viernes, 29 de junio de 2012

The Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism: Seixas Peixoto


La filigrana es una de las maravillas populares del norte portugués. Escribe Dina Ferreira:
“La historia comienza en el antiguo Egipto y en la civilización etrusca, que ya gustaba de la joyería y adoraba el Oro. Ponían en los adornos –que eran amuletos– esa simbología mítica que traducía poder, fertilidad, amor, destino. La historia continúa en la Lusitania, a donde llegaron inmunes esos elementos de la Antigüedad, templados por los usos celtíberos. Allí se mezcla con el cristianismo, que no logró hacer desaparecer las marcas paganas de los objetos”.

Sobre la materia hay un libro que es autoridad: Ouro popular português, publicado en 1992 por la librería y editorial de Oporto Lello & Irmão. Está lleno de bellas ilustraciones, como la de este relicario o “memoria” con un pájaro y una estrella. Muchas piezas –siempre portadas por las mujeres– llevan un esmalte azul, y quizás haya sido ello el origen de este “Oro sobre azul”, “ensayo sobre la filigrana portuguesa”, que ha protagonizado la deslumbrante exposición de Seixas Peixoto en la galería Debout sur l’Oeuf, el pasado otoño. Al oro se une el rojo sangre del que tal vez sea, junto al signo salomónico, el motivo capital de la cultura popular portuguesa: el corazón.
13 reproducciones de estas obras –lienzos, pero también objetos circulares– engalanan las 4 páginas del catálogo, que, aparte este texto de Miguel de Carvalho, llevan un poema del mismo dedicado al artista y al grupo surrealista Derrame, y escrito a partir de un verso del poema “Cartero Cheval” de André Breton (“Somos los suspiros de la estatua de cristal que se alza sobre el codo cuando el hombre duerme”). Este poema está firmado el 1 de junio de 2009, por lo que uno de sus versos parece anunciar la orgía áurea de la exposición: “Somos lo improbable y la perla solar”.

Seixas Peixoto, quien cuenta con medio centenar de exposiciones individuales, fundó en 1989 el Centro de Arte de Buarcos y la Galeria de Arte da Má-Língua, y es también fundador del grupo “Pintores sem limites”. Pero lo que nos concierne es su pertenencia a la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism, esa punta de lanza surrealista en la extrema costa atlántica europea. Recordemos que Buarcos es la población –pescadora– más cercana al Cabo Mondego y a su faro emisor de continuados mensajes poéticos.

The Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism: Pedro Prata

Aunque no participó en la exposición “O reverso do olhar”, Pedro Prata forma parte del colectivo editorial Debout sur l’oeuf y estuvo presente en “Toward the world of the fifth sun”, la magna muestra de surrealismo organizada a principio de este año por el grupo de Chicago en Pensilvania.
Pedro Prata expuso su pintura esta primavera en la galería Debout sur l’Oeuf, con el título de “El guardador de beatas”, jugando el título con el doble sentido que la palabra beata tiene en portugués, ya que significa también colilla de cigarrillo. Ello me recuerda la vez que, en una pensión de Peniche, vi en la ventana de mi cuarto que daba a un patio el aviso “Não atirar beatas pela janela”, o sea “no arrojar colillas por la ventana”, pero que yo leí de entrada como no defenestrar beatas religiosas, lo que parecía, además, no ser una acción inusual. Una de las pinturas expuestas da título a la exposición, y tiene las características de la que aquí comenta Christian Nicaise, con su insólito marco.
El pequeño catálogo, de 4 páginas, cuenta con 10 reproducciones, un poema, titulado “Mensagen ao Pedro Prata”, de João Rasteiro (componente de la Section), otro, titulado “Poema meridional”, de Miguel de Carvalho y los textos que vemos en esta página.

miércoles, 27 de junio de 2012

Encuentros con Granell


Tienen lugar este verano en Santiago de Compostela un conjunto de eventos motivados por el centenario de Eugenio F. Granell. El deslumbrante arte de este entrañable surrealista podrá en gloria apagar algunos días la lobreguez de esa ciudad rodeada de una vasta muralla de cemento y capital de la más aguerrida Cristiandad. Claro que quienes acudan sanamente a esta verdadera fiesta del color y la imaginación, habrán de mezclarse con los tarados que peregrinan, por esos caminos antaño hermosos y hoy llenos de autopistas, parques eólicos y otros horrores, a rendirle pleitesía al siniestro Santiago Matamoros.
La más sugestiva exposición parece ser la titulada “El encuentro en la poética de Eugenio Granell”. En la ocasión en que quise escribir un artículo sobre los estupendos títulos de las obras de Granell, enumeré muchos de los que llevan la palabra, mágicamente surrealista, “encuentro”. Que se trata de una constante en Granell lo muestra que las fechas de esas piezas van de 1946 a 1984 (¡cinco décadas de encuentros maravillosos!):
“El encuentro original del indio y el caballo”, “Encuentro del indio con su máscara”, “Encuentro de Herodes y Salomé”, “El encuentro de la serranilla con el Marqués de Santillana”, “El encuentro de Jules Laforgue con la reina de Alemania”, “Encuentro de la zanahoria y el insecto”, “Encuentro del insecto con la brizna de paja”, “Encuentro de la mano con la muela del juicio”, “Encuentro del ciclista con el chapulín”, “Encuentro de la hoja con el mito de la rueda”, “Encuentro de la hoja con el mito de las alas”, “Encuentro del toro y el centauro”, “Encuentro del centauro con el caminante”, “Encuentro de la patata con el aire”, “Encuentro de la piedra con la nube”, “Encuentro de la dama y el león”, “El encuentro del amor con la joven sevillana”, “El encuentro solemne de Istar con Príapo el joven”, “El encuentro profundo de los dioses del mar”, “Encuentro en la mar”, “Memoria de un encuentro”, “Encuentro en la calle”, “Encuentro zoológico”, “Felicísimo encuentro”, “Ceremonia del encuentro del poeta y la Poesía”.
El que he elegido para ilustrar esta nota es “El encuentro de Jules Laforgue con la reina de Alemania”, de 1983. A Granell debió resultarle gracioso aquel trabajo que tuvo el poeta simbolista durante algunos años: leerle a la anciana emperatriz Augusta de Alemania artículos en francés, saltándose todos aquellos pasajes aburridos o no adecuados a tan elevada persona. “El cuadro –comenta Patricio Bulnes– era la emperatriz en el centro, el poeta convertido en lector al frente y, haciendo abanico, las damas de compañía dedicadas a sus labores”. El de Granell se limita al primer encuentro entre ambos.
Laforgue era uno de los escritores favoritos de uno de los grandes amigos de Granell, Marcel Duchamp. A Duchamp le entusiasmaban las “Moralidades legendarias”, hizo un dibujo a partir del poema “Mediocridad” (dibujo que poseía André Breton) y proyectó ilustrar la “Imitación de Nuestra Señora la Luna”. Curiosamente, este largo poema lo acabaría ilustrando, con seis aguafuertes, Camille Bryen, resultando de ahí un precioso libro, ya de 1974. Y por hablar de Granell, Duchamp y los encuentros, recordemos uno de los grandes cuadros del primero: El Rey y la Reina buscan a Marcel Duchamp, de 1957. Aquí Granell nos retrataba lo que estaba antes del encuentro, un encuentro en ese caso planificado, y no azaroso, como todos los demás.

Aparte “El encuentro en la poética de Eugenio Granell”, pueden verse este mes en Santiago otras cuatro exposiciones: “La colección étnica de Eugenio Granell”, “Eugenio Granell en el paraíso centroamericano. 1940-1956”, “El espejo del pintor. Eugenio Granell en las colecciones institucionales gallegas” y “El surrealismo hoy”, esta última recordándonos que la Fundación Granell nunca ha dejado, admirablemente, de considerar la vigencia de la aventura surrealista. La primera permitirá sin duda disfrutar algunas muñecas kachina, que coleccionaron también André Breton, Marcel Duchamp, Max Ernst, Robert Lebel, Roberto Matta, Jorge Camacho, Enrico Donati, Jean Benoît... Aquí tenemos el Sol hopi de la colección Granell, en madera pintada, plumas y cuero. Sobre estos espíritus de las fuerzas invisibles de la vida, que para los surrealistas reducen a pacotilla los mitos clásicos, recordemos que existe en castellano un bellísimo catálogo de 1998, titulado Kachina. Muñecas rituales indias, donde se traduce el precioso texto de Jorge Camacho “Los espíritus de la vida”, publicado seis años antes en París.

Las “Iluminaciones”, vistas por Svanberg

No, por desgracia no se trata de una reedición del bellísimo libro aparecido en Malmoe en 1957, y que era la primera traducción sueca de esos poemas de Rimbaud. Es tan solo una evocación que hacemos con motivo del centenario del artista.
En su espléndida obra Max Walter Svanberg et le règne féminin, Jose Pierre le dedica un capítulo a este encuentro Svanberg-Iluminaciones, que produjo “uno de los más bellos libros de nuestro tiempo”. Tras señalar que “la tentativa de entrar en comunión con la inspiración del poeta se distingue a la vez por su fervor y su libertad”, Jose Pierre indaga las tenues relaciones entre algunas de las imágenes de Svanberg y los poemas rimbaldianos correspondientes, pero solo reproduce cinco de aquellas, y en color solo “Infancia”, con que encabezamos esta nota.
De “Infancia” retiene Svanberg “el enjambre de hojas de oro” que “rodea la casa del general”: “El enjambre de hojas de oro rodea la casa del general. Están en el sur. –Se sigue la ruta roja hasta llegar al albergue vacío. El castillo está en venta; las persianas desatadas. –El cura se habrá llevado las llaves de la iglesia. –Alrededor del parque, las casetas de los guardianes están deshabitadas. Las vallas son tan altas que solo se ven las cimas murmuradoras. De todas maneras, dentro no hay nada que ver”. Svanberg muestra que dentro sí había algo que ver, y eso que nada sabemos de lo que contienen los tres cajones de la pequeña cómoda, bajo la que se apoya el sable del general. En cuanto a las criaturas de sedosos encajes y medias estrelladas –tan svanbergianas–, Jose Pierre se pregunta si serán “la muchacha con labios de naranja”, “las damas que revolotean en las terrazas cercanas al mar” o “las jóvenes madres y hermanas mayores con las miradas llenas de peregrinaciones, sultanas, princesas de andar y de vestir tiránicos”. O más bien las “«bestias de elegancia fabulosa» cuya presencia enigmática conviene a estas imágenes desesperadas en que la lejana infancia se defiende contra la muerte y el olvido”. Lo cierto es que estas dos figuras reaparecerían en el Homenaje a Rimbaud, una a cada lado de ese bello tapiz que el artista hizo en 1971.


Esta es la imagen que acompaña a “Bárbaro”, otra de las grandes “iluminaciones”, verdadero festín de asociaciones imaginarias, cuyo inicio es inolvidable: “Mucho después de los días y las estaciones, y de los seres y los países. La bandera de carne sangrienta sobre la seda de los mares y de las flores (que no existen)”.
A partir del poema de Rimbaud, Aimé Césaire había escrito el poema homónimo, publicado en Soleil cou coupé (1948). Luego, Mohammed Khaïr-Eddine partirá del poema de Césaire para un tercer “Bárbaro”, incluido en Soleil arachnide (1969). Y es que, como ya habían dicho los surrealistas en 1925, “somos sin lugar a dudas bárbaros, puesto que una cierta forma de civilización nos asquea” (“La Révolution d’abord et toujours!”, La Révolution Surréaliste).

Los “Cahiers d’Occitanie” y el surrealismo

En el n. 50 de los masónicos Cahiers d’Occitanie, junio de 2012, encontramos sorprendentemente las reseñas de tres obras que hemos ido abordando en “Surrealismo internacional”: el catálogo de la exposición de Grandville Un autre monde. Un autre temps, el de Georges Sebbag Chassé-croisé Dada-Surréaliste y, del mismo Sebbag, el poderoso ensayo Potence avec paratonnerre. Surréalisme et philosophie.
Nos interesan sobre todo las reseñas dedicadas a los libros de Sebbag, que firma Ariel-Pelléas Serain. La de Surréalisme et philosophie continuará en el n. 51.
Ariel-Pelléas Serain muestra ser no solo un óptimo conocedor de los entresijos del surrealismo, sino haber sido un buen amigo de los surrealistas, sobre quienes aporta interesantes apuntes.
Una de las obras que destaca es esta de Georges Malkine, “Emoción” (1927), “representando una ventana ojival cerrada por una plancha, perfecto ejemplo de una pintura-imagen poética surrealista”. También, “Brujas”, de Kurt Seligmann, “Es mediodía menos 3”, de Claude Tarnaud, “Fiesta”, de Kay Sage. Serain nos cuenta que era en casa de Robert Benayoun, uno de los pocos miembros del grupo surrealista de París que tenían televisión, donde Breton fue a ver la emisión sobre los cátaros de Claude Santelli, y que Benayoun intentó sin éxito que Breton leyera los relatos de Lovecraft, a quien tanto él como Gérard Legrand habían “descubierto” en 1953.
De otro gran surrealista escribe: “Adrien Dax, a quien hemos conocido de 1959 a 1979, fecha de su muerte, fue el surrealista de Tolouse, gran amigo de André Breton y Benjamin Péret. Ingeniero de Genio Rural, tenía un dominio extraordinario del dibujo, y una muy viva inteligencia. Durante su cautiverio en un stalag de Alemania, leía y releía incansablemente las Enéadas de Plotino. Su cultura era inmensa. Solo ahora se comienza a medir la importancia que ha tenido en el Surrealismo”.
De Jean-Claude Silbermann, a quien también conoció bien, nos dice que Radovan Ivsic se admiraba con su apellido: “el hombre de plata”. A la adorable Mimi Parent la llama “mujer de gran saber y de gran refinamiento”, y de Toyen revela haberle siempre emocionado “profundamente” el extraordinario lienzo “En el castillo de Lacoste” (que, permitiéndome una nota personal, a mí me impactó tanto como para originar mi largo relato Cité Toyen).
Por último, Ariel-Pelléas Serain echa en falta, en el capítulo fotográfico, a Roger van Hecke y destaca, en el de “Pleno margen”, a Félix Labisse, “a menudo y erradamente minimizado”, juicio con el que coincidimos. De Labisse se nos apetece ahora recordar su cuadro “Al otro lado del mes de las vendimias o la curiosidad satisfecha” (1980), donde sustituía al apelotonado grupo de hombres de traje negro y sombrero hongo de “El mes de las vendimias” (Magritte, 1959) por estas nueve selenitas:


Al leer esta bella reseña, hemos pensado que su autor bien podría prodigar estos tan ricos y sugestivos comentarios y evocaciones, para deleite de quienes amamos el surrealismo.
La crítica de Potence avec paratonnerre es, evidentemente, de otro carácter, pero igual de interesante, espléndida incluso. A mi juicio, complementa a la que yo hice, ya que el autor se ocupa de aspectos descuidados por mí, y quizás pueda decirse viceversa. Una cuestión de palabras creo que se manifiesta cuando discrepa de la consideración que hace Sebbag al decir que “el surrealismo no es ni irracionalista ni esotérico”. No es irracionalista porque busca las armonías, y como mucho ha insistido en los aspectos “irracionales” por su carácter reprimido en nuestra civilización, y no es esotérico porque algo muy diferente es interesarse por el esoterismo, un interés por cierto que no se advierte en algunos grupos de las últimas décadas, aunque ello se me apetece, desde luego, más una carencia que otra cosa.
En otra página de esta sección de “Notas de lectura” de los Cahiers d’Occitanie, A. Crystallo hace una enumeración de surrealistas que han pertenecido a la masonería: Philippe Soupault, Pierre Mabille, René Alleau, Henri Seigle, Bernard Roger, Guy-René Doumayrou, Roger van Hecke, Élie-Charles Flamand y –¡nombre predestinado!– Marie-Dominique Massoni. Quien tenía un verdadero entusiasmo por las órdenes esotéricas era Ithell Colquhoun, sobre quien hablábamos hace unas pocas semanas. En 1952 entró en la Orden del Templo de Oriente, en 1955 en la Logia de la Nueva Isis, en 1963 fue iniciada como maestra masona y en 1965 se consagró diaconisa de la Antigua Iglesia Céltica. Michel Remy la definiría como “el surrealismo en perpetuo estado de fantasmagia sobre los caminos convulsivos del ocultismo”.

“Entretiens sur le surréalisme”

Acaba de reeditarse el interesantísimo volumen Le surréalisme, orquestado en 1966 por Ferdinand Alquié. Aunque su título era también Entretiens sur le surréalisme, se trataba de una serie de conferencias seguidas cada una de un coloquio. Al final de la introducción, Alquié alude a André Breton, quien, por su dolencia asmática, ya no pudo asistir a aquella semana surrealista, y que, además, al publicarse el libro, en 1968, ya había muerto:
“Yo confiaba entonces que él podría, al menos, seguir aquellos debates leyendo este libro. Hubiera querido volverle a expresar mi reconocimiento infinito por todo el calor, por toda la luz que no ha cesado de aportarme, y haberle agradecido, una vez más, el haberme enseñado, cuando yo tenía veinte años, el sentido maravilloso de la palabra libertad”.
En la introducción general, Alquié lamenta que el congreso, por así llamarlo, no haya sido dirigido por él y por Raymond Queneau, quien declinó la oferta. ¡Afortunadamente! Tras señalar que “está permitido encontrar surrealismo fuera del surrealismo, pero sin advertir que no es lo mismo hacerlo antes que durante el surrealismo, Alquié afirma, creo que con acierto: “Podemos decidir que surrealista es lo que ha salido del grupo surrealista, pasado y presente, y lo que ha tenido su asentimiento. Creo que, de esta manera, el concepto de surrealismo puede ser definido con claridad”.
Figuras del grupo surrealista o que habían pertenecido a él intervienen con grandes textos: son Gérard Legrand (“Surrealismo, lenguaje y comunicación”), Annie Le Brun (“El humor negro”), Alain Jouffroy (“Surrealismo y poesía”), Michel Carrouges (“El azar objetivo”), Jean Schuster (“El surrealismo y la libertad”), Jose Pierre (“El surrealismo y el arte actual”), André Souris (“Paul Nougé y sus cómplices”) y Philippe Audoin (“El surrealismo y el juego”). Mucho tiempo nos llevaría entrar en estos textos llenos de sugerencias, así como en los debates subsiguientes. Extraordinarias son las intervenciones de Annie Le Brun, Alain Jouffroy y Jean Schuster, aunque en el coloquio que sigue al discurso de este último resulte amargo verle atacar a “los que hacen profesión de enterradores con respecto al surrealismo”, tres años antes de que él se convierta en lo mismo. Especial interés reviste la discusión que sigue al texto de Carrouges. Esos debates son lo mejor de algunas intervenciones, como la de René Passeron sobre “El surrealismo de los pintores”, con espléndidas objeciones de Jose Pierre; la del experto en electro-schocks Gaston Ferdière sobre “Surrealismo y alienación mental”, por lo que dice luego Philippe Audoin; la de Michel Giomar “La novela moderna y el surrealismo”, por Annie Le Brun; la de Noël Arnaud y Pierre Prigioni sobre “Dada y surrealismo”, con Henri Ginet rechazando muy bien el concepto de “surrealismo francés”; o la de Jean Brun, titulada “Dionisos, el surrealismo y la máquina”, que da pie a observaciones muy finas de Annie Le Brun, Gérard Legrand y el propio Alquié. Interés escaso o nulo revisten las charlas de Marie-Louise Gouhier (“Bachelard y el surrealismo”), Jean Wahl (“Lo surreal”), Stanley S. Collier (“Surrealismo y teatrología”) y Alfred Sauvy (“Sociología del surrealismo”, con increíbles tonterías de Paul Bénichou). Más específico es el capítulo de Robert Stuart Hort, dedicado a Contre-attaque.
La “Discusión general” es cerrada admirablemente por Georges Sebbag y Ferdinand Alquié. Y aún tenemos un apéndice, con extractos de una carta verdaderamente sensacional de Jehan Mayoux en torno a la historia, la revuelta y la revolución y un bello texto de Marguerite Bonnet sobre “El surrealismo y el amor”.
En suma, de nuevo al alcance de la mano un volumen primordial de y sobre el surrealismo.
Desnos/Leiris
Ya que estamos con novedades bibliográficas, anotemos dos más. Los Écrits sur les peintres de Robert Desnos, editados en 1984 por Marie-Claire Dumas, aparecen ahora revisados y completados por la misma especialista, a quien tanto debemos los lectores de Desnos. Por otro lado, el año pasado aparecieron los Écrits d’art de Michel Leiris, aunque ya ahí, como en las boticas, puede encontrarse de todo.

lunes, 18 de junio de 2012

Julio Monteverde y los arenales del sueño


Hace algún tiempo se quejaba así Jan Svankmajer: “El último trabajo científico fundamental dedicado al sueño, La interpretación de los sueños, tiene ya casi cien años”. Científicos o no científicos, lo menos que puede afirmarse es que los estudios e investigaciones del mundo onírico, y de sus vasos comunicantes con la vigilia, son bien escasos. Por eso es de celebrar este trabajo de Julio Monteverde, que ha titulado De la materia del sueño, y del que un adelanto apareció en el n. 17-18 de Salamandra, hace cuatro años.
Porque Julio Monteverde, nacido en Cartagena en 1973, desde 2001 forma parte del grupo surrealista de Madrid, en cuya revista interviene con poemas, notas y ensayos. Como poeta ha publicado los libros La luz de los días y La llama bajo los escombros. Un poema del primero es protagonista de un relato de azar objetivo aparecido en el n. 15/16 de la revista (“Órdenes son órdenes”), número en el que, precisamente, otros breves poemas, en concreto “Pequeño cofre”, “El reino de obsidiana”, “El doble” y “La piel de los soñado (Súcubo)”, contienen como motivo clave el del sueño. Este es el que lo proclama desde su título, “La piel de lo soñado”:
“En los pequeños cambios, / las estrellas del día / arrastrando el firmamento de la sombra. // Al seguir los pasos en la nieve / pequeñas manchas de sangre marcaban el camino. // Ella era una mujer en mi sueño. / Y la semilla mágica llegaba entre sus labios, / sembrando un campo de amapolas en la noche”.
Los sugestivos relatos de azar objetivo que Julio Monteverde ha dado a conocer en Salamandra ni que decir tiene que se bañan en una luz onírica. Aparte el ya citado, son “Otra casa poco sólida” y “En el lugar del accidente”, el primero con presencia del poema “Una casa poco sólida” de Monte de piedad, la primera recopilación poética de André Breton.
Con estas credenciales, no sorprende que, afortunadamente, Julio Monteverde, en De la materia del sueño, introduzca su experiencia personal, como cuando refiere un sueño en que habla con Edgar Allan Poe y otro en que la visión de la bocaza del jardín de Bomarzo genera la “casa del alquimista”, de la que nos da un dibujo esquemático.
Las referencias bibliográficas que van dispersándose a lo largo de estas páginas no pueden ser mejores: El libro de la interpretación de los sueños de Artemidoro de Daldis, El simbolismo en el sueño de Schubert (del que se dice que “modeló el pensamiento romántico sobre el sueño”, aunque, al ser de 1814, ya había corrido mucho romanticismo soñador), los análisis diversos del caso Gaspar Hauser, El promontorio del sueño de Víctor Hugo, el precioso libro de Hervey de Saint-Denys sobre los medios de dirigir los sueños, los clásicos de Freud y Breton, El alma romántica y el sueño de Béguin, las reflexiones –capitales– del surrealista rumano Dolfi Trost y, en fin, Le surréalisme et le rêve de Sarane Alexandrian.
De la materia del sueño se divide en tres partes: “Sueño, poesía y realidad”, “Algunos aspectos concretos del sueño” y “La conducta onírica”. La segunda cuenta con los siguientes capítulos: “El sueño como realidad”, “El sueño y el deseo”, “El sueño y la unidad”, “El sueño y la personalidad”, “El sueño como acto social individual”, “La creación de la sensibilidad en los sueños”, “El aprendizaje en los sueños (donde se aborda la paramnesia), “El sueño como experiencia límite”, “El sueño constante por debajo de la vigilia”, “El sueño y lo maravilloso”, “El tiempo de los sueños” y “El sueño y el futuro”. Aunque se trata de un libro orgánico, las páginas que nos han atraído más son las dedicadas a “La conducta onírica”, en que Julio Monteverde ajusta cuentas con el “chantaje” interpretativo de psicólogos y psicoanalíticos, contra su “pensamiento lógico” y su “método científico”, y donde afirma sin ambages que “el contenido manifiesto de los sueños, aquello que se nos clava en la mirada, representa  por analogía lo mismo que la utopía para el mundo de las ideas”, y que “la minusvaloración del contenido manifiesto no es más que la misma minusvaloración que la poesía tiene en nuestras sociedades capitalistas”. Sobre esto último, aunque en sus páginas Julio Monteverde alude, es evidente, a las culturas “primitivas”, sería bueno bucear en obras fascinantes como Un art à l’état brut de Karel Kupka (que llevó prólogo de André Breton), Le temps du rêve. La mémoire du peuple aborigène australien de Ciryl Havecker o (pese al repulsivo prefacio de una antropóloga brasileña) A arte dos sonhos. Uma iconografia ameríndia de Aristóteles Barcelos Neto.
La portada del libro es de Vicente Gutiérrez Escudero, otro nombre familiar para los lectores de Salamandra, y a quien, ya que estamos hablando de los sueños, se debe un trabajo también de notable interés, publicado en el n. 17-18 de la revista: “Hacia una experiencia colectiva del dormir no enajenado”.
De la materia del sueño aparece en una de las pocas editoriales españolas especializadas en obras de crítica social radical y de revuelta poética: Pepitas de Calabaza. Ya saludamos en ella, hace un par de meses, la edición de Para ver, cierra los ojos, de Jan Svankmajer, y el propio Julio Monteverde ha prologado allí un relato del gran Oscar Panizza: Diario de un perro. Recordemos asimismo los libros que han antologado textos de los grupos surrealistas de Madrid y de Chicago. Y hace unos días concluimos la lectura de un magnífico Libro negro del deporte, ese siniestro fenómeno cuyas tintas nos parecen incluso más negras que las mostradas por la obra. De ahí que su lectura deba completarse con la visión de los 14 demoledores minutos de los Juegos viriles del citado Svankmajer.
*
Y ahora, a propósito, algunas citas sobre el sueño, incluidas en mi libro Cabina de barlovento:
Jamás se sueña lo suficiente. Hans Arp
Durante el sueño suelen venirnos las visiones más poderosas; no son simplemente sueños, pues son mucho más reales y poderosas. Alce Negro
Puedes quitármelo todo, pero mis sueños no te los doy. Radovan Ivsic
Como uno hace su sueño, hace su vida. Víctor Hugo
No existimos más que nuestros sueños. Teixeira de Pascoaes
Yo empleo así mi tiempo: una mitad durmiendo y la otra soñando. Cuando sueño, nunca duermo, eso sería lamentable; dormir es el colmo del genio. Sören Kierkegaard
Los que sueñan de día tendrán siempre alguna cosa más que los que sólo sueñan de noche. Edgar Allan Poe
Aprender a soñar es el primer grado de la sabiduría. La vida exterior da la inteligencia; la sabiduría fluye del sueño. Gustav Meyrink
Despertar ya es una llamada al sueño. François Leperlier
Cuando soñamos con un lugar lejano, nuestro espíritu está en ese lugar. Chamán kwakiutl
Mi sueño más bello es aquel / en que una mujer desnuda se va quedando / transparente como un farol tocado de ateísmo. Pedro García Cabrera
El sueño no es sólo el estado más poderoso, sino incluso el más lúcido del pensamiento. Charles Nodier
Los hombres han tenido siempre miedo del sueño y de la inspiración también. Victor Brauner
Me enorgullezco de una cosa: haber realizado todos mis sueños en mi vida. Con excepción de uno solo: sueño con matar a un misionero. Jean Benoît
Mis ojos exigen que se les lance siempre un alimento. Lo tragan con una avidez brutal. Y por la noche, durante el sueño, lo digieren. Jindrich Styrsky
Haz que tu sueño sea más largo que la noche. Maurice Henry
A veces el sueño se hace realidad. Ese fenómeno es conocido con el nombre de polución nocturna. Eric Chevillard
Manejo el sueño al igual que un sombrero. Enrique Gómez-Correa
El sueño es la verdad. Zora Neale Hurston
El horror del día siguiente / basta para sostener el sueño. Georges Henein
La imaginación puede compararse al sueño de Adán, quien al despertar se encontró con que era verdadero. John Keats
La huella de un sueño no es menos real que la de un paso. Georges Duby
Un sueño sin estrella es un sueño olvidado. Benjamin Péret y Paul Éluard
Para soñar en colores, pon un camaleón bajo la almohada.
La barricada de nuestros sueños sorprende por su movilidad perpetua.
Siempre habrá una pala al viento en los arenales del sueño. André Breton
*
Ilustración: Ellos me rozan en el sueño, Toyen, 1957.

lunes, 11 de junio de 2012

Suzel Ania o la noche de todos los prodigios


Con este poema de Gilles Petitclerc y este collage que se expone estos días en la librería Antinoë de Brest, queremos iniciar nuestro saludo a Suzel Ania, maravillosa creadora de collages en la más pura línea de fuego del surrealismo.
Nacida en 1946 en Angers, Suzel Ania se incorpora al movimiento Phases en 1980, participando en todas sus manifestaciones, e incluso organizando algunos de sus eventos. Puede afirmarse que se trata de una de las figuras de Phases más cercanas al surrealismo, y para nosotros de las más sugestivas entre todas las que Edouard Jaguer “atrajo” a la órbita de este movimiento. Por lo demás, esa cercanía va más allá de lo estrictamente artístico o poético, ya que en 2003 la veíamos firmar “Le grimoire sans la formule” y en 2006 refrendar “À la niche les glapisseurs de dieu!”.
Sobre ella ha dicho el pintor poeta Jacques Lacomblez:
“«La cola no hace el collage». Aquí, un notable sentido pictórico participa en el extrañamiento, sentido pictórico que hace brotar una gracia que se ha vuelto cada vez más rara. Armonía otra, es de esto de lo que se trata en la obra de Suzel Ania; menos el desvío que un gran estilo al servicio de lo maravilloso”.
En el catálogo de Phases L’expérience continue. 1952-1988, Edouard Jaguer acompañaba la página dedicada a Suzel Ania con estas palabras de Anne-Marie Castelain:
“Exprimant l’obscurité charnelle masquée aux conventions du quotidien, les collages de Suzel Ania sont autant de mise en scène baroques, de mises en demeures secrètes où le désir affleure et se corrode sous les maquillages dévergondés qui entrouvent le corps et le laissent gémir de silence. Parfois le caucheamar affleure, transpercé d’ongles et d’écailles dont le contact percute la chair et l’atmosphère d’un long frisson qui se brise tel un miroir. Parfois encore, dans l’ombre assourdie du malaise où plane une incontournable violence, des rumeurs de faits divers détournent le regard, involontaire témoin d’une intimité qui se dérobe et se joue des illusions”.
Anne-Marie Castelain, sin duda, tiene la suerte de conocer mejor que yo el mundo imaginativo de los collages de Suzel Ania, aunque a mí una decena de ellos me ha bastado para fascinarme. Por ser de los pocos que puedo reproducir a todo color, he aquí “La gravitación apasionada”, de 1994, con algunos motivos característicos, presentes en otros de sus collages: las esferas, la bella danza espacial, ejemplares de su rica y bella fauna, las rocas parecidas a aerolitos...

lunes, 4 de junio de 2012

Jorge Kleiman, minero del microcosmos y el macrocosmos


Sabido es que Argentina ha sido uno de las tierras de elección de la aventura surrealista, con grandes poetas y grandes artistas. Entre estos tenemos a Jorge Kleiman, quien ha identificado su trayectoria con la del surrealismo nada menos que desde 1951, cuando, aún muchacho, lo descubrió en las clases de Juan Batlle Planas, junto a Roberto Aizenberg y Julio H. Silva. Cuando, en 1953, Robert Lebel dirige en Le Soleil Noir el Premier bilan de l’art actuel, vasto y extraordinario panorama del arte moderno desde 1937, no falta el nombre de Jorge Kleiman. Se lo asocia a los de sus condiscípulos y a los de otras figuras que hoy, pasado pues más de medio siglo, son otros tantos puntales del surrealismo nacido en la Argentina: Víctor Chab y Virginia Tentindó. Y piénsese que, entre 1926 y 1934, nacen Juan Carlos Langlois, Francisco Madariaga, Carmen Bruna, Roberto Aizenberg, Juan Andralis, Julio Llinás, Noé Nojechowicz, Víctor Chab, Julio H. Silva, Virginia Tentindó y, el más joven de la lista, Jorge Kleiman. Pocas veces, y creo que ninguna en América, se habrá visto surgir una constelación de tal magnitud en tan breve espacio de tiempo. Por lo que respecta a los nombres citados en el Premier bilan –Kleiman, Chab, Silva, Aizenberg y Tentindó–, de quienes se dice que se encuentran comprometidos “en la busca de dinamismos automáticos”, lo menos que puede afirmarse es que acabaron por cumplir plenamente lo que su ardiente juventud anunciaba.
Jorge Kleiman es ante todo un maestro del automatismo, un creador de imágenes deflagrantes comparadas por Edouard Jaguer, en su ensayo sobre “La pintura surrealista en Argentina”, a pepitas de oro extraídas del “pozo de la mina del automatismo” por “la interpretación imaginante del pintor-poeta”. Pintor-poeta, en efecto, ya que cada pintura de Jorge Kleiman es un poema en sentido absoluto, el fruto de un viaje a esas profundidades de la tierra, aunque a la vez a la vastedad sideral.
Entre las exposiciones más significativas, personales y colectivas, de Jorge Kleiman podemos enumerar la de 1971 con Aizenberg y Nojechowicz, titulada “Automatismo y elaboración”; la de 1976, cuyo catálogo llevó un texto de Julio Llinás; la de 1982, “Automatismo 82”, con Chab y Nojechowicz; la de Phases en Canadá, 1992, “Lumière du jour, lumière noir”; y las de surrealismo internacional “O reverso do olhar” en Coimbra, 2008, y “El umbral secreto” en Chile, 2011.
Importante es su asociación al grupo surrealista Salamandra, con el que Jorge Kleiman conectó de modo natural, al haber residido en España entre 1987 y 2005. No solo participó en diversas actividades del grupo, sino que sus imágenes están presentes en los números 3 al 10, así como sus fulgurantes “pintamientos” en los números 6 y 7. En uno de ellos, afirma: “La mayor grandeza del surrealismo consiste en contar con el azar en forma sistemática”.
Jorge Kleiman es uno de esos artistas del surrealismo, y no son pocos, que carecen de una monografía sólida, a su gran altura. Pero los críticos de arte prefieren escribir más sobre lo mismo, cuando no ocuparse de la nulidad reinante, siempre que esa nulidad esté en el candelero mercantil. El conocimiento disperso que tenemos de la obra de Jorge Kleiman es un motivo de lamento que no subsana la existencia de una buena página en la red: http://www.jorgekleiman.com.ar/
Abrimos esta nota con una obra suya reciente, y la cerramos con “El paraíso incendiado”, que reproducía Salamandra en su n. 7 (1995):

Un pasquín del grupo surrealista de Chicago


Es muy reciente este pasquín del grupo surrealista de Chicago. Y que me permite una nota de carácter personal. En esa cosa llamada España, ya nos opusimos en los años 80 a la entusiasta y exitosa campaña de los socialistas, entonces en el poder, para introducir a la cosa en aquel antro, lo que no solo consiguieron, sino que a los pocos años formaban una pella para acudir como chicos ejemplares a la “Guerra del Golfo”. Digamos al margen, aunque poca importancia tenga, que Canarias, donde llevamos a cabo nuestra modestísima oposición, votó no. Igual de siniestra, poco después y auspiciada por los mismos, fue, y sin necesidad de consultas populares, la entrada en la Unión Europea, ese montaje del capital que en un par de décadas se encuentra ya en franco estado de descomposición. Váyanse tanto la Nato como la Ue a donde todos deseamos.

Ody Saban : “Les fleurs de la nuit”


Una nueva exposición de Ody Saban, “Les fleurs de la nuit”, abre el 7 de junio en la galería Claire Corcia de París. Thomas Mordant habla un día sobre “La obra de Ody Saban en la pintura del siglo 21 y sus relaciones con el surrealismo y el arte de los locos” y otro sobre “El proyecto de civilización surrealista hoy”, mientras que en una tercera jornada dialogan Laurent Danchin y Ody Saban, con lecturas de poemas por Anguéliki Garidis y Paloma Hidalgo.
Estas son las palabras de la artista y escritora surrealista:
“Je vous présente des fleurs et des arbres aux formes et aux manières de vivre «fantastiques», comme sont presque toujours les existences et les apparences des végétaux quand on les regarde intensément. Dans cet univers de forêts oniriques aux charmes puissants et lents «comme ceux de lourds parfums», se meuvent  de subtils bateaux, qui représentent l’inconscient humain avec d’autres puissances mouvantes. Là, vivent aussi des êtres surgissant de ma mythologie personnelle. Pour abriter cette galaxie de vie, mes peintures sont le plus souvent de grandes tailles, acryliques sur toiles et aquarelles sur papiers translucides ou sur  des papiers que j’ai préparés. Les œuvres de cette exposition sont inspirées par une légende imaginaire. La voici:
«On connait depuis longtemps les fleurs de jours et certaines fleurs qui s’ouvrent à la lumière de la nuit. On vient de découvrir qu’il y a des fleurs beaucoup plus nombreuses que les fleurs de jour, qui poussent par les nuits sans lune et sans étoiles, dans des lieux très venteux et jusqu’à présent inaccessibles. On commence à connaitre les
forces – promesses et menaces–  de ces fleurs. Ces forces existent aussi chez certains arbres, certains animaux et parmi certains êtres amoureux. Là où ces forces se rencontrent, les métamorphoses sont permanentes et vitales. Ces métamorphoses créent des dimensions nouvelles de l’espace-temps, de nouvelles «couleurs fondamentales» et des manières neuves de percevoir, de ressentir et d’agir. Les fleurs de la nuit ont commencé à éclore et à s’ouvrir dans le jour.  Elles sont lumineuses.
» Dans mes tableaux récents j’ai voulu montrer certaines manifestations directes ou indirectes des fleurs de la nuit. Ainsi dans les tableaux «Les fleurs de la nuit voyagent», «Les yeux de la nuit déplacent la forêt», «Les lèvres de l’eau percent la forêt»… J’ai aussi voulu montrer l’environnement des fleurs de la nuit, les êtres qui les hantent, des lettres réelles ou imaginaires qui les accompagnent, ébauchant un langage inédit, insolite. Ici et là apparaissent Lilith avec ses amies et amis, avec son amoureux et le tourbillon de ses passions. Ici et là surgissent aussi des lettres telles «Kous» (imaginaire) ou «Zayin» (réelle),  mais beaucoup de ces lettres de différentes langues restent cachées, couvrant les pollens des fleurs de la nuit de baisers… Ces lettres ne vous deviendront visibles que progressivement en sortant peu à peu du rêve de la nuit des fleurs…”
Thomas Mordant escribe sobre Ody Saban :
“L’œuvre d’Ody Saban est intempestive dans l’histoire de la peinture y compris celle d’aujourd’hui. Cette œuvre, avec quelques autres, osant danser, lucidement, au bord des gouffres de la folie, offre un panorama de ce que ce monde doit cesser d’être et ouvre une brèche, par laquelle peut passer un sourire et montrer diverses façons, pour la vie, d’éviter les entrelacs des tombes qu’on y creuse et de se métamorphoser”.
Ilustración: “Flores de la noche viajan”.

Breves

Aún hay dos grandes centenarios del surrealismo por celebrar. El 26 de diciembre de 1912 nacía en Wendover, Inglaterra, Gordon Onslow Ford, y al día siguiente, en Ledbury, también Inglaterra, Conroy Maddox. Sobre ellos volveremos cuando se acerquen esas efemérides.
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Este  viernes se inaugura una exposición de collages de Suzel Ania, en la librería Antinoë de Brest. A nosotros nos valdrá para, la próxima semana, hacer una evocación de esta artista estupenda. La inauguración irá acompañada de una evocación de Jacques Lacomblez por Jean-Claude Charbonel, de una lectura de poemas de Lacomblez perteneciente a D’ailleurs de désir por Véronique Rousseau y de la proyección del film Jacques Lacomblez, marxiste et surréaliste, de Ludovic Tac.