sábado, 16 de junio de 2018
Brumes Blondes, 1977
Reproducimos otro interesante documento
facilitado por nuestro amigo Rik Lina. Se trata del catálogo de la exposición
que en 1977 tuvo lugar en la Galería Bouma de Amsterdam, y que incluía obras
suyas y de Cruzeiro Seixas, Raúl Perez y Philip West. Era una exposición
auspiciada por Brumes Blondes y el Bureau de Recherches Surréalistes en
Holanda, y, como se verá, contaba en el catálogo con textos de Laurens
Vancrevel, Sergio Lima, Ludwig Zeller, José Francisco Aranda y John Lyle.
Se trata pues de otro ejemplo más del
internacionalismo surrealista en unos años en que lo habitual era considerar el
surrealismo finiquitado en la fecha que le habían dictado los liquidacionistas
de París.
El documento añade a la reproducción del
catálogo recortes de prensa, fotografías, obras a todo color, etc.
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| Philip West, El beso |
Jean-Claude Barbé (1944-2017)
Homenajeamos hoy a un soberbio poeta del
surrealismo mucho menos conocido de lo que se debiera y que se fue a vagar por
las estrellas el 14 de julio de 2017.
En 1960, Jean-Claude
Barbé se cartea con Breton, y este mismo año un poema suyo aparece en el último
número de Bief, como otro lo hará en
el número 1 de La Brèche al año
siguiente. Barbé cerraba y abría pues, dos de las revistas clásicas de la era
Breton. Sus apasionados poemas entusiasman también a Joyce Mansour, y
reaparecen en los números 3 y 6 de La
Brèche, años respectivamente 1962 y 1964. Uno de estos poemas lo incluirá
Jean-Louis Bédouin en su gran antología La
poésie surréaliste (1964), donde lo presenta con estas palabras:
“Nacido en Auch
(Gers). No ha esperado más de dieciséis años para descubrir, como él mismo nos
dice «la poesía, con Edgar Poe, los simbolistas y sobre todo Lautréamont y los
surrealistas». Además de poemas, escribe piezas de teatro que él mismo califica
de irrepresentables. Ha publicado en La
Brèche y prepara una recopilación: Myriam
Praline”.
Aún en 1968,
dentro del n. 3 de L’Archibras,
encontramos un poema erótico suyo, que no deja de evocar la poesía de
Salvat-Papasseit. Barbé se retira luego de las actividad surrealista pero continúa
escribiendo incansablemente, aunque sin publicar nada.
En 1991 le
dedicará Robert Benayoun una nota en el número surrealista de Opus International (123-124), donde dice:
“El surrealismo en su flujo continuo arrastra islas flotantes que se aproximan
al grupo y se alejan por miedo o por incapacidad de adaptarse a la vida
colectiva. Jean-Claude Barbé es uno de esos meteoros fugaces”. Como se habrá
visto, estas palabras no son muy adecuadas, ya que las colaboraciones suyas en
las revistas del grupo parisino van de 1960 a 1968, con presencia en todas las
que hubo en este período.
Aportamos hoy
un documento que recoge los cinco poemas citados más la nota de Benayoun (en la
que parece extraño que Péret haya gustado especialmente de su poesía, ya que
murió en 1959). Por otra parte, damos los dos enlaces decisivos sobre Barbé: el
testimonio de Pierre Vandrepote y su presencia desde el año 2010 en la página
“Poèsie fertile”, donde hay 41 textos suyos –uniformemente magníficos– como...¡4Z2A84!
¿Qué es eso que no tiene precio?
Este nuevo libro ensayístico de Annie Le
Brun, titulado Ce qui n’a pas de prix, es una lúcida e implacable embestida
contra el “realismo globalista”, cuyas concomitancias con el tristemente
célebre “realismo socialista” la autora no deja de señalar. La temática que se
aborda al principio no me parecía demasiado interesante: la exacerbación del
mercado del arte desde los años 90 (el arte convertido en mercancía y
viceversa), y señal de lo alejado que estoy de todo eso es que el
conocimiento que tengo de la obra de los artistas que cita Annie Le Brun, como
Anish Kapoor, Jef Koons, Bure, Baselitz, Richter, Kiefer, Damien Hirst,
Maurizio Cattelan, Georges Didi-Huberman y Andreas Gursky, ni siquiera cabe en
el ojo de una aguja –hasta es la primera vez que los veo nombrados, exceptuado el
tal Koons, que me suena porque Guy Ducornet atacó una megalómana exposición
suya en París hace un par de años. Pero el ensayo de Annie Le Brun justifica
pronto esta diatriba contra el “arte de los vencedores” para convertirse en una
denuncia generalizada de lo cada vez más “mucho de realidad” que atiborra un
mundo donde ya “nada existe que no haya sido transformado o corrompido, de modo
irreversible”, tema que fue el motor de mi libro Lusitania fantasma,
donde estudié ese proceso en la tierra y en el viejo pueblo portugués a lo
largo precisamente de esa década de los 90, y donde también hay un réquiem por
la desaparición de la “belleza viva” que Annie Le Brun aprecia en las artes y
tradiciones populares, “formidable dique contra la fealdad”, apoyándose siempre
en el gran William Morris (su guía o principal apoyo a lo largo de toda la
obra), para quien, en palabras que cita la propia Annie Le Brun, el arte
engloba “la configuración de todos los aspectos de nuestra vida”. Es el
“instinto de belleza” lo que constantemente es humillado con ese bombardeo
incesante de imágenes insignificantes y mercancías horrorosas, “consecuencia de
la mercantilización delirante, indisociable del auge informático”, o no
asociara Annie Le Brun justamente los fenómenos que estudia en el arte
contemporáneo a la instalación mundial de internet en esa misma década funesta
(dicho sea de paso –y ella misma lo apunta–, toda esta degradación final, todo
este espeluznante “afeamiento del mundo”, ya está anunciado potentemente en los
años 80, tras haber comenzado a encontrar vías libres después de la segunda
guerra mundial).
Pero poco a poco las gentes se han ido
habituando a todo esto, y uno empieza a pensar si dentro de no mucho tiempo ya
no habrá a quien pasarle el testimonio, si un libro como este de Annie Le Brun
no se convertirá en ininteligible. Es lo que sospecho cuando observo cómo los artículos
y libros de los pensadores “radicales” suelen reservarse para el final el
ta-ta-ta de la nota “optimista”, que tal vez no sea en el fondo sino el fruto
de una complaciente consideración del estado del mundo y de la vida, de una
cierta adaptación a lo que hay, cuando no una ignorancia supina de la magnitud
del descalabro o simplemente una muestra de estupidez. Parafraseando a Man Ray,
siempre será mejor verse uno desengañado como pesimista que como optimista (si
es que el pesimismo no es ya una forma de optimismo), máxime cuando el pesimismo
revolucionario no implica ni una cesión en la postura radical contra lo que
hay (contra su “poco” o “mucho” de realidad) ni merma alguna de la pasión que
nos inclina hacia la belleza de que hablaba Morris y de que habla Annie
Le Brun. Aunque nuestra ensayista no da el paso que podía haber dado, y
prefiere, por fortuna moderadamente, tocar al final la tecla positiva o
“esperanzada” con la alusión a algunas plumas en la balanza, resulta muy
saludable que acabe invitando al “sabotaje sistemático, individual o colectivo”
y a la deserción que nos sitúe lo más lejos posible de los “vencedores”. Eso,
sin duda.
Lo que sí puede afirmarse es que esas plumas
en la balanza (pero solo las más aladas, las que alimenta la poesía, en el
sentido rimbaldiano que Annie Le Brun apunta) constituyen para nosotros todo o
casi todo. Así, me alegró sobremanera ver cómo, en el “rechazo de lo que es”, se
esgrime una obra cuya excepcionalidad yo aquí mismo subrayé, incluyéndola
incluso en la cronología general del surrealismo que he ido elaborando: Le
gazouillis des éléphants, la antología de unos 350 singulares al pie
de los caminos y carreteras de Francia realizada por Bruno Montpied. Además,
Annie Le Brun hace muy bien al derribar fronteras artificiales como las
levantadas por Jean Dubuffet, no viendo diferencia esencial entre la obra de
esa infinidad de inspirados de origen popular y un Víctor Hugo construyendo su
torre, entre un Cartero Cheval y un Vicino Orsini.
Este es un ensayo vivamente recomendado, y
es que obras como esta son las que menos abundan y más hacen falta. No solo
Annie Le Brun va cimentando de modo admirable las argumentaciones de su tema
principal, sino que prodiga jugosas notas críticas sobre numerosos temas y
motivos: el gigantismo artístico (me entero de que los chinos le iban a regalar
a la ciudad natal de Marx una descomunal estatua suya); el papel de la filosofía
de la deconstrucción en el mercantilismo artístico contemporáneo; las
imposturas museísticas y la de los “patrimonios mundiales”; los juegos de
vídeo; los aeropuertos como centros comerciales a escala planetaria; las modas
–muy bien desenmascaradas– de los vaqueros desgarrados y los tatuajes; la
“siniestra industria” del turismo; la “religión” del deporte y sus vínculos con
la moda y el arte (el vestido deportivo como “uniforme del consumidor
ordinario”, como “imagen de la sumisión feliz que se ignora”); el culto del yo
y de la competición; la alienación tecnológica; el amor de las máquinas (hasta
hay surrealistas actuales, añadiré, que alegremente ven algo bueno en la
robotización), etc.
También, como suele ocurrir en sus ensayos,
Annie Le Brun nos remite a figuras no lo suficientemente conocidas, como Elisée
Reclus o Joseph Déjacque, y nos incita a la lectura de obras que tan solo por
señalarlas ella ya poseen interés, como La manipulation des images dans
l’art contemporain de Catherine Grenier o L’obsolescence de l’homme de
Günther Anders.
*
En nota de contraportada se dice de la
autora, al modo shusteriano, que “ha participado en los últimos años del
movimiento surrealista”, lo que obviamente no se corresponde con la realidad,
primero porque el Grupo Surrealista de París no era el “movimiento surrealista”
(afirmar otra cosa es despreciar el internacionalismo surrealista) y segundo
porque tan solo al año de la “autodisolución” del grupo surgió el que comenzó
expresándose a través del Bulletin de Liaison Surréaliste con
nombres de primera línea presentes casi todos en L’Archibras (Joyce
Mansour, Vincent Bounoure, Jorge Camacho, Guy Cabanel, Jean-Louis Bédouin,
Jacques Abeille, Gabriel Der Kevorkian, Marianne Van Hirtum, etc.) y que
prolongarían la existencia del grupo, renovado hasta el momento presente.
miércoles, 13 de junio de 2018
Alex Januário: “O corpo sismógrafo”
![]() |
| Alex Januário, El suicidio del cegador ante la belleza convulsiva |
Con tirada de cuarenta ejemplares, acaba de
aparecer el libro de siete collages (más el de la cubierta) O corpo
sismógrafo, de Alex Januário, que se suma en su trayectoria muy rigurosa y
de absoluto compromiso con el surrealismo a los titulados Sete anos, Caixa
gris y A noite absoluta. Si los anteriores aparecieron en Loplop,
este lo edita Baboon, proyecto de unos jóvenes de São Paulo dedicados al cómic
y amigos del surrealismo.
O corpo
sismógrafo lo
precede una cita de Lo maravilloso de Pierre Mabille y lo corona este
verso bretoniano de Fata Morgana: “cuando la copa la forman precisamente
los labios”.
@babooncomix
*
Loplop Livros promueve precisamente sobre el
collage una serie de encuentros, el primero de los cuales tendrá lugar hoy
mismo:
Céline, en su justo sitio
Hay libros que hacen falta, y eso es
exactamente lo que puede decirse de esta reciente obra de Patrick Lepetit sobre
Céline, “ideólogo nazi”.
Siempre me sorprendió, y me costaba
entenderlo, la simpatía que despertaba este personaje entre quienes menos podía
esperarse, incluso algunas inteligencias anarquistas que solo parecían percibir
en él su discurso antiburgués. Me han repugnado siempre los paliativos con
algunos escritores o pensadores de mentalidad abyecta tan solo porque eran
“grandes” o “geniales”, incluido un Borges, que llamó “caballeros” a los
militares golpistas argentinos, acudió a Chile para recibir un premio de manos
de Pinochet en sus primeros momentos y lamentaba que los Estados Unidos no se
convirtieran en un imperio como los de los viejos tiempos. E incluidos, por
supuesto, los Aragon y los Éluard.
Por eso es regocijante ver aparecer, y en el
Atelier de Création Libertaire, este Voyage au bout de l’abject de
Patrick Lepetit, que se abre con una cita definitiva de Jimmy Gladiator en La
Crécelle Noire, publicación de corte anarcosurrealista, año de 1979: “Vamos
a bajarles sus infernales humos a los que se aferran aún a las aberraciones del
tipo «un tal (fascista notorio, o cristiano, o estalinista, o programa ex
común) es un revolucionario en la Escritura (o en el Arte, o en el Cine)» ¡Qué
lamentable es una revolución en! ¡Mierda a la Escritura, viva la Poesía, viva
la Revolución, viva la Anarquía!”
Cuando Céline se encontraba en 1950 en
Dinamarca temeroso del juicio que le iban a hacer en Francia, Le Libertaire (donde
gozaba de simpatías) realizó una encuesta en que resultan admirables las
respuestas de Breton y de Péret frente, por ejemplo, a la de un Jean Dubuffet,
que lo consagra nada menos que como “uno de los más maravillosos poetas de
nuestro tiempo”, añadiendo que “hay que absolverlo completamente, abrazarlo,
honrarlo y festejarlo como uno de nuestros más grandes artistas y uno de los
más orgullosos e incorruptibles muchachos de nuestra casa”. Al año siguiente,
con antecedentes como este de Dubuffet (ahora voy comprendiendo por qué Jose
Pierre lo llamó en 1959 “hitlerófilo” y “antisemita”) o de Paulhan y Nadeau,
comenzaba la “rehabilitación” francesa de Céline, en la que militaron muchos
figurones de la izquierda francesa como Paul Nizan o la pareja ubuesca, Aragon/Triolet,
que lo tradujo al ruso. Hasta un André Gide perdía su lucidez viendo a este
canalla como un bromista, o si no un loco.
Patrick Lepetit procede a un verdadero
asedio tanto de la figura de Céline como de las operaciones de sus paladines,
entre los que destaca Philippe Sollers, nada menos que desde 1963 hasta 2009, cuando
llega a declarar: “Sitúo a Céline muy alto. La campaña de obliteración de
Céline ha fracasado, y pese a que no querían que entrara en el Panteón, es ahí
donde se encuentra. Yo lo coloco muy alto, con Proust, para el siglo XX, y creo
que ya no hay nadie que diga verdaderamente lo contrario, o que se ensañe
todavía en una vana polémica”. Que en lo último también se equivoca Sollers, lo
demuestra la propia obra de Patrick Lepetit, que no deja ni un respiro a todos
estos paladines, llegando hasta el homenaje que le hizo el año pasado el Magazine
Littéraire, donde el editor celebraba “su capacidad de dinamitar la lengua
francesa, en la línea de un Rabelais” –señala justamente Patrick Lepetit lo
infinitamente lejos que está Céline del rabelesiano “buen reír humorístico y
cálido”.
Los surrealistas difícilmente podrán olvidar
la actuación de Céline con Robert Desnos, y estas palabras de Patrick Lepetit
no dejan de evocárnoslo: “Que se deje de importunarnos con la bella lengua del
autor de Féerie pour une autre fois con menosprecio de la incitación que
fluye de su pluma como fluía la sangre de las innumerables víctimas de aquel
tiempo”. Y para rematar: “Que cesen de hablarnos, sobre todas las líneas
posibles de defensa de lo indefendible, de libros «de circunstancia», de obras
de un «loco», de gran broma, de pura literatura”.
*
Las respuestas de
Breton y Péret a Le Libertaire, 1950
André
Breton:
Cher camarade,
Mon admiration ne va qu’à des hommes dont
les dons (d’artiste, entre autres) sont en rapport avec le caractère. C’est
vous dire que je n’admire pas plus M. Céline que M. Claudel, par exemple. Avec
Céline l’écœurement pour moi est venu vite: il ne m’a pas été nécessaire de
dépasser le premier tiers du Voyage au bout de la nuit, où j’achoppai
contre je ne sais plus quelle flatteuse présentation d’un sous-officier d’infanterie
coloniale. Il me parut y avoir là l’ébauche d’une ligne sordide. Aux approches
de la guerre, on m’a mis sous les yeux d’autres textes de lui qui justifiaient
amplement mes préventions. Horreur de cette littérature à effet qui très vite
doit en passer par la calomnie et la souillure, faire appel à ce qu’il y a de
plus bas au monde. L’antisémitisme de Céline, le soi-disant “nationalisme
intégral” de Maurras, sous la forme ultra-agressive qu’ils leur ont donnée, ne
sont pas seulement des observations, mais le germe des pires fléaux. A ma
connaissance Céline ne court aucun risque au Danemark. Je ne vois donc aucune
raison de créer un mouvement d’opinion en sa faveur.
Benjamin
Péret:
Cher camarade,
L’intérêt soudain que Le Libertaire porte
au nommé Céline me surprend profondément. Je ne peux pas oublier, en effet, que
Céline a joué, avant et pendant la guerre, un râle tout à fait néfaste. Toute
son oeuvre constitue une véritable provocation à la délation et, de ce fait,
devient indéfendable à quelque point de vue qu’on se place car la poésie ne
passe pas quoi qu’en disent ses thuriféraires par la bassesse et l’ordure. Or,
l’œuvre de Céline se situe tout entière dans un égout où, par définition, la
poésie est absente. Et l’on voudrait en soulever la plaque pour nous faire
respirer les émanations méphitiques qui s’en dégagent! Non, qu’il reste au
Danemark où il ne risque rien s’il n’ose pas se présenter devant un tribunal
dont il n’a guère à attendre qu’une condamnation de principe. C’est toute une
campagne de “blanchiement” des éléments fascistes et antisémites qui se
développe sous nos yeux. Hier, Georges Claude était remis en circulation.
Demain ce seront Béraud, Céline, Maurras, Pétain et compagnie. Quand toute
cette racaille tiendra de nouveau le haut du pavé, qu’auront gagné les
anarchistes et révolutionnaires en général? Pas de donquichottisme! Réservons
notre solidarité –et celle-ci totale– pour les victimes de notre capitalisme,
de Franco, Staline et autres dictateurs qui souillent aujourd’hui la surface du
globe.
*
Patrick Lepetit se situó en plena órbita del
surrealismo en 2012, con la publicación de un libro ya de referencia: Le
surréalisme, parcours souterrain. Recientemente nos ocupábamos de su bella
colaboración con John Welson, Earthly kingdoms and dreamy knights, pero
con anterioridad este poeta, ensayista y libertario normando ha publicado los
poemarios Les tragédiennes (1978), Triptyque des solitudes (1989),
Rouge solaire (1997), Rituel d’une fascination (2007) y Déclaration
d’incandescence (2015). Recientemente, estuvo alerta a la impostura de las exposiciones
pseudosurrealistas que venían presentándose como muestras del “surrealismo
internacional” (y que en particular Miguel de Carvalho venía denunciando desde hace
tiempo), impulsando el manifiesto verdaderamente surrealista internacional “Du
ruisseau à l’égout”.
En el siguiente enlace pueden verse una
serie de intervenciones suyas sobre el surrealismo:
sábado, 9 de junio de 2018
Grupo Surrealista de Leeds
El próximo viernes, 14 de junio, se inaugura
esta exposición de “maravillas abandonadas” del grupo surrealista de Leeds:
*
A la vez, damos la noticia de aparición de
la segunda novela de Stephen J. Clark, componente de este grupo. En el enlace
editorial, se nos abre el apetito con la lectura de la sinopsis y un hojeo de
las páginas, que contienen además un centenar de ilustraciones, como ya las
contenía en abundancia su anterior novela, In delirium’s circle (2012).
Y damos también el enlace de una entrevista,
a propósito de su anterior libro de relatos, The satyr & other tales:
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| Stephen Clark, Gnosis, 22 de mayo de 1996 |
Charles Jameux: surrealismo y francmasonería
Charles Jameux formó parte del grupo surrealista parisino entre 1964 –año en que fue el más joven de los surrealistas en torno a André Breton– y 1969. Una reciente publicación suya arroja luz sobre esta figura poco
conocida en los medios del surrealismo, pero de gran interés. El título del
libro es Franc-maçonnerie: temps, mémoire, symboles. Chronique surréaliste
et franc-maçonne, y viene avalado por un prólogo de Jean-Pierre Lassalle.
Aparece en las Éditions Dervy, dentro de la colección Pierre Vivante que el
propio Jameux dirige y donde ya se han publicado Le surréalisme. Parcours
souterraine, de Patrick Lepetit, e Initiation et contes de fées, de
Bernard Roger.
En el primer capítulo, “Memoria de un
nombre, nombre de una memoria”, Jameux evoca sus años en el surrealismo. Tras
haber leído todo Nerval, todo Lautréamont y todo Rimbaud, descubre el
surrealismo, junto a su condiscípulo Georges Sebbag, a través del primer
manifiesto, algo que fue para él (y yo puedo decir lo mismo) como “un temblor
de tierra”, añadiendo: “La tendencia natural al solipsismo de mi carácter se
vio trastornada. No estoy solo, puesto que comparto con otros la revuelta total
contra la suerte indigna hecha por la sociedad al espíritu humano”. En 1964 se
incorpora a los encuentros de La Promenade de Venus, tras haber conectado con
el equipo de Positif. Al año siguiente, publicará una monografía sobre
Murnau y en 1968 será quien presente la ponencia sobre el cine en el famoso
encuentro de Cerisy (del que hace un par de años se osó dar un triste remedo
universitario). Jameux aparece en una conocida foto de 1967, o sea al año de la
muerte de Breton, en torno a Ted Joans, que estaba visitando París, junto a
Jehan Mayoux, Robert Benayoun, Jean Benoît, Annie Le Brun, Radovan Ivsic, Jorge
Camacho y otros. Entre esos otros no se encontraba Jean Schuster, a quien
Jameux ve justamente como el causante de la ruptura del grupo: en efecto,
Schuster, el “heredero autoproclamado” del surrealismo, “destruyó por su
autoritarismo y su rechazo del debate interno, toda posibilidad de actividad
colectiva”. Jameux califica de “especiosa” su distinción entre “surrealismo
histórico” y “surrealismo eterno” (que tan buena fortuna haría en los medios
académicos) y el apoyo incondicional que Schuster pretendía darle a la revolución
cubana, ya entonces plenamente convertida en dictadura y capitalismo de estado.
Pero Jameux no deja de expresar en estas páginas su “pasión, gratitud y
fidelidad perenne” al surrealismo, que le hizo entrever “los componentes
mayores del pensamiento analógico en Occidente: la alquimia, el hermetismo, los
esoterismos”.
En el capítulo segundo, Charles Jameux se
introduce en el tema de la francmasonería, a la que pertenece desde 1977, sin
implicar (o antes al contrario) ninguna pérdida de esa lucidez de revuelta que
es característica del surrealismo: así, celebra a quienes se han sabido
mantener a distancia (y, valiéndose de la expresión fourierista, en “écart
absolu”), de esta “civilización exangüe”, que define de un modo certero
como “totalitaria (internet e informática), represiva (encuadramiento
burocrático de los individuos), irrespirable (el reino de la cantidad),
mercantil (donde todo tiene un precio), en busca de la buena conciencia y de la
coartada compasiva que le facilitan a poco precio la ecología política y la
transición energética”.
El capítulo tercero, “El ideal iniciático”,
viene precedido por un epígrafe que no es otra cosa que la famosa cita de Vaché
sobre la esencia de los símbolos, lo que de paso anuncia el siguiente, sobre el
simbolismo masónico. El quinto se titula “La noche de los orígenes”, tema que
se continúa en el siguiente, donde Jameux determina el origen de la
francmasonería en la primera aparición documentada conocida de un símbolo no
operativo, o sea puramente especulativo, el templo de Salomón, en 1637 (¡la
fecha, como muy bien advierte Jameux, del siniestro Discurso del método!).
Pero sobre todo este volumen incluye al
final un texto extraordinario que Jean-Pierre Lassalle se anticipa al
calificarlo en su prefacio, con toda justicia, de “admirable”: “El barco de
fuego”, publicado autónomamente por el propio autor en 1980, donde afloran los
nombres de Breton, Fourier, Rabbe y Meyrink y en el que encontramos una
maravillosa invocación a la noche.
Posteriormente a Le vaisseau de feu,
Charles Jameux ha publicado Souvenirs de la maison des vivants (2008) y
–también en Dervy– L’art de la mémoire et la formation du symbolisme
maçonique (2010).
Este es un libro importante, para conocer a
otra de las figuras secretas del surrealismo parisino y tanto por su valor
testimonial como por el contenido específico de una materia que ha atraído a
muchos surrealistas.
miércoles, 6 de junio de 2018
Jan Giliam/Rik Lina, Amsterdam, 7 de abril de 2018
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| Dave Bobroske, Jan Giliam y Rik Lina, Homenaje a Eugenio Granell, 11 de abril de 2011 |
Ofrecemos hoy otro documento facilitado por
nuestro amigo Rik Lina, sobre una reciente intervención en Amsterdam con Jan
Giliam, y que incluye declaraciones muy interesantes de ambos sobre el
automatismo y sobre el trabajo realizado conjuntamente. Y a la vez remitimos a
sus dos páginas en la red.
lunes, 4 de junio de 2018
John Welson y Patrick Lepetit, en la Mesa Redonda
He aquí otra nueva publicación en que se
unen los campos magnéticos surrealistas de un poeta y un artista, dando un
resultado magnífico. John Welson y Patrick Lepetit, junto a John Richardson, ya
se habían encargado de organizar el homenaje a Arcane 17 (André
Breton’s Arcane 17 –A lodestar for the 21st century), y John Welson había
más recientemente dado a la luz un volumen similar a este de ahora, Y gwiblu
brith, en que sus imágenes se encontraban con los versos gaélicos de David
Greenslade. Ambos títulos –ya comentados aquí– aparecieron en Dark Window
Press, como Earthly kingdoms and dreamy knights lo hace en Black Egg
Publishing. La obra está dedicada a la memoria de Jean-Claude Charbonel, cuyos
armorígenes estaban tan cercanos al imaginario celtizante de Welson y Lepetit.
En Coimbra, envueltos en la poderosa luz del
faro de la sección surrealista del Cabo Mondego, Rik Lina coincide con Patrick
Lepetit y, en vistas de su interés por la cultura celta, lo pone en contacto
con John Welson, quien en 2011 había, en Aberystwyth, llevado a cabo con
Charbonel la exposición “The celtic eye”. Tras la feliz iniciativa de
reivindicar el valor para estos tiempos de Arcane 17 (con la publicación
del libro colectivo citado y una muestra en Rhayader), y la lectura que Welson
hace del último poemario de Lepetit, Déclaration d’incandescence (¡admirable
título!), el artista galés le propone al poeta normando escriba unos poemas en
inglés que él ilustraría. Pero finalmente, Welson le va enviando a Lepetit una
veintena de pinturas, que le inspiran a este, pensando en los valles galeses y
en los montes de Arrée bretones, una serie de poemas correspondientes, para los
que sugirie el título en que amalgama los reinos terrestres y los caballeros
soñadores de la Mesa Redonda, un mito poético de plena validez para el
surrealismo. Todo esto y más lo refieren en unas páginas antecedentes Patrick
Lepetit (“Celtic inscapes...”) y John Welson (“Echoes from the drowned
valleys), pero aún hay una brillante introducción que ha hecho Guy Girard.
Patrick Lepetit, autor de un libro ya de
referencia como es Le surréalisme (Parcours souterrain), anuncia otro
sobre surrealismo y celtismo (de hecho ya anticipado en uno de los capítulos de
ese libro), que esperamos con impaciencia.
sábado, 2 de junio de 2018
Zuca Sardan: el primado del humor
Un fino texto de M. R. Salgado, “Poesía o un
paseo por la montaña rusa”, presenta esta nueva fiesta del maestro Zuca Sardan,
compuesta de ochenta viñetas y editada primorosamente por Loplop.
“Zuca Sardan es, indiscutiblemente, un poeta
visual cuya obra dotada de alto poder de corrosión se vincula a uno de los más
importantes linajes del arte y de la literatura: el del humor negro”.
Con una tirada de cien ejemplares, Zas
Traz solo puede obtenerse a través de Loplop:
jueves, 31 de mayo de 2018
Alain Joubert y el cine
![]() |
| Pierre-André Sauvageot, collage |
Le cinéma
des surréalistes,
de Alain Joubert, pasa a formar parte de la más selecta bibliografía sobre el
surrealismo y el cine. Se trata de un bello volumen, en capa dura, que editan
al alimón las Éditions Maurice Nadeau y La Cinémathèque de Toulouse.
De nuevo, como en Ado Kyrou y otras obras de
menor entidad que la de Kyrou y esta de que hoy nos ocupamos, no se trata del
surrealismo realizado por los surrealistas (libro por hacer, fascinante, pero
que sin duda ofrecerá enormes dificultades, dado el carácter recóndito de gran
parte de ese cine), sino del cine amado por los surrealistas, y en este caso
por Alain Joubert, cinéfilo empedernido y colaborador asiduo de la mejor
revista de cine que ha habido, o sea Positif. Esto quiere decir que
encontraremos aquí muchas obras (la gran mayoría) aclamadas de modo más o menos
general (y hasta a veces unánime) por los surrealistas, pero también otras cuya
elección resultará más polémica.
He nombrado a Ado Kyrou, y es que, además,
Joubert lo toma como “brújula” de su libro y a él se lo dedica, no sin olvidar
la también “amistosa complicidad póstuma” de Gérard Legrand y sobre todo de
Robert Benayoun, al que alude muchas veces.
A lo largo de más de doscientas páginas,
siempre dirigiéndose familiarmente al lector/espectador –Joubert escribe para sus
“cómplices”, excepto cuando no lo hace, temiblemente, contra los impostores–,
se van desgranando las “virtudes esenciales” que “hacen cortejo” a la “trilogía
cardinal” del surrealismo –amor, poesía, libertad–, a saber la revuelta (individual
o colectiva), la subversión, el amor loco, la pasión, lo maravilloso, el
onirismo, el inconsciente, el mito, lo sagrado no religioso, el erotismo, el
humor negro y el nonsense. Cada uno de estos doce capítulos es ejemplificado, a
la manera de lo que sería un ciclo soberbio como los que había antaño, por una
docena de películas de los que Joubert nos da una sinopsis y un comentario
siempre incisivo y atinado, aparte, como es de esperar en él, salpicado de
ideas sugerentes –sobre la utopía, el feminismo, el “octubre rojo”, el cine
mudo y el hablado, el espectador cinematográfico, los “turistas” del
surrealismo, etc., etc. En este desfile de películas que conforman su
“palmarés”, la mayoría son bien conocidas y los amantes del cine y del
surrealismo las guardamos rozagantes en la memoria, pero otras son rarezas que
Joubert invita a descubrir o, en ocasiones, redescubrir.
Aún se incluyen diferentes ensayos en el
volumen. El primero es una rememoración del parisino cine Royal Monceau, donde
en la infancia se le desveló el gran misterio cinematográfico. El segundo se
ocupa de John Huston, rebatiendo el tópico que lo ve como mitólogo del fracaso.
El tercero, de Jacques Tourneur y el cine de aventuras. El cuarto es un ensayo
sobre diez fotogramas de Antonioni (cuyo cine ya interesó mucho a un antiguo
compañero suyo del grupo surrealista de París, Georges Sebbag). El quinto se detiene
en Sternberg.
![]() |
| Pierre-André Sauvageot, collage |
Pero Joubert nos reserva al final una
sorpresa, que no es otra cosa que un guion fílmico, titulado Diferencia
horaria, “azar en tres tiempos” ubicado en París, Nueva York y de nuevo un
París que, si antes era fantasmal, ahora es el escenario de un delirio
vegetalista.
Enriquecen decisivamente este volumen los
collages de Pierre-André Sauvageot, y no conozco quien hubiera llevado a cabo
esta misión de un modo más adecuado y satisfactorio. Cada capítulo se abre con
un collage en que se reúnen, con la fuerza del encuentro surrealista,
motivos de algunos de los filmes tratados, y el resultado es una auténtica
delicia visual. Logro absoluto es también el septeto de imágenes que ilustra Diferencia
horaria, desde la primera, en que la protagonista femenina sale desnuda a
la calle, hasta la última, con el apartamento de la Rue Paradis desbordando
hasta la calle sus plantas y flores, del mismo modo que este libro desborda
hasta nosotros tantas fascinantes películas, proyectadas por la entusiasta
cámara de Alain Joubert.
Un homenaje a Renzo Margonari
La Accademia Nazionale Virgilana de Mantua
rinde estos días homenaje a uno de los grandes artistas del surrealismo, Renzo
Margonari, con una exposición que lo convierte en el primer miembro vivo en
recibir tal honor a lo largo de los 250 años de historia de esa Academia, que
este año celebra su aniversario de fundación.
La Accademia ha editado una caja con veinte
reproducciones de obras recientes de Margonari, que demuestran la perfecta
continuidad y frescura de su inspiración; reproducimos una de ellas al final de
esta nota.
Una interesante entrevista con el maestro Margonari
–quien, como todos los grandes artistas del surrealismo, es tan artista como
poeta–, motivada por sus 81 años, puede
verse en esta página de La Gazzetta di Mantova, el periódico más
antiguo del mundo:
![]() |
| Renzo Margonari, Caminar en la sabana, 2014 |
“Analogon”, 84
Se acaba de publicar el número 84 de Analogon,
dedicado a los temas del espejo y el doble:
analogon 84
martes, 29 de mayo de 2018
El fuego central de Guy Girard
![]() |
| Guy Girard, La mano del duelista |
En los cuadernos de À l’index, Guy
Girard ha recopilado once poemas de gran aliento, que acompañan doce de sus
inconfundibles dibujos, cada uno dedicado a una mano: la de la Candelaria, la
del viejo marinero, la del duelista, la de los pingüinos, la del camello de las
llaves, la del parasol, la del atolondrado, la del queso gruyer, la de la
calabaza, la del pez de abril, la de Odín y la de las judías. Título: À
l’ouest de l’enclume.
Tres de estos poemas ya los había publicado
Guy Girard en sus autoediciones de Saint-Ouen, en concreto Athée.
Département de la Mayenne. 507 habitants (Poème athéosophique), Ode à
une théière apocalyptique y Chapeau volatil du Père La Violette. Los
nuevos son La bande à Bonnostradamus, Mars ATTAcks, Les
cigognes de Lisbonne, Vitesse des fleurs, Au Pont des Éléphants,
Les valises de Valuejols, Place du Châtelet y Le sel noir de
Montréal.
Todos estos poemas, puertas abiertas al
deslumbramiento de lo maravilloso, están regidos por ese “fuego central” de la
“utopía surrealista” que es para Guy Girard el automatismo poético.
*
En la misma
colección editorial se ha publicado un nuevo poema de Hervé Delabarre: Chemins
de nuit et leurs stations.
Chicago, Nueva York, Famalicão
Del 7 al 10 de junio se recuerdan en Chicago
los orígenes del grupo surrealista de la ciudad del viento y los blues:
*
Exposición en
Nueva York sobre máscaras amerindias y surrealismo:
*
En Famalicão se inaugura el día 1 el Centro
Português do Surrealismo:
sábado, 26 de mayo de 2018
Rik Lina en las profundidades marinas
![]() |
| Rik Lina, Sepias, 1980 |
De nuevo por gentileza de Rik Lina ofrecemos
un documento de gran interés, que en este caso concierne a sus propias obras.
*
Miles de
curiosos fotógrafos de buceo se han dedicado, desde los pioneros Jacques-Yves
Cousteau y Hans Hass en la década de los 40, a registrar aspectos de la parte
más fabulosa del hábitat natural de nuestro planeta: el mundo submarino. Mi
tarea es diferente. Como pintor, trato de poner este mundo en línea con el
reino de los sueños y el inconsciente y de utilizar las impresiones como
visiones para la imaginación.
Estas
fotografías colocadas junto a mis pinturas, dibujos y grabados no han sido
hechas por mí, y no las usé como estudio o punto de partida, sino que,
encontradas en Internet, me recordaron algunas de mis obras, en su mayoría
hechas ya hace mucho tiempo. Colocadas juntos muestran que esas imágenes, consideradas
extrañas, surrealistas o incluso increíbles por muchas personas, son
simplemente normales en el océano.
Cravan: retorno a Barcelona
Sobre Arthur Cravan parece haber ya cierta
inflación de publicaciones, por lo que no esperábamos mucho de este nuevo
catálogo del Museo Picasso de Barcelona, motivado por la ya fenecida exposición
“Arthur Cravan. Maintenant?” Sin embargo, contiene un par de trabajos muy
valiosos y es de una riqueza iconográfica extraordinaria.
Lo presenta demasiado brevemente Emmanuel
Guigon, quien ya le había dedicado a Cravan una exposición en 2005 en los
Museos de Estrasburgo. En ese catálogo, más pequeño pero tan precioso como este
(y sin las enojosas páginas de traducción al esperanto americano que este sí
tiene), el plato fuerte era el magnífico ensayo de Georges Sebbag “Arthur
Cravan, sobrino de Oscar Wilde”, que se ve ahora trasladado al español. La
novedad es otro ensayo de Sebbag titulado “Cravan es surrealista en el
desafío”, que raya a la misma altura y donde se comentan todas las referencias
bretonianas al incomparable Cravan.
Si en el anterior catálogo ya se reproducían
las obras de Archinard, su probable seudónimo artístico, ahora Jean-Paul Morel
las introduce y estudia. El otro trabajo importante es el de Aitor Quiney,
quien explora su faceta específicamente pugilística (y digo “específicamente”
porque Cravan a fin de cuentas no hacía otra cosa que boxear), con destaque
estelar para el mítico combate con Jack Johnson, en el que hizo el ridículo
ante aquella muralla de caoba de quien diría que “después de Poe, Whitman y
Emerson, es el más grande norteamericano que haya existido” -¡tras haber
aclarado que era “unos cinco centímetros más bajo que yo”! La sucesión de fotos
del combate es una maravilla, pero el resto del catálogo no tiene mucho
interés. Hay un artículo sobre Jack Johnson que hubiera encajado mejor en una
revista de boxeo, y otro, de puro compromiso y que no merece ni un minuto de
atención, sobre Picasso boxeador (Cravan hubiera tumbado a ese retaco de un
simple codazo). Al final, Erich Weiss trata de la desaparición de Cravan y hace
desfilar a una serie de modernos artistas “escapistas”, pero ninguno de ellos
le llega a Cravan ni a la suela de los zapatos.
El reportaje que acompaña esta nota nuestra
es la primera vez que es reproducido, en la página 118 del catálogo.
jueves, 24 de mayo de 2018
"Triplov" y el surrealismo
![]() |
| Alfonso Peña, en Triplov |
La publicación portuguesa Triplov ha
forjado un número muy rico, en colaboración con Matérika. Cada apartado combina
poesía escrita y poesía visual, funcionando perfectamente combinaciones como
las de Cesariny y Zuca Sardan, Ludwig Zeller y Susana Wald, Claudio Willer y
Pnina Granirer, Rodrigo Verdugo y Carmen Santos, Rik Lina y Óscar Jairo,
Enrique de Santiago y Carlos M. Luis, Beatriz Hausner y Lennín Vásquez. Rodia
Ibaveda y Miguel Lohlé, etc. Destaquemos también los teléfonos de Amirah Gazel, las pinturas
de John Welson y de Nicolás Saião, los montajes fotográficos de
Misiano-Genovese, los collages de Fernando Fuão y de Alfonso Peña, los poemas
de Carlos Barbarito y Cruzeiro Seixas... Pero el lector podrá acceder a todo lo
que estas líneas prometen y mucho más.
![]() |
| Richard Misiano-Genovese, en Triplov |
Poesía de Henrique Tavares
![]() |
| Henrique Tavares, detrás a la izda.; delante, M. Cesariny, A.J. Forte, V. Martinho. Café Royal, Cais do Sodré, c. 58-59 |
Figura secreta del surrealismo portugués, al
fin Henrique Tavares ve su obra rescatada. Este primer volumen se consagra a su
poesía –con sus tres libros publicados: O missal do aprendiz de feiticeiro (1959),
Os livros sibilinos da Lusitania (1960) y Ódio de bacante (uma gesta
orgánica) (1962)–, y seguirán un tomo de inéditos y otro con su obra
plástica.
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