domingo, 14 de mayo de 2017

Julio Monteverde: “El pasillo de espejos”


Julio Monteverde participó en las actividades del Grupo Surrealista de Madrid entre los años 2000 y 2012, pero sigue manteniendo buenas relaciones con el mismo. Su primer poemario, La luz de los días, apareció en La Torre Magnética en 2002, y a él siguió La llama bajo los escombros en 2009. También ensayista, se le debe De la materia del sueño, reseñado en este mismo espacio.
El pasillo de espejos lo edita Ártese quien Pueda en su colección de poesía. La presentación hace unos días motivó una interesante entrevista por Esther Peñas en Solidaridad Digital, 28 de abril de 2017, que aquí transcribimos:

miércoles, 10 de mayo de 2017

“Dreamdew”, 9

Conroy Maddox, Mansión de los sueños I, 1976

Ha salido a comienzos de este mes el nº 9 de Dreamdew, en que destaca la continuación de la “Biblioteca onírica”. Se da noticia también de las actividades del “laboratorio onírico” del Grupo Surrealista de Madrid (oniros).

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Por mi parte, aprovecho para reproducir un bello texto de Édouard Jaguer, publicado en 1971 (Phases, nº 3, 2ª serie):




Jorge Camacho, Gina Pellón

Jorge Camacho

La exposición de Jorge Camacho en la galería de Sophie Scheidecker es una buena ocasión para ver este cortometraje del maestro cubano:
Añadimos otro enlace en que se filma la elaboración de uno de sus cuadros, aunque aquí la música deba ser sustituida, por ejemplo, por la de Thelonious Monk:
El mismo director hace lo propio con Gina Pellón, artista y poetisa cubana que por cierto fue Camacho quien presentó a los surrealistas:

sábado, 6 de mayo de 2017

Sobre el “materialismo poético”: una lectura mejicana

Esta lectura del excelente texto sobre el materialismo poético de Bruno Jacobs, publicado en el nº 21-22 de Salamandra, y que debemos a la magnífica disponibilidad de don Luis López López, en el corazón de Xalapa (Veracruz), me parece un documento extraordinario. Brindo a la salud de don Luis una buena copa del mejor mezcal.
(Por cierto que, echando un vistazo a la lista de marcas de mezcal, he podido hacer una tan grande como incompleta lista de nombres antológicos, que no dejará indiferente a cualquier espíritu surrealista: A Punto de Veneno, Alacrán, Los Amantes, Bruxo, Búho, De los Muertos, Delirio, El Diablito, Enmascarado, Felino, Gran Amuleto, Gusano Rojo, Ilegal, Jolgorio, Libertador, Memorable, Meteoro, De las Hormigas, Nuestra Soledad, Mortal, El Rey Zapoteco, Montelobos, Pierde Almas, Quiquiriquí, Revoltoso, Saca Diablos, Escorpión, 7 Misterios, 8 Víboras, El Viejo Indecente, Vago, Vámonos Riendo, Corneta, Jaguar, Vagabundo, Tempestad...)
materialismo poético xalapa


domingo, 30 de abril de 2017

De pronto, los meteoros de Jean-Pierre Paraggio


La próxima semana, Tolosa es un sitio que vale especialmente la pena visitar:

viernes, 28 de abril de 2017

Traviesas


Más que jactarme de ser el único surrealista que se ha fijado en los rostros y figuras que habitan las viejas traviesas de madera de las vías férreas, debería denigrarme por solo haberlos advertido al cabo de tantos años de recorrer esas vías. Curiosamente, el primer “hallazgo” fue en una traviesa abandonada en un rincón de la aldea de Foz Tua, junto al río Duero portugués, pensando que era algo excepcional y con la exaltación que en aquel templo gastronómico que era y es el Calça Curta me daban el medio litro de vino que servían y sirven con las comidas y los sucesivos moscateles de Favaios que remataban cada refección (entremezclados a veces con unos anisados caseros que preparaba Dona Branca en su vecina venta de tiempos remotos, ya desaparecida hace más de veinte años). No traía aquel día la cámara, y cuando pude traerla ya no estaba la traviesa fundacional, pero en seguida descubrí que se trataba de un fenómeno más o menos habitual. Los registros que aquí presento, y que son la mitad de los que tengo, fueron hechos en los años 2004, 2005, 2016 y 2017, en la línea del Tua, que de allí arrancaba y que ya fue destruida por una presa faraónica, y en la del Alto Duero, entre Tua y el apeadero de la Alegria y entre las Vargelas y Pocinho, hoy sin duda el tramo más imponente de la ya raquítica red ferroviaria de Portugal. No llegaron a tiempo de incorporarse al libro de fotos portuguesas Disparos del archibrazo, aunque sí a la posterior trilogía Portugal. Viaje sin retorno, pero como esta es una obra de escasa difusión, los pongo aquí a disposición de los curiosos. Algunos de esos registros, sobre todo los verticales, ofrecen revelaciones al ser girados, y hasta a veces no estaba cierto de cuál había sido mi intención, pero los dispongo como me parecen más potentes.
Entre la infinidad de normas estúpidas de la Unión Europea (que estos días, por ejemplo, trata como un gran tema la prohibición de fumar en las playas) está la de la prohibición de las traviesas de madera, sustituidas por otras de cemento o por nada. En Portugal solo resisten estas del Alto Duero, pero supongo que estén sentenciadas. Hechas la mayoría de roble negral, tienen muchas un olor a creosota solo comparable para mí al de las jaras, que los portugueses llaman “estevas” y que abundan por este mismo territorio pizarroso.
A partir de cierto punto, los rostros sobre todo comienzan a repetirse demasiado, pero sin embargo en recientes caminatas, cuando ya no esperaba nada, aún pude ser sorprendido por más de una docena, y sin buscarlos, o sea al ir displicentemente fijándome en mis pasos. El espacio y la atmósfera del lugar también ayudan: un río ancho y aún hermoso (pese a las presas que lo han domado), declives montañosos de peñascos graníticos o de cultivo en terrenos pizarrosos de viñas u olivos, un silencio que solo interrumpen algún pájaro o el brinco de un pez, la ausencia total de otro bicho humano que uno mismo...
No debe dejar de anotarse que en portugués las traviesas férreas se llaman también (aparte “chulipas”).. “durmientes”, esta última magnífica designación siendo también usada en la América hispana.

miércoles, 26 de abril de 2017

Exeter, 1967


Paul Cowdell evoca con acierto oportuno la exposición surrealista de Exeter hace 50 años, uno de los más bellos hitos del surrealismo en tierras inglesas:
(Creo que debe hacerse una aclaración, por lo que se refiere a la idea repetida de que el grupo de París “desdeñó” esa exposición, idea originada en la manipulación que John Lyle, con un exceso de susceptibilidad, hizo de la nota dedicada a aquellos eventos por Robert Benayoun en el n. 2 de L’Archibras, nota muy simpatizante, y en la que si se habla en efecto de “reunión nostálgica” es para añadir de inmediato: “mais préparatrice d’un net regain d’activités”; lo de “nostalgia” aludía no solo al reencuentro de los viejos amigos del London Bulletin, sino al hecho de que en la exposición predominaban sobremanera las obras del pasado. Benayoun, que había participado activamente en los eventos de Exeter y que además era todo lo contrario de un espíritu mezquino, no es desde luego sospechoso de minusvalorar una reactivación del surrealismo en un país que le era muy caro. Por lo demás, su nota, que nadie bienintencionado puede considerar “desdeñosa”, y que concluye con un homenaje al gran Brunius, fallecido esos días, solo lo comprometía a él, y no al “grupo de París”.)
Y recordemos que en 1967 tuvo lugar también la exposición internacional surrealista de São Paulo, originadora del primer número de A Phala.