lunes, 30 de diciembre de 2013

Variedades

Ahora que los objetos surrealistas de la era “clásica” se exponen en París,  aprovechamos para presentar este documento con los objetos de sueño que Bruno Jacobs, Petra Mandal, Kim Fagerstam y Robert Lindroth expusieron en 2005 en la galería Candyland de Estocolmo, bajo el título “The true for five sens”.
*
Una interesante entrevista a Alain Graubard puede leerse en esta dirección:
*
Se anuncia para junio de 2014 la exposición “La chasse à l’objet du désir”, organizada por la Liaison surréaliste à Montréal. Las palabras al respecto de este colectivo evidencian una postura opuesta al orden cultural dominante y sus capciosos canales, postura que debiera caracterizar a los grupos surrealistas:
“Las facultades sensibles y mentales que pueden transformar nuestro contexto íntimo, social y político surgen en el bosque íntimo del deseo. Que ello ocurra en el murmullo nocturno, el sueño, la creación de una imagen, la formulación de un sonido, en la aventura amorosa o la irrupción del azar que provoca los encuentros, en la desobediencia y los gritos de luchas y de emancipación social, el deseo nos atraviesa como nos asedia. La evocación de su poder encantador devuelve a la realidad lo que vale en ella de ser vivido. Sobre esta línea proponemos esta exposición colectiva. Se trata para nosotros, en tanto que agrupación de creación poética, de asumir el carácter colectivo de nuestra trayectoria instaurando nosotros mismos un espacio autónomo de exposición en vez de seguir ciegamente la uniformización invasora. Los peritos de la alienación se aplican en distraer el mundo hacia su catástrofe, y la mutilación sistemática de la vida –denominada alegremente «civilización»– parece barrer todas las instancias verdaderas del júbilo humano. Rechazando este deterioro del espacio público, no sabríamos comunicar la especificidad de nuestro proyecto a través de los medios jerárquicos y racionales de los organismos institucionales. Sin por ello sucumbir a las quimeras de un radicalismo ascético, nuestra marcha se esfuerza por desertar de los corredores del orden cultural establecido”.
*
Entre las noticias del blog que mantiene el Surrealist London Action Group, y tras la referida a la exposición “Levitandum” de Kathleen Fox y Patrick Hourihan, resaltemos, en el pasado semestre, la exposición de collages por Wedgwood Steventon, la colectiva de título “Mysteries of the Red Planet” y la de John Welson “13 Flowers”, en el Radnorshire Museum.
*
Los aforismos completos de Pierre Peuchmaurd han sido reunidos en el libro Fatigues, incluyendo algunos inéditos. Edita L’Oie de Cravan.
*
El n. 3 de L’Échaudée, revista de “crítica social, poesía y utopía”, ya circula. En la parte inicial hay una entrevista a Daniel Blanchard, ex miembro de Socialisme ou Barbarie, con motivo de la publicación de su libro Crise des mots. Blanchard habla de poesía y revolución, de los situacionistas, del mayo francés, de la poesía y el surrealismo... –cuestión esta última sobre la que no tiene nada que decir, ya que él reduce la poesía a la cosa escrita, mientras que para el surrealismo es una manera no solo de decir sino de ver, de pensar, de vivir... Como siempre en estos pensadores monotemáticos, sus reflexiones van dando bandazos del interés al sopor. La práctica política de los situacionistas en el mayo francés dice que fue “una pura y simple impostura”, pero nada más. A colación sí me gustaría traer esta declaración de Marcel Mariën, 24 años posterior a aquellos eventos: “En 1968, cuando la estrella de Moscú, un momento rehabilitada por los horrores de la guerra mundial, comenzó a palidecer, toda la generación nueva, ebria de marxismo, rechazó el modelo soviético para saludar la parusía china, nueva encarnación de la esperanza. Hasta el día en que, una vez más, llegó el desencanto. El entusiasmo desmesurado no había sido más que un fuego de paja y todos los rebeldes se reencontraron, una vez sentadas las cabezas, provistos de una bella situación, la misma que habían abucheado.” Las cursivas no son mías.
Del surrealismo registramos nuevas colaboraciones de Guy Cabanel y Alain Joubert. Cabanel selecciona dos jornadas más de su Journal intime (1943-1953), que suceden a las cuatro del número anterior. Este es un diario onírico, de título irónico, por lo que nada tiene que ver, por supuesto, con esos diarios de los que ha dicho Joël Gayraud: “El siglo XX ha inventado la aberración literaria del diario íntimo destinado a ser leído y publicado en vida del autor. Ese falso diario íntimo, que yo llamaría diario éxtimo, me parece el género más sospechoso que existe”. Y antes que él, Louis Scutenaire: “Los autores de diarios íntimos confiesan sin pudor sus defectos físicos, morales o psicológicos. Ello se debe a que consideran que sus lectores no pueden ser sino desfallecientes como ellos; los hombres sanos no se interesan por las confesiones de los otros”. Diarios de esos siguen saliendo (y hasta en varios tomos), muchas veces ni dándose cuenta quien los escribe de esos “defectos”, que incluso son ostentados con vanidad.
De Alain Joubert hay dos textos, como siempre del máximo interés. El más largo versa sobre la individualista revolucionaria Gabrielle Wittkop; como Joubert piensa que puede ser mal interpretado al hablar del feminismo –y eso que su texto es totalmente nítido–, puntualiza las cosas en una nota inicial. ¡A lo que hemos llegado! ¡Que el biempensantismo izquierdista –tan execrable como el que antaño reinaba– obligue a temer, o tan siquiera a preocuparnos, por las interpretaciones que algunos cretinos y cretinas hagan de nuestras palabras!
Destaquemos por fin los sueños de Alfredo Fernandes y la evocación del icariano Étienne Cabet.
*
Los escritos sobre arte de Georges Limbour se han publicado en un volumen de 1328 páginas: Georges Limbour, spectateur des arts. Écrits sur la peinture. Van de 1924 a 1969, por lo que solo la primera parte coincide con el surrealismo.
*
Un catálogo que recomendamos evitar es el titulado Surrealismo. Vasos comunicantes, del Museo Nacional de Arte / Ediciones El Viso. Se trata del típico catálogo historicista, en capa y cara dura, donde se acumulan los despropósitos sobre el surrealismo. Se supone que se centra en México, pero absolutamente nadie se ocupa de los artistas mejicanos poco o nada conocidos de los que hay ilustraciones a lo largo del volumen (siendo esas ilustraciones, quizás, el único interés del libro). Antes al contrario, se abre con tres trabajos donde, por enésima vez, se pasa revista superficial al surrealismo parisino en su estipulada historia del 24 al 69. Ya la presentadora de la función dice que 1969 es el “año de disolución”, mientras que Didier Ottinger va del 19 al 69, repitiendo lo mismo de siempre, como hace del 29 al 33 Serge Fauchereau, quien ya se merece algún premio por la constancia de su inquina hacia André Breton. Las repeticiones bostezantes se dan también en el típico “panorama” de Juan Manuel Bonet, picoteando urgentemente aquí y allá, y sazonando el conjunto con alguna que otra “confidencia” (como la de Elisa Breton cuando en París “se me quejó”, dice, de que Breton no quisiera aprender la lengua española ni conocer su literatura), o en el artículo de Fabienne Bradu sobre Péret, Breton y Artaud en México, materia que ya ha abordado en sus libros con más detalle, aquí ofreciendo pues una versión a lo reader’s digest. Todo esto es inocuo, pero no falta lo inicuo: un ex agregado cultural y fundador de una agencia de desarrollo que habla del “papa del surrealismo” y acaba situando el surrealismo en México a la altura del surrealismo en París, una indigesta tapa de lacán con grelos y un vomitivo artículo de un admirador de Xavière Gauthier, doctor, médico y psicoanalista, que abre su trabajo con la ultraacadémicamente arcaica batalla del “superrealismo” y el “sobrerrealismo”. No faltan de vez en cuando los motivos favoritos del antisurrealismo, como la interpretación descontextualizada del “acto surrealista más simple”, o el pase de revista a las mujeres que había en los primeros grupos surrealistas, tan alejados de la paridad. Patético.

Erratas, lapsus, errores

Vasto es el universo de las erratas y los gazapos, verdadera pesadilla de quienes hacen libros. Existe en español hasta una monografía, de José Esteban, dedicada a la cuestión; la leí hace un par de décadas y no la tengo a mano, pero recuerdo la historia de un escritor que garantizaba rotundamente, en un breve colofón, la inexistencia de una sola errata en todo su libro, deslizándosele una... en el propio colofón.
Al revisar Caleidoscopio surrealista para su segunda edición, me han aparecido erratas y despistes de todo tipo, más de la cuenta, y que son el único disgusto de un libro en el que no tengo otra cosa que lamentar, como no sea, muy raramente, algún que otro juicio que hoy puede parecerme injusto o alguna que otra ausencia. Entre las erratas no incluidas en el capítulo de correcciones que puede consultarse en un apartado de “Surrealismo internacional”, hay tres que me han sorprendido, y que no pertenecen a las categorías habituales (errores de fechas, de números de revistas, de algún título, de alguna traducción, de nombres próximos como Alain Joubert /Alain Jouffroy o Jorge Cáceres/Jorge Camacho).
Una de ellas convierte “Tempestad en la cámara oscura”, el clásico texto de Radovan Ivsic sobre un fenómeno fotográfico de azar objetivo acontecido con su retrato “analógico” de Mimi Parent, en... “Tempestad en la arena”.
Otra pone en la portada de la publicación colectiva Violette Nozières, que yo siempre he sabido perfectamente que lleva una foto de Man Ray con una N hecha de varas de azúcar rotas sobre un ramo de violetas, la muy conocida pintura de Magritte La violación, que es un año posterior, y que donde apareció fue en la portada de la edición belga del Qu’est-ce que le surréalisme? de André Breton. Y es que muchas veces, al revisar un texto se está pendiente de las erratas expresivas y formales más habituales, y no se repara en las de contenido, por grandes que sean.
Pero la que me ha dejado más perplejo es la que aparece al principio de la entrada de Wilhelm Freddie, quien, como es bien sabido, nació y vivió en Copenhague. Pues bien: ahí se dice que prácticamente se crió en el Instituto de Patología General (donde trabajaba su padre) de la universidad de... Grenoble. Cómo demonios fue a parar ahí el nombre de Grenoble, creo que es algo que nunca podré saber.
Hace unos días, manejando los textos de Pierre Peuchmaurd, me lo encontré quejándose airadamente de que Édouard Jaguer (otro experto en gazapos, lo que me sirve de algún consuelo) había cometido el pecado mortal de poner mal la fecha de nacimiento de Valentine Penrose. Pues bien: al par de minutos me encontré a Pierre Peuchmaurd citando mal el título de un ensayo de Paul Nougé que afirmaba haber sido decisivo para él.
Alejandro Puga, ese gran poeta argentino, leyó antes de su publicación la nota que le dediqué, y a él mismo se le escapó que su libro La inspiración del universo aparecía como La respiración del universo, errata que en este caso, eso sí, no deja de tener su encanto poético. Otro caso cercano es el de Laurens Vancrevel quien, al consultarle el capítulo holandés, no reparó de entrada en que aparecía repetidamente mal el nombre de Emile Van Moerkerken, como Van Moerkeren. Por supuesto que con estos dos ejemplos no quiero disculparme, sino señalar la universalidad del fenómeno aún en quienes más confianza podemos tener para algo muy concreto. ¡Ni son estos  despistes de Jaguer, Peuchmaurd, Puga o Vancrevel lebranchos como el de Grenoble!
Tiene esta plaga también algo de divertido, pero con todo prefiere uno continuar de modo implacable la caza a las erratas, errores y gazapos que son el tormento de quien trabaja en obras vastas y en laberintos como el surrealismo. Desde esta ciudad de Oklahoma (isla de Tenerife), seguiremos hasta 20114 esa cacería inplacable a su majestad la errrata.
Por lo demás, lo importante será siempre la sustancia del contenido, y Caleidoscopio surrealista habrá conseguido, y seguirá consiguiendo, creo, su principal objetivo: contribuir a demostrar con contundencia que el surrealismo, aventura enorme del espíritu, revuelta contra un mundo inadmisible e injustificable (hoy como ayer), modo de vivir y de ver y sentir la vida regido por la poesía, no nació en 1924 (o 19, o 16) y feneció en 1969 (o incluso antes, para otros enterradores), sino que nunca se ha interrumpido desde aquellas fechas hasta el presente. El almanaque ya impreso de Brumes Blondes, como recientemente Other Air y el número 2 de A Phala, o como el segundo número de Hydrolith que se anuncia para 2014, o como infinidad de publicaciones y eventos personales y colectivos, lo expresan del modo más fehaciente –sin errata posible.

jueves, 26 de diciembre de 2013


Actualidad de Guy Ducornet


El excelente sitio de Guy Ducornet en la red acaba de incorporar sus collages  más recientes, lo que es de noticiar porque Ducornet es sin duda uno de los que ha traído al collage surrealista un aire absolutamente novedoso, y ello desde hace algunas décadas. Las series de las que hay ejemplos en su página (también con pinturas, cajas y esculturas) son “Visions”, “Tour de Babel”, “Glaciation”, “Eclosion”, “Exchange”, “Cibles & Primalphabets”, “Fuite”, “Tableau noire”, “Niagara”, “Gradiva & Stereogrames”, “Jardins & Night & Day”, “Clair de terre”, “Histoires sans paroles” y “Coquilles & Hemisphères”, componiendo en conjunto toda una fiesta de imágenes de extrema originalidad, y saturadas de sentido y de maravillamiento.
http://www.guyducornet.com/en/

Sobre el objeto surrealista

Malas referencias me han llegado del Diccionario del objeto surrealista, por lo que hemos de contentarnos con este ensayo hecho al alimón por Emmanuel Guigon y Georges Sebbag, quienes han aunado fuerzas para un resultado evidentemente muy competente, y que además asume formas lúdicas en la exposición, sobre todo en el muy fino capítulo primero. Como es de rigor en estos estudiosos del surrealismo, la época enfocada no va más allá de la era Breton, pero sin centrarse solo en el grupo de París, ya que hay apuntes sobre los grupos de Bélgica, Rumanía o Praga, muy ricos en la materia.
El lector español tiene el privilegio del soberbio catálogo de Guigon El objeto surrealista (Ivam, 1997), y muchos de los breves textos que componen este Sur l’objet surréaliste (Les Presses du Réel, colección Dedalus) le resultarán conocidos. Las intervenciones de Sebbag, planteando siempre cuestiones, son también detectables a quien esté al tanto de sus habituales preocupaciones.
K. Fijalkowski, "Una promesa", 2001
El objeto surrealista surge como respuesta a la invasión de objetos industriales que se produce en los países occidentales a comienzos del siglo XX, un fenómeno que, como es tristemente sabido, no ha hecho sino agravarse hasta extremos aberrantes. Marcel Duchamp, con sus “ready-mades”, da una respuesta, pero la surrealista podríamos decir que surge con El enigma de Isidore Ducasse, de Man Ray, año de 1920. Este “folletín” del enigma del objeto surrealista, objeto que se sitúa “entre desmistificación de la obra de arte y reinvención de lo real”, es un paseo a que Guigon y Sebbag nos invitan desde aquella fecha, con hitos como Meret Oppenhein, Salvador Dalí, Maurice Henry, Hans Bellmer, Albert Giacometti, Marcel Broodthaers o Konrad Klapheck (aunque la lista es enorme), capítulos sobre los maniquíes, las bolas de nieve (y el tema del ojo), los objetos dislocados (y el cuerpo desmembrado), los poemas-objeto de André Breton, los objetos oníricos, los objetos en las exposiciones, etc., y pequeños apartados magníficos, en particular el dedicado a los siete objetos robados de Aniceto o el panorama de Aragon y el que nos exalta con el recuerdo del “dandy de las trincheras”, o sea Jacques Vaché, transfigurando de modo pasmoso la realidad más espantosa. La única pena es que no vayan acompañados los textos de más imágenes, por mucho que la mayoría de las referidas sean bien conocidas.
El objeto surrealista continuó, por supuesto, su travesía después de 1969. En el Bulletin de liaison surréaliste ya encontramos el juego de los objetos paralelos, y sobre todo la intervención checa en torno a Jan Svankmajer y su verdadera apoteosis de los objetos, que nunca se detendrá hasta el momento presente, como muestra el catálogo Other air. A la vuelta de la esquina, podríamos nombrar los objetos de sueño de Patrick Hourihan o las jornadas celebradas por el grupo surrealista Salamandra con el título de “La noche de los objetos vivientes”.

Michel Zimbacca, "La pipa-taza", 2007

Más surrealismo portugués

Mário Cesariny,"Los cazadores", sobre foto de 1848

El surrealismo portugués se desdobla desde hace unos años entre la actualidad en torno a la Cabo Mondego Section y las recuperaciones y estudios de la época Cesariny.
Con motivo de los  VII Encontros Mário Cesariny se ha editado una preciosidad de pequeño álbum, Le temps des pionniers, que reproduce las páginas intervenidas, ordenadas y numeradas por Cesariny en 1996, a partir de la obra Le temps des pionniers. A travers les collections de la  Société Française de Photographie, que se había publicado nueve años antes. Cesariny interviene sobre 22 fotos, tan pronto dando rienda suelta a su lirismo (Homenaje a Gauguin) como a su espíritu burlesco (Gustavo Doré con mi bufanda), pero siempre sin duda refocilándose con esta suma de dibujos, inversiones, pinturas y collages que aplica a las viejas fotos.
Al mismo tiempo ha salido el cuaderno n. 12 del Centro de Estudos do Surrealismo. Se trata de un buen estudio sobre los “territorios de convergencia intelectual” de António Maria Lisboa y Mário Cesariny, realizado por Michele C. Rocha, quien muestra no solo estima hacia estas dos grandes figuras, sino un conocimiento sólido y profundo de la obra de ambos. Nadie mejor que ella, en la página inicial de su trabajo, puede dar idea al lector del contenido de este muy rico trabajo:
“Partiendo de las obras esenciales de António Maria Lisboa, se clarifican conceptos y problemáticas subyacentes a su pensamiento, en concreto la articulación de la noción de poeta con la de mago en la tradición alquímica y esotérica, aspirando al conocimiento absoluto, así como al reencuentro y unión con Sagir, la Mujer-Madre, entendida como dimensión unificadora, potenciadora de expansión y polarización en la totalidad del mundo visible.
Tomando como referencia el pensamiento de António Maria Lisboa –en particular conceptos como «cuerpo enriquecido»–, se identifican en la obra plástica de Mário Cesariny territorios de convergencia, centrados en la problemática del cuerpo reconstituido, reveladores de una transmigración de lo poético a lo plástico.
En sintonía con la poética de António Maria Lisboa, el estudio de las «meninas poesía» de Mário Cesariny muestra en estas representaciones la afirmación de la identidad poética del artista, asumida como expresión y realización integral del individuo que reúne en sí la multiplicidad, catalizadora de la expansión en la totalidad.
Por último, se aborda la presencia de la temática marina en la obra plástica de Mário Cesariny, tomando como objeto del estudio la serie Líneas de agua, en una perspectiva que considera más de una vez la visualidad del autor como confluencia entre lo plástico y lo literario. El estudio evidencia en estas representaciones una identificación con lo femenino y lo materno, asumidos como espacios de integración y unificación, testimonios de un sentimiento primitivo de unidad e integración corporal”.

Derivas del surrealismo

Esta publicación de más de 500 páginas y 26 trabajos, titulada El surrealismo y sus derivas: visiones, declives y retornos (Abada editores, Madrid, 2013) y coordinada por Eduardo Becerra, viene enriquecida por un disco que contiene la reproducción, con estudios correspondientes, de las revistas Mandrágora, Leitmotiv, A partir de cero, Que, Ciclo, Postismo, La Cerbatana gaceta de arte (su número surrealista) y el Boletín Internacional del surrealismo firmado en Tenerife. Como ya indiqué hace unas semanas, se encuentran también disponibles en la red.
El propio título ya señala la pluralidad de orientaciones, encajadas en una serie de secciones que son “Cuestiones generales”, “El surrealismo en sus revistas”, “Literatura” y “Artes visuales”. Pero lo que al fin y al cabo interesa es la valía y el interés de los trabajos, inevitablemente desigual. El coordinador merece ser felicitado porque, a pesar de tratarse de un “proyecto de investigación” de esos con que hoy se atavía la institución universitaria, ha dado entrada a nombres no universitarios, e incluso a dos componentes del surrealismo, José Manuel Rojo y Eugenio Castro, del grupo madrileño Salamandra. El primero trata extensamente las relaciones entre surrealismo y política y el segundo traza un panorama del surrealismo “en su presente”, muy útil dada la inconciencia de ese presente que tienen quienes estudian el surrealismo, o simplemente se interesan por él. Ese panorama es incluso más rico que el ofrecido, en parte porque se atiende solo, o sobre todo, a las “afinidades electivas” del grupo madrileño y en parte porque faltan referencias posteriores a la fecha de escritura. Los grupos de Chicago, París, Praga, Estocolmo, Leeds, Londres y Madrid son los enfocados, más breves referencias a la actividad de Brumes Blondes y a los grupos de Ioanina, Atenas y Estambul. Hay que añadir a todo ello la intensa actividad en los Estados Unidos al margen del grupo de Chicago –contemplada en la impactante obra Invisible heads, 2011–, la no menos intensa que ha lanzado en los últimos años Miguel de Carvalho en Portugal –con exposiciones de excepcional aglutinación, la formación de la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism y la tan rica como lujosa revista-objeto Debout sur l’Œuf–, el grupo deCollage en Brasil –donde como siempre continúa el grupo de Sergio Lima, quien acaba de editar el n. 2 de A Phala–, la eclosión del grupo Derrame en Chile, los números monográficos de Patricide que coordina Neil Coombs en el Reino Unido... Un volumen de envergadura, Hydrolith, apareció hace un par de años, además con la colaboración de los propios surrealistas madrileños. Ese volumen es ahora mismo la principal muestra del surrealismo “en el presente”, pero no menos capital es el catálogo Other Air de los checos y eslovacos, también de hace un par de años. En fin, quien siga “Surrealismo internacional” tiene conocimiento detallado de todo esto.
A lo largo del libro no hay rastro de lo del “papa del surrealismo” ni de la “misoginia” surrealista, y en general no se ha dado cancha a los insultos y calumnias de rigor. Eso sí, aquí y allá encontramos tópicos de costra dura: “ortodoxia”, “estética”, “escuela”, surrealismo “oficial”, surrealismo “francés”, surrealismo como momento de las vanguardias, Nadja “novela”, etc., y no falta quien evidencie haberse quedado en 1969, quien llame surrealismo a lo que no lo es y se ocupe de la explotación literaria del surrealismo (esto podría dar pie a unos dos mil proyectos de investigación), quien se apoye aún como autoridades en Guillermo de Torre o en Maurice Nadeau o quien dé muestras de ese chovinismo hispanoamericano que es tan despreciable como cualquier otro.
En la primera sección, hay un buen trabajo de Rita Eder relacionando a Benjamin Péret con Paul Westheim, crítico alemán estudioso del arte prehispánico, que llega a México al mismo tiempo que Péret: dos miradas diferentes sobre la misma materia. En la sección de revistas, se estudian tres argentinas: Que (todos le ponen acento, cuando Pellegrini dejó claro que era el relativo desnudo de tilde), Ciclo y Letra y Línea. En Chile tenemos Mandrágora y Leitmotiv. En dos de los tres trabajos, sendos profesores aprovechan para ocuparse de Mandrágora y la guerra civil española –que da siempre tan buenos dividendos–, haciendo así carambola con dos proyectos de investigación a la vez. Ninguno aprecia el movimiento Mandrágora, por lo que merece destacarse que, al menos en una nota de su trabajo, Eduardo Becerra, que tampoco lo aprecia mucho, se haya preocupado algo por explicar la cercanía de los chilenos al grupo de París, que todos ellos llaman “ortodoxia”. El enfoque del grupo Mandrágora es muy externo, y nadie da cuenta de que, por mucho que se le quiera discutir su originalidad, dio, aparte la figura fascinante de Jorge Cáceres, uno de los poetas verdaderamente inmensos de América en todo el siglo XX: Enrique Gómez-Correa.
En España, la historia se desgaja en una parte de surrealismo y otra de postismo. Poco hay que decir del segundo, que solo cuenta con influjos del surrealismo y bastantes incomprensiones del mismo, a diferencia de lo que ocurrió, sobre todo gracias a Cirlot, con Dau al Set. Uno de los grandes aciertos del volumen es sin duda la relevancia dada a Canarias, y que incluso va a permitir bajar el volumen en casa con esa matraquilla del desconocimiento del surrealismo insular fuera de las islas. Maisa Navarro es una autoridad en gaceta de arte, Isidro Hernández en Óscar Domínguez (aquí se detiene en sus calcomanías), Morris es el editor del Boletín Internacional del Surrealismo (aquí estudiado, reproducido y anotado) y Nilo Palenzuela hace una síntesis magistral de la cuestión, que debiera manejar todo el que se ocupe de la cuestión (“El surrealismo en las Islas Canarias”). Domínguez recibe también la atención de Federico Castro (“Óscar Domínguez: surrealismo y paisaje nativo en Gaceta de Arte”). Un aplauso por esta sección canaria.
Para acabar con las revistas, en otro apartado damos con un trabajo excelente de Eva Valcárcel, dedicado a La Poesía Sorprendida, con el maestro Granell soberbiamente rechazando lo de “escuela surrealista”. Este es, creo, un estudio de referencia.
El resto tiene algo de cajón de sastre, con temas algo manidos (Cernuda, la poesía de Buñuel, los andaluces del 27). Un texto sobre arquitectura encaja al abominable Le Corbusier y los pelmazos constructivistas rusos, que nada tienen que ver con el surrealismo –son incluso el antisurrealismo. Sobre el primero, Ávida Dollars, quien, del mismo modo que no hizo sino cuadros horribles tras alejarse del surrealismo, siguió lanzando de vez en cuando genialidades, dijo: “Vomito contra la infame arquitectura de Le Corbusier. ¡Qué pesadez de plomo la de ese protestante masoquista que ha despersonalizado la construcción!”; y: “La muerte de Le Corbusier me ha producido una inmensa alegría. El piadoso Le Corbusier trabajaba con el cemento armado. Los hombres van a llegar muy pronto a la luna e imaginen que, según ese payaso, lo harán llevando bolsas de cemento armado.” Frederick Kiesler sí que hacía “arquitectura mágica”, o después René-Guy Doumayrou.
Por fin, como muestra del “surrealismo y el cine”, hay un buen ensayo de Isabel Castells sobre la última película de Jan Svankmajer, Sobrevivir a la vida. Para rotura de cabeza de liquidacionistas y otros que, a veces, como decíamos, por desconocimiento, cierran el surrealismo en épocas pretéritas, Svankmajer, surrealista “absoluto”, se ha convertido en una figura trascendente del cine contemporáneo.
En suma, un volumen de interés, ya muy alejado de tantos espantos como se le han infligido al surrealismo desde los años 70. El disco que lo acompaña incluye trabajos de Armando Minguzzi sobre las revistas argentinas, Eduardo Becerra sobre las chilenas, Belén Castro Morales sobre las canarias y Raquel Arias y José Teruel sobre las postistas.

Retrato de Jorge Cáceres por Enrique Gómez-Correa, h. 1940