miércoles, 7 de diciembre de 2011

Rik Lina

Rik Lina desarrolla hace algunas décadas una de las obras más audaces del arte contemporáneo, en estrecha colaboración con otros navegantes del bajel surrealista. En 2009 se establece por temporadas junto al tormentoso océano portugués, concretamente en la pequeña población pesquera de Buarcos, protegida por la fascinante Serra da Boa Viagem, con su faro envuelto en la bruma, sus extraños molinos giratorios, sus huellas de dinosaurios y sus árboles renacidos de periódicos incendios.
Pero el periplo portugués de Rik Lina tiene viejas raíces. Ya en 1971, Mário Cesariny y Cruzeiro Seixas, figuras de proa del surrealismo lusitano, organizaban una exposición suya en la Galeria S. Mamede de Lisboa, siempre preocupada por la proyección artística del surrealismo y a la que se deben infinidad de pequeñas publicaciones que hoy son valiosísimas. En 1977 expone en Amsterdam con Cruzeiro Seixas, Raul Perez y el llorado Philip West. Se suceden las exposiciones con el grupo Phases (una de ellas, en 1978, de homenaje a António Maria Lisboa), hasta que, en 1984, su presencia es preceptiva en la gran exposición que Cesariny organizó en el Teatro Ibérico, y que originó un catálogo capital, lleno de textos y con el sello inconfundible del maestro. Esta exposición se tituló “Surrealismo y pintura fantástica”, pero por suerte puede quitársele sin problemas lo de “pintura fantástica” (había además mucho más que pintura, siendo como siempre imposible limitar el surrealismo a un solo medio expresivo).
Es naturalmente como Rik Lina se incorpora en 1994 a las exposiciones y a la colección de la Fundação Cupertino de Miranda (ese milagro acontecido en el norte de Portugal) y desde 2005 a las actividades organizadas por Miguel de Carvalho (otro prodigio que nadie esperaba, de proporciones insospechadas, con una actividad desbordante en la última década, que ha aglutinado a surrealistas de los más dispares y remotos lugares).
Desde 2004, Rik Lina ha participado en unos 20 eventos culturales que han tenido lugar en la geografía portuguesa, algunos verdaderamente detonantes, como las exposiciones de “Surrealismo actual” organizadas por Miguel de Carvalho.
En este otoño, Rik Lina ha realizado dos exposiciones en Portugal. La primera, en las Galerias Amadeo de Souza-Cardoso de Espinho, otra población oceánica del norte portugués, aunque ya cerca de Oporto. Del pequeño catálogo hemos traducido el texto que comenta el muy bello cuadro “Birdsong”, una breve pero densa y esencial declaración del artista sobre su poética y un poema de Miguel de Carvalho inspirado en otro bello cuadro: “Dance Medusa Dance”, escrito en el estudio holandés del artista. La segunda exposición ha tenido lugar en la Galeria Debout sur l’Oeuf del propio Miguel de Carvalho, en Coimbra, a dos pasos del antaño glorioso Zé Manel dos Ossos, cuartel general de mis tiempos conimbricenses. Esta exposición se titula “Leporellos & kakamonos” y también “Exposição Liana”. Las lianas de Lina: homenaje obligatorio a estas plantas inquietantes y fascinantes, por el poeta de las selvas tropicales (y de los arrecifes coralinos).
Actualmente, uno de los hogares más intensos del surrealismo se encuentra en el Cabo Mondego de Portugal, punto extremo de la Serra da Boa Viagem donde está el faro de 1858. Se trata de la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism, a la que también pertenecen, aparte Rik Lina y Miguel de Carvalho, el poeta João Rasteiro y el artista  Seixas Peixoto, más participantes ocasionales. Si hubiera sentido poético, el faro del Cabo Mondego debería ser la sede permanente de la Section. En tanto, esperemos por las nuevas señales que desde aquel rincón asomado al Atlántico nos puedan llegar.
La pintura de Rik Lina, bella como el crecimiento de las lianas en la noche de los bosques, o como el zigzag súbito de un relámpago en la soledad de los fondos abisales.


Sobre el “Canto de los pájaros” (1999)
Cuando nos encontramos sosegadamente sentados en una floresta elaborando dibujos, oímos y sentimos a los pájaros mucho antes de verlos. Se encuentran escondidos invisiblemente en el follaje, pero si permanecemos quietos en un sitio, vienen a nuestro encuentro, curiosos como siempre, y nos observan. De igual modo, miren mis pinturas y verán los pájaros.
Yo no inventé los pájaros en mis pinturas, sino que súbitamente ellos aparecen, posando entre las pinceladas del follaje. Al instante, desde que se esbozan formas de aves, decido darles énfasis –o apartarlas con pinceladas de la misma forma que un pájaro se posa en el árbol, permanece o huye. Dada la semejanza entre un pájaro y el follaje, el camuflaje y el mimetismo, la distinción se torna difícil. Color, forma y movimiento son las mismas de las hojas, de los ramos y de las flores. Pero sabemos que ellos se encuentran ahí, oímos sus cantos y sus gorjeos. Observamos sus movimientos inquietos y sus vuelos repentinos imitando la vibración de las hojas cuando el viento sopla a través de los árboles.
La imitación continua y la constante metamorfosis de una forma en otra es característica de toda la animación y la inanimación de los seres y criaturas de la selva. Constituyen una gran esfera, esta frontera casi ecológica tangible, existente en todas las florestas tropicales y bancos de selvas coralinas con que nos familiarizamos cuando en ellas nos encontramos sumergidos, dibujando y pintando. Intento expresar la percepción de la dinámica de intercambios entre fenómenos de lo visible y de lo invisible, este contacto especial existente en lo cotidiano entre lo material y lo espiritual.
Rik Lina, Saba, 2005

Cuerpo-liana

Cuerpo-liana toca donde nadie estuvo
desapareciendo en la bruma, más profundo que la existencia

líneas largas conectando todo el ser
paredes verdes estableciendo algo en la invasión continua
sustituyendo palabras por líneas y cuerdas

circundando flores coronadas, respirando la noche
corrientes líquidas de fuego a través del día

ecos de campanas-ecos tocando pinceles en el papel
donde desaparecen nubes

Rik Lina, Saba 2009

“Mi paleta es tropical, toda mi pintura mantiene una relación profunda con la floresta tropical y con los arrecifes coralinos.
Aunque los objetos y los motivos de mi trabajo estén inspirados por la naturaleza, no solo el mundo exterior influencia mi obra. La naturaleza, mi único maestro, dicta mi trabajo, pero también sus hermanos gemelos: el sueño y la imaginación”.


Segmento
Para Rik Lina

um corredor amniótico
sombras na sede tropical com pássaros
árvores dormindo na luz

transeuntes bebendo no seio
o silencio da medusa

o piano ergue-se no oceano para respirar as pétalas da terra quente

um sol liquefeito
um crepúsculo cristalizado
um grito em chamas

no seu atelier, a 18 de janeiro de 2010
Miguel de Carvalho

Lou Dubois: “Images, mages révélés”


Una nueva exposición de cajas y collages de Lou Dubois, en la galería parisina Les Yeux Fertiles –abierta del 9 de diciembre al 14 de enero–, ha originado un bello catálogo en que se reproducen 26 de las 80 obras expuestas. Se trata del catálogo n. 14 de la galería de la Rue de Seine, que en una década nos ha ofrecido, en formatos dispares, bellas publicaciones de Erro, Lacomblez, Toyen, Baj, Malkine, Sima, Joaquín Ferrer, Mimi Parent (una maravilla absoluta), Yoshiko, Fred Deux, Lepri, Coutaud y Olivier O. Olivier.
Algunas de las obras llevan un texto del autor, habiendo nosotros elegido para su traducción el que refiere el “nacimiento” de una de las cajas, como nos hubiera gustado traducir también el que acompaña “La recherche des pôles”, con su sabor de aventuras viajeras a lo Julio Verne o a lo Edgar Allan Poe.
Como de costumbre en Lou Dubois, abundan las referencias tanto al surrealismo como a su imaginario y a sus cercanías: Lewis Carroll, Georges Méliès, Marcel Duchamp, Hans Bellmer, André Breton, Avida Dollars, Maurice Fourré, Max Ernst... También nuestro amigo Baudelaire marca su presencia, en la impresionante caja “Nymphée de voyage”.
Los recuerdos y las emociones de la infancia conforman no pocas de estas creaciones, pero siempre con la imaginación y el humor eludiendo todo sentimentalismo, aparte el erotismo de imágenes espléndidas como la intraducible “Des seins animés”, que preside el rinoceronte de Lautréamont y Ted Joans.


La “Caja de las tijeras”, que todo collagista podría componer, hay que aproximarla a una obra de Guy Ducornet, otro ilustre autor de collages (muy diferentes por cierto a los de Lou Dubois): “Dream scissors”, de 1991. Otra aproximación la hace el propio Lou Dubois al referírseme a la portada de “Caleidoscopio surrealista”, o sea a la caja “Ouverture” de Óscar Domínguez: “¡Es increíble que el verano pasado haya introducido Ouverture en una caja que forma parte de Images, mages révélés!”. Se refiere a la caja “R de Paris”, donde aparece el célebre frasco aéreo duchampiano –no el de agua de violeta–, y cuyo comentario comienza Lou Dubois con estas palabras que a nosotros nos valen, en cambio, para cerrar esta nota:
“¡Qué importa el frasco, puesto que se tiene la ebriedad! ¡La ebriedad de las imágenes!”


Nacimiento de una caja
Mi mujer es de origen polaco, y desde hace tiempo queríamos ir a Cracovia. A lo largo de la ciudad, he buscado, dejando venir las cosas, recuerdos que encontrarían lugar en la caja.
En el rastro de Plac Nowy, hacía un frío siberiano, algunos vendedores salidos de cuadros de Bruegel esperaban en vano. En una de las tiendas, he comprado una llave. ¿Llave de reloj de remontar el tiempo, llave de juguete mecánico, llave de cuestiones sin respuestas...? Durante toda la estancia la he tenido en el bolsillo de mi abrigo. En una revista polaca de la que no entendía sino las imágenes, una de ellas detuvo mi atención: la misma llave que la comprada en Plac Nowy.
En Cracovia, los vendedores ambulantes de “bretzels” abundan. Una galería comercial había escogido reproducir sobre sus bolsas de papel la vieja foto de un muchacho vendedor, con su cesta llena de los grandes rosquetes de sésamo y amapola. Matrimonio del pasado y el presente. Y yo deseaba su encuentro con el niño que abre el menú del Café Camelot. Dos historias, dos infancias cracovianas. Fotos amarillentas que tapizan los muros de los cafetines iluminados con bujías y que zambullen al visitante en la memoria de la historia.
Un domingo por la mañana hemos descubierto el rastro de Grezegórzecka, donde, en un revoltijo de objetos oxidados y de baratija esparcida por el suelo, metamorfoseadas por el sol, brillaban dos lupas que me evocaron las maravillosas creaciones de Gabriela Morawetz, originaria de la Galitzia. Antes de dejar Grezegórzecka, descubrí acumulaciones de pequeños relojes femeninos en cajas de cartón, a medio camino de Arman y Boltanski. Pese al frío que entumecía mis dedos, con toda calma elegí cinco de ellos. El tendero me miraba con extrañeza.
¡Todos los elementos estaban allí! Dejé entonces rodar por mi cabeza diferentes composiciones posibles. A los dos días de nuestro regreso a París, de las siete al mediodía, hice Yo no olvidaré jamás!, mientras escuchaba la música del Quartet Klezmer Trio, que todas las noches tocaba en el Klezmer Hois. Volviendo a pensar en el café Alchemia, me vino la idea de pintar en negro, sobre el cristal, un pequeño cuadro
de ángulos redondeados como sobre las vitrinas de este establecimiento que da sobre la calle Estery.
¡Que haya un poco de misterio de Cracovia en esta caja! Caja de kantor en el sentido de caja de cambio. Las agujas de los relojes se convierten en pájaros y vuelen en la caja del tiempo suspendido.

Sensacional gira de Zuca Sardan en Bélgica

De sensacional –el futuro dirá “legendaria”– puede calificarse la participación de Zuca Sardan en los recientes eventos multitudinarios de Bruselas y Jette.
Invitado como poeta y dibujante al Festival Europalia-Brasil, donde se daban cita músicos populares y eruditos, salvajes amerabas en plumas y collares, negras de faldas blancas y turbante celebrando los vertiginosos ritos del culto candomblé, grupos de danza y teatro, inclusive fantoches, conferencias de sociólogos y críticos literarios, arquitectura, pintura y letras, inclusive poesía, Zuca Sardan, conocida su proverbial versatilidad, tuvo que cumplir una agenda doble, sustituyendo a artistas sumidos en el agotamiento, desde un novelista hasta... un cantante-bailarín hip-hop!
Pero lo mejor fue su exposición en Jette, pequeña ciudad absorbida por Bruselas, y que, como el propio artista nos escribe, “ha adquirido un encanto especial, medio fuera del tiempo, con la llegada de inmigrantes de los más lejanos países, que pasean por la ciudad sus indumentarias nativas en un ambiente de perfecta y exótica armonía”. Nuestro gran Zuca viajó a Jette en un tren suburbano, sorprendiéndose al llegar, pues el alcalde había preparado un cortejo para recibirlo, con fieros guerreros togoleses y encantadoras samaritanas de velos ondeantes, que han desfilado de la estación a la Biblioteca Mercier, siendo solo de lamentar que la Biblioteca estuviera pegada a la estación, pues de no haber sido así el cortejo hubiera adquirido una amplitud insospechada. El alcalde de Jette había además preparado una Exposición-Sorpresa de René Magritte para hacer juego con la de Zuca. En la Biblioteca Mercier, la directora, Marina, con una astucia de sibila, había montado un laberinto de paneles en medio del salón de lectura, de manera que ningún lector pudiera llegar a su mesa sin pasar por decenas de pasillos llenos de los incomparables dibujos zucasianos. El salón estaba atiborrado de lectores y lectoras de las más diversas nacionalidades, y a la entrada había una cola colosal. Gracias a la estratagema de Marina, los visitantes que habían logrado franquear el Laberinto no conseguían salir, mientras que los que esperaban en la cola no lograban entrar.


Zuca se mostró muy agradecido a la gentileza del alcalde de Jette, por haber organizado la Expo-Sorpresa de René Magritte con la intención de que hiciera juego con la suya. La de Magritte estaba al otro lado del pequeño río de Jette, de tal modo que el artista belga, más chiq, siempre con su terno y su sombrero hongo, se ha quedado en la Rive Droite, y Zuca, más bohemio, se ha quedado, no hace falta decirlo, en la Rive Gauche. Magritte, en su Museo de Jette, esperaba que viniera de la Biblioteca Mercier el gran Zuca, quien, al encontrarse con él, le ha dicho: “Mi querido René, Mercier!”
El número final tuvo lugar en la galería Casa do Brasil, en Bruselas, reuniendo a la platea más refinada. Aprovechó la ocasión para ensayar su saga “Capa grande y Bastón”, Mito-Historia de Brasil que él puede recitar a varias voces para representar al Mariscal Ferrolho, el Busto de Augusto Comte, el papagayo Laurel, la Mucama Fosca, el Emperador Petrox y otros de sus entrañables personajes, lo que hizo ora cantando, ora llorando, dando bastonazos en la mesa y aullándole a la platea. Varias damas huyeron, otras se desmayaron, los senadores protestaron, el obispo se bendijo, llamaron a la ambulancia, a los bomberos y a un destacamento de la policía motorizada. En fin, un éxito total. Al día siguiente, de madrugada, nos cuentan que Zuca huyó en un tren, roncando en una butaca para solo despertar al llegar a Hamburgo.
Desde nuestra página lo felicitamos por esta épica aventura que, como decíamos al principio, ya comienza a adquirir los tintes de la leyenda.

Ilustraciones: daguerrotipos de altas personalidades presentes en la inauguración de la expo-Zuca.

Exposición de Guy Girard


La exposición “Napoleón y algunos otros...” de Guy Girard ha tenido lugar este otoño en la asociación Amarrage de París.
Guy Girard es una de las figuras más dinámicas del actual grupo surrealista parisino. No solo poeta y ensayista, sus pinturas son de una sorprendente frescura, como se aprecia en la imagen que presentamos o, sin ir más lejos, en “El rey de argot”, que hemos nombrado a propósito del n. 2 de L’Or aux 13 îles.

Número 3 de “Phosphor”


Tras la euforia creativa que el grupo surrealista de Leeds tuvo entre los años 1995 y 1998, con los fantásticos números de Black Lamplight, la revista Phosphor viene a ser como una resaca. Lo que no supone ningún cuestionamiento de su valía y de su interés, refrendada en este tercer número, que tiene como tema central la memoria de la infancia, claro que sin absolutamente nada de la babosería sensiblera en que se recrea el vomitivo narcisismo de tanto poeta actual.
La cubierta es de Bill Howe, muy característica, y la nota inicial del director de la revista, Kenneth Cox. El primer texto es conocido del lector español, ya que ha aparecido en Salamandra y luego como prólogo: se trata del ensayo de Krzysztof Fijalkowski sobre Gherasim Luca, contribución de primera magnitud a la bibliografía del gran poeta rumano; el autor a la vez traduce y comenta un poema de Héros-Limite. También se ha leído en Salamandra parte del ensayo de Lurdes Martínez, ilustrado con fotos propias y donde nos encanta la percepción tan aguzada que ha tenido de los barrios populares de Lisboa. Lurdes Martínez es una figura clave del grupo surrealista madrileño, y sus intervenciones están siempre llenas de una sensibilidad y una lucidez que le pertenecen.
“Un tótem de infancia” nos introduce plenamente en materia, recordándonos Bill Howe el juego “Los infortunios de la memoria”, iniciado en 1997, y que era un anticipo de la investigación de ahora. De este juego nos habla Sarah Metcalf con más detenimiento en el texto central de la revista, ya que además nos informa de otros juegos relativos posteriores, en particular el de la ventana y el de la “Memoria-objeto”, juegos de los cuales tenemos en seguida una muestra. Y recordemos que los surrealistas de Leeds son unos verdaderos maestros en la materia.
Otro texto de Sarah se titula “Collar de memoria”, como uno de Mike Peters “Las ruinas de la memoria”, mientras que al de Lurdes Martínez, del grupo madrileño, se suman breves colaboraciones de Eugenio Castro y Noé Ortega. Un segundo escrito de Peters aborda la vigilancia internet-televisión, vista aquella como “un verdaderamente mágico cubo de basura” (sobre la segunda, recordemos a Louis Scutenaire: “De manera incontestablemente más rápida y mejor que los antiguos medios de información, la televisión nos pone ante los ojos la sucia estupidez del hombre”).
La última película de Jan Svankmajer inspira un ensayo de Bruno Solarik, y Sarah Metcalf le formula una serie de cuestiones al cineasta.
En las ilustraciones, merecen destacarse los cuatro “glimpses/glances” de Fijalkowski, retratos lamentables transformados por el humor, en coincidencia con lo que hace Zuca Sardan en las ilustraciones que hoy mismo publicamos, con la diferencia de que aquel elige personas del montón y Zuca a los imbéciles encopetados que han regido la sociedad. Hay además dos dibujos automáticos de Bill Howe y uno de los siempre impresionantes collages de Stephen J. Clark, sobre cuya fuerza extraordinaria ya he llamado antes la atención; en este irrumpe, por una escalera que da a oscuras casas y a brumosos arcos chiriquianos, la Esfinge del Farol, cuya gran boca parece hacerle innecesarios los ojos y cuyos enormes cabellos blancos acaban en llamas preparadas para incendiar el mundo; terrible aparición, que parece dispuesta a todo, pero cuyo aire salvaje y totémico hace que pensemos en ella más como una aliada que como una enemiga.
Entre las reseñas hay una de Insoumission poétique (la recopilación de escritos polémicos y programáticos del grupo parisino que ha hecho Guy Girard), por Michael Löwy; otra sobre la traducción inglesa del libro de este último en torno al surrealismo y el marxismo (hace tiempo traducido al español), por Mike Peters; otra de la edición en dvd de L’invention du monde de Péret y Zimbacca, por Kenneth Cox; y otra sobre la versión inglesa de los cuentos de Le gigot de Benjamin Péret, también por Cox.
Por la página de publicaciones recibidas nos enteramos de que Analogon, la revista coproducida por el grupo surrealista checoeslovaco, va ya por su n. 63, dedicado además a la infancia, y O Farfoulas, del grupo griego, por el 14, cuando creíamos que esta revista había sido sucedida por otra de diferente título. Otras publicaciones surrealistas: Josie Malinowski, West of pure evil (Oyster Moon Press, colección de relatos, poemas y poemas en prosa); Merl Fluin, The Reality Binge Trick (poesías, prosas y textos automáticos por un colaborador de los grupos de Londres y Estocolmo); Ody Saban, Les jeux des lignes et de la volupté (catálogo de una exposición de dibujos en Poitiers).
Cuando nos vamos a despedir de la revista, nos encontramos con un “bonus”, las respuestas a una encuesta lúdica sobre una fotografía  de Peter Overton, en que se ven dos zapatos junto a un árbol. No hay arreglo alguno en la foto, como tampoco debe haberlo en otra de Eugenio Castro que se adjunta, y como tampoco lo hay (al menos mío) en esta foto que saqué en Oporto el 23 de agosto de 1994:


Excepcional es la respuesta única de Kathleen Fox, quien ha creado, a partir de un dibujo médico del útero, valiéndose de los zapatos entrecruzados como labios, la cabeza del “Líder de la danza”, quien enseguida nos evocó a las figuras de Raimondo de Sangro fotografiadas por Gilles Ehrmann y de las que habla Edouard Jaguer en Les mystères de la chambre noire.
Las Surrealist Editions del grupo de Leeds acaban además de publicar un libro de John Hartley Williams, incluyendo transformaciones de poemas de Péret y Prévert: Less of That W or I’ll Z You!, con frontispicio de Kathleen Fox.

Cahiers de l’umbo


Jean-Pierre Paraggio prosigue siempre la aventura de los Cahiers de l’umbo. Tras acabar (no hace dos años) la nueva serie con el número que ilustra esta nota, ha surgido L’impromptu, “bulletin de l’umbo”, cuyo n. 3 (realmente el quinto, ya que comenzó con un n. 0 y un n. 00) es de primavera de este mismo año.
Los Cahiers de l’Umbo han sido de 2004 a 2010 una fértil cita con la poesía y con el pensamiento, sin que falten nunca las referencias surrealistas. Aparte las inconfundibles ilustraciones de su director de orquesta, una firma permanente ha sido la de Pierre Peuchmaurd, garantía de lo mejor, como también lo es la que fue su compañera, Anne-Marie Beeckman, quien a su vez ha animado otra bella publicación: Grand I Vert. En la Collection de l’umbo han parecido, precisamente, cuadernos de ambos, así como de Joël Gayraud y otros.
En un rápido viaje por los contenidos de la revista, comenzaré por destacar, en su n. 1, el suplemento de homenaje a Peter Wood, con un gran artículo evocativo de Marie-Dominique Massoni, y en el n. 3 el suplemento dedicado a las cajas de Anne Marbrun, presentadas por Peuchmaurd.
En el n. 4, Bruno Montpied presenta las “traducciones subjetivas”, o sea “traducciones de textos reales escritos en una lengua que los traductores ignoran casi totalmente”, con dos ejemplos a partir del fragmento de una pieza teatral rumana, uno a cargo del propio Montpied y otro por Christine Bruces, quienes se han puesto manos a la obra auxiliados por un diccionario rumano. El resultado es hilarante, superando sin duda el texto de partida.
El humor prosigue en el n. 5 con unas fabulosas cartas de François-René Simon, a su doble, a su psicoanalista, a Dios, etc.
Si en el n. 5bis poco puede interesarnos el dossier Larrea, al que conocemos bastante bien, sí que hay apuntes de interés en el ensayo de Jean-Yves Bériou “El lenguaje y su doble”, que comienza así: “El levantamiento de la gran poesía moderna, a partir de Rimbaud y de Lautréamont, se ha apoyado en el pensamiento de las imágenes que, gracias al surrealismo, se ha convertido en la piedra de toque de todo pensamiento poético, surrealista o no”. Tras señalar la oposición de esa poesía a “la otra cara de la modernidad, a su lado malo, que es el del progreso, es decir, el progreso de la explotación, de la dominación y de la separación”, añade felizmente: “Muchas vanguardias no han sido más que los avances del despliegue de las técnicas de dominio, o se han contentado simplemente con prefigurar o reflejar las peores destrucciones del mundo, de la naturaleza y del hombre (literatura de propaganda, objetivismo desencarnado, teología heideggeriana, retorno a la religión, bazar del «ser», formalismo mecánico, odio del sujeto, voluntad de eliminación del sentido, «postmodernidad», etc.). Al contrario, si se puede hablar de una poesía moderna radical, está en el intento de captar la condición humana  en la raíz, y de exaltarla contra todo lo que tiende a encadenar al hombre”. Bériou reflexiona sobre la imagen como “corazón de la poesía”, pero su ensayo es una introducción a la poesía española contemporánea, todo menos objetiva, ya que la objetividad en estas cuestiones “no consiste sino en una ausencia de perspectiva”. De los tiempos anteriores a la guerra, destaca, entre los que se unieron a “la aventura de la moderna poesía radical” a “un cierto Cernuda”, el Lorca de Poeta en Nueva York y el Crimen de Agustín Espinosa, como después a Cirlot, Carlos Edmundo de Ory. Hay tiempo después para hablar con detenimiento de Gamoneda, Blanca Andreu, Claudio Rodríguez, Aníbal Núñez, Ildefonso Rodríguez, Olvido García Valdés.
En Claudio Rodríguez no hay “ningún gusto por la auto-ironía complaciente y la mala conciencia del burgués «de izquierda», ninguna tendencia a apelar a la «separación del hombre» consigo mismo y con el mundo, principio estético de una lenguaje sin pasión”, mientras que Gamoneda es visto como “una figura ejemplar de los poderes de la integridad poética, en el sentido fuerte del término, en la medida en que su poesía no descarta ninguno de los resortes y de los poderes que son los suyos, y rechaza confundirse con los «mensajes» estéticos, poéticos o metafísicos que atestan lo que se llama demasiado a menudo poesía y que no es sino literatura, o sea en el peor caso un oficio y en el mejor una diversión. Lejos de las miserias poéticas datadas (poesía «comprometida», «culta», «formalista», etc.) y actuales (poesía neorreligiosas de la «ausencia» y del «silencio», poesías miserabilistas de la «experiencia» y del «nuevo sentimentalismo», etc.)”. En otro lugar de los Cahiers, Jean-Yves Bériou aludirá al “infesto trascendentalismo filosófico que baña una gran parte de los que se llama «poesía contemporánea»”. Y cerremos con esta nota sobre el automatismo: “Sabemos que el automatismo no es solo automático: que el vértigo de las imágenes puede ser el fruto de conjuros sucesivos, de la memoria alucinada o de la máxima concentración del ojo y del pensamiento, como lo puede ser del sueño o del azar; y sabemos, en fin, que esto poco importa, pues es en la materia del lenguaje donde a cada ocasión se opera la alquimia”.
Desde el n. 6 hay llaman la atención las breves notas de Olivier Chevillard, muy refrescantes y originales. En el 6bis hay una extraordinaria reseña de Pierre Peuchmaurd sobre el bellísimo libro de Marie-Laure Missir Joyce Mansour, une étrange demoiselle, sin que Peuchmaurd deje de subrayar cómo el enfoque biográfico resulta –algo tan raro– “ejemplar de información y de discreción, contándonos solo lo que nos concierne”. Coincidimos con Peuchmaurd cuando afirma que la poesía de Joyce Mansour es “una de las más increíbles y de las más creíbles del surrealismo”. “No escribe sino excepcionalmente sueños: escribe como en sueño, y su voz es abisal”. “Viviendo todavía, gritando, riendo incluso, ella habría, como ninguna otra y casi bastándose ella sola, desasfixiado la poesía”.
Este n. 6bis contiene dos platos fuertes: un texto inédito de Dedé Sunbeam, enigmática figura de La Révolution Surréaliste, y, como suplemento, un homenaje a Georges Henein, donde lo más sobresaliente es un gran poema de Abdul Kader El Janabi para Ounsi El Hage. En el siguiente hay cuatro dibujos de Juan Ismael y –sorpresa para nosotros– la traducción de Lo imprevisto de Domingo López Torres, el poeta surrealista canario asesinado por la canalla falangista, con los dibujos de Ortiz Rosales; traducen Martine Joulia y Jean-Yves Bériou.
En el n. 7bis hay unos dibujos de Georges-Henri Morin y una de mis fotos favoritas de todos los tiempos, que vi por primera vez en De l’éperdu de Annie Le Brun: la del falsificador de moneda Fortino Sámano, en el momento en que lo van ejecutar los enemigos de Zapata, con las manos en los bolsillos un habano en los labios y una sonrisa de total indiferencia.


Alain Joubert firma un magistral artículo titulado “El arte y la manera”, contra la “pintura-pintura”, “esa triste inutilidad”, y celebrando el poder de los títulos. Es una pena no traducir íntegramente este artículo soberbio. Me limito al párrafo en que polemiza con un crítico para quien la pintura de Max Neumann “se basta a sí misma, intensa y extraña, sin propuesta de interpretación”:
“Proclamar esto es operar un desolador retorno al arte por el arte, es pretender que la sola manipulación de los colores y de las formas puede constituir un «acontecimiento», es aislar la pintura en el corazón de un mundo vacío de sentido donde virtuosismo, oficio y satisfacción retiniana ocuparían el lugar del contenido, es descuidar la importancia del ser que pinta y rechazar todo aquello que la fuerza y el deseo le conducen a sacar a la luz”. En cuanto a Alain Joubert, añadamos que en el n. 2 de L’impromptu nos ofrece otro gran texto, reseña del formidable Danser sur la corde del gran Maurice Blanchard.
Uno de los suplementos del n. 8 está dedicado a los amerindios. Su autor es Stéphane Maignan, y sus páginas nos evocan las que Roger Renaud escribió en los años 70 en el Bulletin de Liaison Surréaliste.
Ya abreviando necesariamente, apuntemos en el n. 9 las “ambimages” de Philippe Lemaire y la preciosa colaboración de Jean-Pierre Paraggio y Anne-Marie Beeckman en el suplemento titulado Los tréboles subterráneos. En el n. 10 irrumpe con 4 collages Miguel de Carvalho.
Poco es lo dicho –hay muchos poemas e ilustraciones que merecerían resaltarse–, pero sirva para dar una idea de la gran riqueza de esta aventura que aún prosigue y a la que esperamos seguir bien atentos.

Piezas del cine surrealista belga


Xavier Canonne, director del Museo de la Fotografía de Charleroi (y autor de la obra capital Le surréalisme en Belgique), es el presentador ideal de la colección Avant-garde 1927-1937, que acaba de publicar la Cinemateca belga, en dos dvds.
La presencia de cuatro películas de Charles Dekeukeleire son una rémora para el entusiasta del surrealismo, pero vienen muy bien para apreciar el foso insalvable que separa al surrealismo de las vanguardias. La primera es un simple ensayo formal sobre los combates de boxeo. La segunda, un nauseabundo documental sobre Lourdes, que, aunque Ado Kyrou lo haya destacado por exponer el lado comercial de aquella patraña, fue obra de encargo ni más ni menos que de las Juventudes Obreras Católicas (algo que Kyrou, en Le surréalisme au cinéma, no señala). La tercera se titula Impaciencia, y el espectador pierde pronto la paciencia al ver la admiración del autor hacia una cretina que presume de su moto; como “ensayo de ritmo cinematográfico”, se nos quedó enseguida sin ritmo, ya que al par de minutos le dimos a la velocidad 60 y pasamos a la siguiente. Esta, la última, de 50 interminables minutos, es una historia detectivesca que concluye con un grosero canto al progreso: el personaje investigado encuentra la razón de su vida en levantar, donde reinaba la naturaleza, una monstruosa presa, al parecerle lamentable que aquellas fuerzas vivas fueran “inútiles”; con todo, lo que hay antes de esta parte final no carece de humor ni de onirismo.
De Henri Storck se incluyen Images d’Ostende, Pour vos beaux yeux, Histoire du soldat inconnu  y Sur les bords de la caméra. La sorpresa –para unir a La mort de Vénus o al Idylle à la plage– es la segunda, siguiendo un guion de Félix Labisse, quien hasta aparece en las primeras secuencias; en la secuela de Un perro andaluz, nos presenta a un personaje que se obsesiona con un ojo de cristal encontrado en un parque. El lenguaje documental, más o menos lírico o crítico, domina las restantes, En la antimilitarista “historia del soldado desconocido”, vemos en acción siniestra y entrelazada al clero, a los políticos y al ejército, lo que hizo fuera prohibida en Francia por ultraje al Ejército.
Recordemos que los guiones surrealistas de Storck fueron publicados por Ado Kyrou en un librito precioso: La courte échelle et autres scénarios, Le Daily Bull, 1981.
Las dos perlas de la colección son sin duda La perle y Mr. Fantômas. Ambas pueden unirse a L’imitation du cinéma de Marcel Mariën, por cierto que también editada en dvd hace poco tiempo (ídem L’invention du monde de Péret y Zimbacca, por lo que ya no hay disculpas a la hora de pergeñar un ciclo de cine surrealista sin rellenos, no hablemos ya de las abominaciones tipo Le sang d’un poète).
La perle, realizada por Henri d’Ursel, tiene guion de Georges Hugnet, escrito en los momentos inmediatamente anteriores a su entrada en el grupo surrealista. Ado Kyrou, llevado sin duda de la hostilidad que el grupo sentía hacia el despreciable Hugnet en la época de Le surréalisme au cinéma, le quita el valor surrealista, pero este es obvio, y no solo “algunas imágenes eróticas poseen valor poético”. En La perle, además, resurge la inefable Musidora en la figura de las maravillosas ladronas de hotel vestidas con su maillot negro. Como apunta Xavier Canonne, La perle es un “bello ensayo poético en cuya línea se inscribirán Mr. Fantômas y L’invention du cinéma, en conjunto tres filmes únicos de tres realizadores-poetas”.
Fantômas fue la obsesión de ese gran personaje llamado Ernst Moerman, y a quien en este caso tal vez sea su amistad con Cocteau lo que hace a Kyrou ni nombrarlo en su libro de referencia. Era, por otra parte, amigo de Mesens, Magritte y Colinet, aunque sin implicarse en el grupo de Bruselas. Hijo de un comandante de infantería, no solo fue expulsado de varios centros escolares, sino degradado de la Escuela de Cadetes por haber meado delante de un general, que es lo que hay que hacer delante de un general. Entusiasta del jazz, que deja huellas en su poesía, vivía, como Django Reinhardt, en una caravana. Mr. Fantômas es una película deliciosa, y de una gran relevancia al suponer la plasmación fílmica por un surrealista, tras la de Feuillade, de un héroe altamente apreciado por el primer surrealismo. (Acotaré que yo mismo, ya bien lejano de ese “primer surrealismo”, me he leído su saga de 33 volúmenes en tres ocasiones).