lunes, 26 de marzo de 2012

“Other air”: Dos décadas de surrealismo checo-eslovaco (1)


Podemos sentirnos afortunados al poder abordar otra publicación extraordinaria del surrealismo actual, tras el n. 1 de Debout sur l’oeuf, que comentamos hace 7 y 14 días. Nos trasladamos ahora de Coimbra a Praga, donde, en coincidencia con una magna exposición que concluirá el 4 de abril, se ha publicado el formidable catálogo Other air. De una parte, las exposiciones pasan y los libros quedan; de otra, aquí estamos lejos, muy lejos, de los catálogos de museos, por mucho que algunos de estos celebren a personalidades que estimamos y hasta que –esto es más difícil– los estudios que se les dediquen sean meritorios en su conjunto.
Other air nos muestra el trabajo, riquísimo, desarrollado por el Grupo de Surrealistas Checos y Eslovacos a lo largo de las últimas dos décadas, como leemos en la portada, ilustrada por un detalle del Recolector de polen (2004) de Katerina Pinosova. Estamos ante un verdadero banquete de surrealismo, a cargo no solo de los surrealistas checos y eslovacos, sino de sus amigos, en particular los de los grupos de París, Leeds y Estocolmo y algunas figuras próximas como Guy Ducornet, Jean-Pierre Paraggio, Jean-Christophe Belotti o Bruno Montpied. Se trata aquí de hacer el balance de los últimos años, sucediendo la exposición a la que en 1991 –“The Third Ark”– cubrió la etapa iniciada en 1970. El libro, de 190 páginas muy densas y apretadas, y por supuesto que con muchas ilustraciones, va dedicado a tres grandes figuras del grupo desaparecidas en el ínterin: Eva Svankmajerova, Ludvik Svab y Jacques Baron, así como al siempre recordado Vincent Bounoure, cuyo apoyo al grupo checo en el momento en que un grupo de surrealistas parisinos había decidido “disolver” el movimiento surrealista fue crucial y vital.
El concepto del catálogo –por Bruno Solarik y Frantisek Dryje– es espléndido. Hay un predominio de textos breves –sueños, poemas, anotaciones, críticas, relatos–, que son organizados temáticamente, la mayoría procedentes de la revista Analogon, pero también muchos nuevos. La gran función del catálogo en lengua inglesa es permitirnos el acceso a un precioso material hasta ahora solo disponible en lengua checa. La obra se estructura en cuatro secciones: “El objeto”, “El imán”, “La primavera” y “El relámpago”, cada una con sus propios capítulos y cada una cerrada con un ensayo. La presentación del conjunto la llevan a cabo Frantisek Dryje, Bruno Solarik, Martin Stejskal y Jan Svankmajer.
En “El objeto” hay pequeños dosieres sobre las creaciones de Martin Stejskal, Katerina Pinosova, Premysl Martinec y Jan Svankmajer y Karol Baron; esta es una de las constantes de las diferentes partes del volumen, permitiéndonos así acceder a una valoración de los componentes de la aventura surrealista en este territorio y en este período.
Destaquemos las dos páginas con las “Cartas Surrealistas del Adivino” (32 en total) y las notas de Svankmajer, Dryje, Miroslav Canko y Bruno Solarik. Svankmajer, con su claridad y agudeza habituales, reflexiona brevemente sobre el arte y la magia, Solarik sobre la llamada “estética surrealista”, Dryje afirma contundentemente: “El surrealismo no es arte”, Canko subraya el lugar central de la imaginación. La labor colectiva es constante en el volumen, y veamos como muestra este personaje creado en 1994:


Una novedad para nosotros son las películas de David Jarab, tratadas aquí y en el tercer capítulo, y que parecen ser una aportación fundamental al corpus fílmico del surrealismo. Por su parte, Jan Richter nos descubre a un anónimo y misterioso jardinero del barrio Pankrac en Praga, maestro de la improvisación. Solarik cierra este capítulo con el largo ensayo “Golden silence”.
Un poema de la segunda sección –“El imán”–, por Josef Janda, sirve de homenaje a una de las personalidades magníficas del surrealismo checo: Karel Hynek (1925-1953), de quien tanto ansiamos una antología de sus escritos. Por otra parte, la monografía de Karol Baron ya nos había dado noticia del juego de interpretación colectiva visual “El enigma S + T”, siguiendo instrucciones de Svankmajer y Stejskal en torno a dos pinturas de Styrsky y Toyen; en este juego, de 1995, participaron Baron, Stejskal, Svankmajer, Pavel Surma, Albert Marencin, Leonidas Kryvosek y Eva Svankmajerova, pudiendo ahora accederse a los resultados de cada uno.
Queremos citar aquí una reflexión de Bruno Solarik incrustada en “El Imán”, sin tomarme el esfuerzo de una mala traducción:
“Surrealist colectivity is neither a shared dogmatism nor a shared style. It is a monster possessing several heads; it is one being that dissolves into totally independent individuals after executing its work, and then it only waits until it can emerge again –as a temporary conjunction of the same or different individuals in order to plunge into a similar romp. Among these mutual penetrations of private visions also belongs the concealed image of the compound being (Mantichora) that –as an analogy of love, friendship and natural wholeness or, on the contrary,  as the terrible cannibalistic machine– has kept appearing at different places at the world from time immemorial until the present”.
También, esta de Roman Telerovsky:
“Surrealist activity cannot be the remedy for the collapsing world of today, nor a manula on how to live. In its minority position it is an alternative that has the power to inspire –nothing more and nothing less”.
Otro juego, muy divertido, es el titulado “The Universal Finishing Game” (2010-2011), transformando colectivamente una imagen de un almanaque de hace cien años. Destaquemos también el apartado “El fin de la civilización” y el ensayo de cierre, a cargo de Roman Telerovsky: “The Tissue of Poietic Dreaming”, sobre la poesía y el sueño, el surrealismo y el psicoanálisis.
De nuevo una obra tan fértil en hallazgos nos obliga a dejar para el próximo lunes el resto de nuestra reseña, y ello sin dejar de señalar la imposibilidad de dar cuenta cabal de tanta riqueza y pluralidad. Despidámonos por ahora con este cadáver exquisito horizontal:


Charbonel y Welson: un tándem surrealista


Se trata de dos de las figuras más valiosas del planisferio surrealista, uno de la Bretaña y otro del País de Gales, confluyendo en la prospección del imaginario celta.
Jean-Claude Charbonel, nacido en 1938, se acercó al surrealismo a través de André Breton y luego del movimiento Phases, al que pertenece desde 1975. John William Welson, nacido en 1953, participa en 1976 en la exposición mundial de Chicago “Marvelous Freedom/Vigilance of Desire”, en cuyo catálogo se reproduce su pintura “Las canciones de los caballos yacen sobre sus manos como cabello”, del mismo modo que Charbonel marca presencia con su “Buzo de los bosques latentes”, inserto en la página del “Dominio de Robin Hood”. Este fue el primer encuentro de ambos artistas, pero el personal solo llega dos años después, con motivo de otra exposición surrealista, ahora en Londres. Welson se integra al mismo tiempo en Phases, pero participando hasta el presente en numerosas revistas y exposiciones del movimiento surrealista. Son, a este respecto, dos figuras inequívocas.
El verano pasado, en Aberystwyth, Gales, tuvo lugar la exposición conjunta “Surrealismo: El ojo celta”. De Charbonel se vieron obras de 1994 a 2011, y de Welson de 2007 a 2010. Los títulos de las pinturas de Welson eran de carácter toponímico, mientras que los de Charbonel no podían ser más expresivos: “Mujer médico armorigen”, “El canto de las metamorfosis”, “Iniciación lunar”, “Los guardianes del tiempo de los sueños”, “Visión chamánica”, “Noche élfica”, “Ritual de la noche interior”, “El viaje iniciático”, “Las puertas de Avalon”, “Signo ascendente”... Se conjugaban en Aberystwhyt, de modo explosivo, las obras que Welson ha forjado en el condado de Radnorshire y las que salían del estudio bretón de Charbonel, repleto de objetos encontrados y restos marinos. Los espacios circundantes de los dos artistas actúan como plataforma de la creación de su propio “paisaje”.
Sobre Jean-Claude Charbonel es de preceptiva visión el disco Les voyageurs du temps des rêves armorigènes, de Ludovic Tac, en particular su segunda edición, con bonus, de 2009. El propio Ludovic Tac es una figura notable del surrealismo contemporáneo, contemplado como tal en Caleidoscopio surrealista. Sobre su amigo ha escrito: “Jean-Claude Charbonel, vigilante nocturno para mejor escuchar el canto del rocío, mide las orillas imaginarias de una civilización más estable, más maravillada, más encantadora que la impuesta por nuestro tiempo”.
Sobre el surrealismo y el mundo celta, encontramos precioso este texto de Charbonel, que acompañamos de su pintura “Metamorfosis chamánicas” (2008), del mismo modo que encabezamos esta nota con la de Welson “Cwm Elan”:


Un libro muy recomendable que acaba de salir de las prensas, y sobre el que pronto volveremos, Le surréalisme. Parcours souterrain, de Patrick Lepetit, dedica uno de sus catorce capítulos a “Surrealismo y celtismo”. Por otra parte, quiero destacar aquí una experiencia paralela a la de Welson y Charbonel, desarrollada al otro lado del Atlántico, donde, desde fines de los años 80, Jean-Jacques Jack Dauben exploraba la cultura celta junto a su mujer la ceramista Terry Engel. En 2000 cristalizó el fascinante proyecto hopi/celta de Dauben y Mike Kabotie, que se valieron de los símbolos tradicionales celtas y hopis –nada hubiera atraído tanto a André Breton– en tanto valores opuestos a los de esa triste civilización “romana” que llega a nuestros días. Edouard Jaguer, amigo de unos y otros, hubiera, como Breton, subrayado esta “coincidencia”, tan habitual en el surrealismo. Sobre el proyecto hopi/celta, remitimos al tomo segundo de la obra capital de Thom Burns y Allan Graubard Invisible Heads. Surrealists in North America. An Untold Story.
Seguiremos al tanto de esta aventura celta y surrealista de Jean-Claude Charbonel y John William Welson.

Papeles diversos de Óscar Domínguez


He aquí una nueva publicación de empaque sobre Óscar Domínguez, el hombre que deseaba la muerte de 30.000 curas cada 3 minutos. Edita el centro tinerfeño Tea, que originariamente iba a llevar el nombre del pintor canario, para traicionar luego su idea inicial. Consta el tomo de 400 páginas muy bien ilustradas, que acompañaba la exposición homónima “Óscar Domínguez. Una existencia de papel”, en la que se trataba de dar cuenta del Domínguez ilustrador de libros, colaborador de revistas y de publicaciones colectivas y dibujante en general. El encargado de libro y exposición ha sido Isidro Hernández, fino poeta a quien ya debemos algunos buenos trabajos sobre Domínguez. Es él quien abre el fuego, con un muy extenso y sólido estudio que titula “En los márgenes interartísticos del dibujo”. Sirve de presentación, pero es mucho más que eso, ya que Isidro Hernández es un buen conocedor del surrealismo, en torno al cual no prodiga los tópicos de costumbre, y se consolida cada vez más como un crítico artístico no solo culto sino sensible. Lo que sigue, como es habitual en este tipo de libros colectivos, es un conjunto de textos de muy diverso interés y de muy diversa calidad. El propio Domínguez ya condiciona esto, pues, como es bien sabido, a su verdadera etapa creativa, en el grupo surrealista, sucedió una quiebra de inspiración imitando al vampírico Picasso y codeándose con el establishment estalinista.
El mejor de esos trabajos es el más breve: “Domínguez revólver en mano”, por Georges Sebbag, no siendo esta la primera vez que Sebbag se acerca a la obra surrealista de Domínguez, y baste recordar sus amplios ensayos en Surrealismo Siglo21 y en el volumen domingueziano del museo Cantini. Centrándose sobre todo en el motivo del revólver, Sebbag va hilvanando ahora agudas y enriquecedoras observaciones sobre la carta de Freud que hizo el artista canario, sobre su ilustración para Los cantos de Maldoror, sobre los 30 dibujos para la edición 1947 de Poésie et vérité de Paul Éluard.
Los otros trabajos destacados de este libro son obra de Jean-Michel Goutier, Gérard Durozoi y Juan Manuel Bonet. Goutier habla de los libros-objeto, en particular de los de Le Soleil Noir que realizó François Di Dio, un total de 25 en 27 años, hasta que la burocracia estatal acabara con ellos. Goutier fabrica mentalmente algunos que a su juicio hubiera planeado Domínguez, para Los cantos de Maldoror y para las obras de algunas de las estrellas de la Antología del humor negro: la Vie des fantômes de Savinio (gran antología de 1965, prefaciada por Pieyre de Mandiargues, y que por cierto estoy yo leyendo estos días), los aforismos de Lichtenberg, La filosofía en el tocador de Sade, los Cuentos crueles de Villiers, La dama oval de Leonora Carrington, las Nuevas impresiones de África de Raymond Roussel.
El nivel esperable tiene el estudio que hace Gérard Durozoi de Le grand ordinaire, manejando todo el material disponible. Hubiera sido un prefacio perfecto para la reciente traducción que ha publicado la editorial canaria La Página. Pero no deja de ser resaltable este interés múltiple que está despertando recientemente el tan subversivo libro de Thirion.
Juan Manuel Bonet, bibliófilo mayor del reino, analiza con todo detalle las célebres portadas que Domínguez hizo para las ediciones de Gaceta de Arte: Romanticismo y cuenta nueva de Emeterio Gutiérrez Albelo, Crimen de Agustín Espinosa y la monografía westerdahliana de Willi Baumesteir. Bonet señala cómo esta última supone la aparición de sus calcomanías, llegando a afirmar que estas nacieron en el contexto del grupo de Gaceta de Arte.
De resto, François Letaillieur se ocupa de Domínguez y las ediciones Lévis Mano, Eliseo G. Izquierdo de Domínguez y la Antología del humor negro, Morris de una de sus aburridas picassianadas, Rosé-Hélène Iché de su amistad con Laurence Iché, José Ignacio Abeijón de su alianza con Georges Hugnet, Alfonso Palacio de Domínguez y Poésie et vérité y José Andrés Dulce de la película de Resnais.
Como es imposible, en un volumen de estas características, que no aparezcan las típicas imbecilidades sobre Breton, ahí tenemos al tal Abeijón (bien contagiado por el inmundo Hugnet) lanzando esas bajezas calumniosas que hace tiempo no merecen por nuestra parte sino el más absoluto de los desprecios, mientras que Eliseo G. Izquierdo y José Andrés Dulce parecen alcanzar el nirvana al hablar uno de “le Pape du surréalisme” y el otro de “el caudillo Breton”.
Pero siempre tendremos a mano al gran Astrakán, el bandido de la cueva de Guayonje, para darles una buena zurra a los Éluard y a los Hugnet, como a toda esa engreída plaga universal que se dedica a insultar al surrealismo y a André Breton. Óscar Domínguez lo daba por fenecido en la guerra del 36, pero eran informaciones falsas, y aún hoy el inmortal Astrakán circula por los parajes del castillo de Guayonje tanto como por la cordillera de Anaga.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Fernando Palenzuela, “náufrago del ser y del olvido”


Que Fernando Palenzuela es una de las grandes voces poéticas de Latinoamérica y del surrealismo lo demuestra este tercer libro suyo, Esfera inacabada, del que presentamos una composición con la portada de la edición en lengua francesa y el poema que abre el libro en la edición española. Diez dibujos “chamánicos” de Miguel Ángel Huerta, espléndidos y unitarios, acompañan solo la edición francesa, que es un año posterior a la española, y siempre en las Ediciones Sonámbula.
Fernando Palenzuela nació en Cuba en 1938. Colaboró en el suplemento literario “Lunes de Revolución” hasta que el régimen castrista lo cerrara. Entonces (1961), emigra, instalándose en 1963 en los Estados Unidos. Los poemarios anteriores a Esfera inacabada son solo dos: Amuletos del sueño, en 1971, y La voz por enterrar, en 2005. En 1971 y 1972, con el desaparecido poeta José Antonio Arcocha, Fernando Palenzuela editó los dos números de la revista Alacrán Azul, y en 1977 ya Alberto Baeza Flores lo situaba “en la línea de los poetas chilenos de Mandrágora y en la de César Moro y Emilio Westphalen”, lo que, resultando inequívoco, no parece haber significado nada a la hora de reconocer su posición central en el surrealismo latinoamericano. Más cerca en el tiempo, Vicente Jiménez, en el n. 7 de la revista surrealista chilena Derrame (2006), decía: “La ferocidad de las imágenes, unida a una corriente onírica que recorre todas las páginas de Amuletos, lo inscriben en la órbita de un surrealismo hechizante y provocador”, y es que “Palenzuela cree en el valor subversivo de ciertos actos poéticos y en la poesía como la más alta actividad del espíritu”. Por su parte, Raúl Henao le ha dedicado en La doble estrella (2008) el artículo “Fernando Palenzuela: el fiel de la balanza”, al que pertenece esta fina caracterización: “Su escritura poética, búsqueda permanente de ese fiel de la balanza donde se equilibran la lucidez y la alucinación, el vacío y la desesperación, tiene a veces el trasfondo amargo y sombrío que caracteriza la obra de Baudelaire y Lautréamont, pero al que nuestro poeta encuentra un sucedáneo en la paciencia o perseverancia, sin que dicha solución revista nunca una connotación depresiva o evasiva, quizás porque hay en ella la certeza rilkeana de que el alba, finalmente, disipa la sombra, y la luz la oscuridad reinante”. La obra de nuestro poeta es breve pero intensa y esencial, y por ello esperamos con impaciencia que los libros que anuncia, titulados Al margen de la irrealidad (novela, pero sin duda que signada por la poesía) y Uno sin uno, no demoren en salir de las prensas.
Esfera inacabada se compone de 29 poemas y 21 títulos, ya que las “Convulsiones” son siete y tres poemas llevan el nombre del libro. Un epígrafe de Lichtenberg (“La medida de lo maravilloso somos nosotros. Si buscásemos una medida universal, lo maravilloso dejaría de existir y todas las cosas serían igual de grandes”), uno de los maestros del humor negro, ya nos sitúa en territorio surrealista, pero es que además hay alusiones a Blake, Novalis, Lautréamont y Rigaut, la de Lautréamont referida al “Gran Objeto Exterior” con que Maldoror designaba al espantajo divino y cuya “baba” no ha podido alcanzar al poeta, según nos dice, aunque ya lo sepamos, en el último poema del libro. El epígrafe de Lichtenberg cuenta con un eco en el poema “Crónica de espejismos”, el más largo del volumen: “Un aforismo de Lichtenberg con las uñas cortadas / Florece en la punta de una aguja”.
Los poemas de Esfera inacabada revelan ese “apetito por el poder de la imaginación” a que se refiere en “Rescate nocturno”. Cada poema es un logro en sí, pero yo voy a enumerar una serie de ráfagas que me han hecho –como hacía tiempo no me ocurría– buscar el lápiz para subrayar los versos en que aparecen.
“La gran aventura hacia uno mismo / Se realiza con la boca cerrada”.
“Siempre es mejor ser cabeza y cola de león / Que deambular por los pasillos de los Ministerios / A buen tiempo mala cara”.
“La memoria del gallo es la envidia de muchos hombres”.
“Apuesto por la vida si se trata de aventurarnos por el camino del relámpago”.
“Caballo lanzallamas contra los oídos de la burguesía y de la masa soy”.
“Y yo me niego a ser enterrado sin una pistola en cada mano”.
“Lo más terrible es siempre lo que no se dice”.
“Al diablo váyase la poesía si no cambiar pudiese / La realidad el malgastado sueño las acrobacias de mi espíritu / En un río para navegar hacia la nueva voz bajo la tierra incierta”.
“Yo saludo al inesperado visitante / Que aparece como una furia eterna / Sin permitirme palpar mi soledad / Mi sangre en llamas / Irrevocable / Solo al servicio de ese doble hechizo / De la libertad y el amor”.

“Surrealismo sin servicio”

Con este título se publicó hace casi un año este magnífico documento firmado por la Liaison Surréaliste à Montrèal (www. liaisonsurrealiste.com):

lunes, 19 de marzo de 2012

Impostura en Dorothy’s


En esta galería parisina tiene lugar a partir del 30 de este mes una exposición titulada “Surrealist Heritage”, que no nos ocuparía un renglón si no fuera por su título ridículo y por la turbia mezcolanza que se da en ella. Participan dos personajes que, presentes en la exposición de Coimbra “O reverso do olhar”, fueron desenmascarados oportunamente, el primero, Daniel Hannequand –militarista orgulloso de su participación en la guerra argelina–, por Guy Ducornet durante la propia exposición, y el segundo, Santiago Ribeiro –católico militante–, a posteriori por Miguel de Carvalho. Se suman algunos que parecen sacados de esas páginas de internet en que surrealismo es igual a arte fantástico y a dalinianadas, más, guinda de la tarta, un fulano portugués que decora iglesias y conventos portugueses. Y es que la exposición está conectada a la fundación del galeno católico-salazarista Bissaya Barreto.
Pero, aparte el título, lo molesto es la presencia simultánea de nombres muy cercanos al surrealismo (suponemos que por despiste) y hasta de... Simone Ethuin. Todas estas confusiones son lamentables, ya que una cosa son las compañías neutras y otra bien distinta las detestables. Edouard Jaguer, de haber visto un cuadro de Simone en tan malas compañías, hubiera armado allí la de San Quintín.
Conviene recordar el texto definitivo del surrealismo sobre este tipo de impostores: “Tir de barrage” (“Fuego de barrera”), publicado por el grupo de París en 1960, con la adhesión del movimiento Phases. Llevó la ilustración de Alfred Kubin que aquí vemos, y merece sin duda ser no solo recordado sino hasta reeditado en la actualidad.

Fátima Roque


Con este libro-objeto de Fátima Roque, componente muy dinámico de la aventura surrealista en Brasil desde hace algunos años, damos noticia de su exposición fotográfica en la librería Alpharrabio de Sto. André (“alfarrabista” es la graciosa palabra de origen árabe con que se designa en portugués a los libreros de viejo). Celebra esta exposición, con una vitrina de publicaciones surrealistas (en la que no faltan piedras, conchas, plumas, semillas), los 20 años de la librería, que resiste con calidad en un mundo cultural cada vez más virtualizado. El título de la exposición de Fátima es “Do outro lado aqui”, y se afirma que la comisaria de la exposición es nada menos que una tal doctora Barbara M. Watson, quien al parecer dirige un gran centro fotográfico con sede en África del Sur (¡!).
¿Cuándo actualizará alguien Les mystères de la chambre noire de Edouard Jaguer? La fotografía (como el collage, o como la poesía y la pintura automáticas) no ha sufrido declive alguno en las últimas décadas del surrealismo, así que urge continuar una obra que llegaba hasta 1980 y que cerraba nuestro amigo Jaguer con un inequívoco “À suivre”. El día que ello se haga, Fátima Roque tendrá un capítulo obligatorio, donde no se dejará de señalar, además, su versatilidad creativa (y, si la hiciera yo, su simpatía y su generosidad de miras, siempre dada a las causas nobles y justas). Pero veamos ahora una página de su Cuaderno de descontroles, publicado en 2006, que vale como poética: