miércoles, 9 de enero de 2013

Aromas fourieristas del Brasil: Löwy, Januário, Zuca


En medio de la infamia de los totalitarismos y de la mediocridad también infame de la realidad aceptada, ayer y hoy, el surrealismo, ese capítulo en llamaradas líricas de la historia de la rebeldía, se ha atrevido a hablar del esplendor de la Poesía, de la magia del Amor, de la pasión de la Libertad. De los poderes alquímicos de la Imaginación. Y continúa y continuará haciéndolo.
Afrontamos con renovados bríos el año 2013, y lo iniciamos en “Surrealismo internacional” con imágenes de tres amigos brasileños.
Michael Löwy es uno de los grandes ensayistas del surrealismo, con libros de referencia sobre el surrealismo y el marxismo, sobre el romanticismo revolucionario, sobre Kafka como “soñador insumiso” y sobre Breton en Haití, aparte numerosos escritos más breves, y siempre incisivos, entre los que nos anuncia uno sobre Mariátegui y el surrealismo. Su faceta más lúdica es la que tenemos aquí, por un lado como descubridor de los revuelos del Ángel de la Matemática y por otro con El sueño del caballo amarillo.


Alex Januário, que desarrolla su ferviente actividad en el grupo deCollage, es un surrealista absoluto. Conocemos sus collages, de los que aquí tenemos otra vigorosa muestra, y ha iniciado recientemente una serie de dibujos automáticos, uno de los cuales adjuntamos. Actualmente deambula por el verano bonaerense y anuncia una nueva publicación, titulada Caixa gris.


En fin, no puede faltar una de las presencias más firmes y entrañables de estas páginas: Zuca Sardan, quien preside esta nota inaugural y recientemente ha publicado, en Gráffica Gralha, tirada de 22 ejemplares, los “lampejos” y “grafunhas” de Vermutes da Parca. Uno de sus dibujos se refiere precisamente a la Parca: “Parca viúva fiel / gosta de Pendurado / que dança na forca / o Bolero de Ravel”. El Ahorcado es además una de las figuras, por supuesto, de los arcanos que Zuca ha estado remozando estos últimos meses. En estas imágenes, tenemos dos de ellos, que acompañamos de las imágenes clásicas, y una página collagista de los Vermús de la Parca.

Guy Girard


He aquí una nueva autoedición de Guy Girard. Oda a una tetera apocalíptica refiere un diálogo del poeta con su tetera, y fue escrito para acompañar la exposición surrealista internacional de Pensilvania Toward the World of the Fifth Sun (2012), con vistas a “denunciar ciertas mistificaciones del masoquismo apocalíptico new age que preveía el fin del mundo para el mes de diciembre, y a honrar, con los antiguos mitos mayas que celebran la llegada del quinto sol, el pensamiento indio a la escucha del cual han estado los surrealistas tantas veces, maravillados” –y nada sorprenden, en tal contexto, las referencias a Charles Fourier. 
La imagen que reproducimos es el frontispicio de Pierre-André Sauvageot, y la Ode viene también traducida al inglés, por Ré Désabres. 
“¿Cuánto tiempo se seguirá hablando / del fin del mundo en vez de acabar / con este mundo?”

Galerie 1900-2000


Se celebra esta interesante exposición en la Galerie 1900-2000, una de las pocas galerías del mundo que merecen visitarse siempre.

Centenarios

Un vistazo a los nombres de Caleidoscopio surrealista para buscar los centenarios de 2013, nos valió para detectar otro fallo: Remedios Varo no nació en 1913, sino en 1908. Lo que no sabemos casi nunca es si este tipo de errores viene de una fuente ya viciada, o si se trata de un gazapo nuestro.
Este año es el centenario de algunos nombres que nos gustará evocar: Meret Oppenheim, Adolphe Acker, Adrien Dax, Slavko Kopac, Gherasim Luca, Carl-Henning Pedersen, Aimé Césaire, Ramses Younane, Endre Rozsda. También, de Roger Caillois, Patrick Waldberg, Esteban Francés, Wols, Braulio Arenas y Manuel Moreno Jimeno, que ya se nos apetecen menos.
Hoy adelantamos el homenaje que esperamos hacerle a Adrien Dax, con este estupendo relato onírico publicado en el n. 2 de Le Surréalisme, même (1957), dentro del grupo de cuatro sueños titulado “En el Gran Bazar del Hotel de los Sueños”. 

Crisis de la exterioridad

Se ha publicado hace algunos meses la versión española del volumen que, en 2008, apareció en Berkeley con el título de The Exteriority Crisis: from the city limits and beyond (Oyster Moon Press). 
Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras reúne una serie de ensayos articulados, como leemos en la solapa del libro, sobre dos ejes fundamentales: “un ejercicio de desbroce y análisis de lo que hemos denominado crisis de la exterioridad, y una experimentación de la potencialidad de la exterioridad para el reencantamiento del mundo”. Editan Enclave de Libros y el grupo surrealista de Madrid, a cuyos componentes pertenece la mayoría de los textos incluidos. Cinco de esos textos ya son conocidos por su aparición en Salamandra
Este conjunto de estudios demuestra, en efecto, que, “a pesar del asedio al que se ve sometida la exterioridad por la tecnologización paroxística de la sociedad industrial, reside en ella una de las mayores promesas de renovación sensible del hombre, y también una de sus más importantes reservas poéticas”. Algunas reflexiones teóricas, y sobre todo las experiencias en diferentes lugares de la exterioridad, muy vitales, y bien ilustradas fotográficamente, dan al volumen un carácter compacto. En especial destacamos los trabajos de Mattias Forshage, Bruno Jacobs, Guy Girard, Eric Bragg, Manuel Crespo, Noé Ortega, Lurdes Martínez y Eugenio Castro. De Eric Bragg hay que señalar que, en el n. 19-20 de Salamandra, se publicó un ensayo magnífico, titulado “La experiencia de la exterioridad en el mar de Salton”, que muy bien pudiera haber ido aquí. 
“La cuestión es, desde luego, preferir la parte maldita antes de que todo ello quede encerrado al servicio de la utilidad económica o ideológica. El valor en sí mismo. Y al mismo tiempo, las cualidades pintorescas de esos no lugares son, a menudo, sorprendentes. Pero dentro del marco de nuestro proyecto dedicado a los lugares sin valor, intentamos ir más lejos, y a través de un estudio más sistemático conseguir revelar los focos de resistencia donde uno menos los espera”. (Mattias Forshage)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

De 2012 a 2013


Pnina Granirer, Sin título, 2012.

Este año, la felicitación de buena travesía de año y un año próximo a la altura de nuestros deseos nos llega de Canadá, con esta imagen de Pnina Granirer.
Desde octubre de 2011 no hemos faltado a la cita semanal que da cuenta de una cierta actualidad del surrealismo, pero el próximo miércoles, por razones técnicas, nos será imposible hacerlo. Volveremos, con los bríos de siempre, el próximo 9 de enero de 2013.

Calvet, Cesariny, Lemos, Vespeira

El fin de año trae una avalancha de publicaciones de la infatigable Fundação Cupertino de Miranda, en Famalicão.

Carlos Calvet, Horizontes inmemoriales, 1999

Tenemos para empezar el catálogo de Carlos Calvet, que pasa a ser el más amplio y notable de los dedicados a este gran pintor, aparte el titulado Carlos Calvet. 60 anos de pintura. Lo publica el Centro de Estudos do Surrealismo, su título es Explorador de horizonte. Carlos Calvet y acompaña una exposición comisariada por António Gonçalves y Perfecto E. Cuadrado. Consta de 140 páginas, con la reproducción a todo color de 112 obras, las cuales dan una buena visión de su trayectoria, ya que van de 1944 a 2012.
En las primeras páginas hay textos, diferentemente datados, de António Gonçalves, Maria João Fernandes (quien se equivoca doblemente al afirmar que el nerorrealismo era un movimiento “de cariz político y revolucionario”, mientras que el surrealismo era “igualmente revolucionario pero en el plano estético”), José Augusto de França, Lima de Freitas, Rui Mário Gonçalves y el propio Carlos Calvet. Los de este son de 1984, 1996, 2005 y 2008, y del tercero entresaco estas palabras: “Hay para mí, en la realización de una pintura, algo comparable a un viaje, un trayecto sui generis que solo voy descubriendo a medida que penetro en él, teniendo como orientación apenas una idea-imagen. Y a lo largo de ese viaje, hay también una batalla que trabar”. Esa batalla es en el fondo, para el pintor, “la búsqueda de una verdad interior, prueba de libertad y de una cierta plenitud”.
He admirado desde hace muchos años la obra de Carlos Calvet. En 1997, residiendo en Oporto, tuve la fortuna de coincidir con una inolvidable exposición suya en la galería Presença, situada frente a los raíles por los que subía y bajaba –ya no– el tranvía de la Boavista. Me impactó tanto aquel puñado de misteriosos y poéticos acrílicos que salí anonadado a respirar los aires de las orillas oceánicas, especialmente violentas, que del Castelo do Queijo llevan a la desembocadura del Duero. Luego hice una reseña para la prensa de Tenerife, hurtándome alguien del periódico el catálogo, que nunca más vi. Pero recuerdo muy bien aquellos cuadros, y por suerte anoté algunos de sus títulos: “Las torres sibilinas”, “Fuerza indomable, noche serena”, “El pescador poeta”, “La fuerza del destino”, “Recuerdo del navío incendiado”, “En el retorno de la noche”... Un año antes, en la galería lisboeta de S. Mamede, Carlos Calvet exponía “El viajero en busca de su viaje”, “El farero filósofo”, “Por entre fraguas”... Y otros títulos que conozco de este ilustrador de la Historia trágico-marítima son “Es día claro en el oscuro océano” y “¡Ah, todo el muelle es una saudade de piedra” (conocida frase de la “Oda marítima” de Fernando Pessoa).
Dan estos títulos una sugerencia de la atmósfera característica de las pinturas visionarias de Carlos Calvet, para quien el propio cuadro es una “nave simbólica”. Pero este catálogo, además, evidencia que esa línea visionaria arranca ya de sus primeros años, como puede apreciarse con “Fin de verano” y “El hombre-barco”, ambos de 1949, y con “La adormecida”, de 1950. Desde fines de los años 40 se interesaba Carlos Calvet por el surrealismo, participando incluso en la exposición “Os surrealistas”, de 1949, y en cadáveres exquisitos de los que se reproducen aquí dos, con Mário Henrique Leiria. En conexión con todas estas obras encontramos en el catálogo actual piezas tan extraordinarias como “El palacio arrogante” (1961), los dos guaches sin nombre de 1976 y 1977, “Horizontes inmemoriales” (1999) y “La nave petrificada” (2009).
Este catálogo reproduce un encantador homenaje a los dibujos del gran Winsor McKay: “Little Nightmare in Nemoland”, de 1971, y al final hay una serie de cinco guaches y técnica mixta sobre papel, no titulados y de rugoso colorido, que muestran cómo, contrariando sus 84 años, Carlos Calvet aún abre caminos de la inspiración.
En la bibliografía, se incluyen sus “Apuntes sobre geometría sagrada”, publicados a lo largo de cinco números de Colóquio-Artes, lo que nos recuerda la dimensión teórica de este lúcido arquitecto que sumó en muchos de sus cuadros dicha geometría mágica al misterio chiriquiano y a la faceta colorista del pop.

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De Mário Cesariny publica la colección Documenta Mário Cesariny. Cartas para a Casa de Pascoaes, y el Centro de Estudos do Surrealismo Les hommages excessives.
Sabido es el fervor de Cesariny por Teixeira de Pascoaes, un gran poeta sin duda, aunque no tiene sentido oponerlo a Fernando Pessoa. Cesariny visitó numerosas veces la casa de Pascoaes junto al bucólico río Tâmega, cerca de la cual pasaba la ya desactivada línea de un precioso tren de vía estrecha, casi de juguete, que yo tomé en pletóricos tiempos tantas veces. Las relaciones de Cesariny con la obra de Pascoaes comenzaron en los años 60, y tanto se empapó de él que al final de su vida hasta se le parecía. En 2002, Assírio & Alvim dio a la luz la antología Poesia de Teixeira de Pascoaes, realizada por Cesariny.
Las cartas a João y Maria Amélia Vasconcelos, en su mayoría breves, son en total 53, y como suele ocurrir el interés oscila de lo mucho a lo lamentable (como cuando le pide a su anfitrión le busque otro cuarto a Cruzeiro Seixas porque ronca mucho, o cuando nos informa de los dolores que le produce un colmillo). Pero ocurre que este volumen de 304 páginas se enriquece enormemente gracias al prólogo y las notas y comentarios de António Cândido Franco, quien ha hecho un trabajo concienzudo, plenamente documentado y certero, en que nos brinda una cantidad de informaciones enorme sobre muchos de los protagonistas de la aventura surrealista portuguesa y también sobre personajes de lo más vario que se han cruzado con ellos, añadiendo además buenos anexos biográfico-bibliográficos. Recordemos que en 2010 había este estudioso de Pascoaes publicado Teixeira de Pascoaes nas palavras do surrealismo em português, donde mostraba ser tan buen conocedor del surrealismo lusitano como del vidente del Marão, esto último ya sabido por sus ediciones en Assírio & Alvim.
En cuanto a Les hommages excessives (Caderno 11 del Centro), reproduce el facsímil de la fotocopia del cuaderno original, compuesto de 11 homenajes, casi todos ilustrados y algunos ya conocidos por su publicación en Primavera autónoma das estradas. Las fechas de escritura son dispares, y los homenajeados André Breton, Victor Brauner, Alexandre O’Neill, Fernando Azevedo, António Pedro, Marcelino Vespeira, João Moniz Pereira, el propio Cesariny, Alfred Jarry, António Domingues y António Dacosta –los dos últimos en homenajes no “a” sino “con”.

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También en la colección Documenta, se reproduce el facsímil de una obra inédita de Fernando Lemos y Marcelino Vespeira: Adélia e Kovaco, datada en 1950. Se trata de una pieza teatral escrita al alimón, por textos automáticos separados, en un café de Lisboa, ocupándose Lemos del personaje de de Kovaco, “un cura seco asexuado y perseguido”, y Vespeira del de Adélia, “una hembra erótica, destemplada”. En la breve nota al texto, Fernando Lemos se refiere a estas “escenas marítimas, aire libre entre lo asustador y lo absurdo”.
No fue esta la única colaboración de ambas figuras del surrealismo portugués, ya que, tras haber viajado en 1949 a la Isla Berlenga, uno de los espacios más arrebatadores de Portugal, en 1951 compusieron el argumento de la película Rosa de areia, que la Fundação dio a conocer en 2010 (Caderno 8 del Centro). Al año siguiente expusieron junto a Fernando de Azevedo, en una muestra que creó un revuelo lamentable, o no se estuviera en plena cadaverina salazarista. Lemos decidiría en ese momento exiliarse al Brasil.
Adélia y Kovaco acompaña cada una de sus 10 páginas de dibujos alusivos hechos por Vespeira, como el que aquí vemos.