Aunque tuvo lugar hace unos meses
en Estocolmo, no dejaremos de registrar la exposición “Levitandum”, en que
unieron fuerzas Kathleen Fox y Patrick
Hourihan, dos de los nombres más valiosos del surrealismo en tierras británicas. Arriba vemos una de las
características creaciones automáticas del segundo, y debajo, de la primera, Jinete
lento al amanecer.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Breves
En la Biblioteca Brasiliana de São Paulo, a partir del próximo miércoles
16, tienen lugar unas jornadas que se ocupan del surrealismo y que cuentan con
participación surrealista.
El 16, tras un encuentro con António Gonçalves, habrá un seminario con
Perfecto E. Cuadrado sobre “El tránsito del surrealismo entre dos lenguas, de
España y Portugal”. El 17, la figura presente es Miguel de Carvalho, siguiendo
un seminario sobre el libro-objeto en la actualidad, donde intervendrá Juan
Carlos Valera. El 18, llegado de los Estados Unidos, donde ha presentado Annandale
Blues, la figura en destaque será Guy Ducornet, y en el debate, titulado
“El descubrimiento de Colón”, intervendrá también Sergio Lima.
*
En Besançon se celebra, hasta enero, una exposición dedicada a las piezas
del artista Hubert Robert que posee el Musée des Beaux-Arts.
Influido por Piranesi, Hubert Robert, que
ha interesado a los surrealistas por ser el maestro de las ruinas, lanzó el
género en París en 1765, escribiendo a la sazón un texto sobre sus obras
Diderot.
*
Las
Éditions des Deux Corps, animadas por Laure Missir, presentan pasado mañana, en la librería
L’Encre de Bretagne de Rennes, Levée de territoire, poemario de Yann
Bertrand ilustrado por Richard Lempereur. Hace unos meses la propia Laure Missir publicó un libro de collages y poemas, titulado Je vous veux à nulle autre pareille.
*
Henri
Béhar publicita el libro de un tal Christian Gury, con el que hay que hilar
fino, ya que es nada menos que abogado honorario del Tribunal de Apelación de
París, aparte autor de una veintena de libros de derecho y de historia
literaria, ocupándose en estos de soporíferos dinosaurios como Marcel Proust (y
sus magdalenas mohosas) y Roland Barthes (y sus pedantescos balidos). Ahora le
ha interesado el ya más que triturado Nantes de Jacques Vaché, perpetrando un
objeto de 308 páginas titulado Le poète étranglé: Préludes au
pré-surréalisme, au groupe de Nantes et à la mort de Jacques Vaché. En la hojilla comercial no deja de aludir, como motivo
principal, a la “extraña homofobia de André Breton”, extraña cuestión y
fijación en torno a la cual me permito recomendarle, con la debida venia,
consulte Les parasites du surréalisme de Guy Ducornet, Éditions talus
d’approche, libre choix 17, Soignies, 2002, pp. 70-77.
Habida
cuenta que la editorial se llama Non Lieu, declaramos, magnánimamente,
sobreseimiento de la causa por irresponsabilidad del inculpado. No ha lugar.
Cero a la izquierda.miércoles, 25 de septiembre de 2013
Víctor Chab, Guy Ducornet, Eugenio Castro
Aunque en el surrealismo la veteranía nunca ha sido un grado, siempre nos
admirarán aquellos que saben mantener la inspiración viva a lo largo de una
larga vida, sin repetirse, sin regodearse en los propios hallazgos, sin
transitar senderos trillados por otros o por ellos mismos.
Dos nombres que siguen desarrollando una obra que sorprende por su
frescura, por su vitalidad, por su vigor imaginativo, son el argentino Víctor
Chab (1930) y el galo-americano Guy Ducornet (1937).
El primero ha realizado recientemente una serie de dibujos muy bellos, cuyo colorido alegre contrasta con el de sus cuadros más característicos, si acaso volviendo a algunos de los años 50, pero, paradójicamente, con más jovialidad y alegría.
Ducornet, actualmente en periplo estadounidense para presentar su interesantísimo Annandale Blues, hace unos meses exponía en París una deslumbrante galería de collages, bajo el título de “Histoires 100 paroles”. Más recientemente, convidado a participar en la exposición “Bestiaires fantastiques”, realizó una serie de cajas que revelan de nuevo su inagotable inventiva, y de las que vemos aquí dos muestras.
En el collage fotográfico, es un placer ver a Eugenio Castro –más joven que Chab o Ducornet, pero ya con más de tres décadas de actividad surrealista– reanudar la aventura de Reaparición de la isla misteriosa (1995) con otra serie de imágenes que también podrían considerarse, como las de aquella publicación, “collages-secuencias de un film imaginario sin fin”. El film se titularía ahora Tribulaciones de una calavera, guiño sombrío a la novela-foto Las tribulaciones de Monsieur Wzz... que urdieron en 1929 Man Ray, Marcel Duhamel y Max Morise, la calavera convertida allí en un divertido esqueleto que recorría las calles de París.
Dianas surrealistas
La colaboración entre Allan Graubard y David Coulter nos brinda uno de
los más interesantes cuadernos surrealistas –64 páginas– de estos últimos
tiempos: Targets, con un relato del primero e imágenes del segundo.
Las imágenes de David Coulter consisten en dianas policromas (evocadoras
tanto de los rotorrelieves de Marcel Duchamp como de las dianas que hizo Jorge
Camacho para Toyen) y en soberbios collages de colorido y motivos populares,
donde impera el humor (en este caso, recordamos con no menor placer los cuadros
de Clovis Trouille). El texto de Allan Graubard, sin duda, posee la calidad a
que este polifacético escritor nos tiene acostumbrados.
Esta no es la primera colaboración entre Coulter y Graubard. Ambas
figuras –residiendo el primero en Berkeley y el segundo en Nueva York– están
bien presentes en el imprescindible Invisible Heads (2011), que, como Targets,
editó Anon y se obtiene vía lulu. Y ambos también están incluidos en el
catálogo O reverso do olhar (Coimbra, 2008), que tan importante misión
cumplió como aglutinador de nombres dispersos del surrealismo actual.
“¿Quién conoce a...?”
“¿Quién conoce hoy a Unica Zürn, Joyce Mansour, Claude
Cahun, Leonora Carrington o Alice Rahon?” Esta pregunta retórica abre un texto
en que se invitaba a un “festival”, “espectáculo” o “encuentro literario y
teatral”, celebrado en un cabaret de Quebec el pasado domingo.
Los cinco nombres tienen tres cosas en común: ser
surrealistas, ser mujeres –lo que es más importante– y haber ya muerto –lo que es quizás aún más
importante. Ninguna dista de ser desconocida, e incluso una de ellas, Leonora
Carrington, es una artista consagrada desde hace muchas décadas. Por lo demás,
para sus compañeros del surrealismo fueron siempre, y son, sobradamente
conocidas, y amadas.
Una serie de escritoras del lugar ha escrito una serie
de textos inspirándose en las obras de estas cinco figuras. Sin modestia
alguna, se nos dice que “el resultado es asombroso”, pero no sentimos ninguna
curiosidad por conocerlo, tanto nos repele este parasitismo acompañado además
de victimismo, y al que no falta –esto es lo peor, y lo que motiva esta nota– la
chorrada de costumbre: las cinco figuras han escenificado “un ser femenino ni
idealizado, ni preconcebido, muy diferente del imaginado por Breton y sus
camaradas”. Un tópico que ya hace mucho tiempo hiede. Al final, es una
operación contra André Breton “y sus camaradas” aquello de lo que se trata,
una vez más.
Concediendo que Unica Zürn, Joyce Mansour, Claude
Cahun y Alice Rahon (respecto a Leonora, ello es completamente falso, como
dijimos) “han estado mucho tiempo en la sombra, sus obras desconocidas y sus
nombres excluidos de la historia literaria artística oficial”, podemos estar
seguros de que ello no se ha debido al hecho de ser mujeres, sino en todo caso al de ser surrealistas. Todas, además,
se codearon con “Breton y sus camaradas” y compartieron todas sus aventuras –tantas
veces arriesgadas–, la segunda y la tercera incluso habiendo sido cómplices íntimas
de André Breton.
Porque, devolviendo la pregunta, y ahora sí que
justificada, ¿quién conoce hoy a figuras tan extraordinarias como Claude
Tarnaud, Stanislas Rodanski, Guy Rosey, Fernand Dumont, Jorge Cáceres, Guy
Cabanel o Maurice Baskine? Cualquiera de los nombres femeninos citados es mucho más conocido que cualquiera de los
siete que he nombrado –y que además forman parte de una lista que podría
ampliarse a más de un centenar.
Pero falta señalar dos cosas más.
Primero, que al surrealismo le ha importado siempre un
pimiento el estar excluido de la “historia artística oficial” (¿quién hace eso?,
¿qué significa eso?, ¿qué valor tiene eso?), e incluso es un honor tal
exclusión, del mismo modo que debe evitarse siempre todo tipo de “reconocimiento”,
sea oficial o no oficial. A cualquiera de esas cinco mujeres que tratan de
“homenajear” en un acto que se quiere justiciero, les hubieran traído sin
cuidado esas efusiones, si es que no las hubieran despreciado.
Segundo, y por seguir con las preguntas: ya que tanto
se preocupan por las mujeres del surrealismo, ¿quién de ellas conoce hoy a
Dominique Paul, Alice Massénat, Heloisa Pessoa, Beatriz Hausner, Lurdes
Martínez, Debra Taub, Linda Filipová, Kathleen Fox, Amirah Gazel, Anny Bonnin o
Maria Regina Marques, en una lista que también se queda muy corta? ¿Por qué no se
aplica al presente lo que se lamenta en el pasado?
Claro que todas estas mujeres tienen el defecto de estar
vivas y de defender e ilustrar no la
literatura o el arte, sino la poesía. Y lo mismo podemos decir de nombres con
una trayectoria muy amplia, y extremamente importantes para el surrealismo, pero
a quienes no se les ocurre recurrir porque están vivas, como Penelope Rosemont
(vigorosa personalidad, maravillosa escritora y creadora) o Rikki Ducornet
(cuyas narraciones no van a la zaga de las de Leonora), quienes desde luego,
como Unica Zürn, Joyce Mansour, Claude Cahun, Leonora Carrington o Alice Rahon,
nunca han pactado con las mentiras ni con las componendas del mundo como va.
Pero al menos esta velada habrá tenido una cosa tan
buena como extraña: haber dejado de lado a Frida Kahlo, mascota predilecta de
este tipo de eventos antisurrealistas.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Alice Massénat
En el n. 4 de S.u.rr..., revista del grupo surrealista
parisino, se incluía un largo poema de Alice Massénat, quien repetía en el
número siguiente y hasta ahora último. Al punto, en las Éditions Surréalistes,
aparecía una colaboración poética con Guy Girard, acompañada de siete dibujos
automáticos de Sabine Levallois y titulada Le
palier des gargouilles. Uno de esos dibujos podemos verlo aquí.
Esto fue en los años 2003-2005,
pero Alice Massénat ha tenido un antes
y un después. Nacida en 1966, desde
los 18 años publica sus textos poéticos en revistas (S.u.rr..., pero también otras cercanas al surrealismo, como Camouflage, La Dame Ovale
y Cahiers de l’umbo) y en pequeños
cuadernos, de los que son anteriores a 2003 Engoulevents,
“Tu dors?”, Katana, L’homme du
sans-sépulcre, Arachnide, L’œil de bronze y Le bleu l’ardoise, y posteriores L’heure des lames, Le
catafalque aux miroirs, Ci-gît
l’armoise, À bras-le-corps y La vouivre encéphale, que es la novedad,
publicada hace poco en Les Hauts-Fonds, por la que hoy la traemos a estas
páginas de “Surrealismo internacional”.
El primer cuaderno citado, Engoulevents, de 1990, se publicó en la
ediciones Myrddin, que animaba Pierre Peuchmaurd, y es que, dos años antes, los
textos de Peuchmaurd titulados Alice au
noir llevaron dibujos de Alice Massénat. Será precisamente este gran poeta
y certero crítico, que jamás ha dado paso a un impostor, quien destacará el
valor tan auténtico y novedoso de la poesía de Alice Massénat, publicándole
luego Katana, Arachnide y L’heure des
lames. En Colibris & princesses,
preciosa recopilación de textos sobre figuras como Maurice Blanchard, André
Breton, Guy Cabanel, Jorge Camacho, René Crevel, André Frédérique, Robert
Lagarde, Gellu Naum o Stanislas Rodanski, los hay también sobre algunos de los
poetas recientes más valiosos, como Jean-Yves Bériou, Jean-Pierre Paraggio y
Alice Massénat. En su texto sobre ella, escribía Peuchmaurd, comparando su
poesía al “viento sobre las plazas fuertes”:
“Como pocos hoy en día, y más abruptamente que otros, la poesía de Alice
Massénat plantea la eterna, la obsesiva cuestión del «¿Quién habla?» Sí,
¿quién habla, aquí, con una voz a veces tan segura que parece arrogante, y
otras tan temblorosa, tan verdaderamente emocionada?
¿Quién habla, con esta voz tan pronto de oráculo bárbaro como de jovencita
sometida –pero sometida a los dioses de las peores fatalidades, al desasosiego
de las calles, de los atardeceres negros?”
Con esta nota pretendemos tan
solo llamar la atención sobre una voz poética que nos llega ataviada de bellos
prestigios, y que por su carácter secreto más merece ser resaltada en esta
página ajena a todos los oropeles.
“La beauté n’est plus là / Qu’en est-il de toutes ces cendres renfermées /
où qu’elles soient / poussière de coeur / échevelées et improbables / de leurs
seigns aux vivre / et de leurs brimes aux salaces.
Qui me jouera cette corde du plus loin de ma folie / qui m’esquissera la
viole / le pourtour au coude / qui la verra / et des larmes aux sangs / la
contrée s’éteindra / mandragore aux escarres”
![]() |
| Dibujo de Sabine Levallois |
Política y urnas
Este folleto que nos llega de las
ediciones Loplop en São Paulo, firmado por los grupos Decollage y Topoanálise y
con dibujos automáticos de Alex Januário, plantea la cuestión política y en
particular la de las votaciones, en un país donde estas son obligatorias,
pudiendo el desacato acarrear represalias. La tesitura de 2010, año de
elecciones presidenciales en que se daba a elegir entre lo peor y lo peor,
originó el escrito, que, aunque requiere un conocimiento de la realidad
brasileña, posee un interés más amplio.
Sobre el tema del voto, que
continúa siendo obligatorio en Brasil, y que por tanto es la verdadera causa de
que los amigos del grupo Decollage y los de TopoAnálise hayan editado esta
declaración, y sobre el de la política, me dirijo en seguida a las citas que en
su día acumulé en mi librito Cabina de
barlovento. Como de costumbre, es Ambrose Bierce quien lleva la batuta.
“Votación: Simple estratagema mediante la cual una mayoría demuestra a una
minoría la estupidez que supondría cualquier resistencia. Muchas personas
respetables, pero con un aparato pensante imperfecto, están convencidas de que
las mayorías gobiernan por algún derecho inherente, y de que las minorías se
someten, no porque no les quede más remedio, sino porque es su deber”. Más
interesante es esta diatriba del anarquista (y luego, cosas de la vida, prosoviético)
André Colomer: “Tú, que pretendes ser libre, ¿por qué votas? Escucha: nadie
puede representarse más que a sí mismo. Votando, eres el peor de los esclavos.
Pues el que escoge un amo se pertenece menos que aquel a quien el amo le ha
sido impuesto por la fuerza. Este puede renegar de su amo como de una
brutalidad que no reconoce. Aquel no podrá jamás rebelarse contra la condena,
ya que se la ha dado a sí mismo. ¡No seas ese esclavo voluntario! Sé tu mismo
tu liberador. Huye de esa sala apestosa donde se embrutece con grosera
elocuencia a esos pobres brutos a fin de que aclamen su propio servilismo. No
escuches a ninguno de los prometedores de paraísos para mañana. Todos mienten.
Es hoy cuando hay que vivir. Es en tu verdad individual donde está tu
felicidad. Fuera está el sol de mayo sobre los jardines de la tierra. Vete
fuera y, a través de los campos, en la luz, que tu propia marcha cree tu ruta”.
Más brevemente, una figura esa sí que granítica, el surrealista Maurice
Blanchard, dejó apuntado este bello consejo: “Urinez dans les urnes”.
Se preguntan los firmantes de
este tract: “¿Podría llamarse
surrealista alguien que votase o hiciese la apología de cualquiera de esas
fuerzas retrógadas que son el PT y el PSDB, el neo-estalinismo y el
neo-liberalismo?” Evidentemente no, pero por mi parte, ácrata convicto en esta
cuestión y desde siempre, creo que da lo mismo que sean retrógradas o no: votar,
equivalente profano de la genuflexión religiosa, supone sancionar el Estado,
con todo su aparato represivo y su realidad monstruosa. Todo lo que no destruya
la Autoridad y la Jerarquía no debiera contar jamás con nuestro más
insignificante apoyo. No veo nada que permita mudar esta declaración del grupo
de André Breton, expresada en 1965: “Con respecto al régimen parlamentario y al
sufragio universal, nuestra posición ha sido siempre y continúa siendo la
posición libertaria”.
En cuanto a la política, fue
definida por Bierce como el “medio de ganarse la vida preferido por la parte
más degradada de nuestras clases delictivas”, algo que se confirma
constantemente. El romántico “bousingot” Philothé O’Needy escribía: “Desprecio
con toda la altura de mi alma el orden social y sobre todo el orden político,
que es su excremento”.
“No creemos que haya gente ligada
al surrealismo capaz de confesarse «apolítica» o neutra”, señala el texto
brasileño. Y eso ya es más discutible, según el sentido que se le quiera dar a
la palabra “política”. Cuando le fueron a hablar de esta a Marcel Duchamp,
respondió tan abruptamente como cuando lo inquirieron por “Dios”: “No hablemos
de ese asunto. No sé nada. No comprendo en absoluto la política y constato que
es realmente una actividad estúpida que no conduce a nada. Tanto si eso conduce
al comunismo, a la monarquía, o a una república democrática, para mí es lo
mismo”. Como es bien sabido, la política ha sido causa de tristes problemas y
trifulcas en el surrealismo, y ciñéndonos al grupo de París desde la desastrosa
inserción juvenil en el Partido Comunista Francés (que produjo la salida nada
menos que de Antonin Artaud, en lo que he considerado siempre la principal
ruptura, y única verdaderamente significativa, de todo la historia del
surrealismo) hasta la tentativa del sargento Schuster por apoyar
incondicionalmente a la dictadura cubana pasando por el llamado “affaire
Pastoureau”, a quien le disgustaba la hostilidad estalinista de la mayoría de
sus amigos. Muy finamente, hace unas semanas un amigo del surrealismo me
comentaba cuánto mejor habría sido que un Aragon y un Éluard hubieran dejado el
surrealismo para dedicarse, por ejemplo, a la alquimia o a la masonería, en vez
de a la detestable política partidaria a la que se dedicaron.
Ha habido, en fin, surrealistas
desinteresados de la política que han llevado a cabo una obra liberadora, y
otros cuya pasión política los ha llevado a cometer aberraciones que
automáticamente los descalificaban como surrealistas. Pero esta, por supuesto,
es una cuestión que exigiría muchos matices y que es imposible desarrollar
adecuadamente en estas pocas líneas. El tract
de estos dos grupos brasileños es un acierto al plantear estas cuestiones en un
contexto particular, que reprime una libertad elemental, como es sin duda la de
poder no votar. En los países en que ello
se permite, falta, aún, lograr otra: la de, llegadas las elecciones, poder
depositar nuestra orina en las urnas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












