miércoles, 21 de marzo de 2012

“Surrealismo sin servicio”

Con este título se publicó hace casi un año este magnífico documento firmado por la Liaison Surréaliste à Montrèal (www. liaisonsurrealiste.com):

lunes, 19 de marzo de 2012

Impostura en Dorothy’s


En esta galería parisina tiene lugar a partir del 30 de este mes una exposición titulada “Surrealist Heritage”, que no nos ocuparía un renglón si no fuera por su título ridículo y por la turbia mezcolanza que se da en ella. Participan dos personajes que, presentes en la exposición de Coimbra “O reverso do olhar”, fueron desenmascarados oportunamente, el primero, Daniel Hannequand –militarista orgulloso de su participación en la guerra argelina–, por Guy Ducornet durante la propia exposición, y el segundo, Santiago Ribeiro –católico militante–, a posteriori por Miguel de Carvalho. Se suman algunos que parecen sacados de esas páginas de internet en que surrealismo es igual a arte fantástico y a dalinianadas, más, guinda de la tarta, un fulano portugués que decora iglesias y conventos portugueses. Y es que la exposición está conectada a la fundación del galeno católico-salazarista Bissaya Barreto.
Pero, aparte el título, lo molesto es la presencia simultánea de nombres muy cercanos al surrealismo (suponemos que por despiste) y hasta de... Simone Ethuin. Todas estas confusiones son lamentables, ya que una cosa son las compañías neutras y otra bien distinta las detestables. Edouard Jaguer, de haber visto un cuadro de Simone en tan malas compañías, hubiera armado allí la de San Quintín.
Conviene recordar el texto definitivo del surrealismo sobre este tipo de impostores: “Tir de barrage” (“Fuego de barrera”), publicado por el grupo de París en 1960, con la adhesión del movimiento Phases. Llevó la ilustración de Alfred Kubin que aquí vemos, y merece sin duda ser no solo recordado sino hasta reeditado en la actualidad.

Fátima Roque


Con este libro-objeto de Fátima Roque, componente muy dinámico de la aventura surrealista en Brasil desde hace algunos años, damos noticia de su exposición fotográfica en la librería Alpharrabio de Sto. André (“alfarrabista” es la graciosa palabra de origen árabe con que se designa en portugués a los libreros de viejo). Celebra esta exposición, con una vitrina de publicaciones surrealistas (en la que no faltan piedras, conchas, plumas, semillas), los 20 años de la librería, que resiste con calidad en un mundo cultural cada vez más virtualizado. El título de la exposición de Fátima es “Do outro lado aqui”, y se afirma que la comisaria de la exposición es nada menos que una tal doctora Barbara M. Watson, quien al parecer dirige un gran centro fotográfico con sede en África del Sur (¡!).
¿Cuándo actualizará alguien Les mystères de la chambre noire de Edouard Jaguer? La fotografía (como el collage, o como la poesía y la pintura automáticas) no ha sufrido declive alguno en las últimas décadas del surrealismo, así que urge continuar una obra que llegaba hasta 1980 y que cerraba nuestro amigo Jaguer con un inequívoco “À suivre”. El día que ello se haga, Fátima Roque tendrá un capítulo obligatorio, donde no se dejará de señalar, además, su versatilidad creativa (y, si la hiciera yo, su simpatía y su generosidad de miras, siempre dada a las causas nobles y justas). Pero veamos ahora una página de su Cuaderno de descontroles, publicado en 2006, que vale como poética:

 

Poaching Durruti's Egg

Este documento político de palpitante actualidad ha sido publicado hace unos pocos días en el blog del Surrealist London Action Group (Slag), como respuesta al proyecto “Surrealists with the Fourth International”. En el blog del grupo (que cuenta con una buena lista de enlaces) puede leerse también, a renglón seguido, otro notable texto político, por el grupo surrealista de Atenas.

Tras Noa Noa


En 1985, Assírio & Alvim publicaba Noa Noa, con el homenaje de Víctor Segalen. A Cesariny le impacta el libro de Gauguin, y más aún su gesto de abandonar Europa, pero en realidad Gauguin se encontró en Tahití con la corrompida sociedad europea que había abandonado, infestando además aquellos parajes paradisiacos. Misioneros, militares, policías, comerciantes, funcionarios, inspectores, juez y obispo... Toda la ralea, en fin, bien pertrechada con su puritanismo y su miseria vital, poniendo a la gente a cubrir sus cuerpos y a trabajar.
Tahití era colonia francesa desde 1860. Gauguin llega en 1891, y escribe al muy poco tiempo: “Nuestros misioneros ya trajeron mucha hipocresía protestante y destruyen gran parte de la poesía, sin hablar de la sífilis que invadió a toda la raza”. Dominaban la enseñanza después de haber sido masacrados los súbditos del rey Pomaré IV no convertidos al cristianismo. ¿Sorprende que Gauguin hasta llegue a hablar de un “régimen del terror”? Se marcha entonces a la isla Hiva-Ova, pero solo para descubrir que allí “la misión es dueña de todo”.
El entusiasmo de Cesariny hacia Gauguin no seré yo quien lo comparta. Creo que a Gauguin lo retrató bien Artaud en Van Gogh el suicidado por la sociedad, y que acertó al ver entre ellos “una fundamental escisión humana”. Ya en Hiva-Ova, Gauguin pensaba volver a Europa... ¡para pintar los toreros y las mujeres morenas de España! Y su mejor amigo a dos pasos de la muerte era un pastor protestante.
¿Y lo de “noa noa”? El mismo Gauguin lo dice: “De toda esta juventud, esta armonía perfecta con la naturaleza que nos rodeaba, se desprendía una belleza y un aroma (noa noa) que encantaban mi alma de artista”. Es ese inefable “noa noa” de los pueblos oceánicos o amerindios lo que siempre ha encantado al surrealismo. Un aroma de libertad y de poesía de la vida.
Al Noa Noa n. 12 siguió “The Ted Oxborrow’s Perpetual Motion Food Magazine. Portuguese Section of the Illinois-Vladivostok Area”. ¡Vaya título delirante! Este fue el n. 1, y carece del interés de cualquier Noa Noa, ya que estas historias de enfrentamientos entre surrealistas cansan de veras –otra cosa bien diferente es el enfrentamiento de los surrealistas con quienes reniegan de la aventura surrealista, llevados en general por los motivos más bajos e inconfesables. Mi curiosidad por saber qué hizo a Cesariny y Cruzeiro Seixas pelearse a muerte es igual a cero. Al dorso de la hoja, Cesariny ha fotocopiado un pasaje de la entrevista, subrayando la cita elegida más esta otra: “Potrò forse dire che il surrealismo è una strada che mi segue?”. No sabemos tampoco qué llevó a Cruzeiro Seixas a decir estas cosas, que nada concuerdan con lo que antes pensaba de él y el surrealismo, ni con lo que pensaría después y hasta hoy. Al contrario, siempre me ha parecido soberbia y de lo más oportuna esta observación suya: “Existe, parece ser, quien esté cansado del surrealismo, pero no puedo dejar de sentir curiosidad por saber lo que descubrieron en su lugar”.
Esperemos que Perfecto Cuadrado –aunque nos sonroje pedirle más de lo muchísimo que ya ha hecho– reúna algún día y publique todos estos “papeles surrealistas” del viejo león de Lisboa: “Noa Noa”, “Food Magazine”, “Bureau surrealista”, la colección “Blenorrágia” de las Edições Esquentamento... Nosotros cerramos hoy esta serie con otra rareza, aunque demos atrás a la máquina del tiempo. En este caso es un tirón de orejas al doctor José-Augusto França, una de las bestias negras de Cesariny. El consagrado historiador del arte había formado parte de la aventura surrealista a fines de los 40 y principios de los 50, pero lo que no le perdonaba Cesariny era su posición catedrática y académica, de gran santón de la cultura portuguesa. “Fora os doutores!”, exclama este surrealista nada conciliable con el estamento universitario, al que veía, en la estela de su adorado Artaud, como gran “usurpador de sentido”. La A.I.C.A. debe ser una de esas muchas instituciones dedicadas al arte, que tal vez rigiera el Dr. França. Tanto “arte” irritaba a Cesariny, como en general a los surrealistas, que nunca se han interesado por el “Arte” –con mayúscula– sino en tanto aventura del espíritu y de la poesía.


La ilustración pertenece a la película de Paulo António de Paranaguá Nadja, filmada en 1966, y Cesariny la ha tomado del primer número de A Phala (1967), la revista dirigida por su amigo Sergio Lima y que hoy consideramos uno de los hitos en la historia colectiva del movimiento surrealista.

“ART IS ARP”


No citamos en Caleidoscopio surrealista este excelente catálogo del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo (museo localizado precisamente en la Plaza Hans-Jean-Arp), donde son tratadas, con gran riqueza iconográfica, todas las facetas del artista –así, su título completo es Art is Arp. Dessins, collages, reliefs, sculptures, poésie. Apareció a fines de 2008.
Isabelle Ewig abre el fuego ocupándose con acierto de los inicios arpianos y señalando el origen de sus collages no en el cubismo, sino en lo oculto y en la naturaleza. Con el uso de materiales naturales –tanto como con “la alegría sensual de tocar” (expresión con que Gabrielle Buffet-Picabia caracteriza la creación de sus relieves)–, Arp quería acercarse a los pueblos de Oceanía. “Yo actuaba como los oceánicos, que no se preocupan en absoluto, para sus máscaras, de la duración de los materiales, y que emplean materiales perecibles, como las conchas, la sangre, las plumas”. Y también, como ellos: “Mi trabajo está ligado al sueño diurno, sin menospreciar por ello la materia”.
“Arp cara o cruz” es la contribución de Georges Sebbag, como siempre fino y abriendo horizontes. Sus notas sobre el azar como soporte de la invención en sus collages y en sus maderas pintadas son muy certeras, así como el capítulo sobre los papeles estrujados. “Para Arp, el azar es ese acontecimiento natural pero inhabitual que interrumpe el curso habitual de las cosas, deshace nuestra imagen corporal, mina la creencia en la subjetividad y nos hace probar maravillas”.
De la poesía se ocupa Eric Robertson, quien reproduce esta declaración de Arp: “Las palabras han guardado para mí toda una novedad, un misterio. Las manejo como un niño los cubos. Las palpo, las contorneo –como esculturas. Les atribuyo un volumen plástico que no depende de su significación”. Eric Robertson señala cómo a lo largo de los años 30, “los juegos sobre el lenguaje, sin desaparecer, comienzan a ceder el lugar a imágenes cada vez más pesadillescas que comunican un sentimiento de angustia siempre más agudo”.
Otro buen trabajo es el de Guitemie Maldonado, sobre su “lenguaje-objeto” y los elementos de su “enciclopedia”. Menos interés guardan para nosotros sus colaboraciones con Sophie, que son sobre todo obras textiles, y el estudio que hace Isabelle Ewig sobre el Arp puramente abstracto.
Nos acercamos más al surrealismo con los “fatagaga” (“fabrication de tableaux gasométriques garantis”) compuestos al alimón con Max Ernst y que estudia aquí Julia Drost. Aunque se sitúen en el dadaísmo, ya anuncian al maestro del collage que será Max Ernst. Y en pleno surrealismo ya estamos con los siete cadáveres exquisitos que un día de 1937 compusieron Arp, Sophie, Óscar Domínguez, Marcel Jean y Raoul Hausmann. Los estudia Emmanuel Guigon, que es quien mejor podía hacerlo. Veamos este, hecho de arriba abajo por Marcel Jean, Domínguez, Arp y Sophie:


Guigon repite con un trabajo en que enfoca “el placer de destruir” arpiano. Ve en el artista un “doble movimiento simultáneo que ritmara el conjunto de su producción hasta sus últimos días: la voluntad y el azar son los dos polos complementarios de su actividad que conduce hacia un estado de naturaleza resueltamente libre donde la vida pueda aparecer según el ciclo eterno de la destrucción y de la generación”. Cierra el catálogo un trabajo de Thierry Dufrêne sobre su escultura (de la que tenemos un ejemplo al comienzo de esta nota: la “Escultura automática” también llamada “Sombra china”, en piedra calcárea rosa) y el apartado bibliográfico, en el que deseo resaltar la antología de poemas y ensayos que dio a la luz Robert Motherwell en 1948.
“En el espantoso caos de nuestra época, solo algunos raros oasis de pureza se me aparecen aún. El hombre ha sucumbido al frenesí de la inteligencia. Ese demente impregnado de cultura física intenta dominar el mundo por medio de su pseudocabeza. Su inhumanidad lo ha conducido a un laberinto sórdido en el cual no encuentra ninguna salida. La máquina y el dinero son los ídolos que adora con fervor. Su alegría del progreso no conoce límites. Él mide – calcula – pesa ­­­– prende fuego – pulveriza – asesina – surca los aires – consume – miente –fanfarronea – arroja sus bombas –y es así como se eleva por encima de las bestias. Por su inteligencia infernal sobrepasa en invención diabólica todo lo que vive. Su locura crece hasta el infinito, así como la confusión de su espíritu y su amor de la porquería. Aprisionado entre los cuatro muros de su inteligencia, todo lo que pasa fuera de él lo deja frío”.
Estas palabras fueron escritas en 1946, pero ¿no las hubiera Arp refrendado en el presente?

lunes, 12 de marzo de 2012

“Debout sur l’Oeuf” n. 1 (II)


Prosigamos el comentario de esta revista-objeto, que es la primera revista surrealista aparecida en Portugal, ya que ninguno de sus precedentes merece ese calificativo. De Unicornio-Pentacornio (1951-1956), lo menos que puede decirse es que una revista dirigida por José-Augusto de França no puede ser surrealista. Los Cadernos Surrealistas y Contrapunto son colecciones, no revistas, del mismo modo que A antologia em 1958 pregona lo que es desde su título. Grifo, ya de 1979, no es más que una recopilación de inéditos, en la que ni está Mário Cesariny, cuya ausencia en cualquier publicación colectiva lusitana la descalifica como surrealista. Y no menos  a contrapelo podrían calificarse de surrealistas los números de Pirâmide (1959-60) o de Serpente (1961). Debout sur l’Oeuf sí es una revista surrealista, por los cuatro costados, y se alinea más que dignamente con las numerosas revistas que jalonan la historia del surrealismo desde La Révolution Surréaliste, o, si se prefiere, desde la segunda serie de Littérature.
Siguiendo con los cuadernos integrados en esta caja mágica,  el n. 22 asocia tres poemas de Laurens Vancrevel a una pintura muy característica de John Welson, mientras que en el 7 tenemos una imagen impactante, presentada como “objeto mágico-peligroso” (“¡Atención! Manejar con cuidado. En caso de dudas, hacer señal al maquinista”): el óleo de Susana Wald “La vuelta del futuro” apresado por la navajilla de “Tiempo cortante”, un objeto circulante sobre papel de arena chino obra de João Van Dam, otro de los componentes de la Cabo Mondego:


Susana Wald nos lleva a otra de las virguerías de la revista: el cartón con un poema de Beatriz Hausner por un lado y un collage de Ludwig Zeller por el otro, y atada con cuerda una concha con la letra J.
Más piezas: de Miguel Ángel Huerta (una turbadora pintura); de María Prado (un poema y un bello óleo de sabor años 20-30); del noble amigo conquense de los surrealistas portugueses, Juan Carlos Valera (un poema, dedicado a Mário Henrique Leiria); del infatigable Guy Ducornet (el divertido collage “La pesca milagrosa”, con que abrimos esta nota); del no menos infatigable Zuca Sardan (una de esas cartas maravillosamente hilarantes, llenas de dibujos y de versos originales, que recibimos algunos de los pocos mortales afortunados que vagamos por este mundo); de Allan Graubard (un poema y una prosa); del componente del dinámico grupo londinense Slag Merl Fluin (tres textos automáticos); de Antonio Beneyto (un facsímil del extenso “fragmento en Polonia”, “sin corregir y sin censura”, del “Diario de un artista suicida”).
Destaquemos aparte, por su perfil ensayístico, la conferencia de Guy Girard “Lo maravilloso surrealista y el Extremo Oriente”, acompañada por la reproducción de “El castillo del doble sol” Y el texto de la presentación de la caja de habanos con los cuadernos de los Cantos a la mujer nocturna, de Sergio Lima, otra joya editorial de Miguel de Carvalho. Dejando a un lado algunas observaciones tontas de los periodistas (esa raza ya no tiene solución, por lo que no se entiende que, en la reciente exposición de Praga, algunos surrealistas se prestaran a responder a sus necias preguntas), Sergio Lima encuentra ocasión de lanzar algunos espolazos bien necesarios, contra la informatización de la vida, contra la tiranía del “texto”, contra la “idiotez” de los especialistas, contra la policía de todo signo –a la vez que da unos apuntes de gran interés sobre su riquísimo libro Collage (1984), en el que el lector tiene que empezar por recortar las imágenes elegidas por él y pegarlas en su espacio correspondiente.
En el terreno de los manifiestos, tan solo el ánimo de ser exhaustivo me hace citar el dedicado a la siniestra Frida Kahlo, sobre cuyo estalinismo el maestro Granell, en uno de nuestros encuentros madrileños, me levantaba sospechas acerca de si hasta no habría participado en el asesinato de Trotsky; el propio Granell es nombrado en este escrito, con motivo del silencio de los críticos de arte portugueses al exponer por cuarta vez en Portugal, y si el manifiesto tiene algún sentido es precisamente por su ataque a los comisarios y críticos de arte portugueses (etc.). Algo bien distinto es la traducción del folleto “Por sus voces hablaban Magón y Zapata”, firmado por el grupo surrealista de París en  2010 y que, por cierto, cierra el volumen de Guy Girard Insoumission poétique, recopilación de los manifiestos y declaraciones de dicho grupo de 1970 a 2010. Aquí tenemos la última instantánea del amor nunca desmentido de los surrealistas hacia los pueblos amerindios, instantánea motivada por el asesinato a manos de fuerzas paramilitares de dos simpatizantes de los admirables indios triquis, cerca de Oaxaca.
La edición especial de 30 ejemplares numerados incluye: la foto erótica de Marlo Broekmans que ilustraba la primera parte de esta reseña; el dibujo a tinta china y acrílico dorado con pluma de gaviota sobre papel de Seixas Peixoto “Cabo Mondego”, con el cual cerramos esta nota; la pintura automática colectiva de Rik Lina y Miguel de Carvalho “Hojas muertas”, con poema impreso sobre acetato del segundo; una pintura automática sobre papel de Gregg Simpson; el dibujo a tinta china sobre papel de Rik Lina “Hurricane Machine”; y la reproducción del objeto de Guy Ducornet “Puño levantado”. Todo realizado en 2010, menos la foto, que es de 1996.