lunes, 11 de marzo de 2013

Alain Gheerbrant

Un artículo de Anne Proenza en Le Monde del 27 de febrero informa de la muerte de Alain Gheerbrant, sucedida siete días antes.
Nacido en París en 1920, este escritor, poeta, editor, cineasta, musicólogo y etnólogo, fue un hombre de generosidad, inquietud y vitalidad poéticas. En 1985 le envió su libro de poemas L’homme ouvert a André Breton, quien le respondió efusivamente. Monta por aquellos años las ediciones K, donde apareció uno de los más grandes libros del siglo XX: Van Gogh o el suicidado por la sociedad, de Antonin Artaud, y también joyas poéticas como Siège de l’air, de Hans Arp. Interesado en las culturas amerindias, viajó al Amazonas en 1949-1950, viaje que originó el libro de referencia Orénoque-Amazone, publicado en el 52 y reeditado en el 92, así como el documental Des hommes qu’on appelle sauvages. Sus viajes son a partir de ahí constantes, pero siempre a las “zonas sensibles” del planeta, guardándose hoy sus carnés en unos fondos suyos de la Biblioteca Nacional parisina.
En 1969, con Jean Chevalier, publica Dictionnaire des symboles, la mejor obra sobre la materia, aparte la de Cirlot, que es insuperable. Ya en 1995 aparecerá La transversale, de memorias, en 1998 L’Amazone, ce géant blessé y en 2010 L’homme troué, selección de toda su poesía.


Pero para el surrealismo Alain Gheerbrant es un nombre familiar sobre todo por haber realizado con Camille Bryen la bellísima Anthologie de la poésie naturelle, a la que Anne Proenza no se refiere en su por lo demás muy rica y sensible semblanza. Ambos reunieron y presentaron los documentos (colaborando amigos como J.-B. Brunius, André Frédérique, Pieyre de Mandiargues, Paule Thévenin y Youki Fujita) y el libro apareció, por supuesto, en las ediciones K, armado con 8 espléndidas fotografías de Brassaï y maquetado por Pierre Faucheux. Año de 1949. Unos pocos representantes de esta “poesía natural” son bien conocidos: el cartero Cheval, Jean- Paul Brisset, Hélène Smith, Gaston Chaissac, el aduanero Rousseau.
La Antología de la poesía natural lleva al final una presentación admirable, por Gheerbrant y Bryen, de la que merecen extraerse algunos pasajes, siempre vigentes:
“Los poetas y los poemas no pueden hacer olvidar la poesía, y si la época ha desarrollado el fetichismo del individuo, ha revelado también que fuera de las normas estéticas, morales, o sea humanas, el fenómeno estético se manifestaba en estado puro.
Sin querer atacar una actividad respetable: la megalomanía poética, nos es necesario establecer que los poetas profesionales, los hombres de la lira, han colocado curiosas prohibiciones sobre la tierra de la poesía donde ellos explotan su filón. Un chino llevado a un hipódromo decía: “Hace mucho tiempo que yo sé que unos caballos corren más rápido que otros”. Del mismo modo, cada poeta profesional quiere ser el gran poeta. No solo su pegaso se convierte en un corcel destinado a «correr más rápido que los otros», sino que, fuera de su manera de explotar la poesía, considera cualquier otra manifestación poética como inexistente.
La poesía natural puede ser considerada como la expresión de una conciencia inmediata que no tiene otro criterio que su propia existencia. La más constante de sus características es la evidencia. Todas las comunicaciones entre los hombres revisten esta forma de coincidencia que se impone, teñida de psiquismo y de azar, flores o cristales rotos de esas zonas donde el inconsciente y el consciente se devoran, donde el humor y lo trágico se saludan. Los carteles desgarrados en las calles, las piedras simulando rostros humanos, las canciones de los barrios en que algunas palabras olvidadas forman una extraña melopea, las pinturas idiotas, los poetas que no se han sacrificado ni a las exigencias temporales de la lengua ni a su ortografía pueril, los discursos de los niños, los juegos de los mediums, los vidrios rotos según curiosas estructuras, he aquí algunos de los vehículos que nos conducen por los territorios de la poesía natural.
Ese estado de conciencia, esa comunicación con el universo no está obligatoriamente ligada a la existencia de los poemas o a la lectura de los poemas. Surge por las combinaciones de encuentros imprevisibles, al no ser el hombre un ser encerrado en sí mismo y al unirlo su vida poética a un universo que es el de la vida.
Es natural esa poesía porque participa del lujo de la naturaleza, en la que todos los reinos nos ofrecen ejemplos. (...)
Nosotros hemos dirigido nuestro radar en reacción contra los sentidos universitarios – ¿no es así, Jarry?– y hemos encontrado la poesía natural, la que es hecha por todos y no por uno, como decía Lautréamont –¿y no significaba eso, incluso sin saberlo, abrir la vía a una acepción de la poesía desnuda y primigenia, hecha no solo por todos, sino sobre todo, por TODO? –la que será el alma para el alma, como decía Rimbaud. Y por qué no citar como conclusión y como ejemplo de la poesía natural estos versos de Léon-Paul Fargue: “Au Pays de Papouasie / J’ai caressé la pouaise / La grâce que je vous souhaite / C’est de n’être pas papouète”.

Breves


Una nueva exposición de Ody Saban tiene lugar este mes en la galería Grand Rue de París, con el muy bello título de “Prohibido hacer callar a la jungla”.

*

En el mismo período de marzo, pero en São Paulo, se celebra esta exposición de Anasor Ed Searom, que también tiene todo que ver con las palabras de la jungla.

*

Una buena película sobre Virginia Tentindó, de 50 minutos de duración, ha hecho Fabrice Maze, con el título de Minimes innocences:
Hablan sobre ella Julio Cortázar, Mark Kober, Jean-François Rabin y Sarane Alexandrian, en cuya revista Supérieur Inconnu esta maravillosa artista argentina fue figura de proa.

*

Un buen amigo de “Surrealismo internacional” nos informa que la librería James Fergusson Books & Manuscripts ha puesto a la venta parte de la librería personal de David y Judy Gascoyne, además de publicar un catálogo de dicha colección titulado Every Printed Page is a Swinging Door.

lunes, 4 de marzo de 2013

Breves

Coincidiendo con la de Sergio Lima, se celebra otra exposición en la muy activa Fundación Eugenio Granell.


A propósito de Rik Lina, veamos esta colaboración automatista con Mário Cesariny, cuando este visitó Amsterdam, en 2001.


Ya se anuncia la exposición al alimón de Gregg Simpson y Guy Ducornet, quienes por cierto tienen en común expresarse también a través de la batería jazzística, Simpson incluso habiendo formado un grupo en los años 60.


Sobre los “Centinelas” de Simpson, leemos: “En la tradición del surrealismo abstracto, sus pinturas combinan el automatismo con elementos de paisajes y figuras, improvisados al carboncillo sobre el lienzo desnudo antes de la aplicación de la pintura. Las formas así creadas cambian al azar y al capricho de las miradas”
El título de la exposición de Guy Ducornet, en su alusión a La femme 100 têtes, se presenta como un homenaje a Max Ernst, pero también se refiere a que consta esta muestra de una centena de collages recientes “que son como un retorno a las fuentes de la creación pictórica basada en el azar objetivo, la improvisación pura y la vida que vivimos...” Guy Ducornet visitó recientemente la isla de Tenerife, para conocer el Teide, el Jardín Botánico de La Orotava y, en fin, los lugares celebrados por André Breton en L’amour fou, pero aún más lo impresionó una fulgurante estancia de dos días en la isla de El Hierro, fin del mundo de cierta soledad y silencio aún sobreviviente, tanto como para inspirarle una serie de collages, entre los que vemos aquí Sky Eye y Vision n. 2.


Y ya que estamos con imágenes, completemos la rápida evocación que el otro día hicimos de Carlos M. Luis con este collage suyo titulado Homenaje a Thelonious Monk, y que de nuevo nos lleva a asociarlo a su compatriota Jorge Camacho, quien hasta homenajeó al pianista genial en 1982. Al lado, una Composición de sabor más dadaísta.


Jeffrey Karl Boggarte es un nombre central en la fotografía surrealista de las últimas décadas, y así lo percibió Édouard Jaguer desde un principio. Sus fotomorfosis, hallazgo decisivo allá por mediados de los años 70, ya aparecían incorporadas a Les mystères de la chambre noire, citando Jaguer palabras del propio Bogartte: “El automatismo sigue siendo uno de los útiles más necesarios, con el cual liberamos de la esclavitud a los productos más verdaderos de la actividad del espíritu. El arte es el índice dejado sobre los lugares del crimen. Es también su testimonio. El crimen es la libertad, esa radiante digresión en las revelaciones del deseo”. Aquí tenemos, para demostrarlo, a las Solemn Daughters of the Analogue.


Y despedimos estas ricas notas breves con Alex Januário, quien, desde el Brasil, y a propósito de la reseña que hace siete días hicimos de Paris des surréalistes, nos sugiere un libro colectivo, que sin duda sería apasionante, con las impresiones parisinas de algunos de los muchos surrealistas de otros lares que han visitado la vieja capital del surrealismo, entre ellos diríamos que él mismo, ya que en una foto lo hemos visto, con el rostro de los soñadores de La Révolution Surréaliste, bajo el letrero de la Place André Breton. De carácter giratorio, este es uno de sus collages sobre grabado.


A Phala, a punto



En unas pocas semanas, ya estará impreso el n. 2 de A Phala, “revista del movimiento surrealista”, dirigida por Sergio Lima, con un contenido de 400 páginas. En ella va incluido como apéndice un trabajo mío titulado “Almanaque surrealista del último lustro (2008-2012)”, que aquí presento. Como empiezo por aclarar, su contenido es inevitablemente incompleto, y ya he de anotar que solo hace unos días tuve conocimiento de la publicación de Will Alexander The Brimstone Boat: For Philip Lamantia, aparecida el año pasado, como tampoco llegué a tiempo de referirme al librito de los fotomontajes de Neil Coombs The Phantoms of Surrealism –fotomontajes que, junto a los “objects of sleep” de Patrick Hourihan, me parecen un verdadero acontecimiento en el surrealismo más reciente–, ni al n. 5 (The Surrealist Cookbook) de la revista Patricide, ambas ediciones, sin embargo, ya reseñadas en “Surrealismo internacional”.
Almanaque surrealista del último lustro (2008-2012)
El buque surrealista prosigue su travesía ya pronto casi centenaria. Durante los cinco años de espera de este almanaque de A Phala, no han sido pocos los signos emitidos, a veces simultáneos, desde los más variados puntos geográficos. De ellos vamos a dar cuenta fulgurante, aunque necesariamente incompleta, incluyendo también algunas acciones aledañas, o que, pese a su carácter historicista, interesan sobremanera al surrealismo.
Las revistas siguen siendo el medio de expresión colectivo por excelencia del surrealismo. El grado de la veteranía va aquí para la holandesa Brumes Blondes, que cumplió su cuarta serie entre 2008 y 2010, como siempre con 8 números y como siempre con abundancia de colaboraciones muy rigurosas. Le sigue en antigüedad Analogon, del grupo checo y eslovaco, ya por su n. 67 (si Brumes Blondes comenzó en 1964, Analogon lo hizo en 1969). Los grupos de Madrid y Leeds, por su parte, publicaron, respectivamente, el n. 19-20 (2010-2011) de Salamandra y el n. 3 (2011) de Phosphor (“a surrealist luminiscence”), ambos muy ricos de contenido. El grupo chileno dedica en noviembre de 2012 un número especial de Derrame a Artur do Cruzeiro Seixas. El griego, de formación más reciente, ha sacado, en 2012, el n. 5 de Klidonas, incluyendo los resultados de unas colaboraciones con los muy activos grupos de Estocolmo y de Londres, que por cierto tienen una fuerte expresión en la red. El londinense (slag) constituye ahora mismo el polo de actividad más firme del surrealismo, junto a los checos y eslovacos y al poderoso emporio portugués, que reúne, junto al Cabo Mondego, no solo a una serie de figuras fijas, sino a notables visitantes como, en este mismo año, el australiano Michael Vandelaar o el canadiense Gregg Simpson. Miguel de Carvalho, junto a Rik Lina y otros amigos, dieron a conocer en 2011 el primer número de Debout sur l’oeuf, lujosísima caja llena de documentos y propuestas fascinantes.
En Montreal sigue saliendo, con los más variados escritos e imágenes del surrealismo de todos los tiempos, La Tortue-Lièvre, mientras que en São Paulo ha aparecido en 2012 la décima “hoja de baobab” de Quimera que passa, expresión del grupo surrealista de São Paulo, completando el panorama el n. 4 (2011) de Styxus, del grupo surrealista checo Stir Up, el segundo (2012) de Loup-Garou, magazín de La Belle Inutile, y el noveno de The Oystercatcher (2012), animada por Ron Sakolsky, quien además ha reunido en 2012 sus escritos en el explosivo libro Scratching the Tiger’s Belly. Junto a estas revistas estrictamente surrealistas, no dejaremos de anotar los dos lujosos números de L’Or aux 13 Îles (2010-2011), dirigida por Jean-Christophe Belotti, ya que su contenido es del máximo interés para el surrealismo. Ni el de despedida (2011) de Supérieur Inconnu, dedicado íntegramente a Sarane Alexandrian.
La fórmula del “almanaque” empieza a imponerse, como tal pudiendo considerarse el primer número de Hydrolith (“surrealits research & investigations”), aparecido en 2010 y que anuncia para 2013 un segundo volumen; a lo largo de 240 páginas, incluye numerosísimas colaboraciones de surrealistas del mundo entero, tratándose de una publicación capital. Algunos de los nombres que participan en Hydrolith ya lo hacen en The Somnambulist Footprints. A Collection of Surrealist Tales (2008), edición e introducción de Eric Bragg, quien, siempre en sus ediciones de Oyster Moon Press, ha editado su novela y texto automático The Midnight Blade of Sonic Honey, con portada e ilustraciones de Ribitch, y la colección de ensayos, en colaboración con el grupo de Madrid, The exteriority crisis: from the city limits and beyond, ambos de 2008; la versión española de esta última apareció recientemente, en Madrid.
En cuanto a exposiciones, el carácter más abiertamente internacional marca las de “O reverso do olhar”, en Coimbra (2008), “El umbral secreto”, en Santiago de Chile (2009-2010), y “Surrealism in 2012: Toward the World of the Fifth Sun”, en Pensilvania. Útiles catálogos llevan las dos primeras, y excepcional por completo es el de la exposición retrospectiva (1990-2011) del grupo checo y eslovaco, titulado Other Air (2011), que basta como refutación, si hiciera falta, a los que insisten en considerar el surrealismo como un fenómeno del pasado. Por cierto que la última película de Jan Svankmajer, Sobrevivir a la vida (teoría y práctica), es de 2010, lo que, en terreno fílmico, nos lleva a anotar asimismo el bello libro de Sergio Lima O cinema dos surrealistas. O olhar selvagem (2008), originado en un ciclo cinematográfico dedicado en São Paulo al cine y el surrealismo, así como tres ediciones en dvd: de L’invention du cinéma de Zimbacca, Bédouin y Péret, con otros materiales de mucho interés; de L’imitation du cinéma de Marcel Mariën; y de Mr. Fantômas de Ernst Moerman, La perle de Henri d’Ursel y Pour vos beaux yeux de Henri Storck, bajo el título, que permite albergar algunas infamias, Avant-garde 1927-1937. Las dos últimas son ediciones belgas, presentadas por Xavier Canonne.
En 2008 apareció el cuarto tomo de las obras completas de André Breton, bajo el engañoso nombre de Écrits sur l’art et autres textes, porque realmente se trata de toda su obra última, en la que el apartado artístico solo es una parte. Her de Vries, en 2010, ha editado perfectamente las cartas y los dibujos de Nadja, en sendos libros necesarios para el amante del “viejo cubierto de estaño anterior a la invención del tenedor”. Y en cuanto a monografías sobre una figura mayor del surrealismo, aunque abundantes, se lleva la palma la dedicada en 2011 a nuestro amado Anthony Earnshaw: Anthony Earnshaw. The Imp of Surrealism. Otra figura en destaque ha sido Yves Elléouët, con un amplio catálogo de las ediciones Coop Breizh en 2009. Por su parte, un encantador amigo del surrealismo, William Copley, ha recibido en 2012 el catálogo que merecía, editado por el museo Frieder Burda.
Ensayo lúcido y profundo es Potence avec paratonnerre. Surréalisme et philosophie (2012), de Georges Sebbag, quien ya anuncia una continuación más allá de las primeras décadas y a quien también se debe el bellísimo volumen Memorabilia. Dada & Surréalisme (2010), fino y sugestivo estudio de una serie de artísticas “constelaciones desapercibidas”. En el terreno ensayístico, anoto también el muy serio trabajo Le surréalisme. Parcours souterrain (2012), de Patrick Lepetit, y la última recopilación de la siempre incisiva Annie Le Brun, Ailleurs et autrement (2011). En cuanto a los panoramas artísticos, Arturo Schwarz, con Dada e Surrealismo riscoperti (catálogo de 2009), ya de por sí enorme, anuncia en Skira una monumental obra sobre el surrealismo desde sus orígenes hasta el presente, y de Alexandrian se publicó en 2009 el diccionario Les peintres surréalistes. En Brasil, Sergio Lima dio a la luz en 2010 la primera parte del tomo segundo de A aventura surrealista, que lidia con los eventos anteriores a 1921.
El capítulo de antologías dio en estos cinco últimos años tres libros irreprochables, que en ningún caso marcan límites temporales: Black, Brown and Beige. Surrealist writings from Africa and the diaspora (2009), editado por Franklin Rosemont y Robin D.G. Kelley, Surrealism in Greece (2008), editado por Nikos Stabakis, y Au treizième coup de minuit. Anthologie du surréalisme en Angleterre (2008), editado por Michel Remy. Sí acotan un período La main à plume... Anthologie du surréalisme sous l’Occupation, de Anne Vernay y Richard Walter (2008), e Insoumission poétique. Tracts, affiches et déclarations du groupe de Paris du mouvement surréaliste. 1970-2010 (2011), de Guy Girard, este segundo, claro está, no una antología, sino la continuación de los dos tomos de Jose Pierre Tracts surréalistes et déclarations colectives, que iban de 1922 a1969. Por último, Laurens Vancrevel, y quién mejor para hacerlo, ha publicado en 2012 la antología de la poesía surrealista neerlandesa (Nieuwe anthologie van de Nederlands e surrealistische poëzie), a la vez que una amplia selección de sus propios artículos, cuyo título traducido sería La atracción magnética de 1713, como en 2009 la de sus poemas de 1960 a 2008 (Het onzichtbare leven); los tres libros, en las ediciones de Brumes Blondes, muy activas en estos últimos años.
Párrafo aparte merecen los dos extraordinarios tomos titulados Invisible Heads. Surrealists in North America. An Untold Story (2011), donde Thom Burns y Allan Graubard pasan revista apasionante a un colectivo que ha desarrollado su actividad, muy fértil, en cinco ciudades estadounidenses a lo largo de las últimas cuatro décadas. Mutilada quedaría la historia del surrealismo en ese país si se redujera a la del grupo de Chicago, por lo que esta obra llena un vacío con gran riqueza iconográfica y textual, incluyendo las experiencias de Thom Burns y Jean-Jacques Jack Dauben con los indios hopis, de quienes todo surrealista es un amigo absoluto.
En 2009, Jan Schlechter Duval, poco después desaparecido, publicó The Aventures of Desirée, colección de hermosos dibujos dedicados a Unica Zürn con una introducción de Laurens Vancrevel, un texto del propio Schlechter Duval sobre su arte del automatismo, un artículo de Richard Waara y un poema de Jhim Pattison. En el mismo año, Debout sur l’Oeuf edita, dentro de una caja de habanos Romeo y Julieta, los ocho cuadernos automáticos, manuscritos, de Sergio Lima Cantos à mulher nocturna, de 1957, con los collages originales. A su compatriota Zuca Sardan dedicó la revista La Página en 2008 su número 73, con numerosos textos y dibujos. En el mismo año, Penelope Rosemont publica el bello libro evocativo Dreams & Everyday Life. André Breton, Surrealism, Rebel Worker & the Seven Cities of Cibola, y Raúl Henao La doble estrella. El surrealismo en Iberoamérica. Notas y entrevistas poéticas, lleno de breves textos muy importantes. Uno de ellos se ocupa de Fernando Palenzuela, como el propio Henao uno de los grandes poetas de América y que en 2012 ha publicado Esfera inacabada. De otro de los grandes nombres del surrealismo americano, Ludwig Zeller, han aparecido en 2012 Encuentros oníricos y Femme en songe suivi de Quand l’animal des profondeurs surgit la tête éclate, ilustrado por Susana Wald, de quien a su vez apareció en 2011 Les ultrameubles de la passion.
El collage, que hasta da nombre al actual grupo brasileño Decollage, sigue siendo una de las formas expresivas claves del surrealismo. Queremos destacar aquí, aparte los cultivadores checos y eslovacos, bien representados en Other Air, a un incansable investigador y descubridor de nuevas técnicas, Richard Misiano-Genovese, pero en este mismo número de A Phala tenemos a Alejandro Puga, a Lou Dubois –cercano al surrealismo–, a Alex Januário –quien en 2009 publicó en las ediciones Loplop Sete anos, seguido de una “memoria descriptiva” por Marcus Salgado– y a Miguel de Carvalho. Las publicaciones de este último son incesantes: por ejemplo, en 2008 ilustró con collages Hippocampus de Allan Graubard y en 2011 expuso en Praga los de Jardines nocturnos –fuera del collage, es un trabajo insólito de poesía visual el realizado junto a Rik Lina Palavras-tinta. Ink-words, 2009. Insólitos también, un verdadero acontecimiento, son los “fantasmas del surrealismo”, fotomontajes de Neil Coombs, el fundador de la revista Patricide, dados a conocer a fines de septiembre de 2012 en el castillo de Bodelwyddan, y que esperamos marquen presencia en el próximo número de A Phala. Otra aportación sumamente original nos parecen las cajas del narrador y ensayista Mattias Forshage, figura decisiva del surrealismo actual, que las expuso en 2012.
Ningún surrealista podrá quedar indiferente a los collages de Aube Elléouët, no por tratarse de quien se trata, sino por ser una pura delicia, con tres preciosos catálogos ya en la galería 1900-2000, el último de ellos, Le jeu de l’aube à tire-d’aile, mostrando su exposición de 2012.
El citado Misiano-Genovese ha publicado en este período dos libros eróticos fotográficos de relieve, ambos en las ediciones de La Belle Inutile: Black Studio, en 2010, y Secrets in Red and Green, a fines de 2012, con un largo texto poético-teórico de Sergio Lima sobre la imagen, que Laurens Vancrevel traslada al inglés.
En el terreno pictórico, hemos de señalar otros dos “acontecimientos”. El primero es la invención de las “creaciones fusionales” de Ody Saban y Thomas Mordant, surgidas en 1990. Ella misma habla de estas creaciones en el n. 2 de S.u.rr..., relatando cómo comenzaron a dibujar conjuntamente colocándose lado a lado, de pie, en un estado fusional y, por supuesto, sin ninguna preocupación estética. Las decenas de dibujos resultantes las firmaron Mordysabbath, unidad poética que distingue estos dibujos realizados en perfecta fusión de otros de creación también común, pero en los que no se produce dicha fusión. En los dibujos de Mordysabbath “no reconocemos nuestras inspiraciones habituales, ni siquiera superpuestas, sino una inspiración en lo esencial completamente nueva”. Y añade: “Lo que realiza un estado de fusión elevada es sobre todo el deseo inconsciente y consciente de alcanzar ese estado. Sin embargo, ciertas reglas semi-espontáneas nos parecen favorecer ese proceso: obrar siempre en los mismos momentos con la misma obra; metamorfosear sistemáticamente lo que podemos distinguir como la contribución del otro; durante el acto, no formular ningún proyecto, ninguna crítica”. Mordysabbath es “un ser surrealista”, ajeno, pues, a la división tradicional de los seres, no restringiéndose su actividad al dibujo, sino también al relato. Ody Sabbath, que formó parte del grupo surrealista parisino entre 2000 y 2007 y continúa considerándose surrealista, desarrolla por otra parte una obra plástica espléndida y sumamente distintiva.
El otro de estos acontecimientos son los dibujos automáticos de Patrick Hourihan, miembro del citado Surrealist London Action Group (slag), quien a fines de 2012 ha publicado Objects of Sleep, colección de pinturas de enorme fuerza imaginativa –una verdadera revelación.
Jean-Claude Charbonel y John Welson, dos nombres bien conocidos del surrealismo, indagan estos últimos años en “la mirada celta”, titulándose su exposición de 2011 en Aberystwyth “Surrealism: The Celtic Eye”. De Charbonel apareció en 2009 una edición enriquecida del dvd dirigido por Ludvic Tac Les voyageurs du temps des rêves armorigènes. Cercano a Jean-Claude Charbonel, Jacques Lacomblez, otro nombre clásico, prosigue de modo imperturbable una obra esencial, la portada del pequeño catálogo que mostramos perteneciendo a una exposición de 2009. Otros “veteranos” que siguen live and well son Jorge Kleiman, quien a fines de 2012 presentaba en Buenos Aires su exposición “Intar?”, y Allan Glass, a quien la colección “Phares” ha dedicado uno de sus más interesantes dvds, con un libreto en que aparecen obras recientes. En cuanto al huracán Rik Lina, presente con fuerza en A Phala, se publicó en 2009 el muy buen catálogo de Oporto A bigorna e o anjo.
Sin que nos sea posible la exhaustividad, nombraremos por último a tres nombres que han estado o están asociados al grupo parisino: Jean-Pierre Paraggio, Joël Gayraud y Guy Girard. El primero es un artista de muy original inventiva, que además continúa con sus ediciones del umbo y el boletín L’Impromptu, en los que menudean hallazgos a los que no puede ser indiferente el surrealismo, como por ejemplo las cartas del tarot de Elena Almau, quien realiza en la acartonada España, donde vive en medio de los páramos castellanos de los Montes Torozos, unas piezas llenas de frescura imaginativa. De Joël Gayraud, apareció en 2010 el poema Clairière du rêve, precisamente acompañado, en portada e interior, de las muy características imágenes de Paraggio, y precisamente en la “Collection de l’umbo”, y en 2012 las narraciones de derivas Passage public. Guy Girard, por un lado, ejecuta placenteras pinturas no menos personales e intransferibles que las de Paraggio, dando muestra parisina de ellas en 2010 (“Un air de printemps”) y 2011 (“Napoléon et quelques autres...”), y por otro se ha autoeditado en 2012 Trois poèmes coréens, Tarzan est un autre (otro homenaje del surrealismo como movimiento al surrealismo involuntario popular) y una auténtica joya: el Abrégé d’histoire universelle vu en rêve, breve pieza maestra de narración onírica, que nos lleva en este terreno a anotar también el excelente ensayo de Julio Monteverde, miembro del grupo Salamandra, De la materia del sueño (2012).
La expresión surrealista en la red es ahora mismo muy rica, siendo la mejor lista de enlaces, rigurosa y exhaustiva, la elaborada por el grupo de Estocolmo:
Toda esta cosecha lustral, reunida, y sin duda que se nos escapan cosas, resulta cuanto menos sorprendente, y supone a la vez, para la opacidad del mundo, un no rotundo y una alternativa poética.

lunes, 25 de febrero de 2013

París de los surrealistas


Esta Guía del París surrealista vuelve a llevarnos a la capital del surrealismo, en tiempos menos hostiles que los de hoy, o sea en aquel período de los años 20 y primeros 30 en que aún no se habían apoderado de ella la barbarie automovilística y la barbarie turística, ni las aberraciones arquitectónicas abundaban, empezando por la de ese mamarracho de centro artístico moderno que hoy usurpa el lugar de un mercado donde hervía la vida popular. La tercera vez que yo pisé París fue en 2003, y ya no se me verá jamás por ahí: tráfico criminal adueñado de la urbe, caterva turística hasta en el antaño íntimo museo Gustave Moreau, y que me disuadió de entrar en el de las Plantas, por no hablar de la catapulta humana que de pronto se me abalanzaba en las escaleras de un metro cuando, tras numerosas subidas y bajadas, me dirigía a tomar la composición que me llevaría al cementerio de los Batignolles para ver in situ los magníficos epitafios de Breton y Péret. Allí tuve que recular, y me dije: París, nunca más (por lo demás, como arribé en el tren portugués, al salir de la estación de Montparnasse me vi rodeado de espantosos edificios ultramodernos, primera experiencia amarga de mi vuelta a la ciudad).
Esta guía se limita a aquel período, y el París elegido es el de André Breton, Louis Aragon, Robert Desnos, Jacques Prévert, Philippe Soupault y René Crevel. Lo primero que puede decirse es que el París mítico del surrealismo es el de André Breton (Nadja sobre todo, pero también El amor loco, Los vasos comunicantes y “Pont-Neuf”) y el de Louis Aragon (El campesino de París y, en menor medida, Aniceto  o el panorama). El de Desnos y el de Prévert ofrecen menos atractivos, y menos aún los de Soupault y Crevel. En cambio, un buen trabajo creo que podría hacerse con el París de los poemas y de los fabulosos cuentos de Benjamin Péret (si yo viviera en París, me lo propondría, máquina de fotos en mano). No podemos olvidar, ya posteriormente, el riquísimo París de Léo Malet, porque, aunque sus novelas solo tengan cierto espíritu surrealista, ese está presente precisamente en su captación de la ciudad.
Guide du Paris surréaliste es un libro bonito, con muchas y buenas fotos y va acompañado de unos mapas muy útiles para el viajero. Henri Béhar se encarga de la introducción y elabora al final una lista de lugares surrealistas. Algunas mutaciones han sido brutales: el Cafe Cyrano convertido en fast-food y el de la Nouvelle-France en restaurante asiático; el Certà o el Pasaje de la Ópera, desaparecidos; en el lugar del hogar surrealista de la Rue du Chàteau, un solar vacío... Pero donde hay siempre queda, y eso es lo que vale la pena inspeccionar, a la vez que aún es posible, quizás, dejarse llevar por lo que llamaba Breton “el viento de lo eventual”.
El primer capítulo lo hace Mireille Hilsum, y lo titula “Equívoco moderno y maravilloso: el París de Louis Aragon”, centrándose, claro está, en El campesino de París, que sigue siendo uno de los grandes libros del surrealismo, con su ruta de pasajes y la descripción de les Buttes-Chaumont. En torno a este último, sorprenden las muchas cosas ya desaparecidas en tan escaso perímetro, aparte que ya, a diferencia de los tiempos aragonescos, no sea posible visitarlo por la noche.


Emmanuel Rubio comienza hablando de la “estética surrealista” y de “nuestra modernidad artística”, pero lleva a cabo luego un buen trabajo, con la materia más fascinante del libro: el París de André Breton. Pasamos por el Boulevard de Clichy, la Place Blanche, la Rue Fontaine, el museo Moreau, “la muy bella y muy inútil puerta Saint-Denis” (y ahí podemos admirar la muy bella y muy útil foto que hizo Atget en 1926), la Place Dauphine, el Pont-Neuf, el fenecido mercado de Les Halles, los parajes de Flamel y Pernelle, la torre Saint-Jacques, el Mercado de las Flores de la Île de la Cité... El periplo se inicia con un vacío: la estatua de Charles Fourier, convertida en materia de obuses por la canalla nacional-socialista, y cuyo zócalo, según nos refiere una nota de Emmanuel Rubio, está hoy, tras habérsele puesto encima una falsa cabina telefónica, encerrado por un cubo transparente, lleno de las pintadas totalitarias (ya que aparecen en todos los rincones del globo) y coronado por una enorme manzana de metal plateado... Signo de los tiempos, y desde luego más indicado para lanzarle un obús que para llevarle flores. ¡Pobre Charles Fourier!
El paseo de René Crevel al menos ha sido hecho por su mejor conocedor y estudioso, que es Jean-Michel Dévesa, o sea que mejor imposible. Algo más animados son los de Desnos y Prévert, ya que tienen como ventaja llevarnos al París popular. Laurent Flieder ha pergeñado el primero y Danièle Gasiglia-Laster el segundo. En el texto sobre Prévert, es un placer encontrarnos con su defensa de una crítica intuitiva e imaginativa frente al dogmatismo estructuralista, que dios tenga en su seno; incluye una bella foto de Adrienne Monnier en su librería, que tanto dio a conocer el surrealismo y que de hecho fue donde Prévert lo descubrió.
En este contexto de buenos estudios, el lamparón viene del paseo soupaltiano que hace Myriam Boucharenc, quien, para defender a su héroe, vuelve sobre la pamplina de la “ortodoxia”. El París de Soupault existe por Les dernières nuits de Paris, una buena novela, pero que, como obra surrealista se queda a muchos años luz de Nadja y de El campesino de París (las cuales, para empezar, no son novelas, sino hasta anti-novelas). La estudiosa de Soupault las equipara, pero además fabula (y cómo cansan ya estas fabulaciones nadjianas) con que la Georgette de Soupault y Nadja puedan haber sido la misma persona; aparte ello, afirma en un momento que no existe retrato de Isidore Ducasse, cuando a fines de los años 70 se dio a conocer uno en Le visage de Lautréamont de Jacques Lefrère.


Por los mismos días que leía Guide du Paris surréaliste, recibí, regalo de mi amigo Guy Ducornet, un librito de 56 páginas titulado Paris surréaliste y publicado en 1991, con fotos de Rodolphe Hammadi y texto de Gérard-Georges Lemaire. Entre las fotos, destacan la de la estatua erótica del Musée Grévin, la de una tienda sobreviviente de “Bois-charbons”, la de la Conciergerie y la del busto de Henry Becque, todas ellas familiares para los lectores de Nadja. Lemaire dirigió en 1997, por cierto, la obra muy rica, en dos tomos, Théories des cafés, que incluía el trabajo de Georges Sebbag “Le café surréaliste”, prospección espléndida en el París surrealista de los bares y cafés.
El París surrealista fue objeto en 1973 de un libro sin vuelo alguno de Marie-Claire Bancquart. En 2005 apareció en Barcelona Paris i els surrealistes, repleto de ilustraciones y con trabajos poco distinguidos, a pesar de las buenas firmas con que contó, pero que además tiene un título completamente engañoso, ya que la exposición que lo originaba no era sino una exposición más sobre el “arte” surrealista y París solo está presente a título decorativo.


Ni en Paris i els surrealistes ni en la reciente guía  aparece citado el mejor libro sobre la materia: Paris and the Surrealists (Thames and Hudson, 1991), del gran George Melly, con un centenar de admirables fotos de Michael Woods. Libro espectacular, hecho por poetas, y que concluye con la visita de Melly al cementerio de los Batignolles para ver el “Je cherche l’or du temps”, y con la visión de un París donde Breton y sus amigos “no solo buscaron el oro del tiempo, sino que lo excavaron para el enriquecimiento de todos nosotros”.
La primera vez que yo visité París fue en 1984, rumbo a Lincolnshire, Nordeste de Inglaterra, donde iba a ver a una amada amiga canaria. Lo que debía ser una noche plácida fue una noche alucinante. Había no sé qué congresos en París, y no encontré alojamiento alguno, por lo que decidí quedarme en la estación. Solo que la estación la cerraban a medianoche, así que tuve que dejar el equipaje en consigna y me lancé a caminar por la ciudad, con prisas por el frío. Pocos coches circulaban, y atravesé un París cuyos monumentos adquirían al punto un aura fantasmal. Recuerdo verme también sobre el puente del cementerio de Montmartre, y a un tipo con unas prostitutas que me llamaba en la calle Pigalle. Una bella dama de piel caoba me paró su coche con un “bonsoir”, pero, ay, yo había dejado el dinero que traía en  consigna, previendo algún conflicto en el París de la madrugada... Y mejor fue así, porque aquel viaje nocturno fue indeleble en su extrañeza absoluta


Dos años después, ya me lancé a la conquista campesina de París, quedándome allí unos siete días de mayo. Mi vademécum fue un maravilloso libro publicado un año antes, ya que, aparte traer infinidad de noticias curiosas, se abría con una serie de mapas, entre ellos del París de Nadja, el de Maldoror, el de los pasajes y el de Fantômas, todos los cuales fotocopié para hacer los recorridos del modo más escrupuloso, y sumándoles algunas referencias sacadas de la guía y ciertos espacios de las maravillosas historias de Adèle-Blanc-Sec, que se habían traducido en España. Conservo las fotos de aquellos días frenéticos: la torre Saint-Jacques, la puerta Saint-Denis, los Buttes-Chaumont, el restaurante Chartier (donde almorcé, asediado por la sombra del Conde de Lautréamont, que había muerto en aquel edificio), el pasillo de la casa donde vivía André Breton (a un lado de la entrada el aviso “Danger de mort”), la plaza Dauphin con el hotel Henri IV, la estatua del Caballero de la Barra, el arco del triunfo del Louvre (por Péret), las reservas de agua de Montmartre (que Fantômas hizo reventar), las construcciones de Ledoux, el París de Nerval y de Van Gogh, el de las catacumbas y el de las cloacas, el de Flamel y Pernelle (con su vieja casa, pero también con el más moderno cruce de sus calles), las tumbas de Nerval y Raymond Roussel en el Père Lachaise (la primera objeto de un delicioso texto del Courtot de los tiempos de L’Archibras, y la segunda con su rincón para el ajedrez), la cadena de pasajes (incluidos el de los Panoramas y mi favorito, el del Deseo), el cruce de las calles Vivienne y Colbert (canto VI de Maldoror, y con un enorme y ufano gallo encima de un nicho), el parque Monceau y el canal Saint-Martin (por Tardi), el baudeleriano ángel de lo bizarro de la Rue de Turbigo (también fotografiado por Michael Woods), etc. Con doce de esas fotos acompaño esta nota, en grupos de cuatro.
Al parecer, en la Rue du Pont-Neuf, n. 33, aún existe el restaurante “Le chien qui fume”, que nombra André Breton en “Tornasol”. Yo me lo encontré, pero en una calle de Oporto, o sea en versión portuguesa, y allí paré unas cuantas veces, porque no solo me recordaba el poema de Breton, sino porque se comía muy bien y era totalmente popular, sin un solo ápice de aburguesamiento por aquellos aún no tan adulterados tiempos.

Breves


Lamentamos dar la triste nueva de la desaparición del poeta y ensayista cubano Carlos M. Luis (1932), sobre cuyos espléndidos trabajos en la revista Agulha hemos hablado en “Surrealismo internacional”. Esperamos que su anunciado libro Horizontes del surrealismo pueda ser publicado prontamente, y sabemos que su amigo Enrique de Santiago intenta sacarlo en Santiago de Chile. Algunos de los ensayos que lo componen, todos ellos magníficos, ya han aparecido en Agulha, y con este libro vería continuidad su labor ensayística, que ya dio dos títulos de referencia: Tránsito de la mirada (1991) y El oficio de la mirada (1998).
En esta reciente fotografía, que el citado Enrique de Santiago ha tenido la amabilidad de hacernos llegar, vemos a Carlos M. Luis en su despacho, rodeado de libros y con dos detalles que llaman la atención: la presencia de media docena de muñecas kachina en los anaqueles y el libro Bocetos de Jorge Camacho sobre la mesa. Carlos M. Luis colaboró en esta importante publicación con uno de sus textos siempre tan lúcidos, y además Jorge Camacho era otro amante de las poéticas muñecas hopi, como el propio André Breton.
*
Ya a la vista el n. 9 del boletín del umbo (L’Impromptu), la serie Passage du Sud-Ouest anuncia dos nuevos cuadernos: À Gambo, poemas de Louis-François Delisse con 4 estelas de Jean-Pierre Paraggio, y Et on s’en va, poemas de Jean-Yves Bériou sobre cinco dibujos de Jean-Pierre Paraggio y traducción española de Ildefonso Rodríguez. Para el resto del año se prometen textos de Guy Cabanel/Georges-Henri Morin, Jacques Abeille, Anne-Marie Beeckman y Pierre Peuchmaurd.
*
Un rápido vídeo inspirado en la exposición “Other Air”.
*
Hace siete días ya publicamos la invitación a la exposición que celebra Sergio Lima en la Fundación Eugenio Granell. “Retorno a lo salvaje”, impactante colección inédita de dibujos de los años 57 y 58, ya fue objeto de un catálogo por parte de la Fundação Cupertino de Miranda, en 2007.

*
París vuelve a ser en marzo la capital del surrealismo, con la exposición que al alimón harán Guy Ducornet y Gregg Simpson. Tendrá lugar en la Kameleon Gallery. Un curioso rasgo común entre ambos: son finos baterías de jazz, y Simpson hasta tocó con un grupo suyo allá por los años 60.

Centenario de Adolphe Acker

Adolphe Acker nació el 25 de febrero de 1913 y murió el 9 de julio de 1976. Hoy, pues, celebramos su centenario.
Militante trotskista, e incluso delegado en los congresos internacionales, se incorpora al surrealismo en 1932, firmando sus tracts y participando en el grupo Contre-attaque y en la revista de la fiari Clé. Al igual que Benjamin Péret, trabajaba como corrector de imprenta, hasta que concluyó sus estudios de medicina, convirtiéndose desde 1940 en el médico de los surrealistas, de los trotskistas, de los sindicalistas y, en general, de todos los que luchaban contra el nazismo y estaban cerca de él. Se incorpora luego a La Main à Plume (1941-1944), donde, por su origen judío, firma como Adolphe Champ y Paul Chancel.
Años después, es uno de los que –con Hérold, Brauner y Pastoureau– acompañan a Breton en la turbulenta respuesta a la conferencia que sobre el surrealismo dio en 1947 el estalinista Tzara. Pero se aleja del grupo (y del surrealismo) a raíz del affaire Carrouges, o sea en 1951, al solidarizarse con Pastoreau; su desacertada postura es bien comentada por Jose Pierre en Tracts surréalistes (I, pág. 340), cuando lo asocia a los llamados “surrealistas revolucionarios”, aunque Acker nunca aceptó el estalinismo. Y más perdió él con esa postura que el surrealismo, a cuyo destino había unido el suyo durante dos décadas.
Acker es un curioso ejemplo de militante surrealista sin obra –por algo en un artículo sobre Vaché (La Main à Plume, 1941) habla de “nuestra pereza legítima y natural” y en “Trayectoria de la libertad” (Informations surréalistes, una de las últimas publicaciones de La Main à Plume, 1944) de “un cierto desprecio por la tinta de imprenta, una presión constante sobre la realidad por la manera de vivir, por los juegos, por el amor, por lo insólito”.
En Transfusion du Verbe, tercera publicación de La Main à Plume, aparecida a fines de 1941, Acker se ocupaba de la película de Brunius Violons d’Ingres (1939), con palabras que también merecen ser evocadas:
“No dejemos limitar nuestro horizonte. No nos dejemos encerrar en un museo Grévin del surrealismo. Que los traficantes de literatura montparnassiana se imaginen que basta adueñarse de algunas consignas y de algunas imágenes de almanaque para dar la ilusión de una actividad valiosa y auténticamente surreal, es su problema. Nosotros no podremos justificar nuestra acción sino por una ambición desmesurada, una investigación apasionada de todos los sueños, de las excursiones locas por las perspectivas del Ser. Reunámonos con los constructores de Inútiles”.
En 1943, Acker muestra su lucidez al señalar contundentemente el carácter nocivo de la presencia en el grupo tanto de Éluard como de Hugnet. Al año siguiente publica “Trayectoria de la libertad”, un gran texto que concluye con estas bellas palabras:
“Tú que estás obsesionado, tú cuya imaginación ve fácilmente un caballo galopar sobre un tomate, haz el mundo a tu imagen, proyecta tus sombras, proyecta tus fantasmas, la libertad tiene necesidad de ti”.
Sobre estos años de Adolphe Acker, hay que consultar el siempre útil libro de Michel Fauré Histoire du surréalisme sous l’Occupation (1982) y y el de Anne Vernay y Richard Walter La Main à Plume... Anthologie du surréalisme sous l’Occupation (2008), que reproduce “A propósito de Jacques Vaché” y “Trayectoria de la libertad”.