miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cesariny revisitado

Un pequeño homenaje a Mário Cesariny es este número monográfico de la revista tinerfeña La Página. Inicialmente la idea era incluir la correspondencia de Cesariny con Sergio Lima, pero, al estar las muchísimas cartas solo en versión original, y haber dificultades en organizarlas a tiempo, se acabó desistiendo de la idea. El director y editor de La Página es un trabajador a destajo, por lo que, además, ni yo tuve acceso a una lectura final que hubiera alterado algunas cosas, como por ejemplo la no anotación de algunos errores en las cartas de Granell a Cesariny (Vancravel por Vancrevel en dos ocasiones, Arpad Mezei convertido en checo) y una referencia en mi comentario de los “Noa-noas” a un cadáver exquisito de Cesariny, Vancrevel y Ted Joans, que donde aparecerá es en El oro del tiempo, próxima publicación de La Página recopilatoria de los textos de “Surrealismo internacional”.
El número se abre con la adaptación de mi nota sobre Cesariny, y también aquí hubiera incluido unas adiciones, en particular sobre los trabajos rimbaldianos –muy importantes– de Cesariny y sobre la edición de 2007 de Titânia. História hermética em três religiões e um só Deus verdadeiro –libro escrito en 1953, Cesariny lo editó en 1977, pero solo lo dio por concluido en 1993; la edición de 2007 lleva cinco preciosos dibujos de Cruzeiro Seixas, pero, como no hay nada que no tenga un sino, sin los pies correspondientes.
En una nota así (o sea, perteneciente a un volumen celebratorio), tampoco hubiera dado cabida a mi enojo porque Cesariny, al final de su vida, hubiera aceptado recibir en su casa a algo tan asqueroso como un presidente de la república, o sea alguien que forma parte de lo más bajo de la escala humana. Espero que, al llevar acompañamiento mediático, a este triste y nocivo Jorge Sampaio (hombre de leyes) no se le haya ocurrido proferir un discurso, pues los que daba eran famosos por poner a dormir a la audiencia en cuestión de escasos minutos. ¿Cómo podemos imaginar al indomable Cesariny en el momento en que recibe de aquellas manos la Gran Cruz (¡!) de la Orden de la Libertad? No sé si es lo mismo, pero he leído que también lo hicieron Caballero de la Orden de Santiago de la Espada (¡!).
En 1966 decía Cesariny en Madrid, públicamente: “La libertad no es una cosa que se da o se recibe, como un regalo de navidad. La libertad es algo que se le arranca a quien, hombre, cosa o idea, trae el uniforme del verdugo. No existe hombre libre sino en la conquista de la libertad”. Con estas palabras hubiera cerrado yo mi nota sobre Cesariny, porque ese era el verdadero Cesariny, y no el que aquella noche se disfrazó para recibir a uno de los verdugos del Portugal saqueado y arrasado por el montaje democrático y por el macroproyecto de la Europa del capital.
El gran difusor de la obra de Cesariny, o sea Perfecto E. Cuadrado, avanza con un bonito ensayo sobre los “silencios, diálogos y monodiálogos” del surrealismo en España y Portugal. Nadie como él puede abordar esta cuestión, que se detiene en la presencia hispánica en los pintores surrealistas lusitanos, en concreto Cândido Costa Pinto, Marcelino Vespeira, António Dacosta, Fernando José Francisco y, por fin, Mário Cesariny, en quien rastrea la huella hispánica a lo largo de su producción poética; la lectura “siempre sagaz y siempre iluminadora” de la obra de autores hispánicos (Jorge Camacho, Octavio Paz, Luis Buñuel); el “Dossier España” de los capitales Textos de afirmação e de combate do movimento surrealista mundial, las frecuentes visitas del poeta a España y su amistad en particular con José Francisco Aranda, con Enrique Carlón y con el grupo surrealista Salamandra; y, por último, la difusión de su obra en España, donde el propio Perfecto E. Cuadrado se ha ocupado de él amplia y frecuentemente (Ortofenia y otros poemas, 1989; antología y encuesta sobre él en el n. 6-7 de Espacio/Espaço escrito; Un país de bondad y de bruma, 1998; De profundis amamus, 2001; y “Navío de espejos” en el número 43 de La Página también dedicado a Cesariny, 2001).
Un apartado especial se dedica a la relación muy amistosa entre Cesariny y Eugenio Granell, dos colosos del surrealismo en la Península Ibérica que desde principio de los años 70 mantuvieron un fructífero y apasionante diálogo. En las cartas de Granell, hay referencias al encarcelamiento de Breyten Breytenbach (y por cierto que Granell fue el primero que me habló de él) y a las lecturas que Granell hace de algunos libros de Cesariny, en concreto Nobilissima vissão, Burlescas, téoricas e sentimentais y los Textos de afirmação e de combate. Este último, “estupendo cofre de sorprendentes tesoros”, es visto como un libro “hecho a cañonazos de pura libertad”, pero Granell le hace una reserva: la inclusión de “ciertos nombres de quienes tal vez estén manchados por sus veleidades político-religiosas y por su voluntaria profesión de enterradores del surrealismo”, en la primera categoría encajando, creo, Aragon y Sadoul (¿y Arrabal?) y en la segunda sin duda Jose Pierre y Jean Schuster.
Lo que sigue en este número lo tiene en esta página el lector: mi trabajo sobre los “Noa noa” de Cesariny, que aparecen muy bien reproducidos. Repasando las cartas que tengo de Cesariny, encontré un par de datos al respecto. En una del 2 de agosto de 1988, me comenta que, por diversos motivos editoriales, se ha abandonado el proyecto del n. 2 de A Phala, al alimón con Sergio Lima (con quien Cesariny me había puesto en contacto un año antes). En Portugal, el nombre “A Phala” había sido “usurpado” por la editorial Assírio & Alvim para un boletín de actualidad cultural, y por ello Cesariny piensa ahora en reconducir la revista con otro título, que no es otro que... ¡Noa-Noa! También me cuenta que no le gusta lo de “Revista do Movimento Surrealista”, porque “quien cree que lo es, cree que lo es, y quien cree que no, ¡muchas felicidades!” El título sería un “homenaje en serio y de verdad al primero (que se sepa) en marcharse huyendo de este continente, el ilustre Gauguin”. A los pocos meses, Cesariny avanzaría con las hojas que llevan el título destinado a la revista.
En la carta en que Cesariny me enviaba el Noa noa de los surrealistas argentinos contra la pareja Schuster-Pierre, me dice, en su estilo inimitable: “Los señores Jose Pierre y Jean Schuster son, a lo largo de muchos años ya, gente de pasado poético surrealista ninguno. Historialistas. Como tal, han decidido firmar el descenso a la tierra de mutis (el fin del Surrealismo como tal) en el año tal-tal (1969, creo). Crearon hasta una asociación para probarlo, escribirlo y confirmarlo. A eso están dedicados sin encanto y con alguna grosería. Le mando el manifiesto que, con motivo de una Semana Surrealista en S. Paulo, Brasil, algunos surrealistas argentinos firmaron y leyeron contra esos dos. En cuanto a Édouard Jaguer, que yo estimo y admiro, se ha puesto en contra de la publicación, portuguesa o francesa o china, del texto de los supracitados argentinos. El porqué no me lo concibo. ¿Será porque, como me escribe Petr Kral, los surrealistas parisinos se han transformado todos en unos «tíos viejos» (él dice: tías)? De todos modos, Jaguer es un tío grande, de una estatura que ninguno de los otros dos tiene. ¿Los necesitará para pequeños líos?”


En otra carta, pero ya de 1993, me encuentro este mini Noa noa, motivado por su cólera al ver el sello bretoniano de los correos franceses (¿y qué decir del de Malraux, en que se valieron de una foto suya... quitándole el cigarro de la boca?). Al dorso pone: “M. C. 30 exemplares”.
Para la historia de los pequeños misterios del surrealismo, retengo un detalle de esa carta. Cesariny me envía el documento “1499-1992”, contra la celebración del “descubrimiento” de América, que fue firmado por varios grupos surrealistas y que yo traduje en Canarias. Y me cuenta cómo, del epígrafe del texto original, ha desaparecido, en todas las versiones (inglesa, francesa y española) del Bulletin International du Surréalisme en que fue publicado, este inciso de Breton: “en tanto que no se sepa hacer nada sin poner para ello cara de saberlo todo, con la Biblia por un lado y Lenin por el otro”. Palabras que Cesariny considera “magníficas” y que alguien ha cortado “sabe el diablo surrealista por qué”.
Cierra este número de La Página una “brevísima antología” de poemas hecha por Perfecto E. Cuadrado, y que precede una lista de sus obras y de las principales traducciones que han tenido. Antología en efecto muy breve, pero que contiene algunos de los poemas híticos de este poeta (y artista) extraordinario, como “You are welcome to Elsinore”, “A Antonin Artaud” y “El navío de espejos”.

Alleau, l’impromptu, zuca, luca

Recientemente ha desaparecido René Alleau, lo que ha motivado unas líneas de Annie Le Brun:
http://www.pauljorion.com/blog/?p=59585
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El n. 11 del’impromptu, “boletín de la sed universal”, presenta sobre todo poemas, de Louis-François Delisse, Emilio De Santi, Jean-Raphaël Prieto, Robert San Geroteo, Jean-Yves Bériou, Laurent Albarracin y Jean-François Rousseau. En las imágenes, hay dibujos y collages de Marcel Miracle (portada, y dos en el interior, con versos), una foto de Geneviève Berg y un collage del animador del boletín, Jean-Pierre Paraggio:


Las lecturas se completan con una “carta” de Bessompierre y algunas ráfagas del “Folletín” de Olivier Hervy. Y, como siempre, están las sugerencias de lecturas, entre las que destacan los libros que edita Jean-Christophe Guédon: en La voix osseuse y La chair et ses fantômes se incluyen textos de Jacques Abeille, Guy Cabanel, Hervé Delabarre, Jean Christophe Belotti, Guy Girard, Alain Joubert, Georges-Henri Morin, Jean-Yves Bériou y Anne-Marie Beeckman, por citar nombres bien conocidos de “Surrealismo internacional”, y L’autre, con un dibujo de Jean Benoît, consta de un montón de términos de la lengua francesa sobre el sexo femenino y el masculino (¡600 por cada uno!).
Apuntemos en la sección de librería las importantes traducciones al francés que se han hecho en los últimos años de Alejandra Pizarnik. Por otra parte, en inglés ha aparecido The Nothing Bird, traducción de poemas de Pierre Peuchmaurd.
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Zuca Sardan, acaba de iniciar una serie de Impresiones de África, que esperamos ver publicada próximamente.


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El n. 7 de la revista Hyperion va dedicado a Ghérasim Luca en su centenario. Hay una buena contribución de nombres del surrealismo: Krzysztof Fijalkowski, Allan Graubard (quien también se encarga de la presentación), Will Alexander, Richard Waara y Sasha Vlad, que hace una selección de cubomanías.
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Un documento de librería interesante, con buenas imágenes:
https://docs.google.com/file/d/0BwSKTT8M1jb-b0FSdDhFT3g5d0U/edit?usp=sharing&pli=1

miércoles, 30 de octubre de 2013

Byron Baker


El azar quiere que nos ocupemos en semanas sucesivas de dos figuras claves del surrealismo de Los Angeles, ya que en poco espacio de tiempo han aparecido el libro de Jhim Pattison y este cuaderno de dibujos automáticos de Byron Baker.
Hijo de un batería de big band jazzísticas, su encuentro capital fue un dibujo de Joan Miró en un álbum de Dave Brubeck. Arte y música se convertirían así en los dos faros de su vida.
Baker y Pattison entraron en el surrealismo al mismo tiempo, o sea al poco de producirse la desafortunada ruptura en el grupo centrado en Chicago. Ambos animan el Armaghetto Ensemble y Mal Occhio, ambos participan tanto en la exposición de 1983 “Harvest of Evil” como en la película Door to Freedom, del año siguiente, y ambos forjan Una Sull’atra (One on Top of the Other, poema de Pattison con dibujos de Baker).
Las pinturas y los dibujos de Byron Baker están bien representados en Invisible Heads (pp. 110, 111, 120, 121, 207, 257, 309, 540, 642, 643). Llama poderosamente la atención la coherencia de la obra de este artista, puesto que sus dibujos de 1976-1977 guardan estrecha relación con los que ahora presenta en Searings, una centena realizados entre 2009 y 2013. El último de Invisible Heads es precisamente de 2009 y pertenece a la “familia” de los incluidos en el grupo dos de Searings, que ha sido estructurado en ocho “grupos” de diferente tonalidad. En el sexto, hay unos cuantos que nos hacen pensar en algunos de los realizados recientemente por Antonio Ramírez, del grupo español Salamandra, aunque las diferencias no salten menos a la vista.
Los dibujos de Byron Baker son una fiesta del automatismo, e inspiran a Stephen Lock y Will Alexander breves textos, que concluyen respectivamente así:
“Byron Baker has obviously witnessed the flights of immense glass waterbirds, and we are the lucky ones to see his translations of their infinite trails upon the whitening foam of the sea.”
“In the book’s colour field as well as its black and white counterparts, one feels the original force of an optic tornado, of an apparitional calligraphy entwining itself inside one’s neural ore. In Baker’s Searings there remains constant reference to the Sophia Perennis via the visual.”.
También poeta, de Byron Baker hay en la página 202 de Invisible Heads el que expuso en “Harvest of Evil” y en la 668 el que dedicó en 2009 a su viejo amigo Jhim Pattison, y del que, por no cambiar la costumbre de este día, voy a reproducir los últimos versos:
“how elegant the plumage of your totem,
the Owl, as it lights upon your horizon
carrying a message forever unfolding in its wings...”


Novedades

Han aparecido a la vez el n. 1 de los Cahiers Artaud y el 2 de los Cahiers Benjamin Péret. El primero, con 240 páginas y al precio de 35 euros, en las Éditions Cahiers. Sobre el segundo hablaremos cuando lo tengamos en mano, y es que, por las razones que sean, Péret interesa sobre todo a los surrealistas y a los amigos del surrealismo, mientras que Antonin Artaud es pasto, desde los tiempos telquelianos, de la más insufrible logorrea universitaria –de ahí que no se nos hagan muy apetecibles sus Cahiers.
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También prosigue su travesía, nada menos que ya en su n. 30, el boletín de la Asociación de Amigos de Maurice Fourré, Fleur de Lune.
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François-René Simon sigue devotamente ocupándose del gran Stanislas Rodanski, y acaba de editar en Gallimard Je suis parfois cet homme y en las Éditions des Cendres Substance 13. Ya no puede tardar una edición muy aumentada de todos los escritos de Rodanski.
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Rodanski está presente en una de las grandes obras de su amigo Claude Tarnaud: L’Aventure de la Marie-Jeanne, que fue editada preciosamente por L’Écart Absolu y que ahora reedita Les Hauts Fonds, aunque al parecer sin los maravillosos dibujos de Jorge Camacho. El otro nombre presente en esta aventura es Gherasim Luca, con quien de hecho iba a escribir el libro a partir de la correspondencia entre ambos, y con quien Tarnaud visita, junto a Gilles Ehrmann, el Palais Ideal del cartero Cheval. A lo largo de L’Aventure de la Marie-Jeanne nos vamos encontrando además con la letra H (anunciando, con su carácter “erótico solemne”, las páginas de Eugenio Castro), las cartas del tarot, las muñecas hopi, los arrecifes de madréporas de Mogadiscio, los Grandes Transparentes, Rimbaud, Thelonious Monk, Jarry, Heisler, Maldoror, el capitán Hateras (“mi héroe imantado”), el capitán Nemo (“rebelde decisivo”), el Holandés Errante...
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Henri Béhar ha procedido a establecer la edición definitiva de los poemas de Roger Vitrac, con el mismo título de 1964: Dés-lyre. Los presenta y anota en las ediciones de la Nouvelle Revue Française. Se incluye, por supuesto La lanterne noire, de 1925, “poemas surrealistas” dedicados a André Breton. Hay también poemas a Artaud, Éluard y Saint-John Perse, así como la “Prière à Saint-Pol-Roux”.
Dés-lyre puede consultarse en la siguiente dirección:
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En las Ashgate Studies un Surrealism ha aparecido Surrealism and photography in Czechoslovakia, 214 páginas con 72 ilustraciones en blanco y negro, al alto precio de 55 euros. Textos de Krzystof Fijalkowski, Michael Richardson y Ian Walker.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Jhim Pattison


Esta selección de poemas de Jhim Pattison viene a iluminar a una de esas figuras, abundantes en el surrealismo, poco preocupadas por su proyección fuera de este movimiento y conocidas sobre todo en el grupo de sus amigos, que a grandes rasgos son los que conforman la aventura de Invisible Heads.
Nacido en 1951, Jhim Pattison se incorpora al surrealismo después de la ruptura del grupo de Columbus con el de Chicago, producida en 1977, aunque en Invisible Heads ya encontramos un collage suyo del 76, dominado por el rostro de Nosferatu. La poesía, el collage y la música han sido las tres vertientes creativas de Patttison, quien entra en acción a fines de los 70 desde Los Angeles, junto a Byron Baker.
Junto a Baker, Steve Lock y otros, Pattison explora los sonidos en The Armaghetto Ensemble, que pronto se convierte en el colectivo abierto Mal Occhio, cuya singularidad en el panorama musical de la época es haber estado compuesto por surrealistas, ya que a él se incorporan además Thom Burns, Richard Horowitz, Raman Rao, Laurence Weisberg y Brooke Rothwell. La música que hacen ha sido calificada de “etno/industrial trance music”, con teatro musical improvisado en las calles y la invención de instrumentos, como el tubular octófono y la increíble “Bellmer-Freud Box”, hecha de juguetes. Sin ninguna limitación, recurren también a toda la cacharrería electrónica primitiva. En suma, un capítulo muy importante de la música surrealista, con componentes lúdicos, humorísticos, experimentales y automatistas, guiándose por el azar en vez de buscar “atmósferas”
En los años 80-82, que son el auge de Mal Occhio, tocan en clubs de Los Angeles y San Francisco y llevan a cabo una sesión de estudio, donde muestran una música a la vez de sorpresa cómica y oscuridad, comparada al estilo caótico de los Hermanos Marx, quienes no por acaso aparecen en uno de los collages de Pattison. Este collage está reproducido en Invisible Heads (670), donde se pueden apreciar otros más (253, 342 –titulado Alfred Jarry’s Phantom Volcano–, 343, 395, 604, 703).
En 1983 está presente en la exposición “Harvest of Evil” del grupo de Columbus. En esta exposición participaron figuras de proa del surrealismo internacional –Cesariny, Granell, Valaoritis–, quienes se situaron pues al margen de la ruptura del 77, o, si se prefiere, avalaron la genuinidad surrealista –incontestable– de esta prolongación del surrealismo estadounidense, a diferencia de otros, como El Janabi, que tuvieron una actitud lamentable.
En 1984 tiene lugar en el Cafe Onyx de Los Angeles la exposición “Two-Headed Collage”, con obras colectivas de Pattison, Byron Baker, Steve Lock, Richard Waara y amigos locales. Para la ocasión, se filma Door to Freedom, película muda con guion y dirección de Byron Baker, banda musical de Mal Occhio y como actor principal el propio Jhim Pattison.
Al año siguiente, en San Francisco, se celebra otra exposición que fue todo un hito: “Magnets of the Polar Horn” (título tomado del Fourier más visionario). Esta exposición supuso el nacimiento del grupo Hydra, y estuvo dedicada a la “memoria viviente” de Clarence John Laughlin, quien acababa de morir. La actividad en estos años no ceja, y en 1986 tiene lugar otra exposición de Hydra: “The Secret Face of Scandal” (título esta vez tomado de Nora Mitrani), siempre con la presencia de Jhim Pattison.
El grupo se dispersará en los años 90, pero las aventuras individuales y los encuentros prosiguen. En 2003 y 2004, Pattison participa en los homenajes a ese poeta inmenso que fue Laurence Weisberg. Falleciendo en 2009, Pattison fue a su vez celebrado por sendos poemas de Steve Lock, Raman Rao y Byron Baker, todos incluidos en Invisible Heads. El de Steve Lock se titula “The Truest Surrealist...” y nos brinda un bello retrato poético. El de Byron Baker, aludiendo a la “revuelta” y a las “nubes kachinas”, lo hace también al animal totémico del poeta: la lechuza. Como tal hay un retrato suyo, y en otra foto de Invisible Heads se lo ve con una de ellas.
In the Arms of the Honey Eaters (Anon Edition, Los Angeles) es una selección de textos espléndidos –hecha por Raman Rao– y un bonito libro, con reproducciones de varios collages. Sí que nos hubiera gustado una mayor extensión, ya que consta solo de 90 páginas (y por lapsus repitiendo el poema en que aparece Lautréamont en “otro de sus delirios”). La poesía de Jhim Pattison no está lejana a la de Will Alexander, y otros poetas cercanos a quienes aquí se refiere son Schlechter Duvall y Laurence Weisberg, nombres a quien podemos sumar el de Alice Farley, objeto del poema “A Show of Hands”. “The Moon in the Man” –lo que sin duda es infinitamente más bello que esa farsa del “hombre en la luna”, cuya verosimilitud han negado, con muy buen sentido, todos los campesinos antiguos de cualquier parte del mundo– va dirigido al primero (otra versión ya había aparecido en The Adventures of Desirée), como “a Laurence Weisberg y su doble” el titulado “The Ascent of Mary W. Shelley”, poema de 1984 ya conocido por el Boletín de Los Angeles. Jhim Pattison ha escrito también el poema “La langosta de Nerval”, donde aparece otra gran figura del romanticismo, y creo que la más importante para el surrealismo, y sin duda para André Breton, quien en la “Introducción al discurso sobre lo poco de realidad” se hace precisamente eco de la anécdota que recuerda a Nerval arrastrando por el Palais-Royal una langosta. Tanto le gustó lo que llama “eterno desafío” de Nerval que se conserva un dibujo a color, sin fecha, representando esta escena, con el título de La vieja linterna, nombre de la calle en que se ahorcó el poeta de Aurelia.


De André Breton cita Jhim Pattison este pasaje de “Silencio de oro”: “Es preciso unificar, reunificar la audición, en el mismo grado en que es preciso unificar, reunificar la visión”. Otra cita de Breton hay, junto a otras de Charles Fort –uno de los grandes precursores del surrealismo en lengua inglesa– y de Groucho Marx (“I wanna dance, I wanna sing, I wanna hotchacha!”– en el poema “A Hostage in the Arms of the Honey Eaters”.
Aparte los detonantes collages de Pattison, hay un dibujo de Byron Baker, de los tres que acompañaron el trabajo de colaboración “Una Sull’atra”, todos en Invisible Heads.
Jhim Pattison tuvo una vida ejemplar, como artista y como poeta, “en parte ermitaño, en parte cometa, en parte coyote” –así se dice en la breve semblanza final del libro, lo que se nos antoja una divisa hermosa donde los haya.
“Where’s the blind door one crawls toward?”


Breves

En la galería parisina Les Yeux Fertiles se inauguró anoche la exposición “Artistes d’ailleurs”, que se prolongará hasta el 30 de noviembre. Participa una serie de artistas, entre ellos Scottie Wilson y Ody Saban, de quien vemos aquí, en su inconfundible estilo, la acuarela Si le melon est dans le cœur, l’état de complète satisfaction glisse sur la coiffe (1996).


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Bernard Roger acaba de publicar un libro que sin duda pasa a ser una referencia en la materia: Initiation et contes de fées. Une évocation des cheminements initiatiques dans les contes populaires d’Europe. Edita Dervy.
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Es una buena noticia la digitalización de una serie de revistas argentinas, chilenas y españolas pertenecientes al surrealismo, o limítrofes con él. Destaquemos en particular Que, Ciclo, A partir de cero, Mandrágora y Leit-motiv. He aquí el enlace:
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El surrealismo en Egipto es enfocado en el n. 19 de la revista Dada/Surrealism, que ahora es digital. Entre los trabajos, predeciblemente de muy desigual interés y calidad, hay uno de Michael Richardson y otro de Marc Kober, ambos en torno a Georges Henein. Recordemos que sobre la materia ya hay una página en la red, con el estudio de Don Lacoss y mucha documentación.
http://www.egyptiansurrealism.com/
http://ir.uiowa.edu/dadasur/

miércoles, 16 de octubre de 2013

Reedición de "Lo imprevisto", de López Torres

Collage de S. Navarro y dibujo de O. Rosales
En 2006 se tradujo al francés, por Martine Joulia y el magnífico poeta Jean-Yves Bériou, Lo imprevisto de Domingo López Torres (L’imprévu, suplemento al n. 7 de los Cahiers de l’umbo). Ahora, en La Laguna, La Espera Ediciones vuelve a editar este poemario muy especial que vio la luz por primera vez en la misma ciudad en 1981.
Estas tres ediciones incluyen todas los dibujos de Luis Ortiz Rosales, hechos, como los poemas, en la prisión de Fyffes, donde la canalla franquista había encerrado a ambos, como a tantos otros, en la terrible represión que siguió al levantamiento militar, cuyo éxito en Canarias fue inmediato. La singularidad está en ir acompañado el poema, también, de una serie de collages muy interesantes de Silvia Navarro, el primero de ellos con una serie de barrotes de madera ante una playa insular, alusiva a la “isla de las maldiciones” en que se había convertido la isla de Agustín Espinosa y de Domingo López Torres. Es imposible no leer el texto que cierra Crimen (“Epílogo en las isla de las maldiciones”) sin pensar no ya en el naufragio del propio Espinosa, sino en la muerte de López Torres y tantos otros que fueron arrojados al mar metidos en un saco:
“Esta isla lejana, en la que ahora vivo, es la isla de las maldiciones.
Bulle a mi alrededor un mar adverso, de un azul blanquecino, que se oscurece en un horizonte marchito, vacío de velas latinas y de chimeneas trasatlánticas. Hay bajo mis pasos una masa de tierra parda bajo puñales curvos de cactus, higueras mórbidas y aulagas doradas. Sobre unas rocas frontales se desmayan las sombras violetas de unas garzas. (...)
¿De dónde ha venido ese grito que ha interrumpido de pronto la tarde y ha hecho volver a un mismo tiempo todos los ojos y todas las manos hacia un mismo punto vago y distante?
¿Y de quiénes son esos cadáveres que ha tendido la última marea sobre las playas del alba y de quiénes esas coronas de rosas y esos pasos silenciosos sobre la arena en sombra?”
El poeta Régulo Hernández dirige a López Torres cuatro breves y emotivos textos pidiéndole su “escritura de proa, de mascarón altivo, de verano incauto, de atlas sin frontera, abierta a las aguas y a los vientos”. Y titula estas notas “Suelo y cielo”, porque “suelo y cielo son, al fin, las cifras de tu entrega: inundación, resplandor, raíz, flor, estrella, hueco”.
Domingo López Torres solo contaba al morir 26 años, y sin duda hubiera sido uno de los grandes nombres de la cultura canaria. Su poesía iba forjándose, y como ensayista ya había logrado una perfecta madurez. En la España de su tiempo, solo él y Manuel Viola lograron defender el surrealismo con total lucidez y pleno conocimiento de causa, sin las deformaciones al uso. Comprometido en las luchas políticas y sociales de su tiempo, fue un objetivo inmediato de quienes protegían el orden abyecto que, tras la espeluznante colonización del territorio canario, allí se enraizó.
La reedición de Lo imprevisto –como su competente traducción francesa– es un acto de honor, porque además va revestido de la simpatía fraterna hacia unos poemas cuyo principal valor no reside solo, como el de tantos otros, en su calidad, o en lo “estrictamente poético”, sino en testimoniar cómo, en las circunstancias más trágicas y terribles, la poesía logra aflorar con su llama que también atraviesa los barrotes del tiempo.