miércoles, 18 de diciembre de 2013

Una “biografía” de Fantomas

Fabio de Sanctis, "Fantomas contra Bancomat", 1990

Todo lo concerniente a este viejo amigo del surrealismo ofrece interés para nosotros. Loïc Artiaga y Matthieu Letourneux acaban de publicar el libro de cerca de 200 páginas Fantômas! Biographie d’un criminel imaginaire que edita Les Prairies Ordinaires.
La saga fantomática es estudiada desde sus orígenes hasta sus últimas derivaciones, pero sin duda el mayor interés lo siguen ofreciendo los 32 volúmenes de la serie original de Marcel Allain y Pierre Souvestre, que los autores contextualizan muy bien, desde sus orígenes en la literatura gótica hasta el gran guiñol o las acciones de la anarquista banda de Bonnot, viendo así la saga como un “texto polifónico”, síntesis de los imaginarios y las escrituras populares.
Por lo que respecta al surrealismo (Desnos, Tanguy, Moerman y Magritte, sin duda, pero también Victor Brauner, Jindrich Styrsky, Ángel Planells, Jimmy Gladiator, Fabio de Sanctis, Guy Girard, Ghérasim Luca, Aube Elléouët o Conroy Maddox, que le dedicó tres piezas), hay que señalar que la lectura que hacen de Fantômas los surrealistas en absoluto se basa “en criterios estéticos”, error que procede de considerar al surrealismo una vanguardia. Es el carácter subversivo, ante todo, de esta literatura que, en efecto, “funda su placer sobre el exceso”, lo que resulta decisivo.
Actualmente, vuelven a editarse los libros de Fantômas en Robert Laffont, dirigido el proyecto precisamente por Loïc Artiaga y Matthieu Letourneux. Hace tres años, además, salió un libro de mucho interés (¡aunque ignorando a Styrsky!): Fantômas. Un mythe moderne au croisement des arts. En cuanto a enlaces en la red, tenemos:
El primero es la página completa Fantômas, donde se indican las traducciones y adaptaciones. El segundo es una exposición virtual realizada por Loïc Artiaga y Farid Boumédiène. El tercero es The Fantômas website, de Elliot Smith y Robin Waltz.
Durante los años de mi diáspora portuguesa, debí leerme dos, tres y hasta cuatro veces cada uno de los tomos de Fantômas, que desde 1952 se habían editado en lengua portuguesa con una gran tirada, ya que aparecían un poco por todos lados, en analogía con la ubicuidad del personaje. He aquí cuatro de las portadas de aquellos librillos:

jueves, 12 de diciembre de 2013

Cajas, collages : Dubois, Cornell


Una nueva exposición de Lou Dubois se celebra actualmente, y hasta el 18 de enero, en la galería parisina Les Yeux Fertiles, compuesta de cajas, montajes, collages y trofeos. Título: “Temps de pose”.
*
Pronto esperamos reseñar el catálogo Cornell de su exposición en Lyon, vigente hasta el 10 de febrero. El título, “Joseph Cornell et les surréalistes à New York”, lo contextualiza claramente en el surrealismo, pero en el mismo folleto de la exposición ya nos encontramos con las viejas músicas: Cornell estaba “al margen de los movimientos”, Cornell se sitúa “al margen del surrealismo y su trayectoria singular no se puede reducir a un solo movimiento”... La segunda observación es aún más tonta, ya que asocia Cornell a Leonor Fini, con la que nada esencial tiene que ver y que ni de lejos ha despertado en el surrealismo el interés sentido por Cornell.
El “plan” de la exposición se despliega en estos diez puntos: “Los surrealistas en Nueva York”, “Objetos”, “Collages”, “La constelación surrealista”, “Joseph Cornell y el cine. La revelación de Rose Hobart”, “La imagen en movimiento”, “Cornell/Duchamp”, “Joseph Cornell y el cine. Los films-collages”, Joseph Cornell y los neorrománticos” y “Después del surrealismo” (o sea, después del retorno de los surrealistas de Europa a Europa).

Guy Ducornet, que a la vuelta de Estados Unidos y Brasil ha visitado esta exposición, me escribe:
“Fantástica exposición, prueba de que el surrealismo también puede ser tranquilo, refinado, delicado, e incluso secretamente sensual (no a la manera de la fabulosa mujer flamenca pintada por Joardens y exhibida ahora mismo en París). Sí, un surrealismo muy alejado de los burócratas y pavos reales como X... y similares imbéciles.”
Aquí vemos a la “fabulosa mujer flamenca”, en el cuadro setecentista Candaule haciendo espiar a su mujer por Gigès, del Museo Nacional de Estocolmo.

Segundo número de los “Cahiers Benjamin Péret”

Como hace poco señalamos, los estudios sobre Benjamin Péret concitan por parte del surrealismo una atención constante. Es muy llamativo que una figura de su misma envergadura, o sea Antonin Artaud, haya podido caer en las manos académicas, con sus innumerables “métodos”, de un modo que no se ha dado con Péret. Este segundo número confirma lo dicho, aunque es de lamentar que la Association des Amis de Benjamin Péret, nacida como una asociación del movimiento surrealista, haya quedado convertida, esencialmente y a diferencia de la evolución que, gracias al espíritu internacionalista de Édouard Jaguer y Richard Walter, ha tenido Infosurr, en un reducto del liquidacionismo surrealista, lo que, a mi juicio, al ser Benjamin Péret una referencia inamovible de dicho movimiento, supone un obstáculo a su crecimiento. En la nota introductoria, se considera que el surrealismo es un “movimiento artístico de larga duración (1924-1969)”, cuando ni es un “movimiento artístico” ni su duración es tan poco larga como, en pacífica consonancia con el estamento académico y con el estamento periodístico, ahí se pretende.
Pero esto es lo que hay, y ya es mucho: una bella publicación, muy bien maquetada e ilustrada, con textos en general de gran o notable interés. El primer dossier se dedica al Méjico de Péret, y es presentado por Gérard Durozoi. Gérard Roche se ocupa de los mitos y el arte mejicanos en la obra de Péret, Richard Spiteri de las fuentes y la estructura de Air mexicain (el más bello poema inspirado por aquel país, y al que ya Jean-Marc Debenedetti consagró un magnífico trabajo en el Benjamin Péret editado por Jean-Michel Goutier en 1982) y Guy Prévan de Péret y Octavio Paz, con destaque para su encontronazo de 1948, cuando un lamentable Octavio Paz, ya entonces diplomático y aún estalinista, reacciona chauvinistamente a unos juicios despectivos de Péret hacia la querida patria que él representaba. Estos tres trabajos son excelentes, completando el dossier un artículo de Lourdes Andrade sobre Péret, publicado en 1994, y una presentación de la misma por Claude Courtot, el presentador y prologuista oficial de la armada liquidacionista desde que esta iniciara su malhumorada cruzada hace 44 años.
El segundo dossier incluye documentación sobre el nacimiento de la Asociación, y por tanto sobre el “affaire” con el innoble Georges Hugnet. La Asociación nació para defender la memoria de Péret y para profundizar en su conocimiento, y su balance no puede cuestionarse que es extraordinario. Con todo, la defensa de la memoria de Benjamin Péret no es ya lo que fue en los orígenes: por cada ataque a Benjamin Péret debe haber algo así como 500 a André Breton, y creo que me quedo corto, si imagino los cientos de trabajos (artículos, tesis, memorias, libros) sobre el surrealismo que vomitan al año las instituciones universitarias. En cuanto al conocimiento de la obra de Péret, bien debiera quedar entre quienes amamos tanto su figura como su obra. Cuando hace poco unas feministas del Canadá se preguntaban “¿quién conoce hoy a Unica Zürn, Joyce Mansour, Claude Cahun, Leonora Carrington o Alice Rahon?”, y comenté esa pregunta retórica, me faltó decir que ojalá fueran muchos menos quienes las conocen, y hubieran quedado solo para quienes de verdad las aman y las saben apreciar, y por tanto a salvo de los tontos y los canallas. Pero sobre esto volveré al final de esta reseña.
En este segundo dossier hay una estupenda evocación que hace Michael Löwy de su encuentro con Benjamin Péret, nada menos que en 1958, con el relato de la entrada en un café donde estaba un cura: “¡Mierda! –exclamó Péret– ¡Un cura en mi café! ¡Esto es el colmo! ¡Estos parásitos infestan toda la ciudad!” Sigue un dossier sobre Jean-Louis Bédouin, superfluo cuando se tiene el libro de “Les Archipels du Surréalisme” Libre espace et autres poèmes (Syllepse, 1998). Claude Courtot, como siempre arrimando el ascua a su sardina, en la presentación a las cartas Péret-Bédouin, dice que Péret y Breton, en los años 50, “no alimentaban ilusiones excesivas sobre la vitalidad del movimiento surrealista”, pero sin duda que nunca ha citado este pasaje de la entrevista que André Breton dio a Le Monde en 1962: “El surrealismo continúa viviendo como espíritu y como movimiento a través de los grupos que se renuevan”. Breton y Péret es obvio que alimentaban más ilusiones que las de los surrealistas fatigados de 1969, tipo Schuster, Pierre o el propio Courtot. Bédouin, de quien se ensalza su “fidelidad” al surrealismo, acabó convertido, nueve años después, en un desertor tardío (y en 1993, junto a Gérard Legrand, avisará a los vigilantes del siniestro centro Pompidou para que echen a la calle a los amigos de Benjamin Péret que se habían reunido para contrahomenajear a Péret de un modo informal y muy peretiano, como se refiere en “Le déshonneur des poteaux”, Insoumission poétique. Tracts, affiches et déclarations du groupe de Paris du mouvement surréaliste. 1970-2010).
Las cartas entre Bédouin y Péret, con ser interesantes, pecan de demasiado cortas las del segundo y demasiado largas las del primero. Las fechas van de 1951 a 1956, con referencias al Quilombo de los Palmares, Le Surréalisme, même y la guerra de Argelia. En 1951, comenta Bédouin que Toyen no podrá viajar a la Bretaña porque no tiene dinero. ¡La más grande artista del siglo XX, y no tenía ni para darse un salto a un lugar tan cercano de París!

Rik Lina, "Study for Péret", 1997

Tres trabajos componen la sección de estudios. El de Gaëlle Quemener sobre “El imaginario escolar en los cuentos de Benjamin Péret” ofrece mucho más de lo que uno se espera. Al comentar las relaciones entre Péret y Breton, Claude Courtot, siempre refiriéndonos todo lo que se emociona, insiste en “el surrealismo que fue”. Jean-Michel Goutier, en fin, habla de Cárdenas y sus amigos surrealistas.
En los documentos, Bruno Duval trata de Péret visto por Audiberti, Mikaël Lugan celebra a Jean-Pierre Lassalle (de quien se reproduce un testimonio sobre el surrealismo ya publicado en Histoires Littéraires) y Patrice Allain presenta dos textos, uno de Maurice Lemaître y otro del mismo más Isidore Issou: si el primero, de 1952, es un ataque rastrero a Péret, el segundo, con ser un homenaje, los retrata a ambos como unos arribistas y conformistas.
En la sección “Potlach” hay un muy bello poema de Guy Prévan, uno de los grandes conocedores y estudiosos de Péret. De temática mejicana, “Un chili con carne aux haricots sauteurs” viene que de perillas a un número en que se han enfocado las estancias mejicanas de Péret.

Cerramos con las “Actualidades”, recordando Gérard Roche y Dominique Rabourdin a Max Schoendorff y a Alain Gheerbrant respectivamente, como en su momento lo hice yo en este sitio. Jerôme Duwa reseña brevemente Jetées d’exil de Jacques Lacomblez y Michel Jacubowski llama la atención sobre la extraordinaria calidad de los dos números de la revista L’Or aux 13 îles, también ya reseñados aquí por nosotros.
Pero lo mejor de esta parte final es sin duda el demoledor análisis que hace Gérard Durozoi (lúcido como siempre) de un esperpento perpetrado por una tal Elena Poniatowska contra Leonora Carrington, esperpento que hasta hace buena la “biografía novelada” de Nadja publicada hace unos años. “Cronología incierta, errores groseros, una desconfianza, si no hostilidad, permanente con respecto al surrealismo”, perlas como esta: “Los surrealistas tratan a las mujeres como no importa qué esposa. Las llaman sus musas pero ellas acaban por limpiar los lavabos y hacer la cama”... Pero hay mucho más en lo que dice Durozoi ser una pequeña muestra de dislates y sandeces: “Un cadavre” lo hizo solo Aragon y en seguida apareció Péret en una manifestación disfrazado de soldado alemán; Pierre Janet le descubrió a André Breton el “amor loco”, que, le dice este a Leonora, es “un estudio de la histeria en las mujeres. Él descubrió el erotismo y la estética que yo he transmutado en surrealismo”; Breton cierra el Bureau de Recherches Surréalistes a causa de la carta a los directores de los manicomios de Artaud (que además no fue quien la escribió); Cocteau formó parte del grupo surrealista; las sesiones de hipnotismo se interrumpen en... 1937 (no prestándose a ellas Max Ernst y Leonora porque se consideraban “demasiado cerebrales”); Arp escapó al cuartel presentándose desnudo a la inspección; Péret colaboró asiduamente en Dyn... Tal cúmulo de burradas produce más bien hilaridad, y no cabe duda que Gérard Durozoi algo se ha divertido al leer esta novelilla barata. Y es aquí donde volvemos a la reflexión anterior, cuando lamentábamos que los surrealistas sean más conocidos de la cuenta. Ojalá la pobre Leonora hubiera quedado al abrigo de estas operaciones literarias de baja estofa, de estos grotescos triunfos de la mediocridad satisfecha que dan la pauta de estos tiempos de miseria generalizada.
Una vez más, remitimos a la página de la Association:
http://www.benjamin-peret.org


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Marcel Mariën, marino surrealista

Este fabuloso libro que Xavier Canonne, el mejor conocedor del surrealismo belga, ha dedicado a Marcel Mariën, es una verdadera fiesta de imágenes poéticas y subversivas por uno de los grandes inventores del surrealismo. Son 400 páginas llenas de ilustraciones, muchas de ellas desconocidas o poco conocidas, y con un ensayo espléndido que no deja sin estudiar cada una de las muchas vertientes de ese hombre polifacético que fue Mariën –poeta, ensayista, polemista, aforista, narrador, fotógrafo, cineasta, cronista del surrealismo belga, creador infatigable de objetos y collages... Y siempre surrealista, ya que, así como, afortunadamente, acabó descolgándose del estalinismo, afirmó su surrealismo y el surrealismo hasta su muerte en 1993, no dejando de manifestar en el 69 su burla del entierro del surrealismo por algunos de sus exponentes franceses, y a partir de entonces su total indiferencia hacia ellos.
Espíritu imaginativo y subversivo inagotable e insaciable, inventor de infinidad de procedimientos regidos por el azar, Marcel Mariën es ineludible a la hora de contar con lo esencial del surrealismo. Como francotirador del surrealismo ha habido pocos como él, y siempre desde una posición de altivez tanto como de desprecio de toda carrera literaria o artística. En lo segundo, su desinterés por la historia del arte llegaba al extremo de darle lo mismo la copia que el original de cualquier obra consagrada (aunque he de decir que yo le gano en la aversión a visitar los museos). He aquí uno que jamás buscó ningún “reconocimiento”, ni deseaba “homenajes” de nadie, convencido como estaba de que, en último término, nada de lo que cualquiera pueda hacer, por extraordinario que sea, tiene el mínimo valor. Pero no llegando a ese “último término”, Marcel Mariën es sin duda de los que merecen ser celebrados, y de los que ha dejado una obra absolutamente vivificante.
Xavier Canonne señala la importancia en él del gag, y el carácter permanente de su uso del collage, con una enorme cantidad de procedimientos y variantes, que anticipan en algún caso a un Jiri Kolar. Por mi parte, he quedado sorprendido con algunos collages que prefiguran los diálogos arcimboldianos de Svankmajer (El diálogo de los estetas, La miseria en rosa, La vida cotidiana y hasta uno con “personajes arcimboldianos”, todos ellos de fines de los 60). Siempre preocupado por la relación imagen-palabra, los collages con palabras fueron una de sus grandes especialidades, y entre ellos deslumbran aquellos que las inscriben en el cuerpo de la mujer (los cuerpos femeninos caligrafiados también aparecen en fotos), cuerpo que nunca cesó de maravillarlo y exaltarlo. En la página 203 del libro, Xavier Canonne brinda a las “historiadoras universitarias del surrealismo” fomentadoras del “proceso de un surrealismo «machista» que, paradójicamente, viene confortablemente a alimentarlas”, algunos versos de Mariën sobre los que pueden biencebarse, por no hablar de centenas de sus fotos y collages. Yo incluso propondría a las Zanetas, Chadwickes, Colviles, Suleiman y demás profesoras y profesores especializadas y especializados en los estudios de sexo la organización de un congreso internacional sobre Marcel Mariën, que serviría para hinchar un poco sus currículos de duras y duros trabajadoras y trabajadores.

Marcel Mariën. "El Renacimiento", 1984
Una de las obras maestras en este terreno es El burdel imaginario, collage de 1974 con reproducciones de obras de arte en que Marïen insertó globos con frases extraídas de libros pornográficos. Este collage de grandes dimensiones provocó un escándalo en 1996, al ser retirado de la exposición belga en que se mostraba, lo que conllevó a una recogida de firmas (incluida la mía) para el tract “El burdel imaginable”. Lamentablemente, la reproducción, en la página 132, no permite leer las palabras, cuando bastaba con haberlo reproducirlo a dos páginas.
Si existiera la misma sensibilidad hacia las blasfemias, Mariën podría ser objeto de otro congreso. Son incontables las imágenes anticristianas que hizo, y su película L’imitation du cinéma se sitúa en este aspecto muy cerca de algunas secuencias de La edad de oro. A esta película, recientemente editada en dvd, se dedica un capítulo del libro, como otros a sus fotografías, a las relaciones con su maestro Magritte o a su revista en tres series Les Lèvres Nues.
"El derecho de respuesta", 1954
La gran serie de Les Lèvres Nues fue, a mi juicio, la segunda. La primera fue justamente criticada por Magritte, dado el excesivo lado político que tenía. Ello tampoco agradó a André Souris, que añadía la molesta omnipresencia de Paul Nougé. En la segunda serie hay mucha más frescura, Mariën ya no da la tabarra con el stalinismo, desaparece el coqueteo letrista/situacionista y su presencia es más chispeante que nunca, pero prosiguen los largos discursos de Nougé, que hubieran sido más adecuados para un libro recopilatorio y que da la impresión sirven de relleno. En cuanto a los situacionistas, aparte la inclusión del sensacional texto de Dedbord contra la lepra automovilística, veinte años después Mariën mostrará el hartazgo en que acabó:
“El recuerdo del surrealismo –al cual debían sin embargo muchas cosas (empezando por la Deriva, nacida bajo los pasos del Campesino de París)– les molestaba hasta parodiarlo. Yo no quería comprometerme más en una empresa que encontraba continuamente en ella misma la justificación de sus rupturas fútiles, de una revolución de palacio permanente, sin país y sin pueblo. Los letristas, convertidos en situacionistas, a pesar de su feroz repudio del lenguaje poético y artístico, no se aplicaban a escapar al escrito bajo las formas más denostadas: el manifiesto, el libro, el comentario de cine, ni a la pintura, que ejercían en buena regla dos o tres embadurnadores en el umbral de la celebridad”.

Xavier Canonne también analiza finamente los trastornadores objetos de Marcel Mariën, sus magistrales aforismos que yo traduje en una ocasión y que no pueden faltar en una buena antología del género, la obra narrativa marcada por un humor corrosivo y donde no faltan sus amigos surrealistas, la muy surrealista significación de los títulos de sus innumerables imágenes. Del máximo interés son las páginas dedicadas al ejemplar de Nadja que, con intervenciones suyas en muchas páginas (incluidas todas las ilustradas), envió a André Breton en 1938. La mayoría (si no todas) son reproducidas aquí, y mucho agradaron a Breton, impresionado, por cierto, con el rostro de Éluard quemado con un cigarrillo, ya que Éluard se había enemistado con él muy poco antes. Breton le escribe a Mariën que el suyo “es con mucho el más sensible y el más sorprendente comentario que este libro ha suscitado”. Y no solo esto, ya que Xavier Canonne no duda en considerarlo “una de las claves para la comprensión de la obra de Marcel Mariën tanto como de su pensamiento”. Que este libro interpretado lo haya hecho Mariën a los 18 años sirve para demostrar algo que Xavier Canonne afirma ya de entrada: la cronología no tiene nada que hacer con Marcel Mariën, cuya obra posee una absoluta unidad a los largo de la friolera de seis décadas. Lo que me hace pensar en un Benjamin Péret.
A lo que no se le pueden poner paños calientes es al estalinismo de Marcel Mariën, aunque tenga el beneplácito de haberse quitado finalmente la venda de los ojos, cuando su viaje a China. Es irritante verlo en 1957 intentar decir que Stalin no era tan malo como se estaba diciendo, que al menos actuaba, “piedra de toque del comunismo auténtico”, y que hizo “lo que era humanamente posible hacer en el peor de los mundos posibles”. Cuando descubre el horror maoísta (1963), con los monstruosos simulacros que inventariará en Le radeau de la mémoire, le escribe a Jane Graverol: “Todo lo que me había permanecido oscuro hasta ahora, se me ha hecho claro: los procesos de Moscú, cómo Stalin ha accedido al poder, etc. Este es el sistema más perfecto que la historia ha conocido. Se trata esencialmente de una religión, y la más intolerante que ha existido”. Mariën denuncia en sus artículos periodísticos la mentira maoísta, lo que le vale ser acusado de renegado y de agente de la Cia y recibir cartas hostiles, anónimas y no. Pero además ello produjo la indignación de los recalcitrantes estalinistas Nougé, Scutenaire y Bourgoignie. El segundo llegó a escribirle a la China: “Algunas palabras para decirte lo feliz que estamos porque hayas llegado al fin a tu casa. Mira bien a la gente de la calle y luego a ti en tu espejo, escucha los latidos de tu corazón y la palabra china”. ¡Valiente imbécil! Y Bourgoignie: “Espero mucho de la China y creo que es la única capaz de salvar al mundo, sea cual sea el camino que haya de recorrer para llegar al rango de gran pujanza industrial”. En cuanto a Nougé, Mariën da una explicación de su estalinismo no solo por el efecto Stalingrado sino por haber sido siempre “un hombre pobre, trabajando duro y sin protección social”. Y yo pregunto: ¿y entonces Benjamin Péret?
Mis reservas hacia Marcel Mariën han estribado en tres puntos: su viejo estalinismo (aunque redimido, pues, a la postre), sus quisquillosidades hacia Breton (a quien a la vez nunca dejó de admirar, y a quien sabía que lo debía todo) y una cierta frialdad. Sobre esto último, resulta muy bello el testimonio de Xavier Canonne, que lo conoció bien, al descubrir en él una “extrema emotividad”, sino que enmascarada por una cierta forma de cinismo.
Marcel Mariën es uno de los grandes del surrealismo, y este el mejor libro que se le podía haber consagrado.


Flávio de Carvalho y el surrealismo

Las publicaciones anteriores de Marcus Salgado hacían recibir con expectación este trabajo sobre Flávio de Carvalho, y debe decirse que responde tanto a lo esperado como para confirmar que el territorio surrealista ya cuenta en él con un ensayista de primer orden. A arqueologia do resíduo: os ossos do mundo sob o olhar selvagem (Antiqua, São Paulo, en la misma colección en que han aparecido diversas publicaciones de las Edições Loplop) es un ensayo denso e intenso sobre una figura muy sui generis, reivindicada justamente por los surrealistas brasileños y en particular por Sergio Lima, en cuyo proyecto de A Phala (revista y exposición) participó Flávio de Carvalho ya hace cerca de medio siglo.
No hace Marcus Salgado un trabajo puramente histórico, ya que se implica en una visión crítica radical de la sociedad moderna, con su imperio de la mercancía industrial, sus devastaciones de todo tipo o su “amusement business” –el retrato que hace de las ramificaciones del turismo actual dice todo lo espeluznante de este fenómeno monstruoso, en que participa prácticamente toda esa humanidad que vive alegremente de los excedentes de la depredación y degradación industrial y del hambre y la miseria del resto de sus semejantes.
Flávio de Carvalho fue en 2010 objeto de un catálogo del Museu de Arte Moderna de São Paulo, cuyos textos dejaban que desear, pero cuya iconografía era magnífica. En el libro de Marcus Salgado, la iconografía, muy cuidada, es alusiva a los temas que se van tratando, empezando por la antropofagia y lo “salvaje”. La visión personal de la antropofagia que tiene Flávio de Carvalho está marcada, como apunta Marcus Salgado, por una “aproximación directa al surrealismo”, y esto es lo que en verdad lo distingue de sus contemporáneos. Fue un lector infatigable de la poesía surrealista y se interesó por la temática sexual y el psicoanálisis y por el arte de los niños, de los locos y de los pueblos primitivos, con los que colindaba y a cuyas tierras viajó. Entusiasta de Yves Tanguy, él mismo reconoció la importancia del automatismo tanto en sus dibujos como en la película que proyectó sobre los indios xirianás. De los dibujos dijo que sus líneas “son semipoéticas, colocadas en el papel o en el lienzo de manera surrealista, usando un proceso de libre asociación de ideas, que en el momento surgen y son expuestas, sin preocupación y sin lógica”, y a la pregunta de si usaba excitantes para escribir responde que no los necesita, ya que se recoge en su “mundo interior y, en ese momento, el mundo que me rodea no existe” –“mi mejor producción es hecha en una especie de estado de trance”.
Flávio de Carvalho era un agitador nato y, como dice Marcus Salgado, “un pensador sin amarras”. Gracias a su espíritu anarquizante, supo rechazar el estalinismo que en los años 30 y 40 dominaba la intelectualidad izquierdista brasileña. Una de sus más saludables líneas de acción es el antieuropeísmo, que lo hubiera hecho votar al Capitán Cap en el París unas décadas anterior. Visita a Europa para estudiarla como un antropólogo, descubriendo y describiendo todas sus aberraciones, por supuesto que exportadas al Brasil y al resto de las colonias de estos países que jamás podrán ser redimidos, pero que saben siempre limpiarse la cara en prodigios de cosmética (baste pensar en las bellas connotaciones del adjetivo “europeo”, a pesar de que tal vez sea el más indecente que existe). Escribe Marcus Salgado: “Flávio, que siempre predicó el abandono de Dios, sabía que era igualmente necesario el abandono de Europa, entendida como emblema (o incluso exacerbación monstruosa) del pensamiento racionalista, artificial y conceptual, en oposición a la mirada en estado salvaje y al llamamiento de lo maravilloso natural que definen la visión no euro-céntrica”. Nada, como se verá, más común con el surrealismo.
Sus obras literarias, que Marcus Salgado va explorando en su libro, son esencialmente A cidade do homem nu, Experiência nº 2, Os ossos do mundo, O bailado do deus morto y A origen animal de deus. El “hombre desnudo”, escribe Marcus Salgado, sería “el hombre sin dios, sin propiedad, sin tabúes, dispuesto a ejercer la libertad en los dominios del pensar y del sentir”. Experiência nº 2 es un libro extraordinario, del que hizo esta sinopsis Fábio Cypriano: “Hace 70 años, un domingo de sol en la pacata S. Paulo, que tenía entonces menos de un millón de habitantes, el joven arquitecto Flávio de Carvalho pasaba frente a la catedral de la ciudad cuando vislumbró una multitud en la procesión del Corpus Christi. Se le ocurrió entonces «la idea de hacer una experiencia, desenmascarando el alma de los creyentes por medio de un reactivo cualquiera que permitiera estudiar la reacción en las fisonomías, en el andar, en el mirar, en fin, el pulso en el ambiente». El arquitecto volvió a su casa, se colocó una gorra en la cabeza y volvió a la procesión. El simple gesto de llevar puesta la gorra fue motivo para que la multitud se encrespara, no llegando a linchar al provocador tan sólo por la intervención policial. Carvalho publicó el relato de su día de terror en el libro Experiência n. 2. La investigación psicológica es el hilo conductor de toda la obra de Flávio de Carvalho, y ello lo aproximó al surrealismo. La obra se divide en dos partes. La primera, una narrativa contundente, describe minuciosamente todas las sensaciones de Carvalho y la reacción popular. La descripción de cómo el miedo se apoderó de él evoca los textos kafkianos. Ya la segunda parte es una investigación y análisis de la religiosidad popular. Llena de citas de Freud y Nietzsche, puede ser considerada una «investigación del alma»”. Os ossos do mundo se compone de relatos de viajes, e incluye las memorables páginas de “El tabú de la vegetariana” (“Los vegetarianos son personas terribles y feroces, que se valen del vegetarianismo para encubrir la negrura del alma, como ocurre con los puritanos y los creyentes de ambos sexos: se sienten sucios y automáticamente ven la necesidad de purificación del mundo”), transponibles a los actuales furiosos del animalismo; esta obra la reeditaría en 2006 el grupo deCollage. O bailado do deus morto es una pieza teatral en que satiriza el cristianismo.. A origem animal de deus es su último libro, que acerca Marcus Salgado a las preocupaciones de Artaud.
Por desgracia, Flávio de Carvalho era arquitecto, y hay también en él mucho progreso, mucha ciudad, mucha ciencia, mucha eficacia, mucha higiene, mucha industria, mucha máquina, mucho confort y, en fin, muchas tonterías, incluidas, por ejemplo, la defensa de la comida estandarizada (“internacional”) o de la velocidad y las visiones desde el avión. Como arquitecto, yo que lo tenía, mal informado, por “visionario”, lo que siento, tras haber conocido el catálogo de 2010, es pavor hacia sus proyectos de ayuntamiento de São Paulo o su “faro de Colón”, aparte el haber celebrado la arquitectura moderna por su “virilidad”. Sabor muy amargo tiene este vaticinio de 1940: “Una bella promesa despunta en el horizonte internacional: el mundo entero será la casa del hombre”. Pero Flávio de Carvalho albergaba sus contradicciones, que son bastante bien iluminadas por Marcus Salgado. Así, en esta misma materia, también habló de una arquitectura telúrica y que tuviera un valor “poético”.
A arqueologia do resíduo incluye al final una serie de interesantes anexos. El primero se compone de las entrevistas de Flávio de Carvalho nada menos que a André Breton, Man Ray, Tristan Tzara, Roger Caillois y Herbert Read. La más interesante es la de Man Ray, y la menos la de Caillois, una monserga cientificista. La de Breton fue hecha en la Place Blanche en 1934, publicándola cuatro años después Cultura, revista de la comunidad negra de São Paulo, por lo que se trata de la primera entrevista a Breton aparecida en Suramérica. Flávio de Carvalho se hospedaba en París en la casa de Benjamin Péret y Elsie Houston.
El segundo anexo es un ensayo de Sergio Lima sobre Flávio de Carvalho y el surrealismo, y el tercero una entrevista, muy jugosa al propio artista, realizada a fines de los años 30.
Faltaría hablar de la coherencia interna de este libro de Marcus Salgado, y del hilo temático designado por su título. Pero espero haber azuzado su lectura, en el doble atractivo de ser un gran ensayo en sí mismo y de abordar magníficamente a una figura de órdago, reivindicada por el surrealismo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Reanudación de “Surréaliste”


La colección “Surréaliste”, que dirige Georges Sebbag y que se había quedado en el dique seco tras la publicación de seis tomos, reaparece con dos más: Recherches surréalistes y Faits divers surréalistes. Ya han salido el primer volumen de Enquêtes surréalistes, En Jeux surréalistes, L’objet surréaliste, Sommeils et rêves surréalistes, Procès surréalistes y Manifestes dada-surréalistes. Faltan ahora dos volúmenes más de Enquêtes surréalistes y los de Cinéma surréaliste, Poésie surréaliste, Photographie surréaliste, La Révolution surréaliste y Architecture surréaliste.
El proyecto “propone una selección temática de grandes textos aparecidos en las revistas surrealistas de 1919 a 1969”, y se centra, con muy raras excepciones, en el grupo de París. Permite acceder, para quien no tenga las viejas publicaciones, a una documentación extraordinaria; para quien las tenga, resulta gratificante ver reunidos todos los textos de una misma materia, presentados adecuadamente. Georges Sebbag se ha encargado de la mayoría, pero Emmanuel Guigon hizo el del objeto, Monique Sebbag el de los procesos y ahora Masao Suzuki hace el de los “faits divers”.
No hay una traducción española que se corresponda perfectamente con esta expresión, que hace referencia a las noticias de “sucesos”, o curiosidades. Recuerdo que en mis tiempos portugueses nunca dejé de comprar una revista delirante que se titulaba Jornal do incrível, donde se mezclaban las estupideces, los trabajos serios, las locuras más insospechadas y todo lo que era bizarro y se salía de las normas. La colección, que atesoro en su integridad, daría para una apasionante antología de surrealismo involuntario.
Masao Suzuki es autor de una obra en japonés titulada El surrealismo. Una pluralidad convulsiva (2007). Reúne y presenta competentemente los textos, pero saltándose al final como si nada el límite cronológico, ya que mete un texto de Coupure, la revista de quienes habían decidido abdicar del adjetivo “surrealista” y a los que llama, de modo completamente abusivo, “los surrealistas de 1970”. Esto crea una cierta paradoja, puesto que no hay ni rastro de los deliciosos “faits divers” que, por ejemplo, insertaba Marcel Mariën en la segunda serie de Les Lèvres Nues, revista que desde luego nunca se avergonzó de llamarse surrealista. La cuestión tiene evidentemente que ver con la fijación, lo más rigurosa posible, del corpus surrealista en un plano internacional, que es el propio del surrealismo. Un apartado dedicado a otra revista belga, Œsophage, hace más discutibles aún el criterio seguido.
Pero esto es una salvedad mínima. Realmente es magnífico poder seguir esta fascinación de los surrealistas por los “faits divers”, que incluyen noticias solas (de lo trágico a lo hilarante) o comentadas por Péret, Vitrac, Aragon, Éluard, Sadoul, Bousquet, Crevel, Breton (su “Magia cotidiana”), Legrand, Alleau, Senélier, Lebel (Jean-Jacques), Ivsic (su soberbia serie en Bief) y Joubert, en un vasto período que va de la noticia de la muerte de Jacques Vaché en Littérature hasta la sección “Ce qui est” de L’Archibras, pasando por La Révolution Surréaliste (con las gacetillas de suicidios, el caso Germaine Berton y la carta de Gengenbach), Le Surréalisme au service de la Révolution (con el caso Violette Nozières), Minotaure (con el ensayo de Lacan sobre las hermanas Papin), Documents 34, Medium, Bief y La Brèche, principalmente.
El tomo de “Recherches surréalistes” lo hace Georges Sebbag, quien muestra a los surrealistas siempre “curiosos y decididos”, en fecundas búsquedas de las que quedaron algunas en proyecto, como las del Bureau de Recherches Surréalistes sobre un glosario de lo maravilloso, un repertorio de las ideas surrealistas, una relación de los hechos misteriosos y un comentario de las anomalías personales de los componentes del grupo. Aunque la mayoría de las “recherches” ponen en acción al grupo o a parte de él, hay también algunas de carácter individual (Aragon, Artaud, Dalí). La galería de revistas coincide, predeciblemente, con la de Faits divers, pero sumándose la poco asequible L’Âge du Cinéma, donde apareció la prospección “irracional” en la película de Sternberg El embrujo de Shangai. Desfilan por este tomo verdaderos “clásicos”: “Liquidación”, los debates sobre la sexualidad, “Leer/No leer” (y su complemento cinematográfico “Ver/No ver”, de nuevo en L’Âge du Cinéma), las interesantísimas búsquedas “experimentales” de Le Surréalisme au service de la Révolution, las “Cartas de analogía”, el juego “Ouvrez-vous?”. Los comentarios siempre atinados de Sebbag son especialmente valiosos por lo que respecta a esta última “recherche”, ya que quizás sea la primera vez que se extraen, aunque sea escuetamente, una serie de conclusiones de un juego bastante revelador, y que de paso negaba el supuesto monolitismo del movimiento surrealista, en el que siempre ha habido cancha amplia para las divergencias dentro de una unidad en lo esencial.
Y ahora, quedamos a la espera de que este proyecto de Jean-Michel Place avance hasta su redondeo definitivo.

Novedades

Ya está disponible el n. 7 de la revista digital de Floriano Martins Agulha. Como siempre muy rica de contenido, incluye un ensayo de Enrique de Santiago sobre Enrique Gómez-Correa: “Vocales de pájaros en la poesía de Enrique-Gómez Correa”. Desde nuestro punto de mira, hay que señalar también, aparte un trabajo sobre Aimé Césaire, que las ilustraciones del número corresponden a Nelson de Paula, de quien también hay al final 21 ilustraciones. Es una magnífica presencia, que realza enormemente el conjunto de la revista.
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En Vila Nova de Famalicão celébranse los VII Encontros Mário Cesariny, con diferentes eventos, entre los que destaca el lanzamiento del cuaderno número 12 del Centro de Estudos do Surrealismo: António Maria Lisboa e Mário Cesariny. Territórios de convergência intertextual, por Perfecto E. Cuadrado.
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He aquí el enlace de Martin Michael Stiltenn, quien afirma situarse en la órbita surrealista:
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Muy interesante es el catálogo de la Cinemateca Francesa Georges Méliès. La magia del cine, editado en España, desgraciadamente, por la entidad bancaria de don Juan Miró. A lo largo de 200 páginas, muy bien ilustradas, se estudia toda la obra del precedente máximo del cine surrealista. Los trabajos, muy sólidos, son de Laurent Mannoni, y al final hay una nota sobre Méliès en Madrid y Barcelona, donde se habla de su gran seguidor español, Segundo de Chomón.
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Otro catálogo corresponde a la exposición Surrealistas antes del surrealismo. La fantasía y lo fantástico en la estampa, el dibujo y la fotografía, que a la vez se celebra en Nuremberg y en Madrid. En este caso edita en España una Fundación que no mejora las cosas: la de don Juan March, capitalista de triste recuerdo. Tal vez imbuido de ello, Juan José Lahuerta, en un indigesto texto que nunca termina, ve tanto el arte como el surrealismo en exclusivos términos de “mercado”, de “ofertas” y “demandas”, de “productos”, y no duda en considerar Le miroir du merveilleux de Pierre Mabille como un catálogo de obras fantásticas. La mayoría de los textos de este pesado volumen los hace su editor, Yasmin Doosry, para quien Nadja es una “novela”. El mejor texto es el de Christiane Lauterbach, “Metamorfosis de la naturaleza”, pero no se basta para redimir el conjunto, que como de costumbre se detiene en los años 40/50.
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Remedios Varos. Caminos del conocimiento, la creación y el exilio escapa en su caso por los trabajos de Isabel Castells, siempre atinada en sus indagaciones por el “territorio infinito de la poesía compartida”, y de María José González Madrid, que explora muy bien la faceta alquímica de la artista, sin sentirse obligada a despotricar del surrealismo, antes bien reconociendo en el surrealismo el origen de esa faceta. Las participantes del libro se dedican, como buenas universitarias, a citarse afectuosamente las unas a las otras, y, como era de esperar, no faltan ni los intentos por alejar a Remedios del surrealismo (la Remedios surrealista solo sería la de Barcelona) ni las sandeces de rigor contra el surrealismo y contra André Breton. Para lo primero, con reducir el surrealismo al automatismo ya lo tienen todo resuelto (Janet Kaplan, Tere Arq); como ellas saben más de surrealismo que el propio André Breton, se puede olvidar tranquilamente que este, al morir Remedios, reivindicó toda su obra como surrealista. De lo segundo se encargan María Alejandra Zaneta y Shirley Mangini en dos artículos penosos, sin duda el de la primera ganando en las ya maquinales vomitadas antisurrealistas del energumenismo feminista, que para algo se escribe desde uno de esos despachos universitarios yankis puestos al desnudo por Guy Ducornet en Les parasites du surréalisme. Pero la palma, por su riqueza chismosa, se la lleva Julia Salmerón, quien confiesa que Leonora Carrington (a sus 91 años) le cogió cariño a ella en México porque hablaba con acento “español” (léase madrileño) y reveladoramente nos cuenta, en una petulante carta que le envió a la pobre Leonora, cómo esta afirmó asqueada (“brrrr”) “aborrecer” a esa “bola de académicos y críticos” a la que ella pertenece (discrepando de Leonora, nos refiere que ella entra en levitación cuando lee a Dawn Ades, Janet Kaplan y Juliana González). Sobre la relación Leonora-Remedios, dice que no era lesbiana ni artística, sino algo para lo que “el mundo no está preparado”. Parece que ella sí. El engreimiento de las pobres gentes de esta gruesa “bola” no tiene límites.
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Pronto reseñaremos una obra que sí que es esencial: la vasta suma sobre Marcel Mariën que acaba de publicar Xavier Canonne.