miércoles, 21 de diciembre de 2016

El castillo vitrificado de John Welson

John Welson, A la luz de un castillo vitrificado-I, 2016

Concluimos hoy esta rápida cata en el catálogo de collages À luz dos castelos envidraçados/In the light of glazed castles, con la figura de John Welson, que es otro de los que han ofrecido una buena semblanza y una declaración interesante sobre el surrealismo, identificándonos plenamente con el párrafo que cierra esa declaración.




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Aparte la serie a que pertenece la imagen de arriba, John Welson está presente dentro del grupo Cornucopia, que desde 2010 realiza collages por intercambio creativo epistolar entre él, Gregg Simpson y Rik Lina. En Figueira da Foz expusieron, aparte el siguiente, un collage titulado El castillo Lacoste del Marqués de Sade.

Cornucopia, Humo santo, 2014

domingo, 18 de diciembre de 2016

“El ojo de la gaviota”


Remitimos hoy, excepcionalmente, a una página de facebook. Se trata de “El ojo de la gaviota”, donde hay mucho material ya comentado aquí: pequeñas publicaciones y registros de acciones poéticas llevadas a cabo en la ciudad atlántica de Cádiz.
Las publicaciones han aparecido también en papel, siendo las últimas Monumentos de Cádiz, Monumento al levante y Cádiz tactilado. Anteriores son Mareas, Las revelaciones oceánicas, Ruido de muros, El hilo de las mareas, Las olas convergentes, Corrales y curiosidad y La cosecha deslumbrante. Todas ellas revelan lo que puede hacer la sensibilidad poética en un espacio eso sí que privilegiado. Este Cádiz oculto descubierto por el ojo de la gaviota me hace pensar en un lugar como Arrecife, blanca capital de Lanzarote donde yo, de vivir allí, hubiera puesto manos a la obra para remedar la actividad de nuestros amigos en Cádiz y de paso por Cádiz.
Acompañamos esta nota de dos páginas de la edición inglesa de Cádiz tactilado. La edición española ha aparecido en Solsticio Ediciones.


Robert Lebel al completo

André Breton y Robert Lebel, 1965, Archivos Jean-Jacques Lebel

Las obras completas de Robert Lebel han comenzado a publicarse, lo que era ya una necesidad. Edita el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Ginebra y se encarga de la presentación, la ordenación y las notas Jerôme Duwa, con indiscutible competencia.
El primero de los cuatro tomos proyectados se dedica a los textos sobre el surrealismo y lleva por título Le surréalisme comme essuie-glace, 1943-1984. Se cierra con un ensayo de Gérard Durozoi.
Lebel tuvo una relación muy libre con el surrealismo, al que se acercó ya en 1928, para alcanzar en los años del exilio americano su mayor adhesión. Sobrevivió a varias crisis del grupo, y mantuvo siempre la amistad con Breton. Pero también persistió la que tenía con figuras que se habían vuelto indeseables, como en concreto Patrick Waldberg y Max Ernst. Después del 69, participa en la continuidad de Surréalisme y el Bulletin de Liaison Surréaliste, pero también aparece apadrinando, ya en la hora senil, la siniestra broma de la Asociación por la Cultura, Tecnología, Urbanismo, Artes y Letras, último nicho en que se cobijaban los que habían decidido continuar la aventura surrealista... sin usar la palabra surrealismo.
Este volumen incluye muchos textos importantes, aunque suficientemente conocidos: los de VVV (sobre John Quidor y la carta a Waldberg); los de la enciclopedia Dacosta (en la que Lebel fue figura capital); el del catálogo Le surréalisme en 1947; el del Premier bilan de l’art actual; la respuesta a la encuesta de L’art magique; “André Breton, iniciador de la pintura surrealista” y su contribución al homenaje a Breton de L’Archibras; el diálogo con Ernst incluido en los Écrits del artista; el texto del número sobre el surrealismo de Opus International; el gran ensayo sobre Tanguy; y sus citadas aportaciones a las revistas surrealistas parisinas de los años 70, una de ellas titulada “Essuie-glace” o sea “Parabrisas”.
Hay textos menos o nada conocidos, ya que proceden de revistas generales o pequeños catálogos. Así, Lebel escribe sobre Jacques Hérold ilustrador de Sade, sobre Dorothea Tanning, sobre Alexander Calder (denunciando ya en 1955 –¡no le esperaba nada!– el mamotretismo escultural), sobre De Chirico (relacionándolo con Duchamp), sobre el ensayo edipiano de Gérard Legrand, sobre las esculturas de Jean-Jacques Duprey, sobre Isabelle Waldberg, sobre Wifredo Lam, sobre Max Ernst. Algunos de estos textos son meramente divulgativos, como el que dedica en 1971 a la vida y milagros de su consagrado amigo Max Ernst, situándose en el otro extremo tres de los cuatro dedicados a su amada Isabelle Waldberg, que es una pena no se hayan incluido en el lujoso volumen publicado en 1992: el de 1960, sobre sus “seres-plantas”, el de 1971, “Isabelle Waldberg a la entrada o salida de su palacio de la memoria”, y el sueño de 1984, “Reminiscencia en claroscuro de una exposición de Isabelle Waldberg”.
En 1967, Lebel escribió para el volumen italiano Metafisica, dada, surrealismo (repartiéndose el trabajo con Michel Sanouillet y Patrick Waldberg, ¡qué compañías!) un largo ensayo, que ofrece muy escaso interés (se trata de un aburrido repaso histórico a la expresión artística del surrealismo), a pesar de que Gérard Durozoi lo considere “el texto más importante” del libro y lo analice con un detallismo que no merece.
En una jugosa nota, Durozoi se hace eco de la vez en que Breton tomó conocimiento de que Duchamp había dicho que la “posteridad” quizás tendría una palabra que decir sobre el Chirico espantoso. No deben dolernos prendas a la hora de decir que Duchamp lanzó una monumental imbecilidad, incluso doble: por creer en el absurdo de la “posteridad” y por insinuar que ese Chirico podría tener algún valor. La nota de Durozoi, que también corrige lúcidamente a Lebel, merece traducirse: “Robert Lebel relata en su artículo sobre De Chirico «la sorpresa de André Breton» cuando tomó conocimiento de esa noticia de Duchamp «en que, por primera vez, la relatividad hacía irrupción en la apreciación del arte». Se podría considerar sin embargo que Breton y los surrealistas tenían ya la experiencia de esa relatividad –al menos implícita cuando ellos revalorizan obras hasta entonces descuidadas o desconocidas (el caso más flagrante siendo el de Lautréamont). Lo que sorprendió a Breton fue quizás la aplicación de esa relatividad a una obra que él acusaba de haberse renegado totalmente y de haber perdido toda «carga»: ¿cómo podría apreciarse como positivo tal empobrecimiento?”

Lübeck, Lenk, Mégret

Siguiendo su línea de investigar y ahondar lo más posible en las figuras menos conocidas del surrealismo, Xesús González Gómez ha publicado recientemente ensayos sobre Mathias Lübeck, Elisabeth Lenk y Frédéric Mégret, que pasan a ser lo mejor, más amplio y más riguroso que se ha escrito en cualquier parte sobre estas figuras y en particular su relación con el surrealismo. También en su blog hay un reciente trabajo sobre Benjamin Péret.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

El castillo vitrificado de Richard Waara


La siguiente de las “declaraciones” que seleccionamos es la de Richard Waara, personalidad muy cordial y dadivosa para quien el surrealismo es “el único juego que merece ser jugado” y a quien hemos aludido aquí abundantes veces. Waara participó en la exposición de Coimbra con sus cubomanías dedicadas a Antonin Artaud, Roger Gilbert-Lecomte y Aimé Césaire, o sea los tres poetas enfocados por Will Alexander en sus Spectral Hieroglyphics, que editó hace poco él mismo en su editorial surrealista Rêve à Deux.


Breton y el cine

De los nombres a que se han dedicado ya volúmenes de la colección “Le cinéma des poètes” de Jean-Michel Place, el de André Breton es con diferencia el más interesante, tanto por tratarse de Breton como por haberlo realizado Georges Sebbag, uno de los mejores conocedores de la obra bretoniana y que ya este mismo año festejaba su cincuentenario con la biografía, todo menos rutinaria, André Breton 1713-1966. Des siècles boules de neige.
En su estilo único que a las mentes académicas resulta demasiado “subjetivo” (¡!), Georges Sebbag desbroza la materia, añadiendo como de costumbre sugestivos apuntes casi al margen. Se va, por supuesto, de la época en que Vaché y Breton descubrían la “mitología moderna” del cine a la decepción final del viejo fundador del surrealismo, creo que muy comprensible. Páginas especialmente bellas y agudas se ocupan de Musidora, de las reflexiones bretonianas sobre el tiempo fílmico, del libro Nadja tratado por su autor como una película, de La edad de oro, del dibujo animado y el slapstick. Sobre este último, recuerdo haber leído una vez no sé dónde (¿en Benayoun?) que el actor favorito de Breton era W. C. Fields, coincidencia total conmigo, aunque no hay constancia escrita de que Breton lo considerara así y debe provenir la afirmación de algún comentario suyo a los amigos.
En las obras completas de Breton, al anotar los editores la referencia que hay en “Como en un bosque” a la película Ah! le beau voyage, única que parangona Breton con Peter Ibbetson en la expresión amorosa, señalan que para ellos ha sido siempre un enigma. Sebbag da el título original, A little journey, lo que nos permite saber que se trata de una película muda dirigida en 1927 por Robert Z. Leonard, de la que no se ha encontrado hasta el presente ninguna copia, aunque quizás aparezca algún día de modo milagroso, como ocurrió con las de Charlie Bowers. Director corrientito, Leonard es autor de algunas buenas películas, como Pride and prejudice (Más fuerte que el orgullo) y Susan Lenox, con Greta Garbo, objeto en 1947 de un extraordinario poema de Juan Eduardo Cirlot.

“Soapbox” 68-70, &c

Otro triunvirato de Soapbox acaba de salir, con muchas novedades y rico en enlaces.
Destaquemos entre las publicaciones dos nuevas de Sonambula: Au féminin de Guy Cabanel y Susana Wald y Bois flottés de Jacques Lacomblez; la traducción al francés de más textos de Embirikos (oktana embirikos); Le rendez-vous métaphysique de Guy Cabanel; y Paragraphes de Jean-Claude Biraben.
Resaltemos también el poema y el collage de Jean-Raphaël Prieto y el poema de Paul Lemuel Cabanel a Benjamin Péret.
http://lesminutesdelumbo.com/?page_id=17

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“Surrealist NYC” acaba de publicar un interesante ensayo de Paul McRandle, “El Gran Misterio”:

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Prosigue en el centro Paul Klee de Berna la exposición dedicada a Paul Klee y los surrealistas: