lunes, 8 de abril de 2013

Breves



Esperamos referirnos con detenimiento, de aquí a un par de semanas, a esta interesante exposición de dibujos automáticos de Antonio Ramírez, componente del grupo surrealista madrileño. Sobre la singularidad de estos dibujos ya llamamos la atención a propósito del que apareció (Ángel de la electricidad) en el número 5 de l’impromptu. Se anunciaba entonces una publicación acompañada de un texto de Lurdes Martínez, que confiamos salga con el motivo de esta exposición.
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En la reseña que hicimos de los maravillosos Bocetos de Jorge Camacho, faltó celebrar un hecho poco común, como es el encontrarnos con un libro de arte sin el más mínimo apoyo oficial, ni siquiera museístico. En los tiempos que corren, esto es tan ejemplar como admirable. He aquí un libro bellísimo e intocable, al que no tenemos que arrancarles, como a tantos otros, las páginas iniciales, firmadas por los figurones de turno.
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El viernes 27, la Maison des Surréalistes de Cordes-sur-Ciel (Tarn) celebra en Clohars-Carnoët una jornada sobre “Los surrealistas y la Bretaña”. La presencia de André Breton en el Pouldu”, interviniendo Paul Sanda (“Los fundamentos del surrealismo”) y Bruno Geneste (“El surrealismo y la Bretaña”). Habrá un encuentro en torno a la obra de Filiger, con lecturas, debates, conferencias y la presencia de numerosos invitados.
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Jean-Claude Silbermann acaba de publicar Trois chameaux rue de la Convention? Investigations sur les rapports du surréalisme et de l’inconscient, con una encuesta al final y un total de 182 páginas
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Esta es una imagen de la exposición que celebra en Santiago de Chile Miguel Ángel Huerta, a cuyas pinturas hay que sumar estos intrigantes totems. Recordemos el título de la exposición: “Dialecto ancestral de dioses delirantes”.
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El showman Santiago Ribeiro expone con su equipo de seudosurrealistas en una galería de arte de Lisboa, y con apoyo bancario, esta vez de una cosa llamada Caixa Central de Crédito Agrícola Mutuo, sin duda más interesada en el negocio del arte que en administrar los restos famélicos de la agricultura portuguesa. Lo único entristecedor de estas exposiciones “internacionales” organizadas por Ribeiro, que en realidad no pasan de irrisorias, es la presencia de Isabel Meyrelles, una de las grandes figuras del surrealismo portugués y una poetisa y escultora magnífica, si bien ya se ha convertido en Comendadora de la Orden de Santiago de la Espada (en sus buenos tiempos principal orden militar de la caballería cristiana). Claro que mucho peor, por haber sido estandartes del surrealismo, es que un Mário Cesariny y un Cruzeiro Seixas, a quienes por ello ya les perdimos el respeto, hayan aceptado esa indignidad que se recibe de manos del Presidente de la República, o sea de un pernicioso demente como son todos esos farsantes que dirigen el pútrido cotarro mundial.
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Las exposiciones antisurrealistas de Santiago Ribeiro son muy bien aireadas por la página del Centre de Recherches sur le Surréalisme, que sin embargo dice de una reseña nuestra que es “relativamente injusta” y “subjetiva”. No negamos lo de “subjetiva”, puesto que está hecha por un sujeto, y en cuanto a lo primero, siempre hemos intentado ser absolutamente justos. Ahora bien: es un dato objetivo que G. M. Colvile es una figura desprestigiada en los medios del surrealismo, en particular tras haber citado estos versos de André Breton: “el acto del amor y el acto de la poesía / son incompatibles”, cercenando su continuación: “con la lectura del periódico en voz alta”, tan solo para que sirviera a sus universitarios intereses “objetivos”, y de ello da buena cuenta Dominique Rabourdin en el n. 35 de Infosurr. Pero además, entre otras lindezas, es la misma que calificó a André Breton de “burgués y misógino”, no sabemos si en aras de la “justicia” y la “objetividad”.
Más bien he sido siempre indiferente –olímpicamente indiferente– a los ataques al surrealismo, pero tengo a bien tomarme los ataques a André Breton como personales, y por tanto nada de lo que lleve la firma de la citada estudiosa, u organice esa firma, merece mi mínima atención. Lo mismo puedo decir de Whitney Chadwick, cuya “debilidad intelectual” ya denunció en 1987 Jose Pierre y sobre quien todo, o casi todo, lo ha dejado dicho Guy Ducornet en Les parasites du surréalisme o en el n. 62 de la misma Infosurr, pero que yo siempre asociaré al pasaje en que celebra la I Guerra Mundial –polemizando con la condena absoluta de André Breton– porque permitió a algunas mujeres liberarse del trabajo doméstico, y gracias... al trabajo fabril. No podría, en cambio, ya que se me pide ser “relativamente justo”, colocar en el mismo paradigma a Dawn Ades, especialista en la “historia” y la “estética” del surrealismo, pero que no llega a los extremos infames, con el surrealismo en general y con André Breton en particular, de las Colvile, Chadwick, Lewis, Caws, Riese-Hubert, Richard, etc., o los Kuenzli, Polizotti, Clair, Spector, etc. Toda esta gente, por lo visto, espera que, después de haber escupido sobre los demás (y en este caso sobre lo que los excede absolutamente), se les echen flores.
Claro que una cosa son los estudiosos del surrealismo y otra el surrealismo, y aunque en algunas ocasiones no haya un foso entre los primeros y el segundo, esta es una página no sobre el surrealismo sino del surrealismo. Por lo que acabaré con esta declaración de un surrealista, creo que Vincent Bounoure:
“Sabemos que navegamos contra la corriente, o mejor, contra varias corrientes, pero lo hacemos con nuestro propio barco y con nuestros propios remos. No dependemos de ninguna otra embarcación ni nos agarramos a ninguno de los troncos que descienden por la corriente masificadora”.

Collection de l’umbo

La  serie Passage du sud-ouest de la Collection de l’umbo se enriquece con dos nuevos cuadernos que tienen en común llevar ilustraciones de Jean-Pierre Paraggio.
Los poemas de Jean-Yves Bériou se inspiran en los característicos dibujos de Paraggio, con sus misteriosas aves picudas y una atmósfera penumbrosa en que dominan, según, el verde, el azul, el rojo.


Este que tenemos aquí origina los siguientes versos:
En el fondo de los bosques, el mar, sus zorros invisibles, la espuma sangrando,
Y el pájaro lira, su cabeza enfurruñada de rata, sus manías, sus Manilas.
Su corona de aquí abajo, sus silencios del más allá: la rabia no tiene nombre.
“Pulpo azul del corazón, viajero que da vueltas y vueltas en la jaula de los días.”
No he hecho yo la traducción, porque  los cinco poemas los ha traducido en las mismas páginas Ildefonso Rodríguez, siguiendo una apertura hacia la lengua española habitual en el umbo, y rara en áreas francesas. El título del poemario es Et on s’en va, o sea Y allá vamos.


Para el poema de Louis-François Delisse, À Gambo enterrée au cimetière de Thiais depuis le 3 janvier 2011, Jean-Pierre Paraggio ha elaborado cuatro estelas a partir de un herbario anónimo. El poema se une a otras muy bellas evocaciones de amadas arrebatadas por la muerte –las primeras que se me vienen a la memoria son Fernanda de Ernesto Sampaio y Une goutte d’éternité de Alain Joubert. Poesía de pura emoción, por encima de toda valoración, en 76 pequeñas estrofas sacadas de una serie de carnés.
Ce ciel d’été presqu’infini
descendra-t-il dans ta tombe
recolorer enfin tes yeux ?

Romanticismo “negro”

Max Ernst, La balsa, 1927

Mis sueños fueron terriblemente turbados por las apariciones del Ángel de lo Bizarro (Poe).

La exposición del museo de Orsay no ha dado el típico catálogo de varios quilos, sino un simple número de la revista BeauxArts, con 66 páginas de muchas ilustraciones (algunas muy poco conocidas) y textos breves pero acertados. El título completo de la exposición es “El Ángel de lo Bizarro. El romanticismo negro, de Goya a Max Ernst”.
Organiza la exposición Côme Fabre, quien en una entrevista inicial ya se gana nuestras simpatías al apoyarse en Annie Le Brun.
Florelle Guillaume presenta la galería de textos, situando los tres momentos del romanticismo negro (o “frenético”, que es otra designación muy bonita): romanticismo propiamente dicho, simbolismo y surrealismo. En el comienzo sitúa a Goya y a Fuseli, el primero en tanto “obsesionado por la locura” y el segundo atento al “espectáculo de lo sobrenatural”. Thomas Schlesser analiza La pesadilla de Fuseli, aunque lo que nos ha impactado ahora es su increíble retrato La locura de Kate.
François Angeller se ocupa de la literatura como “fantástica inspiradora”, con Shakespeare, Dante, la novela gótica, Goethe, Hugo, Hoffmann, etc. El destaque en este capítulo va hacia las “tintas místicas” de Víctor Hugo.
Vuelve Florelle Guillaume, para hablar ahora del paisaje como “estado de alma”, con los alemanes “exaltados por la inmensidad de la naturaleza”, los anglosajones “fascinados por el apocalipsis” (fabulosas imágenes de Samuel Colman y John Martin), los franceses “arrastrados por el soplo del romanticismo”, los belgas “obsesionados por las ciudades muertas” y la Noruega vista por Munch, “expresionista y opresiva”.
Con Pierre Pichon avanzamos hacia el simbolismo en su vertiente más sombría, cuando la muerte se adueña de “un arte desencantado”. La nota especial se dedica aquí al mundo angustioso de Edvard Munch.
Thomas Schlesser se ocupa de “Las criaturas de las tinieblas”: las fuerzas del mal, los héroes de los cuentos macabros, los ídolos de la perversidad, las apariciones del espiritismo y “el arte embrujado”.
Y por fin llegamos al surrealismo, que Malika Bauwens ve como “la última liberación del sueño y del inconsciente. Mucho habría que decir sobre el surrealismo y el “romanticismo negro”, y no digamos nada si no nos detuviéramos en Max Ernst (y el inevitable Dalí) sino que lo abarcáramos en su totalidad. Se reproduce aquí un cuadro ernstiano de 1927, La balsa, cuya forma de medusa hace obvia la relación con la obra de Géricault.
El surrealismo tiene también mucho que decir en la materia que ocupa el último capítulo de esta exposición, y que ha sido todo un acierto incluir: el cine en tanto “heredero más fiel e inventivo de la tradición romántica negra” (Côme Fabre). Atiende la cuestión Armelle Fémelat, en el artículo “Y de repente, los monstruos se animan...”, donde comienza por afirmar que “Goya, Friedrich, Fuseli, Delacroix y Böcklin se cuentan entre las principales fuentes de inspiración de los cineastas del romanticismo negro”. Desfilan aquí El gabinete del doctor Caligari, El crimen del Dr. Warren, Nosferatu, Las tres luces (una película que fue decisiva para Luis Buñuel), La carreta fantasma, La brujería a través de los tiempos, el Frankenstein de Whale, La caída de la casa Usher (en la versión Jean Epstein, que aplastaría medio siglo después Jan Svankmajer ) y el Vampiro de Dreyer (inspirado en Le Fannu, pero a su lado, y al de la mayoría de las obras anteriores, un flácida muestra esteticista), en una lista que, por supuesto, se limita a los primeros estadios del cine. Muy fina es la nota que Armelle Fémelat hace de “los paisajes de Friedrich al servicio de Murnau”, acompañada de una instantánea de Nosferatu y de la pintura Hombre y mujer contemplando la luna de Friedrich, sorprendentemente similares en su escenificación.

Centenario de Endre Rozsda

Endre Rozsda, Triste reír, 1983-1991

Endre Rozsda fue la figura principal del surrealismo entre los artistas húngaros del siglo XX.
Nació en Mohacs el 18 de noviembre de 1913, y a los cuatro años ya estaba dibujando calzados de mujeres, como poco después perfiles femeninos. En 1926 observa el trabajo de los pintores locales y se fija sobre todo en los lienzos raspados que conservaban las trazas de las pinturas precedentes, encontrándolos “mucho más bellos y misteriosos que los cuadros finalizados”.
En 1938, huyendo de la invasión nacional-socialista de su país, viaja por primera vez a París. Se produce un cambio radical en su pintura, a la vez que se siente próximo al surrealismo. Inspirado por Max Ernst y por Yves Tanguy, a lo largo de los años 40 ya comenzará a desarrollar una obra muy original.
En 1943, ligado a la Resistencia, al ser buscado por la policía francesa retorna a su país. Cinco años después, le cae encima el régimen comunista, volviendo a la clandestinidad, que ya conocía bajo las ocupaciones nacional-socialistas de su país y de Francia. El gobierno disuelve la Escuela Europea, que él había fundado, no tiene derecho a vender sus cuadros y vive ilustrando libros infantiles a la vez que hace, a escondidas, cientos de dibujos. En 1956, participa en la exposición antioficial de los Siete, en Esztergam, días antes de que estalle la revolución húngara. Cuando entran los tanques rusos en Budapest, amenazado de nuevo, y poco atraído por sufrir nuevos años de represión y humillación, decide dejar definitivamente su país.
Es entonces cuando establece amistad con André Breton. Recién llegado, tras varios días de errancia por la urbe, se dirigió con sus dibujos a la galería de Simone Collinet (o sea Simone Kahn/Breton): “Al ver ella los dibujos, telefoneó inmediatamente a André Breton, quien, siempre llevado por su maravillosa curiosidad, llegó en seguida y decidió escribir el texto para el catálogo de mi exposición. Cuando iba a visitarlo, yo me convertía en un hombre diferente. Breton era como un diamante en la noche”. El texto de Breton está incluido en Le surréalisme et la peinture, y aparece ilustrado por Amor sagrado, amor profano, pieza de 1944.
Rozsda participa en la exposición internacional del surrealismo que se celebra en 1961 en la galería Schwarz de Milán, apareciendo ese mismo año un dibujo suyo en el primer número de La Brèche. Traba amistad, entre otros, con Joyce Mansour, quien le dedicará estas bellas palabras, para el catálogo de su exposición de 1963
“Un tableau de Rozsda, cela fait penser à l’extravagant gaspillage de la forêt autumnale, aux pommiers en fleurs après la mort du soleil, à l’or oculaire, malléable et immobile, tout frais sorti des chants du pays des Magyars, à la melodie fauve des charrettes qui passent et repassent dans le demi-soleil sans prendre une seule brindille d’étoile, à l’ombre salée des réverbères oubliés sur le trottoir, aux belles armoires en forme de coeurs, aux corps planétaires de terrible densité captifs de ces coeurs, aux cellules de l’enfance, au réveil. Oui, cela fait penser au réveil de celui qui croyait dormir sur un précipice et qui n’attendit point la mort pour s’envoler”.
Endre Rozsda disfruta de buenas publicaciones. En 1998, una retrospectiva en su país originó un catálogo muy rico, con un buen texto de Krisztina Passuth, unas “notas estilísticas” de David Rosenberg, algunos escritos suyos y una larga entrevista en la que el artista mostraba su finura y su lucidez. Manifestando su poco interés por vender cuadros, refiere que solo pinta de 6 a 8 anuales. Evoca luego al farmacéutico Csontváry, el gran pionero húngaro, que Breton situaba entre el aduanero Rousseau y el cartero Cheval y del que Rozsda dice que estaba “completamente fuera de su tiempo, y a la vez completamente en la verdad”. Sus pintores son Tanguy y Miró, “bombas visuales en la naturaleza”, que “todo lo inventan”. Muy bellas son sus reflexiones sobre el tiempo, que luego encontraremos en los textos de él reproducidos: “Recuerdos”, “Pensamientos” y “Meditaciones”. Como de costumbre, los estudiosos no están a la altura de lo que estudian, y así Krisztina Passuth habla del “código surrealista” y el entrevistador del “espíritu de capilla”, nada de lo cual les corrobora Endre Rozsda, quien incluso le responde al segundo: “Los pintores surrealistas son muy diferentes los unos de los otros. El surrealismo ofrecía sobre todo una estimulación del espíritu. Sí, no era una aventura puramente pictórica como el puntillismo o el cubismo. Era un espacio de búsqueda. Y yo he pasado por ahí. Años después, le he preguntado a Breton si yo era surrealista, y me ha respondido que mi pintura no era surrealista, pero que mi concepción de la existencia sí lo era, y por tanto yo era forzosamente surrealista”.

E. Rozsda, Mezla de la realidad vivida y pintada, c. 1980
 
En 2001, un catálogo enorme de su obra gráfica se publica en Budapest, incluyendo un artículo de Sarane Alexandrian, quien, al referirse a su labor pictórica, plástica y fotográfica, escribe: “Rozsda, el pintor de los tres rostros y de los mil dedos: así es como se lo puede describir cuando se entra en el dominio de su arte complejo”; y también: “Los cuadros de su madurez son la negación del vacío. Representan una realidad que estalla, cuyos fragmentos coloridos se reúnen como al azar, se acumulan o se amontonan sobre la superficie de la tela no dejando ningún intersticio entre ellos, donde incluso los blancos son elementos de soldadura y contribuyen a dar la impresión de un espacio pleno, aunque fragmentado”. En 2002 aparece en Somogy Rozsda, l’oeil en fête, con los textos de Breton y Alexandrian, más otro de Edouard Jaguer, extenso y titulado “Endre Rozsda, arqueólogo de la mirada”. En 2004 fue su faceta de fotógrafo la revelada, por el Museo Húngaro de la Fotografía (Roszda. Un peintre photographe), y en 2010 ha aparecido una película de Jozsef Böjte sobre él, con una entrevista realizada en sus últimos años. En el muy reciente Dictionnaire André Breton, Françoise Py le dedica una buena nota.
El volumen fotográfico merece destacarse, ya que la actividad fotográfica del artista, aunque nunca expuesta al público, arroja la cantidad de dos mil fotos realizadas de los años 20 a los 90, con muchas fotos de la naturaleza y en casos muy significativos una clara interacción con su pintura. Todas se encuentran hoy en el citado museo húngaro.
 “Espero que algo imprevisto, algo que no he imaginado pueda suceder”.
Sobre la Escuela Europea:
 

lunes, 1 de abril de 2013

Philip Lamantia/Will Alexander: Entre poetas anda el juego


Entre 1987 y 2013, Will Alexander ha publicado una impresionante cantidad de libros donde se reconoce el surrealismo, que para él es “un estado eléctrico de pensamiento, una fuerza, un impulso cristalino”. De poesía son Vertical Rainbow Climber (1987), The Sratospheric Canticles (1995), Asia & Haiti (1995), Above the Human Nerve Domain (1998), Exobiology As Goddess (2005), The Sri Lankan Loxodrome (2009), Compression & Purity (2011), Aboriginal Salt: Early Adivinations (2012) y Kaleidoscopic Omniscience (2012), este último incluyendo Asia & Haiti, The Sratospheric Canticles y Impulse & Nothingness. De ficción, Arcane Lavender Morals (1994), Sunrise in Armageddon (2006) y Diary as Sin (2011). De filosofía, Towards the Primeval Lightning Field (2006) y Mirach Speaks to his Grammatical Transparents (2011). De ensayos, Inalienable Recognitions (2010), On the Substance of Disorder (2011) y Singing in Magnetic Hoofbeat (2012). De teatro, Inside the Earthquake Palace (2011). La mayoría de estos títulos es un buen índice del registro de este escritor  tan original como profundo, pero todo Will Alexander está presente poderosamente en el que nos toca hoy anotar, y celebrar: The Brimstone Boat. For Philip Lamantia.
Este barco de azufre, “en perpetua exploración”, es el barco alquímico de uno de los más grandes poetas que ha dado América: Philip Lamantia, a quien tan intensamente recordamos siempre. A lo largo de unos dos mil versos, Will Alexander se dirige a aquel para quien la poesía era “la vida más pura”, y que por tanto rechazaba todo lo pedestre y prosaico. Sus palabras son fruto no solo de la lectura de Lamantia, sino del trato directo que sostuvo con él –de hecho, Lamantia incluso conoció “The Brimstone Boat” en su formulación original.
Por el poema pasan los nombres luminosos de Breton, Artaud, Poe, Baudelaire, Péret, Lam, Borduas (por su Refus Global) y Miró (por sus Constelaciones), aunque también, en sentido contrario, los inicuos de un Ezra Pound –“viejo romano comedor de sangre”, con sus “embellecidas doctrinas”– o un Marinetti, ambos más cercanos a “los hechizos obscenos de los navegantes que envenenan el mar con su colmena de traidoras toxinas morales” que al bello “poder de la anti-estética”.
Siguen a “The Brimstone Boat” tres poemas también de carácter cósmico y también precedidos, como aquel, de un epígrafe de Lamantia. La dificultad de muchas de las referencias que maneja Will Alexander hace que tras los cuatro poemas venga un glosario en que se combinan explicaciones de física, ciencias naturales, geografía, mitología, viejas civilizaciones, religiones remotas, etc.
Los cuatro ensayos siguientes no dejan de insistir en la miseria de la vida “moderna” tal y como se cuece en las sociedades actuales, en “un mundo en que textos seminales no son leídos, y en que alguien de la estatura de André Breton permanece crónicamente desconocido”.
La mandálica portada de The Brimstone Boat, aunque diseñada por Tom Bhurns, no deja margen de dudas acerca de su autora, que es por supuesto Marie Wilson. En 1970, Philip Lamantia le pidió para el frontispicio de The Blood of the Air el dibujo Aspectos de la Adivinación, y luego ella hizo la pintura, derivada del dibujo, acabándola en 1979 y que ahora funciona como idóneo pórtico al poema de Will Alexander dedicado a Lamantia. Del mismo modo, el frontispicio lleva el dibujo de Marie Wilson Guardianes contra el miedo. Will Alexander aprovecha para homenajear también a esta “sublime artista surrealista”, cuya obra, una vez vista, “es imposible de olvidar”. ¡Y tanto que lo es!
“you the captain / atop the hull of the brimstone boat / erudite with your deltas / with your ghosts from dazed Phoenician settlements”

El “multiverso” de Rik Lina


Acaba de publicarse en Amsterdam, por una editora de la red, la mayor monografía dedicada a Rik Lina, un bello libro de 240 páginas a todo color, titulado Multiversum. Los textos, numerosos, e incluida una entrevista por Laurens Vancrevel vienen solo en neerlandés, pero hay la intención de una edición en la lengua del Kubla Khan.
Desde los años 60, Rik Lina lleva a cabo, incansablemente, una de las aventuras más espléndidas y fascinantes que ha podido generar el automatismo. Para él sin duda que el automatismo no ha sido el “infortunio” de que habló en 1933 André Breton, en una declaración que los espíritus académicos gustan de citar, y además aislándola de su contexto, ya que Breton lo que hace allí es defender la autenticidad del verdadero automatismo, que por supuesto es incuestionable en un Rik Lina y que Breton defenderá siempre. Es más, en él se ha dado modélicamente la apertura sistemática al automatismo colectivo, gran aportación del grupo Capa, en una labor hoy continuada por la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism, que afila sus armas en la costa centrooccidental de Portugal, donde reside el artista la mitad del año.
La aventura surrealista de Rik Lina, potenciada además por su pasión hacia los espacios en que la naturaleza manifiesta su belleza convulsiva, y en particular hacia las profundidades marinas, es una de las que más nos apasionan en el panorama creativo del surrealismo de estas últimas décadas, y de ahí que nuestra antena esté siempre bien situada para recibir sus ondas. Aquí podemos ver dos de las pinturas contenidas en Multiversum: arriba, Medusa. Danza pelágica, de 2000, y ahora Venganza verde, de 2008:

Obras recientes de Víctor Chab


Siendo cierto que, a lo largo y ancho del planeta, los infinitos museos, galerías y fundaciones artísticas no son más que templos del bostezo, aquí, en “Surrealismo internacional”, damos cuenta de vez en cuando de unas pocas excepciones en que rigen los valores antiguos de la imaginación y la pasión. Una de esas excepciones es la exposición de últimas obras de Víctor Chab que se inaugura el próximo viernes.
En 2002 se publicó el libro esencial sobre una de las grandes figuras que el surrealismo ha dado en tierras argentinas, enfocando toda su obra desde 1947 hasta dicho año. Con 212 páginas y ricamente ilustrado, este volumen editado por el Palais de Glace, incluía textos, entre otros, de Édouard Jaguer, Julio Llinás, Enrique Molina, Aldo Pellegrini y Juan Andralis (que fue quien le descubrió el surrealismo a un muy joven Víctor Chab).
Con motivo de la exposición que originó el catálogo, Floriano Martins entrevistaba en el n. 31 de Agulha al artista, quien manifestaba su total adhesión al surrealismo, rechazando de paso todas las operaciones liquidacionistas:
“Si bien los fundamentos del surrealismo están muy claramente expuestos en el primer manifiesto de 1924, a partir de ese mismo año se le dio por muerto sistemáticamente, por los espíritus idiotas que no vieron más allá de sus narices. Estoy de acuerdo en que el límite que Jean Schuster establece entre el surrealismo histórico y el eterno –con la muerte de Breton– es una violencia golpista y arbitraria y totalmente innecesaria. Carece de fundamento teórico”.
Con respecto al surrealismo y a su propia aventura plástica, también merecen citarse estas otras palabras suyas, en la misma entrevista:
“En el año 2001, Aldo Galli describe mi pintura como oscilando entre el surrealismo y el expresionismo. Y bien, no solo él sostiene esta idea, sino que muchos otros hablan de este maridaje. A mí no me incomoda en absoluto esta idea, porque algo tiene de real. El surrealismo ha tenido históricamente todo tipo de influencias, que no le han quitado nada de su fuerza esencialmente revulsiva. Y en cuanto al expresionismo en particular, es un movimiento al que yo me siento ligado y que ha dado pintores de la talla de Grosz, Schiele, Dix, etc. Yo concibo el arte de pintar como el camino de la gran libertad. De igual manera que transité por caminos distintos y opuestos, en la actualidad mi obra está fijada al desnudo femenino; el cuerpo de la mujer no tiene igual como cantera para las variaciones estéticas y me produce un placer sin límites. El surrealismo tiene la particularidad maravillosa de no basarse en un corpus técnico como el cubismo, el fauvismo o el neoplasticismo, donde los fundamentos están basados estrictamente en la descomposición de la figura (cubismo), la plenitud del color (fauvismo) o la geometría ortogonal (neoplasticismo). El surrealismo nos abre las puertas a lo desconocido. Todas las formas y todas las técnicas pueden adscribirse a las fantasías más delirantes: figuración o no figuración, y todas las variantes de la reunión de los contrarios”.
De seguro que estas obras recientes de Víctor Chab –y la pintura que aquí vemos ya lo evidencia– hacen cierta la predicción de su amigo Édouard Jaguer, para quien el artista argentino seguiría “renovándose, sorprendiéndonos y jugando siempre, valientemente, con el fuego de las imágenes”.