lunes, 4 de junio de 2012

Breves

Aún hay dos grandes centenarios del surrealismo por celebrar. El 26 de diciembre de 1912 nacía en Wendover, Inglaterra, Gordon Onslow Ford, y al día siguiente, en Ledbury, también Inglaterra, Conroy Maddox. Sobre ellos volveremos cuando se acerquen esas efemérides.
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Este  viernes se inaugura una exposición de collages de Suzel Ania, en la librería Antinoë de Brest. A nosotros nos valdrá para, la próxima semana, hacer una evocación de esta artista estupenda. La inauguración irá acompañada de una evocación de Jacques Lacomblez por Jean-Claude Charbonel, de una lectura de poemas de Lacomblez perteneciente a D’ailleurs de désir por Véronique Rousseau y de la proyección del film Jacques Lacomblez, marxiste et surréaliste, de Ludovic Tac.

lunes, 28 de mayo de 2012

Gráfica Gralha lanza nuevas imágenes de Zuca Sardan

54 nuevas imágenes de Zuca Sardan, dispuestas sin ton ni son, que es como debe ser, acaba de publicar, en 30 ejemplares, Gráfica Gralha.
El título de este cuaderno es Ximox (¿o Ximok?), y sus páginas se componen de “graffiti”, “recollages”, “remix” y “vignettes”, mostradas a través del caleidoscopio oval de este artista del dibujo, la palabra y el humor. Abundan las mujeres voladoras, provistas, como todas las damas de Zuca, de grandes atributos; músicos y cantantes que se desgañitan; castillos góticos; insectos que parece se han metido entre las páginas; figuras diabólicas, míticas y mitológicas; fantoches con sus medallas; personajes ya conocidos de algunas de sus sagas. Y enigmáticos textos en alemán antiguo.
Zuca Sardan gusta de urdir en sus dibujos encuentros pasmosos, entre lo cómico y lo absurdo. Pero la verdadera sorpresa, permanente, es nuestro encuentro con sus invenciones. A ellas parece conducirnos la acomodadora de cine de la página 19, una oronda, risueña y descotada fumadora de habanos que tal vez sea la acomodadora del Cine Drácula, abierto en el abismal castillo de la página 16. Pero quedémonos por ahora con esta página:

Jazz y surrealismo


No hablamos hoy de un nuevo libro, sino de uno que no existe. Y cuya ausencia se hace sentir crudamente.
Lo más que se ha tratado es el interés del surrealismo de los años 20 y 30 por el jazz, pero sin siquiera profundizar mucho en ello. No solo muchos surrealistas han sido grandes aficionados al jazz, sino que han escrito páginas críticas sobre esta música, se han inspirado en ella para sus creaciones verbales o plásticas y hasta la han practicado, de modo aficionado o incluso profesional, como es el caso de George Melly, el más grande cantante de jazz europeo.
Instrumentistas de jazz han sido Fabio de Sanctis, Louis Lehman, Jaroslav Jezek, Guy Ducornet, Jean-Claude Biraben, Ludvik Svab, Ulf Gudmundsen...
Críticos de jazz, o que se han inspirado en el jazz, han sido Maurice Henry, Jorge Cáceres, Gérard Legrand, Jorge Camacho, François Valorbe, Claude Tarnaud, Élie-Charles Flamand, Alain Joubert, Ernst Moerman, Anthony Earnshaw, Jimmy Ernst, Rik Lina, Paul Garon, Ted Joans...
Unos han sido entusiastas del hot jazz, otros del jazz más moderno, que surge con el bop. En ambos casos, ha sido esencial la relación intrínseca entre el automatismo y la improvisación, pero también la fascinación por el ritmo y la vitalidad de esta música de raíces africanas en tanto opuesta a la llamada “música clásica”, que es una de las glorias perennes de Occidente y de su burguesía. Señalemos también el apartado capital que hay que dedicar a los blues y a su infinidad de letras fascinantes, todo un mundo en el que uno de los libros de referencia es obra, precisamente, de un surrealista: Paul Garon, con su Bues and the poetic spirit.
En el dúo de imágenes con que ilustramos esta nota vemos la portada de un libro de poemas íntegramente dedicado al jazz y el retrato de Duke Ellington por Max Bucaille –Duke Ellington visto como el monstruo musical que era, un poco equivaliendo en su terreno a lo que fue Picasso para el arte. Significativo es que la portada del precioso libro de Valorbe la haya hecho Wifredo Lam.
Valorbe: “Et chacun de ces blues est un moment comblé / Assumant notre solitude et nous aidant / A guérir sans arrêt ni retour du mal d’être”.

Aquí y ahora


Volvemos hoy al catálogo de la colección Sherwin, A collector’s eye. British surrealism in context. Se trata, hechas las salvedades señaladas, de un muy bello libro, con preciosas ilustraciones y a fin de cuentas centrado en el surrealismo, que domina sobre otras corrientes. El estudio de Michel Remy, como de costumbre, es óptimo. A él debemos tener una visión clara y rica del surrealismo británico, no ceñida a los años 30 y 40. Su trabajo de ahora, tras una introducción de carácter general, se centra en las obras surrealistas del catálogo, y contiene en el último apartado, “Here and now”, una reflexión sobre la vigencia del surrealismo:
“The great interest of the Leeds exhibition resides in the irrefutable evidence it provides for the continuation of the surrealist proposition. The presence of contemporary surrealists, one might say of the fourth generation, gives it a singularly atemporal quality. Indeed, is there a single young contemporary vorticist, or cubist, or post-impressionist? This apparently absurd question says it all about the permanent validity of the surrealist spirit, founded on an ever-renewed, ever-self-challenging, theory-diffident approach, rooted in the essence of man and never losing sight of its ontological status. Every surrealist work protest and refuses reduction, explanation, interpretation and self-satisfactions, leaving it to the individual to decide, however temporarily”.
Michel Remy habla en seguida de Desmond Morris, John Welson, Tony Pusey, Oscar Mellor, Anthony Earnshaw, Paul Hammond, Glen Baxter y Patrick Hughes, hasta llegar a la revista Phosphor, que el grupo surrealista de Leeds publica actualmente.
Luego están las “confesiones” del propio Jeffrey Sherwin, coleccionista empedernido de las obras surrealistas, incluso en una etapa en que este movimiento ya no estaba en el candelero de las llamadas “vanguardias artísticas”. Arriba lo vemos en su casa, hace cuatro años, soplando un instrumento bizarro. No aparece en la siguiente foto, porque seguramente la sacó él, pero sí que están tres de los gigantes de la aventura surrealista en Inglaterra –Conroy Maddox, Desmond Morris y Georges Melly–, lo que muestra las buenas, incomparables amistades que ha tenido, y que tanto lo honran:

lunes, 21 de mayo de 2012

Ludwig Zeller: “Femme en songe”

Este jueves, 24 de mayo de 2012, se presenta en el Bar Populaire de St-Laurent, Montreal, una nueva publicación de Ludwig Zeller: Femme en songe suivi de Quand l’animal des profondeurs surgit la tête éclate. En un evento donde se leerán poemas de Raúl Henao y Fernando Palenzuela y se presentará Insoumission poétique (el libro de Guy Girard sobre los escritos colectivos del grupo surrealista de París de 1970 a 2010), estará presente como invitada especial Susana Wald, que es quien ha ilustrado Femme en songe. Este libro es una nueva publicación de las Ediciones Sonámbula, que prosigue así una andadura ya muy fecunda.
La obra de Ludwig Zeller, cuya infatigable y admirable trayectoria surrealista se inició en Santiago de Chile nada menos que en 1953, es inmensa, en los dos sentidos de la palabra: por su valor y por su extensión. Muchas de sus creaciones han sido realizadas en tándem con su compañera, Susana Wald, ella misma una interesantísima artista y escritora. Recordemos que la Fundación Eugenio Granell, en 2008, publicó, precisamente, el precioso libro Susana Wald & Ludwig Zeller, con un apartado dedicado a su obra conjunta. En él no podían faltar estos deliciosos sellos, con que celebraban en 1974 los cincuenta años del Primer manifiesto:

British surrealism

Un libro que falta nombrar en Caleidoscopio surrealista es este sobre la pareja psicoanalítica del surrealismo, Grace Pailthorpe y Reuben Mednikoff. Lo publicaron, con motivo de una exposición que tuvo lugar en 1998, los Museos y Galerías de Leeds.
Tras una presentación del “curator” de los Museos, perfectamente sobrante y hablando del “papa del surrealismo”, nos encontramos con un breve texto de Michel Remy, sobre el “surrealismo irreductible” de Grace y Reuben, un ensayo central de Andrew Wilson, y otro, más ocupado en los aspectos psicoanalíticos, de David Maclagan. Las reproducciones son abundantes, muchas a todo color.
Este libro cuenta además con un apéndice documental donde se incluye el artículo que Grace Pailthorpe publicó en el n. 7 del London Bulletin (1938-1939), “El aspecto científico del surrealismo”. Causó un gran revuelo, y tras él se reproducen tanto las respuestas de Werner Von Alvensleben y Parker Tyler, en los números 13 y 17 de la misma revista, como, en el 17, la de Grace Pailthorpe al primero. Una polémica de gran nivel y del máximo interés para las cuestiones del surrealismo y el psicoanálisis y del arte y el automatismo. También podemos acceder aquí al prólogo de ella al catálogo de la exposición que la pareja, a inicios del 39, hizo en Londres.
Pese a las reservas que se hayan podido hacer hacia estas dos figuras, restan incuestionables tanto su sinceridad como su identificación con el surrealismo. Un surrealismo en efecto “irreductible”, con el cultivo indagador de un automatismo absoluto.

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Este libro de Andrew Lambirth, publicado como catálogo de una exposición a fines de 2008 en la galería Pallant House de Chichester, interesa por iluminar una faceta importante de la obra de esta artista esencial en el panorama surrealista británico, aunque tampoco falten sus pinturas. Por lo que se refiere al planteamiento general, tanto el director de la galería (con otro escrito superfluo) como el “curator” intentan alejar a su estrella del surrealismo, contra toda evidencia y alegando motivos irrisorios: los aspectos abstractos de sus obras, la amplitud de sus intereses, su gusto de la independencia... De resto, Andrew Lambirth aborda competentemente las obras del catálogo a que se va refiriendo.
Aquí tenemos, en toda su exuberancia, la maravillosa inventiva de Eileen Agar, quien, aun en 1988, decía: “Grupos surrealistas están siempre surgiendo en distintas partes del mundo, incluso en los países menos imaginables, y nuevos poemas, pinturas y objetos surrealistas son constantemente producidos. Yo no puedo sino saludar este inextinguible espíritu de creatividad”.
El collage de la portada se titula “Paisaje erótico”, y es de hacia 1942, mientras que esta adorable danza sobre los tejados tuvo lugar algún feliz día de 1937:


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Interés más restringido tiene este catálogo de la colección Sherwin, ya que el contexto artístico del surrealismo nos interesa mediocremente. Junto a muchos de los nombres del surrealismo británico aparecen otros que ni siquiera viajan en el tren de cercanías. Por lo demás, en las notas a las figuras tratadas (concretamente en las dedicadas a Ithell Colquhoun y a Grace Pailthorpe), no faltan las idioteces de costumbre sobre el surrealismo.
Pero hay aquí muy bellas ilustraciones (y algunas muy poco o nada conocidas), un brillante estudio de Michel Remy abordando las obras de la colección, un artículo de Silvano Levy analizando con lupa el conflicto entre Mesens y Toni del Renzio y un texto del propio Jeffrey Sherwin –un personaje sin duda encantador– sobre sus amistades surrealistas, con deliciosas anécdotas sobre Conroy Maddox y Tony Earnshaw.
Recordemos que el propio Michel Remy hace una reseña de este volumen en el n. 97 de Infosurr.
La imagen de la portada es de Conroy Maddox: “El patio de recreo de la Salpêtrière” (1975), hospital donde trabajó Charcot.

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En 2002, Peveril Press publicó este libro donde se aborda el año en que Paul Nash vivió en Swanage, Dorset (1934-1935), un año decisivo, que influyó grandemente en su obra inmediata, sin duda la más valiosa y cercana al surrealismo.
Al final del estudio de Pennie Denton, se incluye el artículo de Paul Nash “Swanage, or Seaside Surrealism”, publicado en 1936 y no reproducido desde la autobiografía del artista (1949).
El influjo profundo de los espacios naturales de Swanage –en cuadros, dibujos, fotos y objetos encontrados– marca tanto el “Evento en las colinas” de la portada como este “Paisaje de un sueño” (1936), que mucho gustó a André Breton:


En julio de 1935, Eileen Agar le envió a Paul Nash una caja de conchas pintadas y una acuarela con un “monstruo de la playa”, que venía a ser un ancla llena de concreciones marinas, que había encontrado medio enterrada en la playa. Paul Nash fotografía el ancla, la recorta y la pega sobre una foto de la costa de Swanage. Posteriormente, incluirá la figura, pero evidenciando lo que es, junto a las que componen la preciosa obra “Swanage”, hecha con pluma, acuarela y fotocollage, y hoy en la galería Tate. El collage ilustraba el citado artículo de 1936:

Lo mítico y lo imaginario

Este reciente diccionario ofrece bastante interés, a pesar de lo descompensado de muchas de las materias y de presencias que no serían absurdas si la obra, en vez de sumar 1.300 apretadas páginas, tuviera 13.000. Pero dejando esto de lado, y el exceso de mundo clásico y de cultura gala, ciñámonos a lo que más puede atraer a quienes navegan en el largo y ancho buque surrealista.
Para empezar, hay un espléndido artículo de Jean-Michel Dévesa sobre el País Natal en Aimé Césaire. Las entradas específicas sobre el surrealismo son las que hace Jean-Dominique Poli al mapa del “Mundo en la época de los surrealistas” y al “Teide de André Breton”. Breton está también presente en el artículo sobre Lusignan. De Michaux se abordan el Infierno y la Gran Garabagne.
Excelente es el trabajo de Geneviève Goubier-Robert sobre Silling y los distintos castillos de Sade, incluido el de nuestro entrañable amigo el Ogro Minski. El artículo sobre la Shangri-la de los Horizontes perdidos de James Hilton y Frank Capra hubiera quedado mejor si no se hubiera olvidado, al hablar de su influjo, a Stanislas Rodanski, cuya vida cambió la versión fílmica.
Más lugares tratados: el África de Raymond Roussel, el Amazonas de la Pentesilea de Kleist, “El Otro Lado” de Kubin, el Reino de Butua de Aline y Valcour, los Cárpatos de Julio Verne y Bram Stoker, la Megapatagonia del insólito libro de Rétif de la Bretonne El descubrimiento austral por un hombre volador, el Oriente de Gustave Moureau, el Promontorio del Sueño de Víctor Hugo, el Reino Subterráneo de Jan Potocki. Hay también, por supuesto, muchos artículos dedicados a la Materia de Bretaña.
Este libro, aunque su objetivo sea fronterizo, no iguala a la Guía de lugares imaginarios (1980), de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, un libro que infelizmente, en su edición grande de Alianza Editorial, se ha vuelto muy difícil de conseguir a un precio razonable. Para empezar, la Guía tenía unos útiles planos, y al final un índice no menos útil. No faltaba allí el Locus Solus (ni el imperio de Ponukele-Drelchkaff de las Impresiones de África). Tampoco, el Monte Análogo de René Daumal:


Jarry aparecía en la Guía gloriosamente representado, con los lugares que visita el Dr. Faustroll. Y recordemos la Agartha de Saint-Yves de Alveydre, El Ombligo de los Limbos de Antonin Artaud, la Harmonía de Fourier, los espacios de El mar de las Sirtes de Julien Gracq, la prevertiana isla de Comoantes o la Ciudad Fluorescente de los Grains et issues de Tristan Tzara, con sus “maniquíes-testigos”. Pero en fin, aparte estos espacios muy del surrealismo, hay muchísimos otros, sobre todo del Medievo y del Romanticismo, que no pueden dejarnos indiferentes. Un libro a revisitar siempre.