miércoles, 8 de febrero de 2017

Richard Oelze

Richard Oelze, Silencio creciente

Uno de los artistas más secretos e intensos del surrealismo es objeto de una magnífica exposición que de Londres acaba de pasar a New York para proseguir en Alemania. El catálogo, de 56 páginas y con 50 ilustraciones en color, tiene textos en inglés y alemán. Las páginas del galerista Michael Werner permiten ver en todo su esplendor las imágenes expuestas.

Richard Oelze, Fragmento arcaico, 1935

sábado, 4 de febrero de 2017

“Analogon”, número 80


La revista imbatible de la historia del surrealismo llegó a su número 80. Tema elegido: “Puentes y túneles”.
analogon 80!

Haití, Cravan, Tarnaud

Damos el enlace del nuevo sitio Somos Haití, fruto de la “complicidad” entre la revista Punto Seguido, Agorart y Matérika, y que promete recibir actualización trimestral. Como pórtico, palabras de André Breton.

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Gracias a otro amigo atento (en los dos sentidos de la palabra), damos el enlace de este facsímil de Maintenant, precedido de una carta de Breton sobre el poeta boxeador.

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El número único de la recóndita revista juvenil de Jean-Louis Bédouin, Qui vive, puede ahora consultarse como pdf.
El texto de Bédouin está bastante datado, resulta pretencioso y si marca las distancias con el existencialismo a la vez muestra servilismo con el estalinismo, pero la revista se salva por la soberbia colaboración de Claude Tarnaud, extractos de la cual había publicado Alexandrian en el n. 1 de Supérieur Inconnu, primera serie.

Claude Tarnaud,
página de la maqueta original del
Alphabet spationnel , c. 1947

miércoles, 1 de febrero de 2017

Las más bellas calles

Maniquí de Kurt Seligmann, foto de Man Ray

Maniquíes de Dalí y Paalen,
foto de Robert Valencey
Es bien sabido que, en la exposición internacional surrealista de 1938, un largo pasillo lleno de maniquíes femeninos de cera sobre los que, in situ, intervinieron los surrealistas, llevaba correspondientes nombres de calles que pretendían ser “las más bellas calles de París”.
Algunos nombres eran de calles (y otros lugares) prestigiosos para el surrealismo, como la Rue Vivienne de Ducasse, la Rue de la Vieille-Lanterne de Nerval, la Rue Nicolas Flamel, el Passage des Panorames. Otros nombres eran imaginados, como la Calle de los Labios, la Calle de una Perla, la Calle Débil, la Calle de la Transfusión de Sangre, la Calle de Todos los Diablos, la Calle Cereza, la Calle Albert Tison. Marcel Jean, en su Histoire de la peinture surréaliste, afirma que “nada más real que estas apelaciones”, poniendo como ejemplo que en Budapest existe una Calle Perfumada, una Calle del Poeta, una Calle del Minuto, una Calle Embrollada, una Calle del Rayo de Sol...
Estas calles de 1938 podrían haber originado uno de esos juegos-encuestas con que el surrealismo se ha alejado siempre de la seriedad mortífera: así, se intentaría definir la identidad del tal Albert Tison, o averiguar qué ocurre a la medianoche en la Calle de Todos los Diablos.
Reproducimos algunas imágenes de esta exposición. En una se ve el Pasaje de los Panoramas con el maniquí de Salvador Dalí y al fondo la Calle Débil con el de Wolfgang Paalen. En otra la Calle de Todos los Diablos con el de Kurt Seligmann, Y en la tercera el Puente de las Lilas con el de Sonia Mossé, buena ocasión para evocar a esta desdichada amiga de los surrealistas, de quien lo único que se ha conservado son precisamente las fotos de su maniquí:

Maniquí de Sonia Mossé, foto de Denise Bellon

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Recordemos que en 2011 se hizo una exposición surrealista de carácter histórico en Suiza, partiendo de la idea de la “Ville surréaliste”. Damos el enlace del catálogo, y a la vez reproducimos la página del Dictionnaire abrégé du surréalisme (1938) con los nombres de las 13 calles y el dibujo de Bellmer.


sábado, 28 de enero de 2017

Documentos Artaud

Hoy se pone a la venta todo este material artaudiano.
Nos llegó ayer la noticia a través de un atento amigo, con estas palabras:
“Creo que puede interesarte este pdf que acabo de bajarme desde la página web de una casa de subastas. Parece ser que mañana, en algún lugar de Francia, la familia de Antonin Artaud pone en venta una serie de pertenencias personales del poeta: hay fotos (algunas bellísimas), cartas (una de ellas dirigida a Hitler!), postales, el pasaporte con el que pensaba viajar a México en el 35, libros, etc. Algunas de las fotos y de los documentos escritos (que cuentan con transcripción) son extraordinarios, aunque se hace triste tener que verlos con el precio aconsejado debajo de cada uno, y justo el día antes de que se dispersen en manos de coleccionistas”.

Georges Malkine, La morada de Antonin Artaud, 1968

miércoles, 25 de enero de 2017

Ciudades paralelas

Esta nueva publicación de las ediciones Solsticio toca una cuestión que me es particularmente cara. En efecto, desde los años más juveniles me revolvía yo contra los irrisorios cuando no deleznables nombres de las calles urbanas, e iniciaba el hábito de hacerme tarjetas de visita con direcciones inventadas. Allá por mediados los años 70, un amigo de Las Palmas fue a verme un día al sur de la isla y preguntó a los vecinos del Puerto de Mogán por la Calle de la Alquimia, donde vivía Juan Llampallas, “librero y anticuario”. Allí me había alquilado por unos meses una casa sin luz, pero con una asombrosa pared en que algunos hippies habían pintado una noche del desierto, atravesada por la letra y las notas musicales de Summertime. Luego, el Puerto de Mogán fue arrasado por un complejo turístico inicialmente “modélico”, hasta convertirse en la atrocidad que es hoy. Desaparecieron las barcas de los pescadores, la playa de callaos, un sabroso bar-restaurante con un cobertizo de caña y toda la vida tradicional de aquel bello lugar, hoy ocupado el año entero por los zombis turísticos.
Nombres hermosos que inventó la propia gente siguen siendo eliminados por la chusma política, que los sustituye por los gustos e intereses de su miserabilismo, a la vez que mantiene muchos totalmente abyectos. Una llamada “ley de la memoria histórica” parece que no pasaba de la amada guerra civil, y así, en la ciudad tinerfeña de La Laguna, a una de sus dos plazas principales (la otra es... la del Cristo) le sigue dando nombre el Adelantado Don Alonso Benítez de Lugo, un carnicero exterminador de indígenas canarios, sin que ello parezca importarle a nadie, o al menos sin que yo tenga noticias de que los independistas canarios hayan dicho nada –quizás sí, ya que gracias a ellos, a los jaleos que armaban en cada ocasión, se acabó con aquella farsa de sacar todos los años el pendón de la conquista en las ciudades principales de las islas, entre ellas la de La Laguna (un viejo político socialista de Las Palmas, de los de la cuerda más “revolucionaria” y antifranquista, cuando fue alcalde, aparte de reprimir una huelga de la basura que a punto estuvo, por su terquedad, de desatar una epidemia, lo enarbolaba muy solemnemente, en compañía del capitán general y el obispo, milagros que la democracia hace). Pero dato relevante: la gente popular no habla nunca de la Plaza del Adelantado, sino de la Plaza de la Recova, por estar ahí el mercado de la ciudad (estaba, ya que hace unos pocos años se vino abajo a los pocos meses de que lo reformara un arquitecto, existiendo ya el proyecto de hacer un espantoso edificio con centro comercial).
Como esta nota sobre la nueva publicación de Violeta Cadena y Ruiz de Murag, surrealistas conectados por la vía férrea Madrid-Cádiz, se ha vuelto tan digresiva, añadiré que, ya años después de Mogán, la aventura colectiva de de Insolación se llenó de tarjetas con direcciones inventadas, y que cuando ideé Cité Toyen lo primero que hice fue crear una onomástica de aquella urbe de 77 barrios modelada en la de París (pero con mucho de Lisboa); a título de ejemplo, el Barrio de la Mandrágora incluía la Plaza de las Ardillas, el Pasaje del Ultramueble, la Avenida de la Voluptuosidad y las calles del Bosque de las Calaveras, de las Caléndulas, del Centro del Mundo, de la Hamaca, del Hombre Perdido, de las Hermanas Papin, de Hoene Wronski, de Héctor Hyppolite, de las Minas del Zorro, del Portabotellas Perdido, del Pájaro Lúgubre, de las Urracas y de las Uvas.
Este folleto de Violeta Cadena y Ruiz de Murag, titulado La ciudad paralela, se abre con estas palabras:
Entramos en la ciudad como a tientas, pero no por azar.
Parte de la memoria de una ciudad queda registrada en los nombres de sus calles, cuya nomenclatura está colmada de personajes supuestamente relevantes: políticos, militares, escritores, artistas... cuando no de verdaderos tiranos y opresores.
Frente a semejantes esquelas de muertos, queremos reivindicar el sentido lúdico, poético y subversivo de los nombres de la ciudad paralela que, a modo de luz de sombra, relumbran en cada ciudad del mundo...”
En 20 ejemplos que acompañan unas líneas, los nombres oficiales van acompañados de los antiguos, que los superan rotundamente. Así, la Calle Doctor Ramón y Cajal era la Calle de la Aduana Vieja, informándosenos de que para atravesarla “es obligado pararse a jugar a las canicas junto a dos viejos marinero”, y la dedicada a la insufrible Fernán Caballero era la Calle del Aire: “...y el aire salobre hace estragos en calles comerciales del centro de la ciudad, arruinando toda su mercadería...”

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A veces el azar ofrece verdaderas perlas, y lamento ya no tener la foto de una calleja catalana llamada “Calle del Progreso”, bajo cuyo nombre se señalaba con una flecha la dirección del cementerio, que quedaba al final; esta foto se la envié a un amigo que iba a publicarla en una revista antiindustrial, sin que eso ocurriera ni la foto volviera a mí.
Mi nombre favorito de calle es sin duda el de la Rua do Imaginário, en Évora, Portugal. Aunque debe referirse a algún imaginero religioso que vivía en ella, la palabra designa también al que hace pronósticos del campo, al que adivina el futuro, pero sobre todo es legítimamente traducible por “Calle de lo Imaginario”, que es lo que hago yo. En Évora, los dísticos de la nomenclatura son muy bonitos, circulares con letras negras sobre fondo amarillo. La Travessa do Sol la fotografié también por su encuadre perfecto, pero la Travessa do Mal Barbado, o sea del Mal Afeitado, solo por su insólito nombre, que a su vez me recuerda la Travessa do Fala-Só, o sea del que habla solo, en Lisboa, a la derecha del ascensor de la Gloria. Doy por último la imagen de una esquina del Callejón de los Contrabandistas, que también en Lisboa forma parte de una pequeña red de casas a escala humana, una suerte de diminuto Barrio de los Contrabandistas.





domingo, 22 de enero de 2017

Casi Cline

Casi Cline, dibujo

De los nombres revelados por Peculiar Mormyrid, merece visitarse también la página de Casi Cline, con collages, dibujos, escritos y un “auditorio” que incluye poesía sonora y música experimental. Otra travesía del surrealismo.

Casi Cline, collage