miércoles, 7 de enero de 2015

“Littérature”: Man Ray/Picabia

Ya en 2007, la galería 1900-2000 publicó el catálogo Francis Picabia. Dessins pour “Littérature”, con las portadas inéditas de Picabia y ensayos de William Camfield y Jean-Jacques Lebel.
Ahora, acompañando una exposición celebrada el pasado verano, el Centre National d’Art et de Culture instalado en Les Halles publica un bello catálogo de unas 150 páginas, perfectamente ilustrado, que une las intervenciones de Picabia a las de Man Ray.
Los textos son de Carole Boulbès sobre la revista, de Christian Briend sobre los dibujos de Picabia y de Clément Chéroux sobre las cinco fotos que la ilustraron, una de autor desconocido, pero importante por tratarse de un pionero retrato de escaparate (el de una carnicería), y cuatro de Man Ray: la del Grand verre cubierto de polvo, la de un cuadro de Picasso, una rayografía y el maravilloso Violon d’Ingres, con la maravillosa Kiki de Montparnasse. En el texto de Carole Boulbès no faltan las tonterías a que nos tiene acostumbrados en sus estudios sobre Picabia, el de Clément Chéroux es excelente aunque hable mucho de “estética” y el de Christian Briend es irreprochable. Al final, hay unas semblanzas de todos los presentes en la segunda serie de Littérature, que es la que ya pertenece de lleno al surrealismo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

“A Ideia” y el surrealismo en Portugal

Dos gruesos números dobles de A Ideia. Revista de Cultura Libertária, el 71-72 y el 73-74, pasan a convertirse en una referencia ineludible a la hora de conocer el surrealismo tal y como se ha desarrollado en Portugal. Ambos tomos conforman una unidad, y aunque son editados en papel sin ningún afán de lucro, también se pueden descargar en la red.
En la nota introductoria al primero, leemos: “La cultura de los mandarines, la cultura mediática, la cultura repetida, la cultura ridícula de las academias, la cultura vedette, la cultura de la competencia, la cultura de los sabihondos, la cultura del gran comercio no nos interesa; apoyamos la cultura irreverente y libertadora, la cultura activa de los singulares, la cultura invisible. Con ella es con la que se construye el deseo, no con la otra. Dedicamos este número de A Ideia al surrealismo, paradigma modelar de la cultura libertaria. Homenajeamos a algunos de los creadores que entre nosotros mejor asumieron el espíritu pos-civilizacional del movimiento, algunos de ellos colaboradores de esta revista, y damos una contribución al conocimiento del espíritu de la corriente y de lo que en él hubo y hay de libertario. Al surrealismo dedicó A Ideia su primer texto en 1981 (de la mano de Nicolau Saião), al surrealismo volvió después (con Cesariny, Lisboa, Alves dos Santos y otros), al surrealismo regresa ahora y en el próximo número, desdoblando y alargando este. Al surrealismo regresará siempre y sin fin”.
Solo pretendo en esta reseña dar cuenta de lo que me ha parecido más destacado en un conjunto tan formidable, cuya realización se debe principalmente al esfuerzo de António Cândido Franco, autor ya de estudios capitales sobre el surrealismo en los tiempos de Cesariny. Una carta de Cesariny –1982– abre precisamente el primero de esos números, seguida de dos textos de Cruzeiro Seixas, soberbio el datado en 2007.
Entre las páginas siguientes, se reproducen los últimos inéditos de Alfredo Margarido, en torno al surrealismo, y hay estudios sobre las Folhas de poesia del Café Gelo, sobre Lima de Freitas, sobre el pensamiento poético de António Maria Lisboa, sobre Carlos Eurico da Costa y Herberto Helder, sobre Cesariny (su Horta de cordel, junto a una evocación suya por Nicolau Saião), sobre Mário Henrique Leiria (dos trabajos, uno de ellos dedicado a los Casos de direito galáctico), sobre Mário Botas, sobre Ernesto Sampaio, sobre Luiz Pacheco, sobre António José Forte, sobre la olvidada revista Pirâmide. Este último, por António Cândido Franco, es un estudio que hacía mucha falta, como hace falta ahora una reedición de esa y otras no pocas publicaciones colectivas e individuales.
Pero hay mucho más, como el estupendo ensayo del propio António Cândido Franco “André Breton libertario y automatista”, que no gustará a quienes buscan desesperadamente volver a pegar a Breton al marxismo-leninismo, o como las respuestas de Miguel de Carvalho a dos cuestiones sobre los últimos avatares del surrealismo en tierras portuguesas. Importantísima también es la idea de hacer un “Sumario cronológico del surrealismo portugués”, que en este número cubre las fechas 1942-1952 y en el siguiente las de 1953-1963. Es una cronología muy útil, que recuerda las de Analogon con el surrealismo checo y eslovaco, y que a la vez puede ser punto de partida de una mayor exploración.
No puedo dejar de anotar la presencia del “Manifiesto anti-turístico” firmado por Joaquim Palminha Silva. Se toca aquí una de las lepras más características de nuestro tiempo, y así la ve este maravilloso manifiesto del que deberíamos hacer una tirada de millones de ejemplares: el turismo es un “flagelo peor que el cólera o la fiebre amarilla”, con el que debemos acabar cuanto antes. Porque ya no es un problema solo de las tierras desgraciadas que se han vendido a él hace muchas décadas (como las Islas Canarias): hoy pulula por todas partes de este triste, vergonzante planeta.
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El siguiente número de A Ideia se ocupa en especial del surrealismo en los tiempos del Café Gelo, al cual introduce António Cândido Franco con otro sólido estudio. Un completísimo dossier se dedica a Manuel de Castro, que publicó tres libros de poemas entre 1958 y 1960 y de quien salió en 2013 la recopilación Bonjour, madame, faltando aún recoger sus escritos en prosa. Uno de los textos incluidos critica ásperamente al surrealismo, siendo desmedida la relación que en la nota de presentación se hace de él (páginas como esta las hay por ahí a cientos) nada menos que con “À la grande nuit ou le bluff surréaliste”. Nuevos apartados sobre Luiz Pacheco, Pedro Oom, Alfredo Margarido y Manuel d’Assumpção se suman a los del tomo anterior, sobresaliendo entre ellos el de Margarido, ya que un texto suyo, publicado en Italia en 1978, ofrece una invalorable información sobre el surrealismo en Luanda, con la exposición del grupo de Cruzeiro Seixas y sus amigos en 1957, provocadora de una virulenta reacción de la comunidad blanca.
Por contra, penosa es la entrevista a Isabel Meyrelles, que nos hace pensar que quizás fuera mejor tener piedad con estos ancianos y no preguntarles ya nada de nada. La Comendadora de la Orden de Santiago de la Espada (lo que es muy distinto de ser Comendador de primera clase de la Orden de Saturno y Gran Comendador de la Pereza Sagrada Surrealista, como era Victor Brauner) colabora hace un par de años con las huestes de Santiago Ribeiro, lo que no es de extrañar a la vista de las chorradas sobre Breton y los surrealistas que va aquí hilvanando. Leer para creer, tanta indigencia mental.
Una sección brasileña incluye textos de o sobre Benjamin Péret (con una exhaustiva “Brasílica de Benjamin Péret” elaborada por António Cândido Franco), Sergio Lima y el grupo DeCollage, que actualiza hasta 2014 su cronología y concluye con estas palabras: “En este momento, para el grupo la Intervención Surrealista se presenta como actividad directamente incorporada a la vida, manifiesta de forma consciente y constante, como el propio acto de respirar”.
Entrevista bien más interesante que la de Isabel Meyrelles es la que se le ha hecho a Pietro Ferrua, autor en 1982 de un pionero ensayo sobre surrealismo y anarquismo, que diez años después publicó como libro André Bernard en el Atelier de Création Libertaire.
En la sección de “Lecturas y Notas”, lo que más interesa a nuestra óptica es el bello texto de Laurens Vancrevel “El espejo negro de la poesía surrealista” y la semblanza que Miguel de Carvalho hace de Alan Graubard, pero hay muchas más cosas, sobre Natália Correia, Henrique Risques Pereira, de nuevo António Maria Lisboa, Teixeira de Pascoaes, etc.
Una sección con muchísimas y muy jugosas notas misceláneas cierra ambos tomos. Entre ellas hay una inaceptable, ya que se cita una declaración de Jorge Luis Borges (en una de las cientos de entrevistas que se le hicieron) para acercarlo al anarquismo. Su respuesta, hasta en la referencia a Spencer, no es más que un parafraseo de Macedonio Fernández (a quien, como es sabido, solía citar como uno de sus maestros, lo que es una verdadera desgracia para este espíritu maravilloso y sí que verdadera, profundamente anarquizante). Recordemos que Borges, entre muchísimas lindezas, llamó “caballeros” a los chacales de la junta militar argentina, que en Santiago de Chile recibió una distinción de manos de Pinochet en sus primeros años de dictadura y que varias veces (en los años del Vietnam) expresó su lamento porque los Estados Unidos no se decidieran a ser un verdadero imperio. A través de él –un señorito boanerense que despreciaba al pueblo argentino– es imposible que se haya expresado nunca la “tradición libertaria en Argentina”, por intensa que haya sido y sea. Borges, por mucho que ciertos aspectos de su mundo secreto y algunos temas de predilección hasta resulten cercanos al surrealismo, era tan fascista como un Celine, otro genio con el que es habitual tener complacencias tan solo porque era eso, un genio (explíquese si no cómo a un Tardi se le ha ocurrido trasladar las historias de este al cómic).
Muchas otras notas se podrían poner como polos opuestos a esta, pero me limitaré a las tres, esplendorosas, que se le dedican al situacionismo, la tercera de ellas a su relación con el surrealismo. Al igual que ocurre con el “Manifiesto anti-turístico”, mi deseo inmediato fue traducir esas notas, lo que, dada su mayor brevedad con respecto al manifiesto, voy a hacer:
“La Internacional Situacionista (1957-1972) resulta de la convergencia de tres núcleos distintos: el grupo psico-geográfico de Londres, la Internacional Letrista y el movimiento para una Bauhaus imaginista. Hicieron la crítica del urbanismo industrial, detectaron en el urbanismo la vaciedad de la modernidad, entendieron la espectacularidad inane de la mercancía, supieron apartar cualquier tentación de apropiarse del poder. Tropezaron en cambio cuando estigmatizaron cualquier ligazón con el pasado, cuando postularon la desaparición de los modos de producción artesanales, cuando creyeron en las potencialidades liberadoras de cualquier tecnología, cuando subvaloraron (o ni siquiera ponderaron) la no violencia tolstoiana/gandhiana en relación a cualquier forma de violencia, organizada o espontánea. Fue ese su irremediable fracaso.
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Si el fracaso de la IS no fue mayor, si sus estragos quedaron pese a todo limitados y circunscritos, eso se debió ante todo a su rechazo de asaltar el poder, profesionalizando la contestación. Mostró ahí la IS un componente libertario esencial, que la salvó de un desastre más grave. Pero ni esa parcela esencial, ni cualquier otro punto a su favor, menos aún el estilo canoro y siempre consensual de sus principales teorizadores franceses, puede esconder el enorme fracaso del situacionismo como teoría crítica radical. Su principal limitación fue la incapacidad de percibir la importancia del modo de producción artesanal. Esta insuficiencia tuvo como contrapartida una creencia en el desarrollo técnico y en la automatización general de la producción. Tales supuestos conducen a que el situacionismo pueda ser hoy releído como una contribución de fondo al desarrollo del capitalismo tecnológico.
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La línea que divide el situacionismo y el surrealismo es el esoterismo. La historia que el situacionismo, a través de Raoul Vaneigem (con el nombre de Jules-François Dupuis), escribió del surrealismo, Historia desenvuelta del surrealismo, es ejemplar de esta situación. Cuando se trata de entender la cadena de oro iniciática, que liga la naturaleza a su fuente original, reintegrándola en los poderes mágicos perdidos, todo lo que el situacionismo sabe decir, él que no tenía otro horizonte que el de la automatización, convirtiéndose por ahí en un amparo de la recepción acrítica de la técnica, es que se trata de un proyecto despreciable de reconversión mística o de resacralización del mundo. El surrealismo mantuvo siempre una relación fuerte con las fuentes esotéricas y ocultistas. Estas solo en el seno de una sociedad artesanal, de pura subsistencia, anterior al estadio de la mercantilización, encuentran plenamente el medio de su natural desarrollo. El surrealismo nunca abogó por el corte con el pasado ni estigmatizó los modos de producción anteriores (que nada producían, sino que creaban) al de la acumulación comercial y capitalista. Al contrario, vio en ellos el cuadro favorable para desarrollar la revolución crítica y pos-civilizacional que le es propia. Está pues en mucho mejores condiciones de presentarse como verdadera disidencia del mundo moderno”.
Siguen inmediatamente a estas notas otras tantas, y no menos lúcidas, sobre el anarquismo y el surrealismo en tanto “corrientes de pensamiento y acción”. Y aquí sí que estamos en un terreno de extraordinaria riqueza, siempre vivo y abierto, como sin ir más lejos muestran estos y otros números de A Idea, admirable “revista de cultura libertaria”.

viernes, 26 de diciembre de 2014


Dax, Rodanski... Koons

 
Dibujo de Adrien Dax

Dos recomendaciones muy vivas, ya apuntadas aquí, pero que ahora podemos refrendar.
La primera es la exposición de Adrien Dax en las galerías parisinas vecinas Covergences e Intuiti, prolongada ahora hasta el 10 de enero y que además se ha enriquecido con una veintena de obras más. El catálogo ha llegado a mis manos y es modesto pero estupendo, con muchas reproducciones y un texto inteligente, comprensivo, iluminador, de Raphaël Neuville, a quien ya debíamos un artículo sobre este maestro del automatismo en el n. XXXIII de Mélusine: “Adrien Dax: automatismo gráfico y surrealismo después de 1945”. El de ahora se centra en sus invenciones y se titula “Manera de pintar. Materia de sueño”. Para quienes no tengan o les cueste conseguir el catálogo (titulado Adrien Dax surréaliste), es visible como pdf en esta dirección:
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La otra recomendación es el polard surrealista de Stanislas Rodanski Substance 13. Libro fantástico, que pasó a manos de Julien Graq y luego de Jacques Hérold, editándolo el año pasado François-René Simon. Yo lo he podido conseguir hace unas pocas semanas en segunda mano, y su lectura me absorbió como hace tiempo no me ocurría con un libro de imaginación narrativa. François-René Simon, decisivo en el retorno apoteósico de Rodanski, lo califica de “novela onírica”, con presencia de las grandes figuras del surrealismo, de Vaché a Tarnaud. Son unas 150 páginas trepidantes, más unos textos complementarios relativos a la obra, entre los que se incluye una carta a Breton.
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Del tal Koons, “une star à Beaubourg”, como lo llama Le Connaissance des Arts en portada de su último número, el director de la redacción de dicha revista dice en el título de su editorial que “controla los medias”, que “es un artista interesante en las proposiciones artísticas, a medio camino entre los ready-made de Marcel Duchamp, los múltiples de Andy Warhol y los objetos sobredimensionales de Claes Oldenburg”, y que “su biografía es apasionante, ya que, casado con una vedette porno, ha pasado del oficio de corredor en obras de arte a artista empresario administrando un equipo de un centenar de asistentes”. Entre los engendros que reproduce la revista y los que habrá en el museo, ninguno supera o puede superar a la porcelana de 1988 Michael Jackson and Bubbles, todo un símbolo de la época. Otro, titulado Ballon dog (orange), fue vendido en cerca de 40 millones de euros (el fulano es “el artista vivo más caro del mundo”). Pero dejo la palabra –magistral, sin desperdicio, de una lucidez aplastante– a uno de mis mejores corresponsales en París y resto del mundo:
“Te envío algunas informaciones sobre este Jeff Koons, niño bonito de los riquísimos coleccionistas franceses (Pinault, Arnaud y otros grandes capitalistas «capitanes de industrias» del lujo) que han encomendado a Frank Ghery una enorme monstruosidad inútil para el Bois de Boulogne, que no es más que una copia de Bilbao y de lo que ha impuesto en otros lados...
Copias de copias de copias...
Sobre la Place Vendôme, es Paul McCarthy quien ha instalado (con gastos del ayuntamiento de París) un enorme árbol de navidad que es de hecho un «anal plug» superdimensionado (como se encuentran en los pornoshops y que un humorista ha llamado un «enculador») y que puedes ver en la foto, portado por un Papá Noel de chocolate reproducido en millares de ejemplares... He aquí a donde ha llegado el arte «contemporáneo» público y subvencionado por los burócratas que no saben decir no y los artistas que continúan las ocurrencias de... Marcel Duchamp... ¡sin ser lo menos del mundo subversivos! (¿Dónde está la subversión cuando un golpe de cutter sobre un lienzo de Fontana se vende a más de un millón de euros???)”
Dada la extensión de la carta, excluyo en detalle un planteamiento del máximo interés sobre la “responsabilidad” de Marcel Duchamp en todo esto, no tanto por su lamentable herencia (eso ya lo señaló Marcel Mariën) como por haber sido “el coleccionista atento, maniaco incluso, del menor pequeño vestigio de su paso por la Tierra, su auto-archivista obsequioso y ávido de reconocimiento póstumo tras las maneras de dandy indiferente y pasotista”. Demostración de ello: la manera como su obra está protegida, catalogada y expuesta en el Museo de Filadelfia, donde se hizo museificar “con su acuerdo y su cooperación activa”. “Pese a su humor desesperado, Duchamp ha perdido el control de su propia subversión que ha sido recuperada, con su acuerdo (¿su complicidad?) por un sistema capitalista amoral y sin escrúpulos que reduce todo lo que toca a mercancía”. Un cierto Duchamp, con todo, era, “un gran romántico”, como Breton. Pero con la diferencia de que Breton “ha permanecido siéndolo toda su vida sin ningún compromiso y que Duchamp ha acabado por caer (por razones que le son propias y que yo no tengo que juzgar) en la trampa que él mismo le había tendido a la sociedad que pretendía despreciar”.
Reanudemos la traducción de tan admirable carta:
“Es evidente que desde los años 50-60 todas estas «grandes» exposiciones son organizadas por funcionarios pagados que se mofan del público al que se dirigen. Están en la moda de lo «moderno» (o de lo «contemporáneo» a todo precio –y el «público» mira eso pasivamente (¡como siempre y siempre!) preguntándose qué debe pensar).
«Está en el museo, por tanto es bueno...» «Está expuesto en Versalles, por tanto es admirable...» «¿Quién soy yo, ciudadano medio, para tener una opinión sobre todo esto?» Etc... etc...
La cuestión se planteaba ya cuando los emperadores, los reyes y los papas imponían a los pueblos arrodillados, que reventaban de hambre (¡y a los propios artistas!) capillas sixtinas, catedrales, palacios imperiales, circos y todo el resto del lujo explotador, del poder violento, de la fe sanguinaria... Jeff Koons en 2014 no es más que la reproducción contemporánea de la complicidad de un artista fascinado por su ombligo e interesado en ese mismo viejo sistema de admiración forzada, obligatoria, sufrida, totalitaria... (Siento lo mismo cuando me paseo por las ruinas romanas en el sur tunecino o en pleno desierto argelino, en el norte de Escocia, y veo reproducidos de modo idéntico los muros de ladrillos, las junturas de mármol, las fórmulas latinas impuestas uniforme y brutalmente a los galos, a los cabileños, a los arveños, a los bátavos y a todos los pueblos «ignorantes» y vencidos –y luego a los pueblos «paganos» con los crucifijos sangrientos instalados en todas las encrucijadas, en todas las aldeas, sobre todos los campanarios de todos los lugares llamados «San(ta) cualquier cosa» en toda Europa, por no hablar de la América latina. Idénticos procedimientos autoritarios, verticales, impuestos por la espada, el cañón, la fuerza, el dinero-rey...
¿Y el surrealismo en todo esto?...
La cuestión de su posición se plantea siempre –y en verdad, no es a través de las ínfimas querellas pueblerinas, distribuidas e intercambiadas por Internet, como se puede avanzar...”
Todos nosotros sabemos que ahora mismo, en París, la exposición de Adrien Dax (quien a lo largo de su vida expuso solo una vez, cuando ya tenía 63 años, y en una galería surrealista: La Marée de Bruselas, que llevaban Tom Gutt y su mujer), no es que sea superior a la de Koons, sino que la aplasta. Otro que no expuso hasta viejo (¡tenía ya 74 años!) fue el anarcosurrealista Clovis Trouille. No vendió casi nada, pero ello en realidad fue para él una satisfacción: “El fracaso comercial es para mí, espiritualmente, un éxito, y la venta, un triste signo de conformismo burgués, al haber considerado siempre mi pintura como anarquizante, anticuada y anticomercial”. Ya en 1959, o sea cuatro años después de que Max Ernst, Joan Miró y Hans Arp fueran consagrados en Venecia, escribía: “Nunca he trabajado con vistas a obtener un gran premio en una bienal de Venecia cualquiera, sino más bien para merecer diez años de prisión, que es lo que me parece interesante”.
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Posdata
En la reseña que hice del número cinéfilo de Patricide, olvidé llamar la atención sobre el precioso texto de Rhosyn Tynged “The screen”, que se inspira en la inolvidable película de Chris Marker La jetée y al que acompañan muy apropiadamente una serie de fotografías de Neil Coombs pertenecientes a la serie “Cinema. Disease of the eye”.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Cesariny lives!

Mário Cesariny, El surrealismo, 1959

Nada menos que tres publicaciones simultáneas aparecen sobre Mário Cesariny, auspiciadas por la Fundação Cupertino de Miranda.
Las Cartas de Mário Cesariny para Cruzeiro Seixas, calificadas por Perfecto E. Cuadrado en su prólogo como “cartas de la barricada”, van de 1941 a 1975. Su interés es muy desigual, yendo de lo anecdótico a la magnificencia. Como no vienen anotadas, algunas pelotas quedan en el alero. Especialmente conmovedora es la de 24 de noviembre de 1953, que comienza con un “Querido amigo Seixas: António Maria Lisboa murió ayer”. Cesariny tardó mucho en seguirlo, a pesar de que tanto en 1942 como en 1960 le hablaba a Cruzeiro Seixas de su intención de suicidarse. Otras cartas antológicas son la del “Mensaje e ilusión en el acontecimiento surrealista” (25 de febrero de 1954) y la de la “Constelación del ausente” (14 de marzo de 1963), pertenecientes a la larga época angoleña del ausente. Con Cesariny en Londres, le habla de Roland Penrose en 1965 como “el promotor del surrealismo aquí”, lo que muestra el aislamiento del surrealismo portugués en fecha tan tardía, ya que Roland Penrose era por entonces una figura rancia por lo que al surrealismo se refiere (es bien conocida la carta que un lustro antes le había mandado Mesens: “Yo permanezco en 1960 orgullosamente surrealista. Tú te ocupas del «gran» Picasso, en las orillas del Támesis y bajo el alto patronazgo de Su Alteza Real el Duque de Edimburgo”); pero también es cierto que faltaban dos años para que John Lyle hiciera resurgir el surrealismo británico, al convocar a Mesens y Conroy Maddox, este último sin duda la figura con la que Cesariny debería haber contactado, y no con “Sir” Penrose. La situación cambiaría muy pronto, al contacto epistolar con Sergio Lima, la visita a París donde lo acoge Vincent Bounoure y la aparición de nombres como Ted Joans y Laurens Vancrevel. De ahí ya pasamos a más allá de 1975, que es cuando la larga amistad se deshace en acusaciones e insultos mutuos y se acaban las cartas y los cariños.
La segunda publicación es el cuaderno 13 del Centro de Estudos do Surrealismo, A palavra que detona, homenaje en 13 poemas en prosa por Valter Hugo Mãe, acompañado de una antología de ilustraciones del artista.
Por último, Cesariny. Em casas como aquela, se compone de una amplia serie de fotografías del legendario piso del poeta en la Rua Basílio Teles, no muy alejada del zoológico de Lisboa. El fotógrafo es Duarte Belo y el texto de José Manuel dos Santos. Por desgracia lo cooedita la Fundación EDP, o sea Electricidade de Portugal, o sea Empresa Destructora de Portugal, que le dio un premio al final de su vida.
Pero hay aún mucho más por lo que respecta no solo a Cesariny sino al surrealismo portugués. Me refiero a los dos últimos números dobles de A Ideia. Revista de Cultura Libertária, absolutamente extraordinarios y que por ello merecen una nota aparte. Queda para la próxima semana.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

“Patricide” y el cine

El número 7 de Patricide se dedica al cine y el surrealismo, y viene acompañado de un disco con nueve películas.
Introduce el número su editor, Neil Coombs, que lo acompaña de numerosos de sus collages y fotografías. Como primer texto, el célebre decálogo de Jan Svankmajer y un fragmento de un guion suyo. Hay otros guiones, de Edward Knight, John Welson, Rafet Arslan y Desmond Morris. El de este último es el de Time flower, su película de 1950 a la que recuerda en una nota donde refiere cómo lo impactaron juvenilmente no solo las películas de Buñuel, sino también las de Cocteau. Lo mismo ocurre con Jeff Keen, cuya semblanza traza aquí extensamente su hija, esforzada en discernirle sus “estéticas surrealistas”. Parece que no encontramos en otros lugares la claridad que había en París con respecto al siniestro Cocteau, y si Mad love, la más larga de todas las películas incluidas en el disco (unos 45 minutos) no resulta satisfactoria, ello se debe quizás a las equívocas, por no decir turbias huellas del Orfeo. Con todo, Jeff Kean, suerte de anarcosurrealista a su aire, es una figura interesante, y Mad love, filmada entre 1972 y 1976, o sea en la resaca de las felices revueltas de los años 60, tiene buenos momentos en su sucesión frenética de historias con buenas dosis de humor, erotismo y violencia.
Krzysztof Fijalkowski (un nombre que nunca me saldrá mal, porque nunca me lo podré aprender y siempre tendré que comprobarlo) realiza un trabajo muy interesante sobre el cine y el surrealismo servio, que, aunque no dejó frutos, mantuvo relaciones esenciales con el versátil celuloide. Hay guiones y especie de guiones de Aleksandar Vuco, Monny de Bouilly, Marko Ristic. Vane Bor cultivó la crítica de cine y además sí que llegó a realizar una película, sino que desaparecida: Les mystères de Belgrado, que acabó en 1936 y que era un homenaje surrealista a los adorables seriales de Pearl White.
De Michael Richardson es una divertida fotonovela en fondo negro donde aparecen André Breton, Jacques Vaché, Philippe Soupault, Robert Desnos, Antonin Artaud, Georges Duhamel, Luis Buñuel, Toyen, Robert Benayoun, Ado Kyrou, Mimi Parent, Nelly Kaplan, Nora Mitrani, Gérard Legrand...
Más artículos hay sobre Man Ray, sobre David Lynch, sobre Chris Marker, sobre André Delvaux (en concreto sobre Cita en Bray, por Michael Richardson), sobre Arcimboldo en Svankmajer y sobre Georges Franju (por Richard Misiano-Genovese).
Para el final se revela una sorpresa: el artículo “El principio de placer” de un tal Michael Kemp, verdadero repertorio de estupideces profundas sobre el surrealismo. Baste con decir que la reacción de Antonin Artaud contra la realización que hizo Germaine Dulac de La concha y el clérigo, reacción apoyada por sus amigos, es vista como una muestra de la misoginia de los surrealistas, ignorando que era una representante de la vanguardia tan detestada por el surrealismo en todos sus nombres, sin diferencia de género. A él le ha gustado esta pelmazada insufrible, como también le gusta Cocteau, cuya senilidad, por lo que veo, tiene su éxito en las mentalidades adolescentes o estancadas. Tampoco falta en estas dos páginas ridículas lo del “papa del surrealismo” y sus “excomuniones”. Este artículo es tan grotesco que he llegado a pensar si su inclusión en la revista no será una boutade de su editor.
Tras Mad love sigue cronológicamente la película Nat Pinkerton, filmada por Ian Walker en 1981. Dura poco más de 20 minutos y es excelente, en un blanco y negro muy adecuado, e inspirándose en un guion de Magritte. Un texto de Ian Walker refiere los avatares de la filmación de esta joya que merecía esta recuperación definitiva.
De 1994 es Origami meat play (3’22), que a la sazón fue incluido en el vídeo de Songs of the New Erotics Broadcasta and solar interruptions. Dirigida por William A. Davison, su protagonista única parece salida del dibujo de portada de Los vasos comunicantes.
El resto pertenece al nuevo siglo. Pica (2001, 3’00), de Kenay Kerkman, se presenta como “un sueño sobre una picazón, un deseo antinatural de comer pegamento, fajos de papel y todo tipo de antojos que desemboca en la autodevoración”. De 2010 son The dream key (23’06) de Darren Thomas (autor del artículo sobre Man Ray y cercano al grupo de Leeds, si hago caso a que en una secuencia se ve un número de Manticore); Shards of memory (7’39), de Kathleen Fox, con sonido de Johannes Bergmark y creada como parte de la instalación organizada por ella en el Freud Museum, bajo el título de “Los espacios del Inconsciente”); y Haunted house (3’36), de Tony Convey, maravilla visualmente muy impactante.
Por último, hay dos cortos realizados en 2013 y 2014 por el maestro de ceremonias, Neil Coombs. The story of the eye (5’29) vuelve a la irrepetible secuencia inicial de Un perro andaluz, pero superior es la muy atmosférica Dark space (5’12).
En suma, otro “must” de Patricide. Lástima que Michael Kemp, al pasar revista a Dreams that money can buy, no haya dicho que deliró con el sketch de Fernand Léger.

“Infosurr”, n. 111


Al fin Infosurr vuelve a situarse en su año, ya que este número pertenece a los dos primeros meses de 2014. Un gran esfuerzo ha hecho Richard Walter para ganar terreno, sin merma de la riqueza informativa.
Dos figuras poco conocidas y recientemente desaparecidas son aquí iluminadas. La primera es Elie Delamarre-Deboutteville (1947-2013), uno de cuyos primeros poemas fue publicado en el n. 6 de L’Archibras (1968). Al socaire del mayo del 68, siguió caminos libertarios y próximos al surrealismo, aunque sin reaparecer en el Bulletin de Liaison Surréaliste. La nota de Bruno Duval nos dice que participó en Point d’être, “revista un tanto disidente en relación al grupo surrealista, publicada bajo la invocación misticizante de Antonin Artaud por los émulos de Stanislas Rodanski, reunidos bajo la égida de Michel Fardoulis-Lagrange, amigo muy discreto de Georges Bataille”. En las ediciones de la revista publicó Face à peu de temps en 1983 y Poèmes pour un dieu égaré sur terre en 1986. Autoras de miles de poemas y de incontables dibujos, su figura es abordada en el n. 23 de la revista parisina Empreintes.
En segundo lugar, Heribert Becker habla de Maximilian Barck (1962-2013), quien fundó en 1985, en Berlín oriental, con toda audacia pues, una asociación de artistas y escritores independientes llamada Maldoror, luego convertida en Herzattacke (Crisis Cardiaca), con su revista homónima, aún existente con dirección de su hijo, y cada uno de sus números abriéndose con una cita de Los cantos de Maldoror. Herzattacke es una revista gruesa y lujosa, con cinco números anuales, tirada de 95 ejemplares y una veintena de obras gráficas originales firmadas por cada autor. En ella ha aparecido una enorme cantidad de traducciones alemanas de textos surrealistas, sobre todo franceses. Barck también fundó en 1989 las ediciones Maldoror, con muchos libros en ediciones para bibliófilos. Fue por tanto un extraordinario difusor del surrealismo en Berlín durante las últimas décadas.
Heribert Becker comenta también el libro Nadja revisited, de Rita Bischof, nombre que a mí me sonaba de algo, y que no vino a ser algo bueno: en efecto, al final del estudio que Karl Srp dedica a Toyen en su enorme monografía, se apoyaba en ella para meter el típico enfoque feminista. A pesar de que sus parafraseos de ella son inquietantes, le concedo (a duras penas) el beneficio de la duda a esta especialista en Bataille, por recomendar su libro Heribert Becker. Dado que está en alemán, nunca sabré si ese beneficio está justificado, y lástima me da no haber nunca obtenido un artículo de Annie Le Brun en que criticaba con aspereza la obra de Srp, por si decía algo de paso sobre Rita Bischof.
Michel Remy informa de una reedición, en Dark Window Press, de Inrock, la novela de Desmond Morris que transcurre dentro de un megalito viviente, publicada en 1983. Guy Ducornet reseña el catálogo de la Maison de Victor Hugo La cime du rêve. Les surréalistes et Victor Hugo, ya tratado aquí, como hicimos también con el catálogo de la retrospectiva de Meret Oppenheim, que reseña extensamente Gérard Durozoi. Durozoi coincide en lo esencial con lo que entonces dijimos: “El efecto principal del dispositivo adoptado ha consistido en pretender hacer de Meret Oppenheim una artista aparentemente mucho menos concernida por el surrealismo de lo que se dice habitualmente –¡sugestión inmediatamente denunciada por las propias obras!” Lo más divertido, para sumar a algunas bajezas e imposturas que yo apunté en su día es cuando comenta la recepción del catálogo:
“Ciertos «especialistas» no han perdido la ocasión de reavivar las acusaciones de misoginia hechas contra Breton y sus cercanos. Esta vez, el pompón puede ser atribuido a Stéphane Corréard, «coleccionista, galerista, periodista, crítico de arte, experto y comisario de exposición» [¡vaya ridículum!]. No se puede resistir al placer de citar algunas líneas de su artículo: «Claude Cahun, Leonora Carrington, Leonor Fini, Valentine Hugo, Frida Kahlo, Toyen, Unica Zürn y Meret Oppenheim: el surrealismo habría tenido sin duda otro rostro si ellas hubieran ocupado un lugar a la altura de su talento. En el lienzo manifiesto Au rendez-vous des amis, Max Ernst ni se tomó el trabajo de representar a ninguna de ellas» –lástima que el lienzo sea de 1922: Carrington tiene 5 años, Kahlo quince, Zürn seis, Oppenheim nueve, Fini catorce, Toyen descubre París en 1925, Hugo solo interviene en el grupo a partir de 1928 y Cahun a partir de 1933...” Pero el artículo de Gérard Durozoi, aunque más diplomático que yo con farsantes como este, merece leerse en su integridad.
Una nota sin firma se dedica a la traducción inglesa de la antología sobre el surrealismo británico de Michel Remy, en la que se alude al grupo Slag sin que se sepa ni lo que significan sus siglas, cuando este grupo es bien conocido desde hace algunos años, y se ha convertido en uno de los más activos del surrealismo, con nombres –Merl Fluin, Josie Malinowski, Patrick Hourihan– que ya se han individualizado y que hasta han sido nombrados en Infosurr