viernes, 30 de marzo de 2018

Nidos de Laura Corsiglia

Laura Corsiglia, Panoramix 4


Tuvo lugar este mes, en la galería Black Faun, una muestra de Laura Corsiglia, que recientemente Rik Lina nos incluía entre la lista de “27 mujeres surrealistas, hoy”.
Damos tres enlaces: el de la exposición, el de la propia Laura Corsiglia y el de un vídeo de 7 minutos en que –de manera adorable– nos habla de su trabajo más reciente.

Roland Sig: collages



En el museo de Châteaudun tiene lugar una exposición retrospectiva de los collages de Roland Sig, inaugurada el día 24.
Roland Sig, collage
Roland Sig (1927-1985), hombre de espíritu libertario (y francmasón), se consideraba un “simpatizante” del surrealismo, por lo que nunca participó en las actividades del grupo de París. Pero fue amigo de André Breton y se identificó con el surrealismo desde que a los 19 años asistió a la legendaria exposición surrealista de la galería Maeght, en 1947. Por ello, nada hay de abusivo en que esta exposición se titule “Roland Sig, collages surrealistas”. No le gustaba ni exponer ni vender, no extrañando que en vida solo diera a conocer sus obras en una ocasión. Ahora hay la oportunidad de descubrir toda su frescura e inventiva, en una muestra que esperamos origine algún catálogo para los distantes.

domingo, 25 de marzo de 2018

“Spectra”, en la Casa de las Dagas Azules

Will Alexander/Byron Baker, Quantum electrical field

Otro espléndido número de Spectra, la publicación animada por Raman Rao, acaba de aparecer, al mismo tiempo que la celebración artaudiana de La vèrtebre et le rossignol, como si el surrealismo quisiera festejar de modo explosivo así la llegada de un nuevo período primaveral, al menos por los lares en que escribimos. Y ello cuando la actualidad surrealista estaba dando pocas señales de vida.
Timothy R. Johnson, Seduction at Fare Thee Well
Aparte el del maestro de ceremonias, hay varios nombres coincidentes con el número anterior (“En el umbral del bosque”): Timothy R. Johnson, Byron Baker, David Coulter, Thom Burns y C. Brooke Rhotwell. A ellos se suman ahora Will Alexander, Allan Graubard, Stephen Lock, Terri Engels, Brian Lucas y Alice Farley. O sea, figuras del surrealismo estadounidense que aparecen enfocadas en los maravillosos tomos de Invisible heads, que nunca nos cansaremos de recomendar a quienes aún no los conozcan.
De nuevo Spectra logra un número impactante, y de nuevo desde la increíble portada, en que Thom Burns descubre la daga de piedra. En seguida David Coulter nos embarca en un viaje a Klopstokia, la delirante tierra de One million legs que preside W. C. Fields, y en donde podríamos encontrar los espectros de Raman Rao, el disfraz de Alice Farley o los mágicos bordados de Terri Engels. Poema e imagen se combinan en varias páginas, como en las de Allan Graubard, C. Brooke Rhotwell y Stephen Lock. Byron Baker dedica uno de sus automatismos gestuales a Jhim Pattison. Fiestas de color inauditas erigen Timothy R. Johnson y Will Alexander/Byron Baker. Pero sobre todo es la fuerza del conjunto, sin ningún desfallecimiento, lo que más impresiona en este nuevo número de Spectra

Noticias de Alain Joubert

El próximo mes se publicará el libro Le cinéma des surréalistes, de Alain Joubert, donde este presenta 162 películas que van de los años 20 a 2015. Edita Maurice Nadeau, con la colaboración de la Cinemateca de Tolosa, y el prefacio es de Michel Ciment, director de Positif, la mejor revista de cine que ha existido. Pero el regalo principal son los 29 collages en blanco y negro de Pierre-André Sauvageot, de los que damos hoy una muestra.
A la vez, remitimos a tres artículos de Joubert publicados en la página animada por el equipo de La quinzaine littéraire, sobre la correspondencia de Breton y Péret, Picabia y Tzara y sobre dos libros en torno al mayo parisino de 1968, uno de ellos el de Pierre Peuchmaurd que ya hemos recomendado aquí.

Collage de Pierre-André Sauvageot

jueves, 22 de marzo de 2018

Artaud, en “La Vertèbre et le Rossignol”

Raman Rao/Thom Burns, Artaud en Irlanda

Los entusiastas de Antonin Artaud –entre quienes me cuento desde que lo descubrí hace unos 44 años– están de albricias con la aparición del número 5 de La Vertèbre et le Rossignol, a él íntegramente dedicado.
David Nadeau ha realizado un relato de la vida extraordinaria de Artaud –o de sus vidas extraordinarias– a partir de los escritos de Rodez, en que se incluían, por supuesto, sus recuerdos del surrealismo. La lectura de este relato ha inspirado a una multitud de invitados, que han podido partir de lo que más les apeteciera o resultara más significativo, resultando curioso ver cómo hay ciertos capítulos de esa biografía extraordinaria que seducen especialmente.
Irene Plazewska,
El báculo de S. Patricio
Los “invitados” son mayoritariamente surrealistas (y “aliados”), pero hay también un contingente de patafísicos (y “cercanos”) y algunos amigos quebequianos cercanos a La Vertèbre et le Rossignol y “outsiders”. Yo, sobre Artaud, he comulgado siempre con la perspectiva inflamada de Mário Cesariny, para quien Artaud (y no Bataille) era quien complementaba a Breton, distanciándome al mismo tiempo de surrealistas que, por su orientación más politizada, no se han mostrado interesados por Artaud –discrepancia cordialísima en casos como los de mi muy querido, admirado y siempre recordado Eugenio Granell. He deplorado por otra parte, acerbamente, la captación que en los años 70 hicieron los telquelianos de Artaud para oponerlo tan estúpida como calculadamente a Breton, y, aunque ya sin nada acerbo, veo al gran Artaud mucho más en el volcanismo surrealista que en el cerebralismo lúdico-patafísico, que es además el que lo ha convertido en “santo”, idea no muy afortunada, ya que poco pueden gustarnos los santos, sean del tipo que sean (ni, aunque sepamos que se trata de un símbolo usurpado por el cristianismo, las cruces, tanto que ni vilipendiadas me hacen gracia; siempre que voy por caminos de tierra y árboles encontrándome con su aparición involuntaria en forma de ramitas, en seguida las aparto con el zapato).
Se encontraba amodorrada la actualidad surrealista cuando ha surgido este número sensacional, en que se conjunta un montón de surrealistas dispersos por el mundo, para celebrar a Artaud y a algunos de sus amigos más señalados. Alex Januário abre el fuego con la foto de la Rue Artaud, y luego, en una lista incompleta y desordenada, aparecen imágenes de Amirah Gazel, Luiz Morgadinho, Susana Wald, Rodrigo Mota (André Breton, en éxtasis, lanza diamantes a Philippe Soupault), los Recordists (Artaud, Masson, Leiris y Limbour en el Bureau de Recherches Surréalistes), Verónica Cabanillas Samaniego (El Bureau de Recherches Surréalistes ha sido lanzado al mar y Artaud se me aparece para ir a la fiesta del peyote), Freddy Flores y Patricio Álvarez Aragón, Steve Morrison, Ody Saban (dibujo astrológico sobre Breton), Jon Graham (André Breton encontrará el tau chino del ser), Pinina Podesta (Marcel Noll es el esclavo de los fantasmas alojados en el fondo de sus ojos),  Nelson de Paula (Pierre Unik y Marcel Noll), John Richardson, John Welson, Craig S. Wilson (La danza del ciguri), Irene Plazewska, Zazie (Cervecería de La Coupole), Thom Burns y Raman Rao (Artaud en Irlanda), Byron Baker (Las seis esposas de Artaud), Guy Girard (de su serie Antonin Artaud en ruta hacia Agartha), Jason Abdelhadi, Aldo Alcota, Janice Hathaway, David Coulter, Singwan Chong Li, Paul McRandle (La voz de Heliogábalo)... Nada más incitativo que esta lista de nombres y de títulos, con el añadido de la contribución de Steve Venright (presentado como “outsider”) Los ojos de Tangaël (Yves Tanguy).
El número concluye con unos artículos poco conocidos de Roger Vitrac y Roland de Renéville sobre Artaud, más el pasaje de El velo de Isis de René Guénon en que este alude a Artaud.
Número deslumbrante, tanto por el largo texto de David Nadeau como por la fuerza de imaginario que posee el conjunto de las ilustraciones. Y número que sucede a otros dos grandes logros como son el del surrealismo y el mito templario y el de “La prueba peligrosa”.

The Recordists, Artaud, Masson, Leiris y Limbour
en el Bureau de Recherches Surréalistes

*

Verónica Cabanillas Samaniego,
Artaud se me aparece para ir a la fiesta del peyote

La edición puede conseguirse tanto en papel como en pdf; en el segundo caso, como ocurre exactamente con el n. 3 de Spectra, aparecido simultáneamente, resulta un poco molesto buscar las correspondencias de las imágenes con sus créditos, por la costumbre de no dar estos datos debajo de cada imagen, lo cual podrá estar bien en un libro que manejamos manualmente, pero no funciona en este tipo de ediciones.

Craig S. Wilson, La danza del ciguri

martes, 20 de marzo de 2018

Rik Lina y los arrecifes coralinos

Rik Lina, Manta Ray Corals, 1983

El domingo 25 se inaugura en Amsterdam esta exposición de pinturas de Rik Lina, sobre pólipos coralinos en movimiento.
A la vez presentamos tres interesantes documentos de este artista central en la visión plástica del surrealismo a lo largo de las últimas décadas. El primero es la selección de una caja con 162 dibujos realizados a fines del 96 y principios del 97, donde se combina la influencia de los maestros chinos con el automatismo orientalizante que en el surrealismo tuvo su momento con un Masson, aunque Rik Lina se muestra más interesado que este por la naturaleza.
El segundo documento es un diálogo con Jan Bervoets, y el tercero la pieza “Chinese Alps”, del grupo Cornucopia (John Welson, Gregg Simpson y Rik Lina), con un poema de Allan Graubard, siempre tan abierto a este tipo de bellas confrontaciones creativas.

domingo, 18 de marzo de 2018

Eileen Agar, por Michel Remy

Eileen Agar, Fish circus, 1939, National Galleries of Scotland

No suelen salir libros de confianza sobre figuras del surrealismo, y no digamos sobre las mujeres del surrealismo. Pero esta es una obvia excepción, ya que Michel Remy ofrece plenas garantías. Olvidaremos así el catálogo sobre la maravillosa Eileen Agar de la Pallant House (2009), donde en lo que más parecían interesados era en alejarla del surrealismo, contra toda evidencia –así es como funciona en general la caterva de los profesores y críticos de arte, aliando con harta frecuencia la incompetencia a la malignidad.
En 1981, Michel Remy había dedicado una publicación a Eileen Agar, en las ediciones Ellebore, pero ya muy difícil de encontrar. Esto es pues una noticia extraordinaria, que por ahora queda en esto, ya que acabo de pedir este libro y, si el infame servicio de correos me lo llega a traer, no dudaré en hacerle una reseña.