lunes, 9 de julio de 2012

Patrick Hourihan


Del 27 de julio al 8 de agosto, en la Vibe Gallery de Londres, expone sus “Objetos de sueño” Patrick Hourihan. El día de la inauguración habrá también una lectura poética por componentes del muy dinámico Surrealist London Action Group (SLAG), cuyas señas en la red recordamos:
http://robberbridegroom.blogspot.com.es/
El cartel de la exposición reproduce diez de esos objetos oníricos (pinturas y dibujos automáticos), verdaderamente sugestivos. Quien tenga alguna duda sobre ello, basta con que vaya a la sección "Gallery" de su página:  www.patrickhourihan.com. También encontrará en ella dos textos sobre Patrick del siempre fiable Silvano Levy y nada menos que del gran George Melly.

Lucques Trigaut

Lucques Trigaut, "La hora andrógina", 1985.
Nacida en Bruselas en 1930, Lucques Trigaut se acerca al surrealismo vía Phases, tan solo desde inicios de los años 90. Apasionada de las artes primitivas, es dibujante y pintora, habiendo ilustrado Extrême du temps de Jacques Lacomblez (2007) y Le verger dans l’île (2010) de Ludovic Tac. Este segundo libro se publicó en la colección, animada por Lacomblez, “L’échelle de verre”, y de sus poemas dijo Laurens Vancrevel que “expresan por su sinestesia seductora una sonoridad, una sensualidad, una fluidez, una movilidad que dan al lector una nueva visión del mundo”, visión, añade Vancrevel, “de carácter fílmico”, o no fuera también cineasta Ludovic Tac. Este libro, que acabo de conocer, es el motivo de esta nota sobre las muy bellas creaciones de Lucques Trigaut.
El terreno de la expresión artística –pero no solo, ya que lo mismo se aprecia en el literario, o en el del pensamiento– está saturado de figuras infladas, creación de las modas del mercado o expresión del conformismo de la época, mientras que muchas veces poco o nada sabemos de quienes de verdad añaden algo y cuentan. En el caso de Lucques Trigaut, ello se ha debido tanto a su indiferencia por el mercado o a su ni saber lo que es el conformismo como a su carácter reservado. En 2006 tuvo lugar en Lasne (Bélgica) una retrospectiva de sus obras en papel, de la que no tenemos noticia produjera ninguna publicación, pero al menos Jacques Lacomblez le dedicó un precioso texto en el n. 71 de Infosurr, loando sus “imágenes secretas”, “una modestia de los formatos necesaria a la concentración que exige una resolución creciente de la convulsión en crisoles de luz, en floraciones de alba, en la eclosión de un universo que participa tanto del pensamiento novalisiano como del surrealismo”, y es que en las obras de Lucques Trigaut “el formato reducido es como negado por la estructura de la invención”: “Nunca como aquí la puesta en limpio del modelo interior, cara a Breton, y la ausencia de pretensión del ser y de la obra, han sido signos de una honestidad intelectual sin quiebra. Imágenes para recibir como se reciben las confidencias: una obra en voz baja”.
Vivimos con la esperanza de conocer mejor esas imágenes que ha hecho Lucques Trigaut, de recibir, fervorosamente, esas confidencias. Como las de algunos pocos que se le parecen en lo esencial, o sea en lo poético.
He aquí uno de los once dibujos que ilustran Le verger dans l’île y “Sabana de Moebius”, de 2002.


“Asger Jorn. Un artista libre”


Con este título se celebra en la Fondation de l’Hermitage (Lausanne), hasta el 21 de octubre, una exposición retrospectiva de toda la obra de este artista danés que formó parte del grupo “El caballo del infierno” y fundó luego el de Cobra.
El catálogo reproduce las 80 obras expuestas y lleva textos, entre otros, del propio Jorn, Christian Dotremont, Jacques Prévert y Pierre Alechinsky, quien ha colaborado activamente en la urdimbre de la exposición.

Alechinsky precisamente, en un texto incluido en el número 7 de la revista surrealista La Brèche (1964), comentaba este cuadro de Asger Jorn, relacionándolo con la imagen de Magritte:
“Avec son tableau Le mal du pays, René Magritte a fait tomber sur une modification d’Asger Jorn tout un pan de ma mémoire. Je parlais d’un tableau que je croyais pourtant connaître: «Mais oui, Asger, tu vois ce que je veux dire, ce type accoudé à un pont, avec un lion...» Or, c’était Paris by night sans le moindre lion belge mais peut-être avec la même personne accoudé au même mal du pays. C’est Freud qui nous a appris à ne douter de l’existence des lions que dans la réalité, ils ne sont immédiatement présents que dans les rêves et dans les tableaux où ils n’ont pas été peints»”.

De Dorothy a Emma


En la Galería Emma –que quiere decir... Emoción & Madrid– se abre el 21 de este mes una exposición titulada “Surrealismo ibero-ruso 2012”.
Es sabido que los surrealistas, en su etapa de espejismo comunista, hicieron un mapa del mundo donde, provocativamente, la entonces Unión Soviética ocupaba un espacio descomunal, y que, en contraste absoluto, el surrealismo no ha tenido prácticamente ninguna proyección en dicho país.
¿Tanto han cambiado las cosas? No han cambiado nada, puesto que el adalid de esta exposición es el pseudosurrealista portugués Santiago Ribeiro, ya desenmascarado por Miguel de Carvalho a raíz de su primera impostura, a la que han seguido muchas otras. Al respecto ya escribimos una nota hace unas cuantas semanas, cuando el tal expuso con otros, valiéndose de la palabra “surrealismo”, en la galería Dorothy de París.
Pero estos “surrealismos” han acompañado al Surrealismo desde sus orígenes, con Yvan Goll, pasando por ridiculeces como el “Surrealismo revolucionario” o el “Surrealismo popular”. Son moscas de paso, cuando no –también aquí hay categorías– aberraciones parecidas a esta que dibujó en 1961 Sergio Lima para uno de los panfletos del grupo de París, dirigido contra otro tipo de impostores.

Sobre la náusea social

Jindrich Heisler, Objeto, 1943
Nuestro exabrupto de hace siete días, motivado por la crispación ante la apoteosis reciente de ese fenómeno de corte fascista, el deporte, profundamente enquistado en las degradadas sociedades democráticas (y que ya, desde 1924, en la “Introducción al discurso sobre lo poco de realidad”, André Breton incluía en su siniestro inventario de la herencia romana*), no debe dejar lugar a equívocos.
Abominamos especialmente del país en cuestión (y de su tal provincia isleña) por sufrirlo en particular, y es un hecho que los fenómenos aberrantes que se producen en él no dejan de observarse en cualquier otra sociedad de las que componen el globo occidentalizado (término más correcto que “mundializado”), como lo es que las naciones europeas y tantas otras compiten en horrores que jalonan sus tristes “historias”. En segundo lugar, desesperar de la raza humana no nos produce ningún sentimiento de derrotismo o de claudicación.
Uno de nuestros amigos nos decía al respecto, con palabras que suscribimos plenamente: “Se trata, para las minorías surrealistas y otras (sin poder alguno) que han tenido siempre la audacia de decir NO y de crear maravillas, aunque solo sean soñadas, e incluso si hemos de constatar que el surrealismo no ha logrado, tras casi un siglo de actividades, cambiar la vida o el mundo de las sociedades, de continuar la lucha por medio de la poesía. Nos resta continuar y hacer vivir la poesía”.
Es eso mismo. Y dejando constancia siempre de nuestro rechazo absoluto de “lo que hay”. Con su “poco” o su “mucho” de realidad.

* “La civilización latina ha cumplido su tiempo, y por mi parte pido que se renuncie en bloque a salvarla. Aparece en este momento como el último baluarte de la mala fe, de la vejez y de la cobardía. El compromiso, el engaño, las promesas de tranquilidad, los espejos vacantes, el egoísmo, las dictaduras militares, la reaparición de los Increíbles, la defensa de las congregaciones, la jornada de ocho horas, los entierros peores que en tiempos de peste, el deporte: solo nos falta, creo, correr el telón”. Y añade en seguida, lo que también tiene que ver con lo que decimos: “Si parezco algo preocupado en cuanto a mi propia determinación, no es para soportar con fatalismo las burdas consecuencias del azar que me hizo nacer aquí o allá. Otros pueden apegarse a su familia, a su país y a la misma tierra, por mi parte ignoro ese tipo de emulación”.
Con los “espejos vacantes” alude Breton a la literatura narcisista de la época, que hoy es muchísimo peor (no hay sino que pensar en esos tan abundantes como profusos “diarios” de los escritores); la “reaparición de los Increíbles” es una referencia al Termidor antirrevolucionario; sobre las congregaciones, había en el contexto francés de la época una defensa de las órdenes religiosas, que siempre han tenido, por cierto, algo de deportivo. Y rematemos señalando que aquel año se desarrollaron en París y alrededores los juegos olímpicos, lo que no dejaría de crispar a Breton y sus amigos –aunque no tanto como a nosotros la reciente plaga patriótico-balompédica, multiplicada hasta el infinito por el poderío de los cacharros tecnológicos que conforman “nuestro” mundo.

miércoles, 4 de julio de 2012

“Styxus”, n. 4


Aunque aparecido el año pasado, solo ahora hemos conocido el n. 4 de este boletín del grupo surrealista checo Stir Up, sucesor del grupo Lacoste, que funcionó a caballo de los años 60 y 70.
La publicación es de 48 generosas páginas, a tamaño grande, con muchas ilustraciones en color y algunos textos e informaciones en francés, que es una lástima no sean más, como también sería de agradecer que los títulos de las obras reproducidas vinieran en las dos lenguas.


Dirigen la publicación Arnost Budik, Vaclav Pajurek y Josef Bubenik. En la portada, un óleo de Zdenek Piza, a quien pertenece también esta segunda imagen.
La mayoría de los nombres que forman parte de Stir Up están presentes en O reverso do olhar, el tan útil catálogo que Miguel de Carvalho: Budik, Bubenik, Pajurek, Piza, Zdenek Cibulka, Jan Docekal, Linda Filipova, Lubomir Kerndl, Josef Kremlacek, Vladimir Kubicek, Ondrej Vorel y Jan Wolf. Solo Gabriela Kopcova está en el catálogo de Coimbra y no en el boletín, que en revancha suma los nombres de Jiri Havlicek, Jan Kloboucnik y Pavel Reznicek, este último una figura bien conocida y de quien tenemos aquí dos poemas.
Aparte los eventos del grupo y las noticias sobre exposiciones de Kremlacek y Bubenika, se da cuenta de la participación en la exposición internacional chilena “El umbral secreto” y en la de Estambul “Destruction 2011”.

Pintura de Frantisek Maly

Arnost Budik, siempre generoso e infatigable, se encarga de una serie de notas críticas, semblanzas y homenajes. Uno de sus textos va dedicado a Ludvik Kundera, desaparecido en 2010, y dos a sendas figuras ya también desaparecidas del surrealismo y que lamentamos no estén incluidas en Caleidoscopio surrealista: Frantisek Maly y Henry Lejeune. El primero vivió entre 1900 y 1980, y Stir Up lo homenajeó en 2010 con una exposición y un acto colectivo del grupo, de título “Las sombras de los olvidados vigilan”. Frantisek Maly se inició en el cubismo lírico, del que pudo liberarse gracias a las pinturas de Giorgio de Chirico. Cuando la ocupación nazi, en 1938, partió para Brno, sumiéndose su obra en un período sombrío, y resurgiendo en los años 60 con el grupo Lacoste.


En cuanto a Henry Lejeune, Arnost Budik titula su semblanza “El surrealismo resucitado”. Lejeune era de Hainaut, lugar alto del surrealismo, y solo es citado en la suma de Xavier Canonne sobre el surrealismo en Bélgica por su amistad con Armand Simon. Arnost Budik reivindica sus cuadros y dibujos, de los que hay aquí cuatro muestras (una de ellas acompaña estas líneas), a las que se suma una escultura.
Añadamos las notas sobre el surrealismo en Holanda y sobre Rik Lina en particular, sobre la exposición en Praga de collages y objetos “Los jardines nocturnos” de Miguel de Carvalho, sobre “El ojo céltico” de Jean-Claude Charbonel y John Welson, sobre João Rasteiro (de quien se traduce un poema), sobre Jan Wolf. Este último es el responsable, con Bubenik, de los “Sueños de minotauros”, acción surrealista de la que se nos muestran unas inquietantes fotografías, con personas sentadas en una cueva laberíntica, las cabezas envueltas en bolsas de plástico negras.


Styxus no deja dudas acerca de la fuerza imaginativa y el gusto experimental que han caracterizado siempre al surrealismo checo. Destaque especial merecen las contribuciones de Vaclav Pajurek, en su doble dimensión crítica y creativa. De él es el “retrato” que aquí reproducimos.
En cuanto a las obras colectivas, merece situarse en primer plano esta página, donde se ha partido de una característica pintura de John Welson. Y de paso vemos a algunos de los nombres claves del grupo, al que no hace falta desear larga vida, porque ella parece plenamente garantizada.


Número 6 de “L’Impromptu”

Tan solo tres meses después del número 5, he aquí que vuelve, con nuevas  improvisaciones, “L’Impromptu”, el “boletín confidencial de las cuestiones previas” que dirige desde Toulouse Jean-Pierre Paraggio.
Este número incluye textos en castellano, como el prólogo de Pierre Peuchmaurd a la edición francesa del Libro del frío de Antonio Gamoneda y dos poemas de Anne-Marie Beeckman traducidos por Ildefonso Rodríguez.
La gran novedad de este número es el cuaderno de cuatro páginas a todo color, con una magnífica pintura (1998) de Karol Baron; Quieren volver los sueños de Paraggio, en su modo inconfundible; cuatro imágenes (2008) de Premysl Martinec; y Tarot VI (2012) de Elena Almau, con la carta de la carreta y apeteciéndonos conocer más de ella y saber si ha hecho la serie completa de esta fuente inagotable de inspiraciones plásticas y poéticas.


Se anuncia la aparición, en Flammarion, de Le secret secret, de Laurent Albarracin, con dibujo de cubierta de Georges-Henri Morin, de quien leemos en el boletín una prosa de Zone franche (Lyon, 2010) y de quien se nos da la nota de aparición de Carnet oublié d’un voyage dans le temps, Albanie 1987. Otras novedades que nos parecen destacadas: el n. 1 de L’Échaudée, “revista de crítica y utopía” que sucede a L’Oiseau tempête, con el manifiesto “Occupy Wall Street” y colaboraciones, entre otros, de Alain Joubert, Guy Cabanel y Georges-Henri Morin; los Éclats d’une vie de Stanislas Rodanski; y Les Arcs-en-ciel du noir: Victor Hugo, de Annie Le Brun, en Gallimard.
Muy de agradecer es la reproducción de la cubierta del número 0 y único de la revista L’Ekart. Recordemos el surgimiento en Lyon, año de 1966, de este estupendo grupo surrealista fundado por Robert Guyon, Louis Gleize, Bernard Caburet, Claude Allibert y Elsbeth Ach. Es la primera vez que vemos esta portada, añadiéndosenos que en el interior nos esperan “juegos tipográficos muy complejos”.