miércoles, 27 de agosto de 2014

Ensueño en los pasajes

“En el ensueño –escribía Rousseau– no se es activo. Las imágenes surgen en el cerebro y allí se combinan como en el sueño, sin el concurso de la voluntad. Dejamos a todo esto seguir su rumbo y se disfruta sin actuar”. El ensueño rousseauniano anticipa el “flâner” de Nerval, y es también algo muy becqueriano, ya que Bécquer se nos retratará, por ejemplo en el maravilloso relato “Tres fechas”, vagabundeando, dejándose llevar por el azar, en el polo opuesto del trabajo intelectual, de la “reflexión”. La palabra tuvo un sentido peyorativo (al igual que “delirio”, o “visión”) y el ensueño fue juzgado algo superficial por los contemporáneos de Rousseau, quien por cierto abandonó el uso del reloj, simbólico abandono que suponía la entrada en otro tiempo, el de la vida interior, para pensar y soñar en libertad, como si se abolieran el espacio y el tiempo.
Esta nueva entrega de Javier Gálvez en Solsticio ediciones se sitúa bajo el signo del ensueño, pero a la vez es un homenaje a la fascinación surrealista por los pasajes, en este caso convertidos en pasillos de comercios ruinosos, sin duda mucho más atractivos que cuando estaban abiertos y no había nada más cerrado.
Porque, como escribe Javier Gálvez a lo largo del folleto desplegado, “cuando todas las relaciones dentro de una sociedad se fundamentan en la impaciencia, las posibilidades de subversión de sus estructuras paradisíacas son proporcionales a las capacidades de esa misma sociedad de reducir todas las antinomias vitales a un punto de obsolescencia”.
Una nota final aporta el elemento de azar objetivo: “Los 77 pasos del subtítulo hacían referencia a un cálculo, por lo demás totalmente aleatorio, sobre el número de pasos dados dentro del pasaje durante el período de ensoñamiento. Un dato este, aparentemente banal, pero que posteriormente tomaría un cariz alucinatorio y emblemático... En una segunda visita al pasaje y al salir por uno de sus extremos (justo el que va a dar a la calle Fuencarral) me percaté de que el número de la calle en el que se encuentra ubicada la entrada del pasaje por el lado de esa misma calle de Fuencarral, era justamente el número 77...”

Infosurr, n. 108

Como de costumbre, Infosurr nos descubre cosas que se nos han escapado, o enfoca publicaciones que, por una razón u otra, no nos llegaron a interesar como para obtenerlas.
En la portada, la magnífica Máscara para injuriar a los estetas (hacen falta muchas máscaras con esta función) anticipa la reseña que France Élysées hace de la retrospectiva de Mesens en el museo de Ostende, aportando la información de que hay un catálogo de 288 páginas en neerlandés, francés e inglés, con un texto, entre otros, de Xavier Canonne y la reproducción integral del Alfabeto sordomudo. Este catálogo lo comentaremos aquí, una vez obtenido.
Esta exposición ya la habíamos anunciado aquí, así como la publicación de Directivas para el consumidor de Jan Bervoets y de Las esquilas, bella colaboración de Guy Cabanel y Georges-Henri Morin que el Umbo rescata de una pequeña edición de 1999. Respectivamente, Guy Girard y Laurens Vancrevel escriben notas sobre estos dos títulos.
En el capítulo expositivo, Richard Walter se ocupa de una retrospectiva de Jacques Zimmerman, Gérard Durozoi de una muestra de cajas de Florent Chopin y de nuevo Walter de la celebración del centenario de Onslow Ford, por la Galería Weinstein. El catálogo de esta galería puede verse en esta dirección:
Vancrevel reseña, de Alain Joubert, Le passé du futur est toujours présent, que no es otra cosa que su participación en el almanaque Huit mois avec sursis, proyecto del colectivo Quando (en el que también participó Georges Sebbag), publicado en 1978. Lo ha editado Ab Irato, como en su día ya señalamos.
Jean-François Bory es noticia por partida doble. Jerôme Duwa reseña el primer número de Celebrity Café, revista atenta a las vanguardias codirigida por Bory, y por otro lado se nos informa de la reedición de los 26 números de L’Humidité, que dirigió Bory entre 1970 y 1978. Cercanías (más o menos) del surrealismo, con alguna que otra antípoda como Augusto de Campos.
Otra edición ya señalada en “Surrealismo internacional” es la del filme de Ludovic Tac sobre Jacques Lacomblez. En este caso es mi inapetencia por los documentales (y en particular los no subtitulados) lo que me ha disuadido de hacerme con él, ya no poco cansado, todo sea dicho, de la decadente colección auspiciada por la hija de André Breton (¡esas músicas! ¡esos vejestorios! ¡esos profesores!). Por ello viene de perillas la larga e inteligente reseña que hace Guy Ducornet, quien no deja de señalar el contraste entre la primera parte, centrada en la obra y en el estudio de este pintor maravilloso, y la segunda, filmando la inauguración de una de sus exposiciones, a donde a lo menos que se va es a ver unos cuadros que además exigen, como señala Ducornet, “ser contemplados largamente, con la misma solemnidad que la palabra del artista y la misma atención que el zoom ultrasensible de Ludovic Tac”.
Me entero aquí de que se ha iniciado la publicación de las obras completas –¡volumen 0!– de ese gran personaje que fue Alain-Pierre Pillet. Interesante es la nota de Richard Walter, como lo es la que le hace al libro de Gilbert Guiraud André Breton, médecin malgré lui, y como lo es la de Laurens Vancrevel a Assault on the impossible, obra en que se aborda la conjunción del movimiento Provo con el surrealismo y el situacionismo, publicada en Nueva York.
En el capítulo mortuorio, Maurice Nadeau (desaparecido a los 102 años) concita la atención de Gérard Roche y de Dominique Rabourdin. De interés bien escaso para el surrealismo (su famosa Histoire contribuyó no poco para que, hasta pasadas varias décadas después de su aparición, muchos consideraran acabado el surrealismo en los años 40, y su nombre ha quedado asociado al ridículo estrepitoso en que lo puso André Breton con el asunto de la falsificación rimbaldiana), no sucede lo mismo con Gaston Puel, evocado finamente por Jean-Pierre Lassalle y a quien sí dedicamos aquí, en su momento, un largo artículo de semblanza.

jueves, 21 de agosto de 2014

“La chasse à l’objet du désir” (y 3)

Recordamos el propósito de esta exposición colectiva internacional, celebrada recientemente en Montreal, y que ha originado el libro-catálogo de Sonámbula:
“Las facultades sensibles y mentales que pueden transformar nuestro contexto íntimo, social y político surgen en el bosque íntimo del deseo. Que ello ocurra en el murmullo nocturno, el sueño, la creación de una imagen, la formulación de un sonido, en la aventura amorosa o la irrupción del azar que provoca los encuentros, en la desobediencia y los gritos de luchas y de emancipación social, el deseo nos atraviesa como nos asedia. La evocación de su poder encantador devuelve a la realidad lo que vale en ella de ser vivido. Sobre esta línea proponemos esta exposición colectiva. Se trata para nosotros, en tanto que agrupación de creación poética, de asumir el carácter colectivo de nuestra trayectoria instaurando nosotros mismos un espacio autónomo de exposición en vez de seguir ciegamente la uniformización invasora. Los peritos de la alienación se aplican en distraer el mundo hacia su catástrofe, y la mutilación sistemática de la vida –denominada alegremente «civilización»– parece barrer todas las instancias verdaderas del júbilo humano. Rechazando este deterioro del espacio público, no sabríamos comunicar la especificidad de nuestro proyecto a través de los medios jerárquicos y racionales de los organismos institucionales. Sin por ello sucumbir a las quimeras de un radicalismo ascético, nuestra marcha se esfuerza por desertar de los corredores del orden cultural establecido”.
Los poemas contenidos en la publicación, al igual que las imágenes y los ensayos, tienen como detonador la cuestión del deseo. El texto de Dominique Paul podía haber servido de pórtico, ya que, con las 22 letras de “La chasse à l’objet du désir”, en un verdadero tour-de-force, genera 22 frases anagramáticas, como “je brûlai lest, choses dada” o “jubile, char de la tasse d’os”; va, además, acompañado de una impresionante pintura de Rik Lina titulada Cold Mountain. Lo mismo puede decirse de “Quest for the object of desire”, poema en prosa de Beatriz Hausner que concluye definiendo así esa búsqueda: “Every door has two fronts, this way and that”.
“Los ojos de la avalancha”, de Mauro Placì, nos revelan a un gran poeta amoroso. Placì es un poeta suizo cofundador de la revista Nomades, que ha publicado en las Éditions Surréalistes Passage à nouveau y que, fascinado por los cactus, alberga en su casa una colección enorme de ellos. Otro bello poema de amor es el de Fernando Palenzuela “Vibraciones”, que, como no está incluido en sus libros anteriores, esperamos leer pronto, en español y en el anunciado libro Uno sin uno.
De Guy Cabanel, que sigue siempre alimentándonos de poesía, hay también poemas pertenecientes a libros aún inéditos, titulados Au féminin y Le monde du feu.
Uno de los dos poemas de Alex Januário se abre con una cita de uno de los grandes cazadores del objeto del deseo: Malcolm de Chazal, el teórico por excelencia de la voluptuosidad: “La voluptuosidad es el lado más occipital del tocar”.
Otra intervención admirable es la de Alexandre Pierrepont, quien, en el semanario “Luna a luna”, nos va dando, de cada día, las cartas poéticas de la mañana, la tarde y la noche, con la “fría claridad mítica” de que habla Stanislas Rodanski en uno de los dos epígrafes.
Extrema originalidad hay también en la colaboración de W. A. Davison y Sherri Lyn Higgins, componentes de Recordism: “Nabos” es un “texto sustitución”, basado en un libraco de hace 102 años y de nombre Chamber’s elementary science readers. El resultado es hilarante.
Otros poemas hay de Raúl Henao, Georges-Henri Morin, Joël Gayraud, Jacques Lacomblez, Ludwig Zeller, Carmen Bruna (recientemente desaparecida), Claude-Lucien Cauët, Her de Vries, Laurens Vancrevel, Arturo Schwarz (manuscrito), Rikki... El de Laurens Vancrevel no es otro que Waartoe: een gedicht (¿Para qué?: una poética, 2011), texto nacido del diálogo poético con las obras de Empédocles, André Breton, Mário Cesariny, Paul Celan, Octavio Paz, Benjamin Péret, Philip Lamantia y François Di Dio, y motivado por la conocida cuestión planteada por Hölderlin (“¿Para qué los poetas en tiempos de penuria?”) –recordemos que Di Dio organizó un gran debate sobre el tema en 1978, del que salió un libro colectivo. Es una feliz idea hacer accesible este largo poema, con su traducción al francés.
“Logé au cœur des aspirations révolutionnaires du surréalisme, le désir demeure aujourd’hui comme hier le facteur-clé de la dissolution d’un monde asservi au principe de réalité” (“Message aux visiteurs”, Liaison Surrèaliste à Montréal).

viernes, 1 de agosto de 2014

Ráfagas estivales


Ya anunciamos que, en la Galerie Krans de Ouwerkerk (Holanda), abría el 6 de julio una exposición que reúne las cajas y objetos de Her de Vries con bronces y pinturas de Vincent Krans, y que a la vez sería lanzada una monografía sobre Her de Vries.
Aquí tenemos su cubierta. Es un precioso libro en capa dura, con muchas ilustraciones, prólogo de Krans, un estudio, extenso, de Laurens Vancrevel y al final la bibliografía de esta figura entrañable para el surrealismo, cuyo destino ha sido el de su vida. Solo deseamos que se pueda hacer una edición en lengua francesa o inglesa, o que los textos sean asequibles en traducción, aunque sea a través de la red.
Yo imagino a Her de Vries en el vagón escarlata del tren Surrealismo, repartiendo las cartas mágicas del juego de los enmascarados, que él mismo ha inventado. Lleva un impecable smoking, y la sala está iluminada por unos hachones que solo se encienden al atravesar los bosques. Como quiera que en los juegos surrealistas (a diferencia de los civilizados) siempre se gana, Her de Vries no se queda con la mejor parte, pero sí que se desconfía de él porque da liebre por gato, y las cartas mágicas que reparte son siempre la de la sorpresa y la de la metamorfosis.
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El n. 107 de Infosurr presenta en portada una típica pieza de Klapheck, y es que Heribert Becker hace en el interior una amplia reseña de la gran retrospectiva celebrada en Dusseldorf hace ahora un año, reseña que es a la vez una buena caracterización del arte verdaderamente único de quien afirmaba que sus “armas mayores” eran “el humor y la precisión”. Heribert Becker dedica también una nota a la exposición, en el mismo museo de Dusseldorf, de la “boîte-en-valise” de Marcel Duchamp.
El Annandale Blues de Guy Ducornet, vivamente recomendado por nosotros, lo reseña Richard Walter, quien también se ocupa de dos poemarios de Guy Cabanel (Chants d’autres mémoires y Le revenant) y del pequeño catálogo lagunero de Juan Ismael, cuyas imágenes le evocan algunas de Granell y Camacho. En un comentario apresurado al libro de Patrick Lepetit Le surréalisme. Parcours souterrain, Walter, poco proclive a los esoterismos, dice que las intenciones le recuerdan el título de Le surréalisme au service de la révolution, pero también podría recordarse que otra revista del surrealismo se tituló Médium, y que Breton proyectó titular otra Supérieur Inconnu.
Otro texto extenso es el dedicado por Ludovic Tac al primer número de los Cahiers Benjamin Péret. Al observar que Péret nunca fue anarquista, Ludovic Tac considera “saludable” que esto se señale, ya que en el presente “se quiere hacer pasar al surrealismo por un movimiento anarquista”, algo de lo que no tenemos noticia. Lo que no puede negarse es el espíritu libertario del surrealismo, desde sus orígenes, y que a fin de cuentas fue lo que llevó a la ruptura con los dogmas y las maneras del comunismo autoritario (por no hablar de las infamias estalinistas).
De Laurens Vancrevel hay notas del libro dedicado por Marcus Salgado a Flávio de Carvalho, de los Targets de Allan Graubard y David Coulter, de la exposición chilena de Papeles surrealistas (“el surrealismo continúa existiendo porque es necesario”, afirma Ludwig Zeller citado aquí por Vancrevel) y, muy generosa y comprensiva, de mi recopilación Mares y fábulas.
Por último, Gérard Durozoi recomienda el Petit vocabulaire de Jacques Villeglé, con nombres comunes y propios, y que yo ya estoy intentando agenciarme, y una monografía sobre Leonora Carrington en la colección Surrealism, Alchemy & Art, obra de Susan L. Alberth, quien, pese a citar de paso “los habituales comentarios de sus mayores como Whitney Chadwick, que han erigido en dogmas sus prejuicios feministas con respecto a André Breton”, al parecer ha hecho un trabajo interesante, respetando el misterio de sus obras más enigmáticas.
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Una muy interesante entrevista con Silvia Guiard, seguida de algunos textos suyos, puede leerse en esta dirección:
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Sobre el juego surrealista de “El transformador del cerebro”, pueden verse los primeros resultados en la nueva página de “La vertèbre et le rossignol”:
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Sobre la exposición retrospectiva de Iván Tovar en la Fundación Eugenio Granell, se ha creado este sitio:
El catálogo, con textos clásicos de Jean-Michel Goutier y Jose Pierre, esperamos reseñarlo en septiembre. 
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Nombre siempre de fiar, Pierre Vandrepote sostiene un blog que merece conocerse:
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Un libro de referencia sobre el surrealismo servio acaba de publicarse: Infra-noir un et multiple: un groupe surréaliste entre Bucarest et Paris, 1945-1947. Son 418 páginas con ensayos y una sección de textos colectivos y correspondencia. La editora es Monique Yaari.
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En su n. 13 (primavera de 2014), La Sœur de l’Ange dedica un dossier a Élie-Charles Flamand, uno de los más grandes poetas vivos, hoy con 85 años. Entre los textos dedicados, los hay de Marc Kober, El Janabi y Jean-Pierre Lassalle. Lassalle hace el voto de que los muchos poemarios de Flamand sean reunidos, por ejemplo en Gallimard, como ya se ha hecho con Radovan Ivsic, Annie Le Brun y Alain Jouffroy. Voto que hacemos nuestro, sin duda, ya que la mayoría de esos poemarios son hoy muy difíciles de obtener.
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Con el n. 3 de A Phala ya en fase final de elaboración, aprovechamos para mostrar aquí uno de los collages aportados por Zuca Sardan, puntal de la aventura surrealista brasileira desde hace tantas décadas. Y lo hacemos, sobre todo, porque el color, tan importante en la imagen, se perderá en la edición, que, por obvios motivos económicos, será en blanco y negro.


martes, 29 de julio de 2014

“La chasse à l’objet du désir” (2)



Un magnífico poema de Joyce Mansour, que hace pensar en la inventiva automovilístico-sexual de los cantantes de blues negros, ha motivado este “poema-objeto” de Élise Aru, reproducido en La chasse à l’objet du désir. En las muy útiles notas que se dedican al final a los participantes en el libro-catálogo, se dice de Élise Aru que se ha establecido en París hace poco, tras varios años en el Reino Unido, que desde el pasado otoño participa en las actividades del grupo surrealista de París y que en su práctica “propone «traducir» poemas surrealistas en poemas-objetos que crea reutilizando pero también desviando las prácticas surrealistas, como por ejemplo el collage”. Esta es una propuesta novedosa que nos deja a la expectativa...
Volviendo a los ensayos de La chasse à l’objet du désir, podemos decir que el de Guy Girard, “Tapón de garrafa”, cumple, con el “Mensaje a los visitantes”, la función de pórtico y/o lanzamiento, al señalar, violentamente, el enajenamiento voluntario de las prácticas artísticas del surrealismo con respecto a la “ignominiosa estupidez de este tiempo”: “nada en común con el arte contemporáneo que se exhibe, celebra y vende en las instituciones y oficinas adecuadas”. Mi desconocimiento de ese arte hace que yo realmente no tenga ni idea de lo que habla Guy Girard, pero lo que le importa e importa manifestar (ya que, si no, no merecería ni un segundo de atención) es el pillaje a que cierta zona de ese arte somete al surrealismo, tanto como al “art brut”, todo ello “para renovar una imaginería kitsch que en la confusión generalizada de los valores vendría a dar el indispensable toque de fantasía, si no de erotismo, a esa realización de la alienación de lo imaginario que es su propósito verdadero”. Debe decirse, precisamente, que publicaciones como La chasse à l’objet du désir, o las ya citadas, cumplen, entre otras cosas, la misión de no dejar dudas sobre lo que el surrealismo es, y, obviamente, sobre lo que no es.
Ludovic Tac habla poéticamente de la “cuestión del deseo” y del “objeto del deseo”, en dos breves textos. Kenneth Cox propone, a partir de una experiencia del inolvidable Anthony Earnshaw, “escuchar los objetos”. Paseando por los arenales de Saltburn, un objeto particular reconoció e interpeló a este: “¡Estoy aquí, Tony! Párate un momento y mírame”. Como es bien sabido, Earnshaw hacía montajes en cajas con objetos encontrados. Kenneth Cox considera que “el objeto encontrado tiene una voz particular, nos comunica su presencia, si no su sentido”, que puede tardar en revelarse, o incluso permanecer como un “misterio insondable”. Estamos aquí, en efecto, reviviendo “una perspectiva animista pre-moderna”. Como es de esperar conociendo a los surrealistas de Leeds, Cox presenta una serie de ejemplos fotografiados, el primero de ellos la pierna de un maniquí encontrada por él mismo en 1999 y que suponía la reaparición de un miembro (nunca mejor dicho) de la familia Pino, que pintó Ithell Colquhoun en 1941. Los otros ejemplos son unos objetos encontrados y reunidos por Sarah Metcalf y Mike Peters, un curioso cajoncillo de madera con un retrato de Rasputín encontrado por Bill Howe en unos matorrales, una muñeca unijámbica encontrada en la playa por Cox y que titula apropiadamente Infancia de una sirena, un “objeto compuesto” fabricado por Howe a partir de objetos encontrados por sus amigos del grupo (y dejados en un lugar abandonado cuando el juego “Evocaciones de ausencia”) y un juego espontáneo con objetos encontrados por los miembros del grupo y que, colocados sobre una mesa y suscitando un “sueño”, inspiraron a cada jugador la línea de un poema.
El título del texto del Grupo Surrealista en los Estados Unidos (firmado por Penelope Rosemont, Paul y Beth Garon, Bernard Marszalek, David Roediger, Gale Ahrens y Joel Williams) es “El deseo liberado de los límites del tiempo: La incandescencia transformadora del surrealismo y de sus métodos”. Planteando la relación entre el juego, el sueño y el deseo (y ser surrealista es “saber cómo soñar”, es “exaltar el deseo”), se buscan las causas del descenso de la creatividad infantil observado desde 1984 por el psicólogo Peter Gray, lo que atribuyen a la confluencia de los ocios planificados y de los cacharros electrónicos que todo lo invaden. La cuestión del deseo sigue siendo primordial, concluyendo así este programático texto que apela a la necesidad de desarrollar nuevas herramientas, técnicas y experiencias: “Es esencial celebrar y realizar en nuestra vida el deseo surrealista de transformación. Sobre todo en cuatro de sus componentes: el amor y la risa, el juego y el riesgo”. Otro importante texto colectivo, “El sueño de la anarquía y la anarquía de los sueños”, ofrece el Grupo Surrealista de Inner Island (Pamela Bulla, Scot Bullick, Jesse Gentes, Destanee Lundquist, Sheila Nopper y Ron Sakolsky), que se reconoce estimulado por “la maravillosa intersección de la anarquía y del surrealismo” y que propone retomar las palabras del genial Sun Ra: “Tú tienes alas: ¡sírvete de ellas!”.
Bruno Montpied asocia la caza al objeto del deseo con la “poética de lo inmediato”, que él tan bien e infatigablemente explora en territorio francés, como debiera explorarse en todos los territorios. Silvia Guiard refiere su afecto “particular y secreto” hacia una de las plantas sagradas de América, la ayahuasca. Ody Saban relata una deriva con el grupo surrealista de París en 1991 y su retorno a los mismos lugares en 2012. Dominique Paul y Marie-Dominique Massoni hacen un mítico “intermezzo femenile”, en un texto traducido de Analogon, “intermezzo” tras el cual hay textos de Rikki Ducornet (“Eros breathing”) y Beatriz Hausner (“In desire’s pursuit”). De Bertrand Schmitt hay cuatro finos textos dispersos por el libro, tres de ellos pertenecientes a su recopilación inédita À foison, l’herbe folle (1985-2011); en uno describe cuatro “paisajes utópicos”, en otro ocho “máquinas felices”. Sergio Lima, en fin, nos brinda con uno de sus largos y siempre lúcidos ensayos, que comienza enfocando la obra erótica aún bastante “secreta” de Marcel Mariën, pero que es una profunda reflexión sobre el tema central del catálogo.
Dos textos antiguos se añaden a esta excepcional cosecha: el de Bernard Caburet “Injonction du désir”, que se publicó en 1976 en La civilisation surréaliste, y el de Jehan Mayoux “Cuillères d’amour”, perteneciente al inmortal Traité des fourchettes, de 1978.

martes, 22 de julio de 2014

“La chasse à l’objet du désir” (1)

En los últimos catorce años, han sido numerosas las publicaciones y exposiciones colectivas del surrealismo que han asumido un carácter extraordinario. El primer año del nuevo siglo comenzó con la aparición de grupos en Brasil (deCollage), Chile (Derrame) y Grecia (Ioaninna), a los que siguieron los de Portland, Atenas, Londres (Slag) y Turquía, más la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism, que se sumaban a los grupos ya existentes (Madrid, Praga, Leeds, París, São Paulo, Estocolmo, Chicago, etc.). Todo esta ebullición produjo eventos de gran importancia, como los festivales de Londres organizados por Slag o las exposiciones “O reverso do olhar” (Coimbra) y “El umbral secreto” (Santiago de Chile), y también publicaciones que ya son un referente del surrealismo, en concreto el n. 1 de Hydrolith, el libro-catálogo Other Air del grupo checo y eslovaco, el n. 2 de A Phala y el almanaque de Brumes Blondes. En esta línea de sorprendente vitalidad se inscribe el libro-catálogo La chasse à l’objet du désir, donde alían sus fuerzas la plataforma Sonámbula (México/Florida/Montreal) y la Liaison Surréaliste à Montréal, nombres que se deben añadir a los enumerados anteriormente.
Sonámbula inició también una andadura editorial, que ha dado preciosos libros de Fernando Palenzuela, Susana Wald, Bernar Sancha, Guy Girard, Raúl Henao, Ludwig Zeller, Guy Cabanel y Les Boules. Ahora se edita aquí, impecablemente, este volumen de 286 páginas, con una tirada de 200 ejemplares, cantidad que, como suele ocurrir, no se corresponde ni remotamente con su valor intrínseco. El proyecto se ha realizado en muy poco tiempo. Y en la intención, respecto al deseo, de “atraparlo en todos sus secretos con la ayuda de una carta topográfica”, se ha contado con numerosas colaboraciones del surrealismo mundial. Baste decir que las ilustraciones son de Rik Lina, Jacques Lacomblez, Jacques Desbiens, Wedgwood Steventon, Ludwig Zeller, Susana Wald, Jean-Claude Charbonel, Marie Carlier, Ody Saban, Thomas Mordant, Mordisabbath, Bernar Sancha, Virginia Tentindó, Jean-Pierre Paraggio, L’Oeil Circonflexe, Suzel Anya, Miguel Ángel Huerta, Les Boules, Kathleen Fox, Her de Vries, Joel Williams, Laura Corsiglia, Bruno Montpied, Lucques Trigaut, Enrique Lechuga, CAPA, Penelope Rosemont, Antonio Ramírez, Sergio Lima, Georges-Henri Morin, Rodrigo Mota, Michael Löwy, Pascal Gavroche, Guy Girard, Pierre-André Sauvageot, Mireille Cangardel, North Mutator, José Leybaert, Élise Aru y David Nadeau, este último un nombre clave de la Liaison Surréaliste.
La exposición, como ya señalamos al anunciarla, se llevó a cabo en una galería amiga (Espace), sin ningún apoyo institucional. Fue acompañada de un ciclo de verdadero cine surrealista, que contó con la proyección de dos largometrajes: Los conspiradores del placer, de Jan Svankmajer, y Vaterland, a hunting diary, de David Jarab, y nueve cortos: Electric whispers, de Kathleen Fox, La rue K, de Pierre-André Sauvageot, Tiny gifts, Merzkopf y The antichild, de Songs of the New Erotics, Alergia, de Enrique Lechuga, Delirios, de Iñaki Muñoz, Cuerpo alquímico, de Ludwig Zeller y Ni d’Ève ni d’Adam, de Michel Zimbacca.
Imágenes de estos filmes salpican también las páginas de La chasse à l’objet du désir, como también las hay de instrumentos y de actuaciones musicales y ello porque además viene incorporado al libro un disco de música surrealista, compuesto por ocho piezas, de Six Heads (“Temporary amnesia of the left testicle”, Toronto, 2014), Johannes Bergmark (“I was lost in the cave” por un canal y “Somebody took my teaspoon” por el otro, Estocolmo, 2014), Sonarchy (“Selfies”, bosques de Sla-Dai-Ich), Songs of the New Erotics (“Red thread”, Toronto, 2003), Hal Rammel (“Beginning anywhere”, Grafton, 2014), Mal Occhio (“Cashio del adagio”, Los Ángeles/San Francisco, entre 1980 y 1982, grabaciones ya legendarias), Iñaki Muñoz (“Mapas de inteligencia”, Chile, 2013) y Thom Burns (“Water drum experiments”). Aunque en esta materia abdico (ya lo dije al referirme al disco del n. 4 de Patricide), me han llamado la atención algunos de los instrumentos inventados, como la “paleta sonora” de Hal Rammel:


O el “water drum santoors” de Thom Burns:


O la plataforma para objetos amplificados de Johannes Bergmark, a quien vemos aquí en acción:


Y esto para no hablar, aunque ya tenía referencias de ellos, del tubular “octófono” y de la increíble “Bellmer-Freud Box” (hecha de juguetes), invenciones de Mal Occhio.
En el “Mensaje a los invitados”, la Liaison Surréaliste à Montréal enfrenta la grave cuestión de la “invasión de objetos y mercancías” que caracteriza al último estadio de la sociedad, con las consecuencias de una cada vez mayor incapacidad de “pensar y soñar”. Y es que “el misterio del encuentro amoroso, el placer de la evasión, los trayectos de la curiosidad, la centella de lo irracional, la fosforescencia del delirio, el vagabundaje sin rumbo, en fin lo imprevisto de la aventura que hacía la sal de la existencia humana orientada a la libertad, se encuentran irremediablemente comprometidos”. Este es un texto muy bello, que propone al surrealismo “evocar la creación de un espacio libre del deseo de contradicción que nos liga los unos a los otros en tanto que individuos”. Que los documentos visuales y sonoros que componen la exposición, a los que hemos de añadir los textos poéticos incluidos en el libro, contribuyen a devolverle a lo Maravilloso “sus plenos poderes”, es algo que me parece incuestionable.
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En una próxima entrega, comentaré la docena de ensayos contenidos en La chasse à l’objet du désir, aparte otros aspectos de una nueva publicación fundamental del surrealismo.

L’Or aux 13 Îles / Le Bathyscaphe

Al fin se ha publicado el tan esperado tercer número de L’Or aux 13 Îles. En la portada, los Juegos pirotécnicos de Alan Glass anuncian el interior de una de las revistas más bellas –y jugosas– que imaginar podemos, o al menos así tienen que considerarla los afortunados que conozcan sus dos números anteriores. Para festejar con fuegos artificiales.


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También circula ya el n. 10 de Le Bathyscaphe, “la revista más lenta y más inactual del mundo”, pero en este caso ni nos habíamos enterado de que ya había salido un n. 9. El humor peculiar de esta revista canadiense, que también es de las pocas que ofrecen interés, se evidencia en esta hoja de presentación: