viernes, 13 de enero de 2012

Breves

Gallimard acaba de publicar las Lettres à André Breton 1918-1931, de Louis Aragon.
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En Flammarion aparecen las Poèsies complètes de Tristan Tzara, presentadas por Henri Béhar.
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En Pepitas de Calabaza (Madrid), la novedad es Para ver, cierra los ojos, un nuevo libro dedicado a Jan Svankmajer.
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El n. 206 de la revista Action Poétique contiene un dossier dedicado a los surrealistas griegos, con Embiricos, Engonopoulos, Valaoritis y Kaknavatos antologados.
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Dividida en cuatro volúmenes, ha aparecido, en L’Harmattan, la Chronique d’une aventure surréaliste de Claude Courtot, diario iniciado a fines de los años 90.

miércoles, 11 de enero de 2012

Solidaridad surrealista

Reproducimos la carta enviada hace unos días por nuestro amigo Laurens Vancrevel.
 
Dear friends,
Our surrealist friend in Colombia, poet Angye Gaona - who was unexpectedly arrested last year January without any written charge (she was released on caution in July after much international pressure) has now been charged formally by the Colombian prosecutors of 'Rebellion'  and drug trafficking. The trial is announced to start on 23 January at the special criminal court in Cartagena de Indias.
Angye is completely innocent of these charges. She has passionately defended in several press articles and interviews the case of Colombian Indians (many of whom are being killed by paramilitary gangs on order of land developers; Angye has called this 'genocide') and that of working class people and their unions (who are constantly being repressed by industrials, supported by the government). Angye has also called the present Colombian government 'a terrorist government'.  She is now being considered a nuisance by the ultra-conservative government, because Angye's voice has a considerable influence on young Colombians. But 'rebellon' or 'drug trafficking', no.
Her trial may have a very dramatic outcome if nothing is being done. Colombia is known for its political trials. At the moment some 7,000 political prisoners serve long sentences in terrible and overcrowded prisons. It is necessary therefore to try to make known to the judiciary officials, that Angye's case is being followed closely worldwide. 
On this moment, it will be important that the examining judge will receive many letters, asking for a fair trial.
If you want to write such a letter, the address is as follows:
Al Sr. Juez de Conocimiento
Centro de Servicios Juzgado Único Penal
           del Circuito Especializado De Cartagena Adjunto
           Centro Barrio San Diego,
Calle De La Cruz No 9-42,
           Antiguo Colegio Panamericano 2º Piso

Cartagena de Indias
Colombia, South America
You may send a copy (by email or postage) to the local ambassador or consul or Colombia, to increase the pressure. For your information, I add two links on the case, one in Spanish and the other in French:
Let's hope for the best!
Best wishes,
Laurens Vancrevel

“Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel”

Si a ese gran viajero que fue Raymond Roussel no se le ocurrió en su tiempo viajar a la Península Ibérica, mucho menos lo haría hoy. Pero su autocaravana de diez metros (que él definió como “un auténtico yate en tierra”) parece que sigue moviéndose, aunque sea por carreteras secretas. Y así, ha aparecido por un museo de Madrid famoso por su ascensor transparente, donde permanecerá aparcada hasta el 27 de febrero, para de allí dirigirse a la brumosa ciudad de Oporto, en visita primaveral y estival.
Dicho museo, junto a las ediciones Turner, ha publicado un libro de 300 páginas que merece reseñarse. Su enfoque es muy dinámico, con breves textos críticos, pasajes de los escritos rousselianos y muchas y muy interesantes ilustraciones.


La introducción y los textos que presentan cada sección son de François Piron. La introducción es buena y los textos acertados, pero estos merecen algunas puntualizaciones. Así, cuando, en dos ocasiones, habla del “panteón surrealista”. Estos comentaristas del surrealismo parecen gustar del olor a cadaverina, ya que hasta sienten la muerte donde no la hay. Incluso Yves Bonnefoy, en la desdichada entrevista a la hoja de col llamada “Le monde des religions”, al ser cuestionado sobre lo que leía “de los autores vivos”, respondía como hay que responder a esto de lo vivo y lo muerto: “Todos los autores están vivos”, y a veces más que muchos de nuestros contemporáneos, como le ocurre a él con Baudelaire, “más aún cuando las ediciones críticas de sus libros y sus cartas nos lo hacen más cercano a nosotros que esos autores actuales de quienes no conocemos sino páginas, o cuadros”. Una cosa es vivo y otra contemporáneo. Y para el surrealismo, como ha demostrado siempre, Raymond Roussel no forma parte de ningún panteón, ya que, además de ver a Roussel como un espíritu vivo, el surrealismo no tiene ningún panteón.
Luego, François Piron dice, en la página 171, que “la lectura de Roussel por parte de los surrealistas es coherente con sus intereses: la primacía de lo imaginario sobre lo real, de la visión sobre el entendimiento racional, y la originalidad de un «mundo completo»”. Aunque sea una manera de hablar, no está de mal recordar que el surrealismo no ha dejado nunca de afirmar que lo imaginario es real. Por último, en la segunda cita del “panteón”, encontramos lo que suponemos sea un despiste: “Roussel, como Borges o Sade, se cuentan entre los escritores de los que se apoderan Foucault y los críticos de su generación para sustraerlos del panteón surrealista”. Valga lo de Sade, pero... ¿Borges, al que incluso Magritte llamó “gilipollas”? Nunca fue, ni es, ni podría ser una referencia del surrealismo.
Que Foucault y la generación textual hayan intentado, con bombo y platillo académicos, apropiarse de Roussel –intento que buscaba convertir en un simple “malabarista de palabras” a quien afirmó rotundamente que “en mi caso, la imaginación lo es todo”– no puede ocultar que, hasta principios de los años 60, o sea durante cuatro décadas, la cronología del interés rousseliano coincide con el surrealismo, y que, como el propio François Biron reconoce, la obra de Roussel “ha llegado hasta nosotros, ante todo, por el entusiasmo de los surrealistas, que la defendieron con pasión durante la década de 1920”. Veamos ahora los datos que al respecto nos facilita este libro.
En 1922 escribe sobre él Philippe Soupault en Littérature. En 1924, aparece un texto de Desnos en 391, la revista de Picabia, y Michel Leiris, que lo conoce desde niño por relaciones familiares, se lo presenta a Masson y a Miró, a quienes les compra cuadros, como en 1926 le comprará a Max Ernst “El ruiseñor chino”. En 1925, Paul Éluard publica en La Révolution Surréaliste “La estrella en la frente”. En 1928, Vitrac un estudio en la Nouvelle Revue Française. En 1930, Leiris habla de él iluminadoramente en el artículo de Documents “El ojo del etnógrafo”. En 1933, el escritor le da a su notario un documento especificando que debe entregarse un ejemplar de todos sus libros, y copia de unos manuscritos, a Desnos, Tzara, Éluard, Leiris, Char, Dalí, Soupault, Gide y Aragon, mientras que Dalí, en Le Surréalisme au service de la Révolution, publica un artículo sobre las Nuevas impresiones de África. En 1935, gracias a Leiris, aparece Como he escrito algunos de mis libros, y Clovis Trouille pinta su cuadro "El comedor de Raymond Roussel". Este último dato no viene en el libro que comentamos.


Pero sigamos, ya en 1937, con la nota clásica de Breton en Minotaure, luego en la Antología del humor negro (1940), y con el amigo Brunius, quien realiza la primera “máquina para leer a Raymond Roussel” (perdida durante la II Carnicería Mundial). Al año siguiente, el propio Brunius abre su gran artículo de Minotaure “Al margen del cine francés” con una serie de experimentos del maestro Canterel, y en la exposición se homenajea al escritor, como volverá a hacerse en la del 47. En 1938, Dalí pinta Impresiones de África. En 1943, textos de Roussel son traducidos en View. En 1950, Michel Butor indaga los “procedimientos” de Roussel, pero lo hace en la revista Rixes, de la que fue el único colaborador no surrealista. En 1953 aparece el primer libro sobre el escritor: Une étude sur Raymond Roussel, de Jean Ferry, con prólogo de Breton (aún Ferry le dedicaría dos libros más, en los años 60). En 1954, es el patafísico Juan Esteban Fassio quien da a conocer otra máquina, inspirada en la de Brunius (y también desaparecida), pero de nuevo es una revista surrealista la que se hace eco de una intervención no surrealista sobre Roussel: Letra y línea, que dirigía Aldo Pellegrini en Buenos Aires. Y así llegamos a 1963, en que Ferry reunía sus escritos. No sin olvidar que el libro más importante sobre Roussel es obra de Annie Le Brun: Vingt mille lieues sous les mots, Raymond Roussel, ya en 1994. Cinco años antes, una empresa de mudanzas había entregado a la Biblioteca Nacional de París nueve cajas con documentos del escritor, hallazgo decisivo que condujo a la edición de sus obras completas y obligó a un replanteamiento del histórico libro del gran estudioso de Alphonse Allais, François Caradec, quien, por cierto, había trabajado en la materia con Michel Leiris (1972, 1997).
Precisamente es Annie Le Brun, siempre fina y sagaz, quien abre los ensayos del libro. Tras un buen texto de Patrick Besnier, volvemos a los viejos tiempos con un fragmento del texto etnográfico de Leiris en Documents, hablando de Roussel, pero también de “los prejuicios de raza, iniquidad contra la que nunca nos rebelaremos lo suficiente”, y de los turistas, que viajan “sin corazón, sin ojos y sin oídos”. Soberbias son las hojas inéditas de Desnos (¡de quien se ha llegado a decir que era hijo de Roussel!), “Raymond Roussel y su acción sobre el público”. Con su violencia acostumbrada, Desnos defiende a Roussel del “público cerril, mezquino y envilecido”, propio de “esta sociedad en proceso de putrefacción”, y, en fin, de “quienes dan el nombre de «edad de la razón» a la edad de la cobardía moral”.
De un libro de 1998 sobre Duchamp, obra de Linda Henderson, se extrae un fragmento sobre la actitud, teñida de ironía y burla, que Roussel y Duchamp tuvieron hacia la ciencia y la tecnología. Esta ensayista escribe: “Afirmar, con Breton, que Roussel había sido «el magnetizador más importante de los tiempos modernos», es exagerar su implicación en la práctica del magnetismo y del hipnotismo”. ¡Caramba! Esto es leer al pie de la letra, lo que evidentemente no es el caso, y por lo demás Breton escribe: “Roussel es, con Lautréamont, el magnetizador más importante de los tiempos modernos”, sin que tampoco esté hablando de que Lautréamont se haya dedicado a esas prácticas.
El texto de Breton viene luego traducido, tras el de Soupault en Littérature y antes del de Astrid Ruffa sobre Dalí y Roussel. Menos interés aún que este tiene el de Georges Perec y Harry Mathews, tristes inventores oulipoenses de imaginación menesterosa, al menos al tratar a Roussel, ya que no van más allá de idearle un amor homosexual. El texto de Butor en Rixes y una entrevista de Piron a John Ashbery cierran el libro. La entrevista es del máximo interés, ya que Ashbery (quien en 1961 hasta fundó una revista titulada Locus Solus) ha sido un apasionado rastreador de Roussel, y tan inteligente como para no haberse dejado engañar con el discurso foucaultiano: “A pesar de las esperanzas que había depositado en el libro de Foucault, una vez más no descubrí nada decisivo sobre Roussel, sino solo las ideas de Foucault acerca de él”. Nos da también la información curiosa de que Roussel se puso en contacto con el cineasta Alexandre Devarenne para llevar al cine Impresiones de África. Y cierra con el delicioso relato de su acercamiento a Joseph Cornell –siempre genio y figura–, para hablar con él sobre Roussel.
Locus solus. Impresiones de Raymond Roussel incluye también una serie de semblanzas de figuras relacionables con el escritor, como Victorien Sardou, Victor Hugo, Leiris, Desnos, Flammarion, Duchamp, Chirico o Ferry. Lo más divertido nos aguarda en la página 135: la foto de la galleta en forma de estrella que le regaló Flammarion durante el almuerzo en su observatorio, y para la que Roussel hizo una urna de cristal luego encontrada por Bataille en un mercadillo de viejo. Sigue refiriendo François Piron: “Este objeto le inspiró un texto dedicado a André Masson, «El comedor de estrellas» (1940), en el que sugería que el valor fetichista y pueril que Roussel daba a ese objeto simbolizaba «su deseo de comerse una estrella». Bataille se lo regaló luego a Dora Maar, que lo incluyó en la exposición «Objets surréalistes» de la Galerie Charles Ratton de París, en 1936”.


Por lo que respecta a Roussel y el surrealismo, hemos de añadir algunos datos, sobre todo la publicación, en 1968, de la espléndida monografía-antología de Bernard Caburet, componente a la sazón del grupo surrealista parisino, en la colección “Poètes d’aujourd’hui” de Seghers. Otro miembro del grupo, Georges Sebbag, en la revista Alétheia (n. 3), publicaba en 1964 el artículo “Raymond Roussel ou les impressions d’une double vue”. Y aún más atrás, en 1950, merecen resaltarse los tres capítulos consagrados a Roussel por Marcel Jean y Arpad Mezei en Genèse de la pensée moderne. Luego, en febrero de 1973, Georges Henein le dedica un artículo, que es el último verdaderamente significativo que salió de su pluma. No se olvide tampoco la influencia en artistas como Konrad Klapheck, Gilles Ghez, Roberto Matta o Jorge Camacho. Este último incluso le dedicó, en 1967, una exposición, titulada HARR, o sea Homenaje a Raymond Roussel, y de él recordamos ahora el dibujo “Locus Solus":


En la página 112 se reproduce una docena de líneas de Paul Éluard (sacadas, para más inri, de La Révolution Surréaliste), advirtiendo que la llamada “Sucession Paul Éluard” prohíbe su reproducción. ¡Toda una lección de amabilidad y comunismo! Más paradójico aún resulta que el futuro poeta de Stalin nos diga, en esas líneas, que la única realidad importante para él es la de “lo que nunca fue”. Por otra parte, no sabemos si también se debe a los “copyrights” –todo es posible en los reinos de la Ley– que las reproducciones de Man Ray aparezcan con el nombre Emmanuel Radnitzy entre corchetes, como si eso a alguien le importara.
Pero en fin, pese a los detalles apuntados, debe señalarse este libro como una publicación preciosa, imprescindible incluso, para todos los apasionados de la figura y la obra de Raymond Roussel.

Thomas de Quincey y el surrealismo

El surrealismo ha admirado siempre a Thomas de Quincey. Breton lo incluye con todos los honores en la Antología del humor negro, señalando que “nadie ha mostrado más profunda compasión por la miseria humana” y que “no hubo nunca mayor discutidor de las reputaciones establecidas”, citando a este respecto este bello pasaje suyo, con el que cierra su nota: “Generalmente, los escasos individuos que han provocado mi repugnancia en este mundo eran gentes florecientes y de buena reputación. En cuanto a los pillos que he conocido, y no son pocos, pienso en ellos, sin excepción, con placer y benevolencia”.
En la exposición surrealista internacional de Praga (1947), Breton explica que “más que nunca pide ser salvada esa «idea de la grandeza que, dice Thomas de Quincey, yace en potencia en los sueños del hombre»”, y cita en seguida un tan extenso como soberbio pasaje de Suspiria de profundis, contra la gregarización del hombre europeo y sus efectos nefastos sobre la vida cotidiana y onírica, considerando que “no se reflexionará nunca lo suficiente sobre estas ideas”.
En 1948, Hans Bellmer realiza la calcomanía “La pobre Ann (El ángel caído)”, para un proyecto de edición de Los paraísos artificiales de Baudelaire:


En 1953, De Quincey recibe un sí unánime en la encuesta “Ouvrez-vous?” de la revista Médium (n. 1). He aquí las respuestas:
“Sí, está en su casa”. (Jean-Louis Bédouin)
“Sí, y por mucho tiempo”. (Robert Benayoun)
“Sí, y no puede ser de modo más caluroso”. (André Breton)
“Sí, por afinidades electivas”. (Elisa Breton)
“Sí, para escucharlo soñar”. (Adrien Dax)
“Sí (gran simpático)”. (Georges Goldfayn)
“Sí, con el placer más desprovisto de reservas”. (Julien Gracq)
“Sí, como a mi hermano”. (Gérard Legrand)
“Sí, con una exclamación de alegría” (Simon Hantaï)
“Sí, para mejor situar su obra”. (Wolfgang Paalen)
“Sí, para oírlo hablar de Ann”. (Benjamin Péret)
“Sí, nosotros mataremos el tiempo”. (Jose Pierre)
“Sí, en mi casa está en su casa”. (Jean Schuster)
“Sí, con emoción”. (Anne Seghers)
“Sí, para soñar con él”. (Toyen)
“Sí, los dos llenaremos de humo los ángulos demasiado agudos del salón” (Michel Zimbacca)
Si la respuesta más banal es la de Jose Pierre, la que nos gusta más es la de Benjamin Péret, evocando a la maravillosa figura femenina que ya había inspirado a Bellmer.
Los únicos visitantes que recibieron un sí unánime fueron –aparte De Quincey– Baudelaire, Carolina de Günderrode, Gustave Moreau y Novalis, a los que puede sumarse Nerval, ya que la única negativa es de Goldfayn, pero “por inquietud”. Este juego es también interesante por lo que dice de los propios participantes y por revelar muchas discrepancias entre los surrealistas parisinos, frente a la tendencia a verlos monolíticamente. Pero aún nadie lo ha estudiado.
En 1967, Georges Malkine, al realizar sus “Moradas”, no olvida a Thomas de Quincey, con quien además compartía el amor del opio. Aquí la tenemos, con forma quizás de cachimba para ese material:


Ya en 1977, Maninha Cavalcanti, cercana al grupo surrealista brasileño, ha ilustrado las Confesiones de un comedor de opio.

Noa-noa, n. 3



Una estampa alquímica duplicada y el fragmento manuscrito, también duplicado (en checo y en francés), de un poema de Petr Král, componen este número tercero de los “Noa-noa”. Nuevamente, Cesariny anuncia un próximo número que no aparecerá, en este caso dedicado a Allan Graubard, figura mayor del surrealismo estadounidense.
Petr Král colaboró en los Textos de afirmação e de combate do movimento surrealista mundial, el beligerante libro de Mário Cesariny que fue un verdadero detonante para una época en que el surrealismo parecía enterrado. Su artículo, firmado en París en 1976, trata de “Los combates del surrealismo checo y eslovaco”, y acaba con estas palabras:
“Una viva herencia del pensamiento surrealista, afírmese o no como tal, continúa su curso en la Checoslovaquia actual, bajo diversas formas y en varios niveles. En cuanto a la polémica de ese pensamiento con la realidad ambiente, se encuentra hasta más viva que nunca: los trabajos recientes de Vratislav Effenberger, insertando sus comentarios sobre la actual «crisis de conciencia» en el marco de la investigación del grupo BLS de París, son testimonio tan válido de esa vivacidad como las reflexiones que un Stalislav Dvorsky publica solitariamente en un plano más filosófico de la «fenomenología del espíritu humano». Pese a la penumbra que bebe nuestros gestos, y al menos en cuanto la noche no se cierre por completo, el futuro, allá o aquí, en nosotros como a nuestro alrededor, no dejó de abrirse”.
Siete años después, Petr Král publicaba su antología de textos del surrealismo checoslovaco, cerrándolo en 1968, año que ahora resultaba haber supuesto, para el surrealismo, “su entrada definitiva en la historia”, lo que, evidentemente, no pensaba su amigo Mário Cesariny.
Las citadas palabras se las había llevado el viento.

miércoles, 4 de enero de 2012

Dos centenarios

2011 fue el año Matta en cuestión de centenarios, celebrándose una magna exposición en Chile, cuyo catálogo esperamos comentar.
Pero ahora recordamos dos centenarios más discretos, de dos espléndidas artistas del territorio surrealista: Aline Gagnaire e Isabelle Waldberg.
Aunque derivó hacia el OuPeinPo, Aline Gagnaire fue de los componentes del grupo “Les Révèrbères” que se incorporaron a “La Main à Plume”. Su obra es muy interesante, sin desfallecimientos. Aquí tenemos un cuadro de 1984, titulado “Memoria del muro o memoria cruel y dulce memoria”:


De Isabelle Waldberg, finísima escultora –como otra Isabel, la portuguesa Isabel Meyrelles–, reproducimos la curiosa pieza “Delescluze desciende hacia el Château d’Eau”, de 1973:


Ilustra aquí Isabelle Waldberg un verso de “Los estados generales”, largo poema de André Breton escrito en 1943. Delescluze (1809-1871) era un austero comunero republicano, abatido en la plaza del Château d’Eau el 25 de mayo de 1871, durante la Semana Sangrienta, cuando se dirigía a las barricadas:
“El vértigo es lo más hermoso que he conocido
Y cada 25 de mayo al terminar la tarde el viejo Delescluze
Con augusta máscara desciende hacia el Château d’Eau
Se diría que barajan unas cartas de espejos entre la sombra”.
Como esas “cartas de espejos” barajamos nosotros nombres luminosos como los de Aline Gagnaire o Isabelle Waldberg.

Cuatro melancolías y cuatro combates

Una de las voces poéticas más valiosas de las últimas décadas es sin duda la de Pierre Peuchmaurd. Pero siempre expresándose discretamente, sus poemas (y sus aforismos y reflexiones) aguardan una edición conjunta.
Varios de sus cuadernos han sido ilustrados por Jean-Pierre Paraggio, aunque siempre hay que aclarar que no se trata de “ilustraciones” en el sentido clásico, sino de diálogo poético entre imagen y texto. En lo que nos ocupa hoy, hay además diálogo entre estos dos cuadernos: Quatre combats (2003) y Quatre mélancolies (2006), ambos publicados en la Collection de l’umbo. La primera imagen es el cuarto “combate”, y la segunda la primera “melancolía”.