miércoles, 13 de junio de 2018

Alex Januário: “O corpo sismógrafo”

Alex Januário,
El suicidio del cegador ante la belleza convulsiva

Con tirada de cuarenta ejemplares, acaba de aparecer el libro de siete collages (más el de la cubierta) O corpo sismógrafo, de Alex Januário, que se suma en su trayectoria muy rigurosa y de absoluto compromiso con el surrealismo a los titulados Sete anos, Caixa gris y A noite absoluta. Si los anteriores aparecieron en Loplop, este lo edita Baboon, proyecto de unos jóvenes de São Paulo dedicados al cómic y amigos del surrealismo.
O corpo sismógrafo lo precede una cita de Lo maravilloso de Pierre Mabille y lo corona este verso bretoniano de Fata Morgana: “cuando la copa la forman precisamente los labios”.
@babooncomix

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Loplop Livros promueve precisamente sobre el collage una serie de encuentros, el primero de los cuales tendrá lugar hoy mismo:


Céline, en su justo sitio


Hay libros que hacen falta, y eso es exactamente lo que puede decirse de esta reciente obra de Patrick Lepetit sobre Céline, “ideólogo nazi”.
Siempre me sorprendió, y me costaba entenderlo, la simpatía que despertaba este personaje entre quienes menos podía esperarse, incluso algunas inteligencias anarquistas que solo parecían percibir en él su discurso antiburgués. Me han repugnado siempre los paliativos con algunos escritores o pensadores de mentalidad abyecta tan solo porque eran “grandes” o “geniales”, incluido un Borges, que llamó “caballeros” a los militares golpistas argentinos, acudió a Chile para recibir un premio de manos de Pinochet en sus primeros momentos y lamentaba que los Estados Unidos no se convirtieran en un imperio como los de los viejos tiempos. E incluidos, por supuesto, los Aragon y los Éluard.
Por eso es regocijante ver aparecer, y en el Atelier de Création Libertaire, este Voyage au bout de l’abject de Patrick Lepetit, que se abre con una cita definitiva de Jimmy Gladiator en La Crécelle Noire, publicación de corte anarcosurrealista, año de 1979: “Vamos a bajarles sus infernales humos a los que se aferran aún a las aberraciones del tipo «un tal (fascista notorio, o cristiano, o estalinista, o programa ex común) es un revolucionario en la Escritura (o en el Arte, o en el Cine)» ¡Qué lamentable es una revolución en! ¡Mierda a la Escritura, viva la Poesía, viva la Revolución, viva la Anarquía!”
Cuando Céline se encontraba en 1950 en Dinamarca temeroso del juicio que le iban a hacer en Francia, Le Libertaire (donde gozaba de simpatías) realizó una encuesta en que resultan admirables las respuestas de Breton y de Péret frente, por ejemplo, a la de un Jean Dubuffet, que lo consagra nada menos que como “uno de los más maravillosos poetas de nuestro tiempo”, añadiendo que “hay que absolverlo completamente, abrazarlo, honrarlo y festejarlo como uno de nuestros más grandes artistas y uno de los más orgullosos e incorruptibles muchachos de nuestra casa”. Al año siguiente, con antecedentes como este de Dubuffet (ahora voy comprendiendo por qué Jose Pierre lo llamó en 1959 “hitlerófilo” y “antisemita”) o de Paulhan y Nadeau, comenzaba la “rehabilitación” francesa de Céline, en la que militaron muchos figurones de la izquierda francesa como Paul Nizan o la pareja ubuesca, Aragon/Triolet, que lo tradujo al ruso. Hasta un André Gide perdía su lucidez viendo a este canalla como un bromista, o si no un loco.
Patrick Lepetit procede a un verdadero asedio tanto de la figura de Céline como de las operaciones de sus paladines, entre los que destaca Philippe Sollers, nada menos que desde 1963 hasta 2009, cuando llega a declarar: “Sitúo a Céline muy alto. La campaña de obliteración de Céline ha fracasado, y pese a que no querían que entrara en el Panteón, es ahí donde se encuentra. Yo lo coloco muy alto, con Proust, para el siglo XX, y creo que ya no hay nadie que diga verdaderamente lo contrario, o que se ensañe todavía en una vana polémica”. Que en lo último también se equivoca Sollers, lo demuestra la propia obra de Patrick Lepetit, que no deja ni un respiro a todos estos paladines, llegando hasta el homenaje que le hizo el año pasado el Magazine Littéraire, donde el editor celebraba “su capacidad de dinamitar la lengua francesa, en la línea de un Rabelais” –señala justamente Patrick Lepetit lo infinitamente lejos que está Céline del rabelesiano “buen reír humorístico y cálido”.
Los surrealistas difícilmente podrán olvidar la actuación de Céline con Robert Desnos, y estas palabras de Patrick Lepetit no dejan de evocárnoslo: “Que se deje de importunarnos con la bella lengua del autor de Féerie pour une autre fois con menosprecio de la incitación que fluye de su pluma como fluía la sangre de las innumerables víctimas de aquel tiempo”. Y para rematar: “Que cesen de hablarnos, sobre todas las líneas posibles de defensa de lo indefendible, de libros «de circunstancia», de obras de un «loco», de gran broma, de pura literatura”.

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Las respuestas de Breton y Péret a Le Libertaire, 1950

André Breton:

Cher camarade,
Mon admiration ne va qu’à des hommes dont les dons (d’artiste, entre autres)  sont en rapport avec le caractère. C’est vous dire que je n’admire pas plus M. Céline que M. Claudel, par exemple. Avec Céline l’écœurement pour moi est venu vite: il ne m’a pas été nécessaire de dépasser le premier tiers du Voyage au bout de la nuit, où j’achoppai contre je ne sais plus quelle flatteuse présentation d’un sous-officier d’infanterie coloniale. Il me parut y avoir là l’ébauche d’une ligne sordide. Aux approches de la guerre, on m’a mis sous les yeux d’autres textes de lui qui justifiaient amplement mes préventions. Horreur de cette littérature à effet qui très vite doit en passer par la calomnie et la souillure, faire appel à ce qu’il y a de plus bas au monde. L’antisémitisme de Céline, le soi-disant “nationalisme intégral” de Maurras, sous la forme ultra-agressive qu’ils leur ont donnée, ne sont pas seulement des observations, mais le germe des pires fléaux. A ma connaissance Céline ne court aucun risque au Danemark. Je ne vois donc aucune raison de créer un mouvement d’opinion en sa faveur.

Benjamin Péret:

Cher camarade,
L’intérêt soudain que Le Libertaire porte au nommé Céline me surprend profondément. Je ne peux pas oublier, en effet, que Céline a joué, avant et pendant la guerre, un râle tout à fait néfaste. Toute son oeuvre constitue une véritable provocation à la délation et, de ce fait, devient indéfendable à quelque point de vue qu’on se place car la poésie ne passe pas quoi qu’en disent ses thuriféraires par la bassesse et l’ordure. Or, l’œuvre de Céline se situe tout entière dans un égout où, par définition, la poésie est absente. Et l’on voudrait en soulever la plaque pour nous faire respirer les émanations méphitiques qui s’en dégagent! Non, qu’il reste au Danemark où il ne risque rien s’il n’ose pas se présenter devant un tribunal dont il n’a guère à attendre qu’une condamnation de principe. C’est toute une campagne de “blanchiement” des éléments fascistes et antisémites qui se développe sous nos yeux. Hier, Georges Claude était remis en circulation. Demain ce seront Béraud, Céline, Maurras, Pétain et compagnie. Quand toute cette racaille tiendra de nouveau le haut du pavé, qu’auront gagné les anarchistes et révolutionnaires en général? Pas de donquichottisme! Réservons notre solidarité –et celle-ci totale– pour les victimes de notre capitalisme, de Franco, Staline et autres dictateurs qui souillent aujourd’hui la surface du globe.

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Patrick Lepetit se situó en plena órbita del surrealismo en 2012, con la publicación de un libro ya de referencia: Le surréalisme, parcours souterrain. Recientemente nos ocupábamos de su bella colaboración con John Welson, Earthly kingdoms and dreamy knights, pero con anterioridad este poeta, ensayista y libertario normando ha publicado los poemarios Les tragédiennes (1978), Triptyque des solitudes (1989), Rouge solaire (1997), Rituel d’une fascination (2007) y Déclaration d’incandescence (2015). Recientemente, estuvo alerta a la impostura de las exposiciones pseudosurrealistas que venían presentándose como muestras del “surrealismo internacional” (y que en particular Miguel de Carvalho venía denunciando desde hace tiempo), impulsando el manifiesto verdaderamente surrealista internacional “Du ruisseau à l’égout”.
En el siguiente enlace pueden verse una serie de intervenciones suyas sobre el surrealismo:

sábado, 9 de junio de 2018

Grupo Surrealista de Leeds

El próximo viernes, 14 de junio, se inaugura esta exposición de “maravillas abandonadas” del grupo surrealista de Leeds:


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A la vez, damos la noticia de aparición de la segunda novela de Stephen J. Clark, componente de este grupo. En el enlace editorial, se nos abre el apetito con la lectura de la sinopsis y un hojeo de las páginas, que contienen además un centenar de ilustraciones, como ya las contenía en abundancia su anterior novela, In delirium’s circle (2012).
Y damos también el enlace de una entrevista, a propósito de su anterior libro de relatos, The satyr & other tales:

Stephen Clark, Gnosis, 22 de mayo de 1996

Charles Jameux: surrealismo y francmasonería


Charles Jameux formó parte del  grupo surrealista parisino entre 1964 –año en que fue el más joven de los surrealistas en torno a André Breton– y 1969. Una reciente publicación suya arroja luz sobre esta figura poco conocida en los medios del surrealismo, pero de gran interés. El título del libro es Franc-maçonnerie: temps, mémoire, symboles. Chronique surréaliste et franc-maçonne, y viene avalado por un prólogo de Jean-Pierre Lassalle. Aparece en las Éditions Dervy, dentro de la colección Pierre Vivante que el propio Jameux dirige y donde ya se han publicado Le surréalisme. Parcours souterraine, de Patrick Lepetit, e Initiation et contes de fées, de Bernard Roger.
En el primer capítulo, “Memoria de un nombre, nombre de una memoria”, Jameux evoca sus años en el surrealismo. Tras haber leído todo Nerval, todo Lautréamont y todo Rimbaud, descubre el surrealismo, junto a su condiscípulo Georges Sebbag, a través del primer manifiesto, algo que fue para él (y yo puedo decir lo mismo) como “un temblor de tierra”, añadiendo: “La tendencia natural al solipsismo de mi carácter se vio trastornada. No estoy solo, puesto que comparto con otros la revuelta total contra la suerte indigna hecha por la sociedad al espíritu humano”. En 1964 se incorpora a los encuentros de La Promenade de Venus, tras haber conectado con el equipo de Positif. Al año siguiente, publicará una monografía sobre Murnau y en 1968 será quien presente la ponencia sobre el cine en el famoso encuentro de Cerisy (del que hace un par de años se osó dar un triste remedo universitario). Jameux aparece en una conocida foto de 1967, o sea al año de la muerte de Breton, en torno a Ted Joans, que estaba visitando París, junto a Jehan Mayoux, Robert Benayoun, Jean Benoît, Annie Le Brun, Radovan Ivsic, Jorge Camacho y otros. Entre esos otros no se encontraba Jean Schuster, a quien Jameux ve justamente como el causante de la ruptura del grupo: en efecto, Schuster, el “heredero autoproclamado” del surrealismo, “destruyó por su autoritarismo y su rechazo del debate interno, toda posibilidad de actividad colectiva”. Jameux califica de “especiosa” su distinción entre “surrealismo histórico” y “surrealismo eterno” (que tan buena fortuna haría en los medios académicos) y el apoyo incondicional que Schuster pretendía darle a la revolución cubana, ya entonces plenamente convertida en dictadura y capitalismo de estado. Pero Jameux no deja de expresar en estas páginas su “pasión, gratitud y fidelidad perenne” al surrealismo, que le hizo entrever “los componentes mayores del pensamiento analógico en Occidente: la alquimia, el hermetismo, los esoterismos”.
En el capítulo segundo, Charles Jameux se introduce en el tema de la francmasonería, a la que pertenece desde 1977, sin implicar (o antes al contrario) ninguna pérdida de esa lucidez de revuelta que es característica del surrealismo: así, celebra a quienes se han sabido mantener a distancia (y, valiéndose de la expresión fourierista, en “écart absolu”), de esta “civilización exangüe”, que define de un modo certero como “totalitaria (internet e informática), represiva (encuadramiento burocrático de los individuos), irrespirable (el reino de la cantidad), mercantil (donde todo tiene un precio), en busca de la buena conciencia y de la coartada compasiva que le facilitan a poco precio la ecología política y la transición energética”.
El capítulo tercero, “El ideal iniciático”, viene precedido por un epígrafe que no es otra cosa que la famosa cita de Vaché sobre la esencia de los símbolos, lo que de paso anuncia el siguiente, sobre el simbolismo masónico. El quinto se titula “La noche de los orígenes”, tema que se continúa en el siguiente, donde Jameux determina el origen de la francmasonería en la primera aparición documentada conocida de un símbolo no operativo, o sea puramente especulativo, el templo de Salomón, en 1637 (¡la fecha, como muy bien advierte Jameux, del siniestro Discurso del método!).
Pero sobre todo este volumen incluye al final un texto extraordinario que Jean-Pierre Lassalle se anticipa al calificarlo en su prefacio, con toda justicia, de “admirable”: “El barco de fuego”, publicado autónomamente por el propio autor en 1980, donde afloran los nombres de Breton, Fourier, Rabbe y Meyrink y en el que encontramos una maravillosa invocación a la noche.
Posteriormente a Le vaisseau de feu, Charles Jameux ha publicado Souvenirs de la maison des vivants (2008) y –también en Dervy– L’art de la mémoire et la formation du symbolisme maçonique (2010).
Este es un libro importante, para conocer a otra de las figuras secretas del surrealismo parisino y tanto por su valor testimonial como por el contenido específico de una materia que ha atraído a muchos surrealistas.

miércoles, 6 de junio de 2018

Jan Giliam/Rik Lina, Amsterdam, 7 de abril de 2018

Dave Bobroske, Jan Giliam y Rik Lina,
Homenaje a Eugenio Granell, 11 de abril de 2011

Ofrecemos hoy otro documento facilitado por nuestro amigo Rik Lina, sobre una reciente intervención en Amsterdam con Jan Giliam, y que incluye declaraciones muy interesantes de ambos sobre el automatismo y sobre el trabajo realizado conjuntamente. Y a la vez remitimos a sus dos páginas en la red.

lunes, 4 de junio de 2018

John Welson y Patrick Lepetit, en la Mesa Redonda


He aquí otra nueva publicación en que se unen los campos magnéticos surrealistas de un poeta y un artista, dando un resultado magnífico. John Welson y Patrick Lepetit, junto a John Richardson, ya se habían encargado de organizar el homenaje a Arcane 17 (André Breton’s Arcane 17 –A lodestar for the 21st century), y John Welson había más recientemente dado a la luz un volumen similar a este de ahora, Y gwiblu brith, en que sus imágenes se encontraban con los versos gaélicos de David Greenslade. Ambos títulos –ya comentados aquí– aparecieron en Dark Window Press, como Earthly kingdoms and dreamy knights lo hace en Black Egg Publishing. La obra está dedicada a la memoria de Jean-Claude Charbonel, cuyos armorígenes estaban tan cercanos al imaginario celtizante de Welson y Lepetit.
En Coimbra, envueltos en la poderosa luz del faro de la sección surrealista del Cabo Mondego, Rik Lina coincide con Patrick Lepetit y, en vistas de su interés por la cultura celta, lo pone en contacto con John Welson, quien en 2011 había, en Aberystwyth, llevado a cabo con Charbonel la exposición “The celtic eye”. Tras la feliz iniciativa de reivindicar el valor para estos tiempos de Arcane 17 (con la publicación del libro colectivo citado y una muestra en Rhayader), y la lectura que Welson hace del último poemario de Lepetit, Déclaration d’incandescence (¡admirable título!), el artista galés le propone al poeta normando escriba unos poemas en inglés que él ilustraría. Pero finalmente, Welson le va enviando a Lepetit una veintena de pinturas, que le inspiran a este, pensando en los valles galeses y en los montes de Arrée bretones, una serie de poemas correspondientes, para los que sugirie el título en que amalgama los reinos terrestres y los caballeros soñadores de la Mesa Redonda, un mito poético de plena validez para el surrealismo. Todo esto y más lo refieren en unas páginas antecedentes Patrick Lepetit (“Celtic inscapes...”) y John Welson (“Echoes from the drowned valleys), pero aún hay una brillante introducción que ha hecho Guy Girard.
Patrick Lepetit, autor de un libro ya de referencia como es Le surréalisme (Parcours souterrain), anuncia otro sobre surrealismo y celtismo (de hecho ya anticipado en uno de los capítulos de ese libro), que esperamos con impaciencia.


sábado, 2 de junio de 2018

Zuca Sardan: el primado del humor


Un fino texto de M. R. Salgado, “Poesía o un paseo por la montaña rusa”, presenta esta nueva fiesta del maestro Zuca Sardan, compuesta de ochenta viñetas y editada primorosamente por Loplop.
“Zuca Sardan es, indiscutiblemente, un poeta visual cuya obra dotada de alto poder de corrosión se vincula a uno de los más importantes linajes del arte y de la literatura: el del humor negro”.
Con una tirada de cien ejemplares, Zas Traz solo puede obtenerse a través de Loplop: