lunes, 18 de marzo de 2013

Dictionnaire André Breton

Este enorme volumen de Classiques Garnier consta de 1050 páginas dirigidas por Henri Béhar, quien se encarga de gran parte de los artículos, aunque los haya también de 13 colaboradores.
Lo esencial de una obra de estas características es, por una parte, que sea útil, y por otra, al tratarse de quien se trata, que no incurra en las habituales bajezas del vandalismo ilustrado. ¿Se cumplen ambas cualidades? Sin duda que sí. La inmensa mayoría de las entradas es seria y competente, y hay aquí muy poco o nada de esa inmensa plasta de agua contaminada y maloliente que han arrojado sobre Breton y el surrealismo –siempre a salvo de ella, por lo demás– los medios no solo periodísticos sino universitarios –en especial, por lo que se refiere a las últimas décadas de estos últimos, los estadounidenses y sus satélites internacionales (al respecto, nada más saludable –y admirable, por su valentía– que los dos libros de Guy Ducornet Le Punching-Ball & la Vache à lait, de 1992, y Les parasites du surréalisme, de 2002, ambos contra las infamias de la crítica universitaria norteamericana que se ha ocupado del surrealismo y de André Breton en particular).
Muy lejos estamos pues del cretinismo reinante en los despachos universitarios, aunque se hable en demasía de “estética” (hay verdaderos obsesos de la “estética surrealista”) y de vez en cuando de “surrealismo histórico”, o se den en ocasiones interpretaciones simplistas del carácter bretoniano, sometido siempre a la estereotipación.
Para dar una idea, por lo que se refiere a los artículos que me han parecido más destacados citaré, de Henri Béhar, los de Ágata, Alquimia, Alechinsky, Alouette du parloir, La inmaculada concepción, Itkine, Jarry, Melusine, Ocultismo, Pascal, Saint-John Perse y Surreal/Surrealidad; de Jean-Pierre Goldenstein, L’Air de l’eau y Entrevistas; de Stéphanie Caron, Cafés, Cheval y Música; de Michel Carassou, Colonialismo/Anticolonialismo, Reverdy y Revistas; de Françoise Py, Loubchansky y Cornell; de Jerôme Duwa, Darien, Estética (¡que dice las cosas claras sobre el surrealismo y esta materia!), Flamel, Lévi-Strauss y Sagrado; de Catherine Marchasson, Erotismo; de Emmanuel Rubio, Fourier y Lely; y de Jean-Claude Blachère, Profesión y Teatro. Los otros colaboradores son Elza Adamowicz (con muchos artículos sobre arte, acertados en general), Maryse Vassevière, Michel Bernard, Marie-Paule Berranger y Jose Vovelle, estas últimas con escasas entradas.
Al tratarse de una obra colectiva, no puede esperarse especial armonía en el tratamiento de la materia, y, así, frente a muchos otros, parecen excesivos los espacios dedicados a Albert Camus, Jean Paulhan, Maurice Blanchot o el idiota de Diego Rivera, y no sorprende, tratándose de Henri Béhar, la desmesurada importancia que se concede al casposo Tristan Tzara (dadaísta, antidadaísta, surrealista, antisurrealista, estalinista, antiestalinista); las entradas de Felicidad y Homosexualidad tampoco se comprenden mucho en su prolijidad, la segunda, con tres columnas, reflejando una vieja obsesión a partir de un par de declaraciones completamente circunstanciadas de André Breton. En contraste con todo esto, detectamos la ausencia de una entrada para Le la, último cuaderno poético de André Breton –1961–, sin duda con muchísima mayor importancia de la que podría inferir el hecho de constar solo de cuatro frases oníricas –Marie-Claire Dumas lo ha definido justamente como “el último balance del automatismo en el cual se ha fundado el surrealismo”, balance que venía a cerrar “cuarenta años de experiencia”.
En un conjunto muy acertado, hay unos pocos fracasos, en particular la entrada de Violencia (como siempre, sin contextualizar la célebre declaración de la pistola, y cuando hablo de contextualización me refiero más a la del propio texto que a la de la época, que es, en lo esencial, intercambiable con esta), la de Italia (no, no hay ningún “malentendido” en el repudio bretoniano de ese país y de lo que significa y representa), la de Leonora Carrington (que la deja en las tonterías a que se dejó llevar, por falta de energía intelectual, en los años 80, pero  no dice nada sobre sus declaraciones a Penelope Rosemont ya en los 90, ajustando cuentas con las universitarias feministas y sus “despreciables” libros –y por cierto que, en sentido inverso, el artículo de Gorky no se hace eco de su repudio final del surrealismo, que lo hubo) o la de Espera/Esperanza (palabras que, pese a lo aparente, poco o nada tienen que ver, la primera esencialmente surrealista y la segunda marcada para siempre por la maldición cristiana). Luego, hay un par de detalles que de pronto reveladoramente afloran, como cuando Jean-Claude Blachère larga que en los años 60 ya se estaba ante “un mundo surrealista muy viejo”.
Errores tiene que haber en una obra de estas características, y si los señalo aquí no es situándome en posición infalible, por supuesto, ya que en mi propio Caleidoscopio surrealista los hay, y más de la cuenta, algunos señalados por amigos y no tan amigos (e incorporados ya a una lista de adiciones y correcciones, en este mismo blog) y otros de los que no me debo haber ni enterado. Por tanto, apunto unos pocos con mero afán provechoso. En la entrada de España, se repite por enésima vez que en 1924 fue traducido el Primer manifiesto en la Revista de Occidente, pero lo único que hay es una reseña de Fernando Vela, titulada “Suprarealismo” (sic) y además llena de reservas, por no decir hostil. (Un escritor español, Juan-Eduardo Cirlot, que entabló importante relación con André Breton, y que fue en España un gran difusor del surrealismo, no se nombra en esta entrada ni tiene ninguna dedicada a él; y en cuanto al artista Miguel García Vivancos, hay que hilar fino, ya que es él quien se promocionó en París como “héroe anarquista”, cuando, a raíz de las fiables informaciones que sobre él da Miguel Amorós en La revolución traicionada, fue en realidad un negrinista simpatizante de los verdugos estalinistas, tuvo una conducta siniestra en la persecución del Poum y resultó funesto en la evacuación republicana a Francia). En el artículo de Cornell, La femme 100 têtes se ve convertida, a la usanza feminista, en La femme sans tête. La “Carta a los directores de los manicomios” no es de Antonin Artaud, quien se la solicitó a Robert Desnos y Théodore Fraenkel, redactándola aquel en su versión inicial; si es cierto que la idea era de Artaud, debe aclararse, quizás, que él no la escribió, ya que suelen considerarse todas aquellas incendiarias cartas como suyas (la de los rectores universitarios europeos se debe también, en su primera parte, a Michel Leiris). Por lo que respecta a Le marteau sans maître, señalado como el libro en que René Char “se distancia del surrealismo”, ello parece refutarlo el hecho de haber aparecido en las propias Éditions Surréalistes, y al menos sería bueno anotar ese dato. Y por último un lapsus, de la marca “muy habitual”: las Oeuvres vives de Gui Rosey aparecieron en 1963 y 1965, no 1983 y 1985.
En el capítulo bibliográfico, para terminar, voy a hacer algunas anotaciones también de intención solo enriquecedora, ya que este libro a mí mismo me ha aportado una decena de nuevas referencias. De Tanguy solo se cita el estudio de Patrick Waldberg, cuando la gran obra es el catálogo del centro Pompidou, 1982, con todos los textos capitales. El de Filosofía no sé si llegaba a tiempo de incluir Potence avec paratonnerre. Surréalisme et philosophie, de Georges Sebbag, publicado hace un año, pero quede aquí como referencia fundamental. De Sebbag también, en el artículo de Punto sublime, antes citar el admirable libro Le point sublime que el artículo “Le châpiteau étoilé”, y en el de Cafés podría nombrarse el que dedicó a esta cuestión en el volumen colectivo Théories des cafés. De Fleury Joseph Crépin merece sin duda apuntarse el soberbio volumen aparecido en Idée d’Art, 1999. De Benoît, esa joya de Filipacchi que debemos a Annie Le Brun (de quien también nos hubiera agradado mucho una presencia individualizada). De Claude Cahun, debe apuntarse que la monografía, ya modélica sin duda, que le consagró François Leperlier, fue revisada en un libro de 2006 que lo enriquece muchísimo (no se trata pues de una simple “segunda edición corregida y aumentada”). Curiosa es la bibliografía del artículo Arte primitivo, ya que está ausente de ella el espléndido libro Les totems d’André Breton. Surréalisme et primitivisme littéraire (L’Harmattan), cuyo autor es... uno de los colaboradores de este diccionario, Jean-Claude Blachère, quien hasta hubiera sido lógico que hiciera el artículo. Y cerrando ya, una extrañeza en la entrada de Benjamin Péret (y digo extrañeza porque lo ha hecho Jerôme Duwa, que conoce a la perfección la obra peretiana y hasta forma parte muy viva de la Asociation des Amis de Benjamin Péret), como es la de que no haya referencia al hermoso poema “Toute une vie”, que Péret escribió en la isla de Sein en 1949, dedicado a su amigo de toda una vida.
En suma, un libro en que los buenos conocedores de André Breton encontrarán muchas entradas irrelevantes, pero otras de notable interés y que se leen bien, y  un trabajo serio, y evidentemente muy útil para quien se acerca sin los prejuicios de rigor a la obra y la figura del hombre que dio en todas las dianas y abrió todas las trincheras que había que abrir, quedando claro por mi parte que las observaciones críticas que le he hecho deben considerarse, si comparadas al conjunto y al resultado final, y no digamos a lo que suele llegar de las universidades usa y sus aláteres, pecata minuta.

lunes, 11 de marzo de 2013

“Derrame” homenajea a Cruzeiro Seixas

El n. 8 de la revista surrealista chilena Derrame es un homenaje a Artur do Cruzeiro Seixas, quien actualmente debe ser el patriarca del surrealismo. A lo largo de 140 páginas, llenas de ilustraciones y poemas suyos, esta edición especial consigue no limitarse al aspecto conmemorativo, sino que también es una muestra de la vitalidad del grupo chileno, que componen en este momento Aldo Alcota, Carlos Sedille, Magdalena Benavente, Braulio Leiva, Rodrigo Verdugo Pizarro, Miguel Ángel Huerta, Enrique de Santiago, Roberto Yáñez y Rodrigo Hernández Piceros.
Cruzeiro Seixas, amigo del grupo chileno desde que este se formó, no necesita presentaciones. La fuerza y autenticidad de toda su obra, que no se parece a ninguna otra, han sido durante más de medio siglo un referente del surrealismo. Y Cruzeiro Seixas ha sido, además un firme, apasionado defensor del surrealismo durante toda su vida.
Sus amigos de Derrame participan con fuerza: Rodrigo Hernández Piceros, con un poema dedicado y el texto “Cruzeiro Seixas y la revista Derrame: sortilegio eterno de vida”; Aldo Alcota, con “El exaltante vértigo del surrealismo” y el homenaje pictórico El mago; Enrique de Santiago, con “El verbo lítico”, poema y pintura, y con una nota sobre el surrealismo portugués actual; Magdalena Benavente, con un poema y un collage; Rodrigo Mota, con el dibujo Cruzeiro Seixas dentro de la noche; Rodrigo Verdugo Pizarro, dedicándole el poema “Cuarentaiunavo anuncio”; Bruno Leiva, con el titulado “La sangre en la mirada”.


Aparte muchas ilustraciones o poemas que no se le dedican expresamente, hemos de resaltar textos e imágenes de nombres notables del surrealismo, casi todos con contribuciones expresas para este homenaje. De Laurens Vancrevel es el largo poema “Enigmáticamente, en todo sentido. Tributo a Cruzeiro Seixas”. De Carlos M. Luis el poema “Para Cruzeiro Seixas”. De Marcus Salgado, “Eu falo em chamas: la poesía de Cruzeiro Seixas”, breve pero fino ensayo donde caracteriza su poesía con estas tres palabras: visualidad, libertad y pathos. De John Welson es Artur do Cruzeiro Seixas Suite, además de un trabajo con el propio Seixas, hecho en 2006. De Nelson de Paula, “Arte en cuanto hambre”, “en homenaje a la realidad de Artur do Cruzeiro Seixas”, y acompañado de una ilustración con el mismo título. De Jean-Pierre Paraggio, el dibujo Memorias en homenaje a Artur do Cruzeiro Seixas. De Ludwig Zeller, un poema con el nombre de su amigo. De Rik Lina, Pavane (homenaje a Artur do Cruzeiro Seixas). De Guy Girard una prosa inspirada en el desierto del poeta-artista, y que concluye así: “Es ese desierto habitado por las mil y una promesas de un cuento de hadas viable el que recorre incansablemente Artur do Cruzeiro Seixas, desierto donde se puede felizmente regenerar la imaginación, y en la cercanía del cual, al revés de lo de Nietzsche, puede uno por fin exclamar: «Suerte y felicidad a quien oculta un tal desierto»”.
Destacaré también el ya clásico Retrato de Artur do Cruzeiro Seixas por Mário Henrique Leiria, de1949, y el objeto de Sergio Bonzón Ensayo sobre Artur do Cruzeiro Seixas. Marcan también su presencia el grupo deCollage, el Colectivo Cabo Mondego, Seixas Peixoto, João Rasteiro, Luiz Morgadinho, Pedro Prata, Jorge Kleiman, Carlos Barbarito, Gregg Simpson, Susana Wald, Renato Souza, Alex Januário, Konrad Zeller...
El número contiene asimismo una entrevista de 2005, donde Cruzeiro Seixas rechaza que su obra tenga que ver con ninguna “estética”, y un material de archivo, compuesto por cartas al grupo motivadas por la elaboración del homenaje. En este último bloque, Cruzeiro Seixas afirma que todo lo que ha hecho “fue apenas poesía escrita, dibujada o pintada”, llama la atención sobre dos pintores surrealistas portugueses a los que no se presta la debida atención: Carlos Calvet y Raúl Perez, y habla de un libro de aforismos que esperamos vea pronto la luz. Cruzeiro Seixas se nos retrata aquí óptimamente, en toda su desbordante energía, al igual que hacía en las cartas de Naufrágio de ilustraletrações, la preciosa publicación que le hizo la Livraria Alfarrabista Miguel de Carvalho.
En suma, un gran número de Derrame y el mejor homenaje posible a una figura central del surrealismo.

Ludwig Zeller, alquimista de la imagen


En Viña del Mar (Chile) se ha celebrado, desde el 24 de enero, la exposición de collages “Alquimista de la imagen. Ludwig Zeller”. En el cuadernillo de la invitación inaugural, escribe Ximena Olguín:
“Ludwig Zeller es un alquimista de la imagen, tanto en su prolífica e internacionalmente conocida obra poética, como en su obra plástica. Se ha dicho que su oficio ha sido «inventar a cada instante la libertad». Su imaginario es «un puente que atraviesa los mares del inconsciente» creando mundos maravillosos e inquietantes, a veces con una gran carga de humor, otras ahondando en los aspectos más profundos y delirantes del ser humano.
Zeller construye sus collages a partir de grabados antiguos representando animales, oficios y personas, que él saca de libros de fines del siglo XIX. Sus tijeras liberan estas imágenes del contexto original para presentar nuevas realidades. Al igual que en la poesía, en que conjuga verbos en un nueva sintaxis, Zeller transforma imágenes, creando un poema visual fecundo en metáforas y significados”.
Acompaña la exposición un pequeño catálogo con 11 poemas y 11 collages, porque, en efecto, Ludwig Zeller ha sido y es tan gran poeta como collagista, o, para decirlo al modo surrealista, es un verdadero poeta que se expresa tanto a través del verso como del collage.
Los collages y los poemas proceden del estupendo libro de Zeller Retorno al oasis, aparecido en 2010 y que incluía, entre otros, textos de Edouard Jaguer, Carlos M. Luis, Enrique de Santiago y Susana Wald.
Los collages van de 2000 a 2008 y del humor de “Profeta con burbujas en la cabeza”, “El huésped”, “Me recuerda a alguien” o “Amor a primera vista” al lirismo de “Los encantamientos”, “Alas contra el viento” o “Fuente de los encantamientos”. Los poemas son “Sentar cabeza”, “El faisán blanco”, “Dejar el mundo, nacer hacia otro sol...”, “Abro mi cráneo en dos”, “Extracción de la piedra de la locura” (dedicado, cómo no, al Bosco), “Por un amor salvaje, monto en pelo”, “Hay un error al fondo de ese vaso”, “Ceremonia mnemotécnica”, “Apoyado en la piedra de la noche”, “Distracción ontológica” e “Insomnio con escamas”. Especial emoción reviste el tercero, donde el poeta evoca a los amigos poetas ya desaparecidos: Rosamel del Valle, Enrique Gómez-Correa, Enrique Molina, Aldo Pellegrini..., para concluir: “La caravana pasa, vamos todos a celebrar / La poesía al otro lado, cerca del corazón donde se apagan / Los ausentes, esas llagas, esos fuegos errantes”. (Aún mayor emoción traspasa el hermosísimo, estremecedor poema “Si retorna el cometa”, dedicado a Susana Wald e incluido en Retorno al oasis junto al collage “Mujer en el centro de la vida”). “El faisán blanco” comienza con la afirmación de que “Todas las puertas dan hacia la noche”, mientras que “Sentar cabeza”, manifiesto de su rechazo a las componendas del mundo, concluye con estos exaltantes versos: “Hay que soñar despierto, la vida nos concede la luz / De esa memoria, el amor está aquí y en cada pétalo / Nos regala su gracia, la virtud de la vida, su locura”.
Llena de belleza ha sido la travesía poética de Ludwig Zeller, desde que, en 1953, o sea hace ahora ya nada menos que seis décadas, publicara Los elementos, para nunca más parar de ofrecernos la evidencia de que existe la verdadera vida.

Alain Gheerbrant

Un artículo de Anne Proenza en Le Monde del 27 de febrero informa de la muerte de Alain Gheerbrant, sucedida siete días antes.
Nacido en París en 1920, este escritor, poeta, editor, cineasta, musicólogo y etnólogo, fue un hombre de generosidad, inquietud y vitalidad poéticas. En 1985 le envió su libro de poemas L’homme ouvert a André Breton, quien le respondió efusivamente. Monta por aquellos años las ediciones K, donde apareció uno de los más grandes libros del siglo XX: Van Gogh o el suicidado por la sociedad, de Antonin Artaud, y también joyas poéticas como Siège de l’air, de Hans Arp. Interesado en las culturas amerindias, viajó al Amazonas en 1949-1950, viaje que originó el libro de referencia Orénoque-Amazone, publicado en el 52 y reeditado en el 92, así como el documental Des hommes qu’on appelle sauvages. Sus viajes son a partir de ahí constantes, pero siempre a las “zonas sensibles” del planeta, guardándose hoy sus carnés en unos fondos suyos de la Biblioteca Nacional parisina.
En 1969, con Jean Chevalier, publica Dictionnaire des symboles, la mejor obra sobre la materia, aparte la de Cirlot, que es insuperable. Ya en 1995 aparecerá La transversale, de memorias, en 1998 L’Amazone, ce géant blessé y en 2010 L’homme troué, selección de toda su poesía.


Pero para el surrealismo Alain Gheerbrant es un nombre familiar sobre todo por haber realizado con Camille Bryen la bellísima Anthologie de la poésie naturelle, a la que Anne Proenza no se refiere en su por lo demás muy rica y sensible semblanza. Ambos reunieron y presentaron los documentos (colaborando amigos como J.-B. Brunius, André Frédérique, Pieyre de Mandiargues, Paule Thévenin y Youki Fujita) y el libro apareció, por supuesto, en las ediciones K, armado con 8 espléndidas fotografías de Brassaï y maquetado por Pierre Faucheux. Año de 1949. Unos pocos representantes de esta “poesía natural” son bien conocidos: el cartero Cheval, Jean- Paul Brisset, Hélène Smith, Gaston Chaissac, el aduanero Rousseau.
La Antología de la poesía natural lleva al final una presentación admirable, por Gheerbrant y Bryen, de la que merecen extraerse algunos pasajes, siempre vigentes:
“Los poetas y los poemas no pueden hacer olvidar la poesía, y si la época ha desarrollado el fetichismo del individuo, ha revelado también que fuera de las normas estéticas, morales, o sea humanas, el fenómeno estético se manifestaba en estado puro.
Sin querer atacar una actividad respetable: la megalomanía poética, nos es necesario establecer que los poetas profesionales, los hombres de la lira, han colocado curiosas prohibiciones sobre la tierra de la poesía donde ellos explotan su filón. Un chino llevado a un hipódromo decía: “Hace mucho tiempo que yo sé que unos caballos corren más rápido que otros”. Del mismo modo, cada poeta profesional quiere ser el gran poeta. No solo su pegaso se convierte en un corcel destinado a «correr más rápido que los otros», sino que, fuera de su manera de explotar la poesía, considera cualquier otra manifestación poética como inexistente.
La poesía natural puede ser considerada como la expresión de una conciencia inmediata que no tiene otro criterio que su propia existencia. La más constante de sus características es la evidencia. Todas las comunicaciones entre los hombres revisten esta forma de coincidencia que se impone, teñida de psiquismo y de azar, flores o cristales rotos de esas zonas donde el inconsciente y el consciente se devoran, donde el humor y lo trágico se saludan. Los carteles desgarrados en las calles, las piedras simulando rostros humanos, las canciones de los barrios en que algunas palabras olvidadas forman una extraña melopea, las pinturas idiotas, los poetas que no se han sacrificado ni a las exigencias temporales de la lengua ni a su ortografía pueril, los discursos de los niños, los juegos de los mediums, los vidrios rotos según curiosas estructuras, he aquí algunos de los vehículos que nos conducen por los territorios de la poesía natural.
Ese estado de conciencia, esa comunicación con el universo no está obligatoriamente ligada a la existencia de los poemas o a la lectura de los poemas. Surge por las combinaciones de encuentros imprevisibles, al no ser el hombre un ser encerrado en sí mismo y al unirlo su vida poética a un universo que es el de la vida.
Es natural esa poesía porque participa del lujo de la naturaleza, en la que todos los reinos nos ofrecen ejemplos. (...)
Nosotros hemos dirigido nuestro radar en reacción contra los sentidos universitarios – ¿no es así, Jarry?– y hemos encontrado la poesía natural, la que es hecha por todos y no por uno, como decía Lautréamont –¿y no significaba eso, incluso sin saberlo, abrir la vía a una acepción de la poesía desnuda y primigenia, hecha no solo por todos, sino sobre todo, por TODO? –la que será el alma para el alma, como decía Rimbaud. Y por qué no citar como conclusión y como ejemplo de la poesía natural estos versos de Léon-Paul Fargue: “Au Pays de Papouasie / J’ai caressé la pouaise / La grâce que je vous souhaite / C’est de n’être pas papouète”.

Breves


Una nueva exposición de Ody Saban tiene lugar este mes en la galería Grand Rue de París, con el muy bello título de “Prohibido hacer callar a la jungla”.

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En el mismo período de marzo, pero en São Paulo, se celebra esta exposición de Anasor Ed Searom, que también tiene todo que ver con las palabras de la jungla.

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Una buena película sobre Virginia Tentindó, de 50 minutos de duración, ha hecho Fabrice Maze, con el título de Minimes innocences:
Hablan sobre ella Julio Cortázar, Mark Kober, Jean-François Rabin y Sarane Alexandrian, en cuya revista Supérieur Inconnu esta maravillosa artista argentina fue figura de proa.

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Un buen amigo de “Surrealismo internacional” nos informa que la librería James Fergusson Books & Manuscripts ha puesto a la venta parte de la librería personal de David y Judy Gascoyne, además de publicar un catálogo de dicha colección titulado Every Printed Page is a Swinging Door.

lunes, 4 de marzo de 2013

Breves

Coincidiendo con la de Sergio Lima, se celebra otra exposición en la muy activa Fundación Eugenio Granell.


A propósito de Rik Lina, veamos esta colaboración automatista con Mário Cesariny, cuando este visitó Amsterdam, en 2001.


Ya se anuncia la exposición al alimón de Gregg Simpson y Guy Ducornet, quienes por cierto tienen en común expresarse también a través de la batería jazzística, Simpson incluso habiendo formado un grupo en los años 60.


Sobre los “Centinelas” de Simpson, leemos: “En la tradición del surrealismo abstracto, sus pinturas combinan el automatismo con elementos de paisajes y figuras, improvisados al carboncillo sobre el lienzo desnudo antes de la aplicación de la pintura. Las formas así creadas cambian al azar y al capricho de las miradas”
El título de la exposición de Guy Ducornet, en su alusión a La femme 100 têtes, se presenta como un homenaje a Max Ernst, pero también se refiere a que consta esta muestra de una centena de collages recientes “que son como un retorno a las fuentes de la creación pictórica basada en el azar objetivo, la improvisación pura y la vida que vivimos...” Guy Ducornet visitó recientemente la isla de Tenerife, para conocer el Teide, el Jardín Botánico de La Orotava y, en fin, los lugares celebrados por André Breton en L’amour fou, pero aún más lo impresionó una fulgurante estancia de dos días en la isla de El Hierro, fin del mundo de cierta soledad y silencio aún sobreviviente, tanto como para inspirarle una serie de collages, entre los que vemos aquí Sky Eye y Vision n. 2.


Y ya que estamos con imágenes, completemos la rápida evocación que el otro día hicimos de Carlos M. Luis con este collage suyo titulado Homenaje a Thelonious Monk, y que de nuevo nos lleva a asociarlo a su compatriota Jorge Camacho, quien hasta homenajeó al pianista genial en 1982. Al lado, una Composición de sabor más dadaísta.


Jeffrey Karl Boggarte es un nombre central en la fotografía surrealista de las últimas décadas, y así lo percibió Édouard Jaguer desde un principio. Sus fotomorfosis, hallazgo decisivo allá por mediados de los años 70, ya aparecían incorporadas a Les mystères de la chambre noire, citando Jaguer palabras del propio Bogartte: “El automatismo sigue siendo uno de los útiles más necesarios, con el cual liberamos de la esclavitud a los productos más verdaderos de la actividad del espíritu. El arte es el índice dejado sobre los lugares del crimen. Es también su testimonio. El crimen es la libertad, esa radiante digresión en las revelaciones del deseo”. Aquí tenemos, para demostrarlo, a las Solemn Daughters of the Analogue.


Y despedimos estas ricas notas breves con Alex Januário, quien, desde el Brasil, y a propósito de la reseña que hace siete días hicimos de Paris des surréalistes, nos sugiere un libro colectivo, que sin duda sería apasionante, con las impresiones parisinas de algunos de los muchos surrealistas de otros lares que han visitado la vieja capital del surrealismo, entre ellos diríamos que él mismo, ya que en una foto lo hemos visto, con el rostro de los soñadores de La Révolution Surréaliste, bajo el letrero de la Place André Breton. De carácter giratorio, este es uno de sus collages sobre grabado.


A Phala, a punto



En unas pocas semanas, ya estará impreso el n. 2 de A Phala, “revista del movimiento surrealista”, dirigida por Sergio Lima, con un contenido de 400 páginas. En ella va incluido como apéndice un trabajo mío titulado “Almanaque surrealista del último lustro (2008-2012)”, que aquí presento. Como empiezo por aclarar, su contenido es inevitablemente incompleto, y ya he de anotar que solo hace unos días tuve conocimiento de la publicación de Will Alexander The Brimstone Boat: For Philip Lamantia, aparecida el año pasado, como tampoco llegué a tiempo de referirme al librito de los fotomontajes de Neil Coombs The Phantoms of Surrealism –fotomontajes que, junto a los “objects of sleep” de Patrick Hourihan, me parecen un verdadero acontecimiento en el surrealismo más reciente–, ni al n. 5 (The Surrealist Cookbook) de la revista Patricide, ambas ediciones, sin embargo, ya reseñadas en “Surrealismo internacional”.
Almanaque surrealista del último lustro (2008-2012)
El buque surrealista prosigue su travesía ya pronto casi centenaria. Durante los cinco años de espera de este almanaque de A Phala, no han sido pocos los signos emitidos, a veces simultáneos, desde los más variados puntos geográficos. De ellos vamos a dar cuenta fulgurante, aunque necesariamente incompleta, incluyendo también algunas acciones aledañas, o que, pese a su carácter historicista, interesan sobremanera al surrealismo.
Las revistas siguen siendo el medio de expresión colectivo por excelencia del surrealismo. El grado de la veteranía va aquí para la holandesa Brumes Blondes, que cumplió su cuarta serie entre 2008 y 2010, como siempre con 8 números y como siempre con abundancia de colaboraciones muy rigurosas. Le sigue en antigüedad Analogon, del grupo checo y eslovaco, ya por su n. 67 (si Brumes Blondes comenzó en 1964, Analogon lo hizo en 1969). Los grupos de Madrid y Leeds, por su parte, publicaron, respectivamente, el n. 19-20 (2010-2011) de Salamandra y el n. 3 (2011) de Phosphor (“a surrealist luminiscence”), ambos muy ricos de contenido. El grupo chileno dedica en noviembre de 2012 un número especial de Derrame a Artur do Cruzeiro Seixas. El griego, de formación más reciente, ha sacado, en 2012, el n. 5 de Klidonas, incluyendo los resultados de unas colaboraciones con los muy activos grupos de Estocolmo y de Londres, que por cierto tienen una fuerte expresión en la red. El londinense (slag) constituye ahora mismo el polo de actividad más firme del surrealismo, junto a los checos y eslovacos y al poderoso emporio portugués, que reúne, junto al Cabo Mondego, no solo a una serie de figuras fijas, sino a notables visitantes como, en este mismo año, el australiano Michael Vandelaar o el canadiense Gregg Simpson. Miguel de Carvalho, junto a Rik Lina y otros amigos, dieron a conocer en 2011 el primer número de Debout sur l’oeuf, lujosísima caja llena de documentos y propuestas fascinantes.
En Montreal sigue saliendo, con los más variados escritos e imágenes del surrealismo de todos los tiempos, La Tortue-Lièvre, mientras que en São Paulo ha aparecido en 2012 la décima “hoja de baobab” de Quimera que passa, expresión del grupo surrealista de São Paulo, completando el panorama el n. 4 (2011) de Styxus, del grupo surrealista checo Stir Up, el segundo (2012) de Loup-Garou, magazín de La Belle Inutile, y el noveno de The Oystercatcher (2012), animada por Ron Sakolsky, quien además ha reunido en 2012 sus escritos en el explosivo libro Scratching the Tiger’s Belly. Junto a estas revistas estrictamente surrealistas, no dejaremos de anotar los dos lujosos números de L’Or aux 13 Îles (2010-2011), dirigida por Jean-Christophe Belotti, ya que su contenido es del máximo interés para el surrealismo. Ni el de despedida (2011) de Supérieur Inconnu, dedicado íntegramente a Sarane Alexandrian.
La fórmula del “almanaque” empieza a imponerse, como tal pudiendo considerarse el primer número de Hydrolith (“surrealits research & investigations”), aparecido en 2010 y que anuncia para 2013 un segundo volumen; a lo largo de 240 páginas, incluye numerosísimas colaboraciones de surrealistas del mundo entero, tratándose de una publicación capital. Algunos de los nombres que participan en Hydrolith ya lo hacen en The Somnambulist Footprints. A Collection of Surrealist Tales (2008), edición e introducción de Eric Bragg, quien, siempre en sus ediciones de Oyster Moon Press, ha editado su novela y texto automático The Midnight Blade of Sonic Honey, con portada e ilustraciones de Ribitch, y la colección de ensayos, en colaboración con el grupo de Madrid, The exteriority crisis: from the city limits and beyond, ambos de 2008; la versión española de esta última apareció recientemente, en Madrid.
En cuanto a exposiciones, el carácter más abiertamente internacional marca las de “O reverso do olhar”, en Coimbra (2008), “El umbral secreto”, en Santiago de Chile (2009-2010), y “Surrealism in 2012: Toward the World of the Fifth Sun”, en Pensilvania. Útiles catálogos llevan las dos primeras, y excepcional por completo es el de la exposición retrospectiva (1990-2011) del grupo checo y eslovaco, titulado Other Air (2011), que basta como refutación, si hiciera falta, a los que insisten en considerar el surrealismo como un fenómeno del pasado. Por cierto que la última película de Jan Svankmajer, Sobrevivir a la vida (teoría y práctica), es de 2010, lo que, en terreno fílmico, nos lleva a anotar asimismo el bello libro de Sergio Lima O cinema dos surrealistas. O olhar selvagem (2008), originado en un ciclo cinematográfico dedicado en São Paulo al cine y el surrealismo, así como tres ediciones en dvd: de L’invention du cinéma de Zimbacca, Bédouin y Péret, con otros materiales de mucho interés; de L’imitation du cinéma de Marcel Mariën; y de Mr. Fantômas de Ernst Moerman, La perle de Henri d’Ursel y Pour vos beaux yeux de Henri Storck, bajo el título, que permite albergar algunas infamias, Avant-garde 1927-1937. Las dos últimas son ediciones belgas, presentadas por Xavier Canonne.
En 2008 apareció el cuarto tomo de las obras completas de André Breton, bajo el engañoso nombre de Écrits sur l’art et autres textes, porque realmente se trata de toda su obra última, en la que el apartado artístico solo es una parte. Her de Vries, en 2010, ha editado perfectamente las cartas y los dibujos de Nadja, en sendos libros necesarios para el amante del “viejo cubierto de estaño anterior a la invención del tenedor”. Y en cuanto a monografías sobre una figura mayor del surrealismo, aunque abundantes, se lleva la palma la dedicada en 2011 a nuestro amado Anthony Earnshaw: Anthony Earnshaw. The Imp of Surrealism. Otra figura en destaque ha sido Yves Elléouët, con un amplio catálogo de las ediciones Coop Breizh en 2009. Por su parte, un encantador amigo del surrealismo, William Copley, ha recibido en 2012 el catálogo que merecía, editado por el museo Frieder Burda.
Ensayo lúcido y profundo es Potence avec paratonnerre. Surréalisme et philosophie (2012), de Georges Sebbag, quien ya anuncia una continuación más allá de las primeras décadas y a quien también se debe el bellísimo volumen Memorabilia. Dada & Surréalisme (2010), fino y sugestivo estudio de una serie de artísticas “constelaciones desapercibidas”. En el terreno ensayístico, anoto también el muy serio trabajo Le surréalisme. Parcours souterrain (2012), de Patrick Lepetit, y la última recopilación de la siempre incisiva Annie Le Brun, Ailleurs et autrement (2011). En cuanto a los panoramas artísticos, Arturo Schwarz, con Dada e Surrealismo riscoperti (catálogo de 2009), ya de por sí enorme, anuncia en Skira una monumental obra sobre el surrealismo desde sus orígenes hasta el presente, y de Alexandrian se publicó en 2009 el diccionario Les peintres surréalistes. En Brasil, Sergio Lima dio a la luz en 2010 la primera parte del tomo segundo de A aventura surrealista, que lidia con los eventos anteriores a 1921.
El capítulo de antologías dio en estos cinco últimos años tres libros irreprochables, que en ningún caso marcan límites temporales: Black, Brown and Beige. Surrealist writings from Africa and the diaspora (2009), editado por Franklin Rosemont y Robin D.G. Kelley, Surrealism in Greece (2008), editado por Nikos Stabakis, y Au treizième coup de minuit. Anthologie du surréalisme en Angleterre (2008), editado por Michel Remy. Sí acotan un período La main à plume... Anthologie du surréalisme sous l’Occupation, de Anne Vernay y Richard Walter (2008), e Insoumission poétique. Tracts, affiches et déclarations du groupe de Paris du mouvement surréaliste. 1970-2010 (2011), de Guy Girard, este segundo, claro está, no una antología, sino la continuación de los dos tomos de Jose Pierre Tracts surréalistes et déclarations colectives, que iban de 1922 a1969. Por último, Laurens Vancrevel, y quién mejor para hacerlo, ha publicado en 2012 la antología de la poesía surrealista neerlandesa (Nieuwe anthologie van de Nederlands e surrealistische poëzie), a la vez que una amplia selección de sus propios artículos, cuyo título traducido sería La atracción magnética de 1713, como en 2009 la de sus poemas de 1960 a 2008 (Het onzichtbare leven); los tres libros, en las ediciones de Brumes Blondes, muy activas en estos últimos años.
Párrafo aparte merecen los dos extraordinarios tomos titulados Invisible Heads. Surrealists in North America. An Untold Story (2011), donde Thom Burns y Allan Graubard pasan revista apasionante a un colectivo que ha desarrollado su actividad, muy fértil, en cinco ciudades estadounidenses a lo largo de las últimas cuatro décadas. Mutilada quedaría la historia del surrealismo en ese país si se redujera a la del grupo de Chicago, por lo que esta obra llena un vacío con gran riqueza iconográfica y textual, incluyendo las experiencias de Thom Burns y Jean-Jacques Jack Dauben con los indios hopis, de quienes todo surrealista es un amigo absoluto.
En 2009, Jan Schlechter Duval, poco después desaparecido, publicó The Aventures of Desirée, colección de hermosos dibujos dedicados a Unica Zürn con una introducción de Laurens Vancrevel, un texto del propio Schlechter Duval sobre su arte del automatismo, un artículo de Richard Waara y un poema de Jhim Pattison. En el mismo año, Debout sur l’Oeuf edita, dentro de una caja de habanos Romeo y Julieta, los ocho cuadernos automáticos, manuscritos, de Sergio Lima Cantos à mulher nocturna, de 1957, con los collages originales. A su compatriota Zuca Sardan dedicó la revista La Página en 2008 su número 73, con numerosos textos y dibujos. En el mismo año, Penelope Rosemont publica el bello libro evocativo Dreams & Everyday Life. André Breton, Surrealism, Rebel Worker & the Seven Cities of Cibola, y Raúl Henao La doble estrella. El surrealismo en Iberoamérica. Notas y entrevistas poéticas, lleno de breves textos muy importantes. Uno de ellos se ocupa de Fernando Palenzuela, como el propio Henao uno de los grandes poetas de América y que en 2012 ha publicado Esfera inacabada. De otro de los grandes nombres del surrealismo americano, Ludwig Zeller, han aparecido en 2012 Encuentros oníricos y Femme en songe suivi de Quand l’animal des profondeurs surgit la tête éclate, ilustrado por Susana Wald, de quien a su vez apareció en 2011 Les ultrameubles de la passion.
El collage, que hasta da nombre al actual grupo brasileño Decollage, sigue siendo una de las formas expresivas claves del surrealismo. Queremos destacar aquí, aparte los cultivadores checos y eslovacos, bien representados en Other Air, a un incansable investigador y descubridor de nuevas técnicas, Richard Misiano-Genovese, pero en este mismo número de A Phala tenemos a Alejandro Puga, a Lou Dubois –cercano al surrealismo–, a Alex Januário –quien en 2009 publicó en las ediciones Loplop Sete anos, seguido de una “memoria descriptiva” por Marcus Salgado– y a Miguel de Carvalho. Las publicaciones de este último son incesantes: por ejemplo, en 2008 ilustró con collages Hippocampus de Allan Graubard y en 2011 expuso en Praga los de Jardines nocturnos –fuera del collage, es un trabajo insólito de poesía visual el realizado junto a Rik Lina Palavras-tinta. Ink-words, 2009. Insólitos también, un verdadero acontecimiento, son los “fantasmas del surrealismo”, fotomontajes de Neil Coombs, el fundador de la revista Patricide, dados a conocer a fines de septiembre de 2012 en el castillo de Bodelwyddan, y que esperamos marquen presencia en el próximo número de A Phala. Otra aportación sumamente original nos parecen las cajas del narrador y ensayista Mattias Forshage, figura decisiva del surrealismo actual, que las expuso en 2012.
Ningún surrealista podrá quedar indiferente a los collages de Aube Elléouët, no por tratarse de quien se trata, sino por ser una pura delicia, con tres preciosos catálogos ya en la galería 1900-2000, el último de ellos, Le jeu de l’aube à tire-d’aile, mostrando su exposición de 2012.
El citado Misiano-Genovese ha publicado en este período dos libros eróticos fotográficos de relieve, ambos en las ediciones de La Belle Inutile: Black Studio, en 2010, y Secrets in Red and Green, a fines de 2012, con un largo texto poético-teórico de Sergio Lima sobre la imagen, que Laurens Vancrevel traslada al inglés.
En el terreno pictórico, hemos de señalar otros dos “acontecimientos”. El primero es la invención de las “creaciones fusionales” de Ody Saban y Thomas Mordant, surgidas en 1990. Ella misma habla de estas creaciones en el n. 2 de S.u.rr..., relatando cómo comenzaron a dibujar conjuntamente colocándose lado a lado, de pie, en un estado fusional y, por supuesto, sin ninguna preocupación estética. Las decenas de dibujos resultantes las firmaron Mordysabbath, unidad poética que distingue estos dibujos realizados en perfecta fusión de otros de creación también común, pero en los que no se produce dicha fusión. En los dibujos de Mordysabbath “no reconocemos nuestras inspiraciones habituales, ni siquiera superpuestas, sino una inspiración en lo esencial completamente nueva”. Y añade: “Lo que realiza un estado de fusión elevada es sobre todo el deseo inconsciente y consciente de alcanzar ese estado. Sin embargo, ciertas reglas semi-espontáneas nos parecen favorecer ese proceso: obrar siempre en los mismos momentos con la misma obra; metamorfosear sistemáticamente lo que podemos distinguir como la contribución del otro; durante el acto, no formular ningún proyecto, ninguna crítica”. Mordysabbath es “un ser surrealista”, ajeno, pues, a la división tradicional de los seres, no restringiéndose su actividad al dibujo, sino también al relato. Ody Sabbath, que formó parte del grupo surrealista parisino entre 2000 y 2007 y continúa considerándose surrealista, desarrolla por otra parte una obra plástica espléndida y sumamente distintiva.
El otro de estos acontecimientos son los dibujos automáticos de Patrick Hourihan, miembro del citado Surrealist London Action Group (slag), quien a fines de 2012 ha publicado Objects of Sleep, colección de pinturas de enorme fuerza imaginativa –una verdadera revelación.
Jean-Claude Charbonel y John Welson, dos nombres bien conocidos del surrealismo, indagan estos últimos años en “la mirada celta”, titulándose su exposición de 2011 en Aberystwyth “Surrealism: The Celtic Eye”. De Charbonel apareció en 2009 una edición enriquecida del dvd dirigido por Ludvic Tac Les voyageurs du temps des rêves armorigènes. Cercano a Jean-Claude Charbonel, Jacques Lacomblez, otro nombre clásico, prosigue de modo imperturbable una obra esencial, la portada del pequeño catálogo que mostramos perteneciendo a una exposición de 2009. Otros “veteranos” que siguen live and well son Jorge Kleiman, quien a fines de 2012 presentaba en Buenos Aires su exposición “Intar?”, y Allan Glass, a quien la colección “Phares” ha dedicado uno de sus más interesantes dvds, con un libreto en que aparecen obras recientes. En cuanto al huracán Rik Lina, presente con fuerza en A Phala, se publicó en 2009 el muy buen catálogo de Oporto A bigorna e o anjo.
Sin que nos sea posible la exhaustividad, nombraremos por último a tres nombres que han estado o están asociados al grupo parisino: Jean-Pierre Paraggio, Joël Gayraud y Guy Girard. El primero es un artista de muy original inventiva, que además continúa con sus ediciones del umbo y el boletín L’Impromptu, en los que menudean hallazgos a los que no puede ser indiferente el surrealismo, como por ejemplo las cartas del tarot de Elena Almau, quien realiza en la acartonada España, donde vive en medio de los páramos castellanos de los Montes Torozos, unas piezas llenas de frescura imaginativa. De Joël Gayraud, apareció en 2010 el poema Clairière du rêve, precisamente acompañado, en portada e interior, de las muy características imágenes de Paraggio, y precisamente en la “Collection de l’umbo”, y en 2012 las narraciones de derivas Passage public. Guy Girard, por un lado, ejecuta placenteras pinturas no menos personales e intransferibles que las de Paraggio, dando muestra parisina de ellas en 2010 (“Un air de printemps”) y 2011 (“Napoléon et quelques autres...”), y por otro se ha autoeditado en 2012 Trois poèmes coréens, Tarzan est un autre (otro homenaje del surrealismo como movimiento al surrealismo involuntario popular) y una auténtica joya: el Abrégé d’histoire universelle vu en rêve, breve pieza maestra de narración onírica, que nos lleva en este terreno a anotar también el excelente ensayo de Julio Monteverde, miembro del grupo Salamandra, De la materia del sueño (2012).
La expresión surrealista en la red es ahora mismo muy rica, siendo la mejor lista de enlaces, rigurosa y exhaustiva, la elaborada por el grupo de Estocolmo:
Toda esta cosecha lustral, reunida, y sin duda que se nos escapan cosas, resulta cuanto menos sorprendente, y supone a la vez, para la opacidad del mundo, un no rotundo y una alternativa poética.