lunes, 1 de abril de 2013

Philip Lamantia/Will Alexander: Entre poetas anda el juego


Entre 1987 y 2013, Will Alexander ha publicado una impresionante cantidad de libros donde se reconoce el surrealismo, que para él es “un estado eléctrico de pensamiento, una fuerza, un impulso cristalino”. De poesía son Vertical Rainbow Climber (1987), The Sratospheric Canticles (1995), Asia & Haiti (1995), Above the Human Nerve Domain (1998), Exobiology As Goddess (2005), The Sri Lankan Loxodrome (2009), Compression & Purity (2011), Aboriginal Salt: Early Adivinations (2012) y Kaleidoscopic Omniscience (2012), este último incluyendo Asia & Haiti, The Sratospheric Canticles y Impulse & Nothingness. De ficción, Arcane Lavender Morals (1994), Sunrise in Armageddon (2006) y Diary as Sin (2011). De filosofía, Towards the Primeval Lightning Field (2006) y Mirach Speaks to his Grammatical Transparents (2011). De ensayos, Inalienable Recognitions (2010), On the Substance of Disorder (2011) y Singing in Magnetic Hoofbeat (2012). De teatro, Inside the Earthquake Palace (2011). La mayoría de estos títulos es un buen índice del registro de este escritor  tan original como profundo, pero todo Will Alexander está presente poderosamente en el que nos toca hoy anotar, y celebrar: The Brimstone Boat. For Philip Lamantia.
Este barco de azufre, “en perpetua exploración”, es el barco alquímico de uno de los más grandes poetas que ha dado América: Philip Lamantia, a quien tan intensamente recordamos siempre. A lo largo de unos dos mil versos, Will Alexander se dirige a aquel para quien la poesía era “la vida más pura”, y que por tanto rechazaba todo lo pedestre y prosaico. Sus palabras son fruto no solo de la lectura de Lamantia, sino del trato directo que sostuvo con él –de hecho, Lamantia incluso conoció “The Brimstone Boat” en su formulación original.
Por el poema pasan los nombres luminosos de Breton, Artaud, Poe, Baudelaire, Péret, Lam, Borduas (por su Refus Global) y Miró (por sus Constelaciones), aunque también, en sentido contrario, los inicuos de un Ezra Pound –“viejo romano comedor de sangre”, con sus “embellecidas doctrinas”– o un Marinetti, ambos más cercanos a “los hechizos obscenos de los navegantes que envenenan el mar con su colmena de traidoras toxinas morales” que al bello “poder de la anti-estética”.
Siguen a “The Brimstone Boat” tres poemas también de carácter cósmico y también precedidos, como aquel, de un epígrafe de Lamantia. La dificultad de muchas de las referencias que maneja Will Alexander hace que tras los cuatro poemas venga un glosario en que se combinan explicaciones de física, ciencias naturales, geografía, mitología, viejas civilizaciones, religiones remotas, etc.
Los cuatro ensayos siguientes no dejan de insistir en la miseria de la vida “moderna” tal y como se cuece en las sociedades actuales, en “un mundo en que textos seminales no son leídos, y en que alguien de la estatura de André Breton permanece crónicamente desconocido”.
La mandálica portada de The Brimstone Boat, aunque diseñada por Tom Bhurns, no deja margen de dudas acerca de su autora, que es por supuesto Marie Wilson. En 1970, Philip Lamantia le pidió para el frontispicio de The Blood of the Air el dibujo Aspectos de la Adivinación, y luego ella hizo la pintura, derivada del dibujo, acabándola en 1979 y que ahora funciona como idóneo pórtico al poema de Will Alexander dedicado a Lamantia. Del mismo modo, el frontispicio lleva el dibujo de Marie Wilson Guardianes contra el miedo. Will Alexander aprovecha para homenajear también a esta “sublime artista surrealista”, cuya obra, una vez vista, “es imposible de olvidar”. ¡Y tanto que lo es!
“you the captain / atop the hull of the brimstone boat / erudite with your deltas / with your ghosts from dazed Phoenician settlements”

El “multiverso” de Rik Lina


Acaba de publicarse en Amsterdam, por una editora de la red, la mayor monografía dedicada a Rik Lina, un bello libro de 240 páginas a todo color, titulado Multiversum. Los textos, numerosos, e incluida una entrevista por Laurens Vancrevel vienen solo en neerlandés, pero hay la intención de una edición en la lengua del Kubla Khan.
Desde los años 60, Rik Lina lleva a cabo, incansablemente, una de las aventuras más espléndidas y fascinantes que ha podido generar el automatismo. Para él sin duda que el automatismo no ha sido el “infortunio” de que habló en 1933 André Breton, en una declaración que los espíritus académicos gustan de citar, y además aislándola de su contexto, ya que Breton lo que hace allí es defender la autenticidad del verdadero automatismo, que por supuesto es incuestionable en un Rik Lina y que Breton defenderá siempre. Es más, en él se ha dado modélicamente la apertura sistemática al automatismo colectivo, gran aportación del grupo Capa, en una labor hoy continuada por la Cabo Mondego Section of Portuguese Surrealism, que afila sus armas en la costa centrooccidental de Portugal, donde reside el artista la mitad del año.
La aventura surrealista de Rik Lina, potenciada además por su pasión hacia los espacios en que la naturaleza manifiesta su belleza convulsiva, y en particular hacia las profundidades marinas, es una de las que más nos apasionan en el panorama creativo del surrealismo de estas últimas décadas, y de ahí que nuestra antena esté siempre bien situada para recibir sus ondas. Aquí podemos ver dos de las pinturas contenidas en Multiversum: arriba, Medusa. Danza pelágica, de 2000, y ahora Venganza verde, de 2008:

Obras recientes de Víctor Chab


Siendo cierto que, a lo largo y ancho del planeta, los infinitos museos, galerías y fundaciones artísticas no son más que templos del bostezo, aquí, en “Surrealismo internacional”, damos cuenta de vez en cuando de unas pocas excepciones en que rigen los valores antiguos de la imaginación y la pasión. Una de esas excepciones es la exposición de últimas obras de Víctor Chab que se inaugura el próximo viernes.
En 2002 se publicó el libro esencial sobre una de las grandes figuras que el surrealismo ha dado en tierras argentinas, enfocando toda su obra desde 1947 hasta dicho año. Con 212 páginas y ricamente ilustrado, este volumen editado por el Palais de Glace, incluía textos, entre otros, de Édouard Jaguer, Julio Llinás, Enrique Molina, Aldo Pellegrini y Juan Andralis (que fue quien le descubrió el surrealismo a un muy joven Víctor Chab).
Con motivo de la exposición que originó el catálogo, Floriano Martins entrevistaba en el n. 31 de Agulha al artista, quien manifestaba su total adhesión al surrealismo, rechazando de paso todas las operaciones liquidacionistas:
“Si bien los fundamentos del surrealismo están muy claramente expuestos en el primer manifiesto de 1924, a partir de ese mismo año se le dio por muerto sistemáticamente, por los espíritus idiotas que no vieron más allá de sus narices. Estoy de acuerdo en que el límite que Jean Schuster establece entre el surrealismo histórico y el eterno –con la muerte de Breton– es una violencia golpista y arbitraria y totalmente innecesaria. Carece de fundamento teórico”.
Con respecto al surrealismo y a su propia aventura plástica, también merecen citarse estas otras palabras suyas, en la misma entrevista:
“En el año 2001, Aldo Galli describe mi pintura como oscilando entre el surrealismo y el expresionismo. Y bien, no solo él sostiene esta idea, sino que muchos otros hablan de este maridaje. A mí no me incomoda en absoluto esta idea, porque algo tiene de real. El surrealismo ha tenido históricamente todo tipo de influencias, que no le han quitado nada de su fuerza esencialmente revulsiva. Y en cuanto al expresionismo en particular, es un movimiento al que yo me siento ligado y que ha dado pintores de la talla de Grosz, Schiele, Dix, etc. Yo concibo el arte de pintar como el camino de la gran libertad. De igual manera que transité por caminos distintos y opuestos, en la actualidad mi obra está fijada al desnudo femenino; el cuerpo de la mujer no tiene igual como cantera para las variaciones estéticas y me produce un placer sin límites. El surrealismo tiene la particularidad maravillosa de no basarse en un corpus técnico como el cubismo, el fauvismo o el neoplasticismo, donde los fundamentos están basados estrictamente en la descomposición de la figura (cubismo), la plenitud del color (fauvismo) o la geometría ortogonal (neoplasticismo). El surrealismo nos abre las puertas a lo desconocido. Todas las formas y todas las técnicas pueden adscribirse a las fantasías más delirantes: figuración o no figuración, y todas las variantes de la reunión de los contrarios”.
De seguro que estas obras recientes de Víctor Chab –y la pintura que aquí vemos ya lo evidencia– hacen cierta la predicción de su amigo Édouard Jaguer, para quien el artista argentino seguiría “renovándose, sorprendiéndonos y jugando siempre, valientemente, con el fuego de las imágenes”.

lunes, 25 de marzo de 2013

Los Bocetos de Jorge Camacho: una joya bibliográfica


Este libro de Jorge Camacho publicado en 2012 es un verdadero acontecimiento.
En capa dura y con cerca de 400 páginas de gran tamaño, consta de unos pocos pero jugosos textos, en español y en francés, llevándose pues la parte del león las numerosísimas reproducciones de dibujos y pinturas. Los bocetos de los lienzos de Jorge Camacho, en cuadernos, hojas sueltas y cartulinas, son más de 400 a lo largo de más de medio siglo, presentándose aquí una selección, muchas veces acompañados de la pintura resultante. Se trata pues, también de un recorrido por la obra de uno de los artistas más fascinantes y singulares del surrealismo.
El texto inicial, titulado “Bosquejos”, funciona como introducción y es magnífico. En él, Carmen Elías analiza la evolución de los bocetos, que ya al final hasta “sobrepasan el concepto de proyecto de un lienzo”. En realidad, nunca fueron “simples esquemas o trabajos preparatorios de las pinturas”, sino “el diario de a bordo de un completísimo artista que, apasionado por la lectura, la música y los amigos, era trabajador impenitente, ordenado, minucioso y siempre ansioso de conocer”. No obstante, Carmen Elías distingue luego entre el Camacho dibujante de bocetos y el dibujante sobre papel, mucho más surrealista este que aquel, y valiéndose de tinta china, pastel, acuarela y lápices de colores, para concluir, tras referirse a la caracterización bretoniana de la belleza (convulsiva): “El chamán Camacho fue siempre un amante desmedido de la belleza”.
El célebre texto de Breton (“Manigua al encuentro de Camacho”) es reproducido tras la reseña que Mario Carreño hizo en 1955 de su primera exposición, ya apuntando el impacto de las culturas indígenas americanas. Lleva pegado un sobre con la reproducción de esa preciosidad bretoniana que es el dibujo-dedicatoria de La lampe dans l’horloge, con la leyenda “llamas son flores donde yo vuelvo a la vida”, encontrada por Breton en una plancha de chimenea del rastro parisino, que tan asiduamente visitaba, en busca siempre de lo maravilloso.


El ensayo de Carlos M. Luis, que fue un gran amigo de Jorge Camacho, comienza: “Si algo distingue el Surrealismo de las demás corrientes del arte moderno, es su lectura emblemática de la naturaleza, basada en la analogía, y su atracción por el pensamiento primitivo”; del mismo modo, “si algo podemos distinguir en el arte de Jorge Camacho, es su continuo maravillarse frente a los pájaros, kachinas, árboles disecados, máscaras, bultos incas, ruinas mayas, totems, flores, insectos y tantas cosas más que conservan aún la fuente de donde «mana y corre» la poesía”. Carlos M. Luis recuerda el deslumbramiento de Camacho cuando descubrió, muy joven, las cerámicas de los indios mimbre, las pinturas de arena de los navajos y las máscaras y muñecas de los hopi y los zuñi, que Camacho coleccionaría apasionadamente: “la contemplación de ese mundo desconocido me conmovió profundamente, y fue un descubrimiento que con seguridad ha condicionado mi manera de ver la realidad”. Tal revelación lo llevaría de modo natural al surrealismo, del que dijo Camacho en 1998: “Solo el surrealismo, consciente de la precariedad creciente de nuestra condición en un mundo tan fragmentado, ha sido capaz de señalar la importancia de un desarrollo libre del espíritu creador, y de reconquistar por esta vía los poderes perdidos del hombre”. Carlos M. Luis concluye: “El encuentro de Jorge Camacho con el Surrealismo, con André Breton especialmente, resultó ser vital para su profesión. El Surrealismo le entregó las llaves de las puertas donde se entra al palacio de las Bodas Alquímicas de Christian Rosencreutz. Los surrealistas participaron de esas bodas, trayendo consigo los pocos tesoros de la imaginación que nuestra era no ha destruido. Jorge Camacho es uno de los guardianes de los mismos: mientras sus pájaros vuelen y sus kachinas dancen, la poesía podrá sentirse segura”. ¡Bellas palabras!
Los otros textos de Bocetos son un largo poema de Joyce Mansour inspirado en la obra de Camacho (“El imperio de la serpiente”), nueve breves y delicados poemas de Torgia dedicados al artista y un ensayo de Surpik Angelini (amigo suyo durante más de 40 años) en torno a su “arte cósmico”.
Encabezando esta escueta reseña, vemos La doble aparición de Monsieur H., que, junto a Le crâne de nuit, homenajeaba en 1964 a Jean-Pierre Duprey. En seguida, Tout l’excite y Le poisson mort, también del 64 y con unas palabras de Benjamin Péret: “Alegre como una iglesia convertida en matadero”.


Este es un hermoso libro, y uno de las mejores celebraciones que se pueden hacer de este mago prodigioso del Surrealismo y de la Poesía.

Mélusine, XXXIII

Este nuevo número de la revista de la Association pour l’Étude du Surréalisme (que anuncia ya el próximo, sobre el surrealismo y “la escena”) se abre con un dossier sobre la “autorrepresentación femenina”. Como su organizadora es Georgiana M. Colvile, un nombre suficientemente desprestigiado en los medios del surrealismo como para no solo desinteresarnos por ella, sino por todos los aláteres que colaboren con ella, saltamos ya a la página 207, en que comienza un “Homenaje a Leonora Carrington” que no mejora nada las cosas, ya que lo abre la propia para luego arremeter las profesoras Chadwick & Ades, de tal modo que este número no acaba por comenzar hasta la página 235, donde se abre un “Saludo a Rodanski”.
Pero atención: ¡el saludo a Rodanski es verdaderamente magnífico! El texto que lo abre, titulado “Los pasos reencontrados de Rodanski” y firmado por Vincent Teixeira, es incluso extraordinario, uno de los mejores que se le han dedicado (y no son pocos)  a este verdadero “explorador de los abismos interiores”. No le va muy a la zaga el siguiente, “Entre intercesión y reencarnación: Vaché bajo la pluma de Rodanski”, de Thomas Guillemin, ya que aborda con inteligencia y hondura la relación entre estas dos figuras enormes. El descubrimiento que hace Rodanski de las Lettres de guerre fue tan decisivo como el de los Cantos de Maldoror; además, para él funcionó como un bloque magnético (y como “un conjunto coherente”) el librito en que iban unidas dichas cartas a los tres prólogos de André Breton. “André Breton es surrealista en mí”, escribió en una ocasión Rodanski, que además se identificó con Vaché hasta el punto de verse un poco como su reencarnación. Un tercer trabajo, por Benoît Delaune, está dedicado a La victoire à l’ombre des ailes, visto como “texto-límite” que continúa cuestionándonos.
La sección “Documents & varieté” comienza con la presentación de un relato corto de Joyce Mansour, datado en 1958 y no recogido en el volumen de su obra completa (1991). Titulado “Soledades”, logra mantenernos, por supuesto, en las alturas de Stanislas Rodanski, quien levanta en nosotros tanto fervor como Joyce Mansour.
Vienen en seguida dos ensayos sobre Benjamin Péret, de buena factura. El primero, por Leonor Lourenço de Abreu, se titula “La Melusina tropical de Benjamin Péret”, y parte de la bella prosa “Melusina” que Péret publicó en 1958, para intentar  el análisis de “las ramificaciones semánticas de la constelación mítico-poética de la mujer-serpiente en sus avatares tropicales: las divinidades de los cultos afro-brasileños por una parte, y las entidades cosmogónicas de la tradición indígena y popular por otra”. Para dicho análisis, Leonor de Abreu se apoya en los trabajos peretianos sobre el candomblé y la macumba, así como en la admirable Antología de los mitos, leyendas y cuentos populares de América, mostrando cómo se articulan en Péret “el imaginario surrealista y el fondo antropológico mágico-religioso y primitivo brasileño”.
Richard Spiteri, autor de Exégèse de “Dernier malheur dernière chance” (2008), relaciona en su artículo a Péret con el poeta Léon-Paul Fargue, de quien André Breton dijo en el Primer manifiesto que era surrealista “en la atmósfera”, y que estuvo presente con dos poemas en Littérature y con una larga prosa en Minotaure. En 1929, desde São Paulo, Benjamin Péret dice que “merece nuestro respeto” y que “es un hombre admirable y uno de los personajes más originales que yo conozco”. Por desgracia –falta este dato en el artículo de Spiteri–, durante la Ocupación, Léon-Paul Fargue colabora en la prensa  antisemita y pronazi, lo que le valió un ataque furibundo del grupo surrealista La Main à Plume (“Carta a Léon-Paul Fargue”, 1943). En este artículo, se estudian muy bien tres “isotopías” que caracterizan los escritos de Fargue y de Péret: lo maravilloso, la destrucción del mundo y la creación del universo, con vistas a “señalar la originalidad del primero y constatar la capacidad del segundo para aportar un nuevo soplo a una idea recibida y construir un universo específico sin relación evidente con sus similares”. Spiteri descubre incluso coincidencias entre Fargue y el inconformismo surrealista, y recuerda su presencia en Le miroir du merveilleux, de Mabille, donde ilustra precisamente el motivo de la destrucción del mundo.
En la sección final, dedicada a la “Reflexión crítica”, hay una fina reseña, por Marc Jimenez, de los dos gruesos libros dedicados recientemente a la materia del surrealismo y la filosofía: Les philosophies d’André Breton, de Emmanuel Rubio (2011), y Potence avec paratonnerre. Surréalisme et philosophie, de Georges Sebbag (2012). Sobre esta última obra, se señala que “parece haberse ajustado enteramente a la idea surrealista: la del collage, yuxtaposición y entrelazamientos de imágenes mediadoras y enigmáticas al modo de Giorgio De Chirico”.


La otra reseña, por Raphaël Neuville, se ocupa de los Écrits de Adrien Dax, y viene en justo momento, ya que este año se celebra el centenario de esta muy importante figura del surrealismo, sobre quien ha escrito no hace mucho Jean-Pierre Lassalle: “Adrien Dax, a quien hemos conocido de 1959 a 1979, fecha de su muerte, fue el surrealista de Tolouse, gran amigo de André Breton y Benjamin Péret. Ingeniero de Genio Rural, tenía un dominio extraordinario del dibujo, y una muy viva inteligencia. Durante su cautiverio en un stalag de Alemania, leía y releía incansablemente las Enéadas de Plotino. Su cultura era inmensa. Solo ahora se comienza a medir la importancia que ha tenido en el Surrealismo”. En efecto, aunque cuando Raphaël Neuville lo llama “hombre desconocido”, hay que señalar que no para nosotros, puesto que  precisamente es el no haber querido “llamar la atención sobre sus búsquedas pictóricas”, así como “su voluntad orgullosa de mantenerse fuera de toda red oficial en beneficio de una aventura colectiva”, lo que nos ha hecho interesarnos más por él y conocerlo lo mejor posible. Esta reseña es una estupenda introducción al librito de Adrien Dax, publicado en 2010, y pasa revista no solo a sus escritos (respuestas a encuestas, reflexiones sobre el automatismo, “billetes” para Le Libertaire), sino a sus técnicas automáticas (entre ellas la “impresión de relieve”, derivada del grattage y el frottage) o a su interés por las monedas galas o las ciencias de la forma. Tras lamentar el no disponer de un catálogo de las creaciones de Adrien Dax, Neuville concluye afirmando que “su obra guarda, hoy aún, todo su poder de evocación”. Lo que suscribimos plenamente.
La revisión del artículo sobre Adrian Dax olvidó la información de las ilustraciones; es una pena no haya olvidado también la transcripción de las primeras 234 páginas, porque si no hubiéramos tenido uno de los mejores números de Mélusine.

lunes, 18 de marzo de 2013

Surrealistas de Chile


Enrique de Santiago, poeta, pintor y ensayista de actividad infatigable, acaba de publicar Frágiles tránsitos bajo las espirales, colección de 28 poemas, algunos muy extensos, seguida de un ensayo sobre el motivo de la espiral. El prólogo se debe a otro componente del grupo Derrame, Rodrigo Verdugo, quien nos refiere que este libro forma parte de un amplio proyecto plástico-literario.
Esta es una poesía de pasión y revuelta, que habla sin duda más el “lenguaje de los pumas” que el envilecido lenguaje de nuestro tiempo (lo de “nuestro” es por llamarlo de alguna manera).
“aprendí entonces del vuelo y su quehacer sin dogmas / nada más ni nada menos que la levedad de ascender sin maletas / sin prisiones / ni calzado / desnudo como nauta penúltimo en la espera / lejos de la sacristía indolente / donde la mano purpurada besa tanto a pobres / como a la mano hacedora de pobres / y salí al mundo / donde me agredieron los consensos / y surgí indemne en la risa”.
En su ensayo, que titula “Frágiles tránsitos sobre las espirales”, Enrique de Santiago narra su adentramiento en el mundo de la espiral, sin dejar de aludir al “largo e interminable derrotero del surrealismo”, en el cual sus pesquisas se insertan. Sin duda que “la Tierra toda obedece a las influencias de la espiral”, y ya Juan-Eduardo Cirlot, al analizar su simbología, mostraba cómo, a la vez que forma esquemática de la evolución del universo, la espiral es una invitación para entrar en su interior más íntimo.
La lectura de este libro, tanto en sus poemas como en su texto teórico, se enriquece bastante con la del ensayo excelente que Enrique de Santiago publicó en el reciente número cuarto de Agulha, y al que ya nos referimos aquí.
“pues se dice que hago poesía críptica, / cuando en realidad hablo el idioma coloquial / del universo”.


En la Sala terracota del Centro Cultural Scuola Italiana, Santiago de Chile, se celebra hasta el 10 de mayo la muestra “Dialecto Ancestral de Dioses Delirantes”, de Miguel Ángel Huerta. En la noticia de esta exposición, leemos:
“Este artista que se autodenomina «cazador de energías e imágenes», propone a través de sus pinturas y esculturas un estilo «primitivo-surrealista», creando imágenes asociadas a la estética e imaginería de los pueblos originarios dentro de contextos fantasiosos. Por tanto, su obra está poblada por seres rituales como chamanes, hierofantes, tótems y animales híbridos, que se desenvuelven en un escenario ritual como verdaderas puestas en escenas.
Su técnica es diversa, utilizando acrílicos, collage y diferentes materiales en la construcción de sus esculturas y pinturas. Por tanto, hablan de su versatilidad recurriendo a estos diversos recursos plásticos, dando forma a una obra que habla sobre la relevancia de los ritos, el contacto con la naturaleza y la transmutación de seres que recuerdan el particular inframundo que tenían las culturas indígenas”.

Derrame, con motivo de sus quince años de existencia, celebra este viernes una lectura- exposición en la Sociedad de Escritores de Chile, que se anuncia con esta muy bella imagen en que Victor Brauner concilia simbolismo y surrealismo.
Participarán los poetas Rodrigo Hernández Piceros, Rodrigo Verdugo Pizarro, Carlos Sedille, Aldo Alcota, Enrique de Santiago, Miguel Ángel Huerta, Magdalena Benavente, Carlos Delgado Páez, Lila Diaz Calderón y Rodia Ibaveda.

Breves

Jacques Lacomblez, La hora inmóvil, travesía, 2011

Nombre mayor del surrealismo, Jacques Lacomblez inauguró el pasado miércoles, en la galería Quadri de Bruselas, una exposición de pinturas y tintas recientes. Por dicho motivo, se publica, en Quadri, un nuevo cuaderno de poemas suyo, titulado Jetées d’exil y prefaciado por Jean-Michel Goutier.

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Esta imagen de Pierre-André Sauvageot es el frontispicio de la última autoedición de Guy Girard: Petit manuel de zoologie onirique. En la secuela del Abrégé d’histoire universelle vu en rêve, Girard nos ofrece ahora 31 breves sueños, registrados de 1978 a 2012 y protagonizados por “diversos animales que juegan un papel más o menos importante sobre la pantalla de mis noches”, animales que son sin duda, en cada sueño concreto, “emblemáticos mensajeros de algún conflicto interior”. He aquí la historia del “lince filosofal”:
“Siguiendo a dos desconocidos, bajo por una larga escalera de caracol que conduce a la puerta de un sótano. Entramos. Es un laboratorio de alquimista. Me inclino para mirar en un pequeño caldero el mercurio filosofal. Sobre su superficie progresa lentamente una onda. Salimos y, tras haber corrido el cerrojo, subimos. Más tarde, quizás al día siguiente, volvemos a bajar para contemplar el mercurio. Como se trata de algo peligroso,  me detengo prudentemente en los últimos escalones de la escalera cuando uno de mis acompañantes abre la puerta. De pronto, salta un lince que se disuelve en el aire desde que me roza, dejándome la impresión de que se encuentra ahora en el fondo de mi corazón”.

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Damos noticia de esta exposición de Vladimir Kubicek, quien, nacido en 1958, es una de las figuras permanentes del grupo surrealista Stir Up.

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El n. 9 del boletín universal y confidencial l’impromptu vuelve a combinar poemas e imágenes con ráfagas de noticias editoriales. Hay textos de asiduos como Olivier Hervy, Christine Delcourt, Daniel Giraud, Anne-Marie Beeckman, Louis-François Delisse, Joël Gayraud.
De Delisse es también una nota sobre el poeta y rebelde nigeriano del siglo XIX El Fellan’Ag Hawal, quien en 1847 (fecha del poema) animó una revuelta de los tuaregs contra los misioneros islamitas Peuls procedentes de la actual Mali, revuelta que se extendió al Hoggar argelino y al Aïr nigerian. El poema, verdadera belleza, es un canto encendido a la vida y a las mujeres, contra los rezos y los infiernos.
Joël Gayraud hace un divertido recuento de los potingues químicos que le han infligido desde su infancia, seguido de este párrafo final: “Recuerdo con delicia y melancolía toda esa química actualmente proscrita un poco en todas partes, o juzgada ineficaz, y que al menos tuvo la virtud de protegerme  de toda forma de canibalismo ecorresponsable”.
Entre las novedades anotadas, atención a Robert Lagarde, du geste à la parole, de Alain Joubert, y, del propio Lagarde, a Le masque de l’aveugle, ambos en las Éditions des Deux Corps. Gran amigo de Lagarde, Alain Joubert le dedicó una bella prosa en el n. 7 de Phases (mayo de 1961) y unas emocionadas palabras el día de su incineración, reproducidas en el n. 13 de Le Cerceau (verano de 1997).

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El nuevo número (II, 6) de la revista digital Agulha contiene tres trabajos que conciernen al surrealismo. En primer lugar, un extenso reportaje de su director, Floriano Martins, sobre Susana Wald, con entrevista inclusive. Luego, un enfoque del surrealismo en Argentina durante la era Pellegrini, por Miguel Espejo. Y por fin, una entrevista con el poeta colombiano Armando Romero, dedicada a la evocación de Juan Sánchez Peláez y de Gonzalo Rojas, y aprovechando para despotricar de Octavio Paz, visto como “la gran mentira cultural”, y de Stefan Baciu, cuya antología califica de “malísima” –la polémica está servida...

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En el museo de Orsay se celebra la exposición “L’Ange du bizarre. Le romantisme noir de Goya à Max Ernst”, que durará hasta el 9 de junio y cuyo catálogo comentaremos tan pronto nos llegue y podamos leer.

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Will Alexander ha publicado recientemente un poema en homenaje a Philip Lamantia, titulado The Brimstone Boat. Aparte el poema, de 81 páginas, que le da título, hay una serie de poemas más cortos, un glosario y cuatro ensayos. Las ilustraciones son de Marie Wilson y del propio Will Alexander, y también esperemos comentar de aquí a poco esta publicación, que ha aparecido en la editorial Rêve à Deux de Richard Waara. Otro flamante libro de Will Alexander, Kaleidoscopic Omniscience, reúne tres de sus publicaciones anteriores (Asia & Haiti, Impulse & Nothingness y The Stratospheric Canticles).