lunes, 28 de mayo de 2012

Gráfica Gralha lanza nuevas imágenes de Zuca Sardan

54 nuevas imágenes de Zuca Sardan, dispuestas sin ton ni son, que es como debe ser, acaba de publicar, en 30 ejemplares, Gráfica Gralha.
El título de este cuaderno es Ximox (¿o Ximok?), y sus páginas se componen de “graffiti”, “recollages”, “remix” y “vignettes”, mostradas a través del caleidoscopio oval de este artista del dibujo, la palabra y el humor. Abundan las mujeres voladoras, provistas, como todas las damas de Zuca, de grandes atributos; músicos y cantantes que se desgañitan; castillos góticos; insectos que parece se han metido entre las páginas; figuras diabólicas, míticas y mitológicas; fantoches con sus medallas; personajes ya conocidos de algunas de sus sagas. Y enigmáticos textos en alemán antiguo.
Zuca Sardan gusta de urdir en sus dibujos encuentros pasmosos, entre lo cómico y lo absurdo. Pero la verdadera sorpresa, permanente, es nuestro encuentro con sus invenciones. A ellas parece conducirnos la acomodadora de cine de la página 19, una oronda, risueña y descotada fumadora de habanos que tal vez sea la acomodadora del Cine Drácula, abierto en el abismal castillo de la página 16. Pero quedémonos por ahora con esta página:

Jazz y surrealismo


No hablamos hoy de un nuevo libro, sino de uno que no existe. Y cuya ausencia se hace sentir crudamente.
Lo más que se ha tratado es el interés del surrealismo de los años 20 y 30 por el jazz, pero sin siquiera profundizar mucho en ello. No solo muchos surrealistas han sido grandes aficionados al jazz, sino que han escrito páginas críticas sobre esta música, se han inspirado en ella para sus creaciones verbales o plásticas y hasta la han practicado, de modo aficionado o incluso profesional, como es el caso de George Melly, el más grande cantante de jazz europeo.
Instrumentistas de jazz han sido Fabio de Sanctis, Louis Lehman, Jaroslav Jezek, Guy Ducornet, Jean-Claude Biraben, Ludvik Svab, Ulf Gudmundsen...
Críticos de jazz, o que se han inspirado en el jazz, han sido Maurice Henry, Jorge Cáceres, Gérard Legrand, Jorge Camacho, François Valorbe, Claude Tarnaud, Élie-Charles Flamand, Alain Joubert, Ernst Moerman, Anthony Earnshaw, Jimmy Ernst, Rik Lina, Paul Garon, Ted Joans...
Unos han sido entusiastas del hot jazz, otros del jazz más moderno, que surge con el bop. En ambos casos, ha sido esencial la relación intrínseca entre el automatismo y la improvisación, pero también la fascinación por el ritmo y la vitalidad de esta música de raíces africanas en tanto opuesta a la llamada “música clásica”, que es una de las glorias perennes de Occidente y de su burguesía. Señalemos también el apartado capital que hay que dedicar a los blues y a su infinidad de letras fascinantes, todo un mundo en el que uno de los libros de referencia es obra, precisamente, de un surrealista: Paul Garon, con su Bues and the poetic spirit.
En el dúo de imágenes con que ilustramos esta nota vemos la portada de un libro de poemas íntegramente dedicado al jazz y el retrato de Duke Ellington por Max Bucaille –Duke Ellington visto como el monstruo musical que era, un poco equivaliendo en su terreno a lo que fue Picasso para el arte. Significativo es que la portada del precioso libro de Valorbe la haya hecho Wifredo Lam.
Valorbe: “Et chacun de ces blues est un moment comblé / Assumant notre solitude et nous aidant / A guérir sans arrêt ni retour du mal d’être”.

Aquí y ahora


Volvemos hoy al catálogo de la colección Sherwin, A collector’s eye. British surrealism in context. Se trata, hechas las salvedades señaladas, de un muy bello libro, con preciosas ilustraciones y a fin de cuentas centrado en el surrealismo, que domina sobre otras corrientes. El estudio de Michel Remy, como de costumbre, es óptimo. A él debemos tener una visión clara y rica del surrealismo británico, no ceñida a los años 30 y 40. Su trabajo de ahora, tras una introducción de carácter general, se centra en las obras surrealistas del catálogo, y contiene en el último apartado, “Here and now”, una reflexión sobre la vigencia del surrealismo:
“The great interest of the Leeds exhibition resides in the irrefutable evidence it provides for the continuation of the surrealist proposition. The presence of contemporary surrealists, one might say of the fourth generation, gives it a singularly atemporal quality. Indeed, is there a single young contemporary vorticist, or cubist, or post-impressionist? This apparently absurd question says it all about the permanent validity of the surrealist spirit, founded on an ever-renewed, ever-self-challenging, theory-diffident approach, rooted in the essence of man and never losing sight of its ontological status. Every surrealist work protest and refuses reduction, explanation, interpretation and self-satisfactions, leaving it to the individual to decide, however temporarily”.
Michel Remy habla en seguida de Desmond Morris, John Welson, Tony Pusey, Oscar Mellor, Anthony Earnshaw, Paul Hammond, Glen Baxter y Patrick Hughes, hasta llegar a la revista Phosphor, que el grupo surrealista de Leeds publica actualmente.
Luego están las “confesiones” del propio Jeffrey Sherwin, coleccionista empedernido de las obras surrealistas, incluso en una etapa en que este movimiento ya no estaba en el candelero de las llamadas “vanguardias artísticas”. Arriba lo vemos en su casa, hace cuatro años, soplando un instrumento bizarro. No aparece en la siguiente foto, porque seguramente la sacó él, pero sí que están tres de los gigantes de la aventura surrealista en Inglaterra –Conroy Maddox, Desmond Morris y Georges Melly–, lo que muestra las buenas, incomparables amistades que ha tenido, y que tanto lo honran:

lunes, 21 de mayo de 2012

Ludwig Zeller: “Femme en songe”

Este jueves, 24 de mayo de 2012, se presenta en el Bar Populaire de St-Laurent, Montreal, una nueva publicación de Ludwig Zeller: Femme en songe suivi de Quand l’animal des profondeurs surgit la tête éclate. En un evento donde se leerán poemas de Raúl Henao y Fernando Palenzuela y se presentará Insoumission poétique (el libro de Guy Girard sobre los escritos colectivos del grupo surrealista de París de 1970 a 2010), estará presente como invitada especial Susana Wald, que es quien ha ilustrado Femme en songe. Este libro es una nueva publicación de las Ediciones Sonámbula, que prosigue así una andadura ya muy fecunda.
La obra de Ludwig Zeller, cuya infatigable y admirable trayectoria surrealista se inició en Santiago de Chile nada menos que en 1953, es inmensa, en los dos sentidos de la palabra: por su valor y por su extensión. Muchas de sus creaciones han sido realizadas en tándem con su compañera, Susana Wald, ella misma una interesantísima artista y escritora. Recordemos que la Fundación Eugenio Granell, en 2008, publicó, precisamente, el precioso libro Susana Wald & Ludwig Zeller, con un apartado dedicado a su obra conjunta. En él no podían faltar estos deliciosos sellos, con que celebraban en 1974 los cincuenta años del Primer manifiesto:

British surrealism

Un libro que falta nombrar en Caleidoscopio surrealista es este sobre la pareja psicoanalítica del surrealismo, Grace Pailthorpe y Reuben Mednikoff. Lo publicaron, con motivo de una exposición que tuvo lugar en 1998, los Museos y Galerías de Leeds.
Tras una presentación del “curator” de los Museos, perfectamente sobrante y hablando del “papa del surrealismo”, nos encontramos con un breve texto de Michel Remy, sobre el “surrealismo irreductible” de Grace y Reuben, un ensayo central de Andrew Wilson, y otro, más ocupado en los aspectos psicoanalíticos, de David Maclagan. Las reproducciones son abundantes, muchas a todo color.
Este libro cuenta además con un apéndice documental donde se incluye el artículo que Grace Pailthorpe publicó en el n. 7 del London Bulletin (1938-1939), “El aspecto científico del surrealismo”. Causó un gran revuelo, y tras él se reproducen tanto las respuestas de Werner Von Alvensleben y Parker Tyler, en los números 13 y 17 de la misma revista, como, en el 17, la de Grace Pailthorpe al primero. Una polémica de gran nivel y del máximo interés para las cuestiones del surrealismo y el psicoanálisis y del arte y el automatismo. También podemos acceder aquí al prólogo de ella al catálogo de la exposición que la pareja, a inicios del 39, hizo en Londres.
Pese a las reservas que se hayan podido hacer hacia estas dos figuras, restan incuestionables tanto su sinceridad como su identificación con el surrealismo. Un surrealismo en efecto “irreductible”, con el cultivo indagador de un automatismo absoluto.

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Este libro de Andrew Lambirth, publicado como catálogo de una exposición a fines de 2008 en la galería Pallant House de Chichester, interesa por iluminar una faceta importante de la obra de esta artista esencial en el panorama surrealista británico, aunque tampoco falten sus pinturas. Por lo que se refiere al planteamiento general, tanto el director de la galería (con otro escrito superfluo) como el “curator” intentan alejar a su estrella del surrealismo, contra toda evidencia y alegando motivos irrisorios: los aspectos abstractos de sus obras, la amplitud de sus intereses, su gusto de la independencia... De resto, Andrew Lambirth aborda competentemente las obras del catálogo a que se va refiriendo.
Aquí tenemos, en toda su exuberancia, la maravillosa inventiva de Eileen Agar, quien, aun en 1988, decía: “Grupos surrealistas están siempre surgiendo en distintas partes del mundo, incluso en los países menos imaginables, y nuevos poemas, pinturas y objetos surrealistas son constantemente producidos. Yo no puedo sino saludar este inextinguible espíritu de creatividad”.
El collage de la portada se titula “Paisaje erótico”, y es de hacia 1942, mientras que esta adorable danza sobre los tejados tuvo lugar algún feliz día de 1937:


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Interés más restringido tiene este catálogo de la colección Sherwin, ya que el contexto artístico del surrealismo nos interesa mediocremente. Junto a muchos de los nombres del surrealismo británico aparecen otros que ni siquiera viajan en el tren de cercanías. Por lo demás, en las notas a las figuras tratadas (concretamente en las dedicadas a Ithell Colquhoun y a Grace Pailthorpe), no faltan las idioteces de costumbre sobre el surrealismo.
Pero hay aquí muy bellas ilustraciones (y algunas muy poco o nada conocidas), un brillante estudio de Michel Remy abordando las obras de la colección, un artículo de Silvano Levy analizando con lupa el conflicto entre Mesens y Toni del Renzio y un texto del propio Jeffrey Sherwin –un personaje sin duda encantador– sobre sus amistades surrealistas, con deliciosas anécdotas sobre Conroy Maddox y Tony Earnshaw.
Recordemos que el propio Michel Remy hace una reseña de este volumen en el n. 97 de Infosurr.
La imagen de la portada es de Conroy Maddox: “El patio de recreo de la Salpêtrière” (1975), hospital donde trabajó Charcot.

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En 2002, Peveril Press publicó este libro donde se aborda el año en que Paul Nash vivió en Swanage, Dorset (1934-1935), un año decisivo, que influyó grandemente en su obra inmediata, sin duda la más valiosa y cercana al surrealismo.
Al final del estudio de Pennie Denton, se incluye el artículo de Paul Nash “Swanage, or Seaside Surrealism”, publicado en 1936 y no reproducido desde la autobiografía del artista (1949).
El influjo profundo de los espacios naturales de Swanage –en cuadros, dibujos, fotos y objetos encontrados– marca tanto el “Evento en las colinas” de la portada como este “Paisaje de un sueño” (1936), que mucho gustó a André Breton:


En julio de 1935, Eileen Agar le envió a Paul Nash una caja de conchas pintadas y una acuarela con un “monstruo de la playa”, que venía a ser un ancla llena de concreciones marinas, que había encontrado medio enterrada en la playa. Paul Nash fotografía el ancla, la recorta y la pega sobre una foto de la costa de Swanage. Posteriormente, incluirá la figura, pero evidenciando lo que es, junto a las que componen la preciosa obra “Swanage”, hecha con pluma, acuarela y fotocollage, y hoy en la galería Tate. El collage ilustraba el citado artículo de 1936:

Lo mítico y lo imaginario

Este reciente diccionario ofrece bastante interés, a pesar de lo descompensado de muchas de las materias y de presencias que no serían absurdas si la obra, en vez de sumar 1.300 apretadas páginas, tuviera 13.000. Pero dejando esto de lado, y el exceso de mundo clásico y de cultura gala, ciñámonos a lo que más puede atraer a quienes navegan en el largo y ancho buque surrealista.
Para empezar, hay un espléndido artículo de Jean-Michel Dévesa sobre el País Natal en Aimé Césaire. Las entradas específicas sobre el surrealismo son las que hace Jean-Dominique Poli al mapa del “Mundo en la época de los surrealistas” y al “Teide de André Breton”. Breton está también presente en el artículo sobre Lusignan. De Michaux se abordan el Infierno y la Gran Garabagne.
Excelente es el trabajo de Geneviève Goubier-Robert sobre Silling y los distintos castillos de Sade, incluido el de nuestro entrañable amigo el Ogro Minski. El artículo sobre la Shangri-la de los Horizontes perdidos de James Hilton y Frank Capra hubiera quedado mejor si no se hubiera olvidado, al hablar de su influjo, a Stanislas Rodanski, cuya vida cambió la versión fílmica.
Más lugares tratados: el África de Raymond Roussel, el Amazonas de la Pentesilea de Kleist, “El Otro Lado” de Kubin, el Reino de Butua de Aline y Valcour, los Cárpatos de Julio Verne y Bram Stoker, la Megapatagonia del insólito libro de Rétif de la Bretonne El descubrimiento austral por un hombre volador, el Oriente de Gustave Moureau, el Promontorio del Sueño de Víctor Hugo, el Reino Subterráneo de Jan Potocki. Hay también, por supuesto, muchos artículos dedicados a la Materia de Bretaña.
Este libro, aunque su objetivo sea fronterizo, no iguala a la Guía de lugares imaginarios (1980), de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, un libro que infelizmente, en su edición grande de Alianza Editorial, se ha vuelto muy difícil de conseguir a un precio razonable. Para empezar, la Guía tenía unos útiles planos, y al final un índice no menos útil. No faltaba allí el Locus Solus (ni el imperio de Ponukele-Drelchkaff de las Impresiones de África). Tampoco, el Monte Análogo de René Daumal:


Jarry aparecía en la Guía gloriosamente representado, con los lugares que visita el Dr. Faustroll. Y recordemos la Agartha de Saint-Yves de Alveydre, El Ombligo de los Limbos de Antonin Artaud, la Harmonía de Fourier, los espacios de El mar de las Sirtes de Julien Gracq, la prevertiana isla de Comoantes o la Ciudad Fluorescente de los Grains et issues de Tristan Tzara, con sus “maniquíes-testigos”. Pero en fin, aparte estos espacios muy del surrealismo, hay muchísimos otros, sobre todo del Medievo y del Romanticismo, que no pueden dejarnos indiferentes. Un libro a revisitar siempre.

lunes, 14 de mayo de 2012

Centenario de Mary Low

Se cumplen hoy, 14 de mayo de 2012, cien años del nacimiento de Mary Low. La publicación clave sobre ella es el librito de Syllepse Sans retour. Poèmes et collages (2000), publicado en la colección “Les Archipels du Surréalisme”, con cubierta de Max Schoendorff, prefacio de Gilles Petitclerc y biografía de Gérard Roche. Este libro lo distribuye Infosurr, y hasta lo ofrece con la suscripción de colaboración. Nosotros hemos decidido, para recordar a Mary Low, figura entrañable del surrealismo y combatiente de una revolución social no por siempre aplazada menos necesaria, traducir el texto biográfico, impecable, de Gérard Roche, que ilustramos con uno de sus collages, el poema que le dedicó Juan Breá (con quien la vemos en esta emotiva fotografía) y una de las ilustraciones de Wifredo Lam para Alquimia del recuerdo. Mary Low murió en 2007, siete años después de que Gérard Roche escribiera esta pequeña biografía.
Bibliografía de Mary Low:
Red Spanish Notebook, 1937; reeditado por City Light Books, San Francisco, 1979, con prefacio de Eugenio Granell; Carnets de la guerre d’Espagne, Verticales, París, 1997, con prefacio de Gérard Roche; Cuaderno rojo de Barcelona, Alikornio, Barcelona, 2001.
La saison des flûtes, Éditions Surréalistes, Praga, 1937; reedición facsímil en Araibe sur Seine, 1987, con prefacio de Edouard Jaguer y cubierta de Jules Perahim.
La verdad contemporánea, La Habana, 1942, con prólogo de Benjamin Péret.
Alquimia del recuerdo, La Habana, 1946, con ilustraciones de Wifredo Lam; reeditado por Playor, Madrid, 1986, con prefacio de Alberto Baeza Flores.
Tres voces/Three voices/Trois voix, La Habana, 1957.
In Caesar’s Shadow, Nueva York, 1975.
El triunfo de la vida/Alive in spite of, Miami, 1981.
A voice in three mirrors, Black Swan Press, Chicago, 1984, con collages suyos.
Where the wolf sings, Black Swan Press, Chicago, 1995, con collages suyos y postfacio de Franklin Rosemont.
Mary Low publicó en varias revistas de los Estados Unidos y Francia. Es autora de un estudio sobre el grupo “H”, grupo del que nos habla Gérard Roche en la nota biográfica. Destaquemos también el rico dossier que le dedicó Arsenal en su  n. 4 (con un collage, una larga “Introducción a Mary Low”, el texto suyo “En la Praga de Hitler”, tres poemas suyos y tres de Juan Breá, el dibujo de Lam que abajo reproducimos y la nota de Orwell sobre Red spanish notebook acompañada del prefacio de James y de un artículo de George Esenwein), así como la entrevista que le hizo Gérard Roche en el n. 6 del boletín de la Asociación de los Amigos de Benjamin Péret, Trois cerises et une sardine, septiembre de 1997.

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“Mary Low”, por Gérard Roche
Mary Low nació el 14 de mayo de 1912 en Londres. Su padre, Vernon Foster-Low, ingeniero de minas, era un lejano descendiente de los condes de Derby, y su madre la hija de Francis Augustus Wright, ministro del gobierno australiano. Es en Australia donde pasa la primera parte de su infancia, para regresar, cuando tiene unos cinco años, a Inglaterra y vivir con sus padres en Chorleywood, condado de Wattford. Sus padres la envían a los once años a una escuela de Lausanne que acogía a los hijos de familias ricas de la aristocracia. Aprende el francés. A los dieciséis años, vuelve de nuevo a Inglaterra para terminar sus estudios.
Su infancia está marcada por los viajes. Sigue a su padre, cuya profesión lo obliga a frecuentes desplazamientos (Francia, Suiza, España). Con su madre pasa el periodo de vacaciones en París. Este gusto de viajar no lo perderá nunca.
Mary Low escribe desde la infancia. Recuerda haber escrito su primer poema a los ocho años. Lee a los poetas ingleses: Auden, Byron, Keats, Shelley, Swinburne; se entusiasma por Huxley, de quien devora toda su obra. En Suiza, lee en clase a Hugo, Musset, Vigny. Se apasiona por las novelas de Balzac. Más tarde, descubrirá por su cuenta a Apollinaire, Baudelaire y Rimbaud.
Cuando alcanza la mayoría de edad, se marcha de su casa y decide instalarse en París. Disfruta de una renta módica que le dan sus padres, pero debe, para vivir, ejercer pequeños oficios. Hace costura o vende libros. En París, frecuenta a la gente sencilla, pero se mezcla también con el medio artístico de origen español y cubano que puebla los cafés donde se toca la guitarra o se baila. En octubre de 1933, encuentra en la Coupole al poeta cubano Juan Breá, que se convertirá en el amor de su vida. Juan Breá (1905-1941) era uno de los iniciadores del grupo “H”, un grupo de poetas de la vanguardia cubana, influidos por la poesía moderna de la Europa de los años 20. Militante comunista de primera hora, fue uno de los fundadores de la oposición trotskista en Cuba.


La vida de Mary Low se une a la de Breá, que la lleva a la aventura surrealista y a la revolución. Recorren Europa: Bruselas, Viena, Belgrado, Bucarest, trabando relación con Magritte, Mesens, Brauner, Perahim. En París, tienen por amigos a Óscar Dominguez, Marcelle Ferry y Benjamin Péret. Cuando la revolución estalla en España, acuden a Barcelona, donde se incorporan al combate revolucionario en cuerpo y alma, encontrándose a su lado a Benjamin Péret. Obligados a huir en enero de 1937 para escapar a los verdugos de la policía política de Stalin que habían asesinado a su amigo Andrés Nin, escriben el primer testimonio de los inicios de la revolución española y los acontecimientos que anunciaban la tragedia que se prepara y que pondrá fin a su esperanza de cambiar el mundo. Red Spanish Notebook aparece en Londres en 1937, con un prólogo de C.L.R James, el futuro autor de Jacobinos negros; lo reseña George Orwell, antes de él mismo publicar Cataluña libre. En Praga, donde se encuentran de enero a agosto de 1939, frecuentan al grupo surrealista en torno a Toyen y Jindrich Heisler, y editan un poemario a dos voces, La saison des flûtes, antes de escapar in extremis, esta vez a los nazis que han invadido Checoeslovaquia.
Refugiados en Cuba durante la guerra, reencuentran a sus amigos poetas del grupo “H” y se instalan en La Habana. Pero el drama acontece: Breá, cuya salud estaba arruinada, muere de tétanos el 17 de abril de 1941. Mary Low intenta suicidarse, pero supera su dolor ayudada por sus amigos. Publica en 1943 La verdad contemporánea, con sus conferencias dadas en Barcelona, cuyo prólogo escribe Benjamin Péret. Finalmente, la poesía se convierte en su razón de vivir y de recordar. Una vez desaparecido el ser amado, “la noche es para siempre”, no hay regreso posible de ese amor y del pasado, pero ella recrea indefinidamente su realidad a través de la alquimia del recuerdo. En 1946 ella publica Alquimia del recuerdo, que ilustra su amigo Wifredo Lam.


En Cuba, Mary Low ha vivido entre La Habana, Santiago de Cuba y otros lugares hasta 1964. En tanto, se ha casado con Armando Machado, con quien tendrá tres hijas. Participa en el movimiento revolucionario que acaba con el dictador Batista. Bajo el nuevo régimen de Castro, enseña literatura inglesa en la universidad de La Habana. Pero muy rápidamente ve cómo se van instalando los métodos estalinistas que ha combatido en España. Su marido, antiguo militante trotskista, es detenido y liberado gracias a la protección de Guevara. Ella se encuentra de nuevo en el bando de los refractarios y de los oponentes. Logra abandonar Cuba en mayo de 1964 y se dirige a Australia, donde se refugia en casa de su hermana. El año siguiente, acompañada de sus hijas, encuentra asilo en los Estados Unidos. Su marido se reunirá con ella al poco tiempo.
En los Estados Unidos, publica varios libros de poesía y una novela sobre Julio César. Allí enseñará durante muchos años latín e historia romana. Incansablemente, intentará recoger los poemas de Juan Breá; logra al fin publicarlos, en 1991, con el título de Poèmes d’alors, que ella misma prologa. Pese a la enfermedad y a su provecta edad, sigue ardiendo en ella la misma llama de su juventud.