viernes, 31 de mayo de 2019

Camille Goemans, Bruno Jacobs


Poco antes de morir, Camille Goemans, destacada figura del surrealismo belga, sobre todo en sus dos primeras décadas, preparó una recopilación de 25 poemas que no llegó a publicar y para la que había comenzado un prefacio que no llegó a concluir. Las fechas iban de 1929 a 1945 y Goemans incluía algunos de los poemas que en 1929 acompañaban en hojas sueltas reproducciones de Magritte (todos ellos los reproduce Marcel Mariën en su obra de referencia).
Bruno Jacobs en Cádiz y Juan Carlos Otaño en Buenos Aires han traducido este material para la Serie Musidora, a la que deseamos larga vida. El título que han puesto a este magnífico conjunto poético es Grande como una imagen, extraído de su serie de aforismos.
En seguida vemos la foto de Goemans que su amigo Magritte le hizo en París en 1928, con el poeta escribiendo al dictado de un levitante zapato de mujer, y un estupendo texto publicado en 1927 en Adieu à Marie.



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Bruno Jacobs acaba de sacar al mismo tiempo, en las ediciones La Grieta, El mundo, en dos pequeños cuadernos diferentes.
Esta publicación puede obtenerse a través de la página de La Grieta, mientras que la de Camille Goemans puede ser solicitada también al correo que damos, en Buenos Aires:

Rik Lina, House of Mysticum

Rik Lina, Potato head blues, 2018

El número 5 de la revista trianual de la Columbia Británica VOYZX Art incluye una larga entrevista con Rik Lina, llena de ilustraciones, la descripción paso a paso del proceso de creación de la pintura Orange oracle, el texto sobre Free jazz (con la contundente afirmación de que “El surrealismo no es un estilo, sino una manera de pensar”) y una maravillosa “historia en imágenes” transformando el oscuro cuadro Comedores de patatas de Van Gogh en su luminosísimo Potato head blues (título de un registro legendario de Louis Armstrong que hoy sigue siendo tan rotundamente centelleante como lo era en 1927).

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En el siguiente cortometraje de House of Mysticum intervienen Megan Leach, Casi Cline y Steven Cline en un impresionante papel final. La dirección y la partitura musical de Dollmakers se deben a Casi Cline:

jueves, 30 de mayo de 2019

“Analogon”, n. 87

Konrad Klapheck, La vanidad de la gloria, 1978

La revista más antigua del surrealismo llega a su número 87, dedicado a la máquina y como siempre con un jugoso índice.
analogon 87

lunes, 27 de mayo de 2019

“Phosphor”, n. 5

Peter Overton, Libro de acero, 1984

Tras la reciente aparición de Alcheringa, la nueva revista del Grupo Surrealista de París, he aquí el número 5 de Phosphor, la revista del Grupo de Leeds, que ha sido uno de los más importantes del movimiento surrealista en estas dos últimas décadas, como lo sigue siendo en la actualidad. En ambos casos, surrealismo al cien por cien (o surrealismo “ortodoxo”, en la vieja designación ridícula de quienes no entienden sino de componendas).
Kenneth Cox presenta el número, que tiene como lema temático “Lenguaje y libertad”. De él es también uno de los primeros ensayos, en que, recordando el suntuoso Desordenador de L’Écart Absolu, postula la necesidad de crear nuevos “desordenadores” para los tiempos que corren, y con un sentido primordialmente ofensivo.
Este número registra una colaboración sobre todo con el grupo parisino, incorporando trabajos de Joël Gayraud (sobre la “precariedad de la poesía”, que nunca fue tan grande como ahora), de Claude-Lucien Cauët (“Palabras y magia”) y de Guy Girard, que completan una serie de textos de Mike Peters, una comunicación de Michael Richardson sobre el movimiento Acción Poética de Monterrey, un breve artículo de K. Fijalkowski y unas páginas en que Bill Howe involucra al gran Jindrich Heisler en una curiosa experiencia objetual.
Dejamos aparte, porque es el verdadero plato fuerte de este número quinto, el recorrido que Sarah Metcalf hace por una serie de juegos practicados por el grupo. Ya esta cuestión era crucial en aquellos diez boletines estupendos de Black Lamplight lanzados entre 1995 y 1997, irrepetibles años de euforia en que sus miembros dieron lo mejor de sí como grupo.
Abre el fuego el juego de los opuestos, o sea el juego practicado por el grupo parisino en los tiempos de Bounoure y del que quedan ejemplos en los números 1, 3 y 4 del Bulletin de Liaison Surréaliste. Solo que aquí no se “contraría” una sentencia, sino todo un poema, en concreto un relato tlingit, un poema de Reverdy y la iluminación rimbaldiana “Amanecer”.
La sección de “juegos de transformación” se divide en dos apartados: uno dedicado al “contorno textual”, adaptación verbal de la técnica de Martin Stejskal, y otro de traducciones delirantes, ahora en la estela del juego que a partir de TransformaCtion conocemos perfectamente gracias a la participación de Mário Cesariny, pero nuevamente con importantes variaciones (en este caso se parte de un poema inventado, en lengua inventada, del inventado poeta Oska Prabentsch...).
Más informalidad si cabe hay en los “juegos de invención”. El resultado del primero, un texto completo hecho de frases y sentencias personales, es sorprendente, mientras que el segundo continúa los poemas en escalera del grupo parisino, que hemos comentado ya aquí.


La última parte se consagra a los juegos con palabras e imágenes, explorando la relación entre ambas. Del de palabras y dibujos damos aquí arriba el ejemplo aparecido en el número 3 de Black Lamplight (cada jugador responde con una o dos líneas a cada imagen dibujada). En el siguiente, los poemas se encadenan respondiendo a una imagen de Niklas Nenzén, quien en su día solicitó a los amigos de Leeds le sugirieran un título para sus imágenes. Por último, se juega con fragmentos de novelas gráficas y cómics, sustituyendo el texto de los globos:


Esta es una contribución de altos vuelos a la materia por fortuna interminable y siempre renovada del surrealismo y el juego. Pero es que además se le suma el relato que ofrece Guy Girard de un juego de traducción fonética ideado por el grupo parisino, con un ejemplo a partir de varias frases en coreano de un amigo que pasaba por París...
El único apartado a mi juicio un tanto endeble de la revista vuelve a estar en sus reseñas, que en ocasiones se ocupan de obras poco convidativas, como una novela inspirada en la historia resistente de La Main à Plume (nunca será su tema lo que haga atractiva una novela), o de carácter más bien divulgativo (no sé qué interés tienen para los surrealistas estos libros de divulgación; al menos para mí, a estas alturas, ninguno), como el libro de conceptos surrealistas de Richardson y Fijalkowski o el antológico de los profesores Ades, Richardson y Fijalkowski, los tres perpetradores de esa enciclopedia del surrealismo para multimillonarios (¡precio de lanzamiento a 600 euros!), que espero tener la suerte de no tener nunca en mis manos. Hay también una reseña de un libro sobre la sociedad secreta de Acéphale y el Colegio de Sociología y otra sobre sendas traducciones al inglés de Nezval y de Peuchmaurd.
Cuenta Phosphor 5 con poemas de Kenneth Cox, Katerina Pinosová, Andrew Boobier y Mike Peters (un “Homenaje a Svankmajer”) e ilustraciones de Guy Girard, Juan Carlos Otaño, Rik Lina, Stephen J. Clark, Mike Peters, Katerina Pinosová (cuatro “historias” que constan simplemente de una de sus inconfundibles imágenes, un título y una sinopsis de una o dos líneas) y Peter Overton.
En conjunto, otro espléndido número de Phosphor, bien cuidado y en su formato muy manejable, casi coincidiendo además su aparición con la muestra que el próximo mes abrirá el grupo en Leeds, y que se sitúa significativamente bajo el signo de esa luz negra de sus orígenes:

domingo, 26 de mayo de 2019

“Soapbox”, Jorge Camacho

Jorge Camacho, El silencio, 1991, a partir de Gauguin

Los números 135-137 de Soapbox acaban de aparecer:
Como principal novedad registramos la inminente aparición de un cuaderno de uno de los nombres mayores del surrealismo, Jorge Camacho, que este verano comentaremos aquí. Entre el 6 y el 28 de junio, con motivo de esta publicación, habrá una exposición suya en la galería 1900-2000, tan asociada al surrealismo.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Lou Dubois y el Agente 004


El 26 de abril de 2016, el pacífico bicicletista Lou Dubois –así lo conocí yo hace unos veinte años cuando, llegado en su bicicleta como un nuevo Jarry a la librería parisina L’Or du Temps donde yo me encontraba, y oírme dar la dirección de Tenerife para enviar unos libros, me preguntó si yo conocía a un escritor canario... que no era otro que yo mismo–, el bicicletista Lou Dubois, que se encontraba ensoñaradamente apostado a un lado del puente de la Concorde, fue llamado por un agente que no solo lo interpeló por estar allí, sino por al punto haberse dirigido a él montado en su bicicleta, situación en verdad típicamente “ubuesca”.
Lou Dubois acaba de publicar, en las ediciones Venus d’ailleurs, imprenta In Octo de Montpellier, la documentación, oficial y poética, de este affaire que revela no solo toda la estulticia de la autoridad en sus rangos más bajos (ejemplificada en este pobre descerebrado que es el agente 0043888), sino también la de ese infierno burocrático en que hace mucho tiempo desembocaron las sociedades occidentales. En efecto, se aporta la multa del llamado Ministerio de Justicia (166 euros), recibida medio año después, y que es un modelo lingüístico y mental de espanto y ridiculez. Razón tenía el Capitán Cap en situar a la cabeza de su programa político la guerra a esta hidra de mil cabezas, que generaciones de cretinos tan poderosos como perversos han llevado a su apoteosis actual. Si echamos un vistazo rápido a la literatura española, ha quedado como epítome de la materia el artículo de Larra “Vuelva usted mañana”, pero en el siglo XVIII hay páginas soberbias de Torres Villarroel o el Vizconde Buen Paso que adelantan a Kafka, y más atrás ya tenemos a Quevedo despotricando de la maquinaria judicial, de su carácter bozal tanto como corrupto, o, en la mismísima Edad Media, el personaje del Abogado en la Danza de la muerte –aunque como siempre lo que se dibuja al fondo es la pesada  silueta siniestra de Roma.
Y así sigue medrando con su infierno de leyes este glacial mundo de la Autoridad y la Burocracia (etc.), que periódicamente sancionan a perpetuidad los millones de votantes de las elecciones estatales.
A la carta dirigida al fiscal (que la habrá leído como si viniera en ideogramas chinos), Lou Dubois ha añadido otras ocho aun más hilarantes (¡y cuánta falta nos hace este humor loco!), acompañadas de sus típicos collages. La dirección del remitente varía a cada una de ellas: 1 rue des Huns, 2 rue Raymond Roussel, 3 rue des Domes, 4 rue Coeur à Barbe, 5 rue Hassan al Sabbah, 6 rue Jules Verne, 7 rue Léo Ferré, 8 rue du Turban Bleu y 9 rue René Clair, esta última titulada “París liberado”.
Para fin de año, Lou Dubois anuncia una nueva exposición en la galería Les Yeux Fertiles, que sin duda será otra fiesta de la imaginación.



domingo, 19 de mayo de 2019

“Cahiers Charles Fourier”, n. 29

André Breton, Nueva York, 1945

Tras el n. 27, reseñado aquí, apareció en el n. 29 de los Cahiers Charles Fourier, correspondiente al año 2018, la continuación del dosier “En la órbita del surrealismo. Charles Fourier redescubierto”. De nuevo presentan y coordinan Florent Perrier y Gérard Roche, quienes han pretendido mostrar –y lo han logrado– cómo “el universo de Charles Fourier se inscribe duraderamente en los modos de pensar de André Breton”.
Tras la reproducción de los pasajes de las Entretiens en que Breton habla del “soñador sublime”, un inventario de su presencia en la biblioteca bretoniana, la correspondencia Breton-Pierre Naville y Breton-George Sirot (coleccionista de fotos que le descubre a Breton un retrato decimonónico de Fourier pintado sobre metal) y las reseñas que dedicaron Bataille y Victor Crastre a la Oda a Charle Fourier (menos conocida, y magnífica, la del segundo, poniendo en el mismo caldero el moralismo de la Iglesia, de la Universidad y del PCF), pasamos a palabras mayores con la excepcional correspondencia de Breton y Jean Gaulmier.
Gaulmier, autor de la magnífica edición comentada de la Oda –un hito ineludible en la bibliografía bretoniana–, es óptimamente presentado por Florient Perrier, y tanto de la semblanza que le hace como de las cartas a Breton emerge un personaje de la máxima calidad humana. Este es un raro ejemplo de correspondencia valiosa e inteligente, sin ganga chismosa ni anecdótica, a diferencia de lo que ocurre con la de Émile Lehouck, servida para patético contraste tras la de Gaulmier. Hay apreciaciones interesantísimas no solo sobre la Oda sino también sobre Pez soluble, además de apuntes sobre los amerindios y su “impresionante dignidad”, como siempre realzando a los pueblo. Breton se muestra exactamente como lo conocemos, y muy reticente a la hora de volver sobre lo que ha hecho hace años. Poco a poco percibe la finura y la nobleza de Gaulmier, quien, pese a su difícil condición profesoral, ha admirado y seguido el surrealismo desde sus orígenes. Esta correspondencia eleva este número al alto nivel del anterior, y además viene acompañada de una conferencia inédita que Gaulmier profirió en Belgrado sobre la Oda.
En cambio Breton no le debió haber abierto la puerta a Émile Lehouck, cuyo temple es completamente asurrealista. “Mis encuentros con André Breton” es un tedioso recuento, en que no faltan los tópicos antibretonianos, recordándome un poco, salvadas las distancias, la triste “evocación” del fundador del surrealismo que hizo Desmond Morris en Arcane 17. A lodestar for the 21 century, cuyos chismes siempre me he preguntado si no los tomaba de aquella maldiciente biografía de Marc Polizotti, ya que presente no estuvo en nada de lo que cuenta.
Tras tres páginas de jeremiadas del anciano Vaneigem, remontamos vuelo con un nuevo cuaderno de ilustraciones, en que descuellan los “écartelages” de Pierre Faucheux (próximamente nos ocuparemos de ellos), y en particular su Retrato armónico de Charle Fourier, y el bellísimo homenaje “mágico” de Gaston Puel a Fourier ofrecido en 1948 a Breton, y al que al final de esta nota remitimos. Son en total diez páginas las de este cuaderno, con todas las ilustraciones muy bien comentadas.
En el número intermedio –27, pues– hay también un estudio de Jerôme Duwa sobre las “apropiaciones fourieristas por la última ola de los surrealistas”. No dudo de que Duwa haya hecho un buen estudio, pero el sic que habría que ponerle a su título apunta al hecho conmiserativo de que siga evidenciando no haber visto el mar surrealista directamente en su vida.
Como este número no se obtiene ya a través de los Cahiers, damos el enlace de la librería que lo difunde: