos de 1945, evocarán algunas de sus experiencias, pero no menos impactantes son “Shopping center”, “Viaje” y “El joven atrevido”. Marek es otro refugiado, pero en este caso de la Checoslovaquia comunista. Persisten en él, a mi juicio, los rasgos del poetismo y de su evolución surrealista, en cualquiera de las cinco imágenes reproducidas, todas de fines de los 40: “El viaje”, “Nacimiento de amor”, “En la playa”, “Ecuador” y “Perpetuum mobile”. Los dos primeros son cuadros de forma singularmente angosta, mientras que los dos últimos fueron pintados en las dos caras de la tabla de una mesa de jugar del barco que lo llevó a Australia.


Lo único de lamentar en el estudio de Christopher Chapman es la ausencia de algunas fichas que den cuenta de la trayectoria al menos de las principales figuras tratadas. Por mucho que ya tengamos un mayor conocimiento de la proyección surrealista en las tierras robadas a los aborígenes, aún es mucho lo que quisiéramos conocer mejor.

Sidney Nolan, collage, c. 1939

lunes, 16 de julio de 2012

Gilles Petitclerc: “L’oreille de l’escalier trébuche”


La poesía del escritor canadiense Gilles Petitclerc (Quebec, 1954) es conocida de los seguidores de La Tortue-Lièvre, pero además ha publicado dos libros de poemas: Les escargots des grands boulevards descendent à l’hôtel (2004) y L’oreille de l’escalier trébuche (2008), el primero con dibujos de Edouard Jaguer y el segundo con collages revestidos de Anne Éthuin.
Ha sido publicado este último poemario en la misma colección, “La escalera de cristal”, que Le verger dans l’île de Ludovic Tac, comentado aquí mismo la semana pasada. Esta colección, propuesta por Jacques Lacomblez, “no tiene otra razón de ser que la de propiciar el encuentro entre poetas verbales y plásticos que un cuestionamiento de lo real hace caminar por los diversos «Territorios» del surrealismo no-frontera”. El encuentro entre Ludovic Tac y Lucques Trigaut se produce aquí entre Gilles Petitclerc y Anne Éthuin, y de él escribía Michel Remy en el n. 79 de Infosurr: “Gilles Petitclerc nos invita a leer en la fulgurancia de las palabras que se escapan por los poros de sus páginas para hacer el amor con las mantis y los visires de los suntuosos collages revestidos de Anne Éthuin. Publicación donde lo fabuloso y lo maravilloso juegan en cada verso a la gallina ciega”.


Si hace unos días nos quejábamos de la ausencia de una buena monografía sobre Lucques Trigaut, ¿qué decir de Anne Éthuin, autora de una obra tan original y sorprendente, pero que pocos conocen fuera del ámbito surrealista? Lo único que ello tiene de bueno es que al menos ha logrado hasta ahora escapar al esterilizante discurso académico, pero cuánto echamos de menos un buen catálogo que dé cuenta de sus creaciones...
Uno de los poemas de L’oreille de l’escalier trébuche va dedicado a la memoria de Mary Low, y otro a la de Edouard Jaguer, quien supuso una influencia fundamental para Gilles Petitclerc. Al final hay una breve sección de aforismos, entre ellos este:
“Una palabra vale más que mil imágenes
Boca”
Sin duda, vale más que millones de las imágenes que vomitan a diario las sociedades de Occidente, aunque nuestro mundo se merezca quizás más la designación de mundo del ruido que la de mundo de las imágenes (realistas), que a fin de cuentas no son otra cosa que más ruido, y ensordecedor.
He aquí el poema titulado “Siempre”: “Los ojos que nos miran / son ojos / sin párpados // Los ojos que nos miran / son ojos / sin luz // Los ojos que nos miran / son ojos / de miseria // Los ojos que nos miran / son ojos / de desierto // Los ojos que nos miran / no son ojos // Los ojos que me miran / son ojos verdes”.
La Tortue-Lièvre es el boletín “que no se desplaza sino en alfombra voladora”. Nació en París el 28 de diciembre de 1994 a las cuatro y media de la tarde y sabemos que “el pequeño híbrido surrealista tomó su primera refección a las cinco menos cuarto, consistente en hojaldres garapiñados y vino blanco”. Desde entonces ha sido un nunca parar de recorrer el planetario surrealista, bajo la mirada siempre atenta y perspicaz de Gilles Petitclerc y Pierre Boulay.

Jacques Lacomblez, Quadri Gallery

Si en Caleidoscopio surrealista citamos el catálogo de Les Yeux Fertiles sobre Jacques Lacomblez también es necesario nombrar el que, dos años después, apareció en las publicaciones Quadri Gallery: Jacques Lacomblez. De 1950 à 2004. Consta de 64 páginas, con muchas ilustraciones e informaciones y con un ensayo extraordinario de Edouard Jaguer. En las fotos que se diseminan por el libro, encontramos a Henri Ginet, Lucques Trigaut, Claude Tarnaud, Toyen, Jacques Zimmermann, Jean Thiercelin, Roland Giguère, Christian d’Orgeix, Pierre Demarne, Jorge Camacho, Edouard Jaguer.
En 1962 escribía Robert Benayoun: “El periplo de Jacques Lacomblez, a la vez subterráneo, glaciar, desértico, desemboca, a través de un circuito introspectivo voluntariamente desorientado, en una suerte de espeleología del pensamiento”. El texto de Benayoun se encuentra en el citado catálogo de Les Yeux Fertiles, junto a otros, no menos valiosos, de Claude Arlan, Marcel Havrenne, Georges Henein, Marcel Lecomte y Claude Tarnaud.
Jacques Lacomblez ha ilustrado libros, entre otros, de Tarnaud, Edouard Jaguer, Guy Cabanel, Franklin Rosemont y Roger Brielle, mientras que, a su vez, sus poemarios llevan ilustraciones de Guido Biasi, Juan Langlois, Suzel Ania, Jacques Zimmermann, Antoni Zydron, Urbain Herregodts, Jean-Claude Charbonel. Este último, en 2009, dedicó a su obra plástica el texto “El tiempo cristalizado o la búsqueda de lo real absoluto”, señalando sus afinidades profundas con la Materia de Bretaña.
La pintura de Jacques Lacomblez –una de las maravillas del surrealismo– sostiene desde hace años un fecundo diálogo con los textos de André Breton, inspirándose en pasajes de sus escritos y hasta en libros como Pez soluble. Quadri publicó en 2001 el precioso En marge de “Poisson soluble”; Jacques Lacomblez hizo siete pinturas (acuarela y tinta) a partir de las prosas bretonianas, y Edouard Jaguer escribió una serie de prosas o “postulados” a partir de ellas, sin haber releído a Breton. Esas piezas, escribe Jaguer en el ensayo de Quadri, “indican bastante bien en qué sentido se orientan las búsquedas actuales de Lacomblez: multiplicación y dispersión de los elementos, en el seno de un espacio cada vez más aéreo (pensamos en las palabras de Paul Paun: «Hay que airear la vida»)”.


Otras obras de Jacques Lacomblez que remiten a André Breton son “À moi la fleur de grisou”, “L’air de l’eau”, “Mais où sont les neiges de demain?”, “ ...du luxe et du feu des grands profondeurs”, “La forêt protégée ou les fées au vert”. Todas, datadas entre 1998 y 2001. De 1998 son “El bosque prohibido” y “Point du jour”, dedicados a él, mientras que en 2006 “12 constelaciones para André Breton” acompañan poemas de Guy Cabanel.


Otros de sus títulos pictóricos señalan los caminos por los que circula el artista en su infatigable “espeleología del pensamiento”, por ejemplo “J’ai embrassé l’aube d’été”, célebre frase rimbaldiana que nos señala su enraizamiento en la tradición del gran romanticismo (y desde Novalis), o “Things ain’t what they used to be”, título de uno de los temas más exultantes de Duke Ellington.


No olvidemos que Jacques Lacomblez es también un gran poeta surrealista. Pero además hemos de citar dos libros suyos que ayudan a nuestra supervivencia: Le peu quotidien (Syllepse, 2001) y Conversation avec Claude Arlan (Tandem, 1998). El primero consta de notas automáticas, pequeñas poesías y reflexiones diversas. Como estas:
Las buenas intenciones. ¿Usted quiere salvarme de qué? Hable más fuerte, no consigo oírle...”
“«Hay que salvar los bosques en peligro, porque son pulmones». No porque son bosques. Abyecta civilización que considera los méritos y ya no se atreve a inclinarse ante la gracia. El hombre revolucionario, ¿no habrá producido, para siempre, sino burgueses de Balzac y bonapartes de oficina?”
“¿Qué lugar, excepto un ser amado, para el nómada inmóvil?”
Traduzco, en fin, algunos pasajes de los estupendos diálogos con Arlan:
“Lo que yo veía en Van Gogh no era un «pintor» sino «un hombre que pintaba», y eso para mí es una diferencia importante. No me gustan mucho los «artistas», prefiero los «hombres que hacen», que pintan, que esculpen, que raspan, que pegan. En la poesía lo mismo, prefiero los «hombres que escriben poemas» a los «poetas», aunque haya muchos hombres que escriben poemas y que no son ni hombres ni poetas”.
“He sido siempre, no ya reticente, sino ciego a la arquitectura. Tengo muy mal gusto en arquitectura. Creo que no se ha hecho gran cosa desde los castillos de Luis II de Baviera. En cambio me gustan mucho las ruinas, sobre todo los monasterios en ruinas de C.D. Friedrich”.
“Con Breton, la atmósfera fue rápidamente calurosa. Me encontraba con un hombre que no era jactancioso, ni pontificante, que poseía una capacidad enorme de escucha y de entusiasmo para todo lo que los jóvenes podían aportar”.
“Tarnaud y yo éramos en cierto modo complementarios, y teníamos además las mismas desconfianzas hacia la escritura y la comunicación. Había en él, como en algunos surrealistas, una desconfianza con respecto al arte, a la cultura, un cierto dandismo también, que lo hacía pertenecer a la línea de los Rigaut, Cravan o Vaché y esa vertiente negra era muy importante para mí, pues yo sé que una parte de mí pertenece a ese territorio”.
“Tiendo a considerar la pintura como un arte inferior con respecto a la poesía, porque hay una química, una materia, una mediación. La pintura se ve frenada en su inscripción por los elementos químicos, por los elementos materiales, y la mano es instrumental, tiene necesidad de instrumentos, mientras que la poesía es la inmediatez del pensamiento, una corriente de pensamiento que no tiene necesidad de útil alguno, ni siquiera de un lápiz, puesto que se puede ser poeta sin escribir ni una línea, mientras que ser pintor sin pinceles y sin soporte... es más bien difícil. Yo me pregunto a veces si mi pintura no es una suerte de sucedáneo de una escritura no-posible. ¿Es pintura, por lo demás? Algunos dicen que no lo es exactamente, calificándola de pintura literaria o  de pintura cerebral, porque se da por hecho que la pintura no puede ser cerebral y debe ser estúpida... Y hay por ahí mucha pintura estúpida, y cada vez más...”
“El título siempre viene después. Como yo no preveo nada de lo que pinto, ignoro completamente lo que va a suceder sobre el lienzo cuando comienzo el cuadro. Creo especies de bosquejos, «croquis de suscitación», como los llamaba Marcel Lecomte; escojo  solamente algunos colores de entrada, mientras que, en el curso de la realización, otros se unen a ellos. Utilizo diversas técnicas de azar: manchas de trementina, papeles plegados e impregnados... que aplico sobre fondos a veces extremamente escasos, a veces numerosos, hasta el momento en que el resultado me parece susceptible de ser interpretado, de ser ahondado, más exactamente. Parto entonces al descubrimiento de un mundo que ignoraba, respetando el azar que se ha indicado, en suma, como un camino sobre el cuadro. Añado en seguida otras marcas que crean nuevos azares, nuevas sorpresas, hasta el momento en que considero el trabajo concluido. El título surge entonces por sí mismo”.
“Desde los años 89, 90, he tomado conciencia de que me era preciso salir de la pintura con objeto central, esa vieja manía occidental. Se encuentra hasta en el cubismo esa dictadura del objeto central, es decir, en el fondo, la crucifixión con la Virgen y San Juan a cada lado; solo han cambiado los objetos: la guitarra en lugar de la cruz, y las botellas a los lados...
"Creo que hay una eleccíón entre la vía surrealista y el arte. Y no sé si son compatibles... Esto dicho, creo que llegué al surrealismo porque me ha encantado, en el sentido mágico del término, porque transportaba algo del simbolismo y de cierto romanticismo.

Objetos surrealistas: Portugal


Este “Objeto”  (collage, metal y fotografía sobre papel, 1956) de Fernando Alves dos Santos anuncia la exposición “Através do objeto” que tendrá lugar del 19 de julio al 26 de octubre en la Fundação Cupertino de Miranda de Famalicão.

Nuevas adiciones y correcciones

Hemos introducido hoy nuevas adiciones y correcciones a Caleidoscopio surrealista, la referente a Australia merecedora de un desarrollo que haremos la semana próxima. Para mayor comodidad de los interesados, las enumeramos aquí.
Robert Desnos
Pág. 53. En 2011 ha aparecido la edición revisada y completada de Écrits sur les peintres.
Jean-Pierre Guillon
Pág. 261. Falleció en 2012. En 1987 publicó L’état second, y en 1996 Les nuits du veilleur de nuit, obra admirable, celebrada por Pierre Peuchmaurd. Otros títulos suyos son Le bourgeon-corail y Château d’os.
Grace Pailthorpe
Pág. 375. Referencia bibliográfica clave: Sluice gates of the mind. The collaborative works of Pailthorpe and Mednikoff, Museos de Leeds, 1998, con textos de los artistas-psicoanalistas y un artículo, entre otros, de Michel Remy.
Ithhell Colquhoun
Pág. 382. Nació en Shillong, Assam, la India (no Birmania, como ya decía el diccionario de Biron/Passeron). Un buen libro sobre ella, con catálogo comentado de toda su obra, es el de Richard Shillitoe Ithell Colquhoun. Magician born of nature (2ª ed., revisada y aumentada, en 2010); permite sin duda enriquecer la entrada de esta gran figura del surrealismo, cuyo relato alquímico Goose of Hermogenes (1961) fue reeditado en 2003.
Holanda
Pág. 409. Hay que abrir entrada a Eugène Brands, sobre quien nos hemos ocupado recientemente en “Surrealismo internacional”.
Nanos Valaoritis
Pág. 469. En francés se han publicado Soleil exécuteur d’une pensée verte, (Diagraphe, 1999) y Mon certificat d’éternité (L’Harmattan, 2003).
Ursula Bluhm
Pág. 485. Error: no es Bertrand Schultze, sino Bernard Schultze.
Canadá
Pág. 507. El grupo La Vertèbre et le Rossignol existió entre 2006 y 2009, con dos números de la revista homónima y la participación de David Nadeau, Zoé Laporte, Alexandre Fatta y Claudia Gendreau. David Nadeau publicó en 2007 el poemario Chantiers de l’ombre, con ilustraciones de Laporte, Fatta, Gendreau y Gaétan Blais. Actualmente es preciso señalar al grupo de Montreal Les Boules (http://www.i-jacques.com/rotuledelimpie.html), dedicado a la creación colectiva.
Nuevas entradas hay que abrir para Gilles Petitclerc y Beatriz Hausner.
Australia
Pág. 667. Este capítulo tiene que desarrollarse con las muchas informaciones que proporciona el detallado trabajo de Christopher Chapman “Surrealism in Australia”, incluido en el voluminoso catálogo Surrealism. Revolution by night, National Gallery of Australia, Canberra, 1993. Solo llega su estudio a 1949, pero se trata, hasta el momento, en términos históricos, de la mayor laguna bibliográfica de Caleidoscopio surrealista. También hay que decir, aunque ello ya lo señalamos, que la etapa abierta en 1978 debe tratarse mejor. Lo que esperamos hacer.

lunes, 9 de julio de 2012

Patrick Hourihan


Del 27 de julio al 8 de agosto, en la Vibe Gallery de Londres, expone sus “Objetos de sueño” Patrick Hourihan. El día de la inauguración habrá también una lectura poética por componentes del muy dinámico Surrealist London Action Group (SLAG), cuyas señas en la red recordamos:
http://robberbridegroom.blogspot.com.es/
El cartel de la exposición reproduce diez de esos objetos oníricos (pinturas y dibujos automáticos), verdaderamente sugestivos. Quien tenga alguna duda sobre ello, basta con que vaya a la sección "Gallery" de su página:  www.patrickhourihan.com. También encontrará en ella dos textos sobre Patrick del siempre fiable Silvano Levy y nada menos que del gran George Melly.

Lucques Trigaut

Lucques Trigaut, "La hora andrógina", 1985.
Nacida en Bruselas en 1930, Lucques Trigaut se acerca al surrealismo vía Phases, tan solo desde inicios de los años 90. Apasionada de las artes primitivas, es dibujante y pintora, habiendo ilustrado Extrême du temps de Jacques Lacomblez (2007) y Le verger dans l’île (2010) de Ludovic Tac. Este segundo libro se publicó en la colección, animada por Lacomblez, “L’échelle de verre”, y de sus poemas dijo Laurens Vancrevel que “expresan por su sinestesia seductora una sonoridad, una sensualidad, una fluidez, una movilidad que dan al lector una nueva visión del mundo”, visión, añade Vancrevel, “de carácter fílmico”, o no fuera también cineasta Ludovic Tac. Este libro, que acabo de conocer, es el motivo de esta nota sobre las muy bellas creaciones de Lucques Trigaut.
El terreno de la expresión artística –pero no solo, ya que lo mismo se aprecia en el literario, o en el del pensamiento– está saturado de figuras infladas, creación de las modas del mercado o expresión del conformismo de la época, mientras que muchas veces poco o nada sabemos de quienes de verdad añaden algo y cuentan. En el caso de Lucques Trigaut, ello se ha debido tanto a su indiferencia por el mercado o a su ni saber lo que es el conformismo como a su carácter reservado. En 2006 tuvo lugar en Lasne (Bélgica) una retrospectiva de sus obras en papel, de la que no tenemos noticia produjera ninguna publicación, pero al menos Jacques Lacomblez le dedicó un precioso texto en el n. 71 de Infosurr, loando sus “imágenes secretas”, “una modestia de los formatos necesaria a la concentración que exige una resolución creciente de la convulsión en crisoles de luz, en floraciones de alba, en la eclosión de un universo que participa tanto del pensamiento novalisiano como del surrealismo”, y es que en las obras de Lucques Trigaut “el formato reducido es como negado por la estructura de la invención”: “Nunca como aquí la puesta en limpio del modelo interior, cara a Breton, y la ausencia de pretensión del ser y de la obra, han sido signos de una honestidad intelectual sin quiebra. Imágenes para recibir como se reciben las confidencias: una obra en voz baja”.
Vivimos con la esperanza de conocer mejor esas imágenes que ha hecho Lucques Trigaut, de recibir, fervorosamente, esas confidencias. Como las de algunos pocos que se le parecen en lo esencial, o sea en lo poético.
He aquí uno de los once dibujos que ilustran Le verger dans l’île y “Sabana de Moebius”, de 2002.


“Asger Jorn. Un artista libre”


Con este título se celebra en la Fondation de l’Hermitage (Lausanne), hasta el 21 de octubre, una exposición retrospectiva de toda la obra de este artista danés que formó parte del grupo “El caballo del infierno” y fundó luego el de Cobra.
El catálogo reproduce las 80 obras expuestas y lleva textos, entre otros, del propio Jorn, Christian Dotremont, Jacques Prévert y Pierre Alechinsky, quien ha colaborado activamente en la urdimbre de la exposición.

Alechinsky precisamente, en un texto incluido en el número 7 de la revista surrealista La Brèche (1964), comentaba este cuadro de Asger Jorn, relacionándolo con la imagen de Magritte:
“Avec son tableau Le mal du pays, René Magritte a fait tomber sur une modification d’Asger Jorn tout un pan de ma mémoire. Je parlais d’un tableau que je croyais pourtant connaître: «Mais oui, Asger, tu vois ce que je veux dire, ce type accoudé à un pont, avec un lion...» Or, c’était Paris by night sans le moindre lion belge mais peut-être avec la même personne accoudé au même mal du pays. C’est Freud qui nous a appris à ne douter de l’existence des lions que dans la réalité, ils ne sont immédiatement présents que dans les rêves et dans les tableaux où ils n’ont pas été peints»”.

De Dorothy a Emma


En la Galería Emma –que quiere decir... Emoción & Madrid– se abre el 21 de este mes una exposición titulada “Surrealismo ibero-ruso 2012”.
Es sabido que los surrealistas, en su etapa de espejismo comunista, hicieron un mapa del mundo donde, provocativamente, la entonces Unión Soviética ocupaba un espacio descomunal, y que, en contraste absoluto, el surrealismo no ha tenido prácticamente ninguna proyección en dicho país.
¿Tanto han cambiado las cosas? No han cambiado nada, puesto que el adalid de esta exposición es el pseudosurrealista portugués Santiago Ribeiro, ya desenmascarado por Miguel de Carvalho a raíz de su primera impostura, a la que han seguido muchas otras. Al respecto ya escribimos una nota hace unas cuantas semanas, cuando el tal expuso con otros, valiéndose de la palabra “surrealismo”, en la galería Dorothy de París.
Pero estos “surrealismos” han acompañado al Surrealismo desde sus orígenes, con Yvan Goll, pasando por ridiculeces como el “Surrealismo revolucionario” o el “Surrealismo popular”. Son moscas de paso, cuando no –también aquí hay categorías– aberraciones parecidas a esta que dibujó en 1961 Sergio Lima para uno de los panfletos del grupo de París, dirigido contra otro tipo de impostores.

Sobre la náusea social

Jindrich Heisler, Objeto, 1943
Nuestro exabrupto de hace siete días, motivado por la crispación ante la apoteosis reciente de ese fenómeno de corte fascista, el deporte, profundamente enquistado en las degradadas sociedades democráticas (y que ya, desde 1924, en la “Introducción al discurso sobre lo poco de realidad”, André Breton incluía en su siniestro inventario de la herencia romana*), no debe dejar lugar a equívocos.
Abominamos especialmente del país en cuestión (y de su tal provincia isleña) por sufrirlo en particular, y es un hecho que los fenómenos aberrantes que se producen en él no dejan de observarse en cualquier otra sociedad de las que componen el globo occidentalizado (término más correcto que “mundializado”), como lo es que las naciones europeas y tantas otras compiten en horrores que jalonan sus tristes “historias”. En segundo lugar, desesperar de la raza humana no nos produce ningún sentimiento de derrotismo o de claudicación.
Uno de nuestros amigos nos decía al respecto, con palabras que suscribimos plenamente: “Se trata, para las minorías surrealistas y otras (sin poder alguno) que han tenido siempre la audacia de decir NO y de crear maravillas, aunque solo sean soñadas, e incluso si hemos de constatar que el surrealismo no ha logrado, tras casi un siglo de actividades, cambiar la vida o el mundo de las sociedades, de continuar la lucha por medio de la poesía. Nos resta continuar y hacer vivir la poesía”.
Es eso mismo. Y dejando constancia siempre de nuestro rechazo absoluto de “lo que hay”. Con su “poco” o su “mucho” de realidad.

* “La civilización latina ha cumplido su tiempo, y por mi parte pido que se renuncie en bloque a salvarla. Aparece en este momento como el último baluarte de la mala fe, de la vejez y de la cobardía. El compromiso, el engaño, las promesas de tranquilidad, los espejos vacantes, el egoísmo, las dictaduras militares, la reaparición de los Increíbles, la defensa de las congregaciones, la jornada de ocho horas, los entierros peores que en tiempos de peste, el deporte: solo nos falta, creo, correr el telón”. Y añade en seguida, lo que también tiene que ver con lo que decimos: “Si parezco algo preocupado en cuanto a mi propia determinación, no es para soportar con fatalismo las burdas consecuencias del azar que me hizo nacer aquí o allá. Otros pueden apegarse a su familia, a su país y a la misma tierra, por mi parte ignoro ese tipo de emulación”.
Con los “espejos vacantes” alude Breton a la literatura narcisista de la época, que hoy es muchísimo peor (no hay sino que pensar en esos tan abundantes como profusos “diarios” de los escritores); la “reaparición de los Increíbles” es una referencia al Termidor antirrevolucionario; sobre las congregaciones, había en el contexto francés de la época una defensa de las órdenes religiosas, que siempre han tenido, por cierto, algo de deportivo. Y rematemos señalando que aquel año se desarrollaron en París y alrededores los juegos olímpicos, lo que no dejaría de crispar a Breton y sus amigos –aunque no tanto como a nosotros la reciente plaga patriótico-balompédica, multiplicada hasta el infinito por el poderío de los cacharros tecnológicos que conforman “nuestro” mundo.

miércoles, 4 de julio de 2012

“Styxus”, n. 4


Aunque aparecido el año pasado, solo ahora hemos conocido el n. 4 de este boletín del grupo surrealista checo Stir Up, sucesor del grupo Lacoste, que funcionó a caballo de los años 60 y 70.
La publicación es de 48 generosas páginas, a tamaño grande, con muchas ilustraciones en color y algunos textos e informaciones en francés, que es una lástima no sean más, como también sería de agradecer que los títulos de las obras reproducidas vinieran en las dos lenguas.


Dirigen la publicación Arnost Budik, Vaclav Pajurek y Josef Bubenik. En la portada, un óleo de Zdenek Piza, a quien pertenece también esta segunda imagen.
La mayoría de los nombres que forman parte de Stir Up están presentes en O reverso do olhar, el tan útil catálogo que Miguel de Carvalho: Budik, Bubenik, Pajurek, Piza, Zdenek Cibulka, Jan Docekal, Linda Filipova, Lubomir Kerndl, Josef Kremlacek, Vladimir Kubicek, Ondrej Vorel y Jan Wolf. Solo Gabriela Kopcova está en el catálogo de Coimbra y no en el boletín, que en revancha suma los nombres de Jiri Havlicek, Jan Kloboucnik y Pavel Reznicek, este último una figura bien conocida y de quien tenemos aquí dos poemas.
Aparte los eventos del grupo y las noticias sobre exposiciones de Kremlacek y Bubenika, se da cuenta de la participación en la exposición internacional chilena “El umbral secreto” y en la de Estambul “Destruction 2011”.

Pintura de Frantisek Maly

Arnost Budik, siempre generoso e infatigable, se encarga de una serie de notas críticas, semblanzas y homenajes. Uno de sus textos va dedicado a Ludvik Kundera, desaparecido en 2010, y dos a sendas figuras ya también desaparecidas del surrealismo y que lamentamos no estén incluidas en Caleidoscopio surrealista: Frantisek Maly y Henry Lejeune. El primero vivió entre 1900 y 1980, y Stir Up lo homenajeó en 2010 con una exposición y un acto colectivo del grupo, de título “Las sombras de los olvidados vigilan”. Frantisek Maly se inició en el cubismo lírico, del que pudo liberarse gracias a las pinturas de Giorgio de Chirico. Cuando la ocupación nazi, en 1938, partió para Brno, sumiéndose su obra en un período sombrío, y resurgiendo en los años 60 con el grupo Lacoste.


En cuanto a Henry Lejeune, Arnost Budik titula su semblanza “El surrealismo resucitado”. Lejeune era de Hainaut, lugar alto del surrealismo, y solo es citado en la suma de Xavier Canonne sobre el surrealismo en Bélgica por su amistad con Armand Simon. Arnost Budik reivindica sus cuadros y dibujos, de los que hay aquí cuatro muestras (una de ellas acompaña estas líneas), a las que se suma una escultura.
Añadamos las notas sobre el surrealismo en Holanda y sobre Rik Lina en particular, sobre la exposición en Praga de collages y objetos “Los jardines nocturnos” de Miguel de Carvalho, sobre “El ojo céltico” de Jean-Claude Charbonel y John Welson, sobre João Rasteiro (de quien se traduce un poema), sobre Jan Wolf. Este último es el responsable, con Bubenik, de los “Sueños de minotauros”, acción surrealista de la que se nos muestran unas inquietantes fotografías, con personas sentadas en una cueva laberíntica, las cabezas envueltas en bolsas de plástico negras.


Styxus no deja dudas acerca de la fuerza imaginativa y el gusto experimental que han caracterizado siempre al surrealismo checo. Destaque especial merecen las contribuciones de Vaclav Pajurek, en su doble dimensión crítica y creativa. De él es el “retrato” que aquí reproducimos.
En cuanto a las obras colectivas, merece situarse en primer plano esta página, donde se ha partido de una característica pintura de John Welson. Y de paso vemos a algunos de los nombres claves del grupo, al que no hace falta desear larga vida, porque ella parece plenamente garantizada.


Número 6 de “L’Impromptu”

Tan solo tres meses después del número 5, he aquí que vuelve, con nuevas  improvisaciones, “L’Impromptu”, el “boletín confidencial de las cuestiones previas” que dirige desde Toulouse Jean-Pierre Paraggio.
Este número incluye textos en castellano, como el prólogo de Pierre Peuchmaurd a la edición francesa del Libro del frío de Antonio Gamoneda y dos poemas de Anne-Marie Beeckman traducidos por Ildefonso Rodríguez.
La gran novedad de este número es el cuaderno de cuatro páginas a todo color, con una magnífica pintura (1998) de Karol Baron; Quieren volver los sueños de Paraggio, en su modo inconfundible; cuatro imágenes (2008) de Premysl Martinec; y Tarot VI (2012) de Elena Almau, con la carta de la carreta y apeteciéndonos conocer más de ella y saber si ha hecho la serie completa de esta fuente inagotable de inspiraciones plásticas y poéticas.


Se anuncia la aparición, en Flammarion, de Le secret secret, de Laurent Albarracin, con dibujo de cubierta de Georges-Henri Morin, de quien leemos en el boletín una prosa de Zone franche (Lyon, 2010) y de quien se nos da la nota de aparición de Carnet oublié d’un voyage dans le temps, Albanie 1987. Otras novedades que nos parecen destacadas: el n. 1 de L’Échaudée, “revista de crítica y utopía” que sucede a L’Oiseau tempête, con el manifiesto “Occupy Wall Street” y colaboraciones, entre otros, de Alain Joubert, Guy Cabanel y Georges-Henri Morin; los Éclats d’une vie de Stanislas Rodanski; y Les Arcs-en-ciel du noir: Victor Hugo, de Annie Le Brun, en Gallimard.
Muy de agradecer es la reproducción de la cubierta del número 0 y único de la revista L’Ekart. Recordemos el surgimiento en Lyon, año de 1966, de este estupendo grupo surrealista fundado por Robert Guyon, Louis Gleize, Bernard Caburet, Claude Allibert y Elsbeth Ach. Es la primera vez que vemos esta portada, añadiéndosenos que en el interior nos esperan “juegos tipográficos muy complejos”.


Collages

En la Ubu Gallery de Nueva York, se exponen nada menos que 33 collages realizados por André Breton, Paul Éluard y Suzanne Muzard. El catálogo, en francés, inglés y checo, se obtiene en Europa a través de la Galerie Maldoror de Praga. El festín de imágenes está disponible en www.ubugallery.com
Lo que vemos ahora es un cadáver exquisito realizado el 10 de enero de 1929 por Suzanne Muzard, Frédéric Mégret, Georges Sadoul y André Breton, cuyos nombres aparecen escritos al dorso.


Enlaces

Por falta de tiempo, no hemos señalado aún los enlaces que nos parecen más valiosos. Pero con todas garantías podemos remitir a la lista más seria y amplia, que es la elaborada en la página del grupo surrealista sueco:
Otras ya las hemos ido citando, pero apuntemos aquí unas pocas muy importantes, y que también remiten a muchos espacios:

Romanticismo revisitado

Esta obra tiene más de 800 páginas, y es un trabajo colectivo de envergadura. La introducción, muy extensa, se titula “Para una historia global del romanticismo”; en ella, Alain Vaillant  director de la revista Romantisme, discurre sobre el fenómeno romántico de un modo que constantemente plantea cuestiones y levanta objeciones, pero ello no puede sino aguzar la lectura, como ocurre luego con las muchísimas entradas del diccionario.
Con respecto a esas entradas, es evidente que aún se dista mucho de llegar a fijar esa “Historia global”. Así, por ejemplo, en los artículos dedicados al romanticismo español, no hay ni una sola referencia al más singular de los románticos españoles, Antonio Ros de Olano, el autor de los “cuentos estrambóticos” y de El doctor Lañuela, ni tampoco, lo que resulta más estridente, a Bécquer ni a Rosalía, que son la quintaesencia de ese romanticismo. Y es que los criterios cronológicos aplicados a otros romanticismos –incluidos los hispanoamericanos–, se esfuman al tratar el español. También advertimos una cierta rutina en el tratamiento de las figuras románticas francesas: ¿cómo se pueden dedicar cuatro columnas a Lamartine y solo una a Nerval?
En el prólogo, Alain Vaillant difiere un par de veces, aunque sin nombrarlos, del planteamiento sobre el romanticismo hecho por Robert Sayre y Michael Löwy en Révolte et mélancolie. Le romantisme à contre-courant de la modernité (1992), pero por nuestra parte seguimos considerando ese planteamiento el más certero y fecundo entre los formulados hasta ahora.
El propio Alain Vaillant dedica una entrada al Surrealismo, solo que demasiado somera. En Surrealismo Siglo 21 (2006), yo intenté explorar las relaciones –esenciales– entre ambos movimientos, pero muchas cosas he encontrado después que ya obligan a rehacer dicho trabajo (aunque no en su conjunto). Tres años antes, Vincent Gille dirigió un catálogo extraordinario: Trajectoires du rêve. Du romantisme au surréalisme, con textos suyos, de Annie Le Brun, de Étienne- Hubert y de Oliver Schefer, no citado en la extensa bibliografía de este diccionario.
Se trata, en fin, de una obra que todos los interesados en el romanticismo devorarán, pues, salvo las entradas de figuras carentes de todo interés, se deja leer de manera continuada, descubre infinidad de datos y detalles, aborda motivos y temas de lo más diverso y pone sobre el tapete cuestiones a veces del máximo interés.

Náusea social

Aunque no es ni va a ser mi costumbre, voy a permitirme hoy un pequeño desahogo.
*
Los que dejan caérseles la baba con las palabras humanismo y Humanidad, los que nos endilgan patrañas como la de que “todos somos poetas” o la de que “todo ser humano porta en sí la centella divina”, los que aún piensan que ese ser abyecto que es el hombre occidental puede hacer una Revolución y hasta dicen que está, como siempre, a la vuelta de la esquina, todos estos, aunque nunca aprenderán, podían del modo más simple haber despertado de su sueño latoso estos días en que la bajeza patriotera y fascista de la sociedad hispánica alcanzó, en cantidades masivas, una de sus máximas simas.
Es vieja intuición mía la de que no debe existir sobre el planeta un país más abominable que España (ni islas peores que las que componen su provincia más al sur), pero los ejemplos del horror que pone en evidencia el fenómeno deportivo y el futbolístico en particular casi no hay país que los haya evidenciado, y especialmente en la “vieja” Europa.
Una sociedad como esta no merece sino nuestras maldiciones.
*
Con respecto a  las islas citadas, se da además la cómica circunstancia de que presumen de “autónomas” con respecto a la Madre Patria, y hasta de que alimentan un movimiento independista. En esas islas, España, y otros países europeos, procedieron hace algunos siglos, con las fuerzas aunadas de la cruz y el fusil, al exterminio de toda su población –en efecto, no sobrevivió ni un solo habitante “prehispánico” que hablara su lengua, en lo que fue el verdadero banco de pruebas de la posterior “colonización” de América. Al punto se configuró una sociedad católico-caciquil que desde hace como medio siglo se orientó al servilismo turístico, pero sin nunca abandonar sus señas de identidad (así, por ejemplo, en la clérico-patrimonial ciudad de La Laguna, una de las poblaciones más espantosas del mundo, las principales plazas se llaman del Cristo y del Adelantado, porque la llamada “memoria histórica” es débil y no funciona más allá de los 76 años). Lo que hay hoy es de una estupidez que mete miedo, como demostró sin paliativos el reciente esperpento nacionalista, del que huir fue imposible aunque se refugiara uno en alguna cueva remota, como les fue a los “prehispánicos” escapar a los europeos cuando desembarcaron con su cruz y su fusil. Y es que esta gente, atiborrada de banderas de la Madre Patria, y podrida de su retórica, y por mucho que vaya pertrechada de una infernal maquinaria tecnológica (ululantes automóviles, altavoces vociferantes, telefonía móvil siempre en acción, computadoras vomitadoras de chorradas sin fin en correos y facebooks, pantallas televisivas chicas y gigantes, radiofonía histérica), no difiere en nada esencial de los de la cruz y el fusil.