lunes, 30 de abril de 2012

“L’Impromptu”, n. 5

He aquí el n. 5 de L’Impromptu, boletín “fotoblefarántropo” del umbo que de nuevo, pese a que solo consta de poco más de una docena de pequeñas páginas, nos aporta muchas novedades y algunas bellas improvisaciones.
Lo ilustran su director de orquesta, o sea Jean-Pierre Paraggio, y Georges Lem, Guy Bodson, Laurent Seroussi, René Appalec, Rik Lina y Antonio Ramírez.
“Collagista visionario en el secreto” nos da a conocer a René Appalec, de quien se descubrió en 2007 una centena de collages en el desván de una casa de Toulouse, remitiéndosenos a la página www. reneapallec.com.
De Antonio Ramírez, componente del grupo surrealista de Madrid conocíamos siete dibujos y sus escritos en los números 13-14, 15-16 y 17-18 de Salamandra, siempre incisivos: el magnífico “Regreso al subterráneo, o el erotismo reconquistado”, “El objeto robado”, “El tiempo muerto” y, con María Santana, la propuesta de acción subversiva “Extrañamiento en el centro comercial”. Sus laberínticos dibujos en tinta china, que componen la serie “La habitación negra”, se anuncian para una inminente publicación, con un texto de Lurdes Martínez, figura vital de Salamandra. En L’Impromptu se reproduce “Ángel de la electricidad” (que vemos aquí), y nosotros conocemos ya “El domador de gallinas”, “El jesuita”, “La gran orgía”, “La presa”, “Misterios de la oficina”, “Reunión de vecinos” y “Huesos”:


La ilustración de Rik Lina da a conocer el libro con Raúl Henao que ya hemos destacado en “Surrealismo Internacional”. Otra ilustre “colaboradora” es Dorothea Tanning. Se señala su partida, informándonos de que ha aparecido en 2011 su segunda antología poética, titulada Coming to That, y la ilustración que la homenajea es su “Canapé en tiempo de lluvia”, que nos lleva en línea directa a los ultramuebles pasionales de Susana Wald, también hace muy poco reseñados aquí:


Entre los textos anotemos: el collage de citas (François-René Simon, Joël Gayraud, Reverdy, Dorothea, Artaud, Breton y otros) de Paraggio; un poema publicado en 1993 de Pierre Peuchmaurd; un adelanto de La main de glace, la main de foudre de Jean-Yves Bériou; una muestra de Le poirier de Laurent Albarracin, publicado este mismo año en la Collection de l’umbo, y una nota sobre él de Christian Ducos; un extracto del artículo de François-René Simon en el n. 1053, enero de 2012, de la Quinzaine littéraire, con un retrato de Artaud como el “rebelde absoluto”; sendas citas de Breton, Reverdy y Claude-Henri Chouard tomadas de Annie Le Brun en La matricule des anges; una nota de Jean-Yves Bériou sobre la imagen como “corazón de la poesía”; un fragmento de la entrevista a Georges-Henri Morin sobre Peuchmaurd publicada en el n. 12 de Contretemps, diciembre de 2011, aludiendo a Maurice Blanchard y su idea de la poesía como una propiedad de la materia, y recordando cuando Peuchmaurd, con gracia y verdad, respondía a la pregunta sobre si el poeta razona que no, que el poeta no “razona” sino que “resuena”.
Por este número de L’Impromptu nos enteramos de la aparición de la revista Mirabilia, cuyas 151 primeras páginas van dedicadas a “Lo maravilloso”, seleccionándose aquí las consideraciones de Anne Guglielmetti, Laurent Albarracin y Joël Gayraud, uniformemente interesantes. En otra página, una frase de Peuchmaurd: “Hay la maravilla y no el misterio”, evoca “Lo maravilloso contra el misterio” de André Breton, por lo que sigue una cita de este: “Es la más bella de las noches, la noche de los relámpagos; el día, a su lado, es la noche”.
En el apartado de las “apariciones” de que se hace recibo, asterisquemos un Maldoror de Guy Bodson, compuesto de doce citas de los Cantos y doce dibujos; el intercambio Laure Missir-Jacques Lacomblez, con este ilustrando La lumière change de robe de aquella, y aquella haciendo lo propio con Presque rien (mélanges légers) de Lacomblez; La voie sèche de Johnny Lebigot, en testimonio de una exposición, con presentación de François Leperlier y una contribución de Joël Gayraud; y la “pieza de convicción” de Georges-Henri Morin Entre deux points de distance inégale.
L’Impromptu sigue pues en su tónica de captar algunas de las mejores vibraciones que emiten los tiempos presentes, atando en un hilo de luz ebulliciones dispersas.

El revólver de Kula sigue disparando

El surrealismo está lleno de pequeños grupos, formados por amigos y cómplices, cuya actividad se desarrolla a veces a lo largo de muchos años, con momentos de euforia y también períodos de aparente evaporación. Uno de esos grupos, que creíamos ya extinguido, es el de Kula, “intercambio tribal”. Marcado por el humor y la subversión, surgió muy poco antes de 1990. Lugar: Gijón. O sea, no Madrid ni Barcelona, sino una ciudad, de cuño proletario, perfectamente desconocida fuera de España. Solo que ya, en 1977 había aparecido allí El Orfebre, que supuso la resurrección del surrealismo en España tras de que, en las décadas de la dictadura, el surrealismo como actividad colectiva se hubiera esfumado en ese país. En el número original de El Orfebre, de tirada fotocopiada, había solo dos nombres: Rubén Cifuentes y Enrique Carlón, incorporándose al año siguiente Pedro H. Ayestarán. Carlón será el principal animador del “círculo surrealista” Kula, cuya revista –que sucedía a Luz negra aparece en 1990 en Gijón, presentada como “Comunicación surrealista” y con la intervención, además, de Pedro H. Ayesterán, Francisco Morán, Jesús Trincado, José Luis Montalbán, Luis Carlón. El número se abre con la “Echada de Tarot acerca del nacimiento de Kula”:


Entre otras cosas, contenía ese número –que bien pudiera hoy digitalizarse– un collage colectivo, la traducción de siete poemas de El caballero arcabuz de la maravillosa Marianne Van Hirtum, un texto de Francisco Morán sobre Mário Cesariny y estos dos homenajes de Carlón, uno a Soupault, que acababa de morir, y otro a Granell, que acababa de regresar a su país natal:


Al final de la revista encontramos esta cita cretina del poeta masoquista César Vallejo: “He visto a un niño dando la mano a un cojo. / ¿Leer después a André Breton?”, así corregida: “He visto a un niño dando la mano a un cojo. / Y los dos leían a André Breton”.
Uno de los amigos de Kula no ha sido otro que el citado Cesariny, de quien encontramos también en la revista textos e ilustraciones y en recuerdo de quien, muy recientemente, leía en Famalicão Enrique Carlón la magnífica, admirable invectiva “La poesía no tiene patria” (afirmación peretiana, como es sabido, aunque ningún surrealista dejaría de hacerla –ni de suscribir el conjunto del poema):
A poesia não tem pátria / No tiene nacionalidad / No tiene estado / No tiene fronteras / No tiene alambres de espino / No tiene aduana / No tiene aguas jurisdiccionales / No tiene espacio aéreo / No tiene cartas de navegación / No tiene planos de simetría / Ni mapas ni coordenadas / La poesía no tiene límites // A poesia não tem pátria / No tiene pasaporte / No tiene partida de nacimiento / No tiene cédula de identidad / No tiene libro de familia / No tiene formularios que rellenar / No tiene tarjetas de visita / No tiene informes favorables / No tiene currículum vitae / Ni papeles legales ni firma / La poesía no tiene nombre // A poesia não tem pátria / No tiene palacios / No tiene torres de marfil / No tiene fábricas ni talleres / No tiene cátedra / No tiene paraninfos / No tiene arcadia feliz / Ni oficina ni despacho / La poesía no tiene domicilio fijo // A poesia não tem pátria / No tiene doctores / No tiene comisario / No tiene funcionarios / No tiene vigilantes / No tiene patrones / No tiene tartufos de salón / No tiene premio ni castigo / Ni sacerdotes ni acólitos / La poesía no tiene especialistas // A poesia não tem pátria / No tiene velos / No tiene púrpura ni armiño / No tiene traje de presidiario / No tiene levita de fatigar pasillos / No tiene traje de etiqueta / No tiene uniforme / No tiene gabardina para los días de lluvia oblicua / No tiene camisa / No tiene zapatos / La poesía está desnuda / Gota de rocío en unos ojos dormidos / Que el atanor del corazón / Abrasa, sublima y hace / Piedra irreductible de luz / Para dar sentido y voz no usada / A ese bicho da terra tam pequeno”.
Pero además, Kula ha continuado en acción, como ya lo señalaba contundentemente este “panfleto” de 2006 y como bastaría hoy cambiar el 06 por un 12:


Un año después aparecía el n. 2 de Kulandario eterno, compuesto por Nany Kulasky, Maxabé y E. Car Low. Cesariny había muerto un año antes, por lo que aquí se lo evoca con la célebre foto en que se lo ve saltando en la cama como el chiquillo que era. Arriba: “Merece a tua morte!”. Y debajo, también de su puño y letra: “Si la muerte me coge durmiendo, no me quitará el sueño”.
En los panfletos de Kula, leemos: “Nuestro método consiste en un cuidado desorden”, “Cuando otros dicen rojo, Kula dice verde”, “Quien remonte el río Kula hasta sus fuentes, nunca regresará con las manos llenas”. El octavo nos da cuenta de su “Ideario convulsivo”:
“A Kula nada le es ajeno, pero nada tiene propio. Le interesa todo, pero no sigue a nadie. No es de aquí ni de allá sino de todas partes y en todas partes se encuentra en casa. Le es indiferente practicar sus experiencias en los grandes recintos sagrados o en los pequeños claros del bosque. Lo mismo «ilumina» a uno que a un millón: incluso no ilumina en absoluto (el más difícil todavía). Hace estudios, colabora y se adhiere en proyectos concretos y situaciones puntuales a veces por puro azar. Kula no es de nada ni de nadie, sino de ella misma, libre de ataduras”.
Saludamos al grupo Kula y en particular al viejo amigo Enrique Carlón, de quien vamos a ver ahora una de sus pinturas (un pez sin duda que soluble) y una rústica página que nos envió hace ya años, pero que siempre es actual, si no fuera porque cada vez, al menos en España, parece que hay menos donde mamar:


Pedro Prata expone en Debout sur l’Oeuf


En la galería de Coimbra Debout sur l’Oeuf expone a partir del 28 de abril el pintor Pedro Prata, uno de los participantes en el primer número de la revista que lleva el mismo nombre de la galería. Título de la exposición: “El guardador de colillas”.

lunes, 23 de abril de 2012

Bill Copley: la risa de nube


William Copley exponía en Amsterdam el año de gracia de 1966, y cuatro de sus grandes amigos posaban para esta foto el día de la inauguración: René Magritte, Marcel Duchamp, Max Ernst y Man Ray. ¡Un cuarteto de verdadero peso!
Marcel Duchamp le dedicó estos divertidos versos en 1963: “There was a painter named Copley / who never would miss a good lay / and to make his painting erotic / instead of brushes, he simply used his prick”. Duchamp fue quien lo animó a dedicarse a la pintura, y Copley lo estimó siempre mucho. Tan allegado estaba Copley a él que era de los pocos que lo sabía dedicado al “Étant donnés”, cuando la convicción generalizada era que había dejado el arte por el ajedrez. En 1963, Copley pinta “The bride and the groom stripped bare by each other, even”, homenaje a la otra creación prodigiosa del mercader de sal, y sin duda que hecho con su “prick”. En 1968  y 1969 le dedica páginas magníficas, así como un emotivo recuerdo al morir, todo ello incluido en el libro-catálogo que vamos a reseñar.
Max Ernst, por su parte, dice de Copley, en 1954: “Solo tiene ojos para las mujeres. Solo tiene colores para ellas. Para verlas mejor, cierra los ojos. Ante su ojo avizor, surge entonces la gris miseria que los tiempos modernos han impuesto a la belleza. Le sorprende, pero no le aterra. No ríe sarcásticamente. Al contrario, presta sus colores a la fealdad moderna y no desespera de descubrir en ella un lunar de belleza, y con su aventura impone silencio a los que ríen sarcásticamente”.
Man Ray, en 1961: “Copley es absolutamente sincero en su busca del placer y la libertad, en su amor de la vida y en su rechazo de los clichés. Es el más sabio de todos nosotros, cuidadosamente ocultando su sofisticación bajo el disfraz de un hombre sencillo”. Y también: “Su técnica indisciplinada y su humor violento no respetan ninguna escuela. Copley responde a mi repetida declaración de que el arte es la búsqueda de la libertad y el placer”. Copley le dedicará un largo ensayo, en 1963, a este otro maestro que, entre otras cosas, le aconsejó no limpiara las ventanas de su estudio para poder disponer en él una luz difusa.
Por último, vemos en este catálogo a Magritte pintando con Copley unas botellas, en la casa francesa de este, año de 1959. Copley pintó en 1958 “Hommage à Magritte”, y a fines de los 70 realizó esta curiosa instalación, titulada “Bonjour Monsieur Magritte”, aprovechando el hueco de un ropero en el vestíbulo de su casa neoyorquina:


Si Copley recordaba de estas diversas maneras a sus amigos desaparecidos, el museo Frieder Burda de Baden-Baden lo evoca ahora a él con una exposición que circulará por Alemania hasta dentro de un año y con este estupendísimo catálogo lleno de ilustraciones y encabezado por un buen estudio de Götz Adriani, al que sigue una extensa entrevista realizada por Paul Cummings en 1968 y una serie de textos del artista, algunos de ellos inéditos. ¡Atención! Hay una edición en alemán y otra en inglés, y si me he retrasado en comentar este libro tan atractivo es porque pedí primero por error la edición germana...
William Copley, hijo adoptado, fue introducido al surrealismo por su cuñado, que era artista. Copley en principio tenía el amor, más que del arte, de la poesía, sobre todo las de Emily Dickinson y de Poe. De hecho comenzó pintando, de manera autodidacta, como ejercicio para su escritura, porque creía que esta no era lo suficientemente visual. Desvío sin retorno, ya que a partir de entonces se dedicará solo al arte. Primero organizó exposiciones, en Beverly Hills, 1948, de Magritte, Cornell, Matta, Tanguy, Man Ray y Max Ernst. Atacadas por la crítica, solo vendió... dos obras, y ni a 200 dólares una de Cornell. Copley se convertiría en el mejor cliente de sus amigos, pero al par de años, tras su primera exposición (en Los Ángeles, con poema de Dorothea Tanning en el folleto), se marcha a París, donde residirá 12 años.
En París, ajeno al lado más polémico del surrealismo, y sin entender, o interesarle, sus querellas internas, va a su bola. Pero no solo traba amistad con André Breton, quien lo invitará a participar en la exposición E.R.O.S., sino que, en 1967, o sea un año después de la muerte del fundador del surrealismo, concluye “Retorno a Breton”, pieza fija de su apartamento neoyorquino:


En la entrevista de Cummings, Copley rechaza el tópico de los “aspectos literarios” del arte surrealista. Y lo hace con contundencia: “Siempre los he llamado poéticos. El surrealismo no es literatura. Es poesía”. Copley se apoya para la distinción en la existente entre el símil y la metáfora: “Una pintura para mí es una metáfora. Quiero decir que es una metáfora poética, más que un símil poético”. Magritte sería para él el maestro de la metáfora poética. Al final de la entrevista, Copley aclara su posición en el surrealismo. No se considera un surrealista “formal”, pero si alguien afirma que él no es surrealista “insistiré en que lo soy, porque yo me debo a la gente que me ha ayudado a evolucionar”. ¡Qué lección! A la pregunta de si le han interesado las teorías del surrealismo, responde: “Solo en los términos más simples. Cuando digo que el surrealismo es un afirmación, que es metáfora, que es poesía, eso es lo más lejos que deseo ir. No quiero intelectualizarlo. Es una cosa muy simple para mí”. Al final del libro, Billy Copley, que recuerda en unas bonitas páginas la figura de su padre, escribe: “Lo que el surrealismo le permitió fue desarrollar su propio lenguaje como un artista y mirar hacia delante”.
Esta entrevista concluía, tras la citada afirmación surrealista, con una declaración sobre sus pinturas: “Creo que, por necesidad, estoy condenado a explorar la tragedia del hombre y la mujer”. Sus obsesiones sexuales son el gran tema de sus cuadros, pero jamás falta el humor en esa “tragedia” –y humor de altos vuelos. Por algo él mismo habla de sus amigos Man Ray, Max Ernst y Marcel Duchamp como tres maestros del humor, que además poseía en cada uno de ellos una coloración muy particular y específica. El suyo se aplica a la eterna batalla de los sexos opuestos, con formas graciosamente ingenuas y una sorprendente variedad de colores netos –como los que amaba el pueblo cuando este existía. Todo esto hizo que no se lo tomara muy en serio, pero su obra nos parece hoy infinitamente más fresca y llena de vida que la de muchos artistas abstractos y expresionistas de su tiempo, siendo además un anticipo de la boga de los comics y del pop, al que además supera cómodamente, incluido a su amigo de última hora, el bobo Warhol. Götz Adriani ve de su obra como “una balada callejera del arte pop”, lo que sin duda es más interesante que el propio arte pop. Además, a Copley lo que le interesaba en la pintura era el humor y la poesía, ingrediente que también, por su signo ascendente, lo distingue de mucho popero miserabilista. ¡Miserabilismo cero en nuestro amigo William Copley! Añádase su rechazo, o quizás sea mejor decir desinterés, del intelectualismo, tal y como le refiere a Cummings cuando le dice que al intelectualismo prefería “el lado personal, el sentimiento. Me gusta decir cosas cálidas. No me gusta analizar. No creo tener una mente analítica. Eso se lo dejo a otros. A mí me gusta hacer observaciones sobre la intensidad de la vida, no despedazarla. No tengo ese tipo de mentalidad”. Simpática es la anécdota de su deseo de aprender perspectiva, para lo que se aconsejó con Matta; cuando Matta fue al estudio de Copley para enseñarle, y le dio un carboncillo, al momento se lo quitó de las manos diciéndole que era un error, que él no necesitaba para nada aprender perspectiva.
Esta es la página que le dedica Roland Penrose en Ochenta años de surrealismo:


La sección de textos de este catálogo del museo Frieder Burda contiene el ensayo sobre Man Ray, los tres citados textos sobre Duchamp (uno de ellos inédito), unas páginas en que se ocupa de Picabia –sobre cuya “Noche española” haría Copley una serie, incluida una “Noche portorriqueña”– y el relato de su llegada a París en 1951, largo manuscrito inédito.
Una rica biografía por Judith Irrgang incluye el n. 6 de la revista en cuatro páginas Iris.Time, con motivo de su exposición de 1963 en la parisina galería Iris Clert. He aquí dos de sus páginas, que llevaban también el citado poema de Duchamp. En la segunda, fijémonos en una figura recurrente del imaginario copleyano: el guardia con su porra.


Las obras de Copley son uniformemente deliciosas. Difícil me es destacar algo, pero imposible no referirme a las doce viñetas que componen “La historia de mi vida”; al fabuloso proyecto de “La tumba de la fulana desconocida”, que tantos años le ocupó y cuya instalación se haría por fin en el New Museum of Contemporary Art de Nueva York; a su “Mae West” –y sin olvidar que Copley era un fan del más grande humorista de todos los tiempos fílmicos, W.C. Fields–; o a la serie del Salvaje Oeste. Así que acabaré con un montaje que he hecho de algunas de sus imágenes:


“Copley est un rire de nuage” (Jean Arp).

Breves

Quien desee curiosear por el último de los maravillosos catálogos de subastas en el Hotel Drouot que hace Claude Oterello, solo tiene que ir al enlace siguiente, donde, entre otras preciosidades, encontrará un dossier sobre el surrealismo rumano, con las legendarias revistas Picha y Moco y muchas fichas de Trost, Paun, Luca, Naum, Teodorescu y compañía:
http://catalogue.gazette-drouot.com/pdf/binoche/05&06042012/Binoche-05&06042012-BD.pdf?id=12922&cp=33
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Ithell Colquhoun, maravillosa artista surrealista que estuvo siempre atenta a las voces de lo oculto –y que, por cierto, tanto se interesó por los métodos automáticos de los surrealistas rumanos–, disfruta de una excelente página cuya visita recomendamos:
Anotemos también la existencia de un útil libro sobre ella, no referido en Caleidoscopio surrealista: Ithell Colquhoun. Magician born of nature, de Richard Shillitoe, con 134 páginas de estudio y más de 200 dedicadas al catálogo, comentado, de toda su obra. Se editó en 2009, pero la que interesa es la segunda edición, de 2010, ya que amplía y revisa la anterior. No se esperen, de todos modos, milagros, ya que el autor, como es habitual (y aparte llamar “novela” a Nadja, lo que ya indica cuán poco entiende el surrealismo), rinde pleitesía al canon de las imbecilidades de costumbre sobre el surrealismo, particularmente en lo que se refiere a la adopción del discurso feminista universitario. Los surrealistas masculinos no han podido escapar a su “pasado patriarcal” (cosa que parece haberle resultado fácil a este tan liberado estudioso). Las mujeres son para ellos un “objeto, no un sujeto”. ¡Que se sigan escribiendo estas memeces! Y así, un estudioso bienintencionado, y hasta inteligente en general, se convierte, por obra y gracia de un párrafo (y de algunas interpretaciones de carácter grotesco) donde decide ser la escupidera de la ideología dominante, en otro nombre más para añadir a la interminable lista de loros del antisurrealismo, al que denigran desde la comodidad de su engreimiento académico, bien amamantado de cochambroso puritanismo (ese sí que, por cierto, del todo “patriarcal”).
Recordemos que ya en este mismo blog hemos hablado de Ithell Colquhoun, al reproducir y comentar el cuarto “Noa noa” de Mário Cesariny.
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Relacionado con la nota anterior, hemos tenido acceso a este correo, de un amigo de un amigo, y que suponemos no es problema reproducir:
“En el 2011 se abrió una exposición en el museo de arte de Vancouver sobre el surrealismo titulada «The Colour of my Dreams» basada en el cuadro de Miró Ceci est le couleur de mes rêves, curada por Dawn Ades. La exposición la anunciaron como la más completa que se había hecho hasta la fecha. Tras mil intentos, recibí el catálogo ayer y es lo de siempre: el surrealismo no va más allá de los finales de la guerra. Aún así, faltan nombres en la exposición como los de Victor Brauner (que sólo tiene un cuadro insignificante), Jacques Hérold (que no tiene ninguno, como tampoco Toyen, entre otros). Los cortos ensayos tienen algunos cierto interés, como los dedicados a la relación entre los indios de la Columbia Británica y el Surrealismo. Pero de todas formas el catalogo nos indica la cortedad de miras que existe por parte de la crítica «oficial» hacia todo lo que tenga que ver con el surrealismo viviente”.
Esta nota es plenamente acertada. Solo que bastaba ver el nombre de la “curadora” para saber lo que uno se iba a encontrar.

lunes, 16 de abril de 2012

Ody Saban: los ojos abiertos sobre la visión primordial


Nacida en Estambul, Ody Saban se establece desde 1977 en París, integrando en 1990 el grupo surrealista parisino, entonces aún en torno a Vincent Bounoure y al que sigue perteneciendo hoy. Escritora y artista, está presente en la revista S.u.rr..., así como en otras publicaciones del movimiento surrealista internacional.
Del 14 de abril al 12 de mayo, Ody Saban expone dibujos y acuarelas en la galería Dettinger-Mayer de Lyon, bajo el título de “Prises de risques”:
“Car vous verrez que peindre en continu avec mes yeux, mon toucher et avec tout mon corps et développer, au naturel, mes sens hallucinatoires, tel est le premier principe de prise de risque que je prends.
Transformer le prosaïsme du monde visible, non seulement avec la création d’œuvres d’art, mais tout le temps.
Passer pour une folle, parce que j’invente des mythes nouveaux, par mutations de l’histoire ou des mythologies, ottomanes, perses, égyptiennes, hébraïques, occidentales, shamaniques…
Refuser la domination masculine. Faire que ce refus saute aux yeux, dans mon art, comme partout ailleurs.
Chercher de toutes mes forces à tracer des esquisses d’une civilisation nouvelle.
Combattre la dictature du Capital et des goûts dégoûtants «des marchés» fussent- ils marginaux.
M’identifier à Lilith et à Louise Michel.
Avec mon amoureux et quelques créateurs, pratiquer de nouveaux modes d’automatismes et de créations collectives.
Voilà quelques risques que je me permets de prendre et aux quelles je m’expose vingt quatre heures sur vingt quatre dans chacune de mes œuvres et de mes actes.
Aimer est aussi un grand risque, émergé de la vie anesthésiée.
Mais pourquoi ne pas entrer dans ma magie subversive?
Personne ne veut la vie comme on la vend.
On pourra voir dans cette nouvelle exposition un ensemble d’œuvres réunissant des grandes aquarelles, des grands dessins, et aussi de tous petits formats de 10 cm x 10 cm qui ne sont pas sans beaucoup à dire...
Pendant qu’un bateau crie du dessus de l’exposition («Appartements d’Océan; Talisman n. 6, aujourd’hui les gens veulent des appartements Océan. On ouvre la porte et on descend quelques marches mouillées aux coquillages roses et au bout de la plage il y a l’Océan et les bateaux qui dansent!»), plusieurs visages traversent l'exposition. De Zapatistes, de Lilith, de Lune Han, de L’échelle de la ligne, d’Il y a toi dans mes yeux, de la Finesse de la pensée, du Portrait raffiné de peau»... Et enfin de «Mélusine la bâtisseuse, dans l’angle de l’Arcane 17», qui a construit toute la nuit cette exposition. Les bras ouverts, ces œuvres créés par Mélusine vous attendent, pour que vous preniez des risques en vous posant des questions.
Comme par exemple: Pourquoi y a t-il un labyrinthe du visage? Pourquoi peut-on voler avec un hommage au visage et rester avec les ailes de Psyché dans les bras de l’Indien, dans la forêt Chiapaneca Lacandone, pendant qu’un babouin avec des humains fantasmatiques, fleur dans la tête, le visage secret, dans le boudoir de la philosophie, pense à des mythologies télescopées. Eux sans Clinton, avec l’œil est une tête, dans tes bras? Venez nombreux prendre des risques.
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Sobre este bello Retrato de Mélusine, Arcane 17 (acuarela con tinta china sobre papel de seda) ha escrito el texto “La leyenda de la imagen titulada Mélusine”:
“J’aime beaucoup le livre «Arcane 17» d’André Breton où André Breton parle de Mélusine. Dans ce livre, Mélusine représente l’amour et ne fait qu’une avec la nature et l’humanité. C’est une femme qui se voile et qui se dévoile par elle-même, comme l’amour. Mélusine indestructible est l’initiation nécessaire du dévoilement de toute la force, puissance physique de la poésie.
Elle est un message de paix porteur d'avenir, programmé sous le signe de la construction, de l'entente et de la mémoire. Pour cela j’ai choisis de célébrer le personnage de Mélusine car sa puissance du charme de cette femme-enfant, écarte comme dans l’interprétation d’André Breton, les puissances hostiles mécaniques et automates de la guerre et de tout ce qui peut nuire aux attaques perverses contre la nature et l’amour sublime.
L’état de grâce de Mélusine résulte de la conciliation en un seul être de tout ce qui peut être attendu du dehors et du dedans. Ce qui apparaît comme des fatalités doit être déjoué avec elle.
Ici, c’est question de s’assumer les limites de l’inconscient et du mystère, l’ombre, son animalité, sa part d’obscur et d’inconnaissable. Mais c'est également une façon de se distinguer, de se situer hors du lot, au-dessus –ou au-dessous, peu importe– de la vulgaire condition humaine. Un peu comme pour Don Quichotte, une façon de vivre l'aventure.”
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En el catálogo O reverso do olhar, publicación de Miguel de Carvalho que acompañaba la exposición del movimiento surrealista celebrada en 2008 en Coimbra, Ody Saban aparece representada con cinco extensos (e intensos) poemas amorosos, y dos acuarelas con tinta china sobre papel de arroz; una de estas, la titulada Sobre el tapiz volador, la hemos reproducido aquí, arriba, mientras que uno de los versos de “La lengua extranjera” nos proporcionó el título de esta noticia sobre Ody Saban, cuyas imágenes plásticas, en las que reina el placer absoluto, son tan apasionadas y exultantes como sus poemas, la mirada bien abierta sobre la “visión primordial”. La revista del grupo surrealista de Leeds comentaba así otra de sus exposiciones, de título también muy expresivo (“Los juegos de las líneas y de la voluptuosidad”): “Las líneas sensualmente serpenteantes de estos dibujos animan al unísono formas humanas, animales, plantas y objetos en campos vivos de interacción y transformación. Ello puede ser aplicado a la obra entera de Ody Saban, que, tomada en su conjunto, constituye algo así como el grimorio sin fin de una biblioteca mágica”. Las páginas de ese libro mágico son una fiesta de la imaginación, que no deja de evocarnos un tanto la de Aloïse y más la de otra mujer oriental: Baya, cuya “aparición resplandeciente sobre el cielo ansioso de 1947 en París” registró André Breton, como hubiera registrado en 1990 la de Ody Saban, eso sí, más rica aún desde el punto de vista de la vastedad imaginativa.
Veamos ahora esta trilogía pictocrítica aparecida en Other air, el libro del grupo checo y eslovaco reseñado aquí mismo hace unos días:


Del máximo interés para el surrealismo son las “creaciones fusionales” de Ody Saban y Thomas Mordant, surgidas en 1990. Ella misma habla de estas creaciones en el n. 2 de S.u.rr..., relatando cómo comenzaron a dibujar conjuntamente colocándose lado a lado, de pie, en un estado fusional y, por supuesto, sin ninguna preocupación estética. Las decenas de dibujos resultantes las firmaron Mordysabbath, unidad poética que distingue estos dibujos realizados en perfecta fusión de otros de creación también común, pero en los que no se produce dicha fusión. En los dibujos de Mordysabbath “no reconocemos nuestras inspiraciones habituales, ni siquiera superpuestas, sino una inspiración en lo esencial completamente nueva”. Y añade: “Lo que realiza un estado de fusión elevada es sobre todo el deseo inconsciente y consciente de alcanzar ese estado. Sin embargo, ciertas reglas semi-espontáneas nos parecen favorecer ese proceso: Obrar siempre en los mismos momentos con la misma obra. Metamorfosear sistemáticamente lo que podemos distinguir como la contribución del otro. Durante el acto, no formular ningún proyecto, ninguna crítica”.
Mordysabbath es “un ser surrealista”, ajeno, pues, a la división tradicional de los seres, no restringiéndose su actividad al dibujo, sino también al relato, del que hay una muestra en el n. 1 de la misma revista. Pero limitémonos aquí a ver el dibujo del n. 2:

Granell homenajeado


En el centenario de su nacimiento, Eugenio F. Granell fue homenajeado por Claudio Rodríguez Fer, en la Fundación Eugenio Granell, el pasado 12 de abril. Se presentó el libro Amores y clamores, poesía reunida de Rodríguez Fer, quien leyó el poema inédito “Varsoviana para Granell”. Ambos hicieron juntos el libro Rastros de vida y poesía, publicado en 2000, con 10 poemas de Rodríguez Fer y 10 serigrafías de Granell.
La obra de Granell que vemos hoy es de 1957: El rey y la reina buscan a Duchamp, en este caso un homenaje de entonces al que fue gran amigo del artista español, con los platillos de la “Novia” incluidos.